31 de octubre de 2009

29 de octubre de 2009

¿Prohibirías las corridas de toros?

Pero ellos sí, ¿y tú?

Por qué los "distintos" son (deben ser) distintos

Va por ti, Siesp:
Cuando un hombre, por la razón que sea, tiene la oportunidad de llevar una vida excepcional, no tiene derecho a guardársela para sí mismo.
Jacques-Yves Cousteau.

Esa cita aparece en la película Academia Rushmore.

27 de octubre de 2009

La cultura del primate: humanos y macacos

Incluso el humano más liberal, más revolucionario, es un conservador nato. Rechazar las ideas y las costumbres más arraigadas por otras nuevas y mejores requiere tiempo. Nuestro cerebro es ágil, pero no tanto.

No obstante, hay un patrón que se repite. En el macaco parece ser que también. Existen macacos más "aventureros" que otros. Estos macacos -que en nuestra especie corresponderían a, por poner un ejemplo, Charles Darwin, John Von Neumann o Rachel Carson- descubren nuevas formas de hacerle la vida más fácil a sus congéneres.

Seguramente no lo hacen con esa intención, en el sentido de que detrás de sus actos no hay lo que se dice una previsión, pero tampoco es que eso importe demasiado. Lo que importa es su aportación, en términos de utilidad, al acervo cultural del grupo.

Sin embargo, no todo el grupo le da la misma bienvenida a las nuevas ideas o adelantos, siempre hay quienes se hacen verdaderamente de rogar, si bien al final, por mucho que hayan pataleado en el pasado, suelen acabar por aceptarlas. Si no ellos, sí sus hijos, o los hijos de sus hijos:
En la isla de Koshima vivía una población de macacos, entre los que se encontraba la hembra Imo, que a la sazón contaba dos años de edad. Los investigadores arrojaban batatas a la playa, donde se llenaban de arena, que las hacía difícilmente comestibles. A la espabilada Imo se le ocurrió llevar unas batatas a un arroyuelo de agua dulce y lavarlas, comiéndoselas luego. Poco a poco, otros macacos la iban imitando, aprendiendo a lavar las batatas y comérselas [...]. Dos años más tarde los etólogos empezaron a arrojar trigo a la arena de la playa. Algunos macacos trataban de recoger los granos uno a uno, pero el procedimiento era excesivamente lento y trabajoso. Otra vez, Imo [...] tuvo una genial ocurrencia: recoger puñados de arena mezclada con granos de trigo, llevarlos al agua del mar y soltarlos, dejando así que la arena se hundiese y los granos flotasen, recogiéndolos entonces tranquilamente con la mano y comiéndolos. También aquí la innovación de Imo sería pronto imitada por los demás.

Todos estos son casos puros de cultura, de invención y transmisión por medios no-genéticos, sino miméticos (por imitación), de información no disponible por naturaleza, de memes. El esquema de difusión siempre era el mismo: un individuo juvenil (la hembra Imo, en los casos citados), juguetón y dado a la exploración, hacía un descubrimiento o invento de evidente utilidad, dadas las circunstancias. Primero algunos macacos juveniles la imitaban, y poco a poco la práctica se extendía a todos los miembros de su generación. De los jóvenes la práctica pasaba a sus madres, que estaban en contacto frecuente con ellos, y de las madres a las crías pequeñas. Finalmente, toda la población adoptaba el nuevo descubrimiento, excepto los machos adultos, reacios al cambio y poco dados al contacto con los juveniles.
Jesús Mosterín, La naturaleza humana, Espasa Calpe, Madrid, 2008, pp. 236-237.

Para seguir leyendo:
- Cultura animal, en BioTay.
- La cultura no es un fenómeno exclusivamente humano, en FilóPolis.
- Metacognición, en Misterios al descubierto.
- Animales Culturales, en De lo animal, lo humano y lo divino.

26 de octubre de 2009

Ecólogos y ecologistas

Ecólogos es a sociólogos lo que ecologistas es a socialistas.
Ramón Margalef.
De la misma forma que existen sociólogos conservadores y sociólogos socialistas*, habrán ecólogos desarrollistas y ecólogos ecologistas.
José María Fernández Palacios, en una conferencia magnífica, por divulgativa y por entretenida.

