18 de agosto de 2015

Dichosos los que tienen fe en algo


La virtud solo da la felicidad y una cierta forma de salvación a quienes tienen fe en su virtud, no a esas almas más sutiles cuya virtud consiste en desconfiar profundamente de sí mismas y de todas las virtudes. Obsérvese que también aquí quien salva es la fe ¡y no la virtud!

Estoy desprovisto de fe y no puedo, pues, ser dichoso, ya que un hombre dichoso nunca llegará a temer que su vida sea un errar sin sentido hacia una muerte cierta. No me ha sido dado en herencia ni un dios ni un punto firme en la tierra desde el cual poder llamar la atención de Dios; ni he heredado tampoco el furor disimulado del escéptico, ni las astucias del racionalista, ni el ardiente candor del ateo. Por eso no me atrevo a tirar la piedra ni a quien cree en cosas que yo dudo, ni a quien idolatra la duda como si ésta no estuviera rodeada de tinieblas. Esta piedra me alcanzaría a mí mismo ya que de una cosa estoy convencido: la necesidad de consuelo que tiene el ser humano es insaciable.
Stig Dagerman, 1952.

Demasiado joven para saber esperar; demasiado absoluto en sus sentimientos y pensamientos, Stig fue de los que no pudiendo creer en Todo, no pudieron creer en Nada.
Federica Montseny, 1954.

16 de agosto de 2015

Lo llaman demagogia

cuando cuestionamos sus privilegios (II)

Mientras en el norte del reino y la meseta los campesinos lucharon con ardor contra un acaparamiento de sus tierras comunitarias que hacía peligrar su propia supervivencia, en Andalucía no sucedió lo mismo, pues los grandes propietarios habían adquirido sus bienes legalmente y no eran considerados como enemigos sino como señores que ofrecían trabajo. En Sevilla, por ejemplo, a partir del siglo XIII el repartimiento representaba vastas propiedades o donadíos mayores que el rey concedió a grandes señores en compensación a la ayuda armada que le habían prestado. Luego, algunos de esos dominios se vendieron a precios muy elevados. 
Bartolomé Bennassar, 1985
Historia de los españoles. 1. Siglos VI-XVII
Editorial Crítica, pág. 291.



Conviene recordarlo: casi el 80% de los campesinos andaluces son braceros sin tierra, y sólo el 2% de los propietarios acaparan cerca del 50% de la tierra andaluza. (...) Quienes nos gobiernan deberían dedicar una jornada (al menos) a leer. A leer a Malefakis, que no duda en creer que la situación del campo andaluz fue uno -o el principal- detonante de nuestra última guerra. A leer la Historia de las agitaciones campesinas andaluzas, de Juan Díaz del Moral. A leer las Luchas obreras y campesinas en la Andalucía del siglo XX, de Manuel Tuñón de Lara. A leer La propiedad de la tierra y las luchas agrarias andaluzas, de Bernal. A leer la Lucha por la tierra, a leer libros que reflejan la historia de un pueblo.


Viene de aquí...

13 de agosto de 2015

Darwin era darwinista social

o la adoración de la Competición por encima de la ciencia y de la ética 



Los hombres civilizados nos esforzamos en detener la marcha de la eliminación; construimos asilos para los idiotas y los enfermos, legislamos sobre la mendicidad, y nuestros médicos apelan a toda su ciencia para conservar el mayor tiempo posible la vida de cada individuo. Hay muchísimas razones para creer que la vacuna ha salvado la vida a millares de personas que, a causa de la debilidad de su constitución, hubieran sucumbido a los ataques variolosos. Aprovechando tales medios, los miembros débiles de las sociedades civilizadas propagan su especie. Cuantos se han ocupado en la reproducción de los animales domésticos pueden calcular lo perjudicial que debe ser esto último para la raza humana. Sorprende el ver de qué modo la falta de cuidados, o tan sólo los cuidados mal dirigidos, pueden ocasionar una rápida degeneración en una raza doméstica; y, exceptuando los casos relativos al hombre mismo, nadie es tan ignorante que permita que se reproduzcan sus animales más defectuosos. (…) Debemos admitir, sin protestar, los malos efectos, a todas luces, que resultan de la supervivencia y de la propagación de los individuos enfermizos, toda vez que los atenúa la circunstancia de que los miembros demasiado débiles e inferiores de la sociedad se casan menos fácilmente que los sanos. Este freno podría llegar a tener una eficacia real, si los débiles de cuerpo y espíritu se abstuviesen de contraer matrimonio, cosa más de desear que de esperar.
Charles Darwin, 1871
El origen del hombre


