11 de febrero de 2016

El romanticismo alemán como reacción

En la misma línea que "Nietzsche como precursor"
y "Ortega y Gasset como precursor".




Por historicismo, entiendo el «sentido histórico» anunciado en Alemania por Johann Gottfried Herder (1744-1803) quien, opuesto a la creencia en leyes e ideales universales que habían formado parte esencial de la filosofía de tradición clásica, trataba en cambio de promover una actitud individualizadora que diese mayor valor a las condiciones temporales y locales de la existencia humana. El resultado inmediato de tal tendencia fue el nacionalismo: una nueva apreciación del concepto de nación-estado, la idea de las fuerzas creativas inherentes en el pueblo, de la relación íntima entre el individuo y la comunidad nacional, y de la conexión orgánica entre el presente y el pasado. (…). Herder había alentado a los alemanes a que, desdeñando las incursiones hechas por influencias extranjeras, retornasen a las fuentes nativas prístinas de la edad media y del siglo XV. Los patriotas alemanes deberían buscar los tesoros poéticos nacionales, los Nationallieder, y seguir su inspiración, pues ellos solos eran genuinos y característicos. 
 (…)
El alemán [Böhl von Faber] podía apuntar confiadamente en su panfleto Donde las dan, las toman, una íntima conexión entre el entusiasmo por la poesía y la devoción religiosa: en Alemania, insistía, los que gustan de la verdadera poesía y en particular aquellos seguidores de la poesía española, «son muy religiosos, muy morales y muy amigos del orden social».
(…) 
Tubino se dio cuenta de que en los primeros años del siglo XIX, la combinación de «alemán» y «romántico» era casi equivalente a francofobia, reacción política y ortodoxia cristiana. 
(…) 
En su conferencia duodécima, Friedrich Schlegel describía la monarquía española como la más grande y espléndida de la historia europea, y el espíritu nacional de España como el más desarrollado. (…). Calderón es descrito como «En cada situación y circunstancia,… de todos los poetas dramáticos, el más cristiano, y por esta razón el más romántico pre-históricas». Si Schlegel veía a Calderón como representante de la sociedad española del siglo XVII, veía igualmente a Voltaire como representante típico del sentimiento republicano y de la irreligiosidad de la Francia de sus días. Ni incluso Böhl, con toda su retórica agresiva, podía haber condenado de manera más rotunda al escritor francés. Schlegel atacaba el ateísmo de Voltaire en duros términos, refiriéndose a su «perversidad de genio», a su ingenio impío y a su aversión por el cristianismo, todo lo cual había significado que «su espíritu operaba como instrumento corrosivo y destructivo en la disolución de todos los más graves modos de pensamiento religiosos y morales pre-históricas». (…). Entre los seguidores de Voltaire, sostenía Schlegel, esta noción se había convertido en «una absurda e intolerante aversión por todo tipo de poder y nobleza, y en general por todos aquellos modos de vida y de gobierno que habían sido producidos por lo que era llamado sistema feudal pre-históricas». (…). El apoyo de Schlegel al catolicismo y a la monarquía, tal y como eran representados por Calderón y la sociedad española del siglo XVII, y su condena del republicanismo y del ateísmo representados por Voltaire y la Francia moderna, tuvieron que ser tenidos muy probablemente en cuenta por Böhl en su reivindicación del Siglo de Oro español. (…). En efecto, Böhl había establecido un romanticismo tradicionalista (…) centrado en premisas derivadas de los hermanos Schlegel y de Herder. Ello implicaba un poderoso nacionalismo cultural que buscaba el regreso a las formas literarias genuina y característicamente españolas y que estaba respaldado por fuertes vinculaciones con el trono y el altar. 

Derek Flitter, 1992
Teoría literaria del romanticismo español
Ediciones Akal, Madrid, 2015, págs. 8-37.

10 de febrero de 2016

Un poema de Rafael Alberti

New York (1934-1939):

Wall Street en la niebla, 
desde el «Bremen»


Alguien se despertaba pensando que la niebla
ponía un especial cuidado en ocultar el crimen
De allí,
de allí salía:
un enloquecedor vaho de petróleo,
de alejados y vastos yacimientos convertidos en cifras,
hacinados por orden en los cofres secretos,
en las lentas, profundas, inconmovibles cajas,
más profundas que pozos aún inexplorados,
puestos allí estos cofres,
puestas allí estas cajas por anónimos,
invisibles, oscuros, explotados,
desamparados hombres macilentos.
Yo era el que despertaba comprendiendo,
sabiendo lo que era aquel amanecer de rascacielos
igual que verticales expresos de la niebla,
era yo quien oía, quien veía, despertándome.

De allí,
de allí salían:
un crujido de huesos sin reposo, húmedos, calcinados,
entre la extracción triste de metales,
una seca protesta de cañas dulces derrumbándose,
de café y de tabaco deshaciéndose,
y todo envuelto siempre en un tremendo vaho de petróleo,
en un abrasador contagio de petróleo
en una inabarcable marea de petróleo.

Era yo quien entraba ya despierto, asomado a la niebla,
viendo cómo aquel crimen disfrazado de piedras con ventanas,
se agrandaba, ensanchándose,
perdiéndose la idea de su altura,
viéndole intervenir hasta en las nubes.
Y era yo quien veía, quien oía, ya despierto.

De allí,
de allí salía mojada de aire sucio y brumas carboneras:
la voz de la propuesta de robos calculados,
velada por ruidos de motores zarpando hacia las islas,
levantándose armados hacia el cielo de otros.
Salía esta voz fruncida a los insultos de hombres mercenarios con fusiles,
impidiendo a lo largo de los muelles,
las planicies minadas de palmeras,
los bosques de brazos y cabellos cortados a machete.
Lastimándose, oyéndose,
cayendo a mares desde los rascacielos diluidos,
salían Nicaragua,
Santo Domingo,
Haití,
revueltos en la sangre intervenida de sus costas,
secundando el clamor de las Islas Vírgenes compradas,
el estertor de Cuba,
la cólera de México,
Panamá,
Guatemala,
Costa Rica,
Colombia,
Puerto Rico,
Venezuela…
Y todo envuelto siempre en un tremendo vaho de petróleo,
en un abrasador contagio de petróleo,
en una inabarcable marea de petróleo.
Y era yo entre la niebla quien oía, quien veía mucho más y todo esto.

Nueva York, Wall Street, Banco de sangre,
áureo pulmón comido de gangrena,
araña de tentáculos que hilan
fríamente la muerte de otros pueblos.

De tus cajas, remontan disfrazados
embajadores de la paz y el robo:
Daniels, Caffery, etc., revólveres
confidentes y a sueldo de tus gangsters.

La Libertad, ¡tu Libertad!, a oscuras
su lumbre antigua, su primer prestigio,
prostituida, mercenaria, inútil,
baja a vender su sombra por los puertos.

Tu diplomacia del horror quisiera
la intervención armada hasta en los astros;
zonas de sangre, donde sólo ahora
ruedan minas celestes, lluvias vírgenes.

Más aún por América arde el pulso
de agónicas naciones que me gritan
con mi mismo lenguaje entre la niebla,
tramando tu mortal sacudimiento.

Así un día tus trece horizontales
y tus cuarenta y ocho estrellas blancas
verán desvanecerse en una justa,
libertadora llama de petróleo.

8 de febrero de 2016

Un poema de Novalis

Compasión de los pobres / Armenmitleid (ca. 1789):


Proclama, boca mía, por qué te ha hecho Dios para que cantes,
por qué te ha dado inspiración y dulce eufonía,
si no lo ha hecho también para que en firme apremio
despiertes a los ricos de su calma indolente.

¿No puede el canto conmover corazones,
no puede hacer que escapen de la depravación?
¿No puede conducir al corazón por buen camino,
no lo puede sacar de su indolencia?

¡Adelante! Escuchadme, ricos sibaritas,
y atended aún más al grito que surge de vosotros,
mirad alrededor, ved a los pobres arrastrarse, indigentes,
y daos cuenta de esto: que un Padre común os ha creado.


Nota: traducción de Antonio Pau.

