31 de agosto de 2014

El pesimismo puede reducir la aflicción


El pesimismo bien utilizado reduce el sufrimiento y la frustración, nos hace personas más realistas y no promueve necesariamente la inacción o la indiferencia (¡o eso prefiero creer!). Con el auge de los medios de tele-comunicación, el número de noticias, imágenes y vídeos que nos hacen sufrir a diario y a distancia han aumentado considerablemente, y sin embargo nuestro cerebro es el mismo de siempre. Antes sufríamos cuando alguien a nuestro lado sufría y, salvo casos contados, podíamos ayudarle o bien a salir de su problema o bien a acompañarle en sus últimos días si la muerte era inevitable. Esto fue así durante el 99% de nuestra historia. Hoy en día, sin embargo, a ese sufrimiento ancestral -hasta cierto punto compensado por el alivio de haber podido ayudar- hay que sumarle el sufrimiento que experimentamos todos los días a través de los medios de comunicación de masas sin apenas compensación alguna, pues por mucho que hagamos, donemos, critiquemos o nos quejemos delante de la pantalla las bombas seguirán cayendo y a cada cerdo le seguirá llegando su San Martín. Por lo tanto, es legítimo preguntarse si nuestra mente está preparada para ese nuevo cambio, para esa nueva impotencia, y si lo está, cabe saber qué podemos hacer para que lo afronte con la mayor serenidad posible sin renunciar al mismo tiempo a nuestra compasión y vocación de ayudar. 


Si a una persona, por ejemplo, lo que más le preocupa en el mundo es el hambre crónica, tragedia humana que por su novedad evolutiva muchos todavía no sabemos cómo encajar, yo le recomendaría que hiciese algo concreto para ayudar a personas concretas, no limitándose a firmar manifiestos por Internet que se cobran un alto precio en alienación; que se centrase más en lo que puede hacer por ellas y no tanto en criticar la incapacidad del mundo y de la política a la hora de solucionar el problema del hambre, pues el mundo y la política son entidades tan grandes que siempre escaparán a nuestro control directo como individuos y por lo tanto tenderán a agravar nuestra frustración al ver que, siglo tras siglo, no cumplen sus promesas. Se dice que el hambre es un problema de distribución, no de producción, puesto que hay comida de sobra en el mundo, dando a entender que lo más difícil ya se ha conseguido, pero justamente la distribución es el verdadero problema, siempre lo ha sido, sobre todo en un mundo tan amplio y, por ende, dividido como el nuestro. La historia y el pesimismo bien dirigido, o macropesimismo -pesimismo en lo grande-, nos ayudan a entender que el mal total no solo no desaparece sino que aumenta con el tiempo (de hecho, se prevé que en algún momento de este siglo el hambre afecte a un número mucho mayor de personas), pero el mal concreto, para el que ha evolucionado especialmente nuestro cerebro, está en nuestra mano y por lo tanto no tiene por qué aumentar. 

Lo mismo cabe decir si lo que más nos preocupa es el cambio climático, las guerras, el pico del petróleo, la pérdida de biodiversidad, la exclusión social, la esclavitud animal, la dominación de unos sobre otros o todo a la vez. Pongámonos metas difíciles que nos hagan superarnos a nosotros mismos y nos encaminen en la dirección que deseamos, pero no tan difíciles que resulten irrealizables y nos hundan en la apatía, o peor aún, en la depresión. En mi caso, desde hace un par de años me he propuesto la meta de ir a la raíz común de todos esos problemas, de ahí que dedique la mayor parte de mi tiempo a analizar sus causas últimas (la civilización, por ejemplo) y a poner mis escritos a vuestra disposición, por si os sirven de ayuda a la vez que me sirven a mí para seguir evolucionando, porque considero que una buena práctica a largo plazo solo es posible partiendo de una buena teoría, pero entiendo que haya personas que se centren en aspectos más urgentes y prácticos de la realidad, como participar en un movimiento social contra los desahucios, colaborar con una ONG, plantar huertos en su comunidad o ser voluntario en una ecoaldea. Supongo que ambos tipos de aproximación al cambio, complementarios hasta cierto punto, son igual de valiosos y que el hacer hincapié en uno u otro dependerá en última instancia de nuestras distintas circunstancias e inquietudes personales. Las ONG y demás organizaciones no son la solución a largo plazo, ya que por definición son parches que el Sistema se pone a sí mismo y no modelos de convivencia a seguir, al dividir a las personas y a sus comunidades de origen en proyectos y causas diferentes, pero a nivel individual sin duda sirven como mecanismos de compensación para muchas personas especialmente empáticas que no podrían ponerse a escribir un libro mientras otras aún no pueden ni jugar.

Mi propia estrategia de compensación es como el viejo lema aquel de piensa globalmente, actúa localmente (a nivel interior, a nivel familiar y a ser posible también a nivel comunitario), de dentro hacia afuera, pero comprendo que haya personas fuertemente implicadas ayudando fuera de sus localidades e incluso de sus países de origen, ayudando a que otras personas puedan por lo menos comer o soportar mejor la enfermedad. Lo único que les recomiendo a todas ellas, elijan lo que elijan, es que pongan sus esperanzas donde no se las pueda llevar el viento. Esperar está bien cuando las expectativas se basan en un análisis realista de los acontecimientos, porque de lo contrario, quien mal espera, tarde o temprano desespera. Lo digo por experiencia :P

28 de agosto de 2014

Un verano atípico

El ángel del hogar (1937) de Max Ernst

Por lo menos en España, este verano ha empezado inusualmente más tarde (empezando casi "de golpe" en Alicante, como si intentase recuperar el tiempo perdido) y puede que también acabe más tarde (*), ha sido más lluvioso e inestable, sobre todo en la mitad norte de la península, menos ventoso en Galicia y más en Málaga, y sin duda seguirá siendo uno de los más calurosos de los últimos siglos, aunque no el más caluroso a escala nacional. A escala global, en cambio, los meses de mayo y junio de este año han sido los más calurosos por lo menos desde que se tiene registro (1880), y probablemente desde hace miles de años. Quien se esté preguntando qué clima nos depara el futuro (con una probabilidad de acierto, a mi juicio, superior al 75%), en esta otra entrada más detallada puede saciar parte de su curiosidad. 

(*) Al menos en el municipio de Alicante, según mi propia experiencia (por definición, menos contrastada que la información aportada en el párrafo anterior) no es habitual que durante las madrugadas de los últimos días de agosto (días 28, 29, 30 y 31) y los primeros de septiembre (días 1, 2 y 3) se sigan alcanzando los 25-26 ºC en el centro urbano, como de hecho está ocurriendo, a horas tan nocturnas como las 05:00 de la mañana, y unas mínimas al amanecer de 24 ºC a lo sumo (la temperatura mínima media de los últimos treinta años en agosto, según el Observatorio de Ciudad Jardín situado en la periferia de la ciudad y por esa razón alrededor de 1 ºC más baja, ha sido de 21 ºC, aunque es posible que nos diese un resultado menor de 20 ºC si la media se calculase únicamente sumando las mínimas de la última semana de cada agosto), lo cual, sumado al escaso viento y a una humedad superior al 80% durante la noche, hace que la sensación térmica sea de unos 27-28 ºC. Hecho que, de seguir confirmándose en los próximos años, en realidad era de esperar. Además, no por casualidad el verano anterior ya me pareció más largo que los precedentes, con un septiembre y un octubre tan suaves que la camiseta seguía sobrando la mayor parte del día hasta bien entrado el otoño. Si mis recuerdos de infancia y adolescencia no me engañan -así como los de mi hermano y los de mi abuela-, a mediados de agosto de finales de los noventa ya empezaba a refrescar por la tarde en la playa, sobre todo si te mojabas y no te secabas a conciencia, cosa que últimamente no ocurre. Ahora, por lo general, se puede estar incluso de madrugada sin pasar frío.

