19 de agosto de 2014

Los 10 mandamientos del anarcoprimitivismo (IV)

o por qué el Estado de Israel no es el único problema


Cuestionarás tus creencias

La construcción de la Torre de Babel (1563) de Pieter Bruegel el Viejo

La mayoría de los dirigentes occidentales dirán que no hay conexión directa entre la fe musulmana y el «terrorismo». Pero, es evidente que los musulmanes odian a Occidente en los términos que dicta su fe y que el Corán ordena que sientan ese odio. Los musulmanes «moderados» suelen decir que el Corán no ordena nada de eso y que el islam es «una religión pacífica». Basta leer el Corán para ver que no es cierto... El Corán instruye a los fieles en casi cada página a despreciar a los no creyentes. En casi cada página prepara el terreno para el conflicto religioso. 

Sam Harris, 2007.

Según Harris, alrededor de un 82% de los libaneses y un 65% de los jordanos, países que limitan al sur y al oeste con Israel respectivamente, piensan que las "bombas suicidas en defensa del islam (...) son justificables alguna vez". No obstante, y a pesar de esos datos tan poco optimistas, un libro o unas creencias, como todo lo que hacemos y pensamos, dependen también de su entorno. Si el ambiente es bueno, hasta las enseñanzas más equívocas y peligrosas tienden a desoírse. En ese sentido, los libros como el Corán son mucho más perniciosos allí donde las condiciones socioeconómicas de quienes los leen son peores, condiciones que generalmente les imponemos nosotros -algunos más directamente que otros- desde nuestros países «desarrollados», capitalistas y por ende imperialistas. Es decir, el odio a Occidente no se debe únicamente, ni tal vez primeramente, al Corán. Sería un grave error, llevados por cierto reduccionismo ateo y espíritu progresista, no tener también eso en cuenta. "Palabras como «Dios» y «Alá» deben seguir el camino de «Apolo» y «Baal», o acabarán con nuestro mundo", dice Harris no sin exagerar. Que el fundamentalismo religioso pueda llegar a ser muy problemático no lo convierte necesariamente en el mayor problema del mundo, y mucho menos en el problema que acabe con nuestra sociedad, al menos no si lo comparamos con el progresismo, la tecnolatría, el cientificismo, el capitalismo o la estatolatría, ideologías que se materializan a su vez en asuntos tan problemáticos o más como los reactores nucleares, el cambio climático, el agotamiento de los recursos, la pérdida de biodiversidad y la alienación moderna a todos los niveles (respecto a la naturaleza, al trabajo, a las relaciones personales, etc.). 

Sin embargo, el propio Harris acierta parcialmente cuando afirma que "el cristianismo y el judaísmo pueden compartir la misma actitud intolerante" que el islam, "pero han pasado algunos siglos desde que se comportaron así". ¿Y eso por qué, cabría preguntarse? En parte debido a las diferencias que existen entre sus respectivos libros sagrados, seguramente, pero en parte también, pienso yo, porque el dominio económico y tecnológico de Occidente sobre un número cada vez más alto de países vecinos es tan claro en nuestros días que a los occidentales ya no les son necesarias las viejas excusas religiosas para ampliar o conservar dicho dominio. Ahora es más frecuente apelar al Progreso, a la Razón, a la Nación, a la Democracia o incluso a la Libertad que a la voluntad de Dios para dominar a los demás. Como dice la física y activista Vandana Shiva, “la privatización de los bienes y los servicios públicos, así como la mercantilización de los sistemas de sustento vital de las personas pobres, son un doble robo que desprovee a las personas de seguridad económica y cultural. Millones de ellas, privadas de una vida y una identidad seguras, se ven impulsadas a integrarse en movimientos extremistas, terroristas y fundamentalistas”.


El devenir de la historia parece indicar que el terrorismo, tanto el que proviene del Estado (ej. Likud) como el que se dirige contra el Estado (ej. Hamás), tiende a ser mayor allí donde la concentración de poder, la pérdida de libertad y la desigualdad económica son mayores. En otras palabras, tiende a ser mayor cada día que pasa. Por lo tanto, cuanto mayor sea la opresión occidental en general y la israelí en particular, más fuerte se volverá el fundamentalismo islámico en general y el de Hamás en particular (acrónimo de Movimiento de Resistencia Islámico). Cuanto mayor sea la defensa y expansión del Estado judío en tierras palestinas, mayor será el deseo de los palestinos de reemplazarlo por un Estado islámico. Choque de religiones y, al mismo tiempo, choque de nacionalismos.

Todo nacionalismo defensivo, como lo llama el físico y filósofo Mario Bunge, acaba convirtiéndose en nacionalismo ofensivo. Este autor, sin embargo, no cree que esto sea necesariamente así en todos los casos. Según él, "los analistas clásicos del nacionalismo" como Ernest Gellner "están profundamente equivocados, porque no distinguen entre los nacionalismos de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo, ni entre el defensivo y el agresivo". De hecho, a su entender "el nacionalismo ha sido una importante" y en parte beneficiosa "fuerza política por lo menos desde la Revolución estadounidense". No obstante, mientras que Bunge piensa que puede exitir un nacionalismo bueno que no llegue a pervertirse, yo creo que ningún nacionalismo empieza siendo bueno y que muchos acaban siendo más perniciosos que al principio, entre otras razones porque un supuesto nacionalismo "de abajo hacia arriba" sigue basándose en una filosofía política vertical, y por tanto en jerarquías y privilegios. Él mismo nos habla de dos nacionalismos que con el tiempo y con el viento a su favor han terminado siendo muy agresivos:
Estos estudios clásicos tampoco explican las transformaciones del nacionalismo, tales como el cambio del nacionalismo de Estados Unidos de 1776 al nacionalismo agresivo (imperialsimo) de los siguientes doscientos años. (...) Solo los nacionalistas judíos han defendido su supervivencia misma, hasta que empezaron a robar tierras y agua a los palestinos, además de practicar el terrorismo de Estado contra estos.
Mario Bunge, 2009.
¿Acaso el nacionalismo defensivo estadounidense de 1776 no era heredero directo del nacionalismo agresivo o imperialismo que los ingleses habían llevado a cabo previamente en el este de Norteamérica, lo mismo que en el caso de Israel? Así pues, ¿por qué las ideologías nacional-religiosas suelen acabar trayéndonos muchas menos bondades de las que prometían? Según cierta hipótesis que no descarto, conforme aumentaron el número y la complejidad de las creencias en general, especialmente durante los últimos milenios de la prehistoria, se complejificaron las ideas religiosas y metafísicas en particular, desde el animismo hasta el dualismo más extremo, lo que sin una regulación adecuada tendió a la abstracción excesiva, a separar al ser humano de la naturaleza, a culturizar en exceso la vida, a diferenciar cada vez más entre lo interior y lo exterior. Dicha separación, mental e institucional al mismo tiempo, facilitó la cosificación y dominación tanto de la naturaleza como de los animales humanos y no humanos que la habitan, lo que tiempo más tarde desembocó en las religiones organizadas y en los nacionalismos. Por ejemplo, los judíos jaredíes, al menos algunos de ellos, afirman explícitamente que ser judío es “luchar contra la naturaleza”, incluida la “naturaleza humana”. No por casualidad se puede leer en el Génesis aquello de "henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra".