3 de febrero de 2016

Un poema de Hermann Hesse

El poeta / Der dichter (1911):


Para mí, el solitario, sólo para mí
brillan las innumerables estrellas de la noche,
la fuente de piedra susurra su mágica canción,
y sólo para mí, para mí, el solitario,
surcan las sombras coloreadas
igual que nubes que deambulasen como sueño sobre el paisaje.
No un hogar ni un sembrado,
ni bosque o profesión me fueron concedidos,
mío es tan sólo lo que no tiene dueño,
el arroyo que cae tras el velado bosque,
mío el fecundo mar,
mío el gorjeo de los niños que juegan,
el dolor y las lágrimas del enamorado solitario en el atardecer.
Míos también los templos de los dioses,
el venerable bosque del pasado.
Y no es menos mi patria en el futuro
la iluminada bóveda celeste:
Mi alma alza el vuelo a veces con nostalgia
para ver el futuro dichoso de los hombres,
para ver el amor, vencedor de la ley, amor de pueblo a pueblo.
Vuelvo a encontrarme a todos, cambiados con nobleza:
al rey, al campesino, al comerciante, al laborioso pueblo de los marineros,
al jardinero y al pastor, todos, agradecidos,
celebran la universal fiesta del futuro.
Sólo falta el poeta,
él, testigo solitario,
portador del anhelo del hombre y su pálida imagen,
pues que el futuro, el mundo consumado
no necesitan más. Sobre su tumba
muchas coronas se marchitan,
pero ni rastro ya de su recuerdo.


Nota: traducción a cargo de Jenaro Talens (1976), para quien "traducir poesía no es un trabajo erudito sino una forma como otra de práctica poética. Hacer hablar a Hesse con una sintaxis y un vocabulario que nunca le pertenecieron no es empresa suicida sino simplemente insensata".

31 de enero de 2016

Ortega y Gasset como precursor

Al hilo de "Nietzsche como precursor"

Quien no vea en Ortega y Gasset y en muchos otros autores de las generaciones del 98 (Ganivet, Unamuno, Maeztu, Pío Baroja, Azorín, Machado) y del 14 (Marañón, Eugeni d’Ors) los mimbres políticos del franquismo o es un loco o es un liberal: 


El poder creador de naciones es un quid divinum, un genio o talento tan peculiar como la poesía, la música y la invención religiosa. (…) Es un saber querer y un saber mandar. Ahora bien: mandar no es simplemente convencer ni simplemente obligar, sino una exquisita mixtura de ambas cosas. (…) Yo siento mucho no coincidir con el pacifismo contemporáneo en su antipatía hacia la fuerza; (…) si la excluimos del porvenir sólo podremos imaginar una humanidad caótica. (…) Las naciones se forman y viven de tener un programa para mañana. En cuanto a la fuerza, no es difícil determinar su misión. Por muy profunda que sea la necesidad histórica de la unión entre dos pueblos, se oponen a ella intereses particulares, caprichos, vilezas, pasiones y, más que todo esto, prejuicios colectivos instalados en la superficie del alma popular que va a aparecer como sometida. Vano fuera el intento de vencer tales rémoras con la persuasión que emana de los razonamientos. Contra ellas sólo es eficaz el poder de la fuerza, la gran cirugía histórica. (…) El buen Heriberto Spencer, expresión tan vulgar como sincera de su nación y de su época, opuso al «espíritu guerrero» el «espíritu industrial», y afirmó que era éste un absoluto progreso en comparación con aquél. (…) Nada es (…) más remoto a la verdad. La ética industrial (…) es moral y vitalmente inferior a la ética del guerrero. Gobierna a la industria el principio de utilidad, en tanto que los ejércitos nacen del entusiasmo. (…) Dirige el espíritu industrial un cauteloso afán de evitar el riesgo, mientras el guerrero brota de un genial apetito de peligro. (…) Lo importante es que el pueblo advierta que el grado de perfección de su ejército mide con pasmosa exactitud los quilates de la moralidad y vitalidad nacionales. Raza que no se siente ante sí misma deshonrada por la incompetencia y desmoralización de su organismo guerrero, es que se halla profundamente enferma e incapaz de agarrarse al planeta. (…) Un ejército no puede existir cuando se elimina de su horizonte la posibilidad de una guerra. (...) En las horas de historia ascendente, de apasionada instauración nacional, las masas se sienten masas, colectividad anónima que, amando su propia unidad, la simboliza y concreta en ciertas personas elegidas, sobre las cuales decanta el tesoro de su entusiasmo vital. (…). En las horas decadentes, cuando una nación se desmorona, víctima del particularismo, las masas no quieren ser masas, cada miembro de ellas se cree personalidad directora, y, revolviéndose contra todo el que sobresale, descarga sobre él su odio, su necedad y su envidia. (...). Así, cuando en una nación la masa se niega a ser masa -esto es, a seguir a la minoría directora-, la nación se deshace, la sociedad se desmembra, y sobreviene el caos social, la invertebración histórica. Un caso extremo de esta invertebración histórica estamos ahora viviendo en España. (…). En suma: donde no hay una minoría que actúe sobre una masa colectiva, y una masa que sabe aceptar el influjo de una minoría, no hay sociedad, o se está muy cerca de que no la haya. (…). Dondequiera asistimos al deprimente espectáculo de que los peores, que son los más, se revuelven frenéticamente contra los mejores.

José Ortega y Gasset, 1922
España invertebrada,
págs. 32-37, 56 y 73-76.

30 de enero de 2016

La violación como producto de la selección natural

 Leyendo:



