27 de abril de 2015

Difícil autogestión

o, de nuevo, la improbabilidad del bien:
Hay aquí otro tema también muy evidente del que no puede ser un tabú hablar: los límites de la autogestión. El tiempo es limitado, la supervivencia material exige demasiado de todos y cada uno de nosotros, la vida misma está llena de problemas personales al margen de las cuestiones de la política, la gente todavía tiene su felicidad en alta estima y el socialismo, como decía Oscar Wilde,  requiere muchas tardes libres. Por todo esto, y por el fuerte componente de absorción y responsabilidad que implica, la militancia es una actividad muy difícil, que suele conllevar un profundo estrés y un severo desgaste personal, lo que dado sus magros resultados objetivos es la antesala de fases más o menos seguras de frustración.

26 de abril de 2015

Los cantones y la independencia catalana

Si tu país es demasiado grande para ser eficaz como democracia, entonces dividirlo en partes más pequeñas confederadas entre sí puede ser una buena idea. Los recientes movimientos hacia la celebración de un referéndum sobre la independencia de Cataluña respecto a España son un ejemplo en esa dirección. 
Dmitry Orlov, 2013
The five stages of collapse


Lo que más me interesa de una posible independencia de Cataluña no es obviamente la formación de un nuevo Estado, ni que se desvista un santo (el parlamento español) para vestir a otro (el parlamento catalán), sino la descentralización del poder y por ende una mayor oportunidad para que una nueva rebelión cantonal u otra rebelión similar pueda tener éxito en el futuro. Cuanto menos ejército, tamaño, tecnología, dinero y aliados tenga un Estado, menor tenderá a ser su poder contrarrevolucionario. Los cantones de Alcoy y de Cartagena habrían durado más si desde Madrid no se hubiera mandado al ejército republicano unitario a reprimir, según palabras del presidente Emilio Castelar en 1873, "la criminal insurrección que ha tendido a romper la unidad de la patria, esta maravillosa obra de tantos siglos".

25 de abril de 2015

La pérdida del «sentimiento oceánico»


Habiéndole enviado yo mi pequeño trabajo que trata de la religión como una ilusión, respondiome que compartía sin reserva mi juicio sobre la religión, pero lamentaba que yo no hubiera concedido su justo valor a la fuente última de la religiosidad. Ésta residiría, según su criterio, en un sentimiento particular que jamás habría dejado de percibir, que muchas personas le habrían confirmado y cuya existencia podría suponer en millones de seres humanos; un sentimiento que le agradaría designar «sensación de eternidad»; un sentimiento como de algo sin límites ni barreras, en cierto modo «oceánico». Trataríase de una experiencia esencialmente subjetiva, no de un artículo del credo; tampoco implicaría seguridad alguna de inmortalidad personal; pero, no obstante, ésta sería la fuente de la energía religiosa, que, captada por las diversas iglesias y sistemas religiosos, es encauzada hacia determinados canales y, seguramente, también consumida en ellos. Sólo gracias a este sentimiento oceánico podría uno considerarse religioso, aunque se rechazara toda fe y toda ilusión. Esta declaración de un amigo que venero (...) me colocó en no pequeño aprieto, pues yo mismo no logro descubrir en mí este sentimiento «oceánico».
Sigmund Freud, 1930
El malestar en la cultura 

23 de abril de 2015

Ante la duda, iguálate

en lugar de «ante la duda, diferénciate», como hace Richard Precht

Cartesianismo y mecanicismo renovados:
El bien es una bella idea de los seres humanos, un abstractum que presumiblemente no existe en el reino animal (...). Tenemos pocos motivos para suponer que los chimpancés o los gorilas distingan «el bien» del mal. Es evidente que para ellos basta con juzgar una situación como positiva o negativa. Que una cría de mono juegue con su madre le sienta bien y le depara felicidad y alegría; que un hermano le arrebate el plátano de la mano y se lo coma le sienta mal y despierta su agresividad o cólera. Un bien o un mal abstracto, y con él una norma que se deduce de él, es algo que con toda probabilidad resulta extraño a todos los animales a excepción del ser humano.
Richard David Precht, 2010
El arte de no ser egoísta


