2 de noviembre de 2009

Sobre la discriminación positiva

Preguntaban hace poco en el diario El País:
¿Te parece bien la discriminación positiva*?
El 81% de los lectores que se animaron a participar en la encuesta (unos 3400) respondió que no. Yo respondí que sí.

Responder siempre que no me parece precipitado; dar siempre una misma respuesta se puede deber a una idea preconcebida, y desconfío. Lo mismo digo de responder siempre que sí.

Lo interesante es saber cuándo estamos ante un hecho discriminatorio y cuándo no. Nada fácil, cierto. Por ejemplo, ¿están siendo discriminadas las directoras de cine, esto es, les cuesta más, o simplemente hay menos directoras que directores porque las mujeres prefieren dedicarse en menor medida a esta profesión? ¿Cuándo se enfrentan las mujeres a fricciones que deberíamos reducir? ¿Cómo detectar esas fricciones?

Todavía carezco de respuestas que me satisfagan. Hoy por hoy, mi opinión se acerca bastante a la del director David Trueba:
[...] el tema de la discriminación positiva es una medida a aplicar en los procesos educativos y de formación con el fin de crear las mismas oportunidades a todo el mundo, pero en el mercado laboral creo que su aplicación puede ser peligrosa. Habrá que reflexionar sobre ello.
Tal vez peligrosa no, pero sí incierta, cuando menos.

Según el progresista George Lakoff, "con igualdad de oportunidades, debería haber el mismo número per cápita de médicos, abogados, científicos en la comunidad afroamericana que en la población en su conjunto [...]. Sin embargo, esto no es lo que ocurre" [1]. Naturalmente, pero ¿pasa lo mismo con las mujeres directoras? Ante la duda, quizá el conservador prefiera abstenerse, el progresista tirar para adelante, pero, ¿y tú?

El conservador teme, no sin cierta razón, la idea de igualdad. Porque en sus peores pesadillas -¡y en las mías!- el planeta Tierra se convierte en el planeta Panta:
- Has de saber, extranjero recién llegado a este planeta -dijo-, que hemos alcanzado el más alto conocimiento de las fuentes de todos los sufrimientos, preocupaciones y desgracias que padecen los seres unidos en la sociedad. Dicha fuente estriba en el individuo, en su personalidad particular. La sociedad, la colectividad, es eterna y regida por unas leyes constantes e inamovibles, iguales a las que rigen el poderío de soles y estrellas. El individuo se caracteriza por inestabilidad, por falta de decisión, por lo accidental de sus acciones y, sobre todo, por su tansitoriedad. Nosotros hemos suprimido totalmente el individualismo a favor de la sociedad. En nuestro planeta sólo existe la colectividad: no hay en él individuos.
- No entiendo -dijo estupefacto-; lo que estás diciendo debe ser solamente una figuración retórica, ya que tú mismo eres un individuo...
- De ninguna manera -replicó sin cambiar de sonrisa-. Te habrás dado cuenta, supongo, de que todos tenemos la misma cara. Del mismo modo, conseguimos la más alta intercambiabilidad social.
[2]
Si Hayek levantara la cabeza... :o)

(*) Conocida en EE.UU y Canadá como affirmative action y employment equity, respectivamente.
[1] George Lakoff, Puntos de reflexión. Manual del progresista, Ediciones Península, Barcelona, 2008, p. 153.
[2] Stanislaw Lem, Diarios de las estrellas, Alianza Editorial, Madrid, 2005, pp. 142-143.

Para profundizar:
- ¿Avala la ciencia las políticas de igualdad?, en La revolución naturalista.

12 comentarios:

Siesp.. dijo...

Ciertamente es una pregunta endiablada. En mi opinión es equivalente a preguntar ¿te parece bien una maldad que conduzca a un bien general?
Veamos. La discriminación es, en esencia, una actitud no aplicable a los seres humanos. Pero la discriminación positiva (acompañada del calificativo) es necesaria cuando nos enfrentamos a un hecho discriminatorio (como bien dices).
Nuevamente nos hallamos frente a varios enfoques que, básicamente, se reducen a la visión progresista y a la conservadora (aclaro que no pretendo hacer un juicio de valor sobre qué opción es más beneficiosa. Mi manera de ser –que no mi carné político- y mi forma de afrontar la vida moldean mi pensamiento)

Volviendo al principio, la discriminación positiva puede considerarse una intervención por parte de la autoridad en el comportamiento social, y es cierto, pero ¿acaso no soportamos disposiciones normativas para nuestra propia organización? No basta con considerar al hombre y a la mujer como iguales (eso lo asumen todas las tendencias políticas del mundo moderno, no el atrasado mundo islámico) sino que debemos demostrarlo haciendo frente a un hecho objetivo: La mujer difiere del hombre en unos aspectos fisiológicos, no en capacidad de asunción de responsabilidades. Es cierto que hoy en día la mayoría de los altos cargos en todas las tareas directrices de la sociedad son los hombres –mayoritariamente- quienes aparecen como reguladores de la actividad humana. A los informativos me remito. Hemos dado un salto de calidad en la sociedad occidental, donde vemos tan normal que una mujer presente un telediario, pero todavía nos falta leer en los títulos de crédito del informativo el nombre de una mujer como directora.

