5 de agosto de 2009

El miedo al determinismo biológico (II)

Hace poco hablé de lo que yo llamé -me aburría- el "descubrimiento positivo" de los asuntos cotidianos, es decir, volver de nuevo la mirada hacia los temas más humanos pero esta vez, además, con una mirada positiva, científica. Debí haberlo llamado "redescubrimiento", ahora que lo pienso.

Pues bien, continuando con la idea ya planteada en una entrada anterior, titulada El miedo al determinismo biológico, ahora vengo a rescatar un fragmento de la obra El error de Descartes, del neurólogo portugués Antonio Damasio. Creo que el segundo fragmento expresa mejor que yo ese redescubrimiento positivo del que hablaba:
En aquella época [cuando escribió el libro, en 1996], escribir sobre esta idea [sobre la neuroética y demás] me hizo albergar la esperanza de establecer un doble puente entre la neurobiología y las humanidades, para así abrirnos el camino hacia una mejor comprensión del conflicto humano y una explicación más global de la creatividad. Me complace informarles de que se está avanzando hacia la construcción de este tipo de puente. Por ejemplo, algunos estamos investigando activamente los estados del cerebro asociados al razonamiento moral, mientras otros intentan descubrir el funcionamiento del cerebro durante las experiencias estéticas. La intención no es reducir la ética o la estética a circuitos cerebrales, sino explorar los hilos que conectan la neurobiología y la cultura. Creo que es un proyecto que agradaría a muchos científicos y pensadores españoles, como Cajal o Unamuno.
Y unas páginas más adelante añade:
Descubrir que un determinado sentimiento depende de la actividad de varios sistemas cerebrales específicos que interactúan con varios órganos del cuerpo no disminuye la condición de dicho sentimiento en tanto que fenómeno humano. Ni la angustia ni la exaltación que el amor o el arte pueden proporcionar resultan devaluadas al conocer algunos de los innumerables procesos biológicos que los hacen tal como son. Precisamente debería ser al revés: nuestra capacidad de maravillarnos debería aumentar ante los intrincados mecanismos que hacen que tal magia sea posible. Los sentimientos forman la base de lo que los seres humanos han descrito durante milenios como el alma o el espíritu humanos.
Antonio Damasio, El error de Descartes, Editorial Crítica, Barcelona, 2006, pp. 7-14.

Para seguir leyendo:
- Antonio Damasio. "El error de Descartes", en el blog de Arturo Goicoechea.

8 comentarios:

El Perpetrador dijo...

Hombre, Hugo, siendo determinista como soy (aunque con matizacionees, como he estado explicado estos días), y maravillado como sigo por el poder de la ciencia, sí que entiendo al que lamente el reduccionismo en cierto sentido.

Dice Damasio que la fascinación de la experiencia estética no pierde sentido por saber que se debe tan sólo a mecanismos fisiológicos. Pero este conocimiento diluye las connotaciones del imaginario del experimentador, precisamente el imaginario que se construye alrededor de la experiencia estética y que forma parte de ella.

La neurología sencillamente puede robar la magia que le atribuimos al objeto. Quizás nos atribuya ahora a nosotros la magia, pero entonces las preguntas que desde siempre se han hecho y que han dado lugar al arte estaba mal formuladas. Lo que caracterizaba al arte más sublime era el hundimiento del hombre en el Misterio: si ese Misterio desaparece, el que quede en el hombre fisiológico no será lo bastante impulsor de preguntas para el arte, puesto que es un misterio limitado, acotable, y condenado a desvelarse mediante un método ya descubierto. Lo que antaño fue tan sugerente como para ponerse a pensar en el Absoluto o en los Cielos, ahora resulta ser reflexivo, narcisista, circular.

Con la música absoluta sí queda espacio para una serie de afectos abstractos (aunque se pierde la simbología extramusical), pero la poesía, que es referencialista, siempre que abordara los sentimientos debería guardar un verso para la autoreferencia si quiere ir al fondo de las cosas, pues el poeta ya sabría que a la postre todos sus enigmas se deben a "la disposición de sus órganos". Esto aseguraría un tedioso monotematismo.

