3 de julio de 2009

El ateo ético



"Un Dios provisor contempla desde arriba todas las cosas. Y la siempre presente eternidad de su mirada coincide con la futura calidad de nuestros actos, premiando a los buenos y castigando a los malos.

No es vana, entonces, nuestra esperanza en Dios, ni nuestras oraciones inútiles, pues, si son rectas, no pueden ser ineficaces. Dejad, pues, los vicios; practicad las virtudes. Levantad vuestros corazones a la más alta esperanza y dirigid al cielo vuestras humildes oraciones. Tenéis sobre vosotros una gran necesidad, si no queréis engañaros a vosotros mismos: la necesidad de ser buenos, pues vivís bajo la mirada del juez que todo lo ve"
Boecio, La consolación de la filosofía, Alianza Editorial, 1999, Madrid, p. 188.


A Boecio lo conocí leyendo La conjura de los necios. John Kennedy Toole lo menciona un par de veces y pensé que sería buena idea leerlo. Compré su obra La consolación de la filosofía atraído por la historia que tiene detrás (fue escrita en prisión mientras aguardaba su ejecución), pero todavía no he sacado tiempo para leerla, la verdad.

Sin embargo, mi hermano sí lo ha hecho y me ha chivado que uno de sus pilares aparece resumidito en la última página (lo que he reproducido al principio). Otro pilar básico sería la defensa que hace del argumento ontológico durante toda la obra, por ejemplo.

Pero me quiero centrar solamente en lo de "la necesidad de ser buenos, pues vivís bajo la mirada del juez que todo lo ve". En mi opinión -claro-, el ateo puede hacer suya esa misma idea pero con una modificación importante, quedando algo así como:


Tenemos sobre nosotros una gran necesidad, la necesidad de ser buenos, pues vivimos bajo la mirada del juez que todo lo ve: ¡nosotros! No es necesario estar sometido a un dios improbable para saber lo que es "correcto" y apropiado en cada momento. En caso de no saberlo, la sociedad misma nos lo indicará. Como actores sociales que somos, nuestro comportamiento siempre ha dependido del comportamiento de otros: ¡debemos mirarnos al espejo y comprendernos! Es lo más razonable.

Tampoco es necesario valerse de tabús e ideas místicas legadas por nuestros antepasados para establecer la conducta moral adecuada o el sistema político oportuno, sino de algo mucho más importante: un compromiso social... ¡y la mayor de las cooperaciones! Si lo que queremos es justicia, no es sensato pedírsela a un ser divino, podría no estar ahí. En su lugar hagamos hincapié en la ley y en una ética naturalista sólidamente construida. Derroquemos a Dios y pongamos a Razón en su lugar.
Esta defensa del ateísmo puede parecer algo sencilla, quizá superficial, pero creo que va en el buen camino.

Por otro lado, aquí Leibniz dice algo muy interesante. En general comparto la idea y el tono de ese texto, pero cae, a mi juicio, en el mismo error que cayó Boecio:
Se puede decir, por ejemplo, que Epicuro y Spinoza han llevado una vida absolutamente ejemplar. Pero esas razones dejan de ser válidas de ordinario en sus discípulos e imitadores, los cuales, al sentirse liberados del importuno temor a una providencia vigilante y a un futuro amenazador, dan rienda suelta a sus brutales pasiones, y orientan su espíritu a seducir y a corromper a los demás.
Creo haber dejado clara mi opinión más arriba, pero por si acaso voy a traer una vez más a Russell, que es gratis:
El segundo argumento es que si la educación moral se ha dedicado a inculcar tabúes, es probable que el hombre que deshecha un tabú deseche también todos los demás. Si se le ha enseñado que los diez mandamientos son igualmente obligatorios y después llega a la conclusión de que trabajar el sábado no es pecado, puede llegar a la conclusión de que el asesinato también es lícito, y de que no hay ninguna razón para que un acto deba ser considerado peor que otro. La decadencia moral general que con frecuencia se da después de una repentina invasión de libre pensamiento se debe a la ausencia de bases racionales para el código ético tradicional. No hubo tal decadencia entre los librepensadores ingleses del siglo XIX, debido en gran parte a que creían que el utilitarismo proporcionaba una base no teológica para obedecer los preceptos morales que reconocía como válidos, que eran, de hecho, todos aquéllos que contribuían al bienestar de la comunidad.
Bertrand Russell, Sociedad humana: ética y política, Ediciones Cátedra, Madrid, 1984, p. 32.

En este post, como en el de hace poco, no he querido entrar a discutir la cognoscibilidad o incognoscibilidad de Dios (ya sea el dios de los teístas, deístas, panteístas... etc.). Ese es un tema más complicado. Realmente siento admiración por la gente que se enfrenta a tan arduo problema, les leo con detenimiento, porque es un tema muy interesante y que atrae como pocos, pero no es mi favorito. Donde esté la ética que se quite todo lo demás :D

Para profundizar:
- Por qué no soy cristiano. Razones para el ateísmo, en La Máquina de Von Neumann.
- ¿Es posible una ética determinista?, en Noches de indolencia y mal vodka.

7 comentarios:

vfedor dijo...

aquí se ve dedicación e invitación, tiempo bien invertido.

"lejos del centímetro y de las escalas, el mar antes que ancho, es mar"

Siesp... dijo...

