10 de abril de 2009

El totalitarismo invertido de Wolin


¿Es posible pensar que el país democrático por antonomasia, los Estados Unidos de América, no sea en realidad en absoluto democrático? ¿Que los Estados Unidos se hayan metamorfoseado en una nueva y extraña especie de híbrido político en el que el poder económico y el poder del Estado se han asociado y quedado fuera de control? ¿Es posible que ese país, "el más poderoso de la Tierra", "Superpoder", haya descendido hacia una forma invertida del totalitarismo?
Eso se preguntan los editores de Democracia S.A., un libro "tan oportuno como inquietante" del teórico político Sheldon S. Wolin. Y no es para menos después de haber leído lo siguiente:

El totalitarismo invertido marca un momento político en el que el poder corporativo se despoja finalmente de su identificación como fenómeno puramente económico, confinado principalmente al terreno interno de la "empresa privada", y evoluciona hasta transformarse en una coparticipación globalizadora con el Estado: una transmutación doble, de corporación y Estado. La primera se vuelve más política, el segundo, más orientado al mercado.

[...] La antidemocracia, el predominio del ejecutivo y el dominio de la élite son elementos básicos del totalitarismo invertido. La antidemocracia no adopta la forma de ataques explícitos a la idea del gobierno por el pueblo. Políticamente, significa en cambio alentar lo que hemos llamado anteriormente "desmovilización cívica", condicionando al electorado a entusiasmarse por períodos breves, controlando su lapso de atención y promoviendo luego la distracción o la apatía. El ritmo intenso de trabajo y los horarios de trabajo prolongados combinados con la inseguridad laboral son la fórmula para la desmovilización política, para privatizar la ciudadanía. Es una fórmula que funciona de manera indirecta. Se alienta a los ciudadanos a desconfiar de su gobierno y de los políticos; a concentrarse en sus propios intereses; a quejarse de los impuestos; a cambiar el compromiso activo por las gratificaciones simbólicas del patriotismo, la soberbia moral colectiva y la proeza militar. Sobre todo, se promueve la despolitización envolviendo a la sociedad en una atmósfera de temor colectivo y de impotencia individual: miedo a los terroristas, pérdida de puestos de trabajo, incertidumbre de los planes de jubilación, costos médicos elevadísimos y gastos de educación en ascenso. A diferencia de los nazis, que creaban incertidumbre entre los ricos y los privilegiados mientras proporcionaban programas sociales a las clases trabajadora y pobre, el totalitarismo invertido explota a los pobres, reduciendo o debilitando los programas de salud y los servicios sociales, reglamentando la educación masiva para una fuerza de trabajo insegura, amenazada por la importación de trabajadores de bajos salarios. [...] El resultado es que la ciudadanía, o lo que queda de ella, se practica en medio de un perpetuo estado de preocupación. Hobbes tenía razón: cuando los ciudadanos se sienten inseguros y al mismo tiempo impulsados por aspiraciones competitivas, anhelan estabilidad política más que compromiso cívico; protección más que participación política.
Sheldon S. Wolin, Democracia S.A. La democracia dirigida y el fantasma del totalitarismo invertido, Katz Editores, Madrid, 2008, p. 334.

Artículo relacionado: Democracia amenazada, en Babelia (El País)

9 comentarios:

Tay dijo...

Los últimos renglones son para enmarcarlos.

Que bien utiliazan el miedo del pueblo para distraer... siempre ha sido...

Al pueblo «Panem et circenses»
"Al pueblo, pan y circo" y desde un tiempo para acá, gracias a las ideas de Leo Strauss, también una pizca de miedo.

Saludines

Hugo dijo...

Al César lo que es del César y al pueblo lo que es del pueblo, ¿no? jaja.

Por si te interesa, Carlos hace una "disección" interesante en su blog similar a este concepto. O al menos eso me ha parecido a mí jaja.

Ayer vi un buen cacho de Gladiator y esa cita le vendría de rechupete a la peli :P

Un saludo.

Tay dijo...

:D yo también la vi, que peliculote.

Manu dijo...

Creo que razón no le falta al autor de este libro. Otra cosa es que se haga premeditadamente o de forma casual, como una evolución lógica de nuestro sistema capitalista.

En realidad lo que la mayoría de la gente queremos (bueno, quiero yo y por eso creo que también el resto) es vivir en paz, tranquila y relajadamente y con las menores complicaciones posibles, para ser feliz y disfrutar de esta corta vida, pero como todos/as ambicionamos esto mismo, pues somos capaces de pisarnos unos a otros por conseguir nuestra meta y así nos va...

Bueno, luego también están los enfermos, psicópatas, ambiciosos y sin escrúpulos que se dedican a joder al prójimo por puro placer, claro.

Así es la vida.

A-brazos.

Hugo dijo...

Me ha gustado mucho tu comentario, Manu. Sobre todo el primer párrafo :D

Creo que lo mejor es que fuera premeditado, que sólo unos cuantos titiriteros lo planearan todo con total libertad de acción. Quizá así fuera más fácil combatirlo, sólo haría falta derrocarlos jaja. Pero me temo que no es así. Hay tantas cosas en juego, tantos interes, que a veces uno no sabe por dónde empezar.