Al parecer, los días de temperaturas medias y altas se estarían incrementando tanto por un lado (adelantándose la primavera) como por el otro (retrasándose el verano, aparte del retraso habitual que ejercen las llamadas islas de calor), de modo que las diferencias estacionales se estarían reduciendo. Otro indicador del cambio climático a nivel local, si bien algo subjetivo por ahora a falta de más datos, sería la reducción de los días de lluvia, al menos en Alicante (en Texas ya es un hecho). Parece que cada vez llueve menos en el sureste de la penínusla, impresión que coincidiría con los últimos escenarios proyectados por los climatólogos. Esta última primavera y el otoño del año anterior (las estaciones más «lluviosas» en Alicante) han sido especialmente secos, lo que hace prever fuertes pérdidas en las cosechas así como nuevas e incluso peores olas de calor como la vivida en Europa en 2003. El dicho «el tiempo está loco» ha pasado de ser un simple dicho aislado a ser una realidad constante.

27 de agosto de 2014

¿Soy anarcoprimitivista?

Como casi todos los filósofos, desconfío de los “ismos”; dicen a la vez poco y demasiado. Pero no veo por qué no se puede usar un vocablo terminado en “ismo” siempre que no se crea estar con ello al cabo de la calle.
José Ferrater Mora, 1962.
No me gustaban los clérigos comunistas, entonces me hice trotskista. Lo que pasa que luego, cuando estuve entre los trotskistas, tampoco me gustaba la unanimidad clerical de los trotskistas, y terminé siendo anarquista [...]. Ya en España encontré muchos anarquistas y empecé a dejar de ser anarquista. La unanimidad me jode muchísimo.


La alegría de vivir (1905) de Henri Matisse

Antes de continuar con "Los 10 mandamientos del anarcoprimitivismo", título más provocador que otra cosa, me gustaría hacer tres anotaciones al margen:
  1. Que el uso de la palabra «mandamiento» es más un uso retórico que literal. Los distintos mandatos éticos, si bien pretenden ser universales, incluido este, deben ser en última instancia co-creados, aceptados e interiorizados por la propia persona, siendo ilegítimo cualquier tipo de coacción intelectual. 
  2. Que, a pesar de compartir muchos de sus argumentos, no me declaro necesariamente anarcoprimitivista, del mismo modo que no me declaro anarquista, ecologista o feminista, ni filósofo, escritor o crítico social, aunque si alguien necesitara preguntármelo para aclarar sus dudas, de buen gusto le respondería si soy esto o lo otro y en qué medida lo soy. No obstante, el verbo «ser» puede llevar a equívocos al transmitir la idea de inmutabilidad y atemporalidad, cuando lo cierto es que somos algo (ej. virtuosos, egoístas, sabios, ignorantes, etc.) solo en cierta medida y no en todo momento. En lugar de decir «soy una buena persona», tal vez sea preferible decir «abogo por la bondad», «hago cosas buenas» o «trato de ser una buena persona». Por otro lado, el abuso de los nombres para definirnos a nosotros mismos tiende a obstaculizar nuestra libertad de conciencia. Los nombres son útiles cuando sirven temporalmente para clarificar nuestro pensamiento y formarnos una identidad propia, así como para verbalizar y clasificar aproximadamente el pensamiento de los demás, pero son peligrosos cuando sirven para separar, enfrentar y encerrar a las personas detrás de muros conceptuales -como ocurre con las banderas, su plasmación material-, corriendo el riesgo de caer en el complejo de superioridad moral -hay ideas superiores a otras, incluso puede que personas, pero ¿quién osará incluirse en esa lista?-, así como el riesgo de ver ideas con piernas antes que personas con ideas, origen de todas las cazas de brujas de la historia. Las ideas deben estar al servicio de las personas, no las personas al servicio de las ideas (valga la contradicción, pues esto también es una idea, je...). Además, es difícil estar a la altura de un nombre, pues siempre habrá quienes no nos consideren anarquistas (o ludditas, ateos, demócratas, intelectuales, etc.) «de verdad».  
  3. Que no hablo en nombre del anarcoprimitivismo de Wikipedia ni de ningún anarcoprimitivista de renombre. De hecho hasta ahora no he citado a ninguno. El objetivo de mis últimos escritos es contribuir desinteresadamente (si es eso posible) a la mejora de la teoría anarcoprimitivista, que considero una parte importante para entender y transformar la realidad, pero siempre a título estrictamente personal, guardando las distancias con los colectivos afines y sin dejar de lado mi interés por otras materias de estudio o de no estudio, pues aunque es cierto que una vida sin examen no es una vida plena, parafraseando a Sócrates, la razón, la virtud y el estudio no lo son todo en la vida. Hoy por hoy pienso que la vida buena no debe ser ni demasiado estoica ni demasiado hedonista, ni demasiado idealista ni demasiado materialista, ni demasiado racional ni demasiado pasional. Muchas veces en el término medio está la salvación :P 

25 de agosto de 2014

Los 10 mandamientos del anarcoprimitivismo (V)

o por qué el Estado de Israel no es el único problema


No trabajarás para otros

Pone Dios el ejemplo de un siervo esclavo que no tiene poder sobre nada y otro a quien Nosotros hemos provisto de un buen sustento y que reparte de ello secreta y abiertamente. ¿Son iguales?... Y pone Dios el ejemplo de dos hombres, uno de ellos es mudo de nacimiento y no tiene poder sobre nada y es una carga para su amo... ¿Serán iguales él y quien ordena la justicia y está sobre un camino recto? 
Sura 16:75-76, Corán. 

A finales del neolítico, la división social del trabajo no reflexionada colectivamente promovió la estratificación económica y una mayor jerarquía social que la experimentada hasta entonces por las sociedades de jefatura, lo que a su vez impulsó la urbanización, la concentración de capital y la aparición del Estado nacional-religioso como aparato burocrático encargado de organizar la sociedad en clases sociales desiguales y, por esa razón, enfrentadas entre sí. Dicho de otro modo, el Estado, el capitalismo y la propiedad privada nacen grosso modo en la Edad del Bronce, cuando un grupo de personas armadas impide a un grupo más amplio de ellas el acceso autónomo a la tierra –fuente primaria de abastecimiento y libertad- en una determinada región, ya sea por causas ideológicas, demográficas, ecológicas o todas a la vez. Es decir, esas y otras instituciones sociales nacen cuando las personas ya no trabajan solamente con otras personas sino sobre todo para otras personas a cambio de un salario (primero en especie y después en dinero), de ahí en adelante único o principal medio para obtener los bienes y servicios que el Estado y el Capital monopolizan y redistribuyen, en especial para los habitantes cada vez más especializados de las ciudades, que al principio representaban menos del 10% de la población y cinco milenios después representan más del 80% en muchos países, pasando gradualmente de la independencia a la dependencia económica, de la autarquía relativa a la «economía», de la guerra esporádica a la guerra más o menos constante.
Aunque en algunas ocasiones se ha sugerido que el nacimiento de los primeros estados no guarda forzosamente relación con la propiedad de los medios de producción, sobre los que se ejercería más bien un control de tipo abstracto (...), lo cierto es que la base económica de los estados teocráticos sumerios resulta bastante clara y estaba apoyada en buena medida sobre una posesión efectiva de los recursos. Así, mientras que algunas tierras continuaron siendo propiedad de tipo familiar en el seno de las comunidades rurales (aldeas) que ahora eran tributarias de la ciudad, o más bien de sus «grandes organizaciones», palacio y templo, otras pasaron directamente al templo y luego al palacio, que tendían, por otra parte, a aumentar sus posesiones mediante la adquisición y colonización de más tierras.
Carlos G. Wagner, 1993.
Precisamente Eugene Genovese definió el capitalismo -cuya existencia, recordemos, no es posible sin un Estado que lo proteja, al igual que este no es posible sin un comercio que lo alimente- como "el modo de producción caracterizado por la existencia de trabajo asalariado y de una separación de fuerza de trabajo y medios de producción", es decir, la separación de la tierra por un lado (medio de producción indispensable), que generalmente no es nuestra, y lo que hacemos sobre esa tierra por el otro (ej. cerámica, cultivos), cuyo resultado final (ej. vasijas, cosechas) generalmente tampoco es nuestro sino de los sacerdotes, de la realeza y de los comerciantes. Estos últimos ya en tiempos de los sumerios "disfrutaban de mucha más independencia y libertad que los artesanos", al decir de Jeremy Rifkin, basándose en la obra de Wittfogel. De hecho, "aunque se esperaba que estuvieran a las órdenes de la familia real, se les permitía comerciar por su cuenta. Los comerciantes de Sumeria se convirtieron en los primeros empresarios privados de la historia dedicados al comercio a gran escala. Muchos de ellos amasaron grandes fortunas".


