31 de agosto de 2009

Los obstáculos de la divulgación científica

La tarea del divulgador científico es complicada. Uno de los obstáculos más difíciles que debe superar es "la alta especialización a que se ha llegado en los desarrollos científicos", ya que éstos "alejan de la comprensión inmediata del hombre y de la mujer del común las producciones de las ciencias, estando estas construcciones muy alejadas del sentido común". [1]

Y es que, debido a esa lejanía, el sentido común y la ciencia a veces pasan muy lejos el uno del otro. Es en ese momento cuando ésta debe arrimarse y tratar de hacerle entender a aquél que las cosas no son siempre como parecen. "No creas todo lo que piensas", nos dicen desde La Ciudad de las Ideas. Hay fenómenos cuyo entendimiento nos resulta contraintuitivo, como suele ocurrirnos con la mecánica cuántica (ej: la dualidad onda-corpúsculo).

Otro ejemplo es el dualismo cartesiano-platónico, pero aquí ocurre lo contrario. Nuestro sentido común y la educación tradicional nos sugieren -según parece- que hay un yo independiente e inmaterial debajo de todos estos músculos que nos envuelven y de todos estos huesos que nos sostienen, una personalidad inalterable (pese a demostrarse lo contrario), un alma, un maquinista solitario y distante, quizá inmortal. En fin, un teatro cartesiano (Dennett).

Sin embargo, la ciencia tiene razones para disentir: no puede existir espíritu en la máquina, al menos no tal como lo entendieran Descartes, Platón o el cristianismo. Lo que llamamos espíritu sería en realidad un director de orquesta programado por nuestros genes, tal vez un fenómeno emergente; como mucho una representación del cerebro/mente, una sensación, una especie de holograma imaginado, cambiante y vulnerable; algo físicamente indistinguible no ya del cerebro, sino del resto del cuerpo. Pero eso sí, tan necesario como cada una de nuestras células.

Descartes debió decir "existo, luego pienso":
En el principio fue el ser, y sólo más tarde el pensar. [...] Somos, y después pensamos, y sólo pensamos en la medida en que somos, puesto que el pensamiento está en realidad causado por las estructuras y las operaciones del ser. Antonio Damasio. [2]
¿Es posible que nuestro lenguaje sea víctima y a la vez cómplice y beneficiario de este dualismo?

Todas las noches, cuando recojo las boñigas de Chulo pienso: podría no recogerlas, a estas horas no hay nadie por la calle, por lo tanto, si no lo hiciese... ¡Entonces me digo!: pero mi conciencia no me lo permitiría, recógelo. En mi opinión, este diálogo engañoso conmigo mismo es un buen ejemplo de lo que Odifreddi llama "la voz de la conciencia":
Mientras la palabra "espíritu" se use en sentido metafórico o poéticamente evocador, no tiene nada de malo. Por ejemplo, en los Upanishad se leen unos hermosos versos sobre la coincidencia entre brahman y atman [movimientos de inspiración y espiración, respectivamente], comparándola con la confluencia en una única miel de los néctares de las flores extraídos por las abejas de una colmena, o de los ríos de un continente en un mismo océano. Pero es erróneo creer que detrás de las palabras siempre debe haber algo, y que, por tanto, el espíritu cósmico y los espíritus individuales "existen" del mismo modo que la miel y el néctar de las flores aludidas, o los ríos que van a dar al mismo océano.

[...] Aunque parezca imposible, religiones y filosofías enteras se han dedicado durante milenios al estudio del "espíritu" y el "alma", olvidando que no eran más que palabras sin significado, metáforas vacías desposeídas de su valor metafórico en un proceso de intoxicación y adaptación que es tan común que incluso tiene un nombre: "reificación" o "hipostatización", o sea, "intercambiar un concepto abstracto por un objeto concreto", olvidando el dicho de Feuerbach de que "los objetos son dados, pero los conceptos son puestos".

[...] una gran cantidad de personas continúa creyendo en dioses, espíritus, almas y demás. Todas ellas son guiadas por la "voz de la conciencia" o, más laicamente, por lo que el filósofo Gilbert Ryle ha bautizado con ironía como el "fantasma en la máquina". La lógica, pues, debería servir al menos para barrer las ilusiones metafísicas, desenmascarándolas en lo que son: palabras impuras, de las que purificarse mediante una higiene lingüística. [3]
Por eso, volviendo a lo de antes -que me pierdo y acabo metiéndome en camisa de once varas-, cuando "el lenguaje que se emplea para dar cuenta de los avances de la ciencia está bastante alejado del lenguaje materno", se hace necesario el esfuerzo de "traductores que hagan divulgación científica de muy buena calidad asequibles a todos los tipos de racionalidad". [4]

Me encanta eso de "los tipos de racionalidad". Como le dije una vez a Siesp a propósito de su post, para mí el mundillo de la divulgación y del conocimiento en general es, digamos, una escalera de infinitos peldaños.