¿Sabéis qué? Últimamente me viene a la mente una idea bastante surrealista que bien podría plasmarse en forma de novela jaja. Imaginad un mundo, ciertamente utópico, en el que la "educación ideal" llegase a todos los ciudadanos. Pero no del modo tradicional: mejorando el sistema educativo, promoviendo la lectura, etc. No, algo más drástico, más rápido. El lema del cambio sería algo así como ¡Quiero verlo ahora! ¡Quiero conocer un mundo sabio ahora, no soporto un cambio tan lento, si es que lo hay! ¡Deseo saber si ese mundo me saciará! ¡Quisera saber, aunque sólo sea por unas horas, cómo me sentiré ante una sociedad casi perfecta!

¡Oh, de verdad, no sé que prefiero, si un mundo feliz o este!

Ya me callo jaja. Un saludo, Manu y Tay.

Carlos Suchowolski dijo...

La verdad es que podría trasladar aquí sólo el "re-comentario" con el que te "contesté" en mi post. Pero añadiré algo pertinente que me vino a la mente tras releer este post tuyo y los comentarios de los amigos.

Se trata para no extenderme en el último párrafo que para mi gusto (siempre tan puntilloso, lo siento) pone en evidencia cierta visión un tanto superficial o poco rigurosa o quizás "just in the limit" que caracteriza a muchos pensadores que ven "los problemas" pero sólo hasta el punto o "la capa" tras el cual o la cual ir "más allá" los llevaría a un conflicto con su idiosincrasia. Por eso se quedan en que Hobbes "tenía razón" en lugar de señalar lo que realmente Hobbes soñaba: una "estabilidad" favorable a los intereses de su "grupo", el de los "intelectuales", en su tiempo... "piadosos y racionalistas" a un tiempo. Y es que cuando se dice:

"cuando los ciudadanos se sienten inseguros y al mismo tiempo impulsados por aspiraciones competitivas, anhelan estabilidad política más que compromiso cívico; protección más que participación política"

... ya hay algo que se nos "quiere colar" (involuntariamente en principio) bajo esa "generalización" social de la primera frase: "los ciudadanos", como si se tratara de una masa homogénea, que siente lo mismo, que tiene intereses iguales, y que en definitiva no existe y sólo es... un deseo intrínseco a la utopía deseada o soñada.

Yo creo que los intelectuales tienden (o tendemos, algunos renegando de ello) a poner en la realidad los personajes de nuestros sueños y deducir luego que si los reales no actúan como ellos... pues que están "alienados" (por ejemplo) o han sido "abducidos".

Yo creo que, por ejemplo, en lo que a las masas-que-viven-de-su-trabajo-físico o de ser más o menos simples "robotitos", que éstas buscan la "protección" (o más bien la "usufructúan") porque les interesa y no porque son engañadas. Si la vida se les pone muy mal, a veces pueden tardar en reaccionar, pero no es sino porque aún les queda una espèranza. Los que se sienten afectados realmente por la "opresión" son en realidad ciertos intelectuales... y cada vez menos mientras se les puedan ofrecer espacios a la sombra de los opresores (La Corte, en la época de Galileo; la Democracia Formal o "Totalitarismo Invertido" si se quiere, hoy). De nuevo, los intelectuales son los que "no comprenden" (y se explican echando balones fuera) la "pasividad de las masas", que en realidad sólo van a la suya y no a "la de ellos" (como sucedió en la Revolución Francesa). Otra cosa es que la apuesta a veces les salga también mal. Pero de esto último no está PARA NADA EXENTA la propia intelectualidad...

¿O no, mes amis?

Un abrazo.

Hugo dijo...

Vaya, yo rasco con las manos estos temas, pero tú te traes la excavadora jaja.

Creo que es una muy buena puntualización. Ciertamente no estamos engañados, simplemente "estamos".

Pero, ¿cuál es entonces la tarea del intelectual? Mientras haya "intelectuales" por un lado y "hombres-masa" por otro, ¿cómo llevarlo?

Un saludo, gracias por pasarte y darle de comer a esta :P

Carlos Suchowolski dijo...

No tengo ni idea, ni creo que debería tenerla, aunque al mismo tiempo me sienta inclinado a tener unas u otras tal vez a impulsos de mi sistema de supervivencia que me aleja todo lo posible del suicidio o su equivalente, la melancolía... Bueno, siempre podemos dedicarnos a lo que sea con todo el erotismo posible... ¡Es muy agradable el erotismo! ¡Y más reconfortante que otros métodos de desgaste! En fin... sigo sin saber nada después de estas vueltas y de las que di anteriormente... Creo que sufro del mismo mal que el que sufrimos todos los que somos "así".

Carlos Suchowolski dijo...

¡Pues eso por ejemplo... "esa" "ésta" (que no vi antes): http://www.simpsonstrivia.com.ar/simpsons-photos/wallpapers/homer-simpson-wallpaper-brain-1024.jpg!
¡Muy bueno, me has hecho soltar la carcajada!