El anticapitalismo presente en el movimiento altermundista y en la mayor parte de la izquierda política e intelectual de nuestros días, basado en parte en la obra de no pocos historiadores progresistas, habla de un «capitalismo salvaje» o neoliberalismo cuyo origen se remontaría a los dos últimos siglos de este milenio que acabamos de dejar, de modo que las causas últimas de nuestros males no habría que buscarlas en la Edad Antigua, bastaría con que nos detuviéramos en la Edad Moderna. Sin embargo, decía Goethe que "el que no sepa dar cuenta de al menos tres mil años está condenado a la miopía del día a día", y decía bien. Sin duda el capitalismo se fue haciendo más complejo y fue adquiriendo nuevas formas con el paso del tiempo, especialmente a partir de la Revolución Industrial y del consiguiente consumo masivo de energía mediante la comercialización de los combustibles fósiles, lo cual impulsó más que nunca el éxodo rural, pero todo parece indicar que sus raíces institucionales se remontan hasta la revolución urbana y, en menor medida, hasta la revolución neolítica. No por casualidad el marxismo, en gran medida heredero intelectual de las primeras religiones estatales, considera estos últimos milenios no como una involución social sino como un progreso "en la creciente emancipación del hombre con respecto a la naturaleza y en su creciente control sobre ésta", en palabras del historiador marxista Eric Hobsbawm. La idea de progreso no estaba presente desde el principio, pero sí la idea de dominación o domesticación de la naturaleza, incluido el dominio sobre los humanos y otros animales (esto da para otro «mandamiento»). Más tarde, con la aparición de las religiones monoteístas, la fe en el progreso o en un futuro mejor -en este o en el otro mundo- y la ideología de la dominación tendieron a reforzarse mutuamente hasta nuestros días. De hecho, "para Marx el progreso es algo objetivamente definible, y que al mismo tiempo apunta hacia lo deseable. La fuerza de la creencia marxista en el triunfo del libre desarrollo de todos los hombres depende no del vigor de la esperanza de Marx respecto de éste, sino en la supuesta justeza del análisis según el cual el desarrollo histórico conduce a la humanidad, en efecto, a esa meta". Si la historia va en dirección a lo deseable, si todo marcha más o menos según lo previsto, ¿por qué habríamos de ser tan críticos con ella?

El hombre controlador del universo (1933) de Diego Rivera

Volviendo a lo anterior, dicha separación, alienación o esclavitud salarial siempre impuesta a través de la violencia propietarista y capitalista, activa primero y estructural después, es el primer paso hacia la desigualdad económica, que a su vez es convertida en desigualdad política. Y cuando eso ocurre, como viene sucediendo desde las antiguas guerras mesopotámicas hasta las recientes guerras de Oriente Próximo, la guerra de nuestros amos se convierte también en nuestra guerra, pues casi nadie muerde la mano que le da de comer. Si nuestros «soberanos» deciden invadir Palestina en busca de más tierras, nosotros les seguimos. Si desalojan ciudades enteras, nosotros las repoblamos (hecho que los israelíes celebran con orgullo y los palestinos con pena el 14 y el 15 de mayo respectivamente). Si dicen que el mundo ya no es seguro para nosotros, corremos inseguros a sus pies, con el consiguiente peligro de pasar de víctimas a verdugos. Si crean un nuevo credo nacionalista, lo abrazamos, cómplices en cualquier caso de la violencia contra los palestinos y palestinas. 

¿Qué se puede hacer? Para los judíos, una alternativa realista al Estado israelí sería el kibutz no sionista con vocación de autonomía e integración, tanto en tierras palestinas como no palestinas, puesto que el kibutz actual es muy heterónomo. Según Mario Bunge, los kibutz finalmente “degeneraron en empresas comerciales, sus miembros comercializaban lo producido por trabajadores árabes contratados y dejaron de vivir juntos. Hacia 1990, los kibutz habían abandonado los ideales igualitarios y las normas democráticas de los pioneros para convertirse en compañías capitalistas corrientes”. Sin embargo, como dice Rosenberg, no hay duda de que tiempo atrás fueron uno de los modelos más exitosos “de planificación intencional (…) bajo los principios de igualdad y ayuda mutua”. El retorno a la vida que se hacía en los kibutz dependerá de muchos factores tanto internos como externos, pero creo no equivocarme si digo que ese es el camino a seguir, sin prisa pero sin pausa, no solo como alternativa al Estado de Israel sino como alternativa a todos los Estados, por innumerables que sean los obstáculos y por reducidos que puedan llegar a ser los frutos.
El kibutz aventaja ampliamente a la ciudad en los siguientes aspectos: una inferior preocupación económica personal, superior calidad en la educación de niños y adolescentes, superior disponibilidad de tiempo libre, y superior actividad cultural; estas percepciones las comparten con el mismo juicio hombres y mujeres. (…) En cuanto a las desventajas del kibutz frente a la ciudad, hombres y mujeres coinciden por igual en señalar los campos de la libertad individual, en un menor grado, y el de la privacidad, en un mayor grado, como aquellos donde el kibutz queda en posición más desfavorecida.
 Leonardo Rosenberg, 1990. 


Referencias bibliográficas (libros):
  • Bunge, Mario. 2009. Filosofía política: solidaridad, cooperación y Democracia Integral, Editorial Gedisa, Barcelona, pág. 502.
  • Genovese, Eugene. 1969. Esclavitud y capitalismo, Editorial Ariel, Barcelona, 1971, pág. 35.
  • González Bórnez, Raúl. 2008. Corán (edición comentada), Centro de traducciones del Sagrado Corán. 
  • Rifkin, Jeremy. 2010. La civilización empática: la carrera hacia una conciencia global en un mundo en crisis, Paidós, Barcelona, pág. 193.
  • Rosenberg, Leonardo. 1990. El kibutz: historia, realidad y cambio, Riopiedras Ediciones, Barcelona, págs. 383-401.