Las encuestas indican que un número de hombres estadounidenses notablemente mayor que de mujeres considera que la víctima comparte la culpa de la violación. Los norteamericanos no son los únicos. Los hombres de India y otras culturas también consideran que las víctimas femeninas contribuyen a su propia violación. (...) Así como muchos hombres comparten esta lógica, las mujeres se ven obligadas a vivir con ella. Los datos de una encuesta señalan que el 41 por ciento de las mujeres que viven en ciudades admiten que, para evitar ser violadas, nunca salen solas de noche. (...) Otro mito muy extendido es el de la víctima predispuesta. Varios estudios indican que también es mayor el número de hombres que de mujeres que cree que por lo menos algunas mujeres (cuando no todas) desean ser violadas, a pesar de la resistencia que puedan ofrecer durante la agresión. Mucha gente considera que una de las fantasías de las mujeres es practicar el sexo a la fuerza. (...) Mientras la mayoría de las mujeres detesta la violación, a la mayoría de los hombres les produce cierta excitación, hasta el punto de que los psicólogos Alfred Heilbrun y David Seif se preguntaron si las mujeres sometidas a presiones excitan a los hombres más incluso que las mujeres dispuestas a mantener contacto sexual con ellos. Para obtener una respuesta, mostraron fotografías muy explícitas a 54 varones adultos y quedaron enormemente sorprendidos al detectar en muchos de ellos un «efecto de sadismo global» que definieron como «una atracción sexual muy pronunciada hacia las mujeres sometidas a emociones angustiosas». 
(...) Supongamos que pertenecemos a un equipo de biólogos extraterrestres cuya misión es comprender el comportamiento violento de los seres humanos. No tenemos prejuicios. Sabemos que la selección natural actúa de la misma manera en cualquier planeta del universo sobre el que exista vida y no tenemos ninguna duda de que el comportamiento humano ha surgido de los mismos procesos de la selección natural que ha producido las piernas, los brazos y el cerebro de los seres humanos. Además, como la violación está tan extendida y presente en todo el planeta, tanto por machos humanos como no humanos, claramente se trata de una adaptación biológica del macho. Pero ¿cómo puede haber llegado la violación a ser una adaptación?
En primer lugar, la violación es universal. En todas las sociedades, los hombres violan, ya sea en la jungla de cemento de Nueva York o en las selvas reales de Irian Jaya en Papúa Occidental. (...) La «condición» que lleva a la violación es la incapacidad de un macho de alcanzar la consideración o los recursos necesarios para atraer a una hembra. Dos hechos avalan esta hipótesis. Primero, los hombres violan casi exclusivamente a las mujeres que son más fértiles y deseables como esposas. Segundo, la mayoría de los violadores han fracasado en el ámbito socioeconómico o, por lo menos, no han triunfado todavía, y tienen una capacidad reducida de atraer a mujeres deseables mediante el cortejo habitual.
(...) Una fuente de violación es el hecho de que (...) los hombres discriminan menos y se excitan sexualmente con más facilidad que las mujeres. Éstas tienen tendencia a seleccionar a sus parejas sexuales con mayor cuidado, ya que una mala elección de la pareja tiene un mayor coste de cara a la reproducción en las mujeres que en los hombres. El resultado inevitable es un mundo en el que a la mayoría de las mujeres no les interesan algunos hombres que se interesan sexualmente por ellas. (...) Estos comportamientos de los hombres están tan profundamente arraigados en nuestro pasado que tuvo que producirse algún tipo de «selección directa de la violación por parte de los hombres», de forma que permitiese «la erección de su pene, la copulación y la eyaculación con una mujer que no consintiese o no mostrara entusiasmo para mantener relaciones sexuales (...) y lo que no ha evolucionado en los hombres es la excitación sexual provocada sólo por mujeres sexualmente receptivas». 
Resulta espeluznante el interés de los hombres por las mujeres no dispuestas a tener relaciones sexuales. Los Thornhill reconsideraron los experimentos, como los de Heilbrun y Seif mencionados con anterioridad, consistentes en mostrar a hombres jóvenes escenas de sexo consentido y de violaciones. Todos los jóvenes se excitaron sexualmente con las escenas de sexo consentido y muchos de ellos, aunque no todos, con las de violaciones. Pero todos los que no se excitaron con estas últimas escenas se excitaron, en cambio, después de beber alcohol o de creer que habían bebido alcohol, después de escuchar a una mujer, y no a un hombre, narrar la escena de la violación o después de que se les dijera que resulta normal excitarse durante una escena de violación. 
¿Se puede concluir de todo esto que los hombres son unos seres depravados, que los primates macho tienen tendencia a la violación, o ambas cosas? La antropóloga física Barbara Smuts explica que los chimpancés macho coaccionan con frecuencia a las hembras para que se apareen con ellos. (...) La conclusión de Smuts es que el apareamiento entre simios y otros primates suele producirse en un ambiente de coacción sexual asociado a la violencia. Incluso cuando una hembra chimpancé en celo «se va de safari», de forma en apariencia voluntaria con un macho dominante, ese comportamiento puede ser perfectamente la respuesta a ataques previos lanzados por ese macho. En pocas palabras, los hombres no han inventado la violación. Lo más probable es que hayan heredado ese comportamiento de nuestros lejanos antepasados, los simios. La violación es una estrategia reproductiva estándar que posiblemente se haya desarrollado durante millones de años. Los hombres, los chimpancés y los orangutanes macho violan hembras de forma rutinaria. Los gorilas salvajes utilizan la fuerza para secuestrar hembras con las que aparearse. Los gorilas en cautividad también violan hembras a menudo. 
(...) También la violación muestra que la psique de los hombres y las mujeres son muy distintas, pero nos dice mucho más. En opinión de los Thornhill, los hombres «se adaptan psicológicamente a la violación», para robar actos sexuales a las mujeres que no desean hacerlos y aumentar sus posibilidades de tener descendencia. (...) Los hechos indican que la violación es un producto natural más de la selección sexual de los machos, una adaptación o un «instrumento» adicional utilizado por muchos hombres para ayudarles a «ganar» la competición reproductiva de la selección natural. 

Michael P. Ghiglieri, 1999
El lado oscuro del hombre:
los orígenes de la violencia masculina,
Tusquets Editores, 2005, págs. 118-141.

25 de enero de 2016

La religión como política

Continuación, más o menos, del post "Anarquismo y judaísmo, o casi".



Lo que habría hecho el monoteísmo no es pues, según Assmann, crear un orden moral o de justicia, sino teologizar lo político. Egipto representa para la tradición bíblica la falsa política. Es la casa de la esclavitud. El poder no es en ella la garantía del bien común, sino que significa opresión, esclavitud, privación de derechos, maltrato. La alianza liberadora con dios tiene un sentido directamente político, ya que funda una nueva sociedad donde la dominación no preside la relación entre los hombres. El dominio exclusivo y directo de dios es ahora el que garantiza la libertad. «El sentido político de la distinción mosaica se encuentra en la separación entre dominación y salvación».
En la perspectiva del monoteísmo mosaico tanto la verdadera como la falsa religión se dan a conocer políticamente. Ausencia de justicia, opresión, arbitrariedad, etc., no son sólo asuntos políticos, signos de una política errónea, sino signos además de una falsa religión. Y, a la inversa, la liberación política narrada en la historia del Éxodo, la experiencia fundante del pueblo de la alianza, es presentada como un proceso de emancipación política llevada a cabo por dios. Él aparece como protagonista de un acto de liberación política. Lo verdadero y lo falso se distinguen tanto en religión como en política por unos criterios eminentemente políticos: libertad y opresión. De modo que la justicia es la quintaesencia de la religión verdadera. El logro del monoteísmo, si es que hay que considerarlo tal, consistiría, según Assmann, en haber convertido el derecho y la justicia en un asunto de dios, en haberlos proyectado en el cielo. El monoteísmo no introduce la justicia en el mundo, sino que se la apropia y la sacraliza. Ahora bien, si la soberanía legislativa reside en dios y su ley es el instrumento de la liberación, para la nueva comunidad de la alianza el Estado no puede representar más que la esclavitud. La soberanía divina se convertirá no en el soporte de una soberanía estatal, sino en el fundamento de una contrasociedad antiestatal. Aunque Assmann no lo diga, queda insinuado: tenemos aquí el germen de muchas de las teorías políticas revolucionarias de Occidente. 
(...).
La pretensión de verdad del monoteísmo bíblico no nace de la imposición violenta de una verdad, sino de una experiencia de liberación frente a la amenaza a la propia existencia por una potencia cultural y militarmente superior. La experiencia de enfrentamiento, resistencia y liberación frente a una dominación a todas luces aplastante es la experiencia fundante de Israel. (...). Allí donde se produce el pacto del monoteísmo con el Estado y su política totalitaria, se olvida el sufrimiento y la injusticia como el reverso de dios, se traiciona la pretensión de verdad del monoteísmo.
La distinción mosaica tampoco lleva consigo una contraposición abstracta a la afirmación del mundo en el cosmoteísmo, no se niega el mundo en un sentido genérico, sino en un sentido específico: se retira el acuerdo con el mundo en tanto significa esclavitud e injusticia. Se trata de poner fin a la divinización del Estado, de cancelar la fe mítica en el destino y diferenciar entre derecho y violencia, injusticia e infelicidad. El mito justifica el sacrificio, la distinción mosaica lo denuncia. El universo cósmico ya no cobija como su constitutivo legítimo a las élites de poder, tampoco forma parte del mismo el destino férreo. El mal ya no es la consecuencia de luchas eternas entre los dioses. De este modo queda roto el nexo de destino y expiación entre las generaciones, que se entrelazan ahora por un nuevo nexo: el de la culpa y la responsabilidad.
Ésta es la razón de que el ethos bíblico del Éxodo haya ejercido un influjo crítico y transformador de enorme peso sobre toda la tradición política occidental. Se trata de un relato que habla de opresión y liberación y, aunque lo haga por medio de conceptos religiosos, esto no impide su incardinación histórica y su masiva terrenalidad. Es, no cabe duda, una histórica política sobre esclavitud y libertad, ley y rebelión. Para todos aquellos que se han inspirado en esta tradición «la opresión no es una predestinación ni algo inevitable (...); es el resultado de decisiones concretas tomadas por seres humanos concretos; de una testaruda negativa a recordar la casa de la esclavitud y el día de la liberación» [Michael Walzer, Exodus and Revolution]. 

José Zamora, 2006
Nuevas teologías políticas
(Eds. Reyes Mate y José Zamora),
págs. 195-203.