Me gustaría mucho tener la ocasión de discutir con usted (...) la idea en la que insisten todos nuestros sindicatos, de que todos los trabajadores, los buenos y los malos, los fuertes y los débiles, deben trabajar el mismo número de horas y recibir las mismas pagas. Los sindicatos también se oponen al trabajo a destajo (en suma, a toda competición). Me temo que las sociedades cooperativas, que muchos ven como la principal esperanza para el futuro, igualmente excluyen la competición. Esto me parece un gran peligro para el futuro progreso de la humanidad. No obstante, bajo cualquier sistema, los trabajadores moderados y frugales tendrán una ventaja y dejarán más descendientes que los borrachos y atolondrados.
Carta a Heinrich Fick (vía)



O cómo la (en parte) mala ciencia de Darwin se retroalimentaba con su (en parte) mala política. Del mismo modo que un prejuicio de clase puede conducir a una mala descripción, una descripción incompleta puede crear o reforzar un prejuicio de clase. Es decir, del hecho moral de que alguien crea que las sociedades humanas deben ser gobernadas por los "fuertes" a través de una minoría más o menos electa no se deduce que esa sea la única o la mejor manera en que funciona la evolución. Y a la inversa. Del hecho observable de que en determinadas culturas la mayoría de los individuos no poseen los medios de producción y dedican más de ocho horas diarias a una sola actividad productiva no se deduce que esa deba ser la mejor manera de organizar una sociedad.

Que las sociedades cooperativas son "un gran peligro para el futuro progreso de la humanidad", toda vez que podrían causar la "rápida degeneración" de nuestra especie al permitir que se reproduzcan los miembros "inferiores" y los trabajadores menos productivos, es un juicio de hecho que ni Darwin ni la ciencia han demostrado (estaríamos más bien ante un caso exagerado de clasismo y genocentrismo). De hecho, la verdad parece ir en la otra dirección: cada vez hay más evidencias de que las sociedades competitivas y complejas (o civilizaciones) tienden con mayor probabilidad al colapso ecológico y a su posterior desaparición (cuanto mayor es la subida, mayor es el impacto), y de que el 99,9% de nuestro pasado como especie se debe precisamente a la existencia de bandas o pequeñas sociedades cooperativas (al menos de puertas para adentro y en algunos casos también de puertas para afuera) cuyo éxito evolutivo habla por sí solo. Tanto es así que cientos de miles de años después siguen estando ahí para contarlo. En cualquier caso, aunque los científicos demostraran fácticamente el capitalismo biológico de Darwin, aún tendrían que enfrentarse a la difícil tarea de demostrarlo normativamente, es decir, todavía tendría que demostrarse con ejemplos y buenas razones por qué vale más la pena la vida y el futuro de toda una especie en abstracto (la "raza humana") que la vida y el presente de "los débiles de cuerpo y espíritu", los "defectuosos", los "individuos enfermizos", un supuesto y selecto grupo en el que podríamos estar incluidos cualquiera de nosotros en un momento dado, según el criterio moral y por tanto no empírico que utilicemos (¿también quienes se deprimen, o quienes son expulsados por un sistema social altamente entrópico, esas... "deyecciones del cuerpo social", como las llama Michel Onfray?). Dos obstáculos teóricos insalvables, en mi opinión.

¿Y si nuestra preocupación por "detener la marcha de la eliminación" de todos los miembros de la sociedad pero especialmente la de aquellos con una mayor dependencia temporal (niños, ancianos, enfermos, etc.) fuera precisamente la estrategia que han seguido todas las culturas humanas y la que tantos frutos (envenenados en algunos casos) nos ha dado, desde la invención gradual del habla hasta la evolución de la propia ciencia? ¿Quién puede afirmar que la solidaridad no sea más ventajosa en términos de adaptación a un medio siempre cambiante que el egoísmo y la lucha por la supervivencia individual? Por ejemplo, quizá ahora tengamos menos fuerza muscular que la que tenían nuestros antepasados del género Homo, y sin embargo no por ello nos consideramos unos degenerados. La persona "débil" de ayer puede ser la persona "fuerte" de mañana. 

