30 de julio de 2015

La lucha química como último recurso



Si en una plantación de melocotoneros nada más observar la presencia del pulgón Myzus persicae (...) nos entra la «psicosis de tratar», lo podemos hacer, mas... a los 15-20 días nos sorprenderemos al ver nuevamente otro rebrote de pulgones, tal vez superior al primero.
Nos veremos por tanto obligados a realizar un segundo tratamiento y, de nuevo, a los 20-25 días estará infectada la plantación por el malhadado pulgón y nos extrañaremos de que, en campos próximos no tratados no tengan ni la mitad de pulgones que el doblemente tratado nuestro.
¿Qué ha pasado? La explicación es que los pocos áfidos que sobrevivieron a los tratamientos se han podido desarrollar libremente y sin competencia alguna al haber sucumbido la totalidad de insectos útiles que frenaban la expansión de la plaga. 
Si nos obcecamos y volvemos a realizar un tercer tratamiento, obtendremos los mismos resultados, y cada vez nuestra plantación estará peor que la vecina sin tratar. ¿A qué es debido este comportamiento? Hemos subestimado la inmejorable acción denso-dependiente de los insectos útiles (parasitoides y depredadores) que la naturaleza de manera gratuita pone a nuestra disposición, y de nuevo la ¡soberbia humana! ha creído poder vencer a la naturaleza.

José Mª Carrero y Silverio Planes, 2008
Plagas del campo (13ª edición), págs. 251-252.


Control integrado, Susi Gómez

28 de julio de 2015

La cruz del progresista


No hay mayor lección
que la que se esconde
tras el alcohólico y el suicida.

No nos rompemos
porque nos esclavicen las drogas. 
sino que nos esclavizan las drogas
porque nos rompemos.

La causa es confundida con la consecuencia,
y mientras tanto tu confusión aumenta.

Canario de la mina,
¿hasta cuándo seguirás advirtiéndonos con tu desdicha? 
Aléjate de nosotros mientras aún te queden fuerzas.
Cuídate de morir en vano en la cruz
del cristiano y del progresista.


La migración moderna del Espíritu (1933) de José Clemente Orozco

26 de julio de 2015

El franquismo ochenta años después

o cómo sus descendientes siguen gobernando y sus súbditos votando


La noche del 29 de diciembre de 1936, en las cercanías del pequeño pueblo de Poyales del Hoyo (Ávila), los partidarios del general Franco asesinaron a tres mujeres: Virtudes de la Puente Pérez, Pilar Espinosa Carrasco y a la embarazada Valeriana Granada. Después, sus cuerpos fueron lanzados a una fosa común en el cementerio de la localidad, donde permanecieron abandonados y sin identificar durante décadas. Mientras tanto, los responsables vagaron libremente y, según se dice, uno de ellos disfrutó de tal impunidad que los vecinos le apodaron «501» por el número de víctimas que alardeaba haber matado. A comienzos de noviembre de 2002, décadas después de ser aprobada la Constitución democrática de 1978, algunos familiares de las víctimas y algunos vecinos, lograron exhumar los restos y darles un enterramiento digno. Según las informaciones periodísticas, la alcaldesa conservadora de Poyales del Hoyo en 2002, Damiana González Vadillo, era sobrina de «501» y trató de impedir que los cuerpos fuesen enterrados en el cementerio, alegando que éste carecía de espacio suficiente para los mismos.
Entre la primavera y el verano de 2011 se sucedió otro episodio en esta historia: el 22 de mayo, un nuevo alcalde conservador, Antonio Cerro, asumió el cargo. Ese mismo día, unos desconocidos profanaron la placa conmemorativa erigida en el lugar en el que los franquistas habían asesinado a las tres mujeres. Unas semanas después, el 30 de julio de 2011, el alcalde ordenó la retirada de los restos de los nichos donde habían sido depositados y dispuso que fuesen devueltos a la fosa común.
(...) Esta historia dice mucho de los conflictos que, en relación al pasado y a su legado, todavía atraviesan a tres generaciones de españoles. Desde el cambio de milenio, este conflicto ha alcanzado nuevas cotas debido a las actividades de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, compuesta en gran parte por los nietos de las aproximadamente 150.000 víctimas de la represión franquista. Como sucedió en Poyales del Hoyo en 2002, los miembros de la Asociación tratan de encontrar las fosas donde yacen muchos de sus familiares para, entonces, exhumar los cuerpos y dar digna sepultura a los asesinados. Entre el comienzo del siglo y septiembre de 2011, han logrado desenterrar a 5.476 víctimas. Las exhumaciones han contribuido a alimentar la polémica y el debate, propiciando en diciembre de 2007 la comúnmente conocida como Ley de la Memoria Histórica. En la Ley, el Estado asumía el compromiso de promover un mejor conocimiento del pasado, así como de apoyar la búsqueda de las fosas comunes y la identificación de las víctimas. Sin embargo, la disposición no contó con el apoyo de todos los partidos políticos. El diario El País incluyó en una de sus ediciones de 2011 la disconformidad de Mariano Rajoy, entonces líder del Partido Popular en la oposición, en las que afirmaba que la Ley de la Memoria Histórica no tenía ningún sentido y que, si llegaba al poder, no estaba interesado en mantenerla. Tras su victoria en las elecciones generales de noviembre de 2011, redujo la cantidad presupuestada para las actividades de recuperación del pasado y, en el presupuesto de 2013 y 2014, las partidas se redujeron a cero. 
(...) Podemos mirar al pasado o no, pero hagamos lo que hagamos, él siempre vendrá a visitarnos. Las cenizas del progreso están siempre a nuestros pies, marcando nuestras vidas y nuestro futuro. Nuestra única alternativa es removerlas, ponernos ante ellas y reflexionar sobre lo sucedido. La Historia es, entonces, un arma válida para lidiar con el pasado y, así, construir nuestro futuro.