22 de enero de 2016

El gráfico de las utopías milenaristas


Mi tesis: todos somos milenaristas, y por ende creyentes,
la cuestión es de qué tipo.

Mi gráfico (la posición de los autores es orientativa):























Mis inspiraciones librescas, entre otras:

Por encima de su increíble diversidad fenomenológica, las modernas sociología y antropología de la religión reconocen que la esencia del milenarismo, considerado este como una categoría sociológica transcultural y no como un fenómeno histórico concreto ligado al cristianismo, es la utopía social, es decir, el planteamiento de una nueva sociedad de perfección ideal que venga a sustituir el orden establecido de las cosas. Las variaciones en esta imagen del mundo perfecto, de la nueva humanidad distinta de la actual, más libre, más feliz, han sido inmensas a lo largo de la historia y la geografía: ubicado aquí en la tierra o en el Más Allá, planteado en términos religiosos o políticos (o en una combinación de ambos), esperado antes o después de un cataclismo apocalíptico (o sin necesidad de cataclismo alguno), asignado a una fecha concreta o indefinida, reclamado para toda la sociedad o sólo para un pequeño grupo de elegidos... Se haya querido implantar a través de la acción social y la violencia o del aislamiento eremítico y la huida de la sociedad, se haya concebido como una reedición de Edades de Oro pasadas o como una era de cuño totalmente nuevo, el establecimiento de la utopía es a fin de cuentas el objetivo, el fin de todos estos movimientos.

Francisco Javier Ullán de la Rosa, 2004
Las utopías milenaristas como metodología
de análisis socioantropológico.


Entre la mentalidad liberal y la quiliástica existe una notable diferencia en lo que respecta a la «valoración del tiempo». Para la última el elemento tiempo se localiza en el «presente» en la pura «aquendidad». La mentalidad quiliástica no tiene sentido de un proceso de transformación; no conoce ningún camino que conduzca al final utópico. Éste, como en el anarquismo moderno, tiene que darse ahora y de forma revolucionaria. Por el contrario, en la mentalidad liberal, el tiempo se contempla, no como aquendidad, sino como un «proceso», y, por ello, aplaza la realización efectiva de su utopía para un futuro remoto. 

León Martínez Elipe, 2007
Idea de la historia:
ideología, utopía y realidad 

21 de enero de 2016

La invención de la autonomía moral

o Nietzsche contra la filosofía tal y como la entendemos hoy en día

La autoconciencia, la autodeterminación y la autonomía se hicieron principios básicos de "la" praxis racional y revolucionaria. La invención de la autonomía es un largo camino intelectual y político en Occidente, un combate iniciado por Lutero, Calvino, el republicanismo escéptico, Suárez, Grocio, Pufendorf. El perfeccionismo racionalista, que giraba en torno al hombre moderno como autónomo, siguió madurando con el estoicismo "cristianizado", Descartes, Malebranche, Spinoza, en una línea bien nítida que culmina con Diderot, Lessing, Rousseau en lo político y Kant-Fichte-Hegel en lo teorético. Nietzsche sabía esta conexión intrínseca y primordial cuando afirma en el prólogo a Aurora que a Kant "le picó esa tarántula moral que se llamó Rousseau". El término era aquel con que Kant denominaba, en su Crítica de la razón práctica, la capacidad de la razón humana de darse a sí misma leyes morales sin derivarlas ni de algo inferior (deseos, intereses egoístas, etc.) ni superior (Dios) o exteriores y formales (autoridad, tradición, estado). Autonomía es negar toda trascendencia. Si las reglas de la propia acción vienen de alguna manera derivadas de otra cosa que no sea la razón del sujeto, nos encontramos en una situación de heteronomía. Un concepto difícil, pero que significa que se imponen leyes externas o ajenas al sujeto mismo. (...) el ciudadano es soberano, es autónomo, en cuanto él como sujeto es en acto poder legislativo y ejecutivo, y es el súbdito de sus propias y autogeneradas políticas. Análogamente Kant afirmaba que la moralidad (...) debe ser la sumisión incondicional a leyes que nuestra propia razón se ha impuesto. En sus propias palabras: "Un hombre dependiente ya no es un hombre, ha perdido toda dignidad, no es más que el accesorio de otro hombre". Es el valiente grito de Sapere aude! (...). La loca y subversiva idea del Sapere aude!, de la autonomía, penetra e invade todas las instituciones educacionales, llega a la universidad que la transmite a través de su Bildungsmaschine bajo la forma de la "Libertad de Cátedra" (...), que para Nietzsche es un escándalo. (...) Nietzsche, de vuelta recurriendo a la autoritaria paideia de Platón, tiene el medicamento preciso para esta enfermedad de la Modernidad: "En otras épocas creían deber implantar y trasplantar a los estudiantes la Dependencia, la Selección, la Sumisión al Orden natural, la Obediencia y un deber rechazar cualquier tipo de presunción de Autoemancipación o Autonomía".

Nicolás González Varela, 2010
Nietzsche contra la democracia,
págs. 240-241.

18 de enero de 2016

Canciones sobre Dios


1969. Preguntitas sobre Dios de Atahualpa Yupanqui.
1970. God de John Lennon.
1972. God's song de Randy Newman.
1986. Dear God de XTC.
1991. Innuendo de Queen.
2000. Fiesta pagana de Mago de Oz.
2004. Dios de Pedro Guerra.
2009. Laughing with de Regina Spektor.
2014. Take me to church de Hozier.

7 de enero de 2016

Nietzsche como precursor

o leyendo al filósofo literalmente 


Más allá o más acá del Nietzsche esteta (a pesar de que él mismo echase en falta al “filósofo que describe la acción, no solo el que la poetiza”) y del Nietzsche ateo que la posmodernidad ha preferido mostrarnos (cautiva, como está, de la norma no escrita de que toda filosofía occidental es esencialmente buena aunque se demuestre lo contrario, siendo mejor, en mi opinión, esta otra: toda filosofía es conservadora y responsable de algo hasta que se demuestre lo contrario, toda filosofía está manchada de sangre mientras no se diga lo opuesto), esto es, un Nietzsche especialmente metafórico y metafísico, ahistórico y despolitizado, domesticado y rumiado hasta tornarlo irreconocible (como, por otra parte, también ocurre cuando alguien lee literalmente el Corán o el Antiguo Testamento y los creyentes doctos y moderados, alarmados por tanta literalidad plebeya, corren a matizar las Sagradas Escrituras de su propio dios), es preciso insistir en que el Nietzsche ético-político, acaso el Nietzsche más relevante y representativo de todos, precede cronológica, geográfica e ideológicamente al fascismo alemán. Él mismo reconoce su politicismo en varias ocasiones: cuando escribe que “la política es ahora el órgano del Pensamiento en su totalidad”; cuando cuenta que su admirado Platón, todo un agitatorischen Politiker, "debe ser considerado (...) como un político revolucionario que desea subvertir el mundo entero y que con este objetivo es, también, escritor"; y cuando uno de los títulos que baraja para su primer libro es Consideraciones sobre el significado ético-político del Drama Musical. En cierta manera, fue un visionario:

(…) veo esto: una acción dirigida con grandeza por un Estado, por un Führer.
Nietzsche joven. 

Esto que debería ser una verdad evidente desde hace tiempo, por alguna razón (relacionada tal vez con el academicismo, el esnobismo, el eurocentrismo, el capitalismo posmoderno, el relativismo, el individualismo, el patriarcado, el autoritarismo, el jerarquismo y la meritocracia, que no es sino la modernización de la aristocracia o «gobierno de los mejores») no lo es para la mayor parte de la opinión pública occidental, ni siquiera para muchas de las personas que el propio Nietzsche despreciaba: cristianas, judías, demócratas, socialistas, anarquistas (especialmente), obreras, sindicalistas, internacionalistas, antimilitaristas, intelectuales, eruditas, artistas, periodistas, literatas, bohemias, liberales, burguesas, capitalistas... ¡Hasta sus prologuistas y mejores lectores, como Bataille, hacen auténticas cabriolas con tal de disculpar al maestro, llegando a culpar a su hermana Elisabeth de haber malentendido y fascistizado su obra póstumamente!

