12 de noviembre de 2009

¿Qué le reprocharías a la izquierda política?

Pregunta dirigida a todos los lectores de este blog que tengan un rato libre y ganas de opinar, pero especialmente a aquellos que no simpaticen con lo que se viene llamando "la izquierda"*. Quiero ver con vuestros ojos :o)
(*) Quien opine que los conceptos "derecha" e "izquierda", "conservadurismo" y "progresismo" están trasnochados y que no son realistas, le ruego que no se entretenga con las palabras y trate de imaginar a qué me estoy refiriendo.

11 de noviembre de 2009

Los hombres que no amaban a sus alumnos

Existe una profunda diferencia entre la tradición universitaria anglófona y la europea. En Europa los profesores profesan. Desde lo alto de su estrado se dedican a dar la tabarra esperando que uno tome notas y no haga preguntas; ser oscuro y poco accesible es un toque de distinción y contribuye a aumentar la reputación de uno. En la tradición anglófona universitaria esto no ocurre, al menos no tanto.
Daniel C. Dennett.

John Brockman, La Tercera Cultura. Más allá de la revolución científica, Tusquests Editores, Barcelona, 1996, p. 18.

9 de noviembre de 2009

Sobre la empatía (o "sympátheia")

"Mosterín considera [en su libro ¡Vivan los animales!] que nuestra capacidad congénita para la compasión, reforzada por el contacto, el conocimiento y la empatía, constituyen una base más sólida para el respeto moral de los animales no-humanos que la mera y abstracta apelación a derechos intrínsecos inverificables."

Los que ya me conocéis (y me sufrís) sabéis que opino igual. Y parece ser que Citoyen también:
Binmore apunta por ejemplo que la idea de Peter Singer de expandir el círculo para incluir a grandes simios, etc,… es de hecho una innovación evolutiva. Si pensáis en ello, es algo instintivo; los monos encerrados en jaulas nos dan pena, hablamos con los perros y les aplicamos estándares de justicia- los castigamos o no en función de “reglas”, etc… La razón por esto es que -evolution is cleverer than you!- la evolución nos ha diseñado para mantener el equilibrio ecológico- y eso implica desarrollar “sentimientos” morales hacia todos los que se ven afectados por nuestras acciones.
Ahora bien. ¿Es esto una falacia moralista? La falacia moralista es lo opuesto a la falacia naturalista:
La falacia naturalista consiste en inferir "debe" de "es"; la falacia moralista consiste en inferir "es" de "debe". Como es obvio, ambas son falaces e insostenibles lógicamente. Pinker ha llamado la atención sobre la frecuencia con que diversos intelectuales bienintencionados y "políticamente correctos" caen en la falacia moralista. (1)
Caigan o no alguna vez en ella, sigo opinando, Radagast, que los veganos apuntan en la dirección correcta (entiendo "correcto", en este caso, como sinónimo de "bueno", y entiendo "bueno" como aquello que no puede ser "malo", que no perjudica, sino que beneficia).

Otra cosa, desde luego, es afirmar que los humanos no tenemos derecho a matar a otros animales. Yo creo que sí lo tenemos, en según qué casos. En eso discrepo con el veganismo "fuerte". Utilizar a los animales en nuestro beneficio no me parece intrínsecamente malo (2).

Pero el tema central no es ese, sino cómo los utilizamos y cómo los matamos. Si los veganos y los vegetarianos han dejado de comer carne y de llevar abrigos de piel, es menos por el hecho de matar a otros animales que por el sufrimiento y la crueldad que ello conlleva.

Si estáis de acuerdo en que hay que "tratar con respeto al resto de seres vivos" (Radagast), "maximizando siempre la dignidad en el trato" (Héctor), entonces no entiendo qué os impide rechazar la actual ganadería intensiva (3).

No obstante, soy consciente de que un rechazo moral no basta. Ni bastó en tiempos de Henry S. Salt ni bastará ahora con Peter Singer. Hace falta, además, que se den las condiciones socioeconómicas necesarias (estoy de acuerdo con lo que dijiste sobre la eficiencia, Rad).
(1) Jesús Mosterín, La naturaleza humana, Espasa Calpe, Madrid, 2008, p. 365.
(2) Aun así, no descarto que en un futuro remoto incluso estas ideas se queden anticuadas.
(3) Para saber más, véase el capítulo 3 de
Liberación Animal del filósofo Peter Singer, así como la segunda parte (min. 17:55) del documental Earthlings.

7 de noviembre de 2009

Psicología moral: conservadores y progresistas

Si os gustaron (o interesaron) las dos entradas anteriores sobre neuropolítica (I y II), no os perdáis ahora esta conferencia del psicólogo Jonathan Haidt (2008) sobre las "raíces morales" de unos y de otros.