No obstante, si bien es cierto que judaísmo y sionismo (un tipo de nacionalismo especialmente virulento) suelen ir juntos en la actualidad –prueba de ello es que “un 68 por 100 de los judíos israelíes expresó su deseo” de que trasladaran a los árabes israelíes fuera de Israel (Pappé, 2006)-, no todos los judíos, ya sean seculares, ortodoxos o ultraortodoxos, son sionistas. Por ejemplo, un grupo minoritario de judíos jaredíes, conocidos con el nombre de Neturei Karta, se oponen al Estado de Israel y apoyan la creación de un Estado palestino árabe-judío, tanto por motivos religiosos como morales. Para muchos de sus miembros -que, huelga decir, tampoco son ningunos santos-, sionismo es igual a racismo, incluso a nazismo. No hay que confundir, pues, judaísmo con sionismo. Parece ser cierto que las religiones y las personas que fundamentan su ética única o principalmente en supuestos libros sagrados tienden a minusvalorar la curiosidad y el pensamiento crítico, lo que las conduce a defender en muchas ocasiones determinadas posturas poco racionales como el autoritarismo familiar, el natalismo ilimitado, el machismo y el prohibicionismo, como es habitual entre los jaredíes, o a subestimar las aportaciones que han hecho a la ética otras filosofías seculares y religiones no teístas. Por eso las filosofías del anarquismo, feminismo, ecologismo o veganismo calan hondo con más probabilidad entre personas poco o nada vinculadas a las religiones monoteístas que entre personas muy vinculadas a ellas. Al parecer hay más personas anarquistas, feministas, ecologistas o veganas ateas que teístas. Sin embargo, cabe insistir en la diferencia entre la creencia teísta y la creencia nacionalista. Aunque la primera pueda llevar a la segunda, lo cierto es que la creación del Estado de Israel en 1948 tuvo más que ver con la «religión» nacionalista que con la religión judía. 
El problema con Israel nunca ha sido su carácter judío (el judaísmo tiene muchas facetas y muchas de ellas constituyen una base sólida para la paz y la convivencia) sino su carácter étnico sionista. El sionismo no cuenta con los mismos márgenes de pluralismo que ofrece el judaísmo, y en particular no para los palestinos. Ellos nunca podrán formar parte del Estado y el espacio sionistas, y continuarán luchando, y hay que esperar que su lucha sea pacífica y exitosa. 

Ilan Pappé, 2006.
Tal vez no exista una causación directa entre el teísmo y el nacionalismo, o viceversa, pero sí cuando menos una correlación histórica que por lo general se remonta hasta el neolítico, aunque autores como Gellner creen que el nacionalismo es una invención moderna. Pero si consideramos que los primeros Estados debieron de ir acompañados de cierta idea de nación o de identidad territorial, entonces nacionalismo, teísmo y estatismo pueden ser estudiados como factores mutuamente relacionados a pesar de sus muchas variantes históricas.

Imagen extraída del temario impartido
por Fco. Javier Jover Maestre 
curso 2012/2013

Referencias bibliográficas (libros):
  • Bunge, Mario. 2009. Filosofía política: solidaridad, cooperación y Democracia Integral, Editorial Gedisa, Barcelona, págs. 231-232.
  • Harris, Sam. 2007. El fin de la fe, Paradigma, Madrid, págs. 14, 32 y 116-125.
  • Pappé, Ilan. 2006. La limpieza étnica de Palestina, Editorial Crítica, Barcelona, 2011, pág. 341.
  • Shiva, Vandana. 2006. Manifiesto para una Democracia de la Tierra, Paidós, Barcelona, págs. 11-12.

17 de agosto de 2014

Por qué soy optimista

o por qué en tiempos oscuros es más necesaria que nunca la curiosidad

La vida multicolor (1907) de Wassily Kandinsky

Para bien y para mal, nuestro tiempo es uno de los más interesantes de la historia humana, si no el que más. Para ver el vaso medio lleno es necesario dejar parcialmente a un lado todo el mal que vemos a diario a nuestro alrededor, en la televisión, en nuestra cuenta de Facebook, en la calle o en nuestra propia vida y preguntarse qué nos queda por aprender, por hacer y por vivir. ¡Seguramente mucho! Así pues, yo me pregunto con curiosidad: ¿qué será de nosotros dentro de diez años? ¿Cómo será el final de este siglo convulso? ¿Lograré llevar a cabo mis proyectos? ¿A qué nuevas personas conoceré o con qué viejos amigos me reencontraré? ¿Qué otras experiencias tendré? ¿Llegaré a vivir en otro país? ¿Cuánto bien me queda aún por hacer antes de marcharme al otro barrio? Y así muchas preguntas más. Visto de ese modo, la curiosidad salvó al gato ;o)
Está demostrado que los optimistas por lo general mantienen niveles bastante elevados de bienestar y salud mental en épocas de estrés. (…) Además, es más probable que los optimistas hagan planes y emprendan acciones directas cuando se enfrentan a la adversidad. Saben afrontar situaciones difíciles. (…) Es posible que algunos lectores sigan siendo escépticos. Esforzarse por «pensar de forma positiva» o «mirar el lado bueno de las cosas» a veces huele a ingenuidad o, peor aún, a estupidez. Puede que seas una persona que valora «ver las cosas como son» por encima de todo, es decir, que tu motivación fundamental es verte a ti mismo, a las personas que te rodean y al mundo de una manera realista. Según este punto de vista, replantear los acontecimientos negativos de una manera positiva y optimista o anticipar un futuro venturoso en realidad sería un error o, como mínimo, poco realista. Antes que esta reacción, prefiero la réplica de Lee Ross, mi asesor durante el posgrado: «El optimismo no tiene nada que ver con proporcionar una receta para el autoengaño. El mundo puede ser un lugar espantoso y cruel y, al mismo tiempo, puede ser maravilloso y desbordante. Ambas afirmaciones son verdades. No hay un punto medio, sólo puedes elegir qué posibilidad pones en tu primer plano personal».
Sonja Lyubomirsky, La ciencia de la felicidad, 2008.