Como aprendices del todo, primero empezamos por el peldaño más cercano, el menos complicado (para lo cual necesitamos maestros, divulgadores que simplifiquen su discurso, aun a riesgo de presentarnos una imagen sesgada de la realidad). Después, sólo es cuestión de seguir subiendo paso a paso por ella, hasta donde creamos oportuno, claro, todo depende de la necesidad de saber de cada uno.

Desde una posición cada vez más alta posiblemente veamos los fallos que, consciente o inconscientemente, cometieron nuestros primeros maestros; pero el aprecio que sentiremos por ellos será mayor si cabe que el sentido por nuestros maestros de ahora, pues, sin olvidar lo malo, destacaremos lo bueno.

Es un placer saber que tenemos a nuestra disposición, distribuidos por todos los peldaños, a un sin fin de magníficos divulgadores (con sus respectivos libros) y también a un número no menos pequeño de bloggers al pie del cañón (y otros tantos que no aparecen en ese ranking y sí, por ejemplo, en nuestras barras laterales).

El ascenso a ¿ninguna parte? está garantizado :D
[1] y [4] María Barrera de Aragón, "¿Se puede hacer ciencia sin humanismo?", Revista Colombiana de Física. (Vía Ciencias y letras, una sección de Libro de Notas escrita por Salvador Ruíz Fargueta, autor del blog de física La bella teoría).
[2] Antonio Damasio, El error de Descartes, Editorial Crítica, Barcelona, 2006, pp. 284-285.
[3] Piergiorgio Odifreddi, Las mentiras de Ulises, Ediciones Salamandra, Barcelona, 2006, pp. 14-16. (Este libro, por cierto, pinta genial).
¿Qué otro obstáculo se os ocurre?
Nota: La parte en la que hablo del problema mente-cerebro es la más vulnerable del post. Quien lo desee puede corregirme en cualquier momento si voy desencaminado o he utilizado alguna expresión incorrecta o no del todo precisa. Y eso vale para todos los posts, por supuesto.
Para seguir leyendo:
- Versus John Eccles, en Razón Atea.
- El dualismo cartesiano (El juicio del siglo XX).
- Monismo, en Wikipedia.
- El huevo y la gallina, en el blog de Arturo Goicoechea.

26 de agosto de 2009

Enemigos públicos y Otis Taylor

Enemigos públicos (2009) no es lo que se dice una "gran película", no está tan bien narrada como, por citar una casi igual de reciente y del mismo género, American Gangster (2007), pero estéticamente es superior. La imagen y la música es excepcional:



El próximo post que publicaré será el lunes, titulado "Los obstáculos de la divulgación científica".

Con ese daré comienzo al curso 2009/2010. Mi intención es que le sigan más como ese, posts extensos y repletos de enlaces que le dejen a uno navegando durante días por otros sitios, preguntándose todas aquellas cosas que merece la pena preguntarse. Bueno, todas no, pero sí unas cuantas :D

Esa será la nueva filosofía del blog: menos posts pero más trabajados, más tiempo para rumiarlos. ¡Aquí se viene a aprender, y yo el primero!

24 de agosto de 2009

Sobre la inteligencia ecológica (II)

No hace mucho (a finales de julio) hablé sobre la inteligencia ecológica, un concepto que ha popularizado recientemente el psicólogo Daniel Goleman.

De momento no voy a extenderme en el tema, todo lo que ahora mismo sé ya lo conté en ese post, pero lo que sí que voy a hacer es recomendaros como "refuerzo" -si el tema os interesó- esta conferencia suya, especialmente a partir del minuto 08:10.

Pero os animo a verla entera, claro. Si no lo hacéis os perderéis las partes en las que Goleman habla de la neurociencia social (una ciencia que me está encandilando) y de aquel experimento que trataba sobre el conformismo (un experimento que ya me encandiló).

21 de agosto de 2009

Entre el utilitarismo y el liberalismo

En un post anterior dije que publicaría como máximo dos entradas por semana pero la ley antitabaco da mucho de sí y... esta ya es la tercera.

Lo que sigue es mi -hoy por hoy- argumentación final a favor de la ley antitabaco.

Pon! y otros se preguntan de dónde salen las encuestas que dicen que "el 70 por ciento de los españoles estaría de acuerdo con una prohibición total y con no dejar la decisión a los propietarios de los lugares de ocio".

Esas encuestas en concreto no lo sé, lo reconozco, pero no me extrañaría que su origen fueran aquellas otras -Tabaquismo y nueva normativa anti-tabaco, 2006- en las que, a la pregunta "¿diría usted que esta ley contribuye a mejorar la salud de los españoles o que no afecta de forma apreciable a la salud de los españoles?", el 80,4% de los encuestados respondía "contribuye a mejorar la salud de los españoles".

En ese sentido, la ley sí coincide con la voluntad de la mayoría de los ciudadanos. Creen que es "bueno" acabar con el hábito de fumar en espacios públicos.

Quien con este tipo de leyes ve un atraso es que no ve bien.

El utilitarismo consiste, dicho rápidamente, en conseguir "el mayor bien para el mayor número" de personas (es esta una de las corrientes filosóficas que están detrás de la ley antitabaco). El liberalismo, por otro lado, "propugna limitar al máximo el poder coactivo del Estado sobre los seres humanos" (Liberalismo.org) y "promueve las libertades civiles" (Wikipedia).