Peter Anderson y Miguel Ángel del Arco Blanco, 2014
Lidiando con el pasado: represión y memoria 
de la guerra civil y el franquismo

24 de julio de 2015

Mi primer roscón

Inspirado en la receta de María José:

Estilo espartano, sin florituras.
No está el horno para bollos :P


Te lo dedico a ti, querido Chulo, el catador más exigente y sincero que he conocido: solo te comías lo que me salía realmente rico. Tus célebres ladridos "¡dame más right now!" eran la prueba definitiva. ¡A tu salud, compañero!

¡Give me more, he dicho!

22 de julio de 2015

Viejo libre


Amaba tanto la libertad de sus congéneres
que nunca se sintió cómodo teorizando sobre ella.
¿Y si hablar de ella ya fuese un atentado contra ella?
-No, de ninguna manera-, se decía a sí mismo
acostado en lo que pronto sería su lecho de muerte,
como queriendo justificar toda una vida de activismo.
-¡Antes dogmático que cínico!-
Y sin embargo, siempre se sintió un poco culpable, contradicho.
Culpable de no saber dónde se encuentra el límite
entre lo que se ha de gritar y lo que se ha de callar,
entre su libertad de pensar y la de los demás.

12 de julio de 2015

Las buenas personas nunca mueren

o cómo el recuerdo hace inmortales a nuestros seres queridos

Va por ti, Chulo, mi objetivo, mi propósito y mi amigo. Siempre juntos.

25  05  2002
09  07  2015 

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8 de julio de 2015

Empatía


Se preguntaba si no moriría de empatía.
-¿Acabará conmigo este dolor suyo, ahora también mío?-.
En ese momento quería ser de hielo,
haber nacido psicópata,
no tener compasión
ni haber conocido el amor.
-Padecer con el otro, ¡qué gran invento!-.

Nunca antes arcadas ajenas le habían dolido como propias,
pero ¿qué más podía hacer, aparte de cuidar y llorar?
-La esperanza es lo penúltimo que se pierde;
lo último, descartado el milagro, es el cuidado-,
reflexionaba para sí mismo, aunque bien lo sabía:
solo el adiós, el definitivo, podría liberar a ambos
de todo cuanto es malo y de todo cuanto es bueno,
pero eso, también lo sabía, le sumiría en el mayor de los vacíos.
¿Cómo soportarlo?
¿Cómo amurallar... el corazón?

He ahí la desigual lucha de contrarios:
dos cerebros sintientes que todo lo sienten
contra una demoledora marcha
que aplasta huesos al tiempo que vomita sueños.
-Perros de paja, no somos más que perros de paja...-,
decía el humano en voz baja,
como tratando de encontrarle un sentido al Sinsentido.