Cuando menos habría que sospechar de ese fuerte desequilibrio que existe entre el miedo que genera el libro de Hitler (1925) por un lado y, por otro, la veneración y desresponsabilización intelectual con la que es acogida generalmente la obra del filósofo del martillo, esa “hermenéutica de la inocencia” como la llama Nicolás González Varela. Una obra que, bien leída (como lo haría un corazón infantil, es decir, leída tal cual y sin los elaborados autoengaños de los adultos), no dista tanto de la del Führer (este se veía a sí mismo como un "líder filósofo", como afirma Yvonne Sherratt en Los filósofos de Hitler), matices importantes aparte. Entre ellos, este: la voluntad de poder de Nietzsche era más elitista, aristocrática, platónica, intelectual y reaccionaria que la de Hitler, y por tanto menos moderna, populista, materialista y burocrática. El filósofo probablemente se desharía en elogios ante una casta de guerreros como la representada por el ejército hitleriano, al igual que ya lo hizo con el ejército prusiano del II Reich, pero seguramente el III Reich le habría sabido a poco (también la Calípolis de Platón, demasiado socrática y racionalista), pues como utópico del intelecto echaría en falta su soñada "pirámide intelectual", la cual estaría coronada por la "Aristocracia de la Inteligencia" y por la figura del Genio y del "artista genial" (o sea, su figura, la de un líder poderoso pero al mismo tiempo genial, esteta, profeta, predestinado y cuasidivino), fin supremo al que debía aspirar su Estado Cultural esclavista (Kulturstaat). En su cosmovisión, el pueblo existe por y para el genio, no al revés (“el Estado ha de preparar la generación y la Comprensión del Genio. (…) Nosotros debemos señalar como el fin real de la tendencia del Estado a esos seres individuales, aquellos hombres que se eternizaban en el trabajo artístico y filosófico: así será de enorme la dureza de nuestra política (…). Para que pueda surgir el Artista, necesitamos de zánganos, de un estamento de trabajo esclavo que nos alivie”). En ese sentido, su milenarismo político es quizá más megalómano e individualista que el de Hitler, y por supuesto más que el de Franco, quien practicó un fascismo igualmente mortífero pero con menos pretensiones intelectuales.

Por ejemplo, Nietzsche aborrecía lo que él llamaba “la política pequeña”, esa “infección nacionalista por la que hoy los pueblos de Europa se atrincheran unos contra otros y se ponen recíprocamente en cuarentena”, pero cuidado, que su pensamiento no tuviera cabida en los tradicionales corsés nacionalistas, como lo demuestra el hecho de que se considerara a sí mismo una y otra vez dentro del grupo de los “buenos europeos, los herederos de Europa”, no le convierte en un partidario de la diplomacia internacional, sino, más bien al contrario, en su más firme adversario. Lo que le movía a criticar las trincheras y los nacionalismos en Europa no era un pacifismo europeísta y apátrida, como gustábamos de creer quienes leíamos a Nietzsche idealizada y anacrónicamente, sino un nuevo imperialismo a la altura de sus admirados “hombres de mando” como Alcibíades, Julio César, Arminio, Hermanarico, Federico II de Hohenstaufen, Napoleón I, Napoleón III y Otto von Bismarck, aquel canciller alemán que decía: “Contra los demócratas solamente sirven los soldados”. Así lo manifiesta el propio Nietzsche en una carta a su madre en 1868: “Bismarck me proporciona inmensas satisfacciones. Leo sus discursos como si bebiese un vino fuerte (…): reteniendo la lengua para no tragar demasiado deprisa y prolongar el placer todo lo posible”. Es más, no contento con el último Bismarck por considerarlo débil e insuficientemente elitista, en 1886 se lamenta de la siguiente manera: “(…) el ‘Espíritu alemán’ (…) no hacía mucho tiempo había tenido la voluntad de dominar sobre Europa, la fuerza de guiar a Europa”, pero ahora “esa Alemania” acaba “de presentar su abdicación definitiva e irrevocable” en “su tránsito a la mediocrización”, es decir, a la “Democracia”. Cuatro años antes, en La gaya ciencia, ya soñaba con “superar (…) al movimiento nacional, para heredar y continuar en sentido afirmativo el esfuerzo de Napoleón; como sabemos, quería una Europa unida que fuese dueña del mundo”.

En este gusto por lo excelso-heroico-genial, y en tantas otras cosas, el español José Ortega y Gasset le toma la palabra al profesor de Basilea, concretamente en La rebelión de la masas (1929) cuando rechaza el nacionalismo por ser “exclusivista” al tiempo que defiende “el principio nacionalizador” por ser “inclusivista” o expansivo, esto es, un principio que a diferencia del nacionalista no elude “el deber de invención y de grandes empresas”, entre ellas, las guerras imperiales: “El pacifismo está perdido y se convierte en nula beatería si no tiene presente que la guerra es una genial y formidable técnica de vida y para la vida”. De ahí que afirmara sin tapujos: “Si el europeo se habitúa a no mandar él, bastarán generación y media para que el viejo continente, y tras él el mundo todo, caiga en la inercia  moral,  en  la  esterilidad  intelectual  y  en  la barbarie omnímoda”.

Las deudas o herencias nietzscheanas presentes en la obra de Ortega y Gasset son muchas y fácilmente rastreables (también sus diferencias, es cierto), y aunque no es el propósito primero de este texto, antes de continuar no puedo menos que recordar aquellas palabras que dejara escritas el filósofo madrileño en La rebelión de las masas y relacionarlas con aquellas otras de las Consideraciones intempestivas (1873-1876) de Nietzsche. Escribe el español: “Ahora (…) cree la masa que tiene derecho a imponer y dar vigor de ley a sus tópicos de café. Yo dudo que haya habido otras épocas de la historia en que la muchedumbre llegase a gobernar tan directamente como en nuestro tiempo. Por eso hablo de hiperdemocracia”. Y esto es lo que dice el alemán: “Las masas me parecen merecer atención solo bajo tres puntos de vista: por un lado, como copias desvaídas de los grandes hombres, hechas en mal papel y con placas gastadas; por otro, como resistencia frente a los grandes, y, por último, como instrumento de los grandes”.

¿Y qué decir de su vinculación, la de ambos, con la defensa de la esclavitud stricto sensu, esto es, de la esclavitud pura y dura que va más allá si cabe de la moderna e inalámbrica esclavitud salarial? Nietzsche se posiciona en La gaya ciencia: “Sencillamente no consideramos deseable que se asiente en este mundo el reino de la justicia y de la concordia”; es más, “nos incluimos entre los conquistadores, reflexionamos sobre la necesidad de una nueva jerarquía y también de una nueva esclavitud, ya que siempre que se fortalece y se eleva el tipo «hombre» se requiere asimismo una nueva forma de esclavitud”. Y en algunos de sus escritos inéditos (Nachlass) es aún más explícito. Tanto es así que su amigo Richard Wagner le aconsejó no incluirlos en su primer libro, probablemente por considerarlos demasiado politizados y reaccionarios. En sus borradores, que “serán ofrecidos a Cosima Wagner como presente de Navidad en diciembre de 1872, encuadernados lujosamente en piel y dedicados” (González Varela, 2010), no solo elogia las Leyes de Manu y la Constitución de Esparta (sobre esto y el éxito actual de cómics y películas como 300 habría mucho que decir), sino que trata de justificarlo moral y fisiológicamente, contradiciendo así a quienes solo quieren ver la faceta estético-cultural de Nietzsche y no, junto a ella, la faceta político-moralista:

Para que exista el suelo que permita un mayor desarrollo del arte, es preciso que la gran mayoría esté sometida al servicio de una minoría, como esclavos a la necesidad vital (…). A expensas de esta mayoría y gracias a su plustrabajo aquella clase privilegiada debe ser sustraída de la lucha por la existencia. (…). Es condición cruel fundamental de toda formación, que la Esclavitud pertenece a la esencia de una Cultura… la miseria de la masa que vive fatigosamente debe aumentar aún más, para que se haga posible a un número restringido de hombres olímpicos la producción del mundo del arte. Aquí está la fuente de aquella rabia mal disimulada, que han alimentado… los comunistas y socialistas, y también sus más pálidos descendientes, la Raza blanca de los liberales (…). De la molicie del hombre moderno han nacido las tremendas crisis sociales del presente, contra las cuales me atrevo a recomendar un remedio que se encuentra en la esencia de la naturaleza: la Esclavitud. (…) sólo los grilletes del Estado pueden empalmar a las grandes masas unas con otras, de forma tal que tenga que realizarse aquella estratificación química de la sociedad, con su nueva estructura piramidal. (…) No hay nada más terrible que un estamento bárbaro de esclavos que haya aprendido a considerar su existencia como una injusticia y que se disponga a tomar venganza (…). 

