La tarea del divulgador científico es complicada. Uno de los obstáculos más difíciles que debe superar es "la alta especialización a que se ha llegado en los desarrollos científicos", ya que éstos "alejan de la comprensión inmediata del hombre y de la mujer del común las producciones de las ciencias, estando estas construcciones muy alejadas del sentido común". [1]Y es que, debido a esa lejanía, el sentido común y la ciencia a veces pasan muy lejos el uno del otro. Es en ese momento cuando ésta debe arrimarse y tratar de hacerle entender a aquél que las cosas no son siempre como parecen. "No creas todo lo que piensas", nos dicen desde La Ciudad de las Ideas. Hay fenómenos cuyo entendimiento nos resulta contraintuitivo, como suele ocurrirnos con la mecánica cuántica (ej: la dualidad onda-corpúsculo).
Otro ejemplo es el dualismo cartesiano-platónico, pero aquí ocurre lo contrario. Nuestro sentido común y la educación tradicional nos sugieren -según parece- que hay un yo independiente e inmaterial debajo de todos estos músculos que nos envuelven y de todos estos huesos que nos sostienen, una personalidad inalterable (pese a demostrarse lo contrario), un alma, un maquinista solitario y distante, quizá inmortal. En fin, un teatro cartesiano (Dennett).
Sin embargo, la ciencia tiene razones para disentir: no puede existir espíritu en la máquina, al menos no tal como lo entendieran Descartes, Platón o el cristianismo. Lo que llamamos espíritu sería en realidad un director de orquesta programado por nuestros genes, tal vez un fenómeno emergente; como mucho una representación del cerebro/mente, una sensación, una especie de holograma imaginado, cambiante y vulnerable; algo físicamente indistinguible no ya del cerebro, sino del resto del cuerpo. Pero eso sí, tan necesario como cada una de nuestras células.Descartes debió decir "existo, luego pienso":
En el principio fue el ser, y sólo más tarde el pensar. [...] Somos, y después pensamos, y sólo pensamos en la medida en que somos, puesto que el pensamiento está en realidad causado por las estructuras y las operaciones del ser. Antonio Damasio. [2]¿Es posible que nuestro lenguaje sea víctima y a la vez cómplice y beneficiario de este dualismo?
Todas las noches, cuando recojo las boñigas de Chulo pienso: podría no recogerlas, a estas horas no hay nadie por la calle, por lo tanto, si no lo hiciese... ¡Entonces me digo!: pero mi conciencia no me lo permitiría, recógelo. En mi opinión, este diálogo engañoso conmigo mismo es un buen ejemplo de lo que Odifreddi llama "la voz de la conciencia":
Mientras la palabra "espíritu" se use en sentido metafórico o poéticamente evocador, no tiene nada de malo. Por ejemplo, en los Upanishad se leen unos hermosos versos sobre la coincidencia entre brahman y atman [movimientos de inspiración y espiración, respectivamente], comparándola con la confluencia en una única miel de los néctares de las flores extraídos por las abejas de una colmena, o de los ríos de un continente en un mismo océano. Pero es erróneo creer que detrás de las palabras siempre debe haber algo, y que, por tanto, el espíritu cósmico y los espíritus individuales "existen" del mismo modo que la miel y el néctar de las flores aludidas, o los ríos que van a dar al mismo océano.Por eso, volviendo a lo de antes -que me pierdo y acabo metiéndome en camisa de once varas-, cuando "el lenguaje que se emplea para dar cuenta de los avances de la ciencia está bastante alejado del lenguaje materno", se hace necesario el esfuerzo de "traductores que hagan divulgación científica de muy buena calidad asequibles a todos los tipos de racionalidad". [4]
[...] Aunque parezca imposible, religiones y filosofías enteras se han dedicado durante milenios al estudio del "espíritu" y el "alma", olvidando que no eran más que palabras sin significado, metáforas vacías desposeídas de su valor metafórico en un proceso de intoxicación y adaptación que es tan común que incluso tiene un nombre: "reificación" o "hipostatización", o sea, "intercambiar un concepto abstracto por un objeto concreto", olvidando el dicho de Feuerbach de que "los objetos son dados, pero los conceptos son puestos".
[...] una gran cantidad de personas continúa creyendo en dioses, espíritus, almas y demás. Todas ellas son guiadas por la "voz de la conciencia" o, más laicamente, por lo que el filósofo Gilbert Ryle ha bautizado con ironía como el "fantasma en la máquina". La lógica, pues, debería servir al menos para barrer las ilusiones metafísicas, desenmascarándolas en lo que son: palabras impuras, de las que purificarse mediante una higiene lingüística. [3]
Me encanta eso de "los tipos de racionalidad". Como le dije una vez a Siesp a propósito de su post, para mí el mundillo de la divulgación y del conocimiento en general es, digamos, una escalera de infinitos peldaños.
Como aprendices del todo, primero empezamos por el peldaño más cercano, el menos complicado (para lo cual necesitamos maestros, divulgadores que simplifiquen su discurso, aun a riesgo de presentarnos una imagen sesgada de la realidad). Después, sólo es cuestión de seguir subiendo paso a paso por ella, hasta donde creamos oportuno, claro, todo depende de la necesidad de saber de cada uno.
Desde una posición cada vez más alta posiblemente veamos los fallos que, consciente o inconscientemente, cometieron nuestros primeros maestros; pero el aprecio que sentiremos por ellos será mayor si cabe que el sentido por nuestros maestros de ahora, pues, sin olvidar lo malo, destacaremos lo bueno.Es un placer saber que tenemos a nuestra disposición, distribuidos por todos los peldaños, a un sin fin de magníficos divulgadores (con sus respectivos libros) y también a un número no menos pequeño de bloggers al pie del cañón (y otros tantos que no aparecen en ese ranking y sí, por ejemplo, en nuestras barras laterales).
El ascenso a ¿ninguna parte? está garantizado :D
[1] y [4] María Barrera de Aragón, "¿Se puede hacer ciencia sin humanismo?", Revista Colombiana de Física. (Vía Ciencias y letras, una sección de Libro de Notas escrita por Salvador Ruíz Fargueta, autor del blog de física La bella teoría).¿Qué otro obstáculo se os ocurre?
[2] Antonio Damasio, El error de Descartes, Editorial Crítica, Barcelona, 2006, pp. 284-285.
[3] Piergiorgio Odifreddi, Las mentiras de Ulises, Ediciones Salamandra, Barcelona, 2006, pp. 14-16. (Este libro, por cierto, pinta genial).
Nota: La parte en la que hablo del problema mente-cerebro es la más vulnerable del post. Quien lo desee puede corregirme en cualquier momento si voy desencaminado o he utilizado alguna expresión incorrecta o no del todo precisa. Y eso vale para todos los posts, por supuesto.Para seguir leyendo:
- Versus John Eccles, en Razón Atea.
- El dualismo cartesiano (El juicio del siglo XX).
- Monismo, en Wikipedia.
- El huevo y la gallina, en el blog de Arturo Goicoechea.



















