11 de mayo de 2009

Hipocresía, ética y evolución

El comentario que Francisco Chávez nos dejó en un post anterior me ha hecho volver a pensar en la psicología social, concretamente en un experimento muy curioso sobre conformismo que llevaron a cabo dos psicólogos sociales en los años setenta:
John Darley y Daniel Batson [...] eligieron a un grupo de estudiantes de teología [...] con el propósito explícito de grabar un discurso. Cada sujeto practicaba su charla en una habitación; luego se le instruía para que fuese andando hasta otro edificio donde grabarían su actuación. En ese preciso momento a unos estudiantes se les informaba de que andaban con retraso para su cita y que debían apresurarse, a otros se les decía que iban puntuales y a los restantes que tenían tiempo de sobra. En el camino a la sesión de grabación, en el otro edificio, los sujetos se encontraban con alguien accidentado, caído en la puerta de la entrada, con la cabeza en el suelo y los ojos cerrados, que tosía cuando los sujetos se acercaban. Los estudiantes que tenían prisa eran quienes con mayor facilidad pasaban de largo. Mientras que más de la mitad de los sujetos que iban temprano o puntuales se paraban para ayudar al accidentado, sólo ofrecieron ayuda el 10 por 100 de los estudiantes que pensaban que iban retrasados para su cita, ¡y eso que el discurso que debían desarrollar incluía la parábola del Buen Samaritano! [1]
¿Fueron hipócritas? Sí, evidentemente. ¿Lo volverán a ser? Sí, seguramente.

Una hipótesis: nuestra mente se encuentra seducida por dos morales, una más antigua y otra más moderna, si bien las dos son inseparables. Pero juguemos a dividir por un momento. La primera es la que predomina en el reino animal. La segunda, aunque también procede de la naturaleza y es resultado de la evolución, en su día dio un paso más allá y es, que yo sepa, exclusivamente humana (ver 4º comentario).

Ambas están enfrentadas: la primera nos explica cómo somos realmente y la segunda cómo deberíamos ser (ética). Para la primera -como por ejemplo la que tiene un perro- la hipocresía no existe, para la segunda sí. En este sentido, actuamos como perros pero no nos gusta actuar como perros, es decir, tenemos sesgos que no nos gusta tener y que por lo tanto consideramos inmorales.

Dicho de otro modo, hemos heredado de nuestros antepasados algunas características que a ellos no les hacían ningún daño, todo lo contrario, y sin embargo son un verdadero quebradero de cabeza para nosotros.

Störig, en cuya reflexión me acabo de apoyar, opina lo siguiente:
¿Procede nuestra moral, pues, de la naturaleza, del reino animal? Sí y no. Sí: dentro de lo que llamamos moral hay algo de herencia que hemos tomado de nuestros antepasados animales. El hombre es un ser social, y por ello, cooperativo por naturaleza; y dentro de un grupo limitado, es capaz de refrenar su egoísmo. No: el postulado central de toda moral -que todo ser humano, también el lejano y extraño, tiene derecho al respeto de su libertad y su dignidad, a la inviolabilidad de su vida, a "derechos humanos"- [...] no puede derivarse de la naturaleza, de la evolución. Al contrario, le contradice. En un sentido semejante, la moral es extraña a la naturaleza [...].

La moral, en puridad, tal como aparece sobre el papel, es decir, como una idea nunca alcanzable, no procede de la naturaleza. Mucha más afinidad con la naturaleza tiene, desde luego, la "moral" que de hecho siguen en la vida práctica la mayoría de los hombres. [2]
¿Y qué dice la psicología social sobre la hipocresía?
En psicología, el comportamiento hipócrita se relaciona al error fundamental de atribución: los individuos tienden a explicar sus acciones por su ambiente, pero atribuyen las acciones de otros con "características innatas", lo que conlleva a un juicio sobre los otros mientras se justifican las propias acciones.
Mini-conclusión: todos nos comportamos hipócritamente, si bien es posible que unos más que otros. Averigüemos cómo actúa un sesgo tan peligroso y habremos dado un paso importante; conozcamos nuestras raíces y habremos dado uno aún más importante. Basta de llamarnos hipócritas; comprendamos por qué lo somos. Como acabo de comentarle a Siesp en la entrada anterior, el estudio del comportamiento nos puede decir asimismo por qué los intelectuales han fallado siempre a la hora de "sensibilizar" a la mayoría, a pesar de resultar muy convincentes, como Eduardo Galeano en este vídeo.