13 de mayo de 2015











6 de julio de 2015

La paja en el ojo ajeno

o cómo combatir un supuesto odio con más odio


La autora [Simone de Beauvoir] se odia a sí misma en tanto que mujer y al varón con el impreciso e inexacto argumento de que la fémina “ha sido, si no la esclava del hombre, al menos su vasalla (sic)”, de manera que en ella todo es biliosa animadversión, omnipresencia del odio y envidia enfermiza de lo masculino. (...) Un interesante estudio crítico del patológico rechazo fóbico de aquella autora al cuerpo femenino puede encontrarse en J.B. Elshtain, quien recuerda que su compañero intelectual, el pseudo-filósofo J.P. Sartre, haciendo gala de una misoginia aún más repulsiva que la de la autora examinada, lo denomina “infortunada anatomía”: tales son los averiados fundamentos doctrinales del Estado feminista, que tiene en De Beauvoir su santa patrona.
O por qué nunca he encontrado el amor prometido en las palabras de quien tan insistente y ardorosamente afirma perseguir "la convivencia y el amor", sino más bien lo contrario: un calificativismo o uso violento y excesivo de calificativos en detrimento de un análisis más equilibrado y más humano o empático. Mi hipótesis: a diferencia de la Ética o estudio del comportamiento moral, el moralismo -como manera de entender y de enfrentarse al mundo, ya sea en su versión estoica, cristiana, comunista, etc.- es peligroso en tanto que tiende a ocultar nuestros propios odios, miedos, defectos y sufrimientos remontables hasta la infancia bajo un discurso público, ya en la madurez, lleno de buenas intenciones, nobles ideales y exigencia a los demás (esto último en forma de sutiles llamadas a la "autoexigencia"). No son pocos mis desencuentros y desencantos con la obra y la vida de Nietzsche, pero todo hay que decirlo: en su rechazo a la hipocresía cristiana (de la que, quien más, quien menos, nadie se libra) tenía más razón que un santo :P



5 de julio de 2015

Buenos libros de historia

Aquí.

Cristianismo y misoginia



A pesar de que "en un principio, las palabras y acciones de Jesús incorporaron a las mujeres en ámbitos que resultaban nuevos y sorprendentes en la Palestina del siglo I dominada por los romanos" y de que "en sus enseñanzas hizo pocas discriminaciones entre mujer y hombre", el cristianismo, la Iglesia, la inercia de la tradición judeocristiana y el conformismo de la sociedad en general, lejos de contrarrestar la tradicional estratificación de género presente al menos desde la Edad del Bronce, ayudaron a perpetuar dicha subordinación durante casi toda la Edad Media y la Edad Moderna (a finales del siglo XVII empezarían a cambiar gradualmente las cosas):

Contrastando con Jesús, los escritos de Pedro, Pablo y Timoteo, y los de los padres de la Iglesia, como san Jerónimo, Tertuliano, san Agustín y san Juan Crisóstomo, pusieron de relieve la inferioridad de las mujeres y declararon que debían estar sometidas a los hombres. A medida que el cristianismo era aceptado e institucionalizado, se denegaba la igualdad concedida a las mujeres en los primeros siglos. Pablo y otros apóstoles y evangelistas distinguieron a las mujeres que colaboraron con ellos de la mayoría de mujeres, para las cuales preferían los cometidos femeninos tradicionales. Basándose en la ley y las costumbres hebreas, Pablo declaró que las mujeres debían llevar velo y «cállense en las asambleas; que no les está permitido tomar la palabra, antes bien, estén sumisas como también la Ley lo dice. Si quieren aprender algo, pregúntenlo a sus propios maridos en casa; pues es indecoroso que una mujer hable en la asamblea». (...) La epístola de Timoteo repite este argumento en términos más enérgicos: «La mujer oiga la instrucción en silencio, con toda sumisión. No permito que la mujer enseñe ni que domine al hombre. (...) Porque Adán fue tomado primero y Eva en segundo lugar» (...). En el siglo II, Orígenes, el padre de la Iglesia, vio cualidades masculinas y femeninas en el alma, siendo las masculinas superiores. En el mismo siglo, Clemente de Alejandría recomendó que las mujeres llevaran velo y los hombres se dejaran crecer la barba para recalcar la diferencia entre los sexos (...). A partir del siglo II, la Iglesia cristiana consideró a Eva la fuente de pecado, la tentadora del hombre y la encarnación de todas las mujeres. «¿No sabéis que cada una de vosotras es una Eva?», escribió Tertuliano alrededor del año 200. (...) Doscientos años más tarde, en el siglo V, san Juan Crisóstomo repitió este argumento. (...) «Sí, en verdad son débiles y frívolas... Pues aquí se nos dijo que no sólo Eva sufrió el engaño, sino que la "Mujer" fue engañada. (...) Por tanto, toda la naturaleza femenina ha caído en el error...». (...) Hacia el siglo III, las mujeres menstruantes, incluidas las «diaconisas», no podían acercarse al altar. En el siglo VII, aproximadamente, habían sido resucitados y reafirmados todos los mitos sobre el poder destructor de la sangre menstrual. El obispo Isidoro de Sevilla insistió en que el tacto de una mujer menstruante podía evitar que un fruto madurase y provocar la muerte en las plantas. (...) Una vez más, el parto fue considerado una experiencia contaminante. Hacia finales del siglo VI, la tradición hebrea de que una mujer permanecía impura durante treinta y tres días después del nacimiento de un hijo, y sesenta y seis días después del nacimiento de una hija, se convirtió también en una práctica cristiana. (...) La virginidad libraba a la mujer de su «débil sexo ... [y] de su cuerpo, que, por ley natural, debía haber sido sumiso al hombre», como Leandro de Sevilla declaraba en el siglo VII. El respeto hacia una mujer que elegía una vida virginal se convirtió en una tradición heredada por los cristianos europeos. Pero el respeto y el valor se adquirían cuando la mujer negaba su sexo. (...) Hacia el siglo IX, el cristianismo había enaltecido y subordinado a las mujeres europeas. (...) La Iglesia, así como la familia y el Estado, fundamentalmente creía y enseñaba que las mujeres eran inferiores a los hombres, y debían estar sometidas a ellos. (...) Los más antiguos y, en muchos casos, más sagrados escritos de las culturas anteriores al cristianismo -la griega, romana, hebrea, germánica y celta- albergan la subordinación femenina. Con el paso de los siglos, la creencia en la subordinación femenina persistió y adquirió la autoridad de la tradición consagrada. (...) Se transmitió intacta a la nueva cultura europea que emergió en el siglo IX.
Bonnie Anderson y Judith Zinsser, 1991
págs. 91-108 y 49.

