22 de junio de 2016

Ramiro de Maeztu

o del liberalismo al fascismo, y viceversa, solo hay un paso


De cuando un Ramiro liberal de veinticinco años, algo «progresista», adoraba al dios Dinero:

Cuando sobre la espada del militar, sobre la cruz del religioso y sobre la balanza del juez, ha triunfado el dinero es porque entraña una fuerza superior, una grandeza más intensa que ninguno de esos otros artefactos. ¡Torpe quien no lo vea! Cantemos al oro; el oro vil transformará la amarillenta y seca faz de nuestro suelo en juvenil semblante: ¡el oro vil irá haciendo la otra España!
Hacia otra España, 1899


De cuando un Ramiro fascista de sesenta años, ya en retroceso, adoraba al dios España:

La raíz de la revolución en España, allá en los comienzos del siglo XVIII, ha de buscarse únicamente en nuestra admiración del extranjero. No brotó de nuestro ser, sino de nuestro no ser. Por eso, sin propósito de ofensa para nadie, la podemos llamar la Antipatria, lo que explica su esterilidad (...). Estos doscientos años son los de la Revolución. ¿Concibe nadie que Sancho Panza quiera sublevarse contra Don Quijote? El hombre inferior admira y sigue al superior, cuando no está maleado, para que le dirija y le proteja. El hidalgo de nuestros siglos XVI y XVII recibía en su niñez, adolescencia y juventud una educación tan dura, disciplinada y espinosa, que el pueblo reconocía de buena gana su superioridad. (...) ¿Qué ácido corroyó las virtudes antiguas?


21 de junio de 2016

Nietzsche contra el feminismo


Se ha dicho, en parte porque él fue el primero en decirlo, que de tan especial que es la obra de Nietzsche, es difícil calificarla de filosofica. Lo cual es cierto, aunque quizá por otras razones. Está, paradójicamente y pese a su deseo de no estarlo ("soy con mucho el pensador más independiente y que más piensa en gran estilo de esta época"), más cerca de la obra moralizadora y partidista, incluso panfletaria y de agitación política, que de la obra filosófica (una reseña negativa de su libro Más allá del bien y del mal le suscitó "la preocupación de que los ojos de todo tipo de policía se dirigieran" a él "antes de tiempo", tal y como expresara en una carta a su amigo Overbeck). Ahora bien, ello no le resta valor, ni interés. Al contrario. Se lo da, pero en otro marco: uno más político (bonapartista à la mort!), más personal (no por casualidad admiraba a Montaigne), más psicológico (Dostoyevski, su ruso favorito), más instintivo, más "pasional" (hasta el extremo, hay que decir), más sufrido ("soy demasiado orgulloso como para creer jamás que una persona pueda quererme a mí"); un marco, también, más terrenal, menos de torre de marfil. Uno, a fin de cuentas, que yo preferiría de no ser por su moral radicalmente enfrentada al anarquismo y al feminismo (en el fondo, lo mejor de la moral judeocristiana y su credo igualitario, críticas y contradicciones aparte), dos de las aportaciones o progresos morales más importantes de los últimos doscientos años (de "extramoral", por cierto, apenas tiene el nombre, autoengaño recurrente).

Debido en parte a su mala relación con las mujeres, sobre todo si eran feministas ("la buena Malwida", quien pensaba de él que era "aún peor que Schopenhauer", "no ha hecho durante toda su vida más que causar daño", escribía en una carta en la primavera de 1885), en Más allá del bien y del mal, 1886 (en verdad, más acá del bien y del mal), escribe lo siguiente:

Ya ahora se alzan voces femeninas que, ¡por San Aristófanes!, hacen temblar, se nos amenaza con decirnos con claridad médica qué es lo que la mujer quiere ante todo y sobre todo del varón. ¿No es de pésimo gusto que la mujer se disponga así a volverse científica? (…) Si con esto una mujer no busca un nuevo adorno para sí -yo pienso, en efecto, que el adornarse forma parte de lo eternamente femenino-, bien, entonces lo que quiere es despertar miedo de ella: con esto quizá quiera dominio.
(...)
Delata una corrupción de los instintos -aun prescindiendo de que delata un mal gusto- el que una mujer invoque cabalmente a Madame Roland o a Madame de Staël o a Monsieur George Sand, como si con esto se demostrase algo a favor de la «mujer en sí». Las mencionadas son, entre nosotros los varones, las tres mujeres ridículas en sí -¡nada más!- y, cabalmente, los mejores e involuntarios contraargumentos en contra de la emancipación y en contra de la soberanía femenina.
(...) 
No acertar en el problema básico «varón y mujer», negar que ahí se dan el antagonismo más abismal y la necesidad de una tensión eternamente hostil, soñar aquí tal vez con derechos iguales, educación igual, exigencias y obligaciones iguales: esto constituye un signo típico de superficialidad (…). Por el contrario, un varón que tenga profundidad (...) no puede pensar nunca sobre la mujer más que de manera oriental: tiene que concebir a la mujer como posesión, como propiedad encerrable bajo llave, como algo predestinado a servir y que alcanza su perfección en la servidumbre; tiene que apoyarse aquí en la inmensa razón de Asia, en la superioridad de instintos de Asia: como lo hicieron antiguamente los griegos, los mejores herederos y discípulos de Asia, quienes, como es sabido, desde Homero hasta los tiempos de Pericles, conforme iba aumentando su cultura y extendiéndose su fuerza, se fueron haciendo también, paso a paso, más rigurosos con la mujer (…). 
El sexo débil en ninguna otra época ha sido tratado por los varones con tanta estima como en la nuestra. Esto forma parte de la tendencia y del gusto básico democráticos, lo mismo que la irrespetuosidad para con la vejez: ¿qué de extraño tiene el que muy pronto se vuelva a abusar de esa estima? Se quiere más, se aprende a exigir, se acaba considerando que aquel tributo de estima es casi ofensivo, se preferiría la rivalidad por los derechos, incluso propiamente la lucha: en suma, la mujer pierde pudor. Añadamos enseguida que pierde también gusto. Desaprende a temer al varón: pero la mujer que «desaprende el temor» abandona sus instintos más femeninos. Que la mujer se vuelve osada cuando ya no se quiere ni se cultiva aquello que en el varón infunde temor o, digamos de manera más precisa, el varón existente en el varón, eso es bastante obvio, también bastante comprensible; lo que resulta más difícil de comprender es que cabalmente con eso, la mujer degenera. Esto es lo que hoy ocurre: ¡no nos engañemos sobre ello! En todos los lugares en que el espíritu industrial obtiene la victoria sobre el espíritu militar y aristocrático la mujer aspira ahora a la independencia económica y jurídica de un dependiente de comercio: «la mujer como dependiente de comercio» se halla a la puerta de la moderna sociedad que está formándose. En la medida en que de ese modo se posesiona de nuevos derechos e intenta convertirse en «señor» e inscribe el «progreso» de la mujer en sus banderas y banderitas, en esa misma medida acontece, con terrible claridad, lo contrario: la mujer retrocede. Desde la Revolución francesa el influjo de la mujer ha disminuido en Europa en la medida en que ha crecido en derechos y exigencias; y la «emancipación de la mujer», en la medida en que es pedida y promovida por las propias mujeres (y no sólo por cretinos masculinos), resulta ser de ese modo un síntoma notabilísimo de la debilitación y el embotamiento crecientes de los más femeninos de todos los instintos. Hay estupidez en ese movimiento, una estupidez casi masculina, de la cual una mujer bien constituida - que es siempre una mujer inteligente - tendría que avergonzarse de raíz.
(...)
Desde luego, hay bastantes amigos idiotas de la mujer y bastantes pervertidores idiotas de la mujer entre los asnos doctos de sexo masculino que aconsejan a la mujer desfeminizarse de ese modo e imitar todas las estupideces de que en Europa está enfermo el «varón», la «masculinidad» europea; ellos quisieran rebajar a la mujer hasta la «cultura general», incluso hasta a leer periódicos e intervenir en la política. Acá y allá se quiere hacer de las mujeres librepensadores y literatos: como si una mujer sin piedad no fuera para un hombre profundo y ateo algo completamente repugnante o ridículo; casi en todas partes se echa a perder los nervios de las mujeres con la más enfermiza y peligrosa de todas las especies de música (nuestra música alemana más reciente) y se las vuelve cada día más histéricas y más incapaces de atender a su primera y última profesión, la de dar a luz hijos vigorosos. Se las quiere «cultivar» aún más y, según se dice, se quiere, mediante la cultura, hacer fuerte al «sexo débil»: como si la historia no enseñase del modo más insistente posible que el «cultivo» del ser humano y el debilitamiento, es decir, el debilitamiento, la disgregación, el enfermar de la fuerza de la voluntad, han marchado siempre juntos (…).