Los conceptos de debilidad = malo y fortaleza = bueno no son meramente empíricos, sino también éticos y simbólicos. Es decir, debatibles. Una hormiga puede ser débil a corto plazo cuando un zapato se cierne sobre su horizonte, pero a largo plazo puede ser un animal muy resistente. Tampoco del hecho de que una persona cruel sobreviva matando a una persona compasiva, o que una población guerrera sobreviva a una población pacífica, o que una sociedad industrial sobreviva a una sociedad preindustrial, o que una gran distribuidora de alimentos sobreviva a una pequeña tienda de ultramarinos, se deduce lógicamente que las últimas sean débiles y que las primeras sean fuertes por el mero hecho de que estas dejen más descendencia y beneficios a corto plazo (medido en décadas o siglos). Bien podría ocurrir que una cultura considerase que el fuerte no es el que deja más descendencia, el que se resfría menos o el que acumula más riquezas materiales sino el que trata a los demás como fines y no solo ni en primer lugar como medios, aunque dicha cultura tuviera los días contados a corto plazo. Es razonable e incluso deseable vivir muchos años, pero en ningún sitio está escrito que sobrevivir sea bueno sin importar el coste. De hecho, lo contrario podría ser más cierto. Los individuos y las sociedades con más escrúpulos podrían tener a largo plazo (medido en milenios o eras) una ventaja adaptativa sobre los individuos y las sociedades con menos escrúpulos. ¿Y si la cooperación y la anarquía no fuesen un freno evolutivo o una estrategia poco adaptativa, como creía probablemente Darwin, sino quizá una estrategia aún más adaptativa a largo plazo que la competición y la jerarquía? En otras palabras, ¿y si además de buena ética estuviésemos haciendo buena ciencia?

¡O no! Admito que mis conocimientos en ambos campos son bastante limitados. Toda ayuda será bien recibida ;)

11 de agosto de 2015

Las plantas también sufren,

dice la voz de la hipocresía,
cuando en verdad
no le quita el sueño
ni el sufrimiento hipotético de las unas
ni el sufrimiento evidente de los otros.

10 de agosto de 2015

Escritores y pensadores


Escritores y pensadores: la noche y el día. No, la noche y el día no: los peces y las aves.
J. M. Coetzee, Elizabeth Costello.

Ningún filósofo ha escrito todavía una gran novela. Es algo que no debería sorprendernos. En la filosofía, la verdad sobre la vida humana carece de interés.
John Gray, Perros de paja.

Es más fácil escribir de Sócrates que de una señorita o de una cocinera.
Antón Chéjov, Consejos para escritores.

Es mucho más fácil saber muchas cosas, por ejemplo, sobre la historia del arte y tener ideas profundas sobre la metafísica y la sociología que conocer personal e intuitivamente a los hombres y tener relaciones satisfactorias con sus amigos, su amante, su mujer o sus hijos.
Aldous Huxley, Contrapunto

