29 de abril de 2009

Acerca del imperialismo y de la guerra

Me atrevería a decir que el imperialismo no es malo en sí mismo, pero sí muchos de sus efectos. Uno de ellos, según el historiador Tucídides [1], es la incompatibilidad con la democracia. No sabemos hasta qué punto esto es así -de hecho es imposible que el imperialismo no tenga también grandes ventajas- pero mi intuición, esa capacidad humana que desde un punto de vista evolutivo nos es tan útil -nos chiva Eduard Punset los domingos por la noche-, me dice exactamente lo mismo que le dijo a Montaigne la suya hace casi quinientos años:

Concibo sin esfuerzo a Sócrates en el puesto de Alejandro; a Alejandro en el de Sócrates, no puedo. Si preguntan a aquél qué sabe hacer, responderá: “Subyugar al mundo”. Si se lo preguntan a éste, dirá: “Dirigir la vida humana conforme a su condición natural”: ciencia mucho más general, más ardua y más legítima”. [2]

¿Y cuál es la condición natural del ser humano? Antes de responder a esa pregunta -permitidme que me escaquee- podemos aceptar que ciertos países, con su afán imperialista ilustrado, como diría Bertrand Russell, son portadores de civilización, es decir, traen prosperidad allá donde van. Pero no solamente traen eso, por supuesto. El imperialista cree que los intereses de su grupo son los intereses que convienen a toda la humanidad. Éste podría estar en lo cierto, nadie lo niega, pero mucho me temo que nunca antes de una “conquista” se ha reflexionado seriamente al respecto.

Mi primo me dijo hace poco que lo más sensato que puede hacer un estado es pensar con el bolsillo. ¡Qué afirmación más negligente, ese “pensar con el bolsillo” es el origen de las guerras! -pensé-. Cierto es que lo primero no tiene por qué ser causa de lo segundo, pero nadie debería poner en duda que un sistema economicista como lo es el nuestro es probablemente más vulnerable a la violencia que uno más ético, más coherente y menos hipócrita. La hipocresía, como la necedad y como la consciencia, es gradual. Quizá sea debido a eso por lo que nadie se libra de ella por completo.

La democracia dirigida y el imperialismo traen la guerra del modo más aberrante posible, esto es, con su debida justificación y con un ligera sonrisa. Muchos hoy día siguen afirmando que los ejércitos son necesarios. En parte tienen razón, pues como el resto de países piensa lo mismo que ellos, dicha afirmación se convierte en verdadera en el acto. Si tú tienes un bonito ejército, yo, que soy tu vecino, me veo obligado a tenerlo también. Pero ¿y si llegásemos a un acuerdo tú y yo?, ¿y si decidiésemos delegar nuestro poder armamentístico en una organización neutral, la cual se encargara de mantener el orden internacional?

Esta idea que acabo de plantear no es nueva ni mucho menos, la tendencia actualmente es o debería ser esa: la unión. Sin embargo no se puede llevar a cabo de la noche a la mañana, pues hay quien retrasa el "proceso" inconscientemente. ¿Qué haríamos con los nacionalistas, por ejemplo? Estos están tan ocupados buscando o defendiendo su propia identidad nacional que los asuntos más humanos ocupan un segundo lugar en su agenda política. Como diría Cioran, los nacionalismos son máscaras gracias a las cuales intentamos “ocultar nuestro propio drama y olvidar en un furor de reivindicaciones” lo que verdaderamente deberíamos estar buscando: centrarnos “en el problema del conocimiento” y en el problema de la educación.

Como solución, el filósofo Bertrand Russell propone, desde la ética, lo siguiente:

Cuando una nación está en guerra, los deseos de victoria de todos los ciudadanos son mutuamente composibles [dos deseos son “composibles” cuando ambos pueden ser satisfechos a la vez], pero son incompatibles con los deseos opuestos del enemigo. […] Es obvio que puede haber una mayor satisfacción total del deseo cuando los deseos son composibles que cuando son incompatibles. Por tanto, según nuestra definición de lo bueno, los deseos composibles son preferibles como medios. Se puede decir entonces que el amor es preferible al odio, la cooperación a la competición, la paz a la guerra, etc. […] Los deseos correctos serán aquellos que sean capaces de ser composibles con tantos deseos diferentes como sea posible.