La filosofía de Nietzsche no solo persigue un fin estético con los medios que sean necesarios, sino que esos medios son al mismo tiempo fines. Para él la esclavitud no es un simple medio político para un fin puramente cultural, sino parte imprescindible de su visión holística del mundo. De ser así, de importarle solamente el Arte, no habría hecho tanto hincapié en la raza, los judíos, la sumisión, la guerra, la moral y el espíritu alemán. Ninguna persona justificaría un régimen totalitario simplemente porque le encante la música que se hace en él. Tiene que haber algo más. Es preciso que vea la desigualdad como un fenómeno natural y deseable en sí mismo, como una lucha eterna de razas y castas, una en la que los suyos van perdiendo, y eso le asusta. Es necesario que exista en él una ardiente necesidad de Poder a todos los niveles, quizá el único consuelo que conoce (en este sentido, sus ansias de cultura serían en el fondo una variante intelectualizada del tradicional y prosaico deseo de poder, una excusa, un disimulo emocional, el resultado de una represión infantil disociada, como diría Alice Miller). Él mismo lo reconoce a su manera en Humano, demasiado humano: "Platón fue la encarnación del deseo de convertirse en el supremo legislador filosófico y fundador de Estados; parece haber sufrido terriblemente por la no-realización de su idea, y su alma se sintió hacia el fin de su vida poseída de la más negra bilis". Eso explicaría, por ejemplo, que en 1871 llorara de impotencia por los supuestos cuadros quemados del Louvre a manos de los communards de París (en realidad era un bulo de la prensa reaccionaria) y que, por el contrario, no derramara ni una lágrima por los miles de asesinados durante la represión que siguió al movimiento insurreccional. Dime a qué filósofo admiras y te diré qué peligro corres (corremos).

Por lo que respecta a Ortega y Gasset, si bien no es posible asegurar que la defienda de la misma manera que lo hace el alemán, tampoco es descabellado afirmar que, cuando menos, coquetea con su justificación: “Solemos, sin más reflexión, maldecir de la esclavitud, no advirtiendo el maravilloso adelanto que representó cuando fue inventada. Porque antes lo que se hacía era matar a todos los vencidos. Fue un genio bienhechor de la humanidad el primero que ideó, en vez de matar a los prisioneros, conservarles la vida y aprovechar su labor”.

En definitiva, Nietzsche y fascismo no pueden entenderse por separado (que no es lo mismo que decir que sean lo mismo, como la propia lógica de la frase indica), por más que sean muchas las cosas y los autores que también podemos relacionar gradual y causalmente con el fascismo europeo. En este sentido, hay quien no dudaría en afirmar que la propia Ilustración, el darwinismo, que no la biología, la Revolución Industrial y la idea de progreso guardan también cierta vinculación, ¿o es que nos hemos vuelto tan optimistas, como quería el último Nietzsche, que no creemos ya en la inercia del pasado y demás cantinelas "pesimistas"? Al menos en una cosa tenía razón el alemán: en historia, "todas las cosas largas son difíciles de ver, difíciles de abarcar con la mirada".

¿Es posible "una crisis hitleriana en el siglo XXI"? Sí, responde Carl Amery. Tanto más probable cuanto menos logremos averiguar y desactivar sus causas. Todas, materiales y no materiales. 


Todavía han de inventarse muchos más sustitutivos de la guerra, pero puede que gracias a ellos se caiga progresivamente en la cuenta de que una humanidad tan sumamente civilizada y, por consiguiente, tan fatalmente agotada como la de los europeos de hoy, no sólo necesite guerrear, sino que las guerras sean enormes y terribles (que necesite, pues, recaer momentáneamente en la barbarie) para evitar que los medios que procura la cultura atenten contra su propia cultura y contra su existencia.
Nietzsche, 1878
Humano, demasiado humano.

La purificación de las razas. Probablemente no hay razas puras, sino solamente razas depuradas, e incluso éstas son muy escasas. Las más frecuentes son las razas cruzadas en las que, junto a defectos de armonía en las formas corporales (por ejemplo, los ojos y la boca no se corresponden), se observan necesariamente faltas de armonía en las costumbres y en los juicios de valor (Livingston oyó decir: ‘Dios creó a los blancos y a los negros, y el diablo creó a los mulatos.’) Las razas cruzadas producen siempre, a la vez que Culturas cruzadas, moralidades igualmente cruzadas: generalmente, éstas son las peores, las más crueles y las más inquietas. La pureza es el resultado último de incontables asimilaciones, absorciones y eliminaciones, y el progreso hacia la pureza se manifiesta en que la fuerza existente en una raza se limita cada vez más a determinadas funciones escogidas, mientras que antes se tendía con frecuencia a realizar demasiadas cosas contradictorias. Esta limitación tendrá siempre la apariencia de un empobrecimiento, pero hay que juzgarla con prudencia y equidad. Una vez acabado el proceso de depuración, todas las fuerzas que antes se perdían en la lucha entre cualidades sin armonía, están ahora a disposición del conjunto del organismo: por eso las razas depuradas son siempre más fuertes y más hermosas. Los griegos constituyen un ejemplo de una raza y de una civilización depurada del modo que acabo de indicar, y es de esperar que algún día se logre también crear una raza y una civilización europeas puras.
Nietzsche, 1879-1881
Aurora.

Nuestra creencia en una virilización de Europa. Debemos a Napoleón (y de ningún modo a la Revolución francesa que buscaba la "fraternidad" de los pueblos y el florecimiento de efusiones afectivas universales) que quepa poder esperar en adelante una sucesión de siglos bélicos sin precedente en la historia; en pocas palabras: el haber entrado en la era clásica de la guerra, de la guerra científica y popular a un tiempo, de la mayor envergadura (en cuanto a medios, talento, disciplina), período que los siglos futuros considerarán retrospectivamente con envidia y respeto como un ejemplar de perfección, el movimiento nacional en efecto del que procederá esta gloria bélica, no es sino un contragolpe de la acción misma de Napoleón, por lo que sin él no habría podido producirse. Algún día se reconocerá a Napoleón el mérito de haber restituido al hombre en Europa, la superioridad sobre el hombre de negocios y el filisteo; quizás incluso sobre «la mujer», a quien el cristianismo, el espíritu entusiasta del siglo XVIII y las «ideas modernas» no han dejado de halagar. Napoleón, que consideraba a la civilización con sus ideas modernas como una enemiga personal, se consagró mediante esta hostilidad como uno de los mayores continuadores del Renacimiento; él fue quien sacó a la luz un fragmento entero de naturaleza antigua (...). Y quién sabe si este fragmento (...) no llegará a superar igualmente al movimiento nacional, para heredar y continuar en sentido afirmativo el esfuerzo de Napoleón; como sabemos, quería una Europa unida que fuese dueña del mundo.
(...). Nosotros, los apátridas. (...) Nosotros no «conservamos» nada, tampoco queremos volver a cualquier época del pasado, no somos «liberales» en modo alguno, no trabajamos por el «progreso» ni necesitamos taparnos los oídos para no oír a las sirenas de la plaza pública que hablan del futuro en sus cantos; ¡no nos seducen cuando cantan: «igualdad de derechos», «sociedad libre», «ni amos ni esclavos»! Sencillamente no consideramos deseable que se asiente en este mundo el reino de la justicia y de la concordia (porque sería en todos los sentidos el reino de la mediocridad más profunda y algo similar a la sociedad china), nos regocijamos con todos los que, como nosotros, aman el peligro, la guerra, la aventura (...), nos incluimos entre los conquistadores, reflexionamos sobre la necesidad de una nueva jerarquía y también de una nueva esclavitud, ya que siempre que se fortalece y se eleva el tipo «hombre» se requiere asimismo una nueva forma de esclavitud, ¿no es así?
Nietzsche, 1882
La gaya ciencia,
pág. 250.