Aunque no tengamos claro qué es un hecho discriminatorio, no está mal que concedamos el beneficio de la duda a favor del más débil (no en fuerza ni inferioridad intelectual sino en influencia social), después de todo ¿no es eso lo que promulgan las religiones monoteístas?: ayudar al débil, desvalido, maltratado,… ¡siempre que no sea una mujer! – ese es el gran fiasco de los libros “sagrados”-

Así que, en una sociedad donde unos se dedican a vociferar tras las páginas de su libro sagrado, los demás debemos legislar a favor de la igualdad, no sólo de oportunidades, sino influyendo en la propia evolución.

No viene a cuento, pero con un anacronismo como son las monarquías, es penoso que en España todavía el varón prevalezca sobre la mujer en la mas alta magistratura del estado.

No sé si me he enrollado mucho, pero es que cuando me pongo…

Un cansadísimo abrazo.

Hugo dijo...

El tercer párrafo. Ahí es donde está la "chicha". Quien lo suscriba, estará, por lo general, a favor de la "acción positiva" (me encanta ese eufemismo, jeje). Quien no, evidentemente estará en contra.

"No sé si me he enrollado mucho..."

Qué va, no te cortes ni un pelo a la hora de escribir. Faltaría más :D

Un constipadísmo abrazo.

mikelowski dijo...

Es un tema peliagudo. En el momento en que facilitas las cosas para un colectivo, o lo que es lo mismo, das derechos a unos y no a todos, estás generando desigualdad. Un ejemplo muy evidente: violencia contra la mujer.

Poco a poco a través de cada generación se va disipando la desigualdad de género. Basta ver la cantidad de chicas que hay en la universidad -yum!-. TV3 lo dirige Mònica Terribas, en la Autónoma de Barcelona tenemos rectora...

A mi juicio unas discriminaciones se complementan con unas ventajas. Una mujer puede acceder con preferencia en puestos de atención al público. Hasta hoy la custodia de los niños era prácticamente en el 100% de los casos para ella...

Desigualdad la habrá siempre, porque no somos iguales biológicamente, y gracias a dios que es así, qué aburrimiento de mundo si no (además los sociologuchos nos quedaríamos sin trabajo).

Hugo dijo...

"además los sociologuchos nos quedaríamos sin trabajo"

Eso ni en broma :P

Ahora voy a rescatar la opinión de alguien que está en contra. Me encanta la comparación que hace (¡viva la ley de Godwin!):

"Como sociólogos socialistas ha habido siempre, no nos extrañará que en la Alemania de los 20' y 30' se ofrecieran pruebas estadísticas concluyentes de lo que ya ellos consideraban una sobrerrepresentación de los judíos. [...] Resulta que el 13% de los médicos eran judíos, lo que suponía una sobrerrepresentación de 15 a uno. La situación era tal que en Berlín los judíos eran nada menos que el 60% de los médicos. Había que acabar con esa situación y vive Dios que se esforzaron en la adopción de medidas de discriminación positiva."

Un saludo, mikelowski.

Manu dijo...

Bueno, pues yo estoy totalmente en contra de cualquier tipo de discriminación, tanto positiva, como negativa.

Últimamente está tan "de moda" intentar ser ¿igualitarios? mediante la mal llamada "discriminación positiva", que se dan paradojas absurdas.

El ejemplo más claro es en oposiciones públicas, donde se reserva un tanto por ciento de plazas exclusivas para mujeres, dejando el resto abiertas a ambos sexos. Pero presuponiendo, que el resto sólo van a ser hombres, claro, como si se diera por sentado que las mujeres no tuvieran capacidad suficiente para acceder a esas plazas por méritos propios. En fin...

Me refiero concretamente a convocatorias para plazas de policía, por ejemplo:

En la última convocatoria para la policía autonómica vasca, el 50% de las plazas son exclusivas para mujeres. Por lo que una mujer que superara las pruebas con un aprobado justito, puede tener muchísimas más opciones de conseguir plaza, que otro opositor hombre con muchísima mejor nota. ¿Esto es justo?. Para mí no es igualdad, sino desigualdad.

