21 de mayo de 2009

Socialización política

Una de las cosas que más me gustan del blog Privatum es su capacidad de evocación y su brevedad. Leo:
Todo carácter revolucionario entiende el pensar exclusivamente como una crítica. [...] Todo carácter conservador odia la crítica.
Desde que leí a James Fowler en Cultura 3.0 me ha interesado mucho este tema, exactamente qué mecanismos, tanto culturales como genéticos, hay detrás de las personas que tienden a ser más conservadoras y las personas que tienden a ser más revolucionarias. Obviamente no somos ni conservadores completamente ni progresistas completamente: ¡somos híbridos!

El propósito de este post es mencionar brevemente algunas de las causas culturales de nuestro comportamiento político.

Tradicionalmente, en ciencia política este tema es afrontado desde un concepto muy majo, el de socialización política. Como es lógico, los "valores ideológicos" de los padres tienen mucha relevancia en la socialización del niño, aunque no es el único elemento socializador. Nos dicen Fowler y compañía:
One of the strongest regularities in the empirical political science literature is the well-known correlation in parent and child partisan behavior.
Es decir, la conducta partidista (partisan behavior) de nuestros padres es importante de cara a la creación de nuestra propia conducta política. Quizá no sea decisivo este factor, pero no hay que quitarle el ojo de encima. No obstante empecemos por el principio.

Cuando un niño crea su propio universo político, empieza construyendo su identidad nacional. Podríamos decir que ésta es la planta baja de su "edificio político", las primeras nociones políticas que adquiere. Aquí tienen una importancia capital las primeras enseñanzas cívicas que recibe en la escuela (aprender a diferenciar la bandera de su país del resto de banderas, a colorearla adecuadamente, saber qué día es fiesta nacional, etc.). Esta primera planta se "acondiciona" rápidamente.

La segunda planta sin embargo tiene que ver con el contexto cultural, social y económico en el cual se desarrolla la vida del niño. A esta la vamos a llamar la "planta de las ideologías" (le he dado este nombre de atracción de feria porque realmente es para marearse en ella). Aquí el niño va a encontrar unas herramientas u otras en función de su entorno. Éstas le servirán el día de mañana para enfrentarse a cuestiones políticas concretas, como saber cuándo es el momento oportuno de llamar ladrones a los políticos en una reunión familiar o simplemente para saber (oler) cuándo anda cerca un rojo.

Digamos que en ese "piso" el sujeto aprende tres cosillas:
1. Aprende a percibir y definir lo político. Con este utensilio es capaz de distinguir entre la multitud a las personas más afines a él, por ejemplo.

2. Aprende a reconocer los objetos políticos. Debido a la visibilidad de estos, al principio identifica con facilidad al Rey, más tarde al Presidente, y al final al alcalde, a los diputados, a los concejales, etc. De hecho, todavía a muchos de nosotros nos cuesta identificar a estos últimos jeje. Se suele dar una explicación bastante lógica a este fenómeno: en un principio, los roles deliberativos que representan los escalones intermedios en la jerarquía política no son tan visibles. Luego ya, cada uno con su periódico favorito o sus amigos y familiares va conociendo todos los recovecos de la política.

3. Aprende a posicionarse políticamente. Aquí entran en juego varios sentimientos. Si el individuo es competitivo por naturaleza, quizá participe más en la esfera política (sentimiento de omnipotencia). Pero si al individuo le embarga un sentimiento de impotencia (creer que las cosas no tienen solución), su participación e interés será menor.
No hay que olvidar tampoco que en dicho aprendizaje influyen dos mecanismos de carácter impositivo, el de familiarización y el de inculcación:
- Familiarización: es la imposición que pasa inadvertida y se produce sin violencia, llevada a cabo por la repetición cotidiana de determinadas costumbres en el entorno familiar.
- Inculcación: es similar al concepto anterior pero con una diferencia importante, la imposición es premeditada. Se trataría de todos aquellos discursos elaborados tanto por los padres como por los profesores, etc.
Por último -hay que tener mucho valor para haber leído hasta aquí-, es preciso diferenciar por lo menos tres habitaciones en la "planta de las ideologías", exceptuando el baño:
1. Familia: es el lugar ideal para la transmisión de preferencias ideológico-partidistas.
2. Escuela: aquí los niños descubren relaciones de poder que no aparecen dentro de la familia; relaciones horizontales (con los compañeros) y relaciones verticales (con los profesores, con la institución...).
3. Contexto: esta habitación es la más amplia, y se podría decir que las dos anteriores se encuentran dentro de esta. El contexto histórico del individuo evidentemente marca las acciones de éste. Nuestros sentimientos políticos variarán dependiendo de si nos encontramos en una situación de crisis económica, por ejemplo, o en una etapa tranquila. Los medios de comunicación tienen mucho que ver también en esta "habitación".
Como nos dijo nuestra profesora al terminar la clase, es muy difícil que exista una relación directa y simple (causa-efecto) entre las predisposiciones y actitudes políticas adquiridas en la infancia y adolescencia y el comportamiento que tendremos de adultos.

Por eso creo que el lavado de cara que le están haciendo muchos politólogos jóvenes a la ciencia política, como Fowler que "está tratando de llevar a las humanidades por la senda de la ciencia empírica, combinando el estudio de las redes sociales, la economía conductual, la teoría evolucionista de juegos e incluso [...] la “genopolítica”: el estudio de las bases genéticas del comportamiento político", es crucial si no quieren estancarse las ciencias sociales (aunque estancadas siguen siendo muy útiles, es cierto).
[Para la realización de este largo post me he basado en los apuntes de ciencia política de un compañero. Gracias Antonio. Quizá por eso os haya resultado tan teórico; es que si no lo hago así no estudio. Comprendedme, los exámenes están a la vuelta de la esquina y...]

2 comentarios:

Siesp... dijo...

Extenso y sugerente post. Así que, después de haberlo rumiado, diré que: (uf, cómo me ha quedado, jejeje)

Sería un buen tema a estudiar por ls Sociología la confusión en la que vive muchísima gente, respecto a la idea de que una determinada filiación política sea de utilidad para ese partido.

Por ejemplo, ¿no es más provechoso predicar con el propio comportamiento?

¿Dónde se forma la conciencia política? Intervienen muchísimos factores, como bien dices. En definitiva, si disponemos de unas buenas neuronas engrasadas (no sólo basta el ingenio) los razonamientos serán sólidos para defender posturas, pero han de ser lo suficientemente flexibles como para asumir que dichos razonamientos nos conduzcan a una tesis inesperada. Se asume y ... se aplica a la vida diaria, para ser coherente.

Otro día podríamos hablar de la coherencia de lo que uno dice y lo que hace.

Saludos algo espesos hoy. Jejeje.

Hugo dijo...

Estaba deseando ponerme con tu comentario, pero me había llegado un libro de B.F. Skinner y he aprovechado para bajar al centro a por él :D

Dices: "¿no es más provechoso predicar con el propio comportamiento?"

Me encanta, esa es la clave. Otra cosa es llevarlo a la práctica pero... jaja, ese es el quid.

"Otro día podríamos hablar de la coherencia de lo que uno dice y lo que hace."

Pff, ese tema me atormenta y me apasiona jeje. Mi primer acercamiento fue aquel post, como recordarás (lo enlazo no por ti, sino para hacer publicidad jaja).

En un post próximo hablaré de la desigualdad social, la justicia social, la paticipación democrática, la ciudadanía... y hablaré de lo que mencionas también. Aunque de pasada y con pinzas, ya conoces mis posts :P

Gran comentario, un placer leer tus rumias (o como se diga jaja).

Un saludo.