15 de agosto de 2014

Los 10 mandamientos del anarcoprimitivismo (III)

o por qué el Estado de Israel no es el único problema


Favorecerás el matriarcado

Tantas haré tus fatigas 
cuantos sean tus embarazos: 
con dolor parirás los hijos. 
Hacia tu marido irá tu apetencia, 
y él te dominará.

Génesis, primer libro de la Torá
y del Antiguo Testamento.


A aquellas de las que temáis una 
conducta rebelde y obstinada, 
amonestadlas (primero), 
y (si no surte efecto) 
abandonadlas en el lecho
 y (en última instancia) golpeadlas. 
Pero si os obedecen, 
no hagáis nada contra ellas. 
Dios es Excelso, Grande.

 Sura 4:34, Corán.

¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos? (1897), Paul Gauguin


Según el antropólogo Conrad Phillip Kottak, “el matriarcado existe, mas no como reflejo invertido del patriarcado. El poder superior que usualmente ejercen los hombres en un patriarcado no se equipara con el poder acentuado de las mujeres en un matriarcado”. Cuando las mujeres “desempeñan un papel central en las vidas social, económica y ceremonial”, los hombres no pasan sin embargo a un segundo plano, como sí ocurre en el patriarcado. Moraleja: los hombres, en este caso judíos y árabes, se tienen que «atar en corto» a sí mismos, sin caer en la misandria pero reconociendo que, en igualdad de condiciones, estos tienden con más facilidad al uso de la violencia que las mujeres. Entre otras razones porque a) los machos, en un momento dado, superaron en tamaño y en fuerza a las hembras (es el caso de casi todos los mamíferos), b) los hombres tienen “centros cerebrales más desarrollados para la acción y la agresividad” (Brizendine, 2007), c) las mujeres, a diferencia de los hombres, “suelen interesarse más por la gente que por los aparatos” (Mosterín, 2006) y d) sobre todo porque vivimos en una cultura especialmente depredadora y tecnocrática donde casi todo gira en torno a los aparatos y a la competición, por lo que no es de extrañar que todos esos factores, más otros que seguramente habría que añadir, tiendan a reforzar el actual aunque ya milenario sistema de dominación patriarcal. He aquí, en este enlace, uno de los ejemplos más habituales y desagradables de dicho dominio. 
En las sociedades forrajeras, la estratificación de género era más marcada cuando los hombres contribuían mucho más a la dieta que las mujeres. Esto fue cierto entre los inuit y otros cazadores y pescadores del norte. En los forrajeros tropicales y semitropicales, en contraste, la recolección usualmente proporciona más alimento que la caza y la pesca. La recolección por lo general es trabajo de mujeres. (…) Entre los horticultores con ascendencia matrilineal y matrilocalidad, el estatus femenino tiende a ser alto. La matrilinealidad y la matrilocalidad dispersan a los hombres relacionados, en lugar de consolidarlos. En contraste, patrilinealidad y patrilocalidad mantienen unidos a los parientes masculinos, una ventaja en la guerra. Los sistemas matrilineales-matrifocales tienden a ocurrir en sociedades donde la presión demográfica sobre recursos estratégicos es mínima y la guerra poco frecuente.
Conrad Phillip Kottak, 2011.

 Comandantes del ejército israelí junto a Benjamín Netanyahu

Líderes de Hamás y Hezbolá en el centro

Según Ignacio González, en España “en torno al 92% de las personas presas son hombres”. Así mismo, un 88% de los militares españoles también son hombres. Ambos porcentajes no son una simple coincidencia. Sin embargo, casi el 50% de los militares israelíes son mujeres, en parte porque dicho país tiene servicio militar obligatorio para ambos sexos. Pero como dicen María Milagros Rivera y compañía, no hay que dar “por supuesto que una mujer es libre cuando hace lo que hacen los hombres de su tiempo”. Un ejército mixto no es sinónimo de igualdad de género. El ejército, la política, el terrorismo y el militarismo son patriarcales per se
Desde la violencia masculina en su estado más puro aparecería la política, pues desde la brutalidad que entrañaba la invasión los guerreros se invistieron del báculo de la autoridad y acapararon los resortes del poder. Con ellos, ejercían y dispensaban justicia entre los miembros de la comunidad conquistada.

María Teresa González Cortés, 2000. 
Las culturas del desierto, con su militarización, estratificación, maltrato de las mujeres, rigidez sobre cómo criar a los niños y la sexualidad, no me parecen nada atractivas. Sin embargo, nuestro planeta está dominado por los descendientes culturales de los moradores del desierto. 
Robert Sapolsky, 2007.

Referencias bibliográficas (libros):
  • Brizendine, Louann. 2007. El cerebro femenino, RBA Libros, Barcelona, pág. 27. 
  • González Cortés, María Teresa. 2000. Eleusis, los secretos de Occidente: historia agraria y bélica de la sexualidad, Ediciones Clásicas, Madrid.
  • Kottak, Conrad Phillip. 2011. Antropología cultural, 14 edición, McGraw-Hill, págs. 245-261.
  • Mosterín, Jesús. 2006. La naturaleza humana, Espasa Calpe, Madrid, págs. 276.
  • Sapolsky, Robert M. 2007. El mono enamorado y otros ensayos sobre nuestra vida animal, Ediciones Paidós, Barcelona, págs. 155-156.
  • Rivera Garretas, María-Milagros (coord.) y otras. 2006. Las relaciones en la historia de la Europa medieval, Tirant lo Blanch, Valencia.

12 de agosto de 2014

Por qué soy pesimista

Accelerated Crash Course (2014), Chris Martenson

Como determinista más que indeterminista, tiendo a creer que las ideas (o memes) de autogestión, autolimitación y verdad, comparadas con las ideas de voto, consumo y nihilismo, se reproducen más difícilmente en un entorno social como el nuestro, un entorno basado en estructuras sociales como la ciudad, el Estado y el sistema de mercado que, al menos en términos estadísticos, nos alienan de nosotros mismos y de la naturaleza, nos impiden gestionar nuestras propias vidas y nos inducen, antes que a la reflexión, al consumo de viejas y nuevas drogas como válvula de escape. No obstante, que un objetivo o un ideal sea difícil, improbable o incluso imposible de llevar a la práctica no significa que no deba intentarse en algún grado. Por ejemplo, que la muerte individual sea inevitable ni la justifica ni nos impide intentar retrasarla. En el caso que nos ocupa, el colapso societal se está desarrollando ante nuestros ojos lo queramos o no. Podemos emplear nuestro tiempo, esfuerzo e inteligencia en tratar de evitarlo o en tratar de mitigarlo. Yo he elegido lo segundo.