¡Hermanos míos en la guerra! (...) Debéis amar la paz como medio para nuevas guerras. Y la paz corta más que la larga. A vosotros no os aconsejo el trabajo, sino la lucha. A vosotros no os aconsejo la paz, sino la victoria (...). Sólo se puede estar callado y tranquilo cuando se tiene una flecha y un arco: de lo contrario, se charla y se disputa. ¡Sea vuestra paz una victoria! ¿Vosotros decís que la buena causa es la que santifica incluso la guerra? Yo os digo: la buena guerra es la que santifica toda causa. La guerra y el valor han hecho más cosas grandes que el amor al prójimo. No vuestra compasión, sino vuestra valentía es la que ha salvado hasta ahora a quienes se hallaban en peligro. «¿Qué es bueno?», preguntáis. Ser valiente es bueno. Dejad que las niñas pequeñas digan: «ser bueno es ser bonito y a la vez conmovedor». (...) Rebelión -ésa es la nobleza en el esclavo. ¡Sea vuestra nobleza obediencia! ¡Vuestro propio mandar sea un obedecer! «Tú debes» le suena a un buen guerrero más agradable que «yo quiero», y a todo lo que os es amado debéis dejarle que primero os mande. (...) ¡Vivid, pues, vuestra vida de obediencia y de guerra! ¡Qué importa vivir mucho tiempo! ¡Qué guerrero quiere ser tratado con indulgencia! 
Nietzsche, 1883-1885
Así habló Zaratustra,
págs. 83-85.

Los juicios de valor caballeresco-aristocráticos tienen como presupuesto una constitución física poderosa y una salud floreciente (...), junto con lo que condiciona el mantenimiento de la misma, es decir, la guerra, las aventuras, la caza, la danza, las peleas (...). La manera noble-sacerdotal de valorar tiene (...) otros presupuestos: ¡las cosas les van mal cuando aparece la guerra! Los sacerdotes son, como es sabido, los enemigos más malvados; ¿por qué?; porque son los más impotentes. A causa de su impotencia el odio crece en ellos hasta convertirse en algo monstruoso y siniestro, en lo más espiritual y al mismo tiempo más venenoso. Los máximos odiadores de la historia universal (...). Tomemos en seguida un ejemplo muy claro: nada de lo que en la tierra se ha hecho contra los nobles, los violentos, los señores, los poderosos, merece ser mencionado si se le compara con lo que los judíos han hecho contra ellos mismos; los judíos, ese pueblo sacerdotal, que no ha sabido tomar satisfacción de sus enemigos y dominadores más que por una radical transvaloración de los valores propios de ellos, es decir, por un acto de la más espiritual venganza. (...) Han sido los judíos los que, con una consecuencia lógica aterradora, se han atrevido a invertir la identificación aristocrática de los valores (bueno-noble-poderoso-bello-feliz-amado de Dios) y han mantenido hasta ahora con los dientes el odio más abismal (...) esa inversión, a saber, "¡los miserables son los buenos; los pobres, los impotentes, los bajos son los únicos buenos; los que sufren, los indigentes, los enfermos, los deformes (...). Y en cambio ustedes, los nobles y violentos, ustedes son, por toda la eternidad, los malvados, los crueles, los lascivos, los insociables, los ateos (...)!". (...) A propósito de la iniciativa monstruosa y desmesuradamente funesta asumida por los judíos con esta declaración de guerra, la más radical de todas, recuerdo la frase que escribí en otra ocasión (Más allá del bien y del mal, pág. 118), a saber, que con los judíos comienza la mortal rebelión de los esclavos (...). Atengámonos a los hechos: el pueblo -o 'los esclavos', o 'la plebe', o 'el rebaño', o como usted quiera llamarlo- ha vencido, y si esto ha ocurrido por medio de los judíos, (...) entonces jamás pueblo alguno tuvo una mayor misión en la historia universal. Los señores están liquidados, la moral vulgar ha vencido. Se puede considerar esta victoria a la vez como un envenenamiento de la sangre (ella ha mezclado las razas entre sí) (...); todo se judaiza, o se cristianiza, o se aplebeya a ojos vistas (...). La marcha de ese envenenamiento a través del cuerpo entero de la humanidad parece incontenible (...).
Nietzsche, 1887
La genealogía de la moral,
págs. 31-36.

¿Qué es bueno? -Todo lo que eleva el sentimiento de poder, la voluntad de poder, el poder mismo en los hombres. ¿Qué es malo? -Todo lo que procede de la debilidad. ¿Qué es felicidad? El sentimiento de que el poder crece, de que una resistencia ha sido superada. No la satisfacción, sino la obtención de más poder; no la paz en general, sino la guerra; no la virtud, sino la excelencia (...). El primer principio de nuestro amor a los hombres: los débiles y los fracasados han de perecer; hay que ayudarles, además, a ello. ¿Qué es más dañino que cualquier tipo de vicio? -Practicar la compasión frente a los fracasados y los débiles -a saber, el cristianismo... (...) En todos los lugares donde declina de algún modo la voluntad de poder, existe también un retroceso fisiológico, un fenómeno de décadence. La divinidad de la décadence, cercenada en sus virtudes e instintos más viriles, se convierte necesariamente (...) en el Dios de los fisiológicamente degenerados, de los débiles. Pero ellos no se llaman a sí mismos los débiles, se llaman los «buenos»... (...) Que las razas fuertes de Europa no rechazaran a este Dios cristiano no es cosa que, a decir verdad, haga honor a sus aptitudes religiosas, por no hablar de su gusto. Tendrían que haber acabado con semejante engendro enfermo y decrépito de la décadence
Nietzsche, 1888
El Anticristo,
págs. 112-138.


Teoría del agotamiento. -El vicio, los enfermos de espíritu (especialmente los artistas...), los criminales, los anarquistas, no pertenecen a las clases oprimidas, sino que son el desecho de todas las clases de la sociedad conocidas hasta ahora... Con el análisis de que todos nuestros estratos sociales han sido permeabilizados por estos elementos, hemos comprendido que la sociedad moderna no es una «sociedad», no es un «cuerpo», sino un conglomerado enfermo de chandalas, una sociedad que ya no tiene fuerzas para la excreción. (...). 
El estado de la corrupción. -Comprender la interconexión de todas las formas de corrupción, y, entre ellas, no olvidar la corrupción cristiana (Pascal como tipo), ni la corrupción socialista-comunista (una consecuencia de la cristiana) -la más alta concepción de la sociedad en los socialistas es, desde el punto de vista de las ciencias físicas y naturales, la más baja en la jerarquía de las sociedades (...). Aquí no puede haber ningún armisticio: hay que eliminar, destruir, hacer la guerra; hay que desenmascarar aún en todas partes la medida cristiano-nihilista de valores y combatirla bajo todos los disfraces en que se esconde..., por ejemplo, en la sociología actual, en la música actual, en el pesimismo actual (...). No es inmoral la Naturaleza cuando no tiene compasión por los degenerados: por el contrario, el crecimiento de los males fisiológicos y morales es la consecuencia de una moral enfermiza y antinatural. (...) No hay solidaridad en una sociedad en la que existen elementos estériles, improductivos y destructores, que, además, tendrán descendientes más degenerados que ellos mismos. (...). 
La valoración con la que se juzgan hoy las diferentes formas de la sociedad es exactamente igual a aquella que concede un valor más alto a la paz que a la guerra; pero este juicio es antibiológico, es, incluso, un aborto de la decadencia de la vida... La vida es una consecuencia de la guerra, la sociedad misma es el medio para la guerra... El señor Herbert Spencer es un decadente como biólogo; lo es también como moralista (¡ve algo digno de admirar en el triunfo del altruismo!). (...) Dificultar esencialmente la selección de la especie y el limpiarla de excrementos, esto se ha conocido hasta ahora como la virtud por excelencia... Hay que honrar a la fatalidad; la fatalidad que dice al débil: «¡perece!» (...). La raza está corrompida, no por sus vicios, sino por su ignorancia (...).
Nietzsche, 1888
La voluntad de poder,
págs. 64-67.



