18 de abril de 2009

El amor a la diversión

Vía La Maldición de Sísifo (que todavía no sé por qué no lo tengo en mis favoritos), he llegado hasta esta recogida de firmas -¿en vano?- en Ecologistas en acción para decir "no a la caza". Yo he firmado con la siguiente cita de Bertrand Russell -sí, lo sé, ahora estoy con Bertrand que no cago-:

En Australia, donde hay poca gente y muchos conejos, vi cómo toda una población satisfacía el impulso primitivo de forma primitiva, con una hábil matanza de miles de conejos. Pero en Londres o en Nueva York, donde hay mucha gente y pocos conejos, hay que encontrar otros medios de satisfacer el impulso primitivo. Creo que toda gran ciudad debería tener cascadas artificiales por las que la gente pudiera descender en canoas muy frágiles, y debería tener piscinas llenas de tiburones mecánicos.

[...] Hablando más seriamente, nos deberíamos esforzar en proporcionar salidas constructivas para el amor a la diversión.

Bertrand Russell, Sociedad humana: ética y política, Ediciones Cátedra, Madrid, 1984, p. 174.

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