Dos corrientes filosóficas ligadas entre sí pero de origen distinto, podría decirse. El utilitarismo nace del sentimiento moral, de las emociones; el liberalismo nace de un gusto por lo racional, lo que se presta a mayores cálculos. Sin embargo, la razón no va a ninguna parte sin la emoción y viceversa.

Por consiguiente, la defensa que algunos liberales hacen de la propiedad privada y de la idea de libertad me parece desproporcionada y poco realista. Medir la realidad con un solo instrumento (el liberalismo) es de perezosos.

La defensa del liberalismo debe ser más débil allá donde la defensa del utilitarismo deba ser más fuerte, como en este caso. Si el humo del tabaco es perjudicial para la salud, no sólo la del fumador, sino también la de terceros, ¿cómo seguir, entonces, defendiendo el derecho a fumar delante de los demás?, ¿estamos locos? Bueno, no es locura, es conservadurismo.

Continuaría con mi argumentación, le daría mayor precisión, pero a quien piense como yo posiblemente ésta ya le es suficiente, y a quien no piense como yo... de momento no sé mostrarle de un modo más claro sus errores, así que ya no pinto nada aquí :D

Para seguir leyendo:
- Entre el utilitarismo y el liberalismo (II).
- Desórdenes públicos y otras consecuencias de la falta de nicotina, en Las penas del Agente Smith.

19 de agosto de 2009

Sobre la libertad y la ley antitabaco

Comentando en el blog de mi primo sobre la nueva ampliación de la ley antitabaco se ha dicho lo siguiente (voy a citar solamente una parte). Si es que siempre discrepamos, no podemos evitarlo:
Hugo (yo): En cierto modo [...] nuestro cuerpo [nuestras acciones, mejor dicho] sí es asunto del Estado -y en mi opinión así debe ser- cuando afecta a terceras personas o cuando el resultado de nuestra insensatez requiere un gasto público elevado (ej: los cuidados que necesita un paciente con cáncer de pulmón provocado por el tabaco).

En este último caso, reconozco que las acciones por parte del Estado deben ser menos beligerantes y no tan prohibitivas. Al fin y al cabo, todo el mundo es libre de fumar, pese a desaconsejarse (mediante campañas) rotundamente.

[...] Mi postura es la misma que Jiménez [la ministra de sanidad]: no fumar en los espacios públicos; sólo en la calle o en casa.


Pon!: Debemos aprender a ser nosotros los que sepamos lo que hay que hacer porque si dejas al Estado decidir por ti acabará prohibiéndote las cosas.

[...] Pero, volviendo a los bares, son lugares privados por mucho que los quieras ver como públicos. Tú como persona libre puedes decidir entrar o no a un bar. Si ves que fuman y no quieres sufrirlo, no entrarás pero el Estado nada tiene que decir a la política del lugar privado.
Este tema merece mucha más atención que unos simples comentarios en un blog, lo sé, pero al menos ya hemos empezado a situarnos moral y políticamente. Se agradecerán vuestras opiniones, si os animáis :D

Pon! defiende la libertad del propietario del local a toda costa (viendo la separación entre la esfera pública y la esfera privada con una nitidez que yo no alcanzo a ver), yo la del no fumador. Sé que ninguno tenemos plena razón. No creo que hayamos encontrado todavía El argumento que no pueda ser refutado.

Decía Johnny en su célebre ensayo Sobre la libertad, a ver si nos sirve para mejorar la inexpugnabilidad de nuestros argumentos:
El único fin por el cual es justificable que la humanidad, individual o colectivamente, se entremeta en la libertad de acción de uno cualquiera de sus miembros, es la propia protección. Que la única finalidad por la cual el poder puede, con pleno derecho, ser ejercido sobre un miembro de una comunidad civilizada contra su voluntad, es evitar que perjudique a los demás. Su propio bien, físico o moral, no es justificación suficiente. Nadie puede ser obligado justificadamente a realizar o no realizar determinados actos, porque eso fuera mejor para él, porque le haría feliz, porque, en opinión de los demás, hacerlo sería más acertado o más justo. Éstas son buenas razones para discutir, razonar y persuadirle, pero no para obligarle o causarle algún perjuicio si obra de manera diferente.
John Stuart Mill, Sobre la libertad, Alianza Editorial, Madrid, 1970, p. 68.

Continuación:
- Entre el utilitarismo y el liberalismo.

17 de agosto de 2009

Philosophie et Psychologie (Foucault)

¿De qué modo se relacionan la filosofía, la psicología y la antropología?