9 de agosto de 2015

Aquellos pueblos libres de los alrededores



Ibn Hayyan pretende conocer los hechos que relata por testigos que habían vivido en Valencia en el momento de la constitución de los taifas y el vocabulario que emplea (…) corresponde ciertamente al utilizado por los contemporáneos. Para él, la realidad normal de los campos valencianos, antes del desposeimiento de los habitantes de los qura (plural de qarya) gracias a los abusos fiscales, era precisamente aquella organización en pueblos de campesinos propietarios que luego se convierten en aparceros de los dominios privados constituidos por la aristocracia dirigente en detrimento de sus propios bienes. Aisladas, estas indicaciones proporcionadas por Ibn Hayyan no serían decisivas. Su interés proviene de que se ven corroboradas por toda una serie de indicios, particularmente de los que se desprenden de un examen del vocabulario utilizado por las fuentes árabes, en las que se encuentra la constante oposición entre los términos de qarya, que significa «pueblo», y de day’a (plural de diya’), que tiene el sentido de «propiedad rural». Los geógrafos no cofunden, por ejemplo, las zonas de propiedad agrícola urbana que rodean inmediatamente a las ciudades, ocupadas por las diya’ de los ciudadanos, y los pueblos libres de los alrededores (qura). Esta estructura, que deja una proporción considerable de tierras en manos de los habitantes de los pueblos, aparece todavía claramente en los documentos de repartición de tierras en provecho de los colonos cristianos de la época de la Reconquista. Entonces se distingue claramente, en Valencia y Murcia por ejemplo, las tierras de los qura que pertenecían sin duda a un pequeño y mediano campesinado, de los rahales o dominios rurales más importantes que pertenecían a la aristocracia, siempre bien individualizados (…).
En los pueblos no se constata en momento alguno la existencia de «señores» en el sentido occidental del término, detentores eminentes del suelo y de poderes sobre los campesinos. En el proceso evocado anteriormente, que trataba de las aguas entre dos pueblos (qura) de la región de Sagunto [1212], no se tienen en cuenta más que comunidades campesinas defendiendo sus derechos ante el cadí de su capital, mientras que en los documentos del mismo tipo, de época cristiana, relativos a los mismos pueblos se ven aparecer los poderes señoriales junto a las comunidades pueblerinas. En este sentido, son particularmente significativos los tratados de capitulación establecidos entre comunidades rurales musulmanas y los soberanos cristianos en la época de la Reconquista. También en este caso la zona oriental, espacio de la expansión aragonesa, es más rica en documentos y se hace incluso difícil escoger cuándo hay que citar textos en que es la comunidad en su conjunto la que negocia con el rey y reconoce su autoridad. Ya en la conquista de las Baleares, el texto del tratado establecido entre Jaime I de Aragón y los musulmanes de Menorca en junio de 1231 nos sugiere la imagen de un consejo de notables, ancianos (senes) y sabios (sapientes), que aprueban las disposiciones del tratado en nombre de «todo el pueblo y los habitantes de la isla». Seguramente a la cabeza de la asamblea de notables se encontraba una especie de «gobernador» de la isla, que no tiene nada que ver con un «señor» de tipo occidental, (…) el único centro urbano del archipiélago balear era la importante ciudad de Madina Mayurqa, la actual Palma de Mallorca, y Menorca correspondía a una zona que legítimamente, desde el punto de vista de la organización económica y social, se puede asimilar a numerosos distritos rurales de la España musulmana peninsular de la época. 
(…) Por una feliz suerte, poseemos el relato de la capitulación de los musulmanes de Peñíscola, obtenida por el mismo Jaime I de Aragón en septiembre de 1233, que se conserva en uno de los textos fundamentales de la historiografía medieval catalanoaragonesa, el célebre Llibre dels feyts, biografía del gran rey conquistador que, si no fue redactado por él, al menos lo inspiró directamente. (…) En la misma crónica, hay numerosos relatos de este tipo en los que se ve claramente que es una comunidad entera, dirigida por un consejo de ancianos, quien trata directamente con el rey. (…) La burguesía urbana y las grandes familias aristocráticas participaban ciertamente en la explotación del provecho sacado del impuesto que pagaban las comunidades rurales (…). Pero las comunidades, propietarias de sus tierras, no estaban seguramente exentas de medios para resistir a las presiones del Estado y de las clases superiores. En muchos casos, parece que los castillos rurales, cuando no eran fronterizos, como el caso de Chivert, o no ocupaban una posición estratégica, como Almenara (que controla la ruta costera de acceso al llano de Valencia), no estaban dirigidos por un qa’id que comandaba la guarnición, sino que eran controlados directamente por las propias comunidades rurales. (…) La misma estructura de esos «castillos», muchos de los cuales se han conservado poco modificados hasta nuestros días, corresponde a los mismos grandes recintos-refugios que no parecen haber comprendido una parte «residencial» comparable a la «torre del homenaje» o a las construcciones centrales de los «castillos feudales» de Occidente. Por otra parte, resulta interesante constatar que el término empleado por los documentos cristianos para designar esas comunidades rurales musulmanas en el momento en que pasan a ser dominadas por los cristianos es el de aljama, el mismo que en el Magrib ha designado, hasta la época contemporánea, los djemaas de Cabilia, cuya fuerte cohesión se ha subrayado en tantas ocasiones.
(...) La vida social de los siglos IX y X fue inusitadamente tranquila. Nobles poco numerosos y respetuosos con la ley, campesinos pobres, pero libres en su gran mayoría. Entre unos y otros, pocos antagonismos, prácticamente ninguno. Por otra parte, ¿cuál hubiese sido el objeto del conflicto? En el siglo XI, la pujanza económica crea desequilibrios, aviva las desigualdades y provoca agudas tensiones. 

Bartolomé Bennassar, 1985
Historia de los españoles. 1. Siglos VI-XVII
Editorial Crítica, págs. 147-177. 

5 de agosto de 2015

Criticar con el ejemplo

o por qué construir y destruir al mismo tiempo


La permacultura es un ejemplo claro y útil de lo que pueden lograr las personas cuando, en lugar de luchar en contra de algo, crean un sistema que demuestre cómo desean que sean las cosas.
Antonio Scotti, 2002.


Huerto con asno (1918) de Joan Miró


Si bien comparto la frase de Scotti, también es cierto que la permacultura por sí sola o sin anarquismo (anarcocomunismo, anarcoindigenismo, etc.), especialmente en aquellos casos en los que se desliza hacia el conservadurismo libertario o cuando adopta una variante quizá menos radical o más reformista que la original (como es, en mi opinión, el caso de la agricultura regenerativa cuando se define como "una reformulación del sistema, de la gestión…", o cuando propone "hacer que los precios de los productos BIO o ecológicos no sean excluyentes para la mayoría de la gente"), corre el riesgo de mantener por acción u omisión algunos de los esquemas mentales y estructurales que nos han traído hasta aquí (y que, por la inercia acumulada, probablemente nos seguirán llevando a situaciones similares en el corto y medio plazo), así como de minar su propia aspiración integradora y derivar en ecologicismo, un reduccionismo en el que la ecología, el "manejo holístico", el rendimiento económico de las granjas y unos "precios incluyentes" para el consumidor pasarían a acaparar casi toda nuestra atención, desatendiendo otros aspectos de la realidad como pueden ser el binomio libertad-igualdad, el apoyo mutuo, la crítica de la tecnocracia, la idea de revolución, la dominación de clase o la lucha contra el Poder sea cual sea su forma (el trabajo, la política, la familia, la escuela, la tradición, la comunidad, el tiempo, el sexo, el propio lenguaje...).

Si bien las diferencias son aún muy pronunciadas, una nueva cultura del cuidado de la tierra que no sea hoy lo suficientemente crítica, igualitarista y liberadora podría ser absorbida mañana por una suerte de ecofeudalismo cuya principal preocupación fuese la administración sostenible del suelo y la continuación del proletarismo. De ahí la importancia de promover la recuperación social de la tierra y de unas determinadas técnicas al mismo tiempo que se cultivan las humanidades, las ciencias sociales y el método científico (no todo lo que suena científico, como algunos postulados de la agricultura biodinámica o del manejo holístico, está necesaria o suficientemente probado).


El poeta tumbado (1915) de Marc Chagall


En otras palabras, la acción positiva y optimista (estar a favor de algo, embarcarse con ilusión en un proyecto práctico, como propone acertadamente Scotti) sin cierta dosis generosa de crítica negativa, escéptica y pesimista (estar al mismo tiempo en contra de algo, "decir NO", como diría Agustín García Calvo, nombrar y teorizar sobre aquello a lo que nos oponemos), es decir, un hacer con maña y buena intención pero sin sacar a la luz la génesis, las interconexiones y los trapos sucios de las instituciones con las que nos hemos criado, no es desde luego ningún asunto baladí, pero a mi juicio es insuficientemente sistémico. Y viceversa. Todas las versiones de la permacultura tienen mucho que aportar al pensamiento anarquista (especialmente en aquellos casos en los que este se encalla, quizá demasiado, en el politicismo, el urbanismo y el sindicalismo), al hacer hincapié en empezar a cambiar las cosas desde la tenencia y cuidado de la tierra. De momento pacíficamente y no contrariando mucho al Sistema (siendo "realistas", trabajando, ahorrando, cediendo aquí y allí para salir adelante...), pero en el futuro y bajo condiciones más apremiantes no es descartable una vuelta al zapatismo de principios del siglo pasado (siendo "utópicos", superando nuestra miopía forzada por el día a día). En cualquier caso, me consta que el enfoque colectivista y rupturista de David Holmgren o el enfoque aún más radical de Derrick Jensen, sin caer en el irracionalismo de tirar al bebé junto con el agua sucia, aúnan y simultanean bastante bien ambas posturas (por cierto, este último autor no solo se opone al capitalismo desbocado de los últimos siglos, como se hace en mayor o menor medida desde posiciones decrecentistas, sino que se remonta más atrás en el tiempo y pone seriamente en cuestión la trayectoria misma de la civilización y sus orígenes neolíticos, de ahí que se le pueda considerar un exponente del anarcoindigenismo).