30 de junio de 2015

De una primavera atípica a un verano precoz

¡Treinta y dos grados! (1857) de Honoré Daumier


Como se veía venir (1 y 2), este verano parece haberse adelantado (12 y 3). Si bien a corto plazo habrá años más calurosos y atípicos que otros, la tendencia alcista de las temperaturas sugiere una veranificación de las estaciones a largo plazo. El palabro es mío :P



29 de junio de 2015

El mito liberal de la movilidad social

o por qué el sueño americano no solo es injusto sino tramposo


No es necesario ser matemático para darse cuenta de que uno, dos o tres camareros pueden, sin lugar a dudas, convertirse en los empresarios hosteleros más ricos de su ciudad, pero que pasado cierto límite fácilmente sobrepasable, las puertas de la movilidad social se cierran automáticamente para el 99% de los camareros y camareras que también quieren y se "merecen" ascender en la escala social. Es cuestión de matemáticas, de física, de lógica.

Que personas como Amancio Ortega solo existan unas pocas en España no es porque la mayoría sean vagas, conformistas y/o envidiosas, como insinúan los Marhuendas de este mundo, sino porque aun cuando fueran tan listas y competitivas como él -lo cual no sería una virtud-, en el sistema capitalista (o mejor dicho, proletarista*) sencillamente no es posible que haya más empresarios que trabajadores, de la misma manera que en la sabana no es posible que haya más depredadores que presas. Todo lo contrario, en realidad. En toda cadena trófica que se precie, ya sea natural o cultural, los de abajo sobrepasan con creces a los de arriba. Si todos o una mayoría cobráramos el premio gordo de la movilidad social, es decir, si todos nos convirtiéramos en Amancio, o si todos, más modestamente, fuéramos los únicos propietarios del restaurante en el que hasta ahora trabajábamos por cuenta ajena, ¿quién llevaría los platos a las mesas, quién doblaría la ropa, quién sería la comida de los de arriba, quién se bajaría los pantalones?

Así pues, ¿dónde queda el supuesto sueño liberal de ascender y convertirse en amo? Sociológicamente hablando, es decir, en términos estadísticos, esa libertad jamás ha existido ni puede existir salvo para unos cuantos arribistas e imitadores con talento.

Si a uno le gusta este sistema, de acuerdo, ¡nadie es perfecto!, pero que al menos sepa lo que defiende, que tenga el valor de llamar a las cosas por su nombre y que, ya que no le molesta la esclavitud salarial, que por lo menos no sugiera que quienes trabajan más de diez horas poniendo platos y aguantando a clientes que se creen Julio César o conduciendo taxis que ni siquiera son suyos (¿dónde quedó aquella reivindicación, por otra parte insuficiente, de mayo de 1886?) es porque son menos aptos o porque ellos se lo han buscado (¡encima de perro, apaleado!). Así al menos, a los que no nos gusta esta manera tan egoísta y tramposa de organizar la sociedad, nos resultaría más fácil rebelarnos, pues nos dirían a la cara lo que siempre hemos sido para ellos: epsilones. Y a la pregunta "¿curras?", negaríamos con la cabeza y responderíamos con orgullo "Anarres".