¿De verdad es evidente que a ellos les baste "con juzgar una situación como positiva o negativa"? ¿Cómo podemos saber con toda probabilidad que ese «juzgar» no presuponga, para que sea posible el juicio entre lo positivo y lo negativo, algo parecido a eso que nosotros llamamos orgullosamente «pensamiento abstracto»? ¿No es lógico pensar que todo pensamiento relativo (bueno-malo, mejor-peor, positivo-negativo, frío-calor, placer-dolor) solo es posible si existe previamente la capacidad de pensar lo absoluto, habida cuenta de que lo relativo solo puede serlo respecto a algo que no lo es? ¿No es más prudente suponer, de momento, que eso que aparenta ser una conducta moral en otro animal sea efectivamente una conducta moral en lugar de intentar justificar nuestra excepcionalidad desde el principio? Habrá animales que por mucho que yo quiera no posean el mismo grado o el mismo tipo de conciencia que yo, ¿pero a qué viene tanta prisa? ¿Por qué diferente hasta que se demuestre lo contrario y no al revés? ¿Tan egoísta es nuestra ciencia? Antes, con Descartes, se decía que los animales no podían sentir, o no realmente. Después, a partir de Bentham, se les concedió el don de la sensibilidad, pero poco importaba todavía si pensaban o no. Ahora no hay duda: los animales razonan, pero, al igual que pensamos de manera preventiva las veces anteriores, su razonamiento sería una especie de razonar automático y emocional. No como el nuestro, que es meta-racional (sapiens sapiens, aquel que sabe que sabe). Los animales deciden lo que es mejor para ellos, pero sería un decidir instintivo, inmanente, por imitación. Tendrían normas morales, en efecto, pero no serían realmente autónomas. Las aprenderían, pero no las comprenderían en el mismo sentido que lo hacemos nosotros, es decir, no tendrían acceso a ellas como una entidad mental diferenciada. Desde nuestro punto de vista harían el bien, pero sin saberlo. Su yo, de tenerlo, sería un yo encerrado en sí mismo, como un yo en dos dimensiones.

Eso es lo que decimos ahora en Occidente, pero ¿y la próxima vez?

22 de abril de 2015

Democratizar el conocimiento científico

Las decisiones sobre cómo debe aplicarse la ciencia en la medicina, el medioambiente, etc., deberían debatirse en círculos mucho más amplios que la comunidad científica.
Martin Rees, 2003.

Mientras nuestra capacidad de decidir qué ciencia pura y qué ciencia aplicada queremos desarrollar se limite a ejercer nuestros roles de consumidores en las tiendas, de votantes en las mesas electorales, de pacientes en los hospitales y de usuarios en Internet, el debate ciencia pública versus ciencia privada, al igual que el debate izquierda versus derecha, es un debate que, como diría Nietzsche, "favorece a los muchos a quienes les gustaría parecer independientes e individualistas y luchar por sus opiniones". Por mucho que se diga, ni la alternativa al libre mercado es necesariamente más Estado (socialdemocracia, comunismo, etc.) ni la alternativa al Estado es necesariamente más libre mercado (neoliberalismo, anarcocapitalismo, etc.).

Cabe insistir en la existencia de un falso dilema: o ciencia estatal (en última instancia en manos de tecnócratas) o ciencia capitalista (en última instancia en manos de accionistas). Visto así, ciencia privada o liberal y ciencia pública o socialista serían dos eufemismos que esconden dos tipos distintos en las formas pero idénticos en esencia de monopolizar el conocimiento y sus aplicaciones. En ninguno de los dos casos se cuestiona la jerarquía, la centralización y, por ende, la desigualdad de poder entre los que están arriba y los que están abajo, entre los que están en el centro y los que están en la periferia, entre los que producen el conocimiento y los que se adaptan a él a duras penas.