Cuando en La nueva Ilustración Evolucionista le preguntan a la antropóloga Sarah Blaffer Hrdy cuál es el misterio que más le gustaría desvelar, responde:
Quiero entender los orígenes de estas búsquedas del contacto inter-subjetivo, cómo empezó por primera vez. [...] El origen de nuestros “impulsos de consideración para con los demás”, y lo que los psiquiatras llaman "inter-subjetividad" - la razón por la que los seres humanos estamos mucho más interesados que los demás simios en lo que otros piensan, sienten e intentan hacer.
Esta imagen es, ahora que me doy cuenta, un adelanto de otro post que tengo en el horno.

Estoy abierto a cualquier comentario, aportación o ayudita, ya lo sabéis. Siento, y sé, que sólo estoy rascando la superficie. Aun así confío en que algún lector aprenderá de este largo post y de los interrogantes tan apasionantes que en él se plantean, así como yo lo hago de otros.

[1] Elliot Aronson, El animal social, Alianza Editorial, Madrid, 1975, p. 66.
[2] Hans Joachim Störig, Historia universal de la Filosofía, Editorial Tecnos, Madrid, 2004, p. 782.

Posts relacionados:
- Mecanismos perceptuales I: Estereotipos y teoría de la atribución, en Zootopy.
- Estamos condenados. ¡Ahora con más experimentos!, en Las penas del Agente Smith (este post está basado en otro llamado "5 experimentos psicológicos que prueban que la humanidad está perdida"). ¡Toma Jeroma!
- ¿Cuál es el origen de nuestra moral?

9 comentarios:

Level 42 dijo...

Denso, amplio y precioso post. Tus entradas llevan miga, las mias son meramente descriptivas.

Reproduzco parte de mi respuesta a tu comentario en mi blog:
La hipocresía es inherene al ser humano, y se podría definir por la capacidad de éste para ocultar sus defectos y carencias. Yo me puedo imaginar dos tipos de hipocresía, la social (resumida en la famosa frase de “hacer de la necesidad virtud”) y la patológica (cuando no podemos evitar ser como somos y simplemente cambiamos los acentos de la realidad por si logramos engañar nuestra propia proyección).

El experimento con los estudiantes del principio sólo refleja la realidad social, se obtendría el mismo resultado con verduleros. Aun así es bastante revelador.

Y a mí también me gustaría conocer lo que pretende la antropóloga Sarah Blaffer, pero tiempo tendremos, máxime si seguimos tu blog y la sabiduría de tus comentaristas. Me quedo a la escucha, jejeje. Ya sabes que yo no entiendo mucho de esto pero me gusta aprender.

Saludos.

Hugo dijo...

Todas llevan miga, aunque hay migas y migas jaja. A lo largo de nuestra vida vamos cambiando el gusto por las migas; pasamos de unas a otras :P

Creo que he arriesgado bastante en esa concepción de las dos morales. Así que yo también me quedo a la escucha jeje y a la espera de posibles correcciones.

Un saludo verdulero.

Francisco Chávez dijo...

Hugo, primero que nada muchas gracias por darle continuidad a la conversación en el sentido de platicarnos sobre el experimento del Buen Samaritano (que confieso desconocía), así como sugerir al final el post que escribí sobre el error de atribución.

Entrando en materia, me gustaría comentar sobre las dos morales que mencionas. Yo he leído de ellas como dos leyes que rigen el actuar del ser humano: la ley sadiana (en honor al Marqués de Sade) y la ley occidental (la moral propiamente dicha).

La ley sadiana exhibe al hombre en su desnudez pura, mostrando la naturaleza humana sin censura. Muestra "el costado humano más salvajemente erótico de nuestra violencia más brutal"(1), así "desenmascarando con este gesto la hipocresía de toda moral" (2). Para Sade, el mal es la misma natrualeza, y en su obra nos obliga "a precisar la brutalidad como proviniendo de nosotros mismos" (3)

Por otro lado, en la ley occidental, el hombre moral es el que cumple mejor la ley. "La ética occidental está regida por el fantasma de la victimización del hombre" (4), en donde reconocer la brutalidad del hombre y favorecerla es un crímen en sí mismo.

¿A qué quiero llegar con esto? En el cohabitar de ambas leyes en el actuar humano. Por razones evidentes, la hipocresía proviene de la ley occidental. Sin embargo, ¿la hipocresía no va asimismo en contra de la ley occidental (octavo Mandamiento de la Ley de Dios: no mentirás). Vaya paradoja, que como bien dices da para mucho, mucho, mucho más.