Para cambiar deliberadamente y a mejor las estructuras sociales que nos conducen a ello, primero han de cambiarse las ideas individuales, pero esto último, si mi interpretación de la historia no es errónea, solo es posible a pequeña escala y a corto y medio plazo. Las estructuras cambiarán a largo plazo y muchas de ellas desaparecerán, pero no por la «voluntad general» ni por el poder de la razón humana, sino por causas culturales y naturales que sobrepasan nuestro poder como individuos limitados. Si creyera en algún dios, creería en ese; si me sometiera a alguna verdad, me sometería a esa.
Hay una muy buena razón por la que el concepto de sumisión está en el centro de todas las filosofías sagradas del mundo. A diferencia de la interpretación occidental –“aceptar la derrota”-, el otro uso de la palabra sumisión simplemente nos pide que aceptemos que hay ciertas cosas que no se pueden llevar a cabo. En ese sentido, si nos sometemos a la verdad de nuestra realidad, nos liberaremos repentinamente de nuestro apego por lo imposible, y entonces seremos más libres de hacer todo lo posible por aquellas cosas que sí pueden llevarse a cabo.

Es común afirmar, como hiciera el anarquista Rudolf Rocker, que "el hombre puede conocer las leyes cósmicas lo más cabalmente que quiera, pero no las podrá modificar nunca, pues no son obra suya. Pero toda forma de su existencia social, toda institución social que le haya dejado el pasado como herencia de lejanos abuelos, es obra humana y puede ser transformada por la voluntad y la acción humanas". Sin embargo, el que algo sea producto de la acción humana en general no significa necesariamente que pueda transformarse simplemente por la voluntad de humanos particulares. La diferencia entre lo natural y lo social en cuanto a su gobernabilidad no es tanta como le gustaría creer a nuestro ego. Es cierto que, en primer lugar, la anarquía es cuestión de voluntad, pero ¿por qué dicha voluntad nunca se ha popularizado entre los «civilizados»? Como ocurre con las leyes de la naturaleza, para que una idea como el amor a la libertad se generalice y se integre en nuestra cultura se tienen que dar muchos requisitos extraordinarios a lo largo de generaciones, lo cual hace que su éxito a gran escala sea improbable y, por lo tanto, que no dependa únicamente de nuestros efímeros deseos. En un mundo de siete mil millones de telépatas bondadosos tal vez fuera posible armonizar nuestros pensamientos y coordinar nuestras acciones, pero para bien o para mal no vivimos en ese mundo.

Podemos negar lo que se dice en este post, yo lo he hecho durante veinticinco años, la mayor parte de ellos inconscientemente, pero tal vez no sea una buena idea. El conocimiento ético y metafísico sigue siendo muy valioso para mí, pero sin los aportes de las ciencias sociales y de las ciencias naturales nuestros actos y pensamientos pueden devenir fácilmente en mero voluntarismo. Y aunque el voluntarismo y el pensamiento mágico se basen en buenas intenciones, eso no los convierte en buenos. El bien sin verdad es un bien a medias.

8 de agosto de 2014

Los 10 mandamientos del anarcoprimitivismo (II)

o por qué el Estado de Israel no es el único problema


No procrearás en vano

Y los bendijo Dios, y les dijo:
Fructificad y multiplicaos; 
llenad la tierra...

Génesis, primer libro de la Torá
y del Antiguo Testamento.

El cuarto Estado (1901) de Giuseppe Pellizza da Volpedo


Debido en parte a que el neomalthusianismo está bastante desacreditado en el imaginario social de muchas personas, ya sean conservadoras, religiosas, progresistas o libertarias, tendemos a pensar que la guerra iniciada por Israel contra las autoridades palestinas y por ende contra la población palestina no es un problema demográfico. Como mucho, lo demográfico sería un asunto secundario. Sin embargo, inspirado por la teoría de sistemas y por el concepto de complejidad, creo que nada es secundario, todo importa. Es cierto que existen muchas comunidades que viven sin conflictos bélicos con una densidad de población similar a la palestina-israelí, pero cabría preguntarse por qué lo contrario no existe, es decir, por qué no existen conflictos de esa magnitud allí donde el número de habitantes por kilómetro cuadrado se cuenta por decenas en lugar de centenares o incluso millares (5046 habitantes por kilómetro cuadrado en la Franja de Gaza, 475 en Cisjordania y 388 en Israel; esta última cifra equivale a un cuarto de hectárea por cada israelí, aproximadamente la cantidad de superficie agraria necesaria para la alimentación de una persona). Para que tenga lugar el conflicto tienen que darse muchas otras condiciones materiales y culturales, como por ejemplo el nacionalismo judío, la yihad, el capitalismo, la pobreza o la propia ocupación y bloqueo de los terrirorios palestinos, pero sin una alta densidad de población la probabilidad de que estas condiciones entrasen en juego sería mucho menor, especialmente si la población en lugar de concentrarse en núcleos urbanos se dispersase en pequeñas comunidades autogestionadas. 


En un mundo sin Estados, sin fronteras, sin capitalismo, sin ciudades, sin combustibles fósiles y sin los elementos típicamente problemáticos de las civilizaciones, la superpoblación sería difícil o cuando menos tardaría mucho más en aparecer, pero ese no es el mundo de hoy. Lo prudente, en el contexto actual, es tener en cuenta todos los elementos del sistema, incluido la tasa de fertilidad (5 hijos/as por mujer en el caso de los palestinos y 3 hijos/as en el caso de los israelíes). Lo habitual en estos casos es caer o bien del lado del cientificismo-determinismo (los posibles conflictos se deberían sobre todo a factores biogeográficos poco controlables como la presión demográfica y el agotamiento de los recursos, postura defendida por científicos como Diamond, Bartlett y Hardin) o bien del lado del eticismo-indeterminismo (los posibles conflictos se deberían principalmente a formas políticas y sistemas económicos que propician la desigualdad y dificultan la distribución de la riqueza). Por el contrario, lo infrecuente es tratar de integrar ambas líneas de pensamiento. El objetivo de esta decalogía es justamente ese, aproximarnos al entendimiento de la realidad partiendo del hecho de que esta es multicausal, y que por lo tanto la mejor manera de actuar sobre ella es a través de una crítica multidisciplinar. Si pensamos que casi toda la culpa es de la densidad de población, abogaremos casi exclusivamente por la planificación familiar, dejando de lado otras muchas e igualmente valiosas acciones. Según esta visión, el problema sería la cantidad de personas, no el Sistema o determinadas ideologías. Y si pensamos que casi todo es culpa del capitalismo o de nuestros representantes políticos, dejaremos de lado otras variables igual de importantes. Sin una buena teoría, incluso la mejor de las prácticas está condenada a la parcialidad. Con una buena teoría también, pero al menos estaremos más cerca del bien y de la verdad, que no es poco en los tiempos que corren.
La ciencia no es suficiente, ni lo es la religión, ni el arte, ni la política y la economía, ni el amor, ni el deber, ni acción alguna, por desinteresada que fuere, ni la contemplación, por sublime que sea. Nada sirve, como no sea el todo.