Es evidente que un mundo en el que las aspiraciones de los diferentes individuos o grupos son composibles tiene más probabilidades de ser feliz que otro en el que son conflictivos. Por este motivo un sistema social sabio debería alentar los impulsos composibles y desalentar los impulsos conflictivos, por medio de la educación… [3]

[1] Sheldon S. Wolin, Democracia S.A. La democracia dirigida y el fantasma del totalitarismo invertido, p. 345: "La conquista imperial le impone a la racionalidad humana y no sólo a la virtud una exigencia muy pesada, quizás intolerable. Hay demasiados imponderables, contingencias, consecuencias impredecibles; hay un amplio margen dentro del cual las cosas pueden salir mal."
[2] Michel de Montaigne, Sobre la vanidad y otros ensayos, Valdemar, Madrid, 2000, p. 59.
[3] Bertrand Russell, Sociedad humana: ética y política, Ediciones Cátedra, Madrid, 1984, p. 61 (El término “composible” es de Leibniz).

Estas son mis primeras reflexiones serias acerca de la guerra y el imperialismo, por lo que es posible que estén equivocadas o mal reflexionadas. Por eso quiero que tengáis presente vosotros también un consejo que me dio hace poco Carlos: debéis poner en duda todos los términos que he utilizado, y analizarlos detenidamente, tenemos tiempo de sobra para ello. Sólo soy un mal "carpintero", pero hasta un mal carpintero puede hacer sillas que puedan servir de sustento a alguien ligero durante unos segundos. Eso es mi post, una silla endeble pero probablemente útil a corto plazo. Probablemente.

3 comentarios:

Carlos Suchowolski dijo...

¡Qué subidón de autoestima ser (que me hasyas) citado, uffff...! Pero en fin, aceptemos la responsabilidad (y el placer, je...) y permíteme que insista (en la idea de revisar y precisar, del rigor, etc.) tocando un "término" central: "La Democracia" y soltando sólo un exabrupto que debería requerir "otro" post "prohibible" -es "finura" y no "ironía"- o varios (todos "prohibibles" -... más "finura"-). Ahí va de manera interrogativa:

¿No incluye la "Democracia", y más en la medida en que nos acercamos al presente, los elementos "problemáticos" de la "representación" o "delegación", de la "autonomización" de la primera, el del motor del poder a través de los demás hombres, el de la incapacidad "congénita" de intelectuales y "sabios", brujos y profetas, filósofos y científicos, para dedicarse a los asuntos públicos, el de la incapacidad de las masas para asumir lo mismo y no digamos para actuar como una masa de hormigas obreras, el de la capacidad esta vez de unos pocos para aprovechar sus habilidades para realizar "todas" sus ansias...?

Pues si eso es... hay dos problemas: ni se puede esperar que deje de producir lo que produce (o dar de sí algo "puro" y ni siquiera "controlable" -¿por quién/es?-) ni se puede pretender una acción social que de lugar a algo "verdaderamente nuevo" y mucho menos "mejor"...

A esto llamaba yo "cuidar" el uso de los "términos" y no usarlos según su "popularización" (exagerada y manipulada in extremis bajo el marco de la postmodernidad).

Perdona, pero me lo has puesto, como se dice, a huevo.

Gracias de nuevo y un abrazo muy afectuoso y sincero.

Hugo dijo...

Pues si esto es un exabrupto es uno de altura, y en cierto modo magistral.

Estoy de acuerdo contigo. Espera, no, más que estar de acuerdo me estás haciendo pensar, y eso debe ser bueno.

Si la clave, o una de las claves, es la incapacidad, voy a poner todo mi empeño en comprender cómo quitarle el "in-" :P

Gracias por pasarte y traerte la lámpara jaja.

Un abrazo.

Carlos Suchowolski dijo...

Un abrazo.