Foucault responde (minuto 05:40):

A la pregunta de si existen relaciones entre la forma de cultura que es la Filosofía y la forma de cultura que es la Psicología, ¿qué podríamos responder [...]? Podemos responderla de dos maneras:

1. Podemos decir que la Psicología no hizo más que retomar en un estilo positivo y científico una serie de preguntas que habían acosado a la Filosofía durante los siglos precedentes, y que la Psicología, al tratar la conducta y el comportamiento, no hizo más que desmitificar por un lado y volver positivas por el otro nociones tales como la del alma o la del pensamiento, etc. En ese sentido, la Psicología sería pura y simplemente la versión científica de lo que, hasta ese momento, había estado oculto bajo la forma de la Filosofía. Y así, la Psicología pareciera ser la forma de cultura en la cual el hombre occidental se cuestiona a sí mismo, la Psicología sería la relación fundamental del hombre consigo mismo en una cultura como la nuestra.

2. Pero existe otra respuesta posible, y esta es mi preferida. Consistiría en decir que, al ser la Filosofía la forma de cultura más universal de Occidente, se produjo en un momento dado, dentro de dicha forma de cultura y dentro de los interrogantes que autorizaba, se produjo un evento bastante fundamental que probablemente date de principios del siglo XIX, quizá finales del siglo XVIII. Este evento fue la aparición de lo que podríamos llamar una reflexión de tipo antropológico, es decir, que apareció en ese momento por primera vez la pregunta que Kant formuló en su Lógica: "¿Qué es el hombre?"...


Por primera vez la Filosofía se pregunta primitivamente sobre la finitud [...]. Cuando Kant formula las tres preguntas: "¿Qué puedo conocer?", "¿qué debo hacer?" y "¿qué me está permitido esperar?", éstas se relacionan con una cuarta pregunta [...], "¿qué es el hombre?", y esta es la pregunta de la Antropología y la pregunta más general de la Filosofía. Y en ese sentido creo que Kant, si no es el fundador, por lo menos es el descubridor de este nuevo campo filosófico que es la Antropología, que vino en el siglo XIX a través de la dialéctica de Hegel y de Marx a redescubrir el área que tradicionalmente le había pertenecido a la Filosofía.

El vídeo lo he encontrado en A Parte Rei, una fantástica revista de filosofía. Allí podréis ver el resto de la entrevista (dos vídeos más, en los que se habla del inconsciente y del psicoanálisis).

Por cierto, voy a bajar un pelín el ritmo de publicación para lo que queda de agosto. Últimamente venía publicando unas tres entradas por semana. Ahora lo voy a bajar a un máximo de dos y a un mínimo de una. Eso sí, todo apunta a que septiembre promete :D

Para seguir leyendo:
- Filosofía de la psicología, en Wikipedia.

14 de agosto de 2009

Los 25 libros de ciencia más influyentes

Gracias a la barra lateral del blog de Arturo -gracias, barra- he conocido Tecnocidanos, un blog que lleva parado cerca de un año, pero que son tan interesantes y, en cierto modo, intemporales sus posts que la fecha es lo de menos.

Pues bien, cuando leía su penúltimo post...
"Mientras los amateur adoran (justamente) a Carl Sagan y su inolvidable serie Cosmos, los tecnocidanos* siguen enganchados a Rachel Carlson y su impactante Silent Spring (1962)."
... pinché sobre ese último enlace -hasta entonces no había oído/leído hablar de Carlson- y fui a parar, después de clickar un par de veces más, a "25 Greatest Science Books of All Time", un artículo de la Discover Magazine para chuparse los dedos de amateur que tengo. Uno de los libros que aparecen en esa lista es, por supuesto, el libro de Carlson, una de las obras que plantaría las bases del movimiento ecologista.

Tay, si estás leyendo esto que sepas que en la lista también está El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, de Oliver Sacks :D
[*] Si os estáis preguntando quiénes son los tecnocidanos y en qué se diferencian de los amateur, ya sabéis, pinchad con fuerza.
Para seguir leyendo:
- 14 libros de ciencia imprescindibles.

12 de agosto de 2009

Borges y Dettmer: pasión por los libros

Borges, quien demostrara en muchos de sus cuentos la pasión que sentía por los libros (ver por ejemplo La biblioteca de babel o Tlön, Uqbar, Orbis Tertius), decía acerca de ellos:
De todos los instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones del brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y la imaginación.
Brian Dettmer (pichar sobre las imágenes).

A Borges le hubieran encantado estos libros-escultura, estoy seguro. Son muy borgianos, a su manera :D

10 de agosto de 2009

Sobre el ateísmo y la metafísica

Personalmente siento una profunda apatía por las creencias metafísicas o religiosas (soy un primate poco dado a lo espiritual); una apatía que me resulta interesante, sinceramente. Algún día profundizaré en ella.

Sin embargo, lejos de lo que podía pensar hace poco, encuentro respetable -incluso envidiable- el que alguien las tenga y las practique, siempre y cuando sepa diferenciar con la mayor precisión posible -o al menos con el mayor esfuerzo posible- lo objetivo de lo subjetivo, es decir, no enrede lo que la ciencia sabe (el conocimiento público) con aquello que la ciencia todavía no sabe o no puede saber (el conocimiento individual: todas aquellas creencias personales que fuesen más allá de la ciencia, esto es, metafísicas).