(*) Aunque parece ser que tienen más fama de esto último.

23 de octubre de 2009

Entre el hombre y el animal (I)

Escribía Holbach allá por 1777:
"... los animales, a los que hemos privado de alma sin razón, [...] son capaces de una infinidad de actos que prueban que piensan, juzgan, tienen memoria y son capaces de tener experiencias, que combinan ideas y las aplican con más o menos facilidad para satisfacer las necesidades que su organismo particular les da, en fin, que tienen pasiones y son capaces de ser modificados.

Conocemos los apuros en que los animales han puesto a los partidarios de la espiritualidad [*]. En efecto, si se les concedían un alma espiritual, temían elevarlos a la condición humana; por otro lado, si se la negaban, autorizaban a sus adversarios a negársela igualmente al hombre, que se encontraba rebajado a la condición del animal. Los teólogos no han sabido nunca resolver esta dificultad: Descartes creyó zanjar el problema diciendo que los animales no tienen alma y son puras máquinas. Es fácil sentir lo absurdo de este principio. Quien observe la naturaleza sin prejuicios reconocerá fácilmente que entre el hombre y el animal no hay otra diferencia que la debida a la existente entre sus organismos."
[1]
[*] Para muestra, un botón. Bertrand Russell, allá por 1954:
"La Iglesia siempre ha enseñado, y aún enseña, que el hombre no tiene obligaciones para con los animales inferiores. […] el Papa Pío IX consideró que la Sociedad para la prevención de la crueldad con los animales era éticamente herética y prohibió el establecimiento de una sucursal en Roma. A pesar de los humanitarios, aún podemos decir que la mayoría de la gente […] considera a los animales meramente como medios o como obstáculos." [2]
No me cabe la menor duda de que esto cambiará, aunque no podemos quedarnos de brazos cruzados esperando: debemos rechazar, sin titubear, afirmaciones precientíficas como las de Irichc el etólogo:
La diferencia primordial entre hombres y animales es la vergüenza. Ningún animal la siente.
Para decir cosas semejantes también hay que ser incapaz de sentirla, aparte de mostrar un gran desinterés por la ciencia.

[1] Holbach, Sistema de la naturaleza, Editorial Laetoli, Pamplona, 2008 (1777), pp. 137-138.
[2] Bertrand Russell, Sociedad humana: ética y política, Ediciones Cátedra, Madrid, 1984, p. 70.

Para saber más:
- Entre el hombre y el animal (II)
- El hombre no es más que un gusano, en BioTay.

