19 de octubre de 2009

Construyendo las bases de mi filosofía


Corría el año tropocientos cuarenta y dos*. Fuera en la calle hacía un viento incómodo. Dentro, en una de las habitaciones de la casa, dos primates hablaban de "cosas importantes" -decían ellos-, aunque a Van Gogh, el perro, no se lo pareciera:
- Entonces eres lo que se dice un "creyente".
- Vamos a ver, yo creo en Dios, pero no en los curas. Si acaso en el cristianismo, pero no necesariamente en todos los cristianos. Hay cristianos que no merecen llamarse así. El cristianismo es bueno independientemente de lo que hagamos con él, eso lo tengo claro. Son los hombres los que lo tergiversamos, porque no somos perfectos.
- ¡Anda! Pues yo pienso al revés.
- ¿Al revés de qué?
- Que yo, de creer, creo en los hombres, no en sus dioses o en sus ideas. Creo en los hombres como inventores de dioses, no en los hombres como producto de los dioses. Donde tú ves al hijo de Dios, yo veo a un hombre atípico, con inquietudes, germen de una religión que estaría por venir. Sus ideas, en último término, son lo de menos. El porqué, la raíz de sus ideas es lo que me interesa.
- ¡Pero si el otro día dijiste que Jesús ni existió!
- No, sólo planteé la posibilidad de que no existiera. Al menos como idea o como símbolo sí existió, y existe, por supuesto. Lo que me fascina de esa idea no es si es cierta o no, sino que los hombres la crean. Por eso digo que creo antes en los curas que en Dios. A Dios no lo conozco, y seguramente él a mí tampoco. En cambio, sí que conozco a los curas. Muchos de ellos son más honestos consigo mismos que muchos de nosotros. Son, como objeto de estudio, más apasionantes que mil ideas metafísicas juntas. Digo esto porque, si nos lo proponemos, podemos llegar a saber qué es lo que les hace creer en el pecado original o en el más allá, entre otras cosas. Podemos "biologizar" su comportamiento, sus creencias. En fin, ¡mis creencias!, porque al fin y al cabo también quiero arrojar luz sobre las mías.
- Es más lo que nos une que lo que nos separa, obviamente.
- ¡Exacto! Y ahora dime una cosa, ¿por qué crees en Dios? Espera, no me lo digas aún. Antes voy a la cocina a coger algo de comer, ¿quieres algo?
En ese momento, el primate sin hambre dijo no con la cabeza, y aprovechó para ir al baño. Cuando volvió, el primate con hambre le esperaba impaciente:
- ¿Y bien?
- Humm... porque siempre he intuido que hay "algo" que se nos escapa, continuamente.
- Yo también tengo esa sensación, pero ¿por qué crees que siempre se nos escapa? ¿No te da que pensar? Si aceptamos que tenemos un cuerpo animal, ¿por qué no aceptar también que tenemos una mente animal, con ideas animales y sofisticadas pajas mentales?
- ¿Creer en Dios es "animal"?
- Completamente, ¿por qué no? Tienes la manía de "salirte" de la naturaleza para responder a tus preguntas. Pero realmente no sales, nadie puede. Crees salir, si acaso.
"El
solipsista está venga a dar vueltas, dentro de la botella, pegándose contra las paredes", decía Wittgenstein. Si te fijas, ambos nos hacemos las mismas preguntas: ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Por qué existimos? Lo que pasa es que a la hora de la verdad nos inventamos respuestas diferentes, aunque quiero creer que no igual de "buenas". Para mí, la intención del cerebro es que nos preguntemos constantemente ese tipo de cosas, es decir, por qué las cosas son como son, no que respondamos correctamente. Al cerebro (permíteme otra vez el antropomorfismo) sólo le importa que lo intentemos. En ese sentido, somos máquinas de hacer porqués para los cuales todavía no tenemos respuestas; la imaginación es lo nuestro. Naturalmente muchos de los porqués planteados tendrán respuesta (más nos vale), pero otros no. ¡Hasta el detective Grissom lo cree así!: "estamos hechos para creer en fuerzas que no podemos controlar". En términos evolutivos, resultaría más favorable que hubiese una superproducción de porqués (un exceso de preguntas) que no un déficit.
- ¿Por qué?
- Porque a veces, "en los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento", Einstein dixit.
- ¿De veras esperas que me crea todo eso?
- Humm... no, claro que no. Aunque por un momento creí que sonaba convincente, he de reconocerlo.
- Ahora me toca a mí preguntar. ¿Por qué no crees en Dios?
- Ya conoces mi opinión. No creer, en estos casos, me parece una actitud más sensata y honesta que creer. Todo en exceso es malo, pero con el escepticismo no pasa lo mismo: nunca está de más. Somos seres (seguramente no los únicos) que
justificamos nuestras creencias a las primeras de cambio. Ser consciente de ello hace que me ponga a dudar, no de todo (ojalá), pero sí de muchas cosas. Las grandes y pequeñas cagadas de la historia las cometimos y las seguiremos cometiendo justamente por eso.
- Y los grandes aciertos.
- Sí, y también los grandes aciertos, pero ¿qué hay de los errores? Si la vida tiene algún sentido para nosotros, apuesto que es ese: reconocer nuestros errores y
desaprender lo que aprendemos.
- De acuerdo, pero ¿y si te equivocaras? ¿Y si las cosas no fueran tal y como dices que son?
- Bueno... reconozco que en cierto modo ya me estoy equivocando, desde mi primer pensamiento hasta mi última palabra. Es inevitable, ¿no crees? Pero la pregunta no es esa. La pregunta es quién de los dos anda más errado de lo que cree.
(*) Pequeño guiño a la novela de Douglas Adams.