Decía al respecto el físico alemán Werner Heisenberg:
Deberíamos intentar no mezclar ambos lenguajes; deberíamos tratar de pensar de un modo más sutil de como hasta ahora estábamos acostumbrados a hacerlo. [1]
Creo que las religiones teístas (cristianismo, judaísmo, islam...), por ejemplo, no saben hacerlo, son descaradamente torpes en ese sentido: son unas grandes embarulladoras.

Es eso, entre otras cosas, lo que el ateo (el no-teísta) siempre les criticará, no la intensidad metafísica que una persona determinada pueda tener. Porque rechazar por completo la metafísica (yo la entiendo como una "imaginación atrevida", otros como un "pensamiento libre") es rechazar al hombre mismo. No sé si ésta nos atrae por naturaleza o por convención, lo único que sé es que nos atrae. Así que más nos vale ir entendiéndonos mientras llega el superhombre, que me han dicho que está al caer :P

Tal vez sea como el arte, un "salvavidas psicológico", o la vela que alumbra a quienes se mueren de ganas por ver más allá. Un hobby que si se practica sin despegar los pies de la tierra puede incluso enriquecer nuestra cultura, nuestra visión de conjunto, o cuando menos ser placentero para el que lo practica.

Hay un fragmento de Consilience del biólogo E.O. Wilson que suscribo especialmente y que tiene mucho que ver con esto (habla de los postmodernistas pero bien pudiera estar hablando de los metafísicos):
Sus ideas son como chispas de explosiones de fuegos de artificio que se dispersan en todas direcciones, desprovistas de energía de comitiva, y que pronto dejarán de titilar en la oscuridad adimensional. Pero unas cuantas durarán lo suficiente como para derramar luz sobre temas insospechados. Ésta es una razón [de las pocas que Wilson encuentra] para pensar bien del postmodernismo, aunque amenace al pensamiento racional. [2]
"Sólo una mente plena es clara, y la verdad habita en las profundidades", decía Schiller. Seguramente, pero bajemos con cuerdas, por si acaso:

La posición de Planck [...] era que la ciencia y la religión se ocupan de dos dimensiones muy diferentes de la existencia, entre las cuales no puede decirse con propiedad que pueda darse acuerdo o conflicto de ningún tipo, lo mismo que, por ejemplo, entre la botánica y la música tampoco puede hablarse de acuerdo o de conflicto. El intento de contraponerlas, por una parte, o de "unificarlas", por otra, proviene de una deficiente comprensión, o más exactamente de una confusión de las metáforas religiosas con las afirmaciones científicas. [3]
Humm... en general estoy de acuerdo, pero me gustaría añadir que, aun admitiendo que la ciencia y la religión podrían ocuparse de cosas distintas, eso no le eximiría a ésta de los errores que comete, como someter tiránicamente al que no sabe a una "moralidad esclava" (Nietzsche). Y esto debe ser siempre recalcado.

En mi opinión, sí es lícito contraponer determinados hechos científicos con determinadas creencias religiosas (y, en ese caso, aquellos deberían ganar) cuando éstas se entrometen de un modo infantil y supersticioso (cuando pasan de una "dimensión" a otra), cuando tratan de "unificar" y de conservar a toda costa lo antiguo, cuando confunden lo que es real (o aparentemente real, si nos ponemos profundos) con aquello que sólo está en la mente de cada uno y que no puede ser refutado, rechazado.

Por eso, el ateo (también llamado humanista secular) les critica a las religiones que sean "completamente ajenas a todo el progreso de la ciencia" (P. Atkins) y, sin embargo, pretendan seguir predicando sobre los asuntos más humanos como si Darwin y otros científicos no hubiesen dicho nada que las afectase. No se puede hablar con rigor del alma, del carácter del hombre, sin conocer su cerebro.

El ateísmo, tal y como yo lo entiendo, debe criticar aquellas religiones que se basan en la verdad revelada, que son entrometidas, supersticiosas, dogmáticas, ignorantes, deshonestas y ocultistas, no el sentimiento que les da vida, porque se puede ser un místico en toda regla y a la vez un apasionado amante de la ciencia, del método científico y del pensamiento crítico, como muchos físicos importantes lo fueron, lo son y lo serán.

Y si, después de todo, todavía alguien quisiera acabar con el sentimiento metafísico que nace del individuo para curarse en salud, ya le aviso que va a necesitar grandes cantidades de prozium.

Para ir terminando -después de esta desbarrada prometo no publicar hasta el jueves-, me gustaría hablar de cómo ve Ken Wilber la "batalla" entre la ciencia y la religión.

Wilber, que es filósofo, budista y muchas otras cosas, viene a decir que la confrontación actual entre ciencia y religión es, en todo caso, una confrontación entre la ciencia y la falsa religión o pseudorreligión (o mejor dicho, entre lo auténtico y lo falso), de ahí que no atinemos ni materialistas ni religiosos cuando defendemos nuestras posturas:
La única batalla real es la que se da entre la ciencia auténtica y la falsa, y también entre la religión auténtica y la falsa (entendiendo por "auténtico" lo que es "experiencialmente comprobable o rechazable"; y entendiendo por "falso" lo "dogmático, lo no basado en la experiencia, lo que no es susceptible de comprobación ni de rechazo"). Existe una ciencia auténtica y una pseudociencia, de igual forma que existe una religión auténtica y una pseudorreligión, y la única batalla que merece la pena es la que se da entre lo auténtico y lo falso, no la que pueda darse entre la ciencia y la religión.