(*) Cuando digo «capitalismo», por lo común quiero decir algo que puede formularse así: «Aquella organización económica dentro de la cual existe una clase de capitalistas, más o menos reconocible y relativamente poco numerosa, en poder de la cual se concentra el capital necesario para lograr que una gran mayoría de los ciudadanos sirva a esos capitalistas por un sueldo». (…) La verdad es que lo que llamamos capitalismo debería llamarse proletarismo, pues lo que lo caracteriza no es el hecho de que algunas personas posean capital, sino que la mayoría sólo tengan salarios porque no tienen capital. (…) De lo que me quejo es de que en la defensa corriente del capitalismo existente se justifique el hecho de mantener a la mayoría en una dependencia asalariada.
G. K. Chesterton, 1927
Los límites de la cordura: el distributismo y la cuestión social



Dedicado a mi hermano. Sin su trabajo nada de esto sería posible.

28 de junio de 2015

Elogio y crítica de la gitanidad

o la paradoja moderna

La civilización, pero sobre todo la modernidad (industrialismo + urbanismo + capitalismo + liberalismo + individualismo + racionalismo + humanismo + etc.), nos arroja hacia una paradoja en tanto que nos provee de las condiciones materiales e ideológicas necesarias para apreciar, tal vez con mayor énfasis que cualquier otra cultura, el valor de la autonomía personal mientras que al mismo tiempo, como pago habitual de esa liberación filosófica frente a la potencial tiranía de la tradición y de la comunidad, contribuye a desmantelar el sentimiento comunitario tantas veces añorado por el individuo atomizado moderno.

Digo que es una paradoja porque el anarcocomunismo o socialismo libertario, como filosofía universalista más o menos desarrollada que persigue una humanidad libre de dominación al mismo tiempo que más unida y solidaria (como el cristianismo primitivo pero mejorado por prueba y error), nace precisamente gracias a aquello que quiere combatir: la alienación y el exceso de individualismo. Hasta ahora, cuando la familia y la comunidad han predominado, el individuo y la libertad de pensamiento han pasado a un segundo plano (el caso más reciente y generalizado en España lo tendríamos en el franquismo, y antes en el Antiguo Régimen). Y al contrario: cuando el individuo y la propiedad privada han predominado, los lazos familiares y comunitarios se han desvalorizado.

Cuanto más sencillo le resulta al individuo formarse un juicio propio y una opinión menos familiar y etnocéntrica de la vida y de la sociedad, más compara y más sueña con un mundo diferente, pero he aquí el pacto fáustico y la contradicción: esa nueva concepción de la justicia y esos sueños utópicos los ha ganado al tiempo que perdía buena parte del vínculo social que más tarde, recorriendo el camino inverso (de la individualidad a la colectividad), necesitará para cambiar las cosas. Es decir, sin este vínculo difícilmente podrá llevar a cabo sus sueños emancipatorios, pues nadie puede ser libre y construir un mundo mejor si los demás no le acompañan. Es como si nos hubiéramos alejado del grupo para coger perspectiva y al regresar este ya no nos reconociera y viceversa.

Ahora bien, no todo está perdido. Otro grupo y otro pueblo son posibles, al menos en nuestra imaginación y en alguna medida en la práctica. Este nuevo pueblo o masa popular se basaría en el equilibrio entre algunos de los viejos valores colectivistas y tradicionalistas presentes todavía en poblaciones como la gitana, si bien cada vez menos debido a su integración en la sociedad mayoritaria (el apoyo mutuo, el sentimiento de comunidad, la familia extensa, el derecho consuetudinario, el semianarquismo implícito en la copla "no camelo ser eray / es caló mi nacimiento", es decir, "no quiero ser señor / es gitano mi nacimiento", la concepción familiar, antisalarial y antiproductivista del trabajo explicitada en la copla "desgrasiaíto aquel que come / el pan en manita ajena / siempre mirando a la cara / si la ponen mala o buena", la concepción más colectiva que individual, más relativa que absoluta, de la propiedad, el seminomadismo o la no sacralización del sedentarismo, aunque en su caso se deba más a la marginación social que a un estilo de vida libremente elegido, etc.), y un número indeterminado de valores individualistas y racionalistas presentes en las sociedades modernas, tales como el rechazo a la autoridad (incluida la autoridad moral de los mayores por el mero hecho de serlo) y la crítica de la propia cultura, evitando así la dominación y el etnocentrismo respectivamente. Hasta qué punto es eso posible, lo desconozco (ya conocéis mi pesimismo). Pero por ahí andan los tiros y los pasos, si no me equivoco.

