6 de abril de 2009

Vindicación de la Sociología

¿Cómo puede la sociología ayudarnos a mejorar el mundo en el que vivimos?

Esta pregunta que a priori puede parecer un pelín ingenua, o infantil, permite bucear hasta el mismísimo fondo de la cuestión y traerse consigo lo más valioso de esta ciencia. Otra cosa, claro está, es saber llegar hasta allí o hacerlo en condiciones. El texto tan breve que veis aquí abajo es una de las posibles respuestas:
Es de suponer que casi de la misma manera que lo haría la biología o cualquier otra ciencia, esto es, aumentando el saber general como si de una botella de “vino infinito” se tratara y nosotros fuéramos las copas que se han de llenar. El sociólogo experto y consumado tal vez haya averiguado ya cómo servirse él mismo el “vino”, o al menos conocerá dónde se encuentra éste; pero muchos seguimos creyendo hoy día que nuestra copa está lo suficientemente llena, que no hay lugar en nosotros por pequeño que sea para la necedad y la ignorancia, y que por mil veces que pasara por delante el “camarero” que tan altruistamente desea llenárnosla jamás lo veríamos, pues nuestros ojos, tan poco acostumbrados al pensamiento crítico y a la búsqueda de la verdad, no pueden ver más allá de la tradición: ese “saber ingenuo” que durante siglos legan los padres a sus hijos, que adquiere carácter dogmático y que se reafirma a sí mismo por la sencilla razón de que hasta ahora ha sido mantenido por muchas personas antes que nosotros, sin importar en ningún momento si su procedencia se basa en el conocimiento científico o en la revelación divina. En definitiva, es un meme peligroso.

Pero ¿qué papel puede desempeñar la sociología en todo esto? Leyendo a Mills, a Berger, a Nietzsche y a cuantos todavía nos quedan por leer, deberíamos caer en la cuenta inmediatamente de lo que tan aterradoramente significa la afirmación de Jorge Santayana: “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”. ¿Qué ciencia, si no es la sociología, se atrevería a enfrentarse a tamaño aserto? La física no, por supuesto; demasiado ocupada está en encontrar una “teoría del campo unificado” como para tratar de explicar también cuál es la relación existente entre el hombre y la sociedad, es decir, por medio de qué mecanismos el individuo y la estructura dan forma a la sociedad tal y como la conocemos.

Hay quien cree que la sociología es demasiado especulativa, ingenua, utópica, poco clara en su discurso o tal vez demasiado amplia. Pensar así es llevar el reduccionismo hasta sus últimas consecuencias. La sociología, ciencia multidisciplinar, no intenta competir con las ciencias físicas, pues su modo de actuar es necesariamente distinto. Como muy bien apuntaba Radagast, las diferentes ramas del saber deben integrarse y reconocerse como parte de algo mayor. En ese sentido podemos, y tal vez debamos, tener una “mirada comtiana” de la realidad. No sólo somos átomos, sino también el resultado de nuestras ideas y reflexiones. Aunque éstas no fueran más que reacciones eléctricas propagándose por el cerebro, dan forma a todo lo que el hombre crea, tanto en su imaginación como en el mundo físico. ¿Cómo entender sino las estructuras sociales? Además, ¿de qué otra manera podríamos criticar las instituciones para que “la violencia política que se ejerce oscuramente en ellas sea desenmascarada y se pueda luchar contra ellas”?

La sociología, a diferencia de la psicología, opera sobre la base de grandes masas humanas, no se centra en un sólo individuo o en el individuo en sí, sino en un grupo de ellos. Esto es una gran ventaja, y más aún en una sociedad sierva de la globalización. Sí que es cierto que parte de las críticas que esta ciencia recibe (acerca de su cientificidad, por ejemplo) no son del todo infundadas; pero si esto es así es debido a que muchos científicos sociales a menudo subestiman el valor de la estadística, la importancia de los datos empíricos. Puede ser, entonces, que lo que se eche en falta sea un espíritu psicohistórico más vivo, como apunta Isaac Asimov en sus novelas de ciencia-ficción; porque es manifiesto que para construir una sociedad sólida en sus pilares se debe mirar más allá, así como educar a los escolares en una visión totalizante de la realidad: “Hombre, conócete a ti mismo y conocerás al Universo y a los Dioses”, se podía leer a la entrada del templo de Delfos.

