1 de mayo de 2016

27 de abril de 2016

Violencia e islam




Adonis (Ali Ahmad Said Esber): Se ha hablado mucho de la primavera árabe como si no tuviera nada que ver con el pasado. (…) De entrada, se olvida que nosotros hemos conocido revoluciones más radicales que la prometida por la primavera árabe. Sobre todo la de los zinj, (…) llamada la «revuelta de los negros». Después, se produjo la revolución de los cármatas, que querían instaurar un sistema al que hoy podríamos calificar de socialista. Por no mencionar las pequeñas revoluciones que reclamaban la libertad y la igualdad de derechos. Estas revoluciones, grandes o pequeñas, fueron más importantes y más radicales que la primavera árabe. (…). Los cármatas representan el llamamiento a la igualdad, a compartir las fortunas y a la lucha contra la miseria y la pobreza. Eran progresistas y preconizaban el socialismo. (…).
Houria Abdelouahed: Los pioneros del marxismo. Es una revuelta contra el espíritu de Utmán, el tercer califa, que fue el yerno de Mahoma y que enriqueció sin medida a su familia y a los futuros omeyas.
A: Se puede decir que los cármatas se sublevaron contra el ejercicio del primer islam, el del califato. 
(...) El Ejército Islámico repite lo que está vinculado con el poder y no con el pensamiento o la investigación. Una razón más para decir que seguimos estando en Saqîfa, que el espíritu de Saqîfa reina y dirige nuestra cotidianidad. Así pues, la identidad según esta visión es una repetición. Es una herencia y no el fruto de una elección. El individuo nace árabo-musulmán o musulmán. Y en el seno de este árabo-musulmán, es suní o no chií, o chií y no suní. La historia árabe es una guerra perpetua. 
H: Me aclaras lo que leí sin atreverme a pensarlo. La sociedad árabo-musulmana primero empezó a enriquecerse gracias a las conquistas, no a partir del califato, sino mucho antes. El profeta dirigió las guerras y se enriqueció a medida de sus victorias. Los botines fueron enormes. La primera sociedad musulmana se enriqueció de esta manera. Más tarde, la primera gran fitna (guerra entre musulmanes) estalló porque Utmán vació el tesoro público para enriquecer a su clan.
A: Utmán, todos los historiadores coinciden en esto, gastó sumas monumentales para enriquecer a su familia sin tener en cuenta a la comunidad. Tienes razón al mencionar el enriquecimiento derivado de las guerras y de las conquistas, pues la fortuna del islam procede de los ghanâim (los botines de guerra). El islam, desde el principio, adoptó la violencia de las guerras y de las conquistas. (…). Históricamente, el islam (…) fue fundado por el espíritu de la tribu, las conquistas y el poder del dinero. Hoy, el Estado Islámico se enriquece gracias a los ghanâ-im y el control sobre el petróleo, el gas, el dinero de los bancos y la venta de las mujeres (…). El islam creció en el seno de una cultura tribal basada en el comercio y el poder. Todos sabemos que los primeros fundadores eran comerciantes: Jadiya, la primera esposa de Mahoma, era comerciante; Abu Bakr, Umar y Utmán también lo eran (…). El islam nació en un lugar comercial, La Meca. Esta sociedad de comerciantes necesitaba un solo dirigente para hacer que triunfase el espíritu comercial. Era una sociedad que deseaba unificar las tribus bajo el estandarte de un solo poder (...). 
¿Por qué no encontramos ni un solo gran poeta al que podamos calificar de creyente musulmán? No conozco ningún gran poeta creyente, ni ningún filósofo verdaderamente creyente dogmático. Ni Averrores ni Avicena ni Rawandi eran verdaderamente musulmanes. Con la excepción de Ghazali, que se convirtió en místico. Entonces, ¿por qué llamamos a esta civilización que abarca a místicos, filósofos y poetas que no tenían ningún vínculo con la fiqh (jurisprudencia) o la ortodoxia, civilización islámica o musulmana? ¿Musulmana en qué sentido? ¿Qué es lo que el místico o el filósofo tienen que ver con la fiqh y la shar (la Ley)? Estudiando los textos, me di cuenta de que no existía un gran poeta que pudiera ser poeta y musulmán como Claudel fue poeta y cristiano católico. No encontré pensadores o filósofos musulmanes que pudieran recordar la figura de un Emmanuel Lévinas, filósofo y judío creyente. 
H: Freud relaciona la construcción del judaísmo con la deconstrucción de la figura de Moisés, siendo este un egipcio que quería librar a los hebreos de la esclavitud. Tenemos dos mensajes: primero, la figura del extranjero es fundacional y, segundo, el pueblo se adhiere a una creencia por amor a la libertad. Sin embargo, desde el principio, nosotros solo hablamos de la tribu y de la pertenencia a la tribu o a la familia.
(...) A: De entrada,  la violencia es un fenómeno común a los tres monoteísmos. Sin embargo, la violencia en la Biblia está ligada a la historia del pueblo que conoció la servidumbre y exilio. En el cristianismo, la violencia coincide con la fundación de la Iglesia. En cambio, en el islam la violencia es sobre todo la violencia del conquistador.
(...) H: El Corán, que llegó después del cristianismo, no ha tomado de este la bondad de Jesús, sino el odio del Apocalipsis. El Apocalipsis, dijo Gilles Deleuze, es el libro del poder último, que no llama a la pluralidad pues es el poder de un dios inapelable que juzga todos los demás poderes.