20 de junio de 2016

La inteligencia robada


Cuando una lee de una bruja que es echada al agua, de una mujer poseída por el demonio, o de una sabia vendiendo hierbas o, incluso, de un hombre muy notorio que tenía una madre, pienso que entonces estamos sobre la pista de una novelista perdida, una poeta suprimida, de una Jane Austen muda y sin fama, una Emily Brontë que se estampó los sesos contra el páramo o recorrió haciendo muecas los caminos, enloquecida por la tortura que le había traído su talento.
Virginia Woolf, 1929
Un cuarto propio.

Si nos negamos, si dudamos o nos escondemos de nosotros mismos, si exageramos, disimulamos o hacemos cualquier cosa salvo aceptar nuestras capacidades, nos convertimos en medio humanos, en unos cínicos sofisticados y esclavos del tiempo. Esos medio humanos abundan en esta sociedad, pues es una sociedad incapaz de reconocer o utilizar las capacidades de la gran mayoría de sus ciudadanos.
John Berger, 1958
Un pintor de hoy.

El talento que tiene cada niña y cada niño, prescindiendo de su cociente de inteligencia, puede permanecer con ellos toda la vida (...) si esos talentos no fueran considerados mercancías con valor en un juego de apuestas al éxito.

Doris Lessing, 1962
El cuaderno dorado.

Odo había escrito: «Un niño o una niña libre de la culpa de la propiedad y el peso de la competencia económica crecerá con el deseo de hacer lo que necesita hacer, y con la capacidad de disfrutar lo que hace. Es el trabajo inútil lo que enturbia el corazón. El deleite de la madre que amamanta, del estudioso, del cazador afortunado, del buen cocinero, del artesano hábil, de cualquiera que hace un trabajo necesario y lo hace bien, esta alegría perdurable es tal vez la fuente más profunda de la afectividad humana y de la vida en sociedad».
Ursula K. Le Guin, 1974
Los desposeídos: una utopía ambigua.

Si Nietzsche no se hubiera visto obligado a aprender, siendo niño, que hay que dominar esa «insoportable convulsión de sollozos», habría podido permitirse sollozar como el niño que era, y la humanidad habría perdido un filósofo vital, pero a cambio el ser humano Nietzsche habría ganado su propia vida. ¿Y quién sabe lo que ese Nietzsche vivo habría podido dar en tal caso a la humanidad?
Alice Miller, 1988
La llave perdida.

14 de junio de 2016

El manifiesto SCUM como sátira

Con cuánta pasividad se ha aceptado el sometimiento femenino durante siglos y con qué rapidez se defiende que la reparación de esa injusticia se está convirtiendo en un abuso. ¿No será que en realidad se justifica la subordinación femenina y que en el fondo se desearía que continuara así?
Juana Gallego, 2010 
Eva devuelve la costilla.