22 de agosto de 2014

Autocrítica


¿Es posible la existencia de un blog macropesimista, vale decir, centrado en aquellos aspectos negativos de la sociedad que podemos analizar pero apenas cambiar, y al mismo tiempo microoptimista, es decir, que dé cabida asimismo a aquellos aspectos de nuestras vidas individuales que por el contrario sí podemos y debemos potenciar, desde el simple acto de hablar entre notrosos con alegría y generosidad hasta practicar y proponer modos de vida alternativos? Sin duda es posible, o tiene que serlo, aunque no sea lo más habitual. Véanse si no algunos de los blogs de mi barra lateral, o este mismo, sin ir más lejos. ¿Todo ese pesimismo racional es inevitable, lo normal si tenemos en cuenta el pésimo estado del mundo, parafraseando a Saramago, o es también el resultado personal de haber perdido o, cuando menos, de no haber sabido reflejar en nuestros escritos la alegría de vivir y la inocencia de cuando éramos pequeños? ¿Cuántos autores o lectores de blogs como este estarán padeciendo o habrán padecido recientemente algún cuadro moderado de depresión y/o ansiedad, habitual ya en dos de cada diez personas, en parte como consecuencia de nuestro pesimismo mal dirigido?

El pesimismo mal dirigido (o micropesimismo, esto es, la pérdida de esperanza e ilusión en nosotros mismos, en lo pequeño y cotidiano) puede ser tan pernicioso como el optimismo mal dirigido (o macrooptimismo, es decir, seguir esperándolo casi todo de aquellas personas e instituciones que por sus roles sociales y tamaño solo pueden agravar la situación). ¿Hasta qué punto un escritor o una escritora son responsables del estado de quietud e inquietud que puedan estar causando en sus lectores? Tal vez sea posible ser una persona activa y optimista en la «vida real» y pesimista en la vida virtual, pero ¿no estarán los blogs como este, generalmente administrados por hombres solteros de mediana edad, sobrerrepresentando el lado pasivo y analítico de la vida en detrimento de su lado proactivo y sintético, y por lo tanto conduciendo a algunos de nuestros congéneres a un grado cada vez más alto de alienación e infelicidad? Ojalá me equivoque («cree el ladrón que todos son de su condición»), pero por si acaso, valga este post, al menos en la intención, para sacar a la luz los posibles sesgos de un servidor, los cuales podrían estar ocultándonos otros enfoques complementarios, así como para ir construyendo poco a poco un blog más realista en todos los sentidos, con los mismos intereses que hasta ahora pero sin olvidar que todo esto no son más que palabras y que lo que de verdad importa somos tú, yo, nuestros allegados y los que áun están por llegar. Las ideas no son un fin en sí mismas.

El precio que pagamos por asumir los poderes de la tecnología es la alienación, un peaje que puede salirnos particularmente caro en el caso de nuestras tecnologías intelectuales. 
Nicholas Carr, 2010 (vía). 

19 de agosto de 2014

Los 10 mandamientos del anarcoprimitivismo (IV)

o por qué el Estado de Israel no es el único problema


Cuestionarás tus creencias

La construcción de la Torre de Babel (1563) de Pieter Bruegel el Viejo

La mayoría de los dirigentes occidentales dirán que no hay conexión directa entre la fe musulmana y el «terrorismo». Pero, es evidente que los musulmanes odian a Occidente en los términos que dicta su fe y que el Corán ordena que sientan ese odio. Los musulmanes «moderados» suelen decir que el Corán no ordena nada de eso y que el islam es «una religión pacífica». Basta leer el Corán para ver que no es cierto... El Corán instruye a los fieles en casi cada página a despreciar a los no creyentes. En casi cada página prepara el terreno para el conflicto religioso. 

Sam Harris, 2007.

Según Harris, alrededor de un 82% de los libaneses y un 65% de los jordanos, países que limitan al sur y al oeste con Israel respectivamente, piensan que las "bombas suicidas en defensa del islam (...) son justificables alguna vez". No obstante, y a pesar de esos datos tan poco optimistas, un libro o unas creencias, como todo lo que hacemos y pensamos, dependen también de su entorno. Si el ambiente es bueno, hasta las enseñanzas más equívocas y peligrosas tienden a desoírse. En ese sentido, los libros como el Corán son mucho más perniciosos allí donde las condiciones socioeconómicas de quienes los leen son peores, condiciones que generalmente les imponemos nosotros -algunos más directamente que otros- desde nuestros países «desarrollados», capitalistas y por ende imperialistas. Es decir, el odio a Occidente no se debe únicamente, ni tal vez primeramente, al Corán. Sería un grave error, llevados por cierto reduccionismo ateo y espíritu progresista, no tener también eso en cuenta. "Palabras como «Dios» y «Alá» deben seguir el camino de «Apolo» y «Baal», o acabarán con nuestro mundo", dice Harris no sin exagerar. Que el fundamentalismo religioso pueda llegar a ser muy problemático no lo convierte necesariamente en el mayor problema del mundo, y mucho menos en el problema que acabe con nuestra sociedad, al menos no si lo comparamos con el progresismo, la tecnolatría, el cientificismo, el capitalismo o la estatolatría, ideologías que se materializan a su vez en asuntos tan problemáticos o más como los reactores nucleares, el cambio climático, el agotamiento de los recursos, la pérdida de biodiversidad y la alienación moderna a todos los niveles (respecto a la naturaleza, al trabajo, a las relaciones personales, etc.). 

Sin embargo, el propio Harris acierta parcialmente cuando afirma que "el cristianismo y el judaísmo pueden compartir la misma actitud intolerante" que el islam, "pero han pasado algunos siglos desde que se comportaron así". ¿Y eso por qué, cabría preguntarse? En parte debido a las diferencias que existen entre sus respectivos libros sagrados, seguramente, pero en parte también, pienso yo, porque el dominio económico y tecnológico de Occidente sobre un número cada vez más alto de países vecinos es tan claro en nuestros días que a los occidentales ya no les son necesarias las viejas excusas religiosas para ampliar o conservar dicho dominio. Ahora es más frecuente apelar al Progreso, a la Razón, a la Nación, a la Democracia o incluso a la Libertad que a la voluntad de Dios para dominar a los demás. Como dice la física y activista Vandana Shiva, “la privatización de los bienes y los servicios públicos, así como la mercantilización de los sistemas de sustento vital de las personas pobres, son un doble robo que desprovee a las personas de seguridad económica y cultural. Millones de ellas, privadas de una vida y una identidad seguras, se ven impulsadas a integrarse en movimientos extremistas, terroristas y fundamentalistas”.


El devenir de la historia parece indicar que el terrorismo, tanto el que proviene del Estado (ej. Likud) como el que se dirige contra el Estado (ej. Hamás), tiende a ser mayor allí donde la concentración de poder, la pérdida de libertad y la desigualdad económica son mayores. En otras palabras, tiende a ser mayor cada día que pasa. Por lo tanto, cuanto mayor sea la opresión occidental en general y la israelí en particular, más fuerte se volverá el fundamentalismo islámico en general y el de Hamás en particular (acrónimo de Movimiento de Resistencia Islámico). Cuanto mayor sea la defensa y expansión del Estado judío en tierras palestinas, mayor será el deseo de los palestinos de reemplazarlo por un Estado islámico. Choque de religiones y, al mismo tiempo, choque de nacionalismos.