20 de abril de 2015

La subida del agua y de la energía

Del 2012 al 2015: un caso personal

¿Es cierto que los recibos de la luz y del agua son cada vez más altos? Eso parece, especialmente el de la luz, por no hablar del gas butano, que ha visto cómo se duplicaba su precio en tan solo diez años.

Un vistazo a nuestras facturas de 2012 o anteriores -en mi caso, con Iberdrola y Aguas de Alicante- es suficiente para comprobarlo.

En el caso del agua, si tenemos en cuenta que a) la cuota fija de servicio ha pasado de 20,64 € a 22,41 €, b) el consumo de 10 a 30 metros cúbicos ha pasado de 0,49 € a 0,54 €, c) la parte fija del alcantarillado de 4,56 € a 5,10 €, d) el IVA del 8% al 10%, e) la parte fija del canon de saneamiento de 8,86 € a 11,10 € y f) la parte variable de 0,34 € a 0,43 €, la misma cantidad de agua consumida hoy me cuesta unos 3 € más al mes que hace tres años.

En el caso de la electricidad, si tenemos en cuenta que a) la potencia contratada ha pasado de 0,0563 €/kW a 0,1242 €/kW, b) la energía consumida de 0,1423 €/kWh a 0,1620 €/kWh, c) el alquiler de los equipos de medida de 0,0177 €/día a 0,0266 €/día y d) el IVA del 18% al 21%, la misma cantidad de energía consumida hoy me cuesta unos 12 € más al mes que hace tres años.

En total, y de ser extrapolables los datos al resto de hogares, pagamos unos 180 euros más al año (cifra orientativa), el equivalente a todo el aceite de oliva y las patatas que come una familia española de pocos miembros en un año.

Ante una situación de subida continuada e inevitable a largo plazo, a la mayoría no nos va a quedar otra que aprender a reducir el consumo. Lo ideal sería hacerlo sin necesidad de que nos lo impongan las circunstancias, pero como se suele decir, del dicho al hecho hay un gran trecho. En los hogares urbanos donde las temperaturas no son muy bajas y donde no habitan personas muy mayores o muy jóvenes y por ende más vulnerables y dependientes, prescindir de la calefacción y del aire acondicionado es factible sin menoscabo de la calidad de vida. Contra el frío, más ropa. Contra el calor, menos ropa o ninguna. La nevera, especialmente si tienes algún supermercado con neveras a pocos metros o kilómetros, tampoco es tan necesaria. Si tu nevera tiene una baja eficiencia energética, alrededor de 50 kWh de tu factura de la luz se podrían estar yendo solamente en ella (en mi caso, con una eficiencia tipo C, la nevera consume 42 kWh al mes, es decir, una cuarta parte de una factura típica de primavera). Contra la putrefacción de los alimentos, en lugar de guardar el pescado unos días en la nevera o en el congelador, se puede comprar y comer el mismo día. Con los alimentos vegetales la conservación es más fácil. En cuanto al lavavajillas, si a lo largo del día reutilizas algunos platos y vasos poco manchados, usas agua fría, abres el grifo con poco caudal y lavas las cosas enseguida o las pones a remojo para evitar que los restos se incrusten más de la cuenta, entonces el lavado a mano te sale más económico (en consumo de agua pero sobre todo de electricidad) y el esfuerzo invertido es relativamente bajo.

El horno tampoco es imprescindible (y menos el microondas), pero si te gusta hacerte tu propio pan o no lo usas mucho, no está de más tener uno. Lo mismo se puede decir de la lavadora. Si usas el programa de lavado en frío y la pones un par de veces al mes por persona, el consumo energético y de agua no debería de ser alto, y en cualquier caso compensaría el ahorro de trabajo físico (también puedes ponerla a pocas revoluciones para gastar menos energía, lo malo es que te saldrá más mojada y tardará más en secarse). La secadora, por el contrario, es completamente prescindible. Y el calentador de agua para las frías duchas invernales es una bendición, pero en lugares no muy fríos y con previo ejercicio físico para entrar en calor no es imprescindible. El resto de electrodomésticos no consumen mucho en comparación con los anteriores. No obstante, cuanto menos se usen, mejor. Un ordenador viene bien para ciertas cosas, pero si lo usas mucho -¡como yo!- puede gastar tanto como una nevera. Si lo utilizas sobre todo para leer, un libro de la biblioteca y una bombilla para acompañar te saldrán mucho más baratos, entre otras ventajas. Además, cuantos menos electrodomésticos se tienen, menos dinero se nos va en repararlos o sustituirlos.