19 de octubre de 2009

Construyendo las bases de mi filosofía

Corría el año tropocientos cuarenta y dos*. Fuera en la calle hacía un viento incómodo. Dentro, en una de las habitaciones de la casa, dos primates hablaban de "cosas importantes" -decían ellos-, aunque a Van Gogh, el perro, no se lo pareciera:
- Entonces eres lo que se dice un "creyente".
- Vamos a ver, yo creo en Dios, pero no en los curas. Si acaso en el cristianismo, pero no necesariamente en todos los cristianos. Hay cristianos que no merecen llamarse así. El cristianismo es bueno independientemente de lo que hagamos con él, eso lo tengo claro. Son los hombres los que lo tergiversamos, porque no somos perfectos.
- ¡Anda! Pues yo pienso al revés.
- ¿Al revés de qué?
- Que yo, de creer, creo en los hombres, no en sus dioses o en sus ideas. Creo en los hombres como inventores de dioses, no en los hombres como producto de los dioses. Donde tú ves al hijo de Dios, yo veo a un hombre atípico, con inquietudes, germen de una religión que estaría por venir. Sus ideas, en último término, son lo de menos. El porqué, la raíz de sus ideas es lo que me interesa.
- ¡Pero si el otro día dijiste que Jesús ni existió!
- No, sólo planteé la posibilidad de que no existiera. Al menos como idea o como símbolo sí existió, y existe, por supuesto. Lo que me fascina de esa idea no es si es cierta o no, sino que los hombres la crean. Por eso digo que creo antes en los curas que en Dios. A Dios no lo conozco, y seguramente él a mí tampoco. En cambio, sí que conozco a los curas. Muchos de ellos son más honestos consigo mismos que muchos de nosotros. Son, como objeto de estudio, más apasionantes que mil ideas metafísicas juntas. Digo esto porque, si nos lo proponemos, podemos llegar a saber qué es lo que les hace creer en el pecado original o en el más allá, entre otras cosas. Podemos "biologizar" su comportamiento, sus creencias. En fin, ¡mis creencias!, porque al fin y al cabo también quiero arrojar luz sobre las mías.
- Es más lo que nos une que lo que nos separa, obviamente.
- ¡Exacto! Y ahora dime una cosa, ¿por qué crees en Dios? Espera, no me lo digas aún. Antes voy a la cocina a coger algo de comer, ¿quieres algo?
En ese momento, el primate sin hambre dijo no con la cabeza, y aprovechó para ir al baño. Cuando volvió, el primate con hambre le esperaba impaciente:
- ¿Y bien?
- Humm... porque siempre he intuido que hay "algo" que se nos escapa, continuamente.
- Yo también tengo esa sensación, pero ¿por qué crees que siempre se nos escapa? ¿No te da que pensar? Si aceptamos que tenemos un cuerpo animal, ¿por qué no aceptar también que tenemos una mente animal, con ideas animales y sofisticadas pajas mentales?
- ¿Creer en Dios es "animal"?
- Completamente, ¿por qué no? Tienes la manía de "salirte" de la naturaleza para responder a tus preguntas. Pero realmente no sales, nadie puede. Crees salir, si acaso.
"El
solipsista está venga a dar vueltas, dentro de la botella, pegándose contra las paredes", decía Wittgenstein. Si te fijas, ambos nos hacemos las mismas preguntas: ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Por qué existimos? Lo que pasa es que a la hora de la verdad nos inventamos respuestas diferentes, aunque quiero creer que no igual de "buenas". Para mí, la intención del cerebro es que nos preguntemos constantemente ese tipo de cosas, es decir, por qué las cosas son como son, no que respondamos correctamente. Al cerebro (permíteme otra vez el antropomorfismo) sólo le importa que lo intentemos. En ese sentido, somos máquinas de hacer porqués para los cuales todavía no tenemos respuestas; la imaginación es lo nuestro. Naturalmente muchos de los porqués planteados tendrán respuesta (más nos vale), pero otros no. ¡Hasta el detective Grissom lo cree así!: "estamos hechos para creer en fuerzas que no podemos controlar". En términos evolutivos, resultaría más favorable que hubiese una superproducción de porqués (un exceso de preguntas) que no un déficit.
- ¿Por qué?
- Porque a veces, "en los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento", Einstein dixit.
- ¿De veras esperas que me crea todo eso?
- Humm... no, claro que no. Aunque por un momento creí que sonaba convincente, he de reconocerlo.
- Ahora me toca a mí preguntar. ¿Por qué no crees en Dios?
- Ya conoces mi opinión. No creer, en estos casos, me parece una actitud más sensata y honesta que creer. Todo en exceso es malo, pero con el escepticismo no pasa lo mismo: nunca está de más. Somos seres (seguramente no los únicos) que
justificamos nuestras creencias a las primeras de cambio. Ser consciente de ello hace que me ponga a dudar, no de todo (ojalá), pero sí de muchas cosas. Las grandes y pequeñas cagadas de la historia las cometimos y las seguiremos cometiendo justamente por eso.
- Y los grandes aciertos.
- Sí, y también los grandes aciertos, pero ¿qué hay de los errores? Si la vida tiene algún sentido para nosotros, apuesto que es ese: reconocer nuestros errores y
desaprender lo que aprendemos.
- De acuerdo, pero ¿y si te equivocaras? ¿Y si las cosas no fueran tal y como dices que son?
- Bueno... reconozco que en cierto modo ya me estoy equivocando, desde mi primer pensamiento hasta mi última palabra. Es inevitable, ¿no crees? Pero la pregunta no es esa. La pregunta es quién de los dos anda más errado de lo que cree.
(*) Pequeño guiño a la novela de Douglas Adams.