En un mundo en el que casi todos los varones de casi todas las sociedades de casi todas las especies de homínidos han dominado o tratado de dominar a las mujeres a lo largo de casi toda su historia, era de esperar que un manifiesto satírico-feminista como el de Valerie Solanas (1967) hiciese sonar las alarmas del patriarcado. ¡This is Patriarchy! Acostumbrados como estamos a miles de años de misoginia institucionalizada, no es de extrañar que un solo librito de misandria literaturizada indignase y siga indignando a las mentes más preclaras. A las mujeres se las ha odiado durante milenios, y se las sigue odiando, pero ¡ay de la mujer que se atreva a odiar a los hombres durante un día! ¡Con qué celeridad alzamos la voz contra las unas y con qué parsimonia nos tomamos los actos de los otros! Por cada supuesta feminazi en el mundo hay por lo menos cien machinazis comprobados, pero ¡ay de la feminista o del feminista que se pasen de la raya! La indulgencia y la imparcialidad de los "moderados" es directamente proporcional al número de libros de historia de las mujeres que reposan sobre sus escritorios: ambas cosas tienden a cero. Moraleja: si has utilizado alguna vez la palabra feminazi y nunca la palabra machinazi, si usas ambas en la misma proporción, o si has pensado aquello de "ni machismo ni feminismo, Igualdad", este es tu post ;o) 

Donde el conservadurismo ve fascismo, yo veo humor, cólera esperable y provocación, tres actitudes que no casan bien con las personalidades moralistas y temerosas:

Habida cuenta de que la vida en esta sociedad es, en el mejor de los casos, un completo aburrimiento y no habiendo aspecto alguno de ella que interese a las mujeres, a las hembras con sentido del civismo, responsables y amantes de las emociones sólo les queda derribar el gobierno, eliminar el sistema monetario, instaurar la automatización completa y destruir al sexo masculino. Ahora es técnicamente factible reproducirse sin la ayuda del macho (...) y producir únicamente mujeres. Algo que debemos comenzar a hacer ya. (...) Tras la eliminación del dinero ya no habrá necesidad de matar hombres, pues habrán sido despojados del único poder del que disponen contra las mujeres psicológicamente independientes. Ya sólo podrán someter a las mujeres-felpudo, que gustan de someterse. (...).
Los pocos hombres que queden podrán pasar sus miserables días colgados de las drogas o pavoneándose travestidos, o bien observando pasivamente a las ultra-poderosas hembras en acción, realizándose como espectadores y viviendo por delegación, o procreando en los pastizales con las lameculos, o -en último término- tendrán la posibilidad de acudir al centro de suicidio más cercano y acogedor, donde serán gaseados de manera silenciosa, rápida e indolora. 
Antes de la (...) sustitución del hombre por la máquina, el macho deberá ser útil a la mujer, ponerse a su servicio, satisfacer sus menores caprichos (...), en lugar de la situación perversa y degenerada de los hombres de hoy, quienes no sólo existen y desbaratan el orden del mundo con su ignominiosa presencia, sino que además se permiten el lujo de que la gran masa de las mujeres les laman el culo y se rebajen ante ellos: millones de mujeres adorando piadosamente al Becerro de Oro, el perro llevando al amo de la correa; cuando lo cierto es que el macho, de no ser un travesti, es mucho menos desdichado cuando se reconoce su condición perruna (...). Los hombres racionales quieren ser despachurrados, pisoteados, machacados y triturados, tratados como los perros sarnosos y la porquería que son: confirmados en su repulsión. 
Los irracionales, los enfermos, aquellos hombres que se esfuerzan por defenderse de su propia repugnancia, se aferrarán aterrorizados a la Gran Mamá de las Grandes Tetas Saltarinas cuando vean a las SCUM cargando sobre ellos, pero sus Tetas ya no les protegerán (...); y Mamá se aferrará a su vez al Gran Papá, que, agazapado en su rincón, se cagará en sus potentes calzones largos. Los racionales, sin embargo, no patalearán ni se debatirán ni armarán un jaleo patético; se sentarán, relajarán, disfrutarán del espectáculo y se dejarán arrastrar por las olas hacia su extinción.

Traducción de Diego Luis San Román (original).

30 de mayo de 2016

29 de mayo de 2016

Perros y flautas

¡Pero si es al revés! ¡Al revés!
Ay, si los perros cantaran
y las flautas ladraran,
otro perro nos flautaría.