Aquí va un adelanto (minuto 16):
"Si cogemos las mayores revelaciones de las antiguas filosofías y religiones asiáticas y las combinamos con las últimas investigaciones en psicología moral, creo que llegamos a las siguientes conclusiones: que nuestras mentes [...] fueron "diseñadas" por la evolución para unirnos en equipos, para dividirnos en contra de otros equipos y entonces cegarnos a la verdad. [...] Pero como aprendimos de Samantha Power en su historia sobre Sergio Vieira de Mello, uno no puede embestir diciendo "tú estás equivocado y yo estoy en lo cierto", porque, como hemos visto, todo el mundo piensa que está en lo cierto. Muchos de los problemas que tenemos que resolver son problemas que requieren que cambiemos a otros, y si queremos cambiar a otros, una manera mucho mejor de hacerlo es entender primero quiénes somos -entender nuestra psicología moral, entender que todos pensamos que tenemos razón- y entonces salir, aunque sólo sea por un momento, [...] salir del "matrix moral", tratar de verlo todo como una lucha activa donde todos piensan que tienen razón; y todos, por lo menos, tienen algunas razones -aunque no estemos de acuerdo con ellas- [...] para lo que están haciendo. Salirse fuera. [...] Ese es el primer paso para cultivar la humildad moral, para sacarnos de nuestra santurronería habitual..."
Para seguir leyendo:
- Haidt: felicidad, moralidad y política, en Psicoseando: blog de psicología.

5 de noviembre de 2009

Más allá del Homo economicus

Leyendo al economista Amartya Sen (ganador del premio Nobel de Economía en 1998) en su libro Sobre ética y economía:
¿Es bueno el supuesto de la maximización del propio interés para caracterizar el comportamiento real? ¿proporciona el denominado “hombre económico”, en la búsqueda de sus propios intereses, la mejor aproximación al comportamiento de los seres humanos al menos en cuestiones económicas? Ese es, en efecto, el supuesto convencional de la economía, y ese punto de vista tiene muchos seguidores. Por ejemplo, en la Conferencia Tanner titulada “¿Economía o ética?”, George Stigler (1981) ha hecho una defensa muy elocuente de la visión de que “vivimos en un mundo de personas razonablemente bien informadas, que actúan de manera inteligente para conseguir sus propios intereses” (pág, 190).

No obstante, la evidencia presentada por Stigler para demostrar esta creencia parece limitarse, en su mayor parte, a las predicciones efectuadas por él mismo:

“Dejadme predecir el resultado del contraste sistemático y global del comportamiento en situaciones en las que el propio interés y ciertos valores éticos con una amplia lealtad verbal se encuentran en conflicto. En la mayoría de los casos, la teoría del egoísmo (según mi interpretación de las líneas smitheanas) vencerá.”

[…] Las manifestaciones relativas a que la teoría del egoísmo “vencerá” se han fundado tradicionalmente en alguna teoría especial más que en una verificación empírica.

En ocasiones, el motivo alegado para adoptar el supuesto del comportamiento egoísta parece basarse en los resultados esperados, manteniendo que lleva a situaciones eficientes. El éxito de algunas economías de libre mercado, como Japón, en la producción de eficiencia se ha citado también como evidencia favorable a la teoría del egoísmo. No obstante, el éxito del libre mercado no nos dice nada acerca de la motivación en la que se apoya la acción de los agentes económicos en dicha economía. En realidad, en el caso de Japón, existe una fuerte evidencia empírica que sugiere que las desviaciones sistemáticas del comportamiento egoísta hacia el deber, la lealtad y la buena voluntad han desempeñado un papel fundamental en el éxito industrial.

De hecho, el dominio, en Japón, del comportamiento basado en la norma se puede ver no sólo en temas económicos, sino también en otras esferas de la conducta social, como en la rareza de arrojar cosas al suelo, la poca frecuencia de pleitos, el número extraordinariamente reducido de abogados y el índice muy bajo de criminalidad comparada con países de una riqueza similar.
Amartya Sen, Sobre ética y economía, Alianza Editorial, Madrid, 1989, pp. 34-36.

Relacionado:
- El gen altruista: La evolución nos hizo bondadosos, en Apuntes científicos desde el MIT.