Boecio, Leibniz y Russell e, intercaladas, tus propias reflexiones. ¿Sabes lo que me ha suprimido toda la inspiración para comentar sobre lo tratado?
Pues cuando has mencionado los posts "para profundizar". Automáticamente me he ido al primero para ver si intervine. Y lo hice pero, o no me dí cuenta de lo que te comentaré ahora o es que en aquella época no tenía la confianza para comentarlo, jejeje

A ver, ¿cómo se puede titular un post?: "¿Es compatible el ateísmo con la moral?" Piensa en ello.

Flaco favor se le hace al ateísmo con ese titular, jeje.

Lamento no haber hablado sobre el tema propuesto por ti, pero es que ese titular... jejejeje

elquebusca dijo...

Me parece un poco contradictorio lo que dices. Por un lado es la sociedad la que nos dice lo que está bien o esta mal. Nosotros.

Y luego dices que los antepasados con sus tabúes no pueden decirme lo que es bueno o malo. ¿Pero si los antepasados eran la sociedad de antes? ¿Podía decirselo a los hombres de su tiempo pero no a ti? Si es la sociedad la que dice qué es lo bueno y lo malo, aquellos antepasados tenían tanta legitimidad para decir qué es lo bueno o lo malo como los hombres actuales.
¿Ves la contracción que veo?

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Y con independencia de eso. No sé por qué lo que piensen los otros ha de ser norma para mi. Otra cosa es que me obliguen. Me amenacen sino cumplo, pero eso no es la moral sino la ley. ¿Por qué los otros son normas para mi? ¿Si no hay un Dios que establece un orden moral de dónde les viene legitimidad a los otros para crear ese orden moral para mí?
¿No será lo bueno y lo malo lo que cada uno crea que es bueno o malo?

Hugo C. dijo...

vfedor, gracias por ver el lado bueno del post jaja.

Siesp, he de admitir que es un título antiguo, porque se lo robé a Holbach, de su libro "Sistema de naturaleza". Exactamente es el título del capítulo 12. Eso responde en parte a tu pregunta, pero no del todo jaja. Otra razón sería que tiendo a titular los posts en forma de pregunta, los hace más atractivos, y más si crean controversia :P

Pero sí, Holbach y yo, su plagiador, tal vez pecamos de ingenuidad :D

elquebusca, ¿sólo te parece un poco contradictorio? jaja. Estuve revisando ese fragmento al que aludes pero... ya sea por el cansancio o por la inteligencia, no logré mejorarlo jeje. Así que te agradezco la llamada de atención.

Sí que hay cierta contradicción, pero también depende de cómo se mire. En realidad no llego a decir que los tabúes de nuestros antepasados hayan caducado y sean inservibles. La mayoría aún sirven. Sólo indico que no son tan necesarios o, mejor dicho, que hay que cuestionárselos todos. Mi favorito es el tabú religioso :D

Por otro lado, reconozco que ese "nosotros" es algo difuso. Pero me voy ya con la segunda parte de tu comentario.

"¿Si no hay un Dios que establece un orden moral de dónde les viene legitimidad a los otros para crear ese orden moral para mí?"

La legitimidad les viene de ellos mismos, de lo que es mejor para ellos. En ese sentido, el orden moral adecuado es el que satisfaga al mayor número de personas.

No hay forma humana de saber qué orden moral ha establecido Dios, pero sí que podemos saber cuáles son nuestras preferencias éticas, las de la mayoría (matar es "malo", regalar es "bueno"... etc.) y llegar a un acuerdo. La ética ideal es, a mi juicio, una ética científica; esto es, que sus normas morales puedan ser fácilmente revisadas y discutidas.

"¿No será lo bueno y lo malo lo que cada uno crea que es bueno o malo?"

Exacto, pero no es casualidad que la mayoría de nosotros consideremos "buenas" y "malas" las mismas cosas. Hay una moral innata, instintiva, común. Por eso dije aquello de "¡debemos mirarnos al espejo y comprendernos!". La naturaleza también es nuestro espejo.

Os invito a rebatir lo que acabo de decir. Y si no he sido claro (la falta de claridad es mi peor defecto), hacédmelo saber y me aplicaré más :D

Un saludo a los tres. Un placer teneros por aquí.

Siesp... dijo...

Vaya, Don Hugo, ha estado usted mejor en la réplica que en el discurso, jejeje. ¿Dónde habré oido yo eso? jajaja.
Enhorabuena.

irichc dijo...

El hombre es un mal juez de sí mismo, y por este motivo que existe la figura del juez. Él es el tercero superior entre dos en discordia. Dios es sólo un escalón más en la necesaria objetividad que se presupone a la justicia.

Así, la alegoría de lo justo es una mujer con los ojos vendados. Si viera, la asaltaría la in-vidia (el no poder ver lo que, sin ser malo, nos desagrada), puesto que es justicia humana. Si, en fin, dependiese de las sensaciones y las opiniones en lugar de sujetarse a la lógica y a los razonamientos, sería más gusticia que justicia.

El instinto y la base biológica humana sólo pueden ser el presupuesto de hecho para la aplicación del derecho. De nuestra propensión a comer y a aparearnos no se sigue el derecho a una pensión por alimentos. Nada vincula con fuerza necesaria estos dos ingredientes fácticos, salvo el hilo invisible de la razón y la culpa. Ni la costumbre, ni la coacción, ni la esperanza de un buen nombre explican por qué determinamos religiosamente lo bueno, separándolo de lo malo.

Saludos y gracias por la referencia.

Hugo C. dijo...

"El hombre es un mal juez de sí mismo, y por este motivo que existe la figura del juez."

Opino igual.

Gracias a ti por pasarte :D

Siesp, mi réplica ha sido de aficionado. Eres tú, que me quieres mucho jaja :P

¡Saludos!