17 de octubre de 2009

¿Adónde han ido los místicos?

Una explicación química:
El el mundo occidental hay actualmente muchos menos visionarios y místicos que antes. Hay dos razones principales para este estado de cosas: una razón filosófica y una razón química. En el cuadro del universo actualmente de moda, no hay sitio para la experiencia trascendental válida. Consiguientemente, quienes han tenido lo que consideran experiencias trascendentales válidas son mirados con recelo, como chiflados o farsantes. Ya no acredita a nadie ser un místico o un visionario.

Pero no es nuestro clima mental lo único desfavorable para el visionario y el místico; también lo es nuestro ambiente químico, un ambiente muy distinto de aquel en el que vivieron nuestros antepasados.

[...] Durante casi la mitad de cada año, nuestros antepasados no comían fruta ni verduras y, como lo más que podían mantener durante los meses de invierno eran unos cuantos bueyes, vacas, cerdos y gallinas, tomaban poca manteca, poca carne fresca y muy pocos huevos. Para cuando llegaba cada primavera, la mayoría de ellos padecían [...] escorbuto, por carencia de la vitamina C, y pelagra, por insuficiencia en su dieta del complejo B.

[...] El sistema nervioso es más vulnerable que los otros tejidos del organismo; consiguientemente, las deficiencias vitamínicas tienden a repercutir antes en el estado mental que, por lo menos de una manera clara, en la piel, los huesos, las membranas mucosas, los músculos y las vísceras. [...] La persona desnutrida tiende a sentir angustias, depresiones, hipocondría y sentimientos de ansiedad. También es propensa a ver visiones, porque, cuando la válvula reductora del cerebro
(*) tiene su eficiencia reducida, penetra en la conciencia mucha materia inútil (en términos biológicos) del "más allá", de la Inteligencia Libre. [1]
(*) Al principio de Las puertas de la percepción (1954), Huxley aclara que:
[...] cada uno de nosotros es potencialmente Inteligencia Libre. Pero, en la medida en que somos animales, lo que nos importa es sobrevivir a toda costa. Para que la supervivencia biológica sea posible, la Inteligencia Libre tiene que ser regulada mediante la válvula reductora del cerebro y del sistema nervioso. Lo que sale por el otro extremo del conducto es un insignificante hilillo de esta clase de conciencia que nos ayudará a seguir con vida en la superficie de este planeta determinado. [2]
Si queréis ser Inteligencia Libre pero sin los inconvenientes de la desnutrición, haced caso al tío Huxley, la mescalina hace maravillas.

[1] Aldous Huxley, Las puertas de la percepción/Cielo e infierno, Edhasa, Barcelona, 1997, pp. 153-155.
[2] Ibid., p. 25.

16 de octubre de 2009

15 de octubre de 2009

El creyente y su (anti)filosofía

Pero, ¿no me decía usted que si le demostrasen matemáticamente que la verdad está fuera de Cristo, preferiría usted quedarse con Cristo a quedarse con la verdad? ¿No decía usted eso? ¿No lo decía?
F.M. Dostoyevski, Los demonios (I), Alianza Editorial, Madrid, 1984, p. 313.