27 de mayo de 2016

Los no libres

o el eterno discurso del Poder

El orden eclesiástico forma un solo cuerpo, pero la división de la sociedad comprende tres órdenes, pues la ley humana, en efecto, distingue otras dos condiciones: el noble y el no libre, que no son gobernados por una ley idéntica. Los nobles son los guerreros, los protectores de las iglesias. Defienden a todos los hombres del pueblo, grandes y modestos y, por tal hecho, se protegen a ellos mismos. La otra clase es la de los no libres. Esta desdichada raza nada posee sin sufrimiento. Provisiones y vestimentas son suministradas para todos por los no libres, pues ningún hombre libre es capaz de vivir sin ellas. Por tanto, la ciudad de Dios, que se cree una sola, está dividida en tres órdenes: algunos oran, otros combaten y otros trabajan. Estos tres órdenes viven juntos y no soportarían una separación. Los servicios de uno de ellos permiten los trabajos de los otros dos. Cada uno, alternativamente, presta su apoyo a todos. 

Adalberón de Laon, siglo X, Francia,
en La condición femenina en la Edad Media (Bellido, 2010)



26 de mayo de 2016

La buena dependencia

Reconocer nuestro origen es reconocer que somos dependientes, que necesitamos de otras y otros para ser, hablar, crecer y vivir. Todas y todos hemos dependido de nuestras madres para existir. Asimismo, hemos dependido de ella o de quien haya ocupado ese lugar para hablar.
Pero existir y poder hablar no oprime, sino todo lo contrario, ayuda a poder expresar lo que hay de original y singular en cada ser humano. Lo que quiero decir es que existe, además de un tipo de dependencia que produce anulación y atadura, otra dependencia que da libertad. Es una dependencia que yo llamaría amorosa y que es necesaria porque nos permite aunar libertad con convivencia.
Sin embargo, en un curso que impartí, una maestra de niñas y niños de cuatro años comentó una anécdota que me parece ilustrativa. Para el ocho de marzo, ella preguntó a estas criaturas qué habían aprendido de sus madres, abuelas, o mujeres cercanas. Todas las niñas contaron muchas cosas, como comer, hablar, caminar, lavarse las manos o saludar. Algunos niños también lo hicieron así. Pero otros, parece ser que un número significativo, dijeron que habían aprendido todo eso solos, que no habían necesitado de nadie para aprender esas cosas. O sea, siendo ya muy pequeños, habían aprendido ese modelo del "hazte a ti mismo" que crea prepotencia y una idea de libertad consistente en "hacer lo que me da la gana". 

Graciela Hernández Morales
Tomar en serio a las niñas (varias autoras), 2013

23 de mayo de 2016

Elogio de los ojos rojos

Artista, dirá Deleuze, es quien, habiendo penetrado en la profundidad de la vida y habiendo visto en ella algo demasiado intolerable, surge de ese oscuro abismo con los ojos rojos y, desde esa mirada, traslada a la materia, al pensamiento o al lenguaje sus visiones.
Mujeres de ojos rojos, 2010, pág. 212

22 de mayo de 2016

Cuidado con el Galimatazo

'Twas brillig, and the slithy toves
Did gyre and gimble in the wabe;
All mimsy were the borogoves,
And the mome raths outgrabe.
'Beware the Jabberwock, my son!
The jaws that bite, the claws that catch!
Beware the Jubjub bird, and shun
The frumious Bandersnatch!'
(...)

Asurraba cuando los agiliscosos lagartejones
giroscaban y barrenaban en la ladera mojada;
misébiles estaban los borogoves,
y algo momios los verdos chilbaban.
¡Cuidado con el Galimatazo, hija mía!
¡Con las mandíbulas que muerden,
con las garras que apresan!
¡Cuidado con el pájaro Jubojubo,
y rehúye al frumioso Magnapresa! 
(...)

Lewis Carroll, "Jabberwocky" (1871), 
traducción inspirada en las de Jaime Ojeda,
Ramón Buckley y Jaime Sánchez.