4 de noviembre de 2009

De la literatura a la mecánica cuántica

Leyendo "El jardín de los mundos que se ramifican: Borges y la mecánica cuántica", de Alberto Rojo:
Sin embargo, una notable excepción la constituye "El Jardín de senderos que se bifurcan", donde Borges propone sin saberlo (no podría haberlo sabido) una solución a un problema de la física cuántica todavía no resuelto. "El jardín", publicado en 1941, se anticipa de manera prácticamente literal a la tesis doctoral de Hugh Everett III publicada en 1957 con el título Relative State Formulation of Quantum Mechanics [...], y que Bryce DeWitt habría de popularizar como "La interpretación de los muchos mundos de la mecánica cuántica" (The Many-Worlds interpretation of Quantum Mechanics). La curiosa correspondencia entre un cuento y un trabajo de física es el objeto del presente artículo.
De obligada lectura, huelga decir :o)

Para seguir leyendo:
- Un café, unas dimensiones extras, las fuerzas fundamentales y la vida, en La bella teoría.

2 de noviembre de 2009

Sobre la discriminación positiva

Preguntaban hace poco en el diario El País:
¿Te parece bien la discriminación positiva*?
El 81% de los lectores que se animaron a participar en la encuesta (unos 3400) respondió que no. Yo respondí que sí.

Responder siempre que no me parece precipitado; dar siempre una misma respuesta se puede deber a una idea preconcebida, y desconfío. Lo mismo digo de responder siempre que sí.

Lo interesante es saber cuándo estamos ante un hecho discriminatorio y cuándo no. Nada fácil, cierto. Por ejemplo, ¿están siendo discriminadas las directoras de cine, esto es, les cuesta más, o simplemente hay menos directoras que directores porque las mujeres prefieren dedicarse en menor medida a esta profesión? ¿Cuándo se enfrentan las mujeres a fricciones que deberíamos reducir? ¿Cómo detectar esas fricciones?

Todavía carezco de respuestas que me satisfagan. Hoy por hoy, mi opinión se acerca bastante a la del director David Trueba:
[...] el tema de la discriminación positiva es una medida a aplicar en los procesos educativos y de formación con el fin de crear las mismas oportunidades a todo el mundo, pero en el mercado laboral creo que su aplicación puede ser peligrosa. Habrá que reflexionar sobre ello.
Tal vez peligrosa no, pero sí incierta, cuando menos.

Según el progresista George Lakoff, "con igualdad de oportunidades, debería haber el mismo número per cápita de médicos, abogados, científicos en la comunidad afroamericana que en la población en su conjunto [...]. Sin embargo, esto no es lo que ocurre" [1]. Naturalmente, pero ¿pasa lo mismo con las mujeres directoras? Ante la duda, quizá el conservador prefiera abstenerse, el progresista tirar para adelante, pero, ¿y tú?

El conservador teme, no sin cierta razón, la idea de igualdad. Porque en sus peores pesadillas -¡y en las mías!- el planeta Tierra se convierte en el planeta Panta:
- Has de saber, extranjero recién llegado a este planeta -dijo-, que hemos alcanzado el más alto conocimiento de las fuentes de todos los sufrimientos, preocupaciones y desgracias que padecen los seres unidos en la sociedad. Dicha fuente estriba en el individuo, en su personalidad particular. La sociedad, la colectividad, es eterna y regida por unas leyes constantes e inamovibles, iguales a las que rigen el poderío de soles y estrellas. El individuo se caracteriza por inestabilidad, por falta de decisión, por lo accidental de sus acciones y, sobre todo, por su tansitoriedad. Nosotros hemos suprimido totalmente el individualismo a favor de la sociedad. En nuestro planeta sólo existe la colectividad: no hay en él individuos.
- No entiendo -dijo estupefacto-; lo que estás diciendo debe ser solamente una figuración retórica, ya que tú mismo eres un individuo...
- De ninguna manera -replicó sin cambiar de sonrisa-. Te habrás dado cuenta, supongo, de que todos tenemos la misma cara. Del mismo modo, conseguimos la más alta intercambiabilidad social.
[2]
Si Hayek levantara la cabeza... :o)

(*) Conocida en EE.UU y Canadá como affirmative action y employment equity, respectivamente.
[1] George Lakoff, Puntos de reflexión. Manual del progresista, Ediciones Península, Barcelona, 2008, p. 153.
[2] Stanislaw Lem, Diarios de las estrellas, Alianza Editorial, Madrid, 2005, pp. 142-143.

Para profundizar:
- ¿Avala la ciencia las políticas de igualdad?, en La revolución naturalista.

1 de noviembre de 2009

Los 10 mejores posts de octubre

Del más reciente al más antiguo:
- ¿Prohibirías las corridas de toros?
- La cultura del primate: humanos y macacos
- Ecólogos y ecologistas
- Más Platón y... ¿también más Prozac?
- Construyendo las bases de mi filosofía
- ¿Adónde han ido los místicos?
- El creyente y su (anti)filosofía
- John Stuart Mill y la falacia naturalista
- ¿Piensan los calamares en el DI?
- Neuropolítica: conservadores y progresistas
(*) Para elegirlos he tenido en cuenta dos cosas: el número de comentarios y mi capricho personal. No están todos los que son, pero casi. El primer día de cada mes haré lo mismo, a modo de antología :o)

31 de octubre de 2009

La Roux

A Los monos también... les va el electropop. Gracias Ismael.

