11 de junio de 2009

Más Darwin y menos Marx

Según el filósofo utilitarista Peter Singer, la posición actual de gran parte de la izquierda política es: "la noción de que la evolución darwiniana se detiene en el alba de la historia humana y que toman el relevo las fuerzas materialistas de la historia" [1]; esto es, creer que los humanos somos completamente moldeables y que, en todo caso, son las costumbres las que preceden a los instintos, y no al revés. Para Singer, y para muchos otros, esto es un error.

Lejos de convertirnos en injustos darwinistas sociales, como algunos temen, el estudio de la naturaleza aplicado a la política puede conseguir todo lo contrario: hacer tambalear, aunque sea levemente, todas aquellas doctrinas que han intentado "educar" y moldear al ser humano como si este careciese de antecedentes biológicos. No es extraño entonces, como dice Singer, que "en el siglo XX el sueño de la perfectibilidad de la especie humana se [haya] convertido en las pesadillas de la Rusia estalinista, la China de la Revolución Cultural y la Camboya de Pol Pot" [2].

La psicología evolucionista "ideal" no nos llevará, como si de una pendiente resbaladiza se tratase, a la desigualdad y a la discriminación. Al contrario. Steven Pinker cree que "quizá la única manera de erradicar la discriminación y los prejuicios sea desde la igualdad innata entre individuos". Naturalmente, como ya hablamos hace poco en aquel post, esto no significa que todos seamos iguales en facultades físicas e intelectuales, pero sí lo suficientemente iguales como para exigir los mismos derechos.

No sé si he expresado bien esto último, que hable Hobbes (tirando de argumento de autoridad descaradamente), a ver qué os parece:
La naturaleza ha hecho a los hombres tan iguales en sus facultades de cuerpo y alma, que aunque puede encontrarse en ocasiones a hombres físicamente más fuertes o mentalmente más ágiles que otros, cuando consideramos todo junto, la diferencia entre hombre y hombre no es tan apreciable como para justificar el que un individuo reclame para sí cualquier beneficio que otro individuo no pueda reclamar con igual derecho.
[1] y [2] Pedro Jorge Romero (reseña del libro "Una izquierda darwiniana", de Peter Singer).

Este post puede pareceros algo trillado a los que ya estéis familiarizados, pero aun así me parece un buen resumen -los habrá mejores- de lo que vengo "predicando" las últimas semanas. ¡Es el resultado de mi evolución!, para bien o para mal. Obviamente, ésta no tiene rumbo fijo -quiero creer-.

Artículo relacionado:
- Una izquierda darwinista, en Letras Libres.

6 comentarios:

Pon! dijo...

Para bien, es esta evolución sí jaja

Y completamente de acuerdo con la idea principal del post.

Que viene a ser, cojones, podemos hacerlo bien sin que algún otro (también humano, o divino) nos "eduque". Que viene siendo el objetivo principal de la "izquierda" desde siempre (sin "despreciar" el nazismo). Y alcanzando sus cotas más tenebrosas en Camboya.

Por cierto, perfectamente expresado: "esto no significa que todos seamos iguales en facultades físicas e intelectuales, pero sí lo suficientemente iguales como para exigir los mismos derechos."

Pon! dijo...

El objetivo de la "izquierda" y de la Iglesia claro.

Carlos Suchowolski dijo...

Muy bien, me ha gustado tanto el tono como la idea. Ojalá (perdón por el lastre religioso, je...) prevaleciera ese espíritu (ídem, je...) predispuesto a la búsqueda constante, al "filosofar"...
Un abrazo.

Hugo C. dijo...

Me alegro que concidáis con la idea principal del post, y con el tono jaja.

Sobre eso que dices, Pon!, educar y dejar educar, esta noche cuelgo un artículo de nuestro amiguito Savater. Que por cierto les ha salido a los chavales de selectividad de la C. Valenciana.

Carlos, ojalá jeje. Yo espero no acabar siendo un exhibicionista como los que retrata RDC en su blog :D

Danoninosaludos.

José Luis Ferreira dijo...

No es que seamos muy iguales, sino que no somos muy distintos, lo que hace que queramos definirnos iguales en derechos. La ley pide bastante para quitar derechos al individuo. Hace falta estar muy mal mentalmente, por ejemplo, para que a uno le declaren incapacitado. Por otra parte, por mal que esté uno físicamente, no hay nunca tal incapacitación.

Hugo C. dijo...

"La ley pide bastante para quitar derechos al individuo"

Exacto, tienes razón.