Conclusión:

En resumidas cuentas, en la mayoría de los casos la subida del agua y de la luz se puede compensar fácilmente cambiando de hábitos. Incluso con precios cada vez más altos (hasta cierto punto), las facturas no solo no tienen por qué subir, sino que con una buena planificación podemos llegar a pagar facturas más baratas que antes. Una opción a tener en cuenta es la discriminación horaria.

18 de abril de 2015

Elogio de la infancia

o la edad de la ilusión

Dicen las personas «serias», las «realistas», las «mayores» que «quien no es revolucionario a los veinte años, no tiene corazón, y el que lo sigue siendo a los sesenta, no tiene cabeza». 


El modo en que el niño enfoca la vida es distinto a la manera en que lo hace el adulto: lo que es serio para uno, no lo será necesariamente para el otro. Por ello, frecuentemente habrá incomprensiones y desconfianzas mutuas. (...) ¿Cómo olvidar que hemos sido niños? En realidad se ha olvidado no la niñez, sino lo que la niñez significa: frescura de espíritu, sencillez, ilusión, proyección hacia el futuro, etc. El niño tiene toda la vida por delante. Todo es posible para él. Por eso su estado habitual es la ilusión, el entusiasmo. La persona mayor es todo lo contrario, está cansado, hastiado a veces. Sin perspectivas de un futuro mejor, se aferra a lo presente, lo seguro, lo práctico. Ha perdido la ilusión, ya no recuerda que ese fue su tono vital cuando era feliz. Y ya no es feliz, ni cree que la felicidad sea posible. En el mejor de los casos, su estado es la resignación. Esa persona mayor que se ha resignado a la mediocridad, que ahoga en sí mismo la esperanza es el mismo que fue niño, que estaba ilusionado, que tenía confianza. Se ha traicionado a sí mismo. Si recordara, si tuviera un momento de lucidez, quizá iniciaría de nuevo el camino que lo llevaría a encontrarse consigo mismo. Para quienes se habían desviado, pero vuelven a intentarlo, describe Saint-Exupéry el camino que hay que seguir. Eso es El Principito. (...) «Personas mayores son todos los que han perdido la frescura de corazón, la espontaneidad de las impresiones y de los juicios, los que no conocen más que un orden material de valores y en los que ha muerto el sentido desinteresado de la belleza de la poesía». (...) Construir la vida según el ideal de la plenitud de sentido, a nadie se le escapa, supone esfuerzo. Todo el mundo siente la llamada a elevarse, pero puede postergarla, ahogarla y, finalmente, olvidarla. Quien así actúa considera que ha abandonado las puerilidades de la infancia y juventud y se ha convertido en una "persona mayor". Otra forma de verlo es decir que ha sido derrotado, la vida le ha podido y se ha resignado. 
Manuel Ballester, 2009
La busqueda de sí mismo: reflexiones sobre El Principito

17 de abril de 2015

Elogio de lo doméstico

Las sociedades más igualitarias son aquellas en las que las esferas públicas y domésticas se diferencian poco, en las que el sexo tampoco reivindica mucha autoridad y en las que el centro de la vida social es la propia casa.
Michelle Rosaldo, 1979 (vía).

El menosprecio por todas las destrezas que las mujeres habían cultivado, como cocinar, coser, hacer ganchillo, decorar los espacios, embellecer la vida, etc., ha llegado a extremos de expulsar de los espacios públicos todas esas habilidades. (…) Otra cosa, naturalmente, es que las mujeres sólo se puedan dedicar a planchar, y otra muy distinta no reconocer la belleza y el cuidado de un vestido bien planchado, un pañuelo bordado a mano o una colcha de ganchillo que en ocasiones son auténticas obras maestras por su laboriosidad y exquisitez. 
Juana Gallego, 2010
Eva devuelve la costilla.


La callejuela (1657) de Johannes Vermeer

Mujer leyendo (1668) de Pieter Janssens Elinga

16 de abril de 2015

Hágase justicia aunque perezca el mundo

Fiat iustitia, et pereat mundus

El mundo no es más que una madriguera de raposos y la Justicia una flor que ya no prende en ninguna latitud. (...) Oíd ahora: la Justicia vale más que un imperio, aunque este imperio abarque toda la curva del Sol. Y cuando la Justicia está herida de muerte y nos llama en agonía desesperada, no podemos decir: “yo aún no estoy preparado”. Esto está escrito en mi Biblia, en mi Historia, en mi Historia infantil y grotesca, y mientras los hombres no lo aprendan el mundo no se salva.
León Felipe, 1937.

15 de abril de 2015

La democracia como realidad física

y no solo como metafísica 

El último Aranguren entendía "la democracia antes que como una forma política concreta, como la tarea, infinita, de democratización de la sociedad", pero he ahí, en mi opinión, una peligrosa disyunción. En otras palabras: democracia como moral, vale decir, ideal e infinita, evitando así cuestionar radicalmente la actual «democracia» como estructura, esto es, establecida y finita. En el mismo sentido, discípulos como el profesor Muguerza opinan que "lo que habría que hacer" es "sociocivilizar al Estado", es decir, una "progresiva puesta de este último bajo el control de la sociedad de acuerdo con la clásica definición de la «democracia» como «el gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo»".

De nuevo vemos que la democracia es entendida como meta antes que como herramienta, como reforma antes que como revolución, como perfeccionamiento antes que como replanteamiento, como progreso antes que como interrupción, como símbolo antes que como estructura igualitaria aquí y ahora. En definitiva, como liberalismo político antes que como anarquismo, como idealismo antes que como materialismo. ¿Y cómo llevaríamos a cabo esa progresiva democratización? Nada nuevo bajo el sol: "El Estado democrático y social de Derecho tendría que ser a todos los efectos un Estado constitucional, el texto de cuya Constitución incluya, como es obvio, una Carta de Derechos Fundamentales o algún equivalente de la misma donde se reconozca la vigencia de los «derechos humanos básicos»" (La aventura de la moralidad, Alianza Editorial).

¿Es cierto, como se nos dice, que la democracia puede prosperar desde la jerarquía, la verticalidad, la centralización, la alta división del trabajo, la hiperespecialización, la alta densidad de población, la ciudad, el parlamento, el trabajo asalariado y la concentración de los medios de producción? El problema de convertir la democracia en un asunto más metafísico que material, más de académicos que de vecinos, es su utopización. Ya no se trataría de construir redes democráticas desde cero, desde abajo y hacia los lados, sino de esperar a que haya un consenso de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba en la jerarquía. De cambiarlo todo para que nada cambie.