En resumen, ni el tradicionalismo acrítico de los gitanos, que se analiza brevemente a continuación, ni el modernismo acrítico de los no gitanos, analizado a lo largo del blog. Esa es la idea, al menos.



Ser persona y ser gitano es lo mismo; o, dicho de otra forma, que sólo se puede ser persona si se es gitano. Así, es fácilmente comprensible que un gitano no niegue nunca su condición, porque supondría renegar de ser persona y, por tanto, de ser humano. (…) Los no gitanos, en un sentido literal, no serían propiamente personas alter (personas) sino alia (extraños). (…) El origen de esta identificación entre persona y gitano –y entre extraño y no gitano- (…) se encuentra en la contraposición que los gitanos hicieron con los no gitanos que encontraron en su proceso migratorio. Como afirma Botey, «al cortar el cordón umbilical con la Madre India, crearon una raza» (…). Al encontrar personas distintas, física y culturalmente, los gitanos se atribuyeron un lugar preeminente en la jerarquía ontológica. No en vano (…) la mayoría de mitos sobre el origen de la condición gitana parten de un ser divino que asignó a los gitanos un lugar preferente en la creación (…). Recordemos, como hace Hancock, que «el tiempo que se pasa en el mundo no gitano (el jado) quita energía espiritual (la dji)». (…) En el transcurso de los siglos, los gitanos han interiorizado hasta tal punto la importancia de la comunidad en su propia existencia que han acabado por asumir inconscientemente el interés colectivo como criterio de validación de lo que es o no moralmente correcto (…). Así, no resulta extraño que gitanos como la poeta Marysol Pérez Valiente digan que ser gitana es «cumplir la tradición» (…); el escritor Jorge E. Nedich asegure que es «tener conciencia social de grupo» (…); o el político Ramírez Heredia afirme que la propia conducta se deba evaluar según «se cumpla con la obligación de buen padre, hijo o marido» (…).

[Los gitanos] se comportan sin libertad pero con responsabilidad en el ámbito comunitario y con libertad pero sin responsabilidad fuera de él. (…) La libertad se concibe más comunitaria que individualmente y el criterio del interés comunitario prevalece sobre el personal (…). No en vano Isabel Fonseca afirma que: «la dura ley de los gitanos, que contradice cruelmente el estereotipo romántico del espíritu libre romaní, prohíbe la emancipación de los individuos en aras de la preservación del grupo» (…), mientras que Botey sostiene que: «la libertad del gitano y la crítica se ejercen siempre dentro del ámbito de la ley y la tradición» (…). Algo similar sucede con los miembros de las órdenes y congregaciones católicas o con los accionistas de las grandes empresas, porque el anonimato diluye las responsabilidades dentro del grupo. Es lo que algunos autores denominan liberación comunitaria (…), porque vinculan la libertad al compromiso más que a la elección (…). 
El respeto se presenta siempre bajo la forma de «respeta a los tuyos», la fraternidad aparece como «ayuda a los tuyos», la libertad resulta como «procura la libertad de los tuyos» y la obediencia sería un «seas fiel a [tus] tradiciones». (…) La libertad personal aparecería en la medida en que sea cada uno quien decida cómo dar respuesta a estas normas mediante la propia conducta en la vida cotidiana. Por ejemplo, el trabajo es percibido como un imperativo moral sólo en la medida que supone garantizar las necesidades colectivas. Como constata Borrow, a partir del testimonio del gitano extremeño Antonio López: «Los gitanos no se roban ni matan los unos a los otros (…)». (…) Ante un dilema moral que consiste en aplicar las normas endógenas o las exógenas, la elección por la primera está asegurada, sean cuales sean las circunstancias. La moral gitana aparece como una moral heterónoma, donde el margen de libertad para la libre determinación es muy estrecho, con pocas posiciones intermedias (…). De ahí que  Domingo Jiménez afirme que “no hay gitanos que pongan en duda puntos vitales, esencialmente identificativos de la cultura gitana”. (…) Sin capacidad crítica, y con un reducido margen de libertad, la educación moral en la cultura gitana se sitúa de pleno en el cuarto de los estadios morales que definió Lawrence Kohlberg en Las etapas del desarrollo moral (1958). El autor comparte con Piaget la idea de que la formación de la personalidad moral pasa por una serie de etapas, en función de la libertad de criterio propio en torno a la norma. Esta cuarta etapa, que prolonga durante toda la vida lo alcanzado en la adolescencia, se caracteriza por vincular la moral al mantenimiento del orden social, por lo que la conducta correcta consiste en cumplir el deber, que no es otro que salvaguardar la institución en su conjunto. Se trata de un nivel convencional, en el que el pensamiento no se rige tanto por principios como por normas sociales. La idea de justicia, incluso, se define en función de la comunidad, que otorga la autoridad a los ascendientes.
Sergio Rodríguez, 2011
Gitanidad: otra manera de ver el mundo
págs. 191-269.

