21 de septiembre de 2009

Una vida a cambio de diez

¿Matarías a tu hijo para salvar a diez personas?

Desde un punto de vista utilitarista y racional solamente, podríamos llegar a responder que sí. Una vida a cambio de diez, ¿por qué no?

Humm... en realidad no. Por cosas de la vida (de la evolución), no somos únicamente seres racionales y prácticos, también somos seres emocionales; también tenemos una Dua en nuestros genes. [*]
Los sentimientos constituyen una poderosa influencia sobre la razón (Damasio).
Dudo que alguien mentalmente sano (sin daños cerebrales perceptibles) pudiera matar a su propio hijo para salvar a alguien; a no ser, pienso yo, que se viese moralmente forzado en una situación particularmente estresante (ej: dilema del tranvía) o que sintiera, qué sé yo, un grado mayor de empatía por ese grupo de personas (podrían ser diez familiares no tan queridos como su hijo pero familiares al fin y al cabo, o podría darse el caso de que el padre despreciase al hijo y no sintiera especial cariño por él, o que la vida de esas personas "valiera" mucho más que la del hijo porque está escrito que ellos salvarán la humanidad el día de mañana. A saber).

Un familiar no es una persona cualquiera. Por tanto, la lógica de "una persona a cambio de diez" se ve forzosamente distorsionada en este caso. Aquí baja colina abajo un torrente mayor de emociones. E incluso de genes.

Sin embargo, una cosa que debemos dejar clara en todo esto es la variedad de posibles interpretaciones. De hecho, es justamente ahí donde radica su belleza y lo que deseo recalcar en este post. La flexibilidad de pensamiento:
El dilema moral planteado en la investigación, dar prioridad a la vida de diez personas sobre la vida de un hijo, no sólo puede analizarse desde la visión neurológica, sino que debe estar encuadrada en un marco más amplio: las normas éticas, las costumbres, el valor del altruismo, la capacidad de reacción del individuo, la personalidad, el ambiente social, el nivel intelectual; es decir, la cultura. Para el antropólogo cultural, es ése conjunto de características, y otras muchas, las que definen, a la postre, los valores sobre los que actuamos y nos movemos. Quizá en determinadas circunstancias, un individuo puede sacrificar la vida de su hijo para salvar un número mayor de vidas; pero de ahí no se deduce que dicho sujeto sufra algún tipo de daño cerebral. La capacidad humana de respuesta ante la adversidad y la toma de decisiones es tan sumamente compleja, que reducirlo todo a una alteración cerebral es, cuando menos, un ejercicio insuficiente para comprender el casi infinito mosaico de la conducta.

Los experimentos de Damasio, Hauser y otros numerosos neurocientíficos, vienen a arrojar luz sobre el funcionamiento del cerebro, pero las valoraciones de los resultados obtenidos han de realizarse necesariamente desde una perspectiva global.

Sea lo que deparen las futuras investigaciones en neurociencia social y demás ramas del saber, ahí estaremos nosotros para amoldarnos y seguir esculpiendo nuestra concepción del mundo.
[*] Dua es una "emocional", un ser de un universo paralelo en la novela Los propios Dioses, de Isaac Asimov.
Relacionado:
- Moral Sense Test (Encuesta de Juicio Moral).

6 comentarios:

Dua dijo...

La respuesta evidente y meridiana para cualquiera (utilitarista o no) es NO. Después de leido tu primer párrafo se podría malinterpretar que los utilitaristas no tienen sentimientos, y eso es, en mi opinión, totalmente falso. Es más, sostengo que es al revés (mañana lo aclararé)

Lo de Dua me ha llegado al alma (¿ssrá posible que el alma exista? jejeje)

Dicho lo anterior, voy a seguir leyendo tu post y mañana haré el comentario pertinente, jejeje

PD.- Los propios dioses es una novela preciosa, pero insignificante al lado de la tetralogía de la Fundación. ¡Y pensar que tú sólo te has leído el prólogo - el primer libro -! (y esto lo suscribe el mismísimo Radagast.

Mañana continuo, no te vayas. Jejeje.

Xe Xe

Hugo dijo...

"¿será posible que el alma exista? jejeje"

Al menos como metáfora :D

"se podría malinterpretar que los utilitaristas no tienen sentimientos, y eso es [...] totalmente falso"

Haces bien matizándolo. En realidad utilizo "utilitarista" de un modo superficial: diez vidas es más que una. Aunque la vida de esa "una" (nuestro hijo) seguramente nos resulta más "útil" que diez o veinte personas desconocidas, también es cierto.

¡Y dale con la Fundación! jaja. De momento tengo pendiente al gran Asimov, pero no me olvido. Tengo otras lecturas en concreto que requieren una urgencia mayor :P

Volveré a la noche a ver qué te cuentas jeje. Un saludo.

Siesp... dijo...