Por el contrario, el anarcocapitalismo o distributismo chestertoniano que de alguna manera es parte constituyente del pensamiento de Joel Salatin puede casar a corto plazo con la preocupación por los ecosistemas, la soberanía alimentaria, el consumo local y cierta distribución de la riqueza, pero a largo plazo y pese a sus virtudes tiende a prolongar consciente o inconscientemente la sacralización o absolutización de toda una serie de antiguas instituciones sociales y económicas como pueden ser: la propiedad privada ilimitada y las desigualdades que generaciones después se derivan de ella (la tierra no sería para quien la trabaja o la necesita sino para quien la ha comprado o heredado, tanto si son las dos peores hectáreas del pueblo como si son las doscientas mejores), la concentración de capital (ya sea natural o financiero), el trabajo asalariado (si los medios de producción y subsistencia como la tierra y las herramientas no están en manos de todos por igual, y en un sistema de mercado natural lo más probable es que este requisito moral no se cumpla, no nos preocupemos, siempre podremos trabajar "libremente" en la finca de otro a cambio de un salario, al menos hasta que un día desobedezcamos una determinada orden del propietario o una recesión económica nos haga prescindibles), el comercio o intercambio en general (incluido el trueque) y el monetarismo en particular, que abarca también su versión más amable y distributiva conocida con el nombre de "moneda local" (como dice José Manuel Naredo siguiendo a Ramón Margalef, "esa convención social que es el dinero permite llevar la desigualdad en las sociedades humanas mucho más lejos de lo que la territorialidad y la jerarquía permiten en las sociedades animales"), el individualismo, incluido el familiar (necesario hasta cierto punto pero el cual, sin cortafuegos, tiende a enfrentar a los individuos y a las familias en favor de los grandes capitalistas y monopolistas que consiguen su dominio gracias a nuestra división, desigualdad, competitividad y ánimo de lucro), la domesticación y su relación con la violencia (podemos contar con los servicios ecológicos y nutricionales de plantas y animales no humanos sin necesidad de disponer de sus vidas a nuestro antojo), el sedentarismo (León Felipe nos invitaba a que, en la medida de lo posible, no se nos acostumbre el pie "a pisar el mismo suelo / ni el tablado de la farsa, ni la losa de los templos / para que nunca recemos / como el sacristán los rezos / ni como el cómico viejo / digamos los versos / (...) nunca cantemos / la vida de un mismo pueblo / ni la flor de un solo huerto / que sean todos los pueblos / y todos los huertos nuestros"), la agricultura y su tendencia, si bien no siempre inevitable, al productivismo (según el Savory Institute, "la agricultura es la base de la civilización y de cualquier economía estable", pero lo segundo es cuestionable habida cuenta de la estabilidad económica de las sociedades forrajeras, y lo primero sugiere que el concepto de civilización es bueno e indubitable), el natalismo, la división del trabajo, el patriarcado, la religión, el Estado, el Progreso, las leyes, el liberalismo, el Ejército, las fronteras, etcétera, etcétera.

En fin, todavía hay mucho que añadir, matizar y debatir al respecto (algunas de estas instituciones no son malas en sí mismas, sino su exageración y aceptación acrítica), así que entiéndase este post más como una aclaración personal y provisional (en parte escribir es eso, aclararse uno mismo para ir tirando) que como una conclusión universal y definitiva.


Una isla (1939) de Ivan Generalić

Día por la mañana en la granja (1951) de Grandma Moses

3 de agosto de 2015

Poesía con valor de uso

Como dice Jorge Riechmann, "lo más urgente, poesía con valor de uso / Lo más nefasto, poesía sin valor para el cambio". He aquí dos poemas suyos:

No dejes nunca de desconfiar de las instituciones
No dejes nunca de confiar en las personas
No dejes nunca de confiar
en que las personas
crearán instituciones
en las que quizá podrás dejar de desconfiar
No dejes nunca de desconfiar
en que el triste proceso
por el cual las instituciones
cambian a las personas tristemente
pueda ser cambiado
No dejes nunca de confiar en las personas
No dejes nunca de desconfiar de las instituciones.

......

Unos pocos hacen historia:
los más la sufren.
De tanto en tanto quienes sufren la historia
tras sufrir demasiado
se exasperan, y eruptivamente
se echan a la calle a hacer historia:
son días de grandes borracheras
grandes carnicerías
grandes revoluciones.
Días que son horas y luego son minutos.
Después, quienes hacen historia
recuperan las posiciones
desde las que pueden hacer historia.
¿A ti qué te parece:
podemos desuncirnos de esta noria?

2 de agosto de 2015

Sé muy pocas cosas

Uno de mis poemas en prosa favoritos:
Sé muy pocas cosas…
No he leído los libros cabalísticos…
Mi cerebro es muy corto…
No entiendo nada. Soy viejo
y todo me parece un gran enigma.
La filosofía y las profundas especulaciones me paralizan y me aturden. Físicamente me destruyen.
Hay muchas puertas por las que no he podido entrar…
¡Cuántas veces me he quedado llorando a la puerta cerrada de Dios!
Sólo alguna vez, por el resquicio de mi llanto, he vislumbrado no sé qué lucecillas… y me he dado a soñar.
Luego me he puesto a escribir.
Así han salido mis versos… desgarrándome, con ansiedad y con dolor…
Nada son, sin embargo, bien lo sé… Balbuceos…
lenguaje infantil y primario…
¿Cuándo comenzaré a hablar?...
¿Cuántos siglos tendrán que transcurrir todavía
para que pueda pronunciar las palabras esenciales
cargadas de conocimiento, de amor, de Luz…?