26 de junio de 2015

La televisión no ha progresado

El anarquismo es una ideología que tiene la pretensión de ser la última reserva que le queda al socialismo, fracasado como socialdemocracia, fracasado como socialismo de Estado y fracasado como toma del poder totalitariamente.
Federica Montseny, 1982.




Siguiendo al luddita Jerry Mander, no creo que la televisión pueda reformarse significativamente, ni tan siquiera que deba intentarse en sentido colectivo o como objetivo social a largo plazo; otra cosa, no obstante, es la libertad personal de los periodistas y el sano interés en querer reformarla a corto plazo allí donde esté en su mano hacerlo (lo mismo cabe decir de Internet, de las centrales nucleares y de otras tantas técnicas complejas hasta cierto punto útiles pero intrínseca y generalmente en deuda con el centralismo y el autoritarismo). Como ley general, parece ser que cuanto mayor es el grado de división del trabajo en una sociedad, mayor es también la dificultad de construir o mantener una democracia directa y asamblearia. Esto no quiere decir que sea necesariamente imposible una sociedad anarquista con un desarrollo tecnológico igual o superior al de cualquier sociedad jerárquica y centralizada, pero sí sugiere que siempre habrá una cierta tensión irreconciliable entre ambas necesidades. O dicho al revés, hasta ahora las sociedades desiguales y productivistas han demostrado ser las sociedades más afines al progreso tecnológico (véase el caso ficticio de Urras contra Anarres). El porqué lo explica bastante bien el escritor (y para mí el mejor sociólogo no profesional) Aldous Huxley:
La democracia difícilmente puede florecer en sociedades donde el poder político y económico se concentra y centraliza progresivamente. Y he aquí que el progreso de la tecnología ha llevado y sigue llevando todavía a esa concentración y centralización del poder. A medida que la maquinaria de la producción en masa se hace más eficiente tiende a ser más compleja y más costosa y, por tanto, menos asequible para el hombre de empresa de medios limitados. Además, la producción en masa no puede funcionar sin una distribución en masa y, por otra parte, la distribución en masa plantea problemas que solo los más grandes productores pueden resolver satisfactoriamente. En un mundo de producción en masa y distribución en masa, el Hombre Modesto, con su insuficiente capital, está en seria desventaja. 

En teoría todos los humanos del planeta podemos apoyarnos mutuamente en lugar de apoyarnos en el dinero y otros mecanismos indirectos de intercambio y opresión. Por ejemplo, los más mañosos de una determinada comunidad, bajo pedido nacional e incluso internacional, pueden producir excedentes de sus mejores muebles de manera desinteresada contando con que otros obrarán igual produciendo sabia y desinteresadamente los excedentes de energía, de comida y de armas que estos carpinteros necesitarán para seguir trabajando y llegado el caso protegiendo su gremio y su forma de vida, pero, aun suponiendo que este federalismo y esta actitud se implantasen en el número suficiente de sociedades de la península y del mundo, no todos los bienes y servicios son igual de relevantes políticamente hablando. Bajo ciertas circunstancias socioecológicas un grupo de exanarquistas (liderado con mayor probabilidad por hombres) podría sublevarse y hacerse con el monopolio de la industria del mueble, ¿pero qué poder les otorgaría eso? Seguramente ninguno. Sin embargo, ¿qué pasaría si se hiciesen con bienes más estratégicos, bienes que no aparecen sino con la civilización, como una presa, el armamento pesado, el material médico, las refinerías de petróleo o el propio Internet?

Es por ello que podríamos concluir que cuanto más dividido esté el trabajo, cuantos más trabajos y especializaciones existan, cuanto más complejas sean nuestras sociedades y cuanto más dependan las personas de bienes que no producen ellas mismas localmente, más probabilidades tendrán de ser dominadas y los movimientos de autogestión de ser diezmados. Como inconformistas que somos, podemos (como ya hicieran los colectivistas aragoneses durante el 36 aprovechando la inestabilidad del Estado) y sobre todo debemos trabajar individual y conjuntamente por el mayor grado de federación posible y por cuotas de especialización tecnológica tan altas como la experiencia, la descentralización y la escasez de recursos nos lo permitan, pero desterrando la idea neutralista de que cualquier tecnología puede emplearse por cualquier sistema político con la misma probabilidad y siendo modestos en nuestras expectativas, al tiempo que valientes en nuestros sueños.