Estando de acuerdo con lo dicho por Antonio Damasio sobre la influencia de los sentimientos sobre la razón, yo añadiría más. Sentimiento y razón deben ir íntimamente unidas para el desarrollo del ser humano como tal. El sentimiento sólo puede ser bueno (amor) o malo (odio) y ambos estilos están presentes en la personalidad. Es en el propio desarrollo sentimental cuando interviene la razón, una especie de “regulador” sentimental. Uno puede morir por “locura de amor”, pero no lo hará si analiza (la razón) los pros y contras. Si estamos de acuerdo en lo anterior, la razón es un filtro que impide a un ser humano matar al vecino que te ha rayado el coche por capricho (aparte del código coercitivo penal).

Y ahora, ¿los sentimientos influyen sobre la razón? Por supuesto. Las emociones (la especialidad del Mulo en la Fundación) pueden condicionar la manera de razonar. Dos más dos son cuatro, estemos tristes o alegres. Pero el bien psicológico que podemos producir en nuestros padres cuando los visitamos después de mucho tiempo sin verlos puede ser un bálsamo en nuestras relaciones con ellos, independientemente de que esa visita se produzca después de un hecho traumático que uno les oculta para no producir más dolor. Es decir, uno es capaz de fingir ante los padres que todo va bien para no preocuparlos si nuestra razón nos dice que el daño moral puede quedar restringido a uno mismo y solucionarse a posteriori. Entonces, ¿por qué añadir dolor? Se finge.

Sentimientos y razón van íntimamente ligados.

Ahora voy a por el hijo. ¿Mataría yo a mi hijo por salvar diez vidas? No. El único consuelo racional que podría quedarme es que, si mi hijo muere (por causas ajenas a mi voluntad) y se han salvado diez personas, su muerte no habrá sido en vano. Pero mi experiencia propia indica que no debe jamás ponerse a nadie a elegir entre la espada y la pared puesto que no faltarían nunca las causas que a uno le aprovechara sentimental y racionalmente elegir la espada. Son lo que en Física se llaman “puntos de incertidumbre” (por ahí la Sociología se une a la Mecánica Cuántica). No sabemos la solución hasta que nos vemos en la acción.

La flexibilidad de pensamiento es algo que debe ejercitarse a priori. Un ejemplo. Todos sabemos que cuando alguien cae en un pozo de gases de purines, muere en el acto. Sabiéndose, no es la primera vez que un trabajador ha caído, otro intenta salvarlo, un tercero intenta ayudar, y un cuarto. Todos muertos. Se ha visto muchas veces en las noticias. ¡No se ha ejercitado la flexibilidad de pensamiento! Yo tengo asumido que si mi vecino cae a un pozo de esos y yo lo veo, llamo a emergencias. Es un estereotipo de pensamiento. Pero, ¿qué pasa si cae mi hijo? También lo tengo “ejercitado”. Yo intentaría salvarla y, si muero, siempre será a la par que ella y no tendría yo que vivir lastrado por esa pena el resto de mi vida.

El cerebro puede resultar dañado, tal como concluyen los estudios de Damasio, Hauser y otros numerosos neurocientíficos. Pero este tema ya lo desarrolló anteriormente, lo estudió y extrajo las conclusiones sociológicas correctas el gran Asimov en su libro de cuentos “Yo, robot” (nada que ver con la película). Éste si es un libro de Sociología pura y puro, además de divertido.

Bueno, no soy consciente del tiempo que llevo escribiendo no tengo gana de releer lo escrito para las erratas, pero es posible que mis locuras o paranoias salgan más depuradas y fluidas de mi cerebro si escribo así, a salto de mata.

Un abrazo de amigos sin beneficios. Jejeje.

Hugo dijo...

"Son lo que en Física se llaman “puntos de incertidumbre” (por ahí la Sociología se une a la Mecánica Cuántica). No sabemos la solución hasta que nos vemos en la acción."

Me gusta. Un comentario completísimo.

Por otro lado, yo también trataría de salvar a mi hijo del pozo, incluso sabiendo que la probabilidad de sobrevivir es muy baja. Lo tenemos "ejercitado", como tú bien dices.

Deberías aprovechar estos comentarios tan nutritivos y reutilizarlos en tu blog jeje. Hay que darles más salida jaja.

Un abrazo, Siesp.

Facundo dijo...

Sería digno de una internación en un neuropsiquiátrico, pero a la vez quizá interesante, saber cuantos tipos de genes hay en toda la población humana del planeta, calcular cual es la probabilidad de que se repitan algunos aunque sea en mi cuerpo y en el de alguna de las diez personas y contraponer eso al 50% que hay en mi hijo. Podemos ir un poco mas lejos y elevar el numero de personas al otro lado de mi hijo en la balanza hasta un número tal que la probabilidad iguale ese 50%. Estimo que necesitaríamos varios millones de planetas Tierra...
Así y todo, soy perfectamente consciente de que este cálculo, además de ser enfermizo e interesante, sería completamente ridículo, tanto como creer que existió Isaac...o Abraham...o...
en fin

saludos!

Hugo dijo...

"Daría mi vida por dos hermanos u ocho primos."

J.B.S. Haldane.

Sería muy interesante, estoy contigo :D