¿Y si las ciencias sociales, cabe preguntarse, tuvieran la capacidad de ver y analizar la lógica oculta de la vida?, ¿y si descubrieran la correlación que existe entre dos conceptos tan aparentemente alejados el uno del otro como lo son la legalización del aborto y el descenso de la criminalidad?[1] ¿Podrían entonces estudios de este tipo construir una sociedad más sabia, conseguir el mejor de los mundos posibles, como reza el lema de los optimistas?

Peter L. Berger opinaba que para explorar la condición humana, y así restaurar (con parches, si es preciso) el mundo en el que vivimos, la sociología debía estar tan conectada a la historia y a la filosofía como lo están las ciencias ambientales a la biología y a la química [2]. Por lo que respecta a la filosofía, la idea del eterno retorno de Nietzsche puede sernos de mucha utilidad. Milan Kundera, en su novela La insoportable levedad del ser [3], hace una genial interpretación de este concepto, además de muy accesible. Para él, la idea del eterno retorno “significa cierta perspectiva desde la cual las cosas aparecen de un modo distinto a como las conocemos: aparecen sin la circunstancia atenuante de su fugacidad. Esta circunstancia atenuante es la que nos impide pronunciar condena alguna”; es decir, en un mundo donde la guerra de Irak se repitiese eternamente y sus ciudadanos fuesen conscientes de esa eternidad desgarradora, las guerras, así como otras incoherencias, no estarían cínicamente permitidas como lo han estado y seguramente lo seguirán estando. Ese día, si llegase, una parte importante del pueblo diría algo así como: “¡Eh, esperad un momento!, ¿no creéis que si esto se ha de repetir siempre, al menos merece seriamente nuestra atención?” A lo que seguramente alguna minoría todavía respondiese: “¿Por qué tanto revuelo? Tan sólo es una metáfora”. Pero la multitud, ahora convertida en miles de Zaratustras, espetaría con decisión y al unísono: “¡La sociedad de la cual formamos parte, como concepto, también es una metáfora, nuestros ojos no pueden verla realmente, pero no por ello es menos cierta!”

Por otro lado, también hay quien cree ver en la sociología un sustituto de la filosofía, es decir, una nueva filosofía, más social y empírica. Es lógico pensar así, pues a menudo pareciera que el estudio de la filosofía está tan poco familiarizado entre la gente que lo mejor sería un lavado de cara; pero nada más lejos de la realidad. El escepticismo filosófico es, en sí mismo, una herramienta social complementaria poco atendida. Éste, si pudiera hablar, seguramente nos dijese que los nacionalismos, en cierto modo, no son más que religiones, sólo que en lugar de creer en un dios lo hacen en una bandera, en una identidad nacional que a poco que la zarandeemos pierde su seriedad. Como diría Cioran, son máscaras gracias a las cuales intentamos “ocultar nuestro propio drama y olvidar en un furor de reivindicaciones” lo que verdaderamente debe buscar el ser humano: centrarse “en el problema del conocimiento”.

Esas son, entre otras, las cartas con las que juega la sociología; unas cartas necesarias si queremos alcanzar la “mayoría de edad”.
[1] Levitt y Dubner, Freakonomics, Ediciones B, Barcelona, 2007, p. 15. (Esto se merece un post).
[2] Peter L. Berger, Introducción a la sociología, Limusa, México, p. 235.
[3] Milan Kundera, La insoportable levedad del ser, Tusquets Editores, Barcelona, 1985, p. 10. (Esto también se merece un post).


Si habéis tenido el valor de leerlo entero, se admiten críticas. Incluso insultos, si fuera necesario.

Además, pido disculpas por dos cosas: por haber puesto tanto enlace (pensé que una vez al año no...) y por haber barrido para casa (el tono "la sociología es lo mejor" empleado en el texto me delata). Es parte de una práctica realizada para la asignatura de Sociología General. Quizá eso lo explique.

11 comentarios:

Penélope Glamour dijo...

Así que admites insultos ¿eh?. Pues me cago en toda tu raza por relegar a la Filosofía a una rama de la Sociología.

Milenios la contemplan y ahora vienen unos niñatos (los nuevos "sociólogos") y se permiten el lujo de pontificar desde una nueva "ciencia social" (la Sociología). Acabas con eso de "centrarse en el problema del conocimiento". Y ¿es necesario para alcanzar la "mayoría de edad" que la Sociología mire por encima del hombro a la Fiosofía?

Quizá el problema de la Sociología no radique en la cuantificación cual ciencia física (que también la tiene), sino en que para "conocerse a sí misma" ha de basarse en demasiadas ramas del conocimiento, lo cual puede diluir su esencia.

