31 de agosto de 2009

Los obstáculos de la divulgación científica

La tarea del divulgador científico es complicada. Uno de los obstáculos más difíciles que debe superar es "la alta especialización a que se ha llegado en los desarrollos científicos", ya que éstos "alejan de la comprensión inmediata del hombre y de la mujer del común las producciones de las ciencias, estando estas construcciones muy alejadas del sentido común". [1]

Y es que, debido a esa lejanía, el sentido común y la ciencia a veces pasan muy lejos el uno del otro. Es en ese momento cuando ésta debe arrimarse y tratar de hacerle entender a aquél que las cosas no son siempre como parecen. "No creas todo lo que piensas", nos dicen desde La Ciudad de las Ideas. Hay fenómenos cuyo entendimiento nos resulta contraintuitivo, como suele ocurrirnos con la mecánica cuántica (ej: la dualidad onda-corpúsculo).

Otro ejemplo es el dualismo cartesiano-platónico, pero aquí ocurre lo contrario. Nuestro sentido común y la educación tradicional nos sugieren -según parece- que hay un yo independiente e inmaterial debajo de todos estos músculos que nos envuelven y de todos estos huesos que nos sostienen, una personalidad inalterable (pese a demostrarse lo contrario), un alma, un maquinista solitario y distante, quizá inmortal. En fin, un teatro cartesiano (Dennett).

Sin embargo, la ciencia tiene razones para disentir: no puede existir espíritu en la máquina, al menos no tal como lo entendieran Descartes, Platón o el cristianismo. Lo que llamamos espíritu sería en realidad un director de orquesta programado por nuestros genes, tal vez un fenómeno emergente; como mucho una representación del cerebro/mente, una sensación, una especie de holograma imaginado, cambiante y vulnerable; algo físicamente indistinguible no ya del cerebro, sino del resto del cuerpo. Pero eso sí, tan necesario como cada una de nuestras células.

Descartes debió decir "existo, luego pienso":
En el principio fue el ser, y sólo más tarde el pensar. [...] Somos, y después pensamos, y sólo pensamos en la medida en que somos, puesto que el pensamiento está en realidad causado por las estructuras y las operaciones del ser. Antonio Damasio. [2]
¿Es posible que nuestro lenguaje sea víctima y a la vez cómplice y beneficiario de este dualismo?

Todas las noches, cuando recojo las boñigas de Chulo pienso: podría no recogerlas, a estas horas no hay nadie por la calle, por lo tanto, si no lo hiciese... ¡Entonces me digo!: pero mi conciencia no me lo permitiría, recógelo. En mi opinión, este diálogo engañoso conmigo mismo es un buen ejemplo de lo que Odifreddi llama "la voz de la conciencia":
Mientras la palabra "espíritu" se use en sentido metafórico o poéticamente evocador, no tiene nada de malo. Por ejemplo, en los Upanishad se leen unos hermosos versos sobre la coincidencia entre brahman y atman [movimientos de inspiración y espiración, respectivamente], comparándola con la confluencia en una única miel de los néctares de las flores extraídos por las abejas de una colmena, o de los ríos de un continente en un mismo océano. Pero es erróneo creer que detrás de las palabras siempre debe haber algo, y que, por tanto, el espíritu cósmico y los espíritus individuales "existen" del mismo modo que la miel y el néctar de las flores aludidas, o los ríos que van a dar al mismo océano.

[...] Aunque parezca imposible, religiones y filosofías enteras se han dedicado durante milenios al estudio del "espíritu" y el "alma", olvidando que no eran más que palabras sin significado, metáforas vacías desposeídas de su valor metafórico en un proceso de intoxicación y adaptación que es tan común que incluso tiene un nombre: "reificación" o "hipostatización", o sea, "intercambiar un concepto abstracto por un objeto concreto", olvidando el dicho de Feuerbach de que "los objetos son dados, pero los conceptos son puestos".