Todo nacionalismo defensivo, como lo llama el físico y filósofo Mario Bunge, acaba convirtiéndose en nacionalismo ofensivo. Este autor, sin embargo, no cree que esto sea necesariamente así en todos los casos. Según él, "los analistas clásicos del nacionalismo" como Ernest Gellner "están profundamente equivocados, porque no distinguen entre los nacionalismos de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo, ni entre el defensivo y el agresivo". De hecho, a su entender "el nacionalismo ha sido una importante" y en parte beneficiosa "fuerza política por lo menos desde la Revolución estadounidense". No obstante, mientras que Bunge piensa que puede existir un nacionalismo bueno que no llegue a pervertirse, yo creo que ningún nacionalismo empieza siendo bueno y que muchos acaban siendo más perniciosos que al principio, entre otras razones porque un supuesto nacionalismo "de abajo hacia arriba" sigue basándose en una filosofía política vertical, y por tanto en jerarquías y privilegios. Él mismo nos habla de dos nacionalismos que con el tiempo y con el viento a su favor han terminado siendo muy agresivos:
Estos estudios clásicos tampoco explican las transformaciones del nacionalismo, tales como el cambio del nacionalismo de Estados Unidos de 1776 al nacionalismo agresivo (imperialsimo) de los siguientes doscientos años. (...) Solo los nacionalistas judíos han defendido su supervivencia misma, hasta que empezaron a robar tierras y agua a los palestinos, además de practicar el terrorismo de Estado contra estos.
Mario Bunge, 2009.
¿Acaso el nacionalismo defensivo estadounidense de 1776 no era heredero directo del nacionalismo agresivo o imperialismo que los ingleses habían llevado a cabo previamente en el este de Norteamérica, lo mismo que en el caso de Israel? Así pues, ¿por qué las ideologías nacional-religiosas suelen acabar trayéndonos muchas menos bondades de las que prometían? Según cierta hipótesis que no descarto, conforme aumentaron el número y la complejidad de las creencias en general, especialmente durante los últimos milenios de la prehistoria, se complejificaron las ideas religiosas y metafísicas en particular, desde el animismo hasta el dualismo más extremo, lo que con la aparición de la escritura y sin una regulación adecuada tendió a la abstracción e introspección excesivas, a alienar al ser humano de la naturaleza, a culturizar en exceso la vida, a diferenciar cada vez más entre lo interior y lo exterior. Dicha separación, mental e institucional al mismo tiempo, facilitó la cosificación y dominación tanto de la naturaleza como de los animales humanos y no humanos que la habitan, causa y consecuencia de las religiones organizadas y de los nacionalismos. Por ejemplo, los judíos jaredíes, al menos algunos de ellos, afirman explícitamente que ser judío es “luchar contra la naturaleza”, incluida la “naturaleza humana”. No por casualidad se puede leer en el Génesis aquello de "henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra".
La conexión entre la aparición de la escritura, su papel facilitador de la introspección y la aparición de las grandes religiones no pasa desapercibida para Ong: "La escritura hace posible las grandes tradiciones religiosas introspectivas, como el budismo, el judaísmo, el cristianismo y el islamismo. Todas ellas tienen textos sagrados".
Jeremy Rifkin, 2010.
No obstante, si bien es cierto que judaísmo y sionismo (un tipo de nacionalismo especialmente virulento) suelen ir juntos en la actualidad –prueba de ello es que “un 68 por 100 de los judíos israelíes expresó su deseo” de que trasladaran a los árabes israelíes fuera de Israel (Pappé, 2006)-, no todos los judíos, ya sean seculares, ortodoxos o ultraortodoxos, son sionistas. Por ejemplo, un grupo minoritario de judíos jaredíes, conocidos con el nombre de Neturei Karta, se oponen al Estado de Israel y apoyan la creación de un Estado palestino árabe-judío, tanto por motivos religiosos como morales. Para muchos de sus miembros -que, huelga decir, tampoco son ningunos santos-, sionismo es igual a racismo, incluso a nazismo. No hay que confundir, pues, judaísmo con sionismo. Parece ser cierto que las religiones y las personas que fundamentan su ética única o principalmente en supuestos libros sagrados tienden a minusvalorar la curiosidad y el pensamiento crítico, lo que las conduce a defender en muchas ocasiones determinadas posturas poco racionales como el autoritarismo familiar, el natalismo ilimitado, el machismo y el prohibicionismo, como es habitual entre los jaredíes, o a subestimar las aportaciones que han hecho a la ética otras filosofías seculares y religiones no teístas. Por eso las filosofías del anarquismo, feminismo, ecologismo o veganismo calan hondo con más probabilidad entre personas poco o nada vinculadas a las religiones monoteístas que entre personas muy vinculadas a ellas. Al parecer hay más personas anarquistas, feministas, ecologistas o veganas ateas que teístas. Sin embargo, cabe insistir en la diferencia entre la creencia teísta y la creencia nacionalista. Aunque la primera pueda llevar a la segunda, lo cierto es que la creación del Estado de Israel en 1948 tuvo más que ver con la «religión» nacionalista que con la religión judía. 
El problema con Israel nunca ha sido su carácter judío (el judaísmo tiene muchas facetas y muchas de ellas constituyen una base sólida para la paz y la convivencia) sino su carácter étnico sionista. El sionismo no cuenta con los mismos márgenes de pluralismo que ofrece el judaísmo, y en particular no para los palestinos. Ellos nunca podrán formar parte del Estado y el espacio sionistas, y continuarán luchando, y hay que esperar que su lucha sea pacífica y exitosa. 

Ilan Pappé, 2006.
Tal vez no exista una causación directa entre el teísmo y el nacionalismo, o viceversa, pero sí cuando menos una correlación histórica que por lo general se remonta hasta el neolítico, aunque autores como Gellner creen que el nacionalismo es una invención moderna. Pero si consideramos que los primeros Estados debieron de ir acompañados de cierta idea de nación o de identidad territorial, entonces nacionalismo, teísmo y estatismo pueden ser estudiados como factores mutuamente relacionados a pesar de sus muchas variantes históricas.

Imagen extraída del temario impartido
por Fco. Javier Jover Maestre 
curso 2012/2013

Referencias bibliográficas (libros):
  • Bunge, Mario. 2009. Filosofía política: solidaridad, cooperación y Democracia Integral, Editorial Gedisa, Barcelona, págs. 231-232.
  • Harris, Sam. 2007. El fin de la fe, Paradigma, Madrid, págs. 14, 32 y 116-125.
  • Pappé, Ilan. 2006. La limpieza étnica de Palestina, Editorial Crítica, Barcelona, 2011, pág. 341.
  • Rifkin, Jeremy. 2010. La civilización empática: la carrera hacia una conciencia global en un mundo en crisis, Paidós, Barcelona, pág. 205.
  • Shiva, Vandana. 2006. Manifiesto para una Democracia de la Tierra, Paidós, Barcelona, págs. 11-12.

17 de agosto de 2014

Por qué soy optimista

o por qué en tiempos oscuros es más necesaria que nunca la curiosidad

La vida multicolor (1907) de Wassily Kandinsky

Para bien y para mal, nuestro tiempo es uno de los más interesantes de la historia humana, si no el que más. Para ver el vaso medio lleno es necesario dejar parcialmente a un lado todo el mal que vemos a diario a nuestro alrededor, en la televisión, en nuestra cuenta de Facebook, en la calle o en nuestra propia vida y preguntarse qué nos queda por aprender, por hacer y por vivir. ¡Seguramente mucho! Así pues, yo me pregunto con curiosidad: ¿qué será de nosotros dentro de diez años? ¿Cómo será el final de este siglo convulso? ¿Lograré llevar a cabo mis proyectos? ¿A qué nuevas personas conoceré o con qué viejos amigos me reencontraré? ¿Qué otras experiencias tendré? ¿Llegaré a vivir en otro país? ¿Cuánto bien me queda aún por hacer antes de marcharme al otro barrio? Y así muchas preguntas más. Visto de ese modo, la curiosidad salvó al gato ;o)
Está demostrado que los optimistas por lo general mantienen niveles bastante elevados de bienestar y salud mental en épocas de estrés. (…) Además, es más probable que los optimistas hagan planes y emprendan acciones directas cuando se enfrentan a la adversidad. Saben afrontar situaciones difíciles. (…) Es posible que algunos lectores sigan siendo escépticos. Esforzarse por «pensar de forma positiva» o «mirar el lado bueno de las cosas» a veces huele a ingenuidad o, peor aún, a estupidez. Puede que seas una persona que valora «ver las cosas como son» por encima de todo, es decir, que tu motivación fundamental es verte a ti mismo, a las personas que te rodean y al mundo de una manera realista. Según este punto de vista, replantear los acontecimientos negativos de una manera positiva y optimista o anticipar un futuro venturoso en realidad sería un error o, como mínimo, poco realista. Antes que esta reacción, prefiero la réplica de Lee Ross, mi asesor durante el posgrado: «El optimismo no tiene nada que ver con proporcionar una receta para el autoengaño. El mundo puede ser un lugar espantoso y cruel y, al mismo tiempo, puede ser maravilloso y desbordante. Ambas afirmaciones son verdades. No hay un punto medio, sólo puedes elegir qué posibilidad pones en tu primer plano personal».
Sonja Lyubomirsky, La ciencia de la felicidad, 2008.

