¿Matarías a tu hijo para salvar a diez personas?Desde un punto de vista utilitarista y racional solamente, podríamos llegar a responder que sí. Una vida a cambio de diez, ¿por qué no?
Humm... en realidad no. Por cosas de la vida (de la evolución), no somos únicamente seres racionales y prácticos, también somos seres emocionales; también tenemos una
Dua en nuestros genes. [*]
Los sentimientos constituyen una poderosa influencia sobre la razón (Damasio).
Dudo que alguien mentalmente sano (sin daños cerebrales perceptibles) pudiera matar a su propio hijo para salvar a alguien; a no ser, pienso yo, que se viese
moralmente forzado en una situación particularmente estresante (ej:
dilema del tranvía) o que sintiera, qué sé yo, un grado mayor de empatía por ese grupo de personas (podrían ser diez familiares no tan queridos como su hijo pero familiares al fin y al cabo, o podría darse el caso de que el padre despreciase al hijo y no sintiera especial cariño por él, o que la vida de esas personas "valiera" mucho más que la del hijo porque
está escrito que ellos salvarán la humanidad el día de mañana. A saber).
Un familiar no es una persona cualquiera. Por tanto, la lógica de "una persona a cambio de diez" se ve forzosamente distorsionada en este caso. Aquí baja colina abajo un torrente mayor de emociones. E incluso de
genes.
Sin embargo, una cosa que debemos dejar clara en todo esto es la variedad de posibles interpretaciones. De hecho, es justamente ahí donde radica su belleza y lo que deseo recalcar en este post. La flexibilidad de pensamiento:
El dilema moral planteado en la investigación, dar prioridad a la vida de diez personas sobre la vida de un hijo, no sólo puede analizarse desde la visión neurológica, sino que debe estar encuadrada en un marco más amplio: las normas éticas, las costumbres, el valor del altruismo, la capacidad de reacción del individuo, la personalidad, el ambiente social, el nivel intelectual; es decir, la cultura. Para el antropólogo cultural, es ése conjunto de características, y otras muchas, las que definen, a la postre, los valores sobre los que actuamos y nos movemos. Quizá en determinadas circunstancias, un individuo puede sacrificar la vida de su hijo para salvar un número mayor de vidas; pero de ahí no se deduce que dicho sujeto sufra algún tipo de daño cerebral. La capacidad humana de respuesta ante la adversidad y la toma de decisiones es tan sumamente compleja, que reducirlo todo a una alteración cerebral es, cuando menos, un ejercicio insuficiente para comprender el casi infinito mosaico de la conducta.
Los experimentos de Damasio, Hauser y otros numerosos neurocientíficos, vienen a arrojar luz sobre el funcionamiento del cerebro, pero las valoraciones de los resultados obtenidos han de realizarse necesariamente desde una perspectiva global.
Sea lo que deparen las futuras investigaciones en neurociencia social y demás ramas del saber, ahí estaremos nosotros para amoldarnos y seguir esculpiendo
nuestra concepción del mundo.
[*] Dua es una "emocional", un ser de un universo paralelo en la novela Los propios Dioses, de Isaac Asimov.
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Moral Sense Test (Encuesta de Juicio Moral).