[...] una gran cantidad de personas continúa creyendo en dioses, espíritus, almas y demás. Todas ellas son guiadas por la "voz de la conciencia" o, más laicamente, por lo que el filósofo Gilbert Ryle ha bautizado con ironía como el "fantasma en la máquina". La lógica, pues, debería servir al menos para barrer las ilusiones metafísicas, desenmascarándolas en lo que son: palabras impuras, de las que purificarse mediante una higiene lingüística. [3]
Por eso, volviendo a lo de antes -que me pierdo y acabo metiéndome en camisa de once varas-, cuando "el lenguaje que se emplea para dar cuenta de los avances de la ciencia está bastante alejado del lenguaje materno", se hace necesario el esfuerzo de "traductores que hagan divulgación científica de muy buena calidad asequibles a todos los tipos de racionalidad". [4]

Me encanta eso de "los tipos de racionalidad". Como le dije una vez a Siesp a propósito de su post, para mí el mundillo de la divulgación y del conocimiento en general es, digamos, una escalera de infinitos peldaños.

Como aprendices del todo, primero empezamos por el peldaño más cercano, el menos complicado (para lo cual necesitamos maestros, divulgadores que simplifiquen su discurso, aun a riesgo de presentarnos una imagen sesgada de la realidad). Después, sólo es cuestión de seguir subiendo paso a paso por ella, hasta donde creamos oportuno, claro, todo depende de la necesidad de saber de cada uno.

Desde una posición cada vez más alta posiblemente veamos los fallos que, consciente o inconscientemente, cometieron nuestros primeros maestros; pero el aprecio que sentiremos por ellos será mayor si cabe que el sentido por nuestros maestros de ahora, pues, sin olvidar lo malo, destacaremos lo bueno.

Es un placer saber que tenemos a nuestra disposición, distribuidos por todos los peldaños, a un sin fin de magníficos divulgadores (con sus respectivos libros) y también a un número no menos pequeño de bloggers al pie del cañón (y otros tantos que no aparecen en ese ranking y sí, por ejemplo, en nuestras barras laterales).

El ascenso a ¿ninguna parte? está garantizado :D
[1] y [4] María Barrera de Aragón, "¿Se puede hacer ciencia sin humanismo?", Revista Colombiana de Física. (Vía Ciencias y letras, una sección de Libro de Notas escrita por Salvador Ruíz Fargueta, autor del blog de física La bella teoría).
[2] Antonio Damasio, El error de Descartes, Editorial Crítica, Barcelona, 2006, pp. 284-285.
[3] Piergiorgio Odifreddi, Las mentiras de Ulises, Ediciones Salamandra, Barcelona, 2006, pp. 14-16. (Este libro, por cierto, pinta genial).
¿Qué otro obstáculo se os ocurre?
Nota: La parte en la que hablo del problema mente-cerebro es la más vulnerable del post. Quien lo desee puede corregirme en cualquier momento si voy desencaminado o he utilizado alguna expresión incorrecta o no del todo precisa. Y eso vale para todos los posts, por supuesto.
Para seguir leyendo:
- Versus John Eccles, en Razón Atea.
- El dualismo cartesiano (El juicio del siglo XX).
- Monismo, en Wikipedia.
- El huevo y la gallina, en el blog de Arturo Goicoechea.

9 comentarios:

Siesp... dijo...

Gran post. Se nota la delicada elaboración y el trabajo en el mismo. De momento te agradezco la mención y me alegra comprobar en el enlace correspondiente de la Wikipedia que la larga lista de divulgadores está encabezada por El Maestro, jeje.

Respecto al post, sólo lo he leído una vez y considero que debo rumiarlo para responderte como se merece, así que valga este primer comentario como aviso de que "estoy trabajando en ello" jajajaja.
Un abrazo.

PD.- Mañana profundizo.

Eterna aprendiz dijo...

Sigo tu blog, es muy interesante, enhorabuena por tanta calidad, y sobre todo, claridad.

Saludos

Hugo dijo...

Muchísimas gracias, Eterna aprendiz. Me alegra saber que voy por el buen camino :D

Siesp, aquí te espero :P

Eztli dijo...

que mal que no puedo seguir tu blog =(

Hugo dijo...

¿No puedes? ¿En qué sentido? jaja :P

Si te refieres al widget de la barra lateral, siento no poder ayudarte.

Siesp... dijo...

Empecemos:

El primer párrafo no es del todo preciso. Siendo cierto, en mi opinión no da en el clavo, puesto que, independientemente de la complejidad de los descubrimientos científicos, el método que nos conduce a ellos es siempre el mismo. Esto es, yo puedo no entender de microchips pero siempre entenderé los principios computacionales del tipo “cero” y “uno” (abierto y cerrado, sí y no) en los que se basan.

La Ciencia y el sentido común se separan única y exclusivamente, hoy en día, con la Mecánica Cuántica. En la antigüedad estuvieron separados (era de sentido común que la Tierra era plana), pero es que la Ciencia aún no era Ciencia, no contaba con el factor “experimentación” (que no entró en circulación hasta el Renacimiento).

Después podemos elucubrar sobre la materialidad o inmaterialidad de nuestros “depósitos de conocimiento”, ¿en la mente, en el cerebro? Para ello habríamos de convenir en que la mente, inmaterial, es algo real. Mientras tanto, todo apunta a una combinación sináptica que, a manera de unos y ceros, almacena nuestros conocimientos.

Y ahora viene cuando la matan, jejeje. La divulgación científica se ha visto lastrada eternamente por la gran profusión de filosofías, religiones, etc, producto de unas épocas en las que el conocimiento brillaba por su ausencia. Cada nuevo descubrimiento ha ido enterrando a un dios, y así viene sucediendo desde hace muy pocos siglos. Si nos basásemos en el método inductivo matemático, es evidente que el último y verdadero dios tiene los días contados. Pero mientras tanto ¿qué nos encontramos?, una Ciencia cada vez más compleja que, sin divulgadores capaces, puede hacer enrocar endogámicamente a las tendencias basadas en la inspiración (teologías, religiones, pseudociencias, etc) en vez de hacer prevaler las pruebas.

En sentido metafórico podemos admitir una disposición a tener “la mente abierta”, pero nunca para seguir sosteniendo ideas que se van reduciendo al absurdo conforme avanzan los propios descubrimientos científicos. Todavía mucha gente se olvida que hay que tener la mente abierta para asimilar las pruebas que puedan derribarnos de nuestros postulados.

Y, como siempre sostuve, vale más y se obtiene mayor placer de una Verdad incómoda que el mantenimiento de una mentira placentera. Ahora, a ver cómo se lo podemos transmitir a las generaciones en formación.

Siesp dixit. Un abrazo.

Hugo dijo...

A eso lo llamo yo diseccionar un post :P

Coincido contigo.

Donde creo que la ciencia tiene un buen filón es en la ciencia política, incluso en la ética. Tanto las neurociencias como la teoría de juegos van a ser más decisivas que nunca. O no :D

Por lo menos ese es uno de los temas que más me llaman la atención. La neuropolítica, por ejemplo.

Este año voy a cogerme asignaturas de casi todos los tipos jaja: política, historia, ecología, psicología social y biología.

Un abrazo, Siesp.

Radagast dijo...

>>Este año voy a cogerme asignaturas de casi todos los tipos jaja: política, historia, ecología, psicología social y biología.

Bien elegido, Hugo. Las asignaturas de Libre Elección están, según veo yo, para expandir tu rango de conocimientos y acercarte a otras ramas. Eso es esencial si esperas poder comprender mejor dónde te mueves.

Hugo dijo...

Estoy contigo.

¡El problema es que de tanto acercarme a otras ramas ya no sé de qué arbol vengo! :D