Adonis, 2015
Violencia e islam: conversación con Houria Abdelouahed,
Editorial Planeta, Barcelona, págs. 16-68.

19 de abril de 2016

La maternidad bajo el patriarcado

Una aproximación al problema

Aunque la maternidad aparentemente haya cambiado mucho de aspecto, tenemos derecho a preguntarnos si este cambio ha sido algo más que un simple modernizarse para seguir siendo, en el fondo, un discurso prescriptivo que pretende seguir manteniendo plenamente operativo el eterno binomio mujer-madre, aunque ahora se trate de una mujer moderna y una madre también moderna. El feminismo, en mi opinión, tiende a ignorar la naturaleza compulsiva de la maternidad y a quitar importancia a su papel en la comprensión de la discriminación estructural e ideológica de las mujeres. El tabú que se cierne sobre cualquier discurso antimaternal dentro del feminismo no hace sino evidenciar el carácter conflictivo de una cuestión que no sólo afecta a la configuración de la identidad de las mujeres sino al mantenimiento mismo del orden social en su conjunto.
Beatriz Gimeno, 2014



Estimulado por aquel artículo de Tasia y habiendo leído algunos más en los que se discute sobre el papel que tiene y debe tener la maternidad (algunas personas afirman que la maternidad está de algún modo perseguida, mientras que otras aseguran que lo que está perseguido sigue siendo la no maternidad), he llegado, creo, a la siguiente síntesis: ni lo uno ni lo otro, sino ambas cosas.

En el patriarcado contemporáneo, natalista desde que somos animales y capitalista desde que somos animales civilizados, la maternidad se prescribe al tiempo que se proscribe, esto es, se recomienda moralmente a la vez que se castiga económicamente, cosa que no ocurre con la paternidad, o no tanto: las categorías hombre y padre se diferencian entre sí todavía hoy con más claridad que las categorías mujer y madre, ya que el hombre medio, a diferencia de la mujer media, no solo se ha caracterizado tradicionalmente por tener hijos sino también y sobre todo por tener un «trabajo» y por ende una mayor independencia relativa, perpetuando así, por acción y omisión, la división sexual del trabajo, uno de los mayores privilegios de la historia. Entre los cuales también hay que mencionar aquel que disfrutan los adultos sobre los niños por el mero hecho de ser adultos, o el de los humanos sobre los no humanos, las clases propietarias sobre las clases asalariadas, las personas heterosexuales sobre las homosexuales, las personas nativas sobre las extranjeras, las personas blancas sobre las personas de otro color, las personas que pueden oír sobre las que no pueden oír, o incluso las personas guapas sobre las no tan guapas.

Más concretamente, debido a la asignación del trabajo reproductivo a un sexo más que al otro, en parte por causas biológicas o inevitables (el sexo masculino no puede quedarse embarazado, de ahí que sea más probable a lo largo de la historia pasada y futura que los hombres deseen controlar los cuerpos de las mujeres que a la inversa) y en parte por causas culturales o evitables (la lactancia, por ejemplo, ya no tiene por qué estar a cargo de la madre), nacer mujer hoy sigue siendo nacer con un handicap añadido, con una desigualdad de inicio.