Cierro con una cita de Charles Baudelaire: "En lo aberrante encontramos el deleite y placer en lo más detestable. Cada día descendemos un paso al inferno, sin horror, entre tinieblas que apestan". Sin embargo, en sociedad tratamos de mostrar nuestra cara más "humana", victimizada, hipócrita.

Excelente post. Me ha encantado. Felicidades!!!

(1) Susana Bercovich, "Aproximación a una erótica del poder", Litoral, No. 32, México, D.F.
(2), (3) y (4) Idem.

Tay dijo...

Coincido con los compis "comentadores", muy interesante.

Aunque en mi opinión, barro para casa, el segundo tipo de moral que describes, no sería en exclusiva humana, pues comportamientos mentirosos en chimpancés nos mostrarían la moral grupal (cuando otros te ven) y la moral individual, cuando te expresas sin control a las restricciones morales-sociales. Incluso arriesgando un poco más y llegando a un nivel muy inferior, el comportamiento parental egoísta de aves (o en cualquier bicho que realice un cuidado de las crías) también podría mostrarnos una versión muy básica de esto, pues las necesidades "grupales" (siendo un grupo muy reducido en este caso) también se verían enfrentadas con las particulares. También se me ocurren casos de comportamientos excepcionalmente altruistas en cetáceos... en resumen, en mi opinión nuestras características son cuantitativamente superiores, no cualitativamente... aunque es un tema discutible, of course. :D

Un saludazo

Hugo dijo...

Tay, estoy de acuerdo contigo:

"[...] en mi opinión nuestras características son cuantitativamente superiores, no cualitativamente"

No debí decir "exclusivamente humana", he olvidado ponerme -como casi siempre- mis gafas de visión "gradualista" y biocentristas jaja. Muchas gracias por barrer para casa :D

Francisco, qué puedo decir, yo también te felicito, ¡pero por el comentario! Vaya ampliación, muchas gracias. ¡Con citas y todo!

Lo único que me hace dudar es el término que utiliza Bercovich: "ética occidental". Seguro que tiene una explicación para utilizarlo de ese modo, pero así, a bote pronto, se podría malinterpretar y creer que la moral es exclusivamente de los occidentales. Pero seguramente con "occidental" no se esté refiriendo al "occidental" que yo manejo jaja, ¡espero!

Un saludo a los dos, un placer.

Tay dijo...

:D bueno quizá yo tampoco debí decir "superiores"... sin aclarar que lo digo desde un sentido antropologico.

Un saludin

Francisco Chávez dijo...

Gracias Hugo. La moral occidental a la que se refiere S. Bercovich me parece que es el producto de las morales griega y cristiana, e involucra a todos aquellos que han conformado su moral con base en los principios de estos dos pilares. Es por ello que las sociedades occidentalizadas, mucho más allá de un ámbito meramente geográfico, son las que se rigen muy en esencia bajo las influencias grecolatinas y cristianas.

Saludos!

RDC dijo...

Buenas tardes señores.

Voy a ir directo al grano: la moral se dedica a hablar sobre el comportamiento humano. Los grandes moralistas de la humanidad han sido los grandes preceptores, o sea, los que han establecido códigos de conducta. Ejemplo: La moral cristiana no es más que un conjunto de preceptos, o sea, de leyes de comportamiento.

A mi entender los grandes moralistas han sido dictadores, o sea, legisladores que a cambio de obedecer ciertas leyes prometían cierto objetivo u recompensa.

"Yo quiero que las cosas se hagan de esta forma y no de otra". Eh aquí la voluntad fundamental de todo moralista. Que luego se ponga el traje de portavoz de Dios mientras comenta -Estas leyes no son mis leyes, sino las de Dios- forma parte de la farsa "política"; es una estrategia para subyugar a la gente sin que ésta lo advierta ¡La gente cree que sigue a Dios pero en realidad siguen al sacerdote, al teólogo! Es el viejo truco del dramaturgo y el cuenta cuentos.

Eso más que hipócrita es ser astuto... y rastrero.

Hugo dijo...

Gracias Francisco por el apunte, muy pertinente.

Tay, todo en este mundo es una continua aclaración jaja.

RDC, totalmente de acuerdo. Creo que el comportamiento hipócrita está muy ligado al deseo de poder, o como lo llama Russell, el amor al poder. Aunque también le andan cerca la codicia, la vanidad, etc.

Los impulsos y los deseos, si los entendiéramos, nos entenderíamos :P

Un placer teneros por aquí, lo sabéis. Un saludo.