Por regla general, cuantos menos seamos en el planeta –hasta cierto punto razonable, por supuesto, no vaya a ser que de tanto decrecer no quede nadie para contarlo-, mayores serán nuestras probabilidades de bienvivir y convivir, toda vez que los desmadres, tanto nuestros como de otros, serán menores. Y aquí una aclaración importante: comparto la idea de que no es solamente el número de personas sino también su modo de vida lo que determina hoy por hoy el deterioro socioecológico. He leído decir que el planeta todavía podría albergar a varios miles de millones de personas más si su modo de vida, no necesariamente inhumano, fuera similar al que llevan muchos de los habitantes más «subdesarrollados» del mundo, un modo de vida bastante más sencillo, más autónomo, más disperso, menos contaminante y más vegetariano que el nuestro. A nivel mundial, si el conjunto de los seres humanos fuera capaz de llegar a un acuerdo en ese sentido en los próximos años, es evidente que preocuparse por el aumento de la población a corto o medio plazo dejaría de ser una actitud racional. Pero ese acuerdo es improbable que llegue (si ya cuesta ponerse de acuerdo con uno mismo, imagina lo difícil que tiene que ser con más de siete mil millones de personas), siendo un escenario de futuro más probable el de una humanidad occidentalizada todavía sedienta de un consumo material y energético ilimitado. 

Los individuos pueden cambiar sus acciones a nivel personal, pero los instintos, en conjunto, tienden a guiar a las civilizaciones. Por eso las poblaciones de todas las civilizaciones tienden a crecer hasta alcanzar sus respectivos cuellos de botella.
Gail Tverberg, 2014. 

De modo que, previendo la trayectoria irracional de nuestras conductas a nivel macro, lo más prudente a mi juicio es defender, junto a un cambio radical en el estilo de vida (especialmente en los países «desarrollados», que sueñan con coches eléctricos en lugar de ovejas), un cambio cultural y autónomo en la manera de concebir la natalidad (especialmente en los países «en desarrollo», toda vez que estos son los países que más están creciendo, algunos de los cuales están tan deforestados, erosionados, desertizados y/o desertificados que se ven oligados a vivir de la comida que viene del exterior, como Haití, los campos de refugiados del Chad, la propia Franja de Gaza y muy pronto Arabia Saudí, país de treinta millones de habitantes que ya ha pasado su pico del agua y que tarde o temprano dependerá totalmente de la importación de cereales).

¿Por qué la alta densidad de población predispone a una determinada región para el conflicto? En parte porque tiende a incrementar la escasez de recursos (este tema da para otro «mandamiento»), y en parte porque provoca el deterioro o incluso la muerte de la democracia entendida en sentido estricto, es decir, definida como la distribución igualitaria del poder. Ambos factores están conectados entre sí. Los recursos se vuelven más escasos cuanto menos democráticas e igualitarias son las sociedades. Y sin democracia, sin poder debatir las cosas entre todas y todos, el conflicto intragrupal e intergrupal ocurre con mayor frecuencia, entre otras razones porque un grupo de cien personas puede contener a sus miembros más belicosos con más facilidad que un grupo de un millón. La democracia directa, que como veremos más adelante solamente parece ser posible en comunidades pequeñas, no inmuniza contra la violencia, pero la dificulta más que la dictadura parlamentaria, tanto la ejercida por el Knéset israelí como por el Consejo Legislativo Palestino.

If not, not (1975) de R. B. Kitaj

¿Por qué el tamaño de la población es inversamente proporcional a la soberanía popular, como defendía por ejemplo el físico Albert Allen Bartlett, quien entre otras cosas decía que "cuando a las personas se les niega el derecho a participar en las decisiones que afectan a sus vidas, son predeciblemente impredecibles, y la historia está llena de ejemplos de actos violentos que han sido llevados a cabo por quienes se sentían privados de sus derechos"? Según el geógrafo Jared Diamond, “la toma de decisiones por toda la población adulta sigue siendo posible en los poblados (…) de tamaño bastante reducido como para que las noticias y la información lleguen rápidamente a todo el mundo, para que todo el mundo pueda escuchar a todo el mundo en una reunión general de la aldea, y para que todo aquel que desee hablar en la asamblea tenga la oportunidad de hacerlo. Pero todos estos requisitos previos para la toma de decisiones comunitaria llegan a ser inalcanzables en las comunidades mucho más grandes”. Ahora bien, suponiendo que esto sea cierto, todavía quedaría por demostrar por qué la ausencia de democracia o desigualdad de poder hace más probable el conflicto bélico. Una hipótesis interesante dice así: dado que en una sociedad compleja los intereses de las clases dirigentes ya no son los mismos que los intereses de las clases dirigidas (por ejemplo, las personas mejor situadas en la escala social tienden a defender con más vehemencia el capitalismo debido a que no sufren sus peores consecuencias tanto como las personas situadas más abajo), la probabilidad de que las clases dirigidas de una región luchen físicamente con la clases dirigidas de otra región por mandato de sus respectivas clases dirigentes es más alta que en las sociedades simples o sociedades sin clases. Es cierto que las bandas de cazadores-recolectores también se enfrentan entre ellas, pero aparte de que la magnitud de la violencia ejercida en esos casos suele ser mucho menor (hasta ahora el ejército israelí ha matado a casi 500 niños/as y a otros tantos centenares de civiles), el guerrero de la banda no sufre la «alienación de la guerra» tanto como el soldado moderno. Para aquel es su guerra; para este es más bien la guerra de sus superiores, una guerra más abstracta, incierta y arbitraria.