29 de octubre de 2009

¿Prohibirías las corridas de toros?

Pero ellos sí, ¿y tú?

Por qué los "distintos" son (deben ser) distintos

Va por ti, Siesp:
Cuando un hombre, por la razón que sea, tiene la oportunidad de llevar una vida excepcional, no tiene derecho a guardársela para sí mismo.
Jacques-Yves Cousteau.

Esa cita aparece en la película Academia Rushmore.

27 de octubre de 2009

La cultura del primate: humanos y macacos

Incluso el humano más liberal, más revolucionario, es un conservador nato. Rechazar las ideas y las costumbres más arraigadas por otras nuevas y mejores requiere tiempo. Nuestro cerebro es ágil, pero no tanto.

No obstante, hay un patrón que se repite. En el macaco parece ser que también. Existen macacos más "aventureros" que otros. Estos macacos -que en nuestra especie corresponderían a, por poner un ejemplo, Charles Darwin, John Von Neumann o Rachel Carson- descubren nuevas formas de hacerle la vida más fácil a sus congéneres.

Seguramente no lo hacen con esa intención, en el sentido de que detrás de sus actos no hay lo que se dice una previsión, pero tampoco es que eso importe demasiado. Lo que importa es su aportación, en términos de utilidad, al acervo cultural del grupo.

Sin embargo, no todo el grupo le da la misma bienvenida a las nuevas ideas o adelantos, siempre hay quienes se hacen verdaderamente de rogar, si bien al final, por mucho que hayan pataleado en el pasado, suelen acabar por aceptarlas. Si no ellos, sus hijos, o los hijos de sus hijos:
En la isla de Koshima vivía una población de macacos, entre los que se encontraba la hembra Imo, que a la sazón contaba dos años de edad. Los investigadores arrojaban batatas a la playa, donde se llenaban de arena, que las hacía difícilmente comestibles. A la espabilada Imo se le ocurrió llevar unas batatas a un arroyuelo de agua dulce y lavarlas, comiéndoselas luego. Poco a poco, otros macacos la iban imitando, aprendiendo a lavar las batatas y comérselas [...]. Dos años más tarde los etólogos empezaron a arrojar trigo a la arena de la playa. Algunos macacos trataban de recoger los granos uno a uno, pero el procedimiento era excesivamente lento y trabajoso. Otra vez, Imo [...] tuvo una genial ocurrencia: recoger puñados de arena mezclada con granos de trigo, llevarlos al agua del mar y soltarlos, dejando así que la arena se hundiese y los granos flotasen, recogiéndolos entonces tranquilamente con la mano y comiéndolos. También aquí la innovación de Imo sería pronto imitada por los demás.

Todos estos son casos puros de cultura, de invención y transmisión por medios no-genéticos, sino miméticos (por imitación), de información no disponible por naturaleza, de memes. El esquema de difusión siempre era el mismo: un individuo juvenil (la hembra Imo, en los casos citados), juguetón y dado a la exploración, hacía un descubrimiento o invento de evidente utilidad, dadas las circunstancias. Primero algunos macacos juveniles la imitaban, y poco a poco la práctica se extendía a todos los miembros de su generación. De los jóvenes la práctica pasaba a sus madres, que estaban en contacto frecuente con ellos, y de las madres a las crías pequeñas. Finalmente, toda la población adoptaba el nuevo descubrimiento, excepto los machos adultos, reacios al cambio y poco dados al contacto con los juveniles.
Jesús Mosterín, La naturaleza humana, Espasa Calpe, Madrid, 2008, pp. 236-237.

Para seguir leyendo:
- Cultura animal, en BioTay.
- La cultura no es un fenómeno exclusivamente humano, en FilóPolis.
- Metacognición, en Misterios al descubierto.

26 de octubre de 2009

Ecólogos y ecologistas

Ecólogos es a sociólogos lo que ecologistas es a socialistas.
Ramón Margalef.
De la misma forma que existen sociólogos conservadores y sociólogos socialistas*, habrán ecólogos desarrollistas y ecólogos ecologistas.
José María Fernández Palacios, en una conferencia magnífica, por divulgativa y por entretenida.

(*) Aunque parece ser que tienen más fama de esto último.

25 de octubre de 2009

Érase una vez en el oeste