La naturaleza no es sabia, al menos no si la juzgamos a partir de una determinada moral humana de inspiración judía: desde el momento en que la selección natural y la selección sexual decidieron sin consultarnos, permítaseme el antropomorfismo, que solo uno de los sexos iba a poder gestar, y que además iba a ser menos violento y poseer menos fuerza muscular, desde ese mismo instante, digo, la mujer ha estado en desventaja. Negarlo supondría negar la causa última del patriarcado. De nosotros y nosotras depende tratar de corregir lo que la naturaleza no ha dudado en imponernos. Y pongo el nosotros delante del nosotras por un hecho que dice mucho del distinto grado de implicación de unos y de otras: menos de uno de cada diez participantes en un encuentro feminista suele ser hombre. De ahí la importancia de las medidas de discriminación positiva en las sociedades complejas, como las leyes de cuotas y las leyes de violencia de género, sociedades en las cuales la jerarquía y la división del trabajo se encuentran tan institucionalizadas que incluso la lucha por la emancipación de la mujer, que en sociedades simples o pequeñas podría ejercerse teóricamente de manera directa y asamblearia (desde abajo), está siendo parcialmente delegada en las instituciones del Estado (desde arriba), las mismas que ayer sirvieron para lo contrario, y las cuales son, cabe recalcar esto, intrínsecamente machistas. Si por algo se caracteriza el Poder, patriarcal en esencia, es por dar dos de cal y una de arena.

Volviendo a lo anterior, incluso en los círculos de mujeres y hombres feministas sigue estando presente la idea natalista y esencialista de que lo ideal es que la Mujer sea madre algún día (voluntariamente, faltaría más), pero por otro lado se sanciona laboral y socialmente que lo sea. De ahí, en parte, el aumento documentado de las interrupciones voluntarias de embarazo, el doble en veinte años, y el aumento probable de las depresiones posparto graves (DPP). Lo cual no demuestra simplemente que vivamos en una sociedad antimaternal o antivital, como podríamos concluir en un primer momento, sino algo más complejo y pesimista que eso: en una sociedad occidental típica, las mujeres, más que los hombres, deben seguir teniendo hijos, deben seguir siendo madres, pero he aquí que las madres y lo maternal molestan cada vez más.

En ese sentido, el patriarcado secular, sin renunciar del todo a su credo principal (la mujer es un individuo paridor y no tanto un individuo libre o pre-reproductivo), evoluciona e incorpora a su ideología el nuevo credo del patriarcado capitalista (mujer como paridora y como trabajadora antes que como persona). De esta manera, pese a los logros feministas alcanzados en los últimos cien años, muchos de los cuales se han conseguido por primera vez en la historia, el patriarcado occidental actual, más bipolar que sus versiones anteriores por encontrarse más cuestionado que nunca (si quieres parir, malo; si no, malo también), no solo continúa queriendo controlar la reproducción de las mujeres, si bien menos que antes o con técnicas más modernas como la congelación de óvulos por parte de las grandes empresas, sino que de un tiempo a esta parte, especialmente desde la Segunda Guerra Mundial y la comercialización en masa de productos anticonceptivos y material sanitario, ha apostado también por su incorporación al mercado de la producción, como ya aprendió a hacer con el hombre cuando surgieron los primeros Estados en Oriente Próximo. Así pues, el peso o la responsabilidad social que recae sobre la mujer en estos momentos es bicéfala y contradictoria, no así, o no tanto, la del hombre, a quien las cosas le siguen yendo más o menos como antes, lucha de clases aparte. De lo cual se concluye que el patriarcado ha encajado las presiones feministas reorientando la liberación de la mujer hacia un nuevo tipo de sometimiento que no por más repartido y progresista en algunos puntos es necesariamente más liviano en su conjunto. 

¿Qué hacer, entonces? Llegados hasta aquí, con avances y retrocesos según se mire, lo que algunas y algunos proponemos es una igualdad o paridad de tipo socialista libertario que armonice lo mejor del rol tradicional de la mujer, el cual no se ha visto tan sometido históricamente al trabajo asalariado o productivo, con lo mejor del rol tradicional del hombre, el cual no se ha visto tan sometido al trabajo doméstico o reproductivo. O dicho de otra manera: ni patrón ni marido. En su lugar, producción y reproducción en libertad. Y ante la pregunta "¿cuidas o trabajas?", habría que responder: en las condiciones actuales, ni lo uno ni lo otro. Mejor una huelga de vientres y una huelga general revolucionaria. He dicho.  