Algunas de las causas últimas o lejanas de carácter humano más importantes son: el crecimiento no planificado de la población -al parecer ninguna especie es capaz de controlar racionalmente el aumento de su población a largo plazo, siendo el medio el encargado de hacerlo en última instancia-, el sedentarismo, la religiónla domesticación de plantas y animales, la producción de excedentes, el comercio, la división y especialización del trabajo, el progreso tecnológico, la institucionalización de la propiedad privada, la estratificación social, la aparición de clases dirigentes y la «revolución urbana». Si bien he procurado recopilar las causas en orden cronológico, lo cierto es que la relación de causalidad no está clara. En algunos casos no es fácil saber qué vino antes y qué vino después. Hay quien piensa que las causas culturales son más determinantes que las causas materiales, y viceversa. Lo que sí se sabe a ciencia cierta es que todas tienden a interaccionar entre sí. Conforme una población crece sobre dichos elementos, estos tienden a consolidarse. Con el tiempo, una población con esas características tenderá a crecer en complejidad hasta que un cambio climático, otra sociedad competidora y/o el agotamiento de los recursos se lo impida. La paz global, si bien improbable, solo es posible rompiendo consciente y colectivamente con esa dinámica tan ancestral como ciega e inmoral.

Imagen extraída del temario impartido
por Fco. Javier Jover Maestre 
curso 2012/2013

4 de agosto de 2014

Los 10 mandamientos del anarcoprimitivismo (I)

o por qué el Estado de Israel no es el único problema

Madrid 1937 (aviones negros) de Horacio Ferrer

¿Por qué surgió la guerra (…)? Al parecer existen seis condiciones previas, todas ellas interrelacionadas de diversas maneras, que en combinación hicieron más probable su aparición y/o intensificación: (1) la vida sedentaria, a menudo posterior a la agricultura (…); (2) el aumento de la densidad de población; (3) la jerarquía social; (4) el comercio, especialmente el de bienes de prestigio; (5) los grupos sociales cerrados; y (6) los graves problemas ecológicos.

Comienzo esta nueva serie de entradas a partir de la premisa teórica de que los grandes problemas de la humanidad solamente se pueden solucionar yendo a la raíz de los mismos, e incluso yendo a la raíz es improbable que se solucionen. Del dicho al hecho siempre habrá un trecho. No obstante, toda resistencia pacífica en la buena dirección, que considero similar a la defendida por los anarcoprimitivistas en general y por los Anarquistas contra el muro (AATW) en particular, es noble y necesaria en sí misma con independencia de los resultados. La hipótesis que sostengo en este pequeño ensayo puede formularse de la siguiente manera: la vía más fiable y duradera de evitar el conflicto israelí-palestino y cualquier otro conflicto consiste en reducir en lo posible todas o muchas de las causas últimas que lo predisponen, como el sedentarismo, la agricultura intensiva (no confundir con la horticultura), la domesticación de animales no humanos, la propiedad privada, la alta densidad de población, la escasez de recursos, la división del trabajo, el comercio, la estratificación económica y de género, la jerarquía social, los grupos cerrados y la religión.

Muchas personas preocupadas por los centenares de asesinatos de estas últimas semanas, que no son simples muertes colaterales y que ya forman parte de un largo y triste proceso histórico de «limpieza étnica» llevado a cabo desde 1948 por el Estado de Israel, puede que consideren este análisis del todo utópico y fuera de lugar, pero lo cierto es que las políticas supuestamente realistas que van a las causas próximas en lugar de ir al verdadero origen de la guerra están condenadas al fracaso en el largo plazo. Algunas medidas reformistas como las sanciones internacionales tal vez tengan cierto éxito a corto y medio plazo (no incluyo entre ellas la ayuda humanitaria por considerarla siempre legítima), pero en el mejor de los casos las condiciones para la guerra seguirán existiendo en un estado latente, y en el peor, las medidas cortoplacistas pueden provocar más problemas de los que pretendían resolver. Un ejemplo de esto último podría ser la creación de un único Estado laico binacional para ambos pueblos, como proponen el historiador judío Ilan Pappé y algunos judíos ortodoxos. Esta medida, aunque a primera vista puede parecer muy radical, en mi opinión no tiene suficientemente en cuenta la propia esencia violenta y antidemocrática de los Estados, así como otros defectos inherentes. Su radicalismo y amplitud de miras sería por tanto insuficiente. Puestos a buscar las raíces del conflicto, cavemos hondo.

Continuará ;o)

2 de agosto de 2014

Israel y los nuevos ateos

La guerra (1894) de Henri Rousseau

Últimamente ando liado con un par de textos. El primero de ellos pretende ser un resumen del libro, de unas diez páginas, y el segundo una crítica al imperialismo israelí -hijo del imperialismo europeo- desde un punto de vista lo más radical y lo menos reduccionista posible (asimismo, la previsión es de unas diez páginas). El resumen está prácticamente acabado, pero al ser, digamos, un texto por encargo para una nueva revista digital que presumiblemente verá la luz en septiembre, todavía no puedo publicarlo en el blog. El segundo texto, en cambio, me va a llevar más tiempo (como mínimo una semana más) porque es un tema relativamente nuevo para mí y porque todavía tengo que leer varios documentos para no meter demasiado la pata, entre ellos este de Aritz Recalde. En cualquier caso, sirva este post a modo de avance.

Hubo un tiempo en que el «nuevo ateísmo» estaba en el centro de mi cosmovisión, lo que me llevó a creer que la religión, especialmente el islam, estaba detrás de una gran parte de la violencia que vemos hoy en el mundo (ataques terroristas, conflicto israelí-palestino, etc.). Ahora, sin embargo, considero que la religión es un factor entre muchos otros factores que se retroalimentan mutuamente. Algunos nuevos ateos y humanistas seculares occidentales, como Sam HarrisAyaan Hirsi Ali, Steven Pinker e Ibn Warraq (Richard Dawkins, Daniel Dennett y Christopher Hitchens al parecer no, o no tanto), tienden a hacer hincapié en el fundamentalismo islámico como causa principal del conflicto, pero, en mi opinión, al pensar de esa manera -como lo haría Samuel Huntington- están dejando de lado otras causas no menos relevantes, o tal vez incluso más relevantes, como la propia invasión militar, el Estado y su imperialismo inherente, el capitalismo, el patriarcado, el crecimiento de la población y la escasez de recursos. Sobre estos temas profundizaré en las próximas entradas. Mientras tanto, me encantará saber cuál es vuestra opinión.