¡Ah!, pero la Filosofía tiene su "esencia". ¿Podemos menospreciarla en el mundo actual sólo porque suene mejor "Sociología"? ¿o porque en los planes de estudios de muchas carreras universitarias de ciencias naturales o físicas se incluye la asignatura de Sociología y no la de filosofía?.

Al final caeremos en la tesis economicista del pensamiento, y, depués de todo, más vale incorporar la Filosofía a un árbol en auge (la Sociología) que dejarla languidecer en los planes de estudio.

Hala. Leña al mono, que es de goma, jeje.

Gran trabajo el tuyo. Felicidades.

Hugo dijo...

Me encanta tu comentario. Es una defensa de la filosofía magnífica. Pero sería redonda si yo realmente hubiera relegado la filosofía a una rama de la sociología jaja.

Si no me he expresado mal, he dicho todo lo contrario :D

Gracias por el piropo final, se agradece después de tanta leña :P

Siesp... dijo...

La perversión del lenguaje, jeje. Y te he aclarado lo que me decías en tu comentario de mi blog. Jajajaja. Además lo he actualizado gracias a ti.

Y para distender el tema, échale un ojo a esta foto, jajajaja.

Hugo dijo...

No la veo. Hummm... no me estarás tomando el pelo, ¿verdad? jaja :P

Un saludo.

Siesp... dijo...

Vaya, se me olvidó poner el enlace jejeje. Aquí está:
http://www.antoandreu.com/2009/04/06/joer-con-el-nombre-del-concesionario/
Sal-U2

Hugo dijo...

Está hecho adrede, eso es puro marketing jaja :P

Siesp... dijo...

Jajajaja. ¡No está hecho a drede!, la dirección del concesionario es en la calle José Lastiesas jajajaja jajajaja
Míralo aquí:
http://coches-automoviles.es/Concesionarios-de-huesca/concesionarios-coches-de-ocasion-autofelar-s-l-sabinanigo/gmx-niv573-con40507.htm
Saludines.

Hugo dijo...

Ahora sí que sí, con la calle que han elegido para montar el concesionario ya no me cabe ninguna duda jaja, es broma :D

Un saludo.

José Luis Ferreira dijo...

Me parece bien que cada uno aprecie la disciplina o ciencia que más le guste y que mejor maneja. Mis hijas también son las más guapas del mundo, y no lo digo porque sea su padre.

Fuera de bromas, no perdamos la perspectiva de que si hay distintas ciencias es porque no podemos estudiar todo a la vez. Esto tiene sus ventajas, pero también hay dos inconvenientes. El primero, que creamos que la nuestra es la más guapa. El segundo, que si sólo tenemos un martillo, podemos ver demasiados clavos (dije algo sobre esto hace un par de días en mi blog).

Creo, con todo, que la mejor defensa que se puede hacer de una ciencia es mostrar alguna de sus aportaciones al conocimiento humano. Recuerdo que durante la carrera el profesor de Sociología nos recomendó el libro "Invitación a la Sociología". No recuerdo el autor, pero sí que estaba orgulloso de dos aportaciones: la demostración de que la pena de muerte no reduce los crímenes y el concepto de profecía que se cumple a sí misma.

Hector1564 dijo...

Me ha gustado el post.

Explicar qué es lo que hace, cómo lo hace y en qué sentido se apoya en el resto de las ciencias considero que son tareas que deben realizar constantemente todas las ciencias sociales y en general, todas aquellas ciencias que no son eminentemente matemáticas, para no caer en, por decirlo finamente, la masturbación intelectual.

Hugo dijo...

Me quedo con esta parte de tu post, José Luis:

"[...] Hace falta equiparse con la Economía, la Teoría de la Probabilidad, la Teoría de Juegos, la Biología y las Ciencias Sociales, respectivamente, (y no únicamente con ellas) para poder estudiar con mínima coherencia cada uno de esos temas."

Tienes toda la razón con los dos inconvenientes que planteas.

¿Puede ser que sea Peter L. Berger el autor de aquel libro? Lo digo porque nosotros trabajamos el cuatrimestre pasado "Introducción a la sociología" (Invitation to sociology), de Berger. La cuestión es que me suena lo de la pena de muerte pero no te sabría decir si es ese, la verdad jaja.

Qué mala es la "masturbación intelectual". Una muestra clara de ello es el choque de las "dos culturas". Si alguna vez me vierais en plena faena, reñidme :P