Por supuesto que lo que digo es una exageración, pero algo de verdad hay. Una prueba, a mi entender, es la apatía metafísica progresiva del arte del s. XX, que no se debe sólo a los desvelamientos de la ciencia, está claro; también a los horrores de los acontecimientos históricos y a las comodidades del mundo desarrollado y apalancado.

Queda la esperanza de que el romanticismo surgió, precisamente, como respuesta al Siglo de la Razón... pero no asumiéndolo sino rechazándolo de plano.

Siesp... dijo...

Vaya, Hugo. Quería escribir algo en este post pero, como profano en la materia, me he quedado (afortunadamente) bloqueado por el comentario de El Perpetrador.

Tu entrada me ha inspirado muchos pensamientos pero se han plasmado mucho mejor por mi ilustre predecesor. Así que yo, amén.

Unicamente me atrevería a discutir la interpretación sobre si el romanticismo nació como rechazo al siglo de la razón. En mi opinión concluyo que fue una contraposición, un complemento al fin y al cabo.

Por lo demás, a gran entrada, gran comentario.

Saludos para todos.

Corfu dijo...

Yo lo del romanticismo creo que es una mezcla entre lo que dice Siesp y lo otro. En lo del determinismo que hablas no puedo opinar mucho pero también "ilumina" mucho esta entrada!

Un saludo

Hugo C. dijo...

Siesp, ¿profano tú?, ¿entonces yo qué soy? jaja :P

Corfu, si esta entrada ilumina me alegro mucho, pero supongo que solamente es una linterna (¡qué digo linterna, un mechero!) en la oscuridad del bosque. Jaja, cómo ha sonado eso :D

En cuanto a ti, gran Perpetrador, me voy a quedar con tu penúltimo párrafo, esto es, con la idea del romanticismo y la apatía metafísica. Hace un par de días, casualidades de la vida, empecé a escribir un post titulado "Ateísmo y metafísica: un acuerdo" (no os riáis), y de momento empieza así:

"Personalmente, siento profunda apatía por las creencias metafísicas o religiosas (soy un primate poco dado a lo espiritual), pero encuentro respetable -incluso envidiable- el que alguien las tenga..."

Y el resto es sorpresa :P

Un placer teneros por aquí, de veras. Os leo encantado.

Arturo Goicoechea dijo...

Richard Dawkins, biólogo controvertido, escribió "Destejiendo el arco iris", un libro que viene al pelo para esta entrada. Partiendo de los lamentos de John Keats respecto a la descripción física del arco iris hecha por Newton, que según el poeta destruía su belleza, se dedica a desmontar esa reflexión mostrando la belleza y poesía que la Ciencia contiene.

En mi opinión puede descalificarse el positivismo o cientificismo sin haber hollado sus entrañas, sin haberse esforzado en degustar el conocimiento. Una proteína puede que para muchos sea eso: una molécula, algo que tienen algunos alimentos pero, desde el punto de vista de la Ciencia es mucho más y penetrar en su corazón evolutivo no la convierte en algo frío sino todo lo contrario, le da vida y abre universos de misterio allá donde la ignorancia sólo veía materia.

Dawkins alerta en su libro sobre la "mala poesía" la que, apoyada en la seudociencia coge de aquí y de allá para tejer arbitrariamente lo que le venga en gana, en aras de la "espiritualidad".

Creo necesaria la integración de la filosofía y la ciencia. Si es buena Filosofía y buena Ciencia el humanismo y la belleza saldrán ganando.

Arturo Goicoechea dijo...

Suscribo el elogio al artículo de Hugo y el comentario de El perpetrador.

Hugo C. dijo...

A Dawkins le tengo ganas. Empecé "El gen egoísta" pero... de momento lo tengo aparcado :D

"En mi opinión puede descalificarse el positivismo o cientificismo sin haber hollado sus entrañas, sin haberse esforzado en degustar el conocimiento."

Algunos estamos empezando a degustarlo y el sabor no deja indiferente al paladar, desde luego :D

Arturo Goicoechea dijo...

Dawkins tiene huesos o espinas en sus carnes. Creo que sabiendo apartarlas es un buen bocado para el conocimiento y también para el espíritu...