27 de julio de 2014

Breve historia del blog


Mis primeras entradas (poco que ver con las últimas) salieron a la luz en abril de 2008, hace ya más de seis años. Sin embargo, según la gráfica mis mejores años fueron el 2006 y el 2007, ¡años en los que el blog ni siquiera existía! Intuía que mi blog era bueno, ¡pero no tanto!, je... En resumen, considero que estos seis años en la Red han sido enormemente fructíferos, gracias en gran medida a vosotros/as y a vuestros siempre bienvenidos comentarios (más de 8500 en total, de los cuales al menos un tercio serán míos). Quienes siguen este blog prácticamente desde el principio habrán podido comprobar mi evolución desde los 20 hasta los 26 años (¡a peor, sin duda!). Como El show de Truman pero con menos gracia. Si algún post ha marcado un antes y un después en la historia del blog y no solo del blog, ese ha sido probablemente aquel que publiqué a finales de 2011. Me sedujo tanto la idea de progreso que tuve que dedicarme por entero a ella, hasta el punto de aparcar el blog, empezar un ensayo interminable y daros la tabarra con él semana sí, semana también :P

Suponiendo que el resto de los datos estén bien (en principio sí, porque cuadran con la historia del blog), el cénit del blog se alcanzó en octubre de 2009, con más de 8000 visitas solo ese mes (estas fueron algunas de las entradas de aquel año, con las que sin embargo ya no estoy de acuerdo en varios puntos importantes). Qué tiempos aquellos. Desde entonces el número se ha mantenido generalmente por debajo de las 4000 visitas mensuales, exceptuando mediados de 2013, momento en que retomé el blog después de un año fuera de la blogosfera y di a conocer el borrador del libro. No obstante, de continuar la misma tendencia ascendente de estos últimos tres meses, no sería descartable que se superaran de nuevo las 5000 visitas mensuales, sobre todo si trato temas de actualidad más a menudo. 

Con diferencia, el post más visitado ha sido y sigue siendo "100 libros sobre el ateísmo y todo lo demás" (2011), con unas 7000 visitas en total. Por el contrario, los posts de este último año sobre la fe en el Progreso, que encuentro bastante más criticable que la fe en Dios, no superan ni las 300, je..., como por ejemplo el post de hace unos meses "Cambio climático: lo llaman alarmismo y no lo es", con menos de 100 visitas. Una posible excepción a la regla es aquel blog de una única entrada que titulé Contra el relativismo moral (2010), con más de 3000 visitas hasta la fecha, y que considero también muy importante especialmente en esta época dominada por el cientificismo y el nihilismo del Capital. Como podéis comprobar, en general son números notablemente bajos si los comparamos con otros blogs de temática más o menos similar, en total poco más de 234.000 visitas en seis años, unas 45.000 en los últimos doce meses. Algunas de las causas más probables son la divulgación de temas poco "actuales" y demandados socialmente, la publicación de textos por lo común extensos, la relativa juventud del blog (si contamos a partir de mi vuelta en 2013), la falta de especialización académica y mi baja notoriedad pública. Como dirían en marketing, en mi mano está tratar de reducir esas "debilidades", especialmente las tres primeras.

Julio 2014

Finalmente, la mayoría de lectores y lectoras de los últimos meses proceden de España y Estados Unidos (casi fifty-fifty), seguido de México, Argentina (de donde son, por cierto, dos grandes amigos de este blog), Colombia, Perú y Chile, en ese orden. Y últimamente también de China y Alemania. ¡Gracias y saludos a todos/as! Con este post doy por terminado el blog.

Je, je... es broma.

16 de julio de 2014

¿Ha progresado la sexualidad?

Prostitución, pornografía y homosexualidad

Tema controvertido donde los haya, ¡tanto que en su día me costó lo que podría haber sido una gran amistad! Acertemos entre iguales, equivoquémonos también entre iguales. Sin miedo, con humildad.

Olympia (1863) de Édouard Manet

Para leer una aproximación parcial y provisional al problema, pincha aquí o aquí. A pesar de las limitaciones del texto, considero que está lo suficientemente trabajado como para provocar la reflexión en más de uno y en más de una. Porque no, la pornografía y la prostitución, a diferencia de la homosexualidad, no son simplemente algo normal o natural. Son creaciones culturales que debemos analizar, no normalizar. Para normalizar ya están otros :P

12 de julio de 2014

7 de julio de 2014

«Última llamada», un manifiesto reformista


Pese a la gran virtud del manifiesto que desde este lunes circula por Internet (el cual nos urge a reconsiderar la fe en el crecimiento, que no es poco), este tiene a mi entender una grave deficiencia teórica. Esa deficiencia es su reformismo o renovacionismo, ejemplificado en afirmaciones contradictorias como: "Hoy, en el Estado español, el despertar de dignidad y democracia que supuso el 15M (...) está gestando un proceso constituyente que abre posibilidades para otras formas de organización social". Estado o proceso constituyente (la concentración del poder) y democracia (la distribución del poder) son dos estructuras sociales antagónicas. Un Estado democrático, real o potencial, es un oxímoron. Por lo tanto, su defensa por parte de políticos profesionales y activistas siempre será demagógica, siempre inducirá a error. La demagogia generalmente tiene lugar cuando se defienden fines nobles y realistas a través de medios innobles y utópicos.

El objetivo de este post es realizar una breve crítica sobre aquello que se dice tácitamente en el manifiesto y que es tan importante o más como lo que se dice explícitamente. Según este, nuestra cultura es "tecnólatra y mercadólatra", pero olvida inconscientemente, en parte porque la mayoría de sus promotores y firmantes iniciales están vinculados al Estado, que también es estatólatra. Se dice vagamente que "la inercia del modo de vida capitalista y los intereses de los grupos privilegiados", no el capitalismo, la civilización, el crecimiento o el progreso per se, son "dos obstáculos titánicos" con los que se topa la "Gran Transformación" (donde «transformar» es entendido en términos estructurales más como cambio o mejora que como ruptura verdaderamente radical, a pesar de que se defiende "una ruptura política profunda con la hegemonía vigente"), continuación al fin y al cabo de aquella primera «gran transformación» descrita por Polanyi. Sin embargo, si estos obstáculos existen es gracias al surgimiento y mantenimiento del Estado, gran generador de jerarquías, voluntades heterónomas y "grupos privilegiados". Históricamente, desde finales del neolítico y principios de la «revolución urbana» hasta nuestros días, el Capital y el Estado en sus diversas formas han consolidado un binomio inseparable. Desde entonces, no existen ni pueden existir banqueros y mercaderes sin militares que les protejan ni políticos que legislen en su favor, de la misma manera que no existen políticos y militares sin banqueros que les financien ni mercaderes que les abastezcan. Dos élites tecnocráticas que han tendido, tienden y tenderán a retroalimentarse positivamente mientras el cuerpo social aguante. Combatir una cara de la moneda sin combatir la otra es la razón por la que ambas son más fuertes cada día que pasa. A menudo incluso nos engañamos pensando que el Estado y el sistema capitalista están enfrentados, y que si lo que queremos es acabar con el segundo, debemos apoyar al primero. Eso es lo que significa para la mayoría de personas «ser de izquierdas». En ese sentido, algunos y algunas pensamos que los problemas generados por la ilimitada división del trabajo, el aumento de la densidad de población y la consiguiente estratificación socioeconómica nunca se resolverán desde las mismas instituciones, como los parlamentos, que han nacido al amparo de dicha estratificación, ya que toda institución, al igual que todo organismo, tiende a conservar aquello que ha hecho posible su existencia. La ruptura será desde abajo hacia los lados o no será.