León Felipe, 1958
Cuatro poemas, con epígrafe y colofón

30 de julio de 2015

La lucha química como último recurso



Si en una plantación de melocotoneros nada más observar la presencia del pulgón Myzus persicae (...) nos entra la «psicosis de tratar», lo podemos hacer, mas... a los 15-20 días nos sorprenderemos al ver nuevamente otro rebrote de pulgones, tal vez superior al primero.
Nos veremos por tanto obligados a realizar un segundo tratamiento y, de nuevo, a los 20-25 días estará infectada la plantación por el malhadado pulgón y nos extrañaremos de que, en campos próximos no tratados no tengan ni la mitad de pulgones que el doblemente tratado nuestro.
¿Qué ha pasado? La explicación es que los pocos áfidos que sobrevivieron a los tratamientos se han podido desarrollar libremente y sin competencia alguna al haber sucumbido la totalidad de insectos útiles que frenaban la expansión de la plaga. 
Si nos obcecamos y volvemos a realizar un tercer tratamiento, obtendremos los mismos resultados, y cada vez nuestra plantación estará peor que la vecina sin tratar. ¿A qué es debido este comportamiento? Hemos subestimado la inmejorable acción denso-dependiente de los insectos útiles (parasitoides y depredadores) que la naturaleza de manera gratuita pone a nuestra disposición, y de nuevo la ¡soberbia humana! ha creído poder vencer a la naturaleza.

José Mª Carrero y Silverio Planes, 2008
Plagas del campo (13ª edición), págs. 251-252.


Control integrado, Susi Gómez


PD. Si bien el manejo integrado de plagas es similar a la permacultura (a.k.a. agricultura regenerativa), lo cierto es que esta, contraria al economicismo y al productivismo, va más allá y prescinde de plaguicidas sintéticos y del arado con volteo. 

28 de julio de 2015

La cruz del progresista


No hay mayor lección
que la que se esconde
tras el alcohólico y el suicida.

No nos rompemos
porque nos esclavicen las drogas, 
sino que nos esclavizan las drogas
porque nos rompemos.

La causa es confundida con la consecuencia,
y mientras tanto tu confusión aumenta.

Canario de la mina,
¿hasta cuándo seguirás advirtiéndonos con tu desdicha? 
Aléjate de nosotros mientras aún te queden fuerzas.
Cuídate de morir en vano en la cruz
del cristiano y del progresista.