Si estas lecturas directas, y muchas más si se dispone de tiempo, no bastaran por sí solas, tal vez ayude el siguiente análisis de la obra de Nietzsche realizado por José García Caneiro y Francisco Javier Vidarte en Guerra y filosofía: concepciones de la guerra en la historia del pensamiento: "Entre las fuerzas, siempre son preferibles las fuerzas activas y, entre las voluntades, la voluntad afirmativa, a las que Nietzsche llama lo noble, lo aristocrático, lo bueno, lo alto. Las fuerzas activas son superiores y más fuertes, lo que no quiere decir que, históricamente, la conjunción de las fuerzas reactivas y su voluntad de poder negativa no hayan logrado imponerse sobre las primeras. Pero, aunque las fuerzas reactivas, lo más vil y despreciable que hay en el hombre, venzan, no por ello se convierten en activas: el siervo que triunfa no deja de ser siervo, los valores negativos, aunque logren estar vigentes, siguen siendo negativos".

Recurriendo a la etimología, Nietzsche afirma que originariamente, «bueno» significaba poderoso, distinguido, superior, el hombre capaz de dominar, juzgar, el señor; «malo», en cambio, señalaba a aquél que era incapaz de llevar a término su poder, el impotente, el mezquino, el esclavo, el sometido. (...) El señor no necesita del siervo para afirmarse, no establece con él una relación dialéctica de lucha para ser reconocido. No lo necesita, es puro afirmarse a sí mismo. (...) Si aplasta a alguien en su camino, será algo inevitable, ni siquiera lo habrá pretendido, ni querido. El esclavo, en cambio, necesita negar al señor para afirmarse. Él no es afirmación, necesita negar para llegar a ser algo. Como la inmensa fuerza del señor le perjudica, le hace daño y lo somete, invierte los términos y considera que el señor es lo malo y, por tanto, él, el débil, es lo bueno. Ésta es su fuerza reactiva, negativa, nacida del resentimiento, de la necesidad de vengarse. La dialéctica hegeliana, para Nietzsche, es sólo el modo de interpretar la realidad propio de los débiles y oprimidos, es la ideología de los seres vengativos y resentidos. (...). 
A partir de ahora será pues, fundamental, en todo conflicto distinguir si éste ha sido fruto de la agresividad afirmativa de los señores o del resentimiento de los débiles, para llamar bueno a quien realmente es bueno y malo a quien realmente es malo. La moral judeo-cristiana ha invertido esta jerarquía en su moral, llamando malo al poderoso y fuerte, haciéndole sentirse culpable y lleno de mala conciencia, y bueno al pusilánime y pobre de espíritu; llamando virtud no a la fuerza y al poder sino al autocontrol, la contrición, la renuncia y el ascetismo. 
José García Caneiro y Francisco Javier Vidarte
Guerra y filosofía, 2002
Editorial Tirant lo Blanch, Valencia, págs. 114-115. 

6 de enero de 2016

Sección Femenina

Misoginia e hipocresía cristiana durante el franquismo




Fragmentos del libro de investigación La Sección Femenina (1999, Editorial EDAF), de Luis Otero:

No hay que ser nunca una niña empachada de libros, que no sabe hablar de otra cosa…; no hay que ser una intelectual. (Sección Femenina, El libro de las Margaritas, 1940).
La verdadera misión de la mujer es crear hombres valerosos. (Medina, revista de la Sección Femenina, 1 de mayo de 1941). 
La verdadera misión de la mujer es dar hijos a la Patria. Y ésta es, por lo tanto, su suprema aspiración. Y dentro del nacionalsindicalismo, sigue siendo más que nunca su misión ser continuadora de la raza, de los caminos que abrieron aquellas mujeres que se llamaron Isabel de Castilla y Teresa de Jesús (…). (Medina, 12 de julio de 1942).
La vida de toda mujer, a pesar de cuanto ella quiera simular –o disimular- no es más que un eterno deseo de encontrar a quien someterse. La dependencia voluntaria, la ofrenda de todos los minutos, de todos los deseos y las ilusiones, es el estado más hermoso, porque es la absorción de todos los malos gérmenes –vanidad, egoísmo, frivolidades- por el amor. (Medina, 13 de agosto de 1944).
La mujer sensual tiene los ojos hundidos, las mejillas descoloridas, transparentes las orejas, apuntada la barbilla, seca la boca, sudorosas las manos, quebrado el talle, inseguro el paso y triste todo su ser. Espiritualmente, el entendimiento se oscurece, se hace tardo a la reflexión; la voluntad pierde el dominio de sus actos y es como una barquilla a merced de las olas; la memoria se entumece. Sólo la imaginación permanece activa, para su daño, con la representación de imágenes lascivas, que la llenan totalmente. De la mujer sensual no se ha de esperar trabajo serio, idea grave, labor fecunda, sentimiento limpio, ternura acogedora. (Padre García Figar en Medina, 12 de agosto 1945).

Cada uno tiene su manera de servir dentro de la Falange, y lo propio de la Sección Femenina es el servicio en silencio, la labor abnegada, sin prestancia exterior, pero profunda. Como es el temperamento de las mujeres: abnegación y silencio. Como es la Falange. (Medina, 16 de diciembre de 1945).

-¿Cómo sirven los hombres?
-Con las ideas, el valor, las conquistas y llevando la dirección de la Política.
-¿Y las mujeres?
-Preparándose para fundar familias donde se formen las nuevas generaciones. (Sección Femenina, Enciclopedia elemental, 1957).

En el orden religioso, ¿cómo forma la Sección Femenina a sus afiliadas mayores y pequeñas?
-A base de una sumisión respetuosa y amorosa a la jerarquía, cuyas direcciones y consejos serán sagrados para ellas. (Enciclopedia elemental, 1957).
A través de toda la vida, la misión de la mujer es servir. Cuando Dios hizo el primer hombre, pensó: «No es bueno que el hombre esté solo». Y formó a la mujer, para su ayuda y compañía, y para que sirviera de madre. La primera idea de Dios fue «el hombre». Pensó en la mujer después, como un complemento necesario, esto es, como algo útil. (Sección Femenina, Formación Político-Social, primer curso de Bachillerato, 1962).
Sabes que existen los vicios, que existen las pasiones, que existen los amores prohibidos; pero todo, todo ello, es lo más triste, feo y pecaminoso de la humanidad. Todo ello está reñido con tu anhelo de perfección, de limpieza moral; todo ello está reñido con tus ilusiones. (Sección Femenina, Economía doméstica, para Bachillerato, Comercio y Magisterio, 1968).
Las Juventudes de la Sección Femenina son una Organización que dentro de dicha Sección Femenina encuadra y forma a todas las niñas menores de diecisiete años. (…) Para ello, la Sección Femenina quiere que todas sus afiliadas sean veraces, alegres, religiosas, honestas y nobles; que no anide en ellas la pereza, envidia o maledicencia y que estén siempre dispuestas al servicio y, si fuera preciso, al sacrificio. (Antonio Álvarez, Enciclopedia, 2º grado, 142 edición, 1971).

PD. En opinión de María del Prado Esteban, el feminismo actual es "el continuador de la experiencia de la Sección Femenina de Falange al que se le añade el pensamiento nazi creado por Valerie Solanas fundado en el supremacismo feminista", pero lo cierto, en mi opinón, es que podemos encontrar un mayor grado de tradicionalismo y moralismo en la obra intelectual de Félix Rodrigo Mora (de la que Prado es seguidora y colaboradora) que en todas las leyes estatales contra la violencia machista. En cualquier caso, que cada cual compare ambas épocas y juzgue el sentido de la proporcionalidad de esa afirmación.