Otros y otras, aún más pesimistas y deterministas, vamos un poco más lejos y pensamos que los grandes problemas de la civilización no se van a resolver nunca, ni siquiera desde abajo. Es más, prevemos que se incrementarán e intensificarán hasta que esta desaparezca temporal o definitivamente. Sin duda lo intentaremos, y se lograrán cortafuegos parciales más o menos valiosos (ecoaldeas, movimientos de transición, éxodo urbano, repoblación de pueblos abandonados, cooperativas integrales, permacultura, etc.), pero si algún día desaparecen esos problemas, que lo harán, no será gracias a la acción deliberativa de los humanos y a su capacidad de resolución global, sino al ciclo aparentemente inevitable de expansión y desintegración de los imperios. «El todo es más que la suma de las partes».

La antropología demuestra que la aparición de las civilizaciones no es algo que esté determinado a ocurrir siempre (algunos requisitos previos son la domesticación y la institucionalización de la propiedad privada), pero la filosofía de la historia sugiere que, cuando ocurre, estas siempre tienden a expandirse y desmoronarse tarde o temprano. La peculiaridad de nuestra civilización es su gran extensión relativa y su uso masivo y generalizado de recursos finitos, algunos de los cuales ni siquiera son renovables, como el petróleo y el carbón. Su caída, abrupta o gradual, podría ser la más aparatosa y destructiva de cuantas le han precedido, hasta tal punto que reduciría considerablemente la probabilidad de aparición de nuevas civilizaciones durante los próximos siglos o milenios. Lo cual es bueno y malo al mismo tiempo.

Editado (1): a lo largo de las últimas 48 horas he añadido algunos argumentos al post original. Si algún comentarista después de haber comentado considera que el texto ya no le representa, le pido disculpas. Eso me pasa por improvisar sobre la marcha :P

Editado (2): algunas de las críticas al manifiesto que han ido apareciendo durante los últimos días no solo repiten el mismo error sino que además añaden otros nuevos y son ciegas a sus aciertos fundamentales. Lo llaman alarmismo y no lo es. Sin embargo, también han ido apareciendo críticas constructivas con las que me siento bastante identificado (1 y, en menor medida, 2 y 3).

Editado (3): a pesar de la crítica, y después de saber quiénes son los promotores del manifiesto (el primer día no se sabía, solo se conocía la lista de los 250 firmantes iniciales) y de meditarlo con más detenimiento, he decidido adherirme al manifiesto porque creo que es más lo que nos une que lo que nos separa. Sí, parece que hoy me he levantado algo más optimista y conciliador :P

3 de julio de 2014

José Ortega y Gasset, filósofo de la dominación


La rebelión de las masas (1929) del filósofo español y diputado republicano José Ortega y Gasset, obra que durante años había generado en mí grandes expectativas, ha resultado ser, una vez leída (dejo para otra ocasión lo que considero algunos aciertos parciales), abiertamente etnocéntrica y eurocéntrica, apologista de la civilización y del Progreso, historicista, contrarrevolucionaria, liberal, burguesa, capitalista, elitista, aristócrata, antidemócrata y hasta protofascista, estatalista, nacionalista, imperialista, belicista, militarista e incluso esclavista. A pesar de eso, apenas he encontrado en Google.es alguna crítica negativa sobre ella. (Véanse aquí algunos fragmentos seleccionados). 

Cada vez me resulta más evidente que los filósofos de los que tan bien nos han hablado y nos siguen hablando en las escuelas, en los institutos y en las universidades (casi siempre hombres europeos, como Platón, Maquiavelo, Hobbes, Locke, Kant, Hegel, Nietzsche, Marx, Rawls, etc.) no son sino los filósofos de la docilidad y de la dominación, como lo son también, en esencia, las propias instituciones académicas donde estos son estudiados acríticamente. De tal palo tal astilla, y viceversa. Salvo quizá Bertrand Russell y algún filósofo oficial más, el resto están más con el Poder que con las personas. El grueso del lenguaje y del conocimiento siempre ha estado, al menos en nuestras sociedades fuertemente estratificadas, al servicio de las "minorías dirigentes", al servicio de las "minorías superiores". Como dice Albert A.H. en su blog, "quien controla la información, controla el pensamiento, quien controla el pensamiento controla la voluntad del hombre". Quien ignore esta verdad no hará sino añadir más confusión al mundo. 

25 de junio de 2014

5 libros imprescindibles para entender la sociedad

  1. Nueva visita a un mundo feliz (1958), Aldous Huxley.
  2. Decadencia de lo humano (1983), Konrad Lorenz.
  3. En ausencia de lo sagrado: el fracaso de la tecnología y la supervivencia de las naciones indias (1996), Jerry Mander.
  4. A user's guide to the crisis of civilization: and how to save it (2010), Nafeez Ahmed.
  5. The five stages of collapse: survivor's toolkit (2013), Dmitry Orlov.
El de Konrad Lorenz es fácil de conseguir de segunda mano, pero piden precios bastante elevados (aunque con suerte podéis encontrar alguna excepción). El de Jerry Mander suele ser difícil de conseguir, pero acabo de echar un vistazo por la Red y de momento lo vuelven a tener en Casa del Libro. El resto son fáciles de conseguir y no muy caros (el de Huxley incluso está en PDF). Lo malo de los dos últimos es que no están traducidos al español. Por ahora no conozco ningún libro de temática doomer que lo esté.

Propón tu libro imprescindible ;)