10 comentarios:

Siesp... dijo...

>>"La pregunta es quién de los dos anda más errado de lo que cree"

Le decía Hipatia al obispo de Cirene: Tú no te cuestionas lo que crees, yo, debo. (Por agarrarme a la película de moda)

El creyente, por propia definición, no puede plantearse ni tan siquiera por un segundo si anda más errado de lo que cree, puesto que es incompatible con el axioma. El ateo (por ser escéptico) está obligado incluso a plantearse TODAS las cuestiones, por consiguiente ha de sopesar su propia posibilidad de error. Esto conduce a la posibilidad de descubrir su total error o parcial o, hasta la certeza. Un creyente siempre vive en la certeza, aunque esta sea que los niños vienen de París.

Muy buena la discusión. Ambos protagonistas del diálogo son razonables y sensatos... Puede que hasta sean la misma persona, jejeje.

Ah, y gracias por el enlace.

Felicidades.

Hugo dijo...

"(Por agarrarme a la película de moda)"

Jeje, yo también me he agarrado un poco: Es más lo que nos une que lo que nos separa :D

"Puede que hasta sean la misma persona, jejeje."

¿Se ha notado? En cierto modo sí, sin embargo rechazo sin dudar aquello de "yo creo en Dios, pero no en los curas". Para mí quien lo ve así lo está bien completamente al revés. Además, ahora con programas como El intermedio que critican abiertamente y con humor a la Iglesia la gente se está subiendo al carro de la secularización, pero, por desgracia, sin abandonar su trascendentalismo y sus creencias sobrenaturales. Aunque algo es algo.

"Ah, y gracias por el enlace."

Sabes que no hay de qué. Hala, aquí va otro jaja. Este más merecido aún que el otro.

Un saludo, y gracias por el "felicidades". Los estoy apuntando :-P

Siesp... dijo...

Yo puedo llegar a entender cualquier tipo de posición respecto a la religión excepto una: la de aquellos que manifiestan creer en dios pero no creen en los curas o la iglesia.

No puedo entender cómo descalifican a los fabricantes del producto que consumen tan naturalmente. ¿Cómo se puede creer en dios si éste ha salido de los textos de los curas? Si no crees en los curas, ¿por qué no avanzas un pelín más y dejas de creer en su producto?

La incoherencia como bandera, y sin darse cuenta. Lo ven tan normal como yo veo el ateísmo.

Frente a la manifestación de un profesor de griego (muy católico él) que dice "yo no necesito ninguna prueba para creer en dios" yo mantengo que necesito alguna prueba que demuestre que mi coche es mio. Y la tengo. De no tenerla, no tendría coche. Lo mismo pasa con mi casa, con mi camisa, con mi guillotina,... ¡y en un asunto tan serio NO PIDEN PRUEBAS!.

