28 de diciembre de 2008

Kant y la heteronomía de la voluntad

Leyendo sobre el pensamiento de Kant en la Torre de Babel me he encontrado con esta distinción que tan claramente nos hace el filósofo entre la autonomía y la heteronomía de la voluntad:
La voluntad puede estar determinada por dos principios, puede tener dos fundamentos: la razón o la inclinación. Cuando es la propia razón la que decreta el modo en que debe actuar la voluntad, ésta es autónoma porque se da a sí misma sus propias leyes.

Cuando la voluntad está determinada por la inclinación (palabra con la que Kant se refiere al conjunto de apetitos sensibles) la voluntad es heterónoma [...]: cuando un sujeto no sigue leyes morales las leyes a las que está sometido no tienen su origen en su propia razón sino que le vienen dadas de fuera.

Kant pensó que cuando nos proponemos seguir las reclamaciones de nuestros deseos o apetitos nuestra conducta no es libre, pues su realización sólo es posible si nos plegamos a las exigencias que impone el mundo (y por tanto a algo exterior a la propia voluntad). Por ejemplo, si alguien considera que el principio que debe regir su conducta es el de obtener reconocimiento social por encima de todo, su conducta no será constante pues tendrá que someterse a las exigencias determinadas por el cambiante orden social: si desea conseguir el aplauso de la mayoría deberá cambiar de partido político, o de amistades, o de ideas cuando las circunstancias lo hagan necesario.
Esto no deja de recordarme a la conocida (en sociología, por lo menos) paradoja de la existencia social: la sociedad establece nuestra conducta del mismo modo que nosotros la establecemos a ella, en ambas direcciones, quiero decir. En un post próximo le dedicaré un ratillo, con tecnicismos y demás, que sé que os gustan.

Nota: Me he tomado la licencia de cambiar la estructura del texto original. Seguro que lo he liado más que ordenado, pero me hacía ilusión.

No hay comentarios: