2 de agosto de 2009

Una ética para escépticos

Me prometí continuar lo expuesto en los comentarios de Misterios al descubierto y eso va a ser hoy. Sin embargo, no voy a continuar exactamente por ahí.

Puestos a divagar, creo o quiero creer que hay diferentes tipos de escépticos del cambio climático (también llamados negacionistas), si bien todos comparten un denominador común. Un pequeño inciso antes de seguir: en este post voy a utilizar la segunda acepción de "escéptico".

Sigo. Todos ellos aceptan que el cambio climático existe y que es tan real como este ordenador (bueno, siempre habrá quien niegue incluso eso), pero argumentan que no se debe a la acción del hombre, sino que las variaciones del clima son algo natural, no el resultado de nuestras acciones (o dicho en un lenguaje más formal, no son de origen antropogénico).

Los voy a llamar el escéptico sensato (aquel que, de algún modo, contradeciría con datos las predicciones dominantes sobre el calentamiento global pero solamente desde un punto de vista científico e imparcial, no ideológico y sesgado), el escéptico apático (aquel cuyo grado de empatía con el medio ambiente juraría que es menor que la media), el escéptico contento (aquel que "al mal tiempo buena cara") y el escéptico agnotológico o desinformativo (aquel que centra su crítica únicamente en el calentamiento soslayando así otros problemas igual de importantes y, sobre todo, subyacentes). Es a este último al que va mi crítica.

Lo que quiero decirle voy a decírselo, primeramente, con palabras de Daniel Goleman y su libro Inteligencia ecológica:
El calentamiento global es el ejemplo más paradigmático del daño a la biosfera, cuyo detalle sobre las emisiones de dióxido de carbono y su daño al ciclo de carbono han atrapado la imaginación popular y la de algún que otro político. Pero, por más que se trate de un problema grave, no es más que una pequeña fracción de un problema mucho mayor. Si nos preocupamos exclusivamente por el calentamiento provocado por las emisiones de dióxido de carbono, soslayaremos los muchos otros casos en los que la actividad humana interfiere en ciclos naturales esenciales para el mantenimiento de la salud de nuestro suelo, de nuestro aire y de nuestra agua. Y con el término "salud" estamos refiriéndonos aquí a la capacidad de sustentar la vida o, dicho más concretamente, a la franja de sostenibilidad que posibilita (entre otras) la vida humana (porque, después de todo, hay organismos que viven en las profundidades abisales o en entornos tórridos en los que nosotros no podríamos sobrevivir).

[...] A pesar, sin embargo, de la amenaza manifiesta que supone el calentamiento global, hay quienes subrayan la mayor importancia de la deforestación, del agotamiento de los acuíferos, de la extinción de las especies y de otras pérdidas que afectan a las reservas naturales de nuestro planeta
[a esto se refería Tay]. A fin de cuentas, el calentamiento global opera desde hace décadas y hasta siglos y el esfuerzo coordinado podría enlentecerlo y hasta invertirlo. Pero cuando la actividad humana destruye recursos naturales cuya creación requiere eones, como sucede cuando se tala un bosque tropical, cuando se extingue un acuífero o cuando se esquilma un determinado mineral, la pérdida es simultáneamente inmediata e irreversible [1]
Desgraciadamente, esto que escribe Goleman no podemos esperar leerlo en Liberalismo.org o en el blog CO2 (bueno, este al menos da datos y se lo curra más).

Dicho de otro modo: el clima sólo es una parte a estudiar de la geosfera, y ni el "escéptico sensato" parece querer acordarse (y en el caso de que no lo hubiera olvidado le critico que no lo incluya en su discurso). Si el clima o los niveles de CO2 se portan bien, ¿olvidamos entonces la "salud" del suelo, del aire o del agua, es decir, las consecuencias de nuestras acciones? ¿y la biosfera, dónde queda nuestra salud y la del resto de especies?

¿Realmente cree el "escéptico agnotológico" que el público se quedará embobado mirando sus muecas y que no advertirá su deshonesta estratagema, esto es, el hacernos mirar para otro lado mientras él huye por la trampilla del escenario?

Además, bien pensado -o eso creo-, el debate entre ecologistas y negacionistas sobre la "autoría" del cambio climático es un debate secundario. Es más, no habría debate en este caso si la ética, el buen juicio e incluso la intuición y la experiencia apareciesen de verdad. No se trata tanto de saber quién lleva razón como de saber qué es lo correcto. "El acto ‘correcto’ es el que con más probabilidad produce el bien general", decía el bueno de Russell. Por tanto, no sólo se ha de hablar en términos ecológicos y científicos, sino también en términos morales.
Tener logos supone [...] saber distinguir entre lo justo y lo injusto, entre lo provechoso y lo perjudicial, entre lo bueno y lo malo, no entre lo verdadero y lo falso. Con ello conecta Aristóteles [...] la palabra logos con la razón práctica [...], es decir con una actividad del pensar que no busca un conocimiento objetivo, exacto y científico, sino un conocimiento que orienta al ser humano en sus preferencias y en la elección de sus acciones.