13 de octubre de 2009

John Stuart Mill y la falacia naturalista

Leyendo "La concepción utilitarista de la naturaleza humana y sus aspiraciones", un PDF que encontré navegando (¿sin rumbo?) por la Red:
Su comentarista y traductora Esperanza Guisán, nos explica que lo deseable para Mill no es lo que un individuo cualquiera y anárquica o caprichosamente pueda desear; sino que lo deseable [lo que debería ser] presupone aquello que los hombres moralmente desarrollados desean [lo que es]. Por lo tanto, los placeres realmente deseados por los hombres más civilizados y educados pasan a ser deseables para la humanidad. He aquí lo que se le critica a Mill, su confusión entre lo deseado y lo deseable, dado que lo deseable puede ser no deseado o bien de lo deseable no puede ser extraído lo deseado. Esta confusión es denunciada por G. E. Moore como una falacia naturalista. [1]
Una, de serlo, confusión deliberada que yo también comparto:
El debe, en Mill, está contenido en el es. No existen hiatos, fronteras, muros infranqueables para transitar del mundo de los hechos al mundo de los valores, ya que los propios valores son valiosos precisamente en atención a que cumplimentan desiderata humanos. [2]
La intención de Hume, Moore, Rorty y un largo etcétera es la de ponernos en guardia. Nos recuerdan, y hacen bien, que "el que [algo] sea natural no significa que sea inevitable", que el es no tiene por qué mandar sobre el debe y que "la única fuente de ideales morales es la imaginación humana" [3].

Sin embargo, ¿quién puede afirmar con seguridad que el debe no forme, en realidad, parte del es?

En ese sentido, opino como Mill, E.O. Wilson, Héctor (1 y 2) o Miguel.
Me resulta difícil creer que si Kant, Moore y Rawls hubieran conocido la biología moderna y la psicología experimental hubieran razonado tal como lo hicieron. Pero, a punto de acabarse el siglo, el trascendentalismo sigue firme en los corazones no sólo de los creyentes, sino también de innumerables intelectuales de las ciencias sociales y de las humanidades, quienes, como Moore y Rawls antes que ellos, han preferido aislar su pensamiento de las ciencias naturales. [4]
[1] Marcia Gabriela Spadaro, "La concepción utilitarista de la naturaleza humana y sus aspiraciones". Lo que aparece entre corchetes son anotaciones mías.
[2] Esperanza Guisán, en la introducción a la obra El utilitarismo (John Stuart Mill), Alianza Editorial, Madrid, 1984, p. 15.
[3] Richard Rorty, Una ética para laicos, Katz Editores, Madrid, 2009, p. 15.
[4] Edward Osborne Wilson, Consilience: La unidad del conocimiento, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, Barcelona, 1999, p. 365.


Post relacionado:
- Ética, veganismo y snuff movies (II).

12 de octubre de 2009

11 de octubre de 2009

Neuropolítica: conservadores y progresistas (II)

Leyendo en el blog Marcos y molduras, exactamente en un post del año pasado titulado "Diez palabras que estarán de moda en la comunicación política de 2009":
5. neuropolítica (incluso genopolítica): área de estudio que analiza la relación del cerebro, y particularmente de la emoción, en el comportamiento político.

Como antes hicieran con la economía y con el marketing, los neurólogos están aportando investigaciones que explican las conexiones cerebrales que hay detrás de las percepciones, las actitudes y el comportamiento políticos de los ciudadanos. Algunos incluso quieren buscar el componente genético en el comportamiento político. Algunas conclusiones son controvertidas. Por ejemplo, en un
estudio (recogido en el número del 19 de septiembre de 2008 de Science), se ha demostrado que las personas asustadizas tienden a defender políticas conservadoras, como la pena de muerte, el freno a la inmigración, el gasto en defensa o la guerra de Irak, entre otras. Una buena aproximación al papel de las emociones en la política puede encontrarse en el celebrado libro The Political Brain, de Drew Westen. [*]
[*] Los enlaces los he añadido yo.

Para seguir leyendo:
- Neuropolítica: conservadores y progresistas.