De acuerdo con eso, tanto la ciencia como la religión auténticas se encuentran aliadas frente a todo pretendido conocimiento, o pseudoconocimiento, dogmático, no basado en la experiencia.
[4]
Es posible que la idea sugerida en este post -desde ya el más largo que he publicado- esté equivocada o mal planteada. Así que cualquier crítica o puntualización será bien recibida, no os cortéis. Sea como sea, le estoy agradecido a Héctor y su blog por darme al menos la oportunidad de pensar en ella. ¡Y eso que una vez nos preguntó qué temas nos gustaban más y yo descarté tozudamente la metafísica! Bueno, he de matizar: ya no la descarto, pero sigo pensando que si lo ontológico, lo metafísico es ir "más allá de la física", he decidido quedarme más tiempo acá, acariciando la materia :D
[1] Ken Wilber, Cuestiones cuánticas: escritos místicos de los físicos más famosos del mundo, Editorial Kairós, Barcelona, 1987, p. 74.
[2] Edward Osborne Wilson, Consilience: La unidad del conocimiento, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, Barcelona, 1999, p. 66.
[3] Ken Wilber, Cuestiones cuánticas, p. 19-20.
[4] Ibid., p. 44.
Para seguir leyendo:
- Vindicación de la Metafísica, en El libro de la almohada.
- Acerca de la posibilidad de lo sobrenatural: un diálogo (1/2), en Pseudópodo.
- Razones para ser ateo, en Razón Atea.
- Compatibilidad entre ciencia y religión, en Cuadernos cuodlibéticos.

8 de agosto de 2009

Música para el fin de semana



La escuché por primera vez en Kill Bill (vol. 2), pero gracias a mi tío me he enterado de que esta misma canción ya la cantaba el grupo The Zombies. Por mucho que te pese, tío, me quedo con la nueva. Me recuerda a Moby.

7 de agosto de 2009

Por qué en Francia y no en otro lugar

¿Por qué la Revolución estalló en Francia y no en Inglaterra, en Alemania o en cualquier otro lugar de Europa?

Porque en Francia "el campesino [...] había llegado a ser propietario territorial" y "se había sustraído por completo al gobierno de su señor", nos cuenta Tocqueville (1856):
Una cosa sorprende a primera vista: la Revolución, cuyo objeto propio consistía [...] en abolir por todas partes el resto de las instituciones medievales, no estalló en los países en que estas instituciones, mejor conservadas, hacían sentir al pueblo con más fuerza su rigor, sino por el contrario, en aquellos en que éste se percibía menos; de suerte que su yugo pareció más insoportable donde en realidad era menos pesado...

¿Por qué, pues, los mismos derechos feudales
[los mismos que en el resto de Europa, se refiere] excitaron en el corazón del pueblo francés un odio tan profundo que ha sobrevivido a su mismo objeto y parece inextinguible? La causa de este fenómeno consiste, por una parte, en que el campesino francés había llegado a ser propietario territorial, y por otra, en que se había sustraído por completo al gobierno de su señor...

Si el campesino no hubiera poseído el suelo, habría permanecido insensible a muchas de las cargas que el sistema feudal hacía pesar sobre la propiedad territorial...

Imaginad al campesino francés del siglo XVIII [...]. Consideradle tal como lo pintan los documentos anteriormente citados, tan apasionadamente enamorado de la tierra que consagra todos sus ahorros a comprarla y la compra a cualquier precio. [...] Aquel pequeño rincón de tierra que le pertenece en propiedad en medio del vasto universo le llena de orgullo y de independencia. Sin embargo, vienen [...] los vecinos a arrancarle de su campo y a obligarle a trabajar en otra parte y sin salario. Quiere defender sus cultivos contra los estragos de la caza reservada a sus señores, y se lo impiden. Esos mismos señores le esperan al otro lado del río para exigirle un derecho de peaje. Los encuentra nuevamente en el mercado donde le venden el derecho a vender sus propios productos, y cuando de vuelta al hogar quiere emplear para su uso el resto de su trigo [...] no puede hacerlo sino después de haberlo mandado a moler en el molino y a cocer en el horno de esos mismos hombres...

Haga lo que haga, por todas partes encuentra a esos vecinos incómodos que perturban su alegría, dificultan su trabajo, comen sus productos [...]. Imaginaos la condición, las necesidades, el carácter, las pasiones de este hombre, y calculad, si es posible,
todo el odio y toda la envidia que se habrán acumulado en su corazón.
Alexis de Tocqueville, El Antiguo Régimen y la Revolución, Alianza Editorial, Madrid, 1982, pp. 54-64.

5 de agosto de 2009

El miedo al determinismo biológico (II)

Hace poco hablé de lo que yo llamé -me aburría- el "descubrimiento positivo" de los asuntos cotidianos, es decir, volver de nuevo la mirada hacia los temas más humanos pero esta vez, además, con una mirada positiva, científica. Debí haberlo llamado "redescubrimiento", ahora que lo pienso.