El roto (2012)

16 de abril de 2016

Cuida tu vista, internauta

Con esta sencilla receta de "paté" de zanahoria, por ejemplo. Y de paso naranjeas tu piel, que de lo que se come se cría.

Si yo he podido, tú también

14 de abril de 2016

La República como oportunidad


En el campo, donde los trabajadores identificaban el advenimiento de la República con su secular esperanza de poseer la tierra, comenzaron pronto los conflictos, en parte de carácter espontáneo; la primera ocupación de tierras se produjo en Yuncos (Toledo) a finales de mayo [de 1931]; en agosto, los trabajadores de varios pueblos de Córdoba intentaron apoderarse de los campos sin cultivar, ya que los patronos no cumplían el decreto de laboreo forzoso. En septiembre, los campesinos ocuparon las tierras en Corral de Almaguer y otros pueblos de la provincia de Toledo; intervino la Guardia Civil, con Sanjurjo en persona, y resultaron cinco campesinos muertos y siete heridos. En estos casos no se trataba de una agitación anarquista. Tampoco en Palacios Rubios (Salamanca), donde predominaba la UGT; allí la fuerza pública disparó contra una manifestación, causando dos muertos. 
Manuel Tuñón de Lara, 1976
La II República (vol. 1)


Si bien es cierto que las huelgas y los diversos movimientos obreros trajeron la II República y no al revés (no es la cúspide la que provoca la movilización de las bases, sino las bases las que provocan la readaptación de la cúspide), también parece ser un hecho que no todos los regímenes políticos jerárquicos propician en igual medida la libertad de expresión y de pensamiento, la lucha contra la dominación y la oportunidad de poner en práctica paralelamente alternativas libertarias o de democracia directa. En ese sentido, la instauración de una III República en algún momento de este siglo, aunque no fuera en ningún caso un sistema político deseable por seguir siendo inherentemente centralista y autoritario, podría despertar algunas reminiscencias políticas olvidadas, para bien y para mal, así como desencadenar una serie de feedbacks o realimentaciones que fuesen más allá del reformismo inicial. Entre esas realimentaciones, sin embargo, cabría esperar tanto de tipo libertario como de tipo totalitario. Por esa razón no descarto votar a IU en las próximas elecciones, como ya hiciera en 2011. Ahora bien, hasta qué punto una acción como esa puede resultar contraproducente y anestesiante es algo sobre lo que debo seguir reflexionando. 

9 de abril de 2016

Pensamiento fanático


Lo que caracteriza en última instancia al pensamiento fanático no es ni su tono, ni sus ataques ad hominem, ni sus falsos dilemas, ni su reduccionismo, ni su negacionismo, ni su politicismo, ni sus cazas de brujas, ni su autoimpuesta condición de mártir, ni su iluminismo, ni su falta de empatía, ni su incapacidad para cambiar de opinión, sino su incapacidad para cambiar de tema.

4 de abril de 2016

Elogio del violín


Diálogo antipedagógico


- Lo hago por tu bien, dijo la madre.
- ¡Ja! Lo haces por tu miedo, respondió la niña de cuatro años.
- ¿Dónde has oído eso?
- En casa del tito Cooper: "Lo que se enseña principalmente al niño no es cómo sobrevivir en la sociedad, sino cómo someterse a ella".

3 de abril de 2016

Bizcocho de boniato naranja




Como el que sale en el vídeo de Mery pero con azúcar blanco en lugar de azúcar moreno (más barato y el único que me quedaba en casa, aunque la panela es lo ideal), con aceite de girasol en lugar de aceite de oliva suave (creo que este tiende a dejar un sabor ligeramente amargo que, no siendo necesariamente un defecto, no me termina de convencer), sin canela (le quita protagonismo al boniato), sin usar la batidora, que luego es un engorro limpiarla, y con una canción improvisada para la ocasión :o)