14 de abril de 2015

El precio de la especialización académica

Todo neófito que entra en la Investigación ve cómo se le impone la mayor renuncia al conocimiento. Se le convence de que la época de Pico della Mirandola pasó hace tres siglos, y de que en adelante es imposible constituir una visión del hombre y del mundo. Se le demuestra que el aumento informacional y la heterogeneidad del saber sobrepasan toda posibilidad de engramación y tratamiento por el cerebro humano. Se le asegura que no hay que deplorarlo, sino felicitarse por ello. Debería, pues, consagrar toda su inteligencia a aumentar este saber-aquí. (…) Especialista a partir de ahora, el investigador ve cómo se le ofrece la posesión exclusiva de un fragmento del puzzle, cuya visión global debe escapar a todos y a cada uno. Y le vemos convertido en un verdadero investigador científico, que obra en función de esta idea motriz: el saber no es producido para ser articulado y pensado, sino para ser capitalizado y utilizado de manera anónima. Las cuestiones fundamentales son rechazadas como cuestiones generales, es decir, vagas, abstractas, no operacionales. La cuestión original que la ciencia arrebató a la religión y a la filosofía para asumirla, la cuestión que justifica su ambición de ciencia: ¿qué es el hombre, qué es el mundo, qué es el hombre en el mundo?, la remite actualmente la ciencia a la filosofía, siempre incompetente en su opinión por el elitismo especulativo, la remite a la religión, siempre ilusoria en su opinión por su mitomanía inveterada. (…) Sólo tolera que, a la edad de retirarse, sus grandes dignatarios adopten cierta altura meditativa. 
Edgar Morin, 1977
El método. 1. La naturaleza de la Naturaleza
Ediciones Cátedra, pág. 25

13 de abril de 2015

El voto como adicción

o el realismo electoral como imposición del pensamiento único

Se dirá que el pueblo protesta, que es raro no escuchar una conversación en la que no se ponga de vuelta y media a los que poseen los medios para mandar, es decir, el dinero, los presupuestos y el Boletín Oficial del Estado. Pero eso no obsta para que la credulidad se imponga. Existe una cierta necesidad de entrar en el círculo cerrado de la mentira que funcionaría como una especie de adicción. Los mismos que dan rienda suelta a su desafección y, es un ejemplo, votan religiosamente a los partidos políticos cuando llega la «sagrada» hora de las urnas. Como diría Étienne de La Boétie, «la servidumbre voluntaria» se ha cumplido una vez más. Claro que, como justificación, bien endeble, de esa manera de actuar se excusan en una vacía idea de responsabilidad, en el miedo a no se sabe qué o en la inercia que, como tradición muerta, mueve, en este caso, más la mano que las neuronas de esos votantes quienes, como en procesión, se aproximan a la cabina electoral «a cumplir con su deber»; expresión socorrida de los que, satisfechos por depositar su voto, se olvidan de todos los males de los que hasta el momento, y como Jeremías, se habían dolido. Una sociedad como la descrita se enfría, se hiela, se desensibiliza, se frustra en los deseos y ni siquiera le queda el recurso de la fantasía.
Javier Sádaba, 2014
Ética erótica, págs. 13-14.

12 de abril de 2015

La pequeña arrogancia

Escribir es arrogarse el monopolio de la verdad a tiempo parcial. ¡Pero qué sería de nosotros, los lectores, sin la pequeña arrogancia de los escritores!

11 de abril de 2015

Lo inhumano sería sentir más pena por los humanos

A veces oigo decir que los animalistas y los veganos se preocupan más por las vacas y los toros que por los humanos, a lo que estos suelen responder que no es verdad, que se preocupan por todos los seres sintientes por igual. Pero creo que eso no es del todo cierto, y está bien que sea así. El día que sea habitual hacerle a los niños de otras familias lo mismo que les hacemos a los animales, el día que Auschwitz sea la norma, me uniré al especista en su crítica a quienes se preocupan más por las vacas que por los humanos. Mientras tanto, ¿puede una persona sensible a la injusticia y con sentido de la proporción ignorar que la situación de los animales es mucho peor que la situación del humano medio?

Utilitarismo a largo plazo

Un par de comentarios al respecto aquí y aquí.

10 de abril de 2015

Demasiada inteligencia

o por qué, quizá, la vida «inteligente» no abunde en el universo 
Somos, como ha dicho Edward Wilson, «una anormalidad ambiental». Las anormalidades no duran eternamente; al final desaparecen. «Es posible que estuviera previsto que otorgar inteligencia a la especie indebida fuera una combinación mortal para la biosfera», sugiere Wilson. «Puede que sea una ley de la evolución que la inteligencia tienda a extinguirse sola». Si no una «ley», tal vez sí una consecuencia habitual. 
Richard Leakey y Roger Lewin, 1995
Tusquets Editores, pág. 153. 