Ahora bien, es preciso reconocer que, en cuanto a la televisión, la hay y la hubo peor y mejor, al menos por lo que se refiere al debate político en el sentido más exigente y plural de la expresión (¡antes, aunque poco, se hablaba hasta de anarquismo!), "debate" que hoy se ve reducido paulatinamente a mero comentarismo entre periodistas y políticos acerca de las jugadas más polémicas de estos últimos (me gusta pensar que el anarquismo español, después de un pico entre finales del diecinueve y el primer tercio del veinte, empezó a deslizarse por un valle lleno de altibajos y con un subpico durante la Transición, pero que llegado el momento y habiendo hecho bien los deberes de conservación de testimonios y distribución de materiales, tal vez para finales de este siglo o quién sabe para cuándo, podría repetirse o incluso superarse aquel primer pico frustrado en el 38). Para muestra de que ya no hay programas como el de José Luis Balbín o como el de Joaquín Soler, valgan de momento estos tres botones de hace más de treinta años, de cuando yo tan solo era un vago proyecto en la mente de mi madre: 12 y 3 (gracias a Albert). Y no es que lo diga yo, un "radical". Lo dicen también conservadores -siendo generoso con la etiqueta- como José Javier Esparza.

Por cierto, de todos los que participan en la tertulia de 1984, el más pobre en actitud y en argumentos, con diferencia ¡y no por casualidad, en mi opinión!, es el antaño franquista y más adelante liberal Joaquín Satrústegui (como en el caso de otros liberales, lo suyo fue más una evolución y moderación ideológica que una ruptura con lo establecido). ¡Hasta cinco anarquistas diferentes en un mismo plató! Más un comunista. ¿Dónde se ha visto eso? Lo más parecido que he visto en los últimos años es la reciente entrevista de Jordi Évole a Lucio Urtubia y a Enric Duran, aunque en este caso no se va mucho más allá del título: "Ladrones con causa". O como dice Pablo Prieto, "el programa da voz a esos pequeños héroes silenciados por el resto del establishment mediático, que ya es mucho decir. Pero lo hace en tono anecdótico, como si hablara de una entrañable curiosidad histórica. No enlaza con la actualidad, no es plenamente consciente de la importancia e influencia que tales personajes pueden tener en la sociedad contemporánea".

25 de junio de 2015

La edad no es sabia, lo son las personas

o contra el edadismo infantil y juvenil:
La creencia según la cual las personas de más edad saben más de la vida, porque supuestamente tienen más experiencia, se nos inculca a tan temprana edad que nos aferramos a ella pese a que la realidad demuestra a menudo lo contrario. Por supuesto, los artesanos de mayor edad tienen más experiencia en su oficio, y los científicos de edad avanzada han acumulado, en ocasiones, más «saber» en sus cabezas, pero ni una cosa ni otra tienen mucho que ver con la sabiduría vital a la que nos referimos. (...) ¿Qué hay, pues, de esa sabiduría de las personas de edad, que en su infancia se vieron obligadas a aprender que la decencia sólo se adquiere a costa de los sentimientos genuinos, y que estaban orgullosos de haberla conseguido? Como les estaba prohibido sentir, se hicieron incapaces de percibir hechos de importancia vital y de aprender de ellos. ¿Qué pueden transmitirnos esas personas hoy? Intentan legar a las nuevas generaciones los mismos principios que sus padres les transmitieron un día, en la firme creencia de que se trata de principios buenos y útiles. Pero son los mismos que aniquilaron en ellos la capacidad de sentir y de percibir. Y, si uno ha perdido la facultad de sentir por sí mismo y con los demás, ¿de qué sirven las prescripciones y sermones moralistas? Como máximo, para hacer posible adoptar las actitudes más absurdas sin que éstas llamen la atención, porque son compartidas por muchos. De tal modo es posible que ciertos políticos se declaren cristianos y al mismo tiempo promuevan la producción de armas cinco millones de veces más mortíferas que la bomba de Hiroshima. Si semejantes políticos son capaces de defender sin problemas la necesidad de una absurda carrera de armamento, es porque aprendieron hace ya mucho tiempo a no sentir nada. (...) Igual que un niño asume su propia muerte espiritual a fin de mantener en pie la ilusión del padre inteligente y previsor que en realidad nunca tuvo, así los soldados marchan al frente a luchar por un líder que abusa de ellos para esos fines.
Alice Miller, 1988