2 de abril de 2016

Los diez mandamientos


1. Amarás a los seres sintientes sobre todas las cosas, especialmente si son suaves al tacto.
2. Dirás el nombre de Dios en vano, y el de muchas cosas más, pues todo es vanidad.
3. No santificarás las fiestas, porque entonces ya no serían fiestas.
4. Querrás a tu madre y a tu padre, salvo si te obligan a ir a clases de natación.
5. No matarás, excepto si eso provoca tu muerte.
6. No cometerás actos impuros, porque no existen.
7. No robarás, a no ser que lo llames expropiación.
8. No darás falsos testimonios, salvo cuando te regalen una cosa que no te gusta y te pregunten si te ha gustado.
9. No consentirás que nadie te diga que tus deseos y pensamientos son impuros, especialmente si quien te lo dice es un cura pedófilo.
10. No te interesarás por los bienes ajenos, salvo si después de leer El capital consideras que no son tan ajenos.

25 de marzo de 2016

¿Islam y anarquismo?

Leyendo El islam como anarquismo místico de Abdennur Prado:

No pretendemos que el islam deba ser definido como «un anarquismo místico». Por ello, recalcamos que el título de este escrito introduce una cuarta palabra, el adverbio como. Nos situamos en el reino de la analogía: la voz como aliento compartido, tu cuerpo como abrigo. La analogía no señala una identidad total, sino una serie de vasos comunicantes que justifican el encuentro. La analogía muestra que, más allá de las diferencias, existe un amplio terreno compartido. Entrar en este terreno puede resultar fecundo, en la medida en que nos ayuda a destruir muchos mitos o imágenes o dogmas académico-mediáticos establecidos en torno al islam y al anarquismo. (...). Buscar puntos de encuentro y pensar en objetivos compartidos no pasa por pretender la equivalencia. No negamos pues la existencia de otros elementos que chocan entre sí o que puedan resultar difíciles de conciliar. Por ejemplo, el concepto islámico sobre la familia y, sobre todo, el hecho de que el anarquismo parece refractario a un típico discurso islámico sobre lo halal y lo haram, lo lícito y lo ilícito, que a menudo adopta una forma típicamente legalista. Tampoco tenemos claro que sea inteligible desde la tradición anarquista occidental el concepto de la autoridad de la revelación. (...). En cualquier caso —y esto es importante para los lectores anarquistas—, creo que una mirada anarquista sobre el islam nos ayuda a rescatar aquellos elementos libertarios y a poner bajo la mirada crítica la carga reaccionaria (clericalismo y tradicionalismo) que toda religión histórica acarrea. Una tarea necesaria en el contexto global, en el cual el encuentro entre activistas musulmanes y otros luchadores por la justicia es tan necesario como inevitable.

22 de marzo de 2016

La verdad de mi padre


Cuando mi padre nos pegaba,
cachete, pellizco, bofetada,
nosotros solíamos buscar refugio en nuestra madre.

Cuando mi padre hacía sufrir a nuestra madre,
nuestro refugio era ya muy pequeño
y no cabía nadie.

Cuando mi padre se peleaba con todos,
nuestro dulce y dorado Fújur sabía cómo consolarnos.

Cuando mi padre nos insultaba por
negar que lo blanco es blanco,
marear las palabras,
llevar la contraria,
nosotros solíamos decirle que no hacía falta
que nos obsequiara con tal variedad de feas palabras,
que podía defender su verdad sin maltratar,
a lo que él solía contestar sin dejarse intimidar:

Vuestras tonterías también
son un maltrato para mí. 
Berzas,
bercín,
inútil,
tontín,
naranjo,
moscón,
gelipollas,
aguafiestas,
chocho merengue,
loca de los perros,
subnor y subnormal.

¡Venid, poetas, poetisas! ¡Acercaos!
Y aprended esto: la frustración también
puede ser fuente de imaginación.

Dos no discuten si uno no quiere,
pero él siempre quería.
Dos no discuten si uno se somete,
era en realidad lo que decir quería.

El gritar y el callar, todo es empezar.
¡Hogar, agridulce hogar!

Cuando mi padre prefirió su verdad a nuestro amor,
yo busqué refugio en los libros.
Cuando mi padre odió mis libros,
yo busqué refugio en otros sitios.

Mi padre temía tanto perder su verdad
que acabó perdiendo todo lo demás.
Yo no he conocido a mi padre.
Se lo ha tragado su verdad.