15 de noviembre de 2008

¿Por qué quiero ser sociólogo?

Llevando un poco la pregunta a mi terreno (con vuestro permiso), responderé por qué quiero estudiar sociología y, más aún, para qué. Tal vez la mayor motivación que me lleve a estudiar sociología sea la misma que originó la pregunta que ahora mismo tratamos de responder, es decir, por qué. Por qué ocurre esto y no aquello. Y si la curiosidad mató al gato, sólo nos queda esperar que no ocurra lo mismo con los sociólogos.

¿Estudias sociología para cambiar el mundo? No –responderé-, porque tengo ego, pero no tanto. Aunque no por ello quisiera dar a entender que respondo lo contrario; deseo el cambio tanto como cualquier otro, quizá por eso de que “la sangre joven no obedece un viejo mandato” [1]. Pero sí, a quién quiero engañar, quiero ser sociólogo para construir también este castillo endeble, pero a la espera de que la diosa Fortuna le de su mayor forma, si es que antes no ha sido derrumbado por aquella otra diosa, la ignorancia. Asimismo, para no tener que enfrentarme sólo y desarmado al Leviatán, al Moloch, o como deseemos llamar a lo que llevamos dando forma tanto tiempo (recomiendo el documental La Corporación). Quiero ser sociólogo para responder a esa pregunta, o quizá para adelantar en lo posible el día en el que la pregunta “¿Qué estudias? ¿Socio…qué?” que tanto oímos no sea más que una alejada anécdota. Por si acaso, esperaré sentado, no vaya a ser que se me duerman las piernas.

Pero, ¿por qué el sociólogo ideal tiene ese anhelo eterno de conocer hasta donde le sea posible? Quizá la respuesta la tenga Fernando Savater al decir: “hay también almas, raras y terribles, que tienen propensión a la lucidez. Algún hada irónica o adversa dejó ese don negro en la cuna, y ellas despiertan al menor choque de la vida, al más pequeño indicio de fisura en la solidez estatuida…Se convertirán así en centinelas insomnes de fracasos que todo pretende hacer olvidar, en sarcásticos pregoneros de bancarrotas fundamentales[2]

Pero, sobretodo, porque no quiero que estas vanidosas palabras sean en vano.

Esa es la pregunta que nos han planteado en la universidad, y a la que he respondido de esta guisa :D

[1] William Shakespeare.
[2] Fernando Savater en el prólogo de Adiós a la filosofía y otros textos, de E.M. Cioran.

4 comentarios:

Sies... dijo...

Hagamos un ejercicio de abstracción e imaginemos por un momento que yo soy el profesor que he formulado esa pregunta en clase.
Si tuviera que puntuar las respuestas a manera de examen, habría puntuado con un 10 la tuya (no es coba), pero también habría puntuado con otro 10 la respuesta que hubiera sido: porque me gusta.
Cualquier otra respuesta que se saliera de esos dos moldes no habrían tenido la máxima puntuación.
PD- Es evidente que la respuesta simple se la habría permitido a una persona que yo tuviera por "cultivada", cual hubiera sido tu caso, lo cual me lleva a pensar que has escrito más de la cuenta, así que te rebajo la puntuación a un 9. Jeje. La otra opción me sigue gustando más.
Un "circunlóquico" saludo.

Hugo C. dijo...

Estoy de acuerdo contigo, no ha sido más que un derroche literario adornado con arrogancia. "Porque me gusta", sí, suena bien :D Es una de las cosas que primero me vinieron a la mente pero...dije: muy fácil jaja :D

También pensé en responder: ¿Y por qué no? o también esta otra: Porque puedo :D

Ni un nueve se merece, descuida :D

PON! dijo...

La última no me gusta...

Yo creo que siguiendo la teoría de la navaja de Occam...la respuesta más sencilla suele ser la más acertada.

Por cierto me gusta tu escrito (y digo escrito y no texto xD) porque es más literario que académico (en cuanto a que te lo han preguntado en clase).

Saludos.

P.S.: Me he comprado esta mañana los que me faltaban de Murakami! jaja y unas cucharitas para el té xD

Hugo C. dijo...

¿No te gusta la última? vaya :D

Gracias por el cumplido, que no es poco viniendo de un novelista de tu talla :D Ojalá escribiera la mitad de bien que tú. Perdón por lamerte el cu... jaja

Veo que no sueltas los libros de Murakami :D