9 de abril de 2015

Las fronteras como expresión de clasismo + racismo

o cui bono, es decir, ¿a quién benefician en última instancia?

Dice Ada Colau que las fronteras solo existen para los pobres, y dice bien, independientemente de si se está de acuerdo con el resto de sus ideas.

7 de abril de 2015

La tendencia al genocentrismo

o por qué los divulgadores científicos también hacen política

Sobre el supuesto papel de los genes en la violencia de los afroamericanos y un comentario mío en ese mismo blog.

Post scríptum:

Según Nicholas Wade, una mayor predisposición genética a la violencia por parte de los afroamericanos explicaría parcialmente su, en ocasiones, desconfianza y rechazo violento hacia las instituciones económicas modernas. Ahora bien, tanto si la influencia de los genes resultara ser estadísticamente significativa como si no, de ello -una descripción empírica- no se deduciría necesariamente ninguna "alerta social justificada", como dice Santiago, ni tampoco que hubiera que reforzar "las actividades educativas contra la violencia en escuelas públicas de poblaciones mayoritariamente afroamericanas" -una prescripción política-, y ello por una buena razón, o eso creo: ¿y si su violencia, como la de las clases desfavorecidas o la del pueblo gitano, fuera la consecuencia de una causa legítima aunque no deliberada, los últimos estertores de un antiguo rechazo al Sistema al que ya pocos se atreven a cuestionar seriamente, la consecuencia de siglos lidiando con la gran violencia, esa que ahora llamamos estructural? ¿Y si la tesis de Wade, en lugar de estar noblemente motivada por la lucha contra el crimen, estuviese inconscientemente motivada por intereses de clase y de raza, habida cuenta de su conocida afinidad por el sistema capitalista, la democracia liberal, la cultura euroamericana, las poblaciones caucásicas y la idea de progreso? Santiago aconseja que "dejemos la política a los políticos (...) y la ciencia a los científicos", lo cual, aparte de matizable, plantea otro interrogante: ¿y si Wade, que por cierto no es genetista ni filósofo de la ciencia sino periodista, no solo estuviera divulgando buena ciencia sino también y sobre todo mala política? Aun en el caso de que unas poblaciones fuesen genéticamente más propensas a la violencia que otras -dudoso aún, pero si se demostrase, ¿por qué no aceptarlo? ¡A determinista no me gana nadie!-, de ello no se deduciría lógicamente ni que fuera una de las causas más importantes de su comportamiento violento ni que este debiera ser erradicado sin más, como en Un mundo feliz. Del genotipo al fenotipo, como del dicho al hecho, hay un gran trecho, y es tarea del científico y del filósofo no dejarse llevar por monocausalismos.
While warning us to avoid filtering science through politics, he draws heavily from conservative historians who minimize the roles played by political power, geographic advantage, momentum, disease and dumb luck. Conveniently, this leaves more historical questions for genetics to answer. And despite his protests to the contrary, Wade often sounds as if he sees the rise of the West as a sort of stable endpoint of human history and evolution — as if, having considered 5,000 years in which history has successively blessed the Middle East, the Far East and the Ottoman Empire, he observes the West’s current run of glory and thinks the pendulum has stilled. If Wade could point to genes that give races distinctive social behaviors, we might overlook such shortcomings. But he cannot.
David Dobbs, 2014.

Para evitar que nuestras ideas políticas nublen nuestras ideas científicas, y viceversa, lo primero que hay que hacer es reconocer 1) que son dos maneras relacionadas, inevitables e igualmente objetivas de entender la realidad, y 2) que quien lo niegue o lo subestime estará más expuesto si cabe a confundir una parcela con la otra. En otras palabras, cuando un divulgador dice que no está haciendo política, sin duda la está haciendo -todos la hacemos; divulgar ya es interesarse por lo público-, y al negarlo, posiblemente la esté haciendo peor.

Una crítica similar aunque algo más desarrollada puede leerse aquí