15 de agosto de 2014

Los 10 mandamientos del anarcoprimitivismo (III)

o por qué el Estado de Israel no es el único problema


Favorecerás el matriarcado

Tantas haré tus fatigas 
cuantos sean tus embarazos: 
con dolor parirás los hijos. 
Hacia tu marido irá tu apetencia, 
y él te dominará.

Génesis, primer libro de la Torá
y del Antiguo Testamento.


A aquellas de las que temáis una 
conducta rebelde y obstinada, 
amonestadlas (primero), 
y (si no surte efecto) 
abandonadlas en el lecho
 y (en última instancia) golpeadlas. 
Pero si os obedecen, 
no hagáis nada contra ellas. 
Dios es Excelso, Grande.

 Sura 4:34, Corán.

¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos? (1897), Paul Gauguin


Según el antropólogo Conrad Phillip Kottak, “el matriarcado existe, mas no como reflejo invertido del patriarcado. El poder superior que usualmente ejercen los hombres en un patriarcado no se equipara con el poder acentuado de las mujeres en un matriarcado”. Cuando las mujeres “desempeñan un papel central en las vidas social, económica y ceremonial”, los hombres no pasan sin embargo a un segundo plano, como sí ocurre en el patriarcado. Moraleja: los hombres, en este caso judíos y árabes, se tienen que «atar en corto» a sí mismos, sin caer en la misandria pero reconociendo que, en igualdad de condiciones, estos tienden con más facilidad al uso de la violencia que las mujeres. Entre otras razones porque a) los machos, en un momento dado, superaron en tamaño y en fuerza a las hembras (es el caso de casi todos los mamíferos), b) los hombres tienen “centros cerebrales más desarrollados para la acción y la agresividad” (Brizendine, 2007), c) las mujeres, a diferencia de los hombres, “suelen interesarse más por la gente que por los aparatos” (Mosterín, 2006) y d) sobre todo porque vivimos en una cultura especialmente depredadora y tecnocrática donde casi todo gira en torno a los aparatos y a la competición, por lo que no es de extrañar que todos esos factores, más otros que seguramente habría que añadir, tiendan a reforzar el actual aunque ya milenario sistema de dominación patriarcal. He aquí, en este enlace, uno de los ejemplos más habituales y desagradables de dicho dominio. 
En las sociedades forrajeras, la estratificación de género era más marcada cuando los hombres contribuían mucho más a la dieta que las mujeres. Esto fue cierto entre los inuit y otros cazadores y pescadores del norte. En los forrajeros tropicales y semitropicales, en contraste, la recolección usualmente proporciona más alimento que la caza y la pesca. La recolección por lo general es trabajo de mujeres. (…) Entre los horticultores con ascendencia matrilineal y matrilocalidad, el estatus femenino tiende a ser alto. La matrilinealidad y la matrilocalidad dispersan a los hombres relacionados, en lugar de consolidarlos. En contraste, patrilinealidad y patrilocalidad mantienen unidos a los parientes masculinos, una ventaja en la guerra. Los sistemas matrilineales-matrifocales tienden a ocurrir en sociedades donde la presión demográfica sobre recursos estratégicos es mínima y la guerra poco frecuente.
Conrad Phillip Kottak, 2011.

 Comandantes del ejército israelí junto a Benjamín Netanyahu

Líderes de Hamás y Hezbolá en el centro

Según Ignacio González, en España “en torno al 92% de las personas presas son hombres”. Así mismo, un 88% de los militares españoles también son hombres. Ambos porcentajes no son una simple coincidencia. Sin embargo, casi el 50% de los militares israelíes son mujeres, en parte porque dicho país tiene servicio militar obligatorio para ambos sexos. Pero como dicen María Milagros Rivera y compañía, no hay que dar “por supuesto que una mujer es libre cuando hace lo que hacen los hombres de su tiempo”. Un ejército mixto no es sinónimo de igualdad de género. El ejército, la política, el terrorismo y el militarismo son patriarcales per se
Desde la violencia masculina en su estado más puro aparecería la política, pues desde la brutalidad que entrañaba la invasión los guerreros se invistieron del báculo de la autoridad y acapararon los resortes del poder. Con ellos, ejercían y dispensaban justicia entre los miembros de la comunidad conquistada.

María Teresa González Cortés, 2000. 
Las culturas del desierto, con su militarización, estratificación, maltrato de las mujeres, rigidez sobre cómo criar a los niños y la sexualidad, no me parecen nada atractivas. Sin embargo, nuestro planeta está dominado por los descendientes culturales de los moradores del desierto. 
Robert Sapolsky, 2007.

Referencias bibliográficas (libros):
  • Brizendine, Louann. 2007. El cerebro femenino, RBA Libros, Barcelona, pág. 27. 
  • González Bórnez, Raúl. 2008. Corán (edición comentada), Centro de traducciones del Sagrado Corán. 
  • González Cortés, María Teresa. 2000. Eleusis, los secretos de Occidente: historia agraria y bélica de la sexualidad, Ediciones Clásicas, Madrid.
  • Kottak, Conrad Phillip. 2011. Antropología cultural, 14 edición, McGraw-Hill, págs. 245-261.
  • Mosterín, Jesús. 2006. La naturaleza humana, Espasa Calpe, Madrid, págs. 276.
  • Sapolsky, Robert M. 2007. El mono enamorado y otros ensayos sobre nuestra vida animal, Ediciones Paidós, Barcelona, págs. 155-156.
  • Rivera Garretas, María-Milagros (coord.) y otras. 2006. Las relaciones en la historia de la Europa medieval, Tirant lo Blanch, Valencia.

12 de agosto de 2014

Por qué soy pesimista

Accelerated Crash Course (2014), Chris Martenson

Como determinista más que indeterminista, tiendo a creer que las ideas (o memes) de autogestión, autolimitación y verdad, comparadas con las ideas de voto, consumo y nihilismo, se reproducen más difícilmente en un entorno social como el nuestro, un entorno basado en estructuras sociales como la ciudad, el Estado y el sistema de mercado que, al menos en términos estadísticos, nos alienan de nosotros mismos y de la naturaleza, nos impiden gestionar nuestras propias vidas y nos inducen, antes que a la reflexión, al consumo de viejas y nuevas drogas como válvula de escape. No obstante, que un objetivo o un ideal sea difícil, improbable o incluso imposible de llevar a la práctica no significa que no deba intentarse en algún grado. Por ejemplo, que la muerte individual sea inevitable ni la justifica ni nos impide intentar retrasarla. En el caso que nos ocupa, el colapso societal se está desarrollando ante nuestros ojos lo queramos o no. Podemos emplear nuestro tiempo, esfuerzo e inteligencia en tratar de evitarlo o en tratar de mitigarlo. Yo he elegido lo segundo.