Pues bien, continuando con la idea ya planteada en una entrada anterior, titulada El miedo al determinismo biológico, ahora vengo a rescatar un fragmento de la obra El error de Descartes, del neurólogo portugués Antonio Damasio. Creo que el segundo fragmento expresa mejor que yo ese redescubrimiento positivo del que hablaba:
En aquella época [cuando escribió el libro, en 1996], escribir sobre esta idea [sobre la neuroética y demás] me hizo albergar la esperanza de establecer un doble puente entre la neurobiología y las humanidades, para así abrirnos el camino hacia una mejor comprensión del conflicto humano y una explicación más global de la creatividad. Me complace informarles de que se está avanzando hacia la construcción de este tipo de puente. Por ejemplo, algunos estamos investigando activamente los estados del cerebro asociados al razonamiento moral, mientras otros intentan descubrir el funcionamiento del cerebro durante las experiencias estéticas. La intención no es reducir la ética o la estética a circuitos cerebrales, sino explorar los hilos que conectan la neurobiología y la cultura. Creo que es un proyecto que agradaría a muchos científicos y pensadores españoles, como Cajal o Unamuno.
Y unas páginas más adelante añade:
Descubrir que un determinado sentimiento depende de la actividad de varios sistemas cerebrales específicos que interactúan con varios órganos del cuerpo no disminuye la condición de dicho sentimiento en tanto que fenómeno humano. Ni la angustia ni la exaltación que el amor o el arte pueden proporcionar resultan devaluadas al conocer algunos de los innumerables procesos biológicos que los hacen tal como son. Precisamente debería ser al revés: nuestra capacidad de maravillarnos debería aumentar ante los intrincados mecanismos que hacen que tal magia sea posible. Los sentimientos forman la base de lo que los seres humanos han descrito durante milenios como el alma o el espíritu humanos.
Antonio Damasio, El error de Descartes, Editorial Crítica, Barcelona, 2006, pp. 7-14.

Para seguir leyendo:
- Antonio Damasio. "El error de Descartes", en el blog de Arturo Goicoechea.

4 de agosto de 2009

¿Quiénes somos?

Paul Gauguin (pinchar sobre la imagen).
El arte da al hombre la experiencia de vivir en un mundo donde las cosas son como deberían ser. Esta experiencia es de crucial importancia para él: Es su salvavidas psicológico. Dado que la ambición del hombre no tiene límite, dado que su búsqueda y logro de valores es un proceso que dura toda la vida -y cuanto más elevados los valores, más dura es la lucha-, el hombre necesita un momento, una hora, cierto período de tiempo en el cual pueda experimentar el sentido de su tarea terminada, el sentido de vivir en un Universo donde sus valores hayan sido exitosamente realizados. Es como un descanso, un momento de repostar combustible mental hacia nuevos logros. El Arte le da este combustible, un momento de alegría metafísica, un momento de amor por la existencia. Como un faro, alzado sobre los oscuros cruces de caminos del mundo, diciendo "Esto es posible".

2 de agosto de 2009

Una ética para escépticos

Me prometí continuar lo expuesto en los comentarios de Misterios al descubierto y eso va a ser hoy. Sin embargo, no voy a continuar exactamente por ahí.

Puestos a divagar, creo o quiero creer que hay diferentes tipos de escépticos del cambio climático (también llamados negacionistas), si bien todos comparten un denominador común. Un pequeño inciso antes de seguir: en este post voy a utilizar la segunda acepción de "escéptico".

Sigo. Todos ellos aceptan que el cambio climático existe y que es tan real como este ordenador (bueno, siempre habrá quien niegue incluso eso), pero argumentan que no se debe a la acción del hombre, sino que las variaciones del clima son algo natural, no el resultado de nuestras acciones (o dicho en un lenguaje más formal, no son de origen antropogénico).

Los voy a llamar el escéptico sensato (aquel que, de algún modo, contradeciría con datos las predicciones dominantes sobre el calentamiento global pero solamente desde un punto de vista científico e imparcial, no ideológico y sesgado), el escéptico apático (aquel cuyo grado de empatía con el medio ambiente juraría que es menor que la media), el escéptico contento (aquel que "al mal tiempo buena cara") y el escéptico agnotológico o desinformativo (aquel que centra su crítica únicamente en el calentamiento soslayando así otros problemas igual de importantes y, sobre todo, subyacentes). Es a este último al que va mi crítica.

Lo que quiero decirle voy a decírselo, primeramente, con palabras de Daniel Goleman y su libro Inteligencia ecológica:
El calentamiento global es el ejemplo más paradigmático del daño a la biosfera, cuyo detalle sobre las emisiones de dióxido de carbono y su daño al ciclo de carbono han atrapado la imaginación popular y la de algún que otro político. Pero, por más que se trate de un problema grave, no es más que una pequeña fracción de un problema mucho mayor. Si nos preocupamos exclusivamente por el calentamiento provocado por las emisiones de dióxido de carbono, soslayaremos los muchos otros casos en los que la actividad humana interfiere en ciclos naturales esenciales para el mantenimiento de la salud de nuestro suelo, de nuestro aire y de nuestra agua. Y con el término "salud" estamos refiriéndonos aquí a la capacidad de sustentar la vida o, dicho más concretamente, a la franja de sostenibilidad que posibilita (entre otras) la vida humana (porque, después de todo, hay organismos que viven en las profundidades abisales o en entornos tórridos en los que nosotros no podríamos sobrevivir).