21 de mayo de 2016

Cuando el que lo dice lo es

o "nunca discutas con un idiota, la gente podría no notar la diferencia" ;)


Estoy asqueado con la retahíla de mentiras que nos hace sobrevivir. Fascistas llamándonos fascistas, políticos, abogados y periodistas incapaces de condenar el genocidio franquista dando clases de historia, figurantes del conglomerado social sacando pecho (...).
Antonio Roda, 2016
"Intolerancia matinal", Jaula de moscas


Ayer se nos llamaba “malas” y hoy se nos llama “feminazis”. Se nos dice que a ver qué pasa con el feminismo, que mucho pedir derechos cuando resulta que no somos tan buenas. Que también maltratamos y hasta matamos. Y que ojo, algunas mujeres, tela, lo malas que son cuando llegan al poder.
Entonces muchas mujeres entran como locas a la ruedita, contrargumentando que sí, que es verdad, pero que las estadísticas sobre violencia dicen que nosotras agredimos mucho menos y que las estadísticas y que esto y lo otro y etc. Y muchas otras mujeres entran con que no, que nosotras somos buenas y generosas porque ser mujer es lo más grande y porque la naturaleza y porque la capacidad creadora y porque la generosidad innata y porque blablablá. Y es ahí cuando de pronto te das cuenta de que cuanto más tratamos de atrapar el cebo del “feminazis” para desmontarlo, más tiempo y energía perdemos para deleite de nuestro patriarcado custodiador. Mientras corremos y corremos ahí, estamos controladas, desgastadas y divirtiendo al personal.
Cuando sales de la rueda y lo miras desde afuera te planteas cosas muy esenciales. Te planteas por ejemplo, que a ver por qué tenemos que demostrar que somos buenas o merecedoras de unos derechos humanos básicos. Te das cuenta de que ser mujer y expresar tu malestar o tu rabia sigue estando socialmente penalizado. Que en vez de denunciar los abusos y atropellos cometidos a nuestros cuerpos durante siglos, deberíamos ser dulces y emitir un “ejem, disculpen, por favor, ¿podrían, si son tan amables dejar de violarnos y matarnos? Es que nos molesta profundamente. Gracias”.
 Mari Cruz, 2016
"La querella de las feminazis y la rueda de ratón", Pikara Magazine

17 de mayo de 2016

La canción de cada ser

Escribe Tolba Phanem, poeta africana:

Cuando una mujer está embarazada, se interna con sus amigas en el bosque y salen de él cuando, entre todas, han conseguido tener una canción para la criatura que va a nacer. Cuando nace la criatura la comunidad le canta su canción. Cuando va a comenzar su educación la comunidad le canta su canción. Cuando crece y se hace adulto le cantan su canción. Cuando se casa y el alma se despide de este mundo le cantan su canción. Hay una ocasión más en que le cantan su canción: cuando comete un acto aberrante o un crimen. Entonces le llevan al centro del poblado y toda la comunidad le rodea formando un círculo para cantarle su canción y para que no olvide quién es. La tribu sabe que la corrección para las conductas antisociales no es el castigo, sino el amor y el recuerdo de su verdadera identidad. 

Charo Altable, 2008
Las mujeres cambian la educación (VV. AA.)

15 de mayo de 2016

Aquests homes seran màquines

Aquests homes que estan a prop de les màquines
Aquests homes que treballen per les màquines
Aquests homes que ploren per les màquines
Aquests homes que no viuen per les màquines
Aquests homes que es moren per les màquines
Aquests homes que no saben el perquè de les màquines
Aquests homes quan arribarà l´hora seran màquines

Joaquim Horta i Massanés (1930-2013),
"Home amb màquina", 
en Antologia de la poesia social catalana,
Àngel Carmona, 1970, Ediciones Alfaguara

9 de mayo de 2016

Narcisismo social

Me resulta familiar:

El narcisismo, en términos clínicos, debe considerarse como una patología del cuerpo que la vida social posmoderna tiende a fomentar. Y como trastorno de la personalidad tiene su origen en un fracaso de la confianza básica ocurrido en la infancia: el niño no logra reconocer satisfactoriamente la autonomía de su principal cuidador y se siente incapaz de establecer sus propios límites psíquicos, alternando los sentimientos de omnipotencia y los de vacío y desesperación. Si esos rasgos persisten en la edad adulta, configura un tipo de individuo dependiente de los suministros afectivos de los demás para mantener la autoestima y con dificultades para adecuarse a los riesgos de la vida actual. Tal prototipo es frecuente en la sociedad posmoderna, a lo que ha contribuido el aumento de los llamados «padres tóxicos», que tienden a rechazar las diferencias individuales de los hijos, desprotegiéndolos y haciéndolos por ello dependientes. Esos hijos serán luego narcisistas, para quienes lo más importante son ellos mismos, organizando sus vidas de un modo egocéntrico y hedonista. Tratan de expansionarse cuanto pueden, de disfrutar al máximo, de ser permanentemente jóvenes, estar sanos, ganar dinero y comprar mucho. Pero esto no les asegura la permanente autogratificación, pues el narcisismo se asienta sobre el debilitamiento o la pérdida de identidad del yo, que a menudo se siente invadido por una fuerte sensación de vacío. 
(...) Retraída socialmente, mucha gente está necesitada de intimidad, de una intimidad que, por otra parte, se ofrece entre muy diversas posibilidades. Los clubes de corazones solitarios, las citas registradas por Internet o las secciones de contactos en periódicos y revistas demuestran que es posible una elección plural para las relaciones íntimas, pero también que la incomunicación es un hecho.
(...) El individuo posmoderno trata de compensar la apatía y el vacío derivados del retraimiento social intensificando la esfera de lo privado, de lo personal, mirándose permanentemente el ombligo y buscando siempre la propia verdad. Cada cual se ocupa fundamentalmente de sí mismo y no se compromete fácilmente con nadie (...).
Todo el interés de un individuo gira en torno al presente inmediato: pretende mantenerse perpetuamente joven, no soporta el dolor ni la enfermedad, teme la vejez y niega la muerte. (...) Se siente libre y dueño de sí mismo, sin percatarse de que en realidad está sometido a una serie de imposiciones institucionales y a un sistema de modelos que le incita a la imitación y le inhibe la creatividad. De este modo, se va adecuando a un entorno fragmentario aunque cohesionado, empapándose del llamado narcisismo social. La lógica del mercado y la cultura de masas hacen que los individuos se ocupen sobre todo del consumo de productos flexibles y antagonizables, destruyendo sus pautas de sociabilidad y dispersándolos. Y los individuos se retraen sobre sí mismos, trabajando, relajándose, haciendo deporte, viajando sin objetivos definidos, oyendo música frenéticamente, buscando amor o sexo sin compromiso, consumiendo lo que sea.  

Enrique González Duro, 2005
El riesgo de vivir: las nuevas adicciones del siglo XXI,
Ediciones Temas de Hoy, Madrid, págs. 13-16.

7 de mayo de 2016

Elogio de los pájaros


En los días, los guía el sol. En la noche, las estrellas. No pagan pasaje, y viajan sin pasaporte y sin llenar formularios de aduana ni de migración. Los pájaros, los únicos libres en este mundo habitado por prisioneros, vuelan sin combustible, de polo a polo, por el rumbo que eligen y a la hora que quieren, sin pedir permiso a los gobiernos que se creen dueños del cielo.
Eduardo Galeano, 2016
"Los libres", El cazador de historias.





La creación de las aves (1958) de Remedios Varo


En La creación de las aves (...), la figura central está creando pájaros filtrando cuidadosamente los tibios rayos solares sobre trazos de pintura fresca que milagrosamente cobran vida e inician el vuelo. Si este ser nos recuerda alguna criatura del Jardín de las delicias del Bosco, también es cierto que nos sugiere imágenes frecuentemente representadas en la cultura mexica. Los sentimientos "maternales" que inspira la pintura, inmediatamente orientan al espectador hacia la suposición de que se trata de un personaje de género femenino, pero una observación más atenta de la pintura de Varo nos revela que este ser con cara de lechuza no es masculino ni femenino, sino ambos a la vez: la distinción de género no es importante para la pintora. A diferencia de la cultura cristiana europea que está marcada por una rígida separación de sexos, las tradiciones mexicanas incluyen deidades que son duales en naturaleza y género. 
La mujer en el arte español (VV.AA)