En algunas convocatorias para vigilantes urbanos, se ha llegado a discriminar positivamente incluyendo en las bases: "-Tendrán prioridad las mujeres y discapacitados físicos o psíquicos." ¿Esto es igualdad o menospreciar al sexo femenino?.

Y un último ejemplo: en las últimas oposiciones para policía local de mi pueblo, se ofertaron cinco plazas de agente: 3 libres y 2 exclusivas para mujeres.
Resulta que una mujer sacó el segundo puesto general (es decir, de hombres y mujeres) y fué la única mujer que superó con éxito todas las pruebas.
Lo normal hubiera sido que le concedieran una de las 3 plazas libres, pero no. Le dieron una de las de mujeres, para poder meter a otro agente masculino, claro, pero al no haber más mujeres de las presentadas que superaran con éxito todas las pruebas, quedó vacante la otra de mujer (y varios hombres que sí habían superado las pruebas en la calle, claro). ¿Esto es justo?.

Para mí es muy injusto, cualquier tipo de discriminación por razón de sexo, raza, creencia, nacionalidad, etc., etc., ya se le llame positiva o negativa, porque siempre es negativa.

Creo que la verdadera igualdad es la opción de la persona más válida, sea como sea ésta.

Así que..., esta es mi opinión.

Y que conste que tengo una hija, la cual espero que llegue a lo más alto, por sí misma.

Un abrazo.

Siesp... dijo...

Entiendo lo que dice Manu, pero no acabo de compartirlo. Soy de la opinión de que las grandes justicias sociales acarrean pequeñas injusticias, y siendo coherente con esa máxima, habré de tragarme todas esas injusticias que el binomio "discriminiación - positiva" conlleva.

Digamos que la discriminación es mala, pero el positivismo es bueno, ¿no?

Un placer leeros a todos.

Saludos.

Juan Carlos Alonso dijo...

Yo creo que la semántica en esta cuestión nos da una pista.
Fíjense que ahora surge la necesidad de aclarar que es discriminación positiva. El término discriminación, en estos últimos tiempos está visto como una "mala palbra" cuando en realidad por su acepción no debería serlo.Todos constantemente estamos dicriminando ya que funcionamos en base SI/NO tomando decisiones todo el tiempo.
En todo caso la palabra a utilizar es prejuicio(tambien considerada como mala),aunque esta funadada en la intuicón que tiene cada uno con repecto a otras personas. En mi opinion lo que no se debe hacer aplicar esta actitud de manera generalizada como se suele hacer, ya que puntualmente toda la gente no es igual. Si nos despojamos de la característica hipocresía humana debemos reconocer que es algo difícil de lograr, ya que nos cuesta mucho, como es natural, actuar en contra de nuestra instintiva intuición.
En lo que a politica respecta es comprensible que se haya dado de esta manera. El dominio y la opresión que ejerce el pensamiento coservador provoco una reaccion opuesta mediante el pensamiento progresista que tambien se excede.Ni todos somos demasiado diferentes ni y todos somos demasiado iguales.
Para mi, cuantos más datos tengamos y cuanto mas fino hilemos putualizando cada caso, más soluciones vamos a encontrar y también una mejor convivencia.
De a poco la humanidad va encontrando un equlibrio, en los últimos años se ha conseguido mucho con repecto a etos temas y la consecuencia es que aunque la television nos venda lo contrario, es la etapa mas pacífica de toda nuestra historia. Aún falta mucho, pero es posible que estemos en el camino correcto para optimizar nuestra convivencia.

Saludos y, como siempre Hugo, un placer leerte.

Héctor Meda dijo...

Me parece que crees que lo social se subsume en lo político, no otra razón veo a luchar contra la discriminación con la ley en la mano.

En su momento hice una apología de la discriminación:
http://hector1564.blogspot.com/2009/07/apologia-de-la-discriminacion.html

Por otro lado, hay una tercera opción entre progresistas y conservadores que es la única que no busca heurísticas políticas en función de los deseos utópicos sino en función de los mecanismos con los que se desarrolla una socidad, a saber: los liberales

José Luis Ferreira dijo...

Como siempre, habrá qué ver qué tipo de medidas de discriminación positiva dirigidas hacia qué tipo de colectivos. Hay múltiples causas que pueden provocar discriminación. Algunas de ellas pueden ser corregidas con medidas de discriminación positiva si se hacen bien, Otras no.

El profesor J. Leonard, de la Universidad de Berkeley, estudió en los años ochenta las políticas de discriminación positiva (Affirmative action) llevadas a cabo en los Estados Unidos. Sus trabajos empíricos se basan en diversos modelos económicos teóricos (entre otros, de los propuestos por Gary Becker).