[...] A pesar, sin embargo, de la amenaza manifiesta que supone el calentamiento global, hay quienes subrayan la mayor importancia de la deforestación, del agotamiento de los acuíferos, de la extinción de las especies y de otras pérdidas que afectan a las reservas naturales de nuestro planeta
[a esto se refería Tay]. A fin de cuentas, el calentamiento global opera desde hace décadas y hasta siglos y el esfuerzo coordinado podría enlentecerlo y hasta invertirlo. Pero cuando la actividad humana destruye recursos naturales cuya creación requiere eones, como sucede cuando se tala un bosque tropical, cuando se extingue un acuífero o cuando se esquilma un determinado mineral, la pérdida es simultáneamente inmediata e irreversible [1]
Desgraciadamente, esto que escribe Goleman no podemos esperar leerlo en Liberalismo.org o en el blog CO2 (bueno, este al menos da datos y se lo curra más).

Dicho de otro modo: el clima sólo es una parte a estudiar de la geosfera, y ni el "escéptico sensato" parece querer acordarse (y en el caso de que no lo hubiera olvidado le critico que no lo incluya en su discurso). Si el clima o los niveles de CO2 se portan bien, ¿olvidamos entonces la "salud" del suelo, del aire o del agua, es decir, las consecuencias de nuestras acciones? ¿y la biosfera, dónde queda nuestra salud y la del resto de especies?

¿Realmente cree el "escéptico agnotológico" que el público se quedará embobado mirando sus muecas y que no advertirá su deshonesta estratagema, esto es, el hacernos mirar para otro lado mientras él huye por la trampilla del escenario?

Además, bien pensado -o eso creo-, el debate entre ecologistas y negacionistas sobre la "autoría" del cambio climático es un debate secundario. Es más, no habría debate en este caso si la ética, el buen juicio e incluso la intuición y la experiencia apareciesen de verdad. No se trata tanto de saber quién lleva razón como de saber qué es lo correcto. "El acto ‘correcto’ es el que con más probabilidad produce el bien general", decía el bueno de Russell. Por tanto, no sólo se ha de hablar en términos ecológicos y científicos, sino también en términos morales.
Tener logos supone [...] saber distinguir entre lo justo y lo injusto, entre lo provechoso y lo perjudicial, entre lo bueno y lo malo, no entre lo verdadero y lo falso. Con ello conecta Aristóteles [...] la palabra logos con la razón práctica [...], es decir con una actividad del pensar que no busca un conocimiento objetivo, exacto y científico, sino un conocimiento que orienta al ser humano en sus preferencias y en la elección de sus acciones.

El filósofo griego mantiene aquí una diferencia entre lo que él llama “conocimiento sobre lo que no puede ser de otra manera” (lo necesario: el conocimiento científico) y un “conocimiento acerca de lo que puede ser de otra manera” (conocimiento de la acción como decisión o como planificación del futuro).

Para acabar, quiero trasladaros una preguntilla que, independientemente de lo bien o mal planteada que esté, me parece que apunta, aun con todo, en la buena dirección: ¿Qué diferencia a Ray Anderson* de Jorge Alcalde?, ¿la sabiduría?
[1] Daniel Goleman, Inteligencia ecológica, Editorial Kairós, Barcelona, 2009, pp. 79-81.
[*] En esta conferencia Anderson contradice de alguna manera la tesis de que "la ecología es cara" (tiene subtítulos a elegir, entre ellos el español).
Por cierto, el título del post está inspirado en un libro del pragmatista Richard Rorty que se titula "Una ética para laicos". Si alguien me lo quiere regalar no le haría ningún feo. Ahí lo dejo :D

Y después de este post plagado de enlaces (no os quejaréis), me tomo la licencia de no publicar hasta el miércoles o el jueves. A seguir bien, bricomaníacos. Ah, y no olvidéis lo que dice la frasecilla de la cabecera del blog. Humm... nunca os he hablado de ella, ¿verdad? No es mía, es de Jules Levallois, y en realidad dice así:
Hay una cosa que os guardará de las educaciones y de las tentaciones mejor que las más sabias máximas: una buena biblioteca.
Para seguir leyendo:
- Ecologismo basado en la evidencia, en La lógica del titiritero.

1 de agosto de 2009

Kings of Leon. Parte II.

Si os acordáis, hace poco colgué una canción de este mismo grupo. Tienen varias canciones muy majas pero como tengo que escoger, ahora escojo esta de su último álbum:
Use somebody.
No sé cuál me gusta más, si esta o la del otro día. La otra es más... cómo decirlo, ¿atípica? Humm... no es esa la palabra.