Hala, caldo gordo para los curas, a los que dicen detestar, jejeje.

Increíble.

Ciao

Paco Traver dijo...

Creer es inevitable y no todas las creencias son iguales ni comprometen los mismos recursos. Hay una creencia inmediata, axiologica que no precisa demostración (sentirse vivo, sentir que uno está separado y es diferente de los demás, etc) por otra parte no estoy de acuerdo con el hecho de que las descreencias sean más genuinas que las creencias (la duda cientifica), creo que entre la ciencia tambien existe mucho de la creencia que se sostiene sin pruebas. O que se sostienen compitiendo con otras creencias apantallándolas con el metodo cientifico.

Ignasi dijo...

Muy interesante el diálogo. Efectivamente considero que la creencia es connatural al hombre, en todos los ámbitos hay una necesidad de superar toda premisa ir más allá de los conocimientos establecidos.Creer es vital para el avance de la ciencia y la cultura en general. Todo fundamentalismo supone un atentado a la razón y al sentido común. Porque la condición humana es saber más y más y sobre todo cuestionarse todo lo que se cree por verdadero y evidente. Siempre en la duda existe la posibilidad de crear nuevas hipotesis, y por lo tanto la oportunidad de volver a construir el pensamiento, en base a a nuevas perspectivas no vistas hasta entonces.No creo que creer en Dios deba suponer no cuestionarse aquello que los hombre han escrito sobre él. Mi Dios no tiene porque coincidir con aquello que se predica de él.

Bueno, espero tus comentarios. Gracias por regalarnos estas reflexiones

Saludos

Ignasi

Hugo dijo...

Siesp:

"Frente a la manifestación de un profesor de griego (muy católico él) que dice "yo no necesito ninguna prueba para creer en dios" yo mantengo que necesito alguna prueba que demuestre que mi coche es mio"

Jaja, muy buena :D

Paco, un placer tenerte por aquí:

"[...] no estoy de acuerdo con el hecho de que las descreencias sean más genuinas que las creencias"

Completamente de acuerdo.

Ignasi:

"No creo que creer en Dios deba suponer no cuestionarse aquello que los hombre han escrito sobre él. Mi Dios no tiene porque coincidir con aquello que se predica de él."

Tienes razón. Como en todo, en esto también hay grados a la hora de creer en Dios o de ser más o menos escéptico.

"Gracias por regalarnos estas reflexiones"

Jeje, gracias a vosotros, hombre. Sin el tan preciado feedback los bloggers como nosotros no somos nadie :D

Para terminar, rescato la opinión de Feynman al respecto:

«Dios fue inventado para explicar el misterio. Dios es siempre inventado para explicar esas cosas que no entiendes. Pero, cuando finalmente descubres la manera en que trabaja algo, obtienes ciertas leyes que estás arrebatando a Dios; no lo necesitas más. Pero lo necesitas para los otros misterios. Por tanto lo dejas para que creara el Universo porque eso aún no lo entendemos».

Un saludo a todos. Gracias por pasaros.

RIVE dijo...

Hola, por aquí pasaba a tu blog y bueno me parece super bueno, "felicidades".

Hugo dijo...

Muchas gracias, RIVE. Bienvenido.

Carlos Suchowolski dijo...

Ahora que nadie salvo tú verá esto (lo que me exime de ser considerado un "autopropagandista", je...), me atrevo a pasarte dos links en relación a estos asuntos que espero te sirvan para sacar lo que consideres oportuno con vista a esa "construcción" (links que me da que no leiste por lo que sea, al menos el mío, por demasiado extenso, je... como siempre):

a) http://unanuevaconciencia.blogspot.com/2009/09/la-necesidad-socio-occidental-de-ser.html

b)
http://feacios.blogspot.com/2009/10/deconstruyendo-kuhn.html
(que por lo mismo, comento, abundando en la cuestión)

Un saludo.

Hugo dijo...

No caerán en saco roto tus recomendaciones, te lo casi prometo :-P

Muchas gracias. Seguimos en construcción, a ver qué sale.