2 de mayo de 2009

Dicotomías en la ciudad

Hay que admitir que nos atraen las dicotomías, ver diferencias donde posiblemente no las hay. Héctor, por ejemplo, ya nos ponía sobre aviso al sugerir la muy discutible dicotomía razón/fe.

Antonio Damasio afirma en su libro El error de Descartes que:

No es sólo la separación entre mente y cerebro la que es mítica: la separación entre mente y cuerpo es, probablemente, igual de ficticia. La mente forma parte del cuerpo tanto como del cerebro.

Aplicando esta "perspectiva" a temas más sociales como el de identidad de género, podemos decir que: querer darles al hombre y a la mujer significados diferentes y encerrarlos, en cierto modo, en palabras-cárcel como pueden ser “masculino” y “femenino” podría ser un error, o cuando menos un nido de problemas.

Fernández-Llebrez opina que “este deseo de omnipotencia tiene su reflejo en la ficticia necesidad de que “todo tiene que cuadrar”".* No digo que el hombre y la mujer sean iguales, pero sí que los conceptos "hombre" y "mujer" agrupan dentro de sí tantos significados diferentes y contrapuestos que lo correcto sería dudar de todos ellos.

Palabras de uso coloquial como afeminado, tener pluma, camionera, marimacho y similares, nos avisan de esta falsa o al menos discutible dicotomía. Dicho más claramente: ¿por qué atributos que solemos aplicar mayoritariamente a la mujer no pueden aplicarse en igual medida al hombre, o viceversa?

Cuando digo "al menos discutible dicotomía" estoy reconociendo su utilidad e incluso inevitabilidad. Por regla general, nos atraen las mujeres femeninas y cariñosas, los hombres fuertes y seguros, de eso no cabe duda. Pero una cosa es entender cómo funciona la naturaleza para explicar nuestro comportamiento hacia lo bello y otra distinta negarse a encauzarlo en la medida de lo posible.

También podríamos hablar de la transexualidad o de la violencia de género, ya que son producto de los mismos roles y restricciones de antes, los cuales han sido claramente definidos desde el principio "de los tiempos" y que por lo tanto carecen de flexibilidad a la hora de definir al ser humano.

[*] Fernando Fernández-Llebrez, ¿”Hombres de verdad”? Estereotipo masculino, relaciones entre los géneros y ciudadanía, Foro Interno, vol.4 (2004), p. 18.

4 comentarios:

Tay dijo...

El concepto que manejas aquí es realmente importante, ¿que hay en la realidad de esas dicotomías que nosotros manejamos en nuestra mente?

En mi opinión las dicotomías son un resultado inevitable de la forma en la que funciona nuestro hemisferio izquierdo, clasificando todo lo que procesa en pequeños espacios delimitados por palabras/conceptos. Al estar delimitados, forzosamente deben cortar por lo sano y dejarse mucho color gris entre el cuadrado blanco y el cuadrado negro.

Un saludo

Hugo dijo...

Siempre acabamos hablando del cerebro, ¿por qué será? jaja.

Cuando "manejo" estos conceptos, confieso que siento un miedo terrible. Apenas los entiendo, y no lo digo en el sentido de sólo sé que no sé nada.

Me da mucha rabia -bueno, quizá no tanta- saber que estoy dando palos de ciego -porque eso, si no se sabe, al menos se sospecha- y sin embargo tener la convicción de que mis "palos de ciego" pueden "educar" a otros que dan peores "palos de ciego" jaja. Creo que eso es, en definitiva, un blog: un miope guiando a un ciego :P

Un saludo.

Tay dijo...

Jejeje bueno, prefiero pensar que todos tenemos dos ojos, pero cada uno mira hacia un lado, y el blogger solo dice "oye!!! mira!!! estoy aqui!!! mira esto!!! no te lo pierdas!!!"
:D

Hugo dijo...

También, también :D