Para cambiar deliberadamente y a mejor las estructuras sociales que nos conducen a ello, primero han de cambiarse las ideas individuales, pero esto último, si mi interpretación de la historia no es errónea, solo es posible a pequeña escala y a corto y medio plazo. Las estructuras cambiarán a largo plazo y muchas de ellas desaparecerán, pero no por la «voluntad general» ni por el poder de la razón humana, sino por causas culturales y naturales que sobrepasan nuestro poder como individuos limitados. Si creyera en algún dios, creería en ese; si me sometiera a alguna verdad, me sometería a esa.
Hay una muy buena razón por la que el concepto de sumisión está en el centro de todas las filosofías sagradas del mundo. A diferencia de la interpretación occidental –“aceptar la derrota”-, el otro uso de la palabra sumisión simplemente nos pide que aceptemos que hay ciertas cosas que no se pueden llevar a cabo. En ese sentido, si nos sometemos a la verdad de nuestra realidad, nos liberaremos repentinamente de nuestro apego por lo imposible, y entonces seremos más libres de hacer todo lo posible por aquellas cosas que sí pueden llevarse a cabo.

Es común afirmar, como hiciera el anarquista Rudolf Rocker, que "el hombre puede conocer las leyes cósmicas lo más cabalmente que quiera, pero no las podrá modificar nunca, pues no son obra suya. Pero toda forma de su existencia social, toda institución social que le haya dejado el pasado como herencia de lejanos abuelos, es obra humana y puede ser transformada por la voluntad y la acción humanas". Sin embargo, el que algo sea producto de la acción humana en general no significa necesariamente que pueda transformarse simplemente por la voluntad de humanos particulares. La diferencia entre lo natural y lo social en cuanto a su gobernabilidad no es tanta como le gustaría creer a nuestro ego. Es cierto que, en primer lugar, la acracia es cuestión de voluntad, pero ¿por qué dicha voluntad nunca se ha popularizado en los 5000 años que lleva la civilización en sus distintas formas (teocracia, aristocracia, oligocracia, autocracia, «democracia», etc.)? Como ocurre con los objetos astronómicos y con los organismos de la naturaleza, para que una idea como el amor a la libertad se generalice y se integre en nuestra cultura se tienen que dar muchos requisitos extraordinarios a lo largo de generaciones, lo cual hace que su éxito a gran escala sea poco probable y, por lo tanto, que no dependa únicamente de nuestros efímeros deseos. En un mundo de siete mil millones de telépatas bondadosos tal vez fuera posible armonizar nuestros pensamientos y coordinar nuestras acciones, pero para bien o para mal no vivimos en ese mundo.

Podemos negar lo que se dice en este post, yo lo he hecho durante veinticinco años, la mayor parte de ellos inconscientemente, pero tal vez no sea una buena idea. El conocimiento ético y metafísico sigue siendo muy valioso para mí, pero sin los aportes de las ciencias sociales y de las ciencias naturales nuestros actos y pensamientos pueden devenir fácilmente en mero voluntarismo. Y aunque el voluntarismo y el pensamiento mágico se basen en buenas intenciones, eso no los convierte en buenos. El bien sin verdad es un bien a medias.

8 de agosto de 2014

Los 10 mandamientos del anarcoprimitivismo (II)

o por qué el Estado de Israel no es el único problema


No procrearás en vano

Y los bendijo Dios, y les dijo:
Fructificad y multiplicaos; 
llenad la tierra...

Génesis, primer libro de la Torá
y del Antiguo Testamento.

El cuarto Estado (1901) de Giuseppe Pellizza da Volpedo


Debido en parte a que el neomalthusianismo está bastante desacreditado en el imaginario social de muchas personas, ya sean conservadoras, religiosas, progresistas o libertarias, tendemos a pensar que la guerra iniciada por Israel contra las autoridades palestinas y por ende contra la población palestina no es un problema demográfico. Como mucho, lo demográfico sería un asunto secundario. Sin embargo, inspirado por la teoría de sistemas y por el concepto de complejidad, creo que nada es secundario, todo importa. Es cierto que existen muchas comunidades que viven sin conflictos bélicos con una densidad de población similar a la palestina-israelí, pero cabría preguntarse por qué lo contrario no existe, es decir, por qué no existen conflictos de esa magnitud allí donde el número de habitantes por kilómetro cuadrado se cuenta por decenas en lugar de centenares o incluso millares (5046 habitantes por kilómetro cuadrado en la Franja de Gaza, 475 en Cisjordania y 388 en Israel; esta última cifra equivale a un cuarto de hectárea por cada israelí, aproximadamente la cantidad de superficie agraria necesaria para la alimentación de una persona). Para que tenga lugar el conflicto tienen que darse muchas otras condiciones materiales y culturales, como por ejemplo el nacionalismo judío, la yihad, el capitalismo, la pobreza o la propia ocupación y bloqueo de los terrirorios palestinos, pero sin una alta densidad de población la probabilidad de que estas condiciones entrasen en juego sería mucho menor, especialmente si la población en lugar de concentrarse en núcleos urbanos se dispersase en pequeñas comunidades autogestionadas. 


En un mundo sin Estados, sin fronteras, sin capitalismo, sin ciudades, sin combustibles fósiles y sin los elementos típicamente problemáticos de las civilizaciones, la superpoblación sería difícil o cuando menos tardaría mucho más en aparecer, pero ese no es el mundo de hoy. Lo prudente, en el contexto actual, es tener en cuenta todos los elementos del sistema, incluido la tasa de fertilidad (5 hijos/as por mujer en el caso de los palestinos y 3 hijos/as en el caso de los israelíes). Lo habitual en estos casos es caer o bien del lado del cientificismo-determinismo (los posibles conflictos se deberían sobre todo a factores biogeográficos poco controlables como la presión demográfica y el agotamiento de los recursos, postura defendida por científicos como Diamond, Bartlett y Hardin) o bien del lado del eticismo-indeterminismo (los posibles conflictos se deberían principalmente a formas políticas y sistemas económicos que propician la desigualdad y dificultan la distribución de la riqueza). Por el contrario, lo infrecuente es tratar de integrar ambas líneas de pensamiento. El objetivo de esta decalogía es justamente ese, aproximarnos al entendimiento de la realidad partiendo del hecho de que esta es multicausal, y que por lo tanto la mejor manera de actuar sobre ella es a través de una crítica multidisciplinar. Si pensamos que casi toda la culpa es de la densidad de población, abogaremos casi exclusivamente por la planificación familiar, dejando de lado otras muchas e igualmente valiosas acciones. Según esta visión, el problema sería la cantidad de personas, no el Sistema o determinadas ideologías. Y si pensamos que casi todo es culpa del capitalismo o de nuestros representantes políticos, dejaremos de lado otras variables igual de importantes. Sin una buena teoría, incluso la mejor de las prácticas está condenada a la parcialidad. Con una buena teoría también, pero al menos estaremos más cerca del bien y de la verdad, que no es poco en los tiempos que corren.
La ciencia no es suficiente, ni lo es la religión, ni el arte, ni la política y la economía, ni el amor, ni el deber, ni acción alguna, por desinteresada que fuere, ni la contemplación, por sublime que sea. Nada sirve, como no sea el todo.