Este es uno de sus trabajos. Tiene más.

http://ideas.repec.org/a/ucp/jlabec/v2y1984i4p439-63.html

Gracias a estos trabajos, tenemos razones para pensar que esas políticas, si se diseñan bien, tienen un efecto positivo en términos de reparto de rentas hacia los colectivos que son su objetivo (negros y mujeres, principalmente), y ello sin merma en la productividad, pero también que tienen un menor efecto en la lucha contra la discriminación con efecto permanente.

No he seguido mucho la pista al tema en los últimos 10 años. Si saco tiempo tal vez busque a ver si haya algún estudio nuevo.

Hugo dijo...

Héctor, para mí los liberales son "biconceptuales" (Lakoff): parcialmente progresistas, parcialmente conservadores.

He leído el post y he de decir que no estoy muy lejos de verlo como tú, aunque reconozco que la "ingeniería social" es mi antojo de embarazada :D

Es posible que la discriminación positiva no resulte tan "curativa" como algunos creen, pero tampoco tan perjudicial como otros pronostican.

Juan Carlos, me gusta mucho esto que dices (ah, y el placer siempre es mío, jeje):

"El dominio y la opresión que ejerce el pensamiento coservador provoco una reaccion opuesta mediante el pensamiento progresista que tambien se excede.Ni todos somos demasiado diferentes ni y todos somos demasiado iguales."

Manu, también hay otra manera de verlo, a ver si sé exponerla. Una empresa busca dos nuevos fichajes para el consejo de dirección. El Gobierno dice que las dos vacantes se repartan entre los dos sexos, por aquello de fomentar la igualdad. Los candidatos son 7 hombres y 3 mujeres igualmente preparados, supongamos.

Bien, ahora es cuando discrepamos: para mí, los 7 hombres no están optando a las dos vacantes, sino sólo a una, en realidad; del mismo modo, las 3 mujeres no están optando a las dos vacantes, sino sólo a una. ¿Parten con ventaja las mujeres? Sí, evidentemente. ¡Pero esto sólo es el principio!

Cuando se presentan a la entrevista 7 hombres y 3 mujeres igualmente preparados, los hombres tienen mucha más competencia que las mujeres, ya que tienen que competir con otros seis hombres por el mismo puesto de trabajo, no como las mujeres, que sólo tienen que competir con otras dos.

Pues bien, si esta "selección artificial" que es la discriminación positiva funciona, a la entrevista acudirán cada vez más mujeres enteradas de las ventajas de ser mujer, llegando el día en que la proporción de candidatos de ambos sexos se aproxime al 50%. ¡Como la selección sexual, pero más de estar por casa! :D

La pregunta es: ¿en realidad hace falta discriminar positivamente? Admito que, aun habiendo escrito lo que he escrito más arriba, sigo dudando. Pero ante la duda, en este caso tiendo a no abstenerme: los beneficios me parecen mayores que los perjuicios.

Por cierto, hablando de "tender". Todavía creo que nuestras posiciones políticas (lo de hoy es un buen ejemplo) responden a factores como la empatía (o tal vez no, pero ahí lo vuelvo a dejar, jeje).

José Luis, de perlas el enlace que traes. En estos debates siempre falta (mea culpa, por la parte que me toca) lo empírico, la "experientia" :D

Un saludo a todos. A ti también, Siesp.

Jimmy dijo...

Pues yo no estoy de acuerdo ni con la discriminación positiva, ni con la negativa, ni con la neutra.
Sencillamente, para un determinado puesto, hay que escoger a la persona o personas que estén mejor capacitadas para desempeñarlo con la mejor eficacia.
Quiero decir, que si hay 100 plazas para mamporrería caballar y las 100 mejores son mujeres, pues bien, si son hombres pues también y si se da el caso que son 50 y 50, pues mira que bien.

Hugo dijo...

Jimmy, opino exactamente igual que tú, pero, como se viene demostrando, "escoger a la persona o personas que estén mejor capacitadas para desempeñarlo con la mejor eficacia" a veces se queda corto, porque el que escoge es humano y tiende a la discriminación.

Un ejemplo real. En el restaurante X, ocurren dos hechos conocidos: 1) la mayor parte de las mujeres que hay en plantilla son "freganchinas", 2) los camareros sudamericanos que hay en plantilla (que rondan el 40-50% del total de camareros) tienen menos probabilidades de llegar a ser maîtres que los camareros españoles, a menudo independientemente de su talento.

¿Qué hacer? Bueno, no todo lo vamos a arreglar con discriminación positiva, claro, jeje.

Un saludo.