La migración moderna del Espíritu (1933) de José Clemente Orozco

26 de julio de 2015

El franquismo ochenta años después

o cómo sus descendientes siguen gobernando y sus súbditos votando


La noche del 29 de diciembre de 1936, en las cercanías del pequeño pueblo de Poyales del Hoyo (Ávila), los partidarios del general Franco asesinaron a tres mujeres: Virtudes de la Puente Pérez, Pilar Espinosa Carrasco y a la embarazada Valeriana Granada. Después, sus cuerpos fueron lanzados a una fosa común en el cementerio de la localidad, donde permanecieron abandonados y sin identificar durante décadas. Mientras tanto, los responsables vagaron libremente y, según se dice, uno de ellos disfrutó de tal impunidad que los vecinos le apodaron «501» por el número de víctimas que alardeaba haber matado. A comienzos de noviembre de 2002, décadas después de ser aprobada la Constitución democrática de 1978, algunos familiares de las víctimas y algunos vecinos, lograron exhumar los restos y darles un enterramiento digno. Según las informaciones periodísticas, la alcaldesa conservadora de Poyales del Hoyo en 2002, Damiana González Vadillo, era sobrina de «501» y trató de impedir que los cuerpos fuesen enterrados en el cementerio, alegando que éste carecía de espacio suficiente para los mismos.
Entre la primavera y el verano de 2011 se sucedió otro episodio en esta historia: el 22 de mayo, un nuevo alcalde conservador, Antonio Cerro, asumió el cargo. Ese mismo día, unos desconocidos profanaron la placa conmemorativa erigida en el lugar en el que los franquistas habían asesinado a las tres mujeres. Unas semanas después, el 30 de julio de 2011, el alcalde ordenó la retirada de los restos de los nichos donde habían sido depositados y dispuso que fuesen devueltos a la fosa común.
(...) Esta historia dice mucho de los conflictos que, en relación al pasado y a su legado, todavía atraviesan a tres generaciones de españoles. Desde el cambio de milenio, este conflicto ha alcanzado nuevas cotas debido a las actividades de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, compuesta en gran parte por los nietos de las aproximadamente 150.000 víctimas de la represión franquista. Como sucedió en Poyales del Hoyo en 2002, los miembros de la Asociación tratan de encontrar las fosas donde yacen muchos de sus familiares para, entonces, exhumar los cuerpos y dar digna sepultura a los asesinados. Entre el comienzo del siglo y septiembre de 2011, han logrado desenterrar a 5.476 víctimas. Las exhumaciones han contribuido a alimentar la polémica y el debate, propiciando en diciembre de 2007 la comúnmente conocida como Ley de la Memoria Histórica. En la Ley, el Estado asumía el compromiso de promover un mejor conocimiento del pasado, así como de apoyar la búsqueda de las fosas comunes y la identificación de las víctimas. Sin embargo, la disposición no contó con el apoyo de todos los partidos políticos. El diario El País incluyó en una de sus ediciones de 2011 la disconformidad de Mariano Rajoy, entonces líder del Partido Popular en la oposición, en las que afirmaba que la Ley de la Memoria Histórica no tenía ningún sentido y que, si llegaba al poder, no estaba interesado en mantenerla. Tras su victoria en las elecciones generales de noviembre de 2011, redujo la cantidad presupuestada para las actividades de recuperación del pasado y, en el presupuesto de 2013 y 2014, las partidas se redujeron a cero. 
(...) Podemos mirar al pasado o no, pero hagamos lo que hagamos, él siempre vendrá a visitarnos. Las cenizas del progreso están siempre a nuestros pies, marcando nuestras vidas y nuestro futuro. Nuestra única alternativa es removerlas, ponernos ante ellas y reflexionar sobre lo sucedido. La Historia es, entonces, un arma válida para lidiar con el pasado y, así, construir nuestro futuro.

Peter Anderson y Miguel Ángel del Arco Blanco, 2014
Lidiando con el pasado: represión y memoria 
de la guerra civil y el franquismo

24 de julio de 2015

Mi primer roscón

Inspirado en la receta de María José:

Estilo espartano, sin florituras.
No está el horno para bollos :P


Te lo dedico a ti, querido Chulo, el catador más exigente y sincero que he conocido: solo te comías lo que me salía realmente rico. Tus célebres ladridos "¡dame más right now!" eran la prueba definitiva. ¡A tu salud, compañero!

¡Give me more, he dicho!

22 de julio de 2015

Viejo libre


Amaba tanto la libertad de sus congéneres
que nunca se sintió cómodo teorizando sobre ella.
¿Y si hablar de ella ya fuese un atentado contra ella?
-No, de ninguna manera-, se decía a sí mismo
acostado en lo que pronto sería su lecho de muerte,
como queriendo justificar toda una vida de activismo.
-¡Antes dogmático que cínico!-
Y sin embargo, siempre se sintió un poco culpable, contradicho.
Culpable de no saber dónde se encuentra el límite
entre lo que se ha de gritar y lo que se ha de callar,
entre su libertad de pensar y la de los demás.

12 de julio de 2015

Las buenas personas nunca mueren

o cómo el recuerdo hace inmortales a nuestros seres queridos

Va por ti, Chulo, mi objetivo, mi propósito y mi amigo. Siempre juntos.

25  05  2002
09  07  2015 

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8 de julio de 2015

Empatía


Se preguntaba si no moriría de empatía.
-¿Acabará conmigo este dolor suyo, ahora también mío?-.
En ese momento quería ser de hielo,
haber nacido psicópata,
no tener compasión
ni haber conocido el amor.
-Padecer con el otro, ¡qué gran invento!-.

Nunca antes arcadas ajenas le habían dolido como propias,
pero ¿qué más podía hacer, aparte de cuidar y llorar?
-La esperanza es lo penúltimo que se pierde;
lo último, descartado el milagro, es el cuidado-,
reflexionaba para sí mismo, aunque bien lo sabía:
solo el adiós, el definitivo, podría liberar a ambos
de todo cuanto es malo y de todo cuanto es bueno,
pero eso, también lo sabía, le sumiría en el mayor de los vacíos.
¿Cómo soportarlo?
¿Cómo amurallar... el corazón?

He ahí la desigual lucha de contrarios:
dos cerebros sintientes que todo lo sienten
contra una demoledora marcha
que aplasta huesos al tiempo que vomita sueños.
-Perros de paja, no somos más que perros de paja...-,
decía el humano en voz baja,
como tratando de encontrarle un sentido al Sinsentido.


13 de mayo de 2015