Por regla general, cuantos menos seamos en el planeta –hasta cierto punto razonable, por supuesto, no vaya a ser que de tanto decrecer no quede nadie para contarlo-, mayores serán nuestras probabilidades de bienvivir y convivir, toda vez que los desmadres, tanto nuestros como de otros, serán menores. Y aquí una aclaración importante: comparto la idea de que no es solamente el número de personas sino también su modo de vida lo que determina hoy por hoy el deterioro socioecológico. He leído decir que el planeta todavía podría albergar a varios miles de millones de personas más si su modo de vida, no necesariamente inhumano, fuera similar al que llevan muchos de los habitantes más «subdesarrollados» del mundo, un modo de vida bastante más sencillo, más autónomo, más disperso, menos contaminante y más vegetariano que el nuestro. A nivel mundial, si el conjunto de los seres humanos fuera capaz de llegar a un acuerdo en ese sentido en los próximos años, es evidente que preocuparse por el aumento de la población a corto o medio plazo dejaría de ser una actitud racional. Pero ese acuerdo es improbable que llegue (si ya cuesta ponerse de acuerdo con uno mismo, imagina lo difícil que tiene que ser con más de siete mil millones de personas), siendo un escenario de futuro más probable el de una humanidad occidentalizada todavía sedienta de un consumo material y energético ilimitado. 

Los individuos pueden cambiar sus acciones a nivel personal, pero los instintos, en conjunto, tienden a guiar a las civilizaciones. Por eso las poblaciones de todas las civilizaciones tienden a crecer hasta alcanzar sus respectivos cuellos de botella.
Gail Tverberg, 2014. 

De modo que, previendo la trayectoria irracional de nuestras conductas a nivel macro, lo más prudente a mi juicio es defender, junto a un cambio radical en el estilo de vida (especialmente en los países «desarrollados», que sueñan con coches eléctricos en lugar de ovejas), un cambio cultural y autónomo en la manera de concebir la natalidad (especialmente en los países «en desarrollo», toda vez que estos son los países que más están creciendo, algunos de los cuales están tan deforestados, erosionados, desertizados y/o desertificados que se ven oligados a vivir de la comida que viene del exterior, como Haití, los campos de refugiados del Chad, la propia Franja de Gaza y muy pronto Arabia Saudí, país de treinta millones de habitantes que ya ha pasado su pico del agua y que tarde o temprano dependerá totalmente de la importación de cereales).

¿Por qué la alta densidad de población predispone a una determinada región para el conflicto? En parte porque tiende a incrementar la escasez de recursos (este tema da para otro «mandamiento»), y en parte porque provoca el deterioro o incluso la muerte de la democracia entendida en sentido estricto, es decir, definida como la distribución igualitaria del poder. Ambos factores están conectados entre sí. Los recursos se vuelven más escasos cuanto menos democráticas e igualitarias son las sociedades. Y sin democracia, sin poder debatir las cosas entre todas y todos, el conflicto intragrupal e intergrupal ocurre con mayor frecuencia, entre otras razones porque un grupo de cien personas puede contener a sus miembros más belicosos con más facilidad que un grupo de un millón. La democracia directa, que como veremos más adelante solamente parece ser posible en comunidades pequeñas, no inmuniza contra la violencia, pero la dificulta más que la dictadura parlamentaria, tanto la ejercida por el Knéset israelí como por el Consejo Legislativo Palestino.

If not, not (1975) de R. B. Kitaj

¿Por qué el tamaño de la población es inversamente proporcional a la soberanía popular, como defendía por ejemplo el físico Albert Allen Bartlett, quien entre otras cosas decía que "cuando a las personas se les niega el derecho a participar en las decisiones que afectan a sus vidas, son predeciblemente impredecibles, y la historia está llena de ejemplos de actos violentos que han sido llevados a cabo por quienes se sentían privados de sus derechos"? Según el geógrafo Jared Diamond, “la toma de decisiones por toda la población adulta sigue siendo posible en los poblados (…) de tamaño bastante reducido como para que las noticias y la información lleguen rápidamente a todo el mundo, para que todo el mundo pueda escuchar a todo el mundo en una reunión general de la aldea, y para que todo aquel que desee hablar en la asamblea tenga la oportunidad de hacerlo. Pero todos estos requisitos previos para la toma de decisiones comunitaria llegan a ser inalcanzables en las comunidades mucho más grandes”. Ahora bien, suponiendo que esto sea cierto, todavía quedaría por demostrar por qué la ausencia de democracia o desigualdad de poder hace más probable el conflicto bélico. Una hipótesis interesante dice así: dado que en una sociedad compleja los intereses de las clases dirigentes ya no son los mismos que los intereses de las clases dirigidas (por ejemplo, las personas mejor situadas en la escala social tienden a defender con más vehemencia el capitalismo debido a que no sufren sus peores consecuencias tanto como las personas situadas más abajo), la probabilidad de que las clases dirigidas de una región luchen físicamente con la clases dirigidas de otra región por mandato de sus respectivas clases dirigentes es más alta que en las sociedades simples o sociedades sin clases. Es cierto que las bandas de cazadores-recolectores también se enfrentan entre ellas, pero aparte de que la magnitud de la violencia ejercida en esos casos suele ser mucho menor (hasta ahora el ejército israelí ha matado a casi 500 niños/as y a otros tantos centenares de civiles), el guerrero de la banda no sufre la «alienación de la guerra» tanto como el soldado moderno. Para aquel es su guerra; para este es más bien la guerra de sus superiores, una guerra más abstracta, incierta y arbitraria.



Algunas de las causas últimas o lejanas de carácter humano más importantes son: el crecimiento no planificado de la población -al parecer ninguna especie es capaz de controlar racionalmente el aumento de su población a largo plazo, siendo el medio el encargado de hacerlo en última instancia-, el sedentarismo, la religiónla domesticación de plantas y animales, la producción de excedentes, el comercio, la división y especialización del trabajo, el progreso tecnológico, el control del agua, la institucionalización de la propiedad privada, la estratificación social, la aparición de clases dirigentes y la «revolución urbana». Si bien he procurado recopilar las causas en orden cronológico, lo cierto es que la relación de causalidad no está clara. En algunos casos no es fácil saber qué vino antes y qué vino después. Hay quien piensa que las causas culturales son más determinantes que las causas materiales, y viceversa. Lo que sí se sabe a ciencia cierta es que todas tienden a interaccionar entre sí. Conforme una población crece sobre dichos elementos, estos tienden a consolidarse. Con el tiempo, una población con esas características tenderá a crecer en complejidad hasta que un cambio climático, otra sociedad competidora y/o el agotamiento de los recursos se lo impida. Y digo "tenderá" porque el camino hacia una mayor complejidad no se da en todos los casos, tal vez ni siquiera en la mayoría. Muchos asentamientos incluso retroceden a estadios más simples. Como dice el historiador Carlos Wagner, "en la misma Mesopotamia" donde tiene lugar la aparición del primer Estado, "comunidades agrícolas avanzadas, como habían sido las pertenecientes a las culturas de Samarra y Halaf, caracterizadas por unas élites incipientes, no alcanzaron niveles superiores de complejidad sociocultural y organizativa". Basta con que se dé en unos pocos casos para que la tendencia a la complejidad, presente en todo el universo, siga su camino. 
No me propongo aducir que forzosamente a lo largo de la historia hayan crecido todas las poblaciones. Está bastante bien documentado que prácticamente todas las culturas contemporáneas conocen mecanismos eficaces de control de la población y los practican de forma generalizada (…) [Sin embargo] el registro arqueológico (…) indica que las poblaciones estables que hayan podido existir en el pasado también coexistían con poblaciones en crecimiento, lo cual requeriría una pauta de reajuste ecológico más o menos constante por parte de toda la especie.
Mark Nathan Cohen, 1977. 
En conclusión, la paz global, si bien improbable, solo es posible rompiendo consciente y colectivamente con esa dinámica tan ancestral como ciega e inmoral.

Imagen extraída del temario impartido
por Fco. Javier Jover Maestre 
curso 2012/2013


Bibliografía consultada (aparte de los enlaces):
  • Nathan Cohen, Mark. 1977. La crisis alimentaria de la prehistoria: la superpoblación y los orígenes de la agricultura, Alianza Editorial, Madrid, 1981, págs. 63-64.