El filósofo griego mantiene aquí una diferencia entre lo que él llama “conocimiento sobre lo que no puede ser de otra manera” (lo necesario: el conocimiento científico) y un “conocimiento acerca de lo que puede ser de otra manera” (conocimiento de la acción como decisión o como planificación del futuro).

Para acabar, quiero trasladaros una preguntilla que, independientemente de lo bien o mal planteada que esté, me parece que apunta, aun con todo, en la buena dirección: ¿Qué diferencia a Ray Anderson* de Jorge Alcalde?, ¿la sabiduría?
[1] Daniel Goleman, Inteligencia ecológica, Editorial Kairós, Barcelona, 2009, pp. 79-81.
[*] En esta conferencia Anderson contradice de alguna manera la tesis de que "la ecología es cara" (tiene subtítulos a elegir, entre ellos el español).
Por cierto, el título del post está inspirado en un libro del pragmatista Richard Rorty que se titula "Una ética para laicos". Si alguien me lo quiere regalar no le haría ningún feo. Ahí lo dejo :D

Y después de este post plagado de enlaces (no os quejaréis), me tomo la licencia de no publicar hasta el miércoles o el jueves. A seguir bien, bricomaníacos. Ah, y no olvidéis lo que dice la frasecilla de la cabecera del blog. Humm... nunca os he hablado de ella, ¿verdad? No es mía, es de Jules Levallois, y en realidad dice así:
Hay una cosa que os guardará de las educaciones y de las tentaciones mejor que las más sabias máximas: una buena biblioteca.
Para seguir leyendo:
- Ecologismo basado en la evidencia, en La lógica del titiritero.

6 comentarios:

Arturo Goicoechea dijo...

Ese concepto del logos y razón práctica me preocupa. Creo que, por razones éticas, debemos separar sensiblemente lo falso de lo verdadero. La razón práctica ampara el beneficio a corto plazo. El conocimiento de lo verdadero nos permite reinterpretar el pasado y predecir el futuro.

Creo que deben separarse los ámbitos reflexivos de las acciones prácticas decididas: tras considerar la máxima dosis de verdad posible en nuestros argumentos podremos pasar a decidir la opción más operativa en un contexto determinado.

Estamos obligados a conocer y relativizar el conocimiento una vez lo hemos adquirido cuando nos decidimos a aplicarlo.

Hugo C. dijo...

"tras considerar la máxima dosis de verdad posible en nuestros argumentos podremos pasar a decidir la opción más operativa en un contexto determinado."

Pues me gusta :D

Siesp... dijo...

Fíjate Hugo, aunque el cambio climático no fuera de origen antropogénico, ¿no merecería la pena que nosotros hiciéramos algo para mantener un equilibrio como el de unos años atrás? Después de todo la evolución se asienta en los cambios... y éstos pueden derivar hacia una posición más incómoda o más cómoda para la especie humana.

En cualquier caso, sentados nos arrasará la propia naturaleza. Mejor "morir luchando que morir durmiendo" ¿no? Jejeje.

Gracias por tu mención.

PD.- Ya estoy haciendo las maletas :-) Jejejejeje

Hugo C. dijo...

Merece la pena intentarlo, claro que sí. Hacer lo "correcto" siempre merece la pena :D

Te echaba de menos, Siesp jaja. Y más que te voy a echar jaja. Te deseo un feliz y divertido mes de agosto :P

Un abrazo.

Daniel Rodri­guez dijo...

Siesp, si la teoría de que las emisiones de CO2 son las responsables de los cambios en la temperatura fuera falsa, "hacer algo" no serviría de nada, porque reducir las emisiones no bajaría las temperaturas.

Por otro lado, resulta muy difícil establecer qué temperatura es óptima, o si de hecho hay alguna mejor. Lo que es bueno para ti puede ser malo para un agricultor, o para un habitante de Siberia.

En cuanto al asunto que centra el post, creo que está basado en la premisa falsa de que algunos escépticos empleamos conscientemente el asunto del calentamiento global para desviar la atención sobre otros. En Liberalismo.org, que es lo que me importa porque es mencionado, también hemos escrito contra el principio de precaución y la manía con los transgénicos, entre otras cosas. Apoyamos, si es que en conjunto puede decirse que apoyamos algo, lo que algunos autores llaman "ecología humana", es decir, tratar al entorno como sirviente del hombre, y no al revés.

Hugo C. dijo...

Que conste que también hay cosas de Liberalismo.org que me gustan :D

Lo de los transgénicos es un tema interesante. Opino igual que Palenzuela.

"En cuanto al asunto que centra el post, creo que está basado en la premisa falsa de que algunos escépticos empleamos conscientemente el asunto del calentamiento global para desviar la atención sobre otros"

Al fin y al cabo eso (soslayar) es lo que hacemos todos, consciente o inconscientemente.

Un saludo, y muchas gracias por comentar.