10 de octubre de 2009

9 de octubre de 2009

Por qué nos cuesta ser ecologistas (II)

Edward O. Wilson:
La tendencia a consumir en exceso y de forma agresiva y competitiva en todo el mundo se debe a que el cerebro está hecho así, es decir que, en parte, es una muestra de la naturaleza del ser humano. Es indiscutible que estamos influenciados por nuestra naturaleza biológica. Un rasgo de la naturaleza humana es la tendencia de las mujeres a rebajar el índice de fertilidad cuando son independientes, es una calidad de la naturaleza humana providencial y maravillosa. Otra es pensar sólo a corto plazo: como mucho, cuando pensamos en el futuro, pensamos en la próxima generación y sólo en un espacio muy pequeño, a lo sumo, en nuestra propia comunidad y como mucho en nuestro país. El resultado es que cometemos unos errores terribles en los campos de la planificación económica y de recursos. También es muy fácil comenzar una guerra y tener un comportamiento agresivo, debido a esta poca visión. Tenemos que superar esto, y la mejor forma de hacerla es comprendiéndonos.
Para seguir leyendo:
- Por qué nos cuesta ser ecologistas.

8 de octubre de 2009

Ámsterdam

Uno de los lugares que os recomendaría visitar si estuvierais en Ámsterdam sería el Tropenmuseum, especialmente la exposición de Heri Dono: The Dono Code.

Estas son algunas de sus obras (no necesariamente expuestas en el Tropen):

6 de octubre de 2009

¿Piensan los calamares en el DI?

Comentando (la semana pasada) en el blog Evolución, la miseria del darwinismo:

Es lógico que haya quien quiera creer que su existencia en este planeta no se debe solamente al azar y a la selección natural.

Pero, ¿qué pensará sobre esto el chimpancé, la rata o el calamar? ¿Hay un
DI también para ellos? Mejor dicho: ¿Piensan que hay un DI?

De todos modos, que el humano y el calamar pensemos que hay un DI no significa que el DI exista.

Si, como suponemos, el 99,9% de las especies de este planeta ni siquiera piensan en Dios, ¿por qué nosotros, que sí pensamos en Él y creemos en su existencia, íbamos a tener razón?

Dios (el DI, etcétera) no es más que una idea que nos entretiene mientras estamos de paso, pero no es un hecho, es una figuración.

Tener ese no sé qué, esa sensación de que algo superior a nosotros está detrás de todo, es completamente comprensible. Pero afirmar que realmente existe es un error.

De hecho, no lleva a nada, sólo a un, si cabe, placentero autoengaño. Para mí, la obra de Dawkins es más "útil" (por novedosa, cuando menos) que la obra de Ratzinger.

¿Dónde queda, Pepe, nuestro espíritu de filósofo o de científico si ya damos por sentado que debe haber "algo"? ¿Y el amor a la verdad? ¿No es acaso la actitud del creyente un
sesgo de confirmación más?
A lo que Pepe, un creacionista de pro, responde:
Si los reptiles y los calamares no se preguntan sobre los orígenes, y el 99,9% de las especies no piensa en Dios ¿Por qué tenemos que estudiar paleontología? ¿Lo hacen nuestros hermanos los orangutanes?
Que la mayoría de los seres vivos no piensen en Dios no quiere decir que Dios no exista. Evidentemente. Pero al menos saber o intuir eso nos da pistas suficientes como para dudar de su existencia.

Por otra parte, no sólo diría que Dios ha muerto, sino que, de seguir "vivo", está en el cerebro.

Relacionado:
- ING contra el diseño inteligente, en Subliminal.
- Exorcismo y Ciencia, en Misterios al descubierto.

1 de octubre de 2009

Neuropolítica: conservadores y progresistas

Decía el filósofo Bertrand Russell:
Los tradicionalistas mantienen sus opiniones de modo más fanático que sus oponentes de ideas liberales, y por lo tanto tienen un poder que supera a la proporción de su número. Un hombre que abogue públicamente por cualquier relajación del código tradicional puede sufrir el descrédito, pero a los fanáticos ignorantes no les puede suceder nada parecido. [1]
Si lo que dice Russell fuera un acertado retrato de la realidad, ¿explicaría esa superioridad por parte de los tradicionalistas el lento progreso de la sociedad? En ese caso, ¿cuál sería la velocidad ideal?

Pero... ¿realmente existe una lucha entre dos bandos irreconciliables, esto es, el bando de los que tienden al conformismo y el bando de los que tienden al inconformismo? ¿Y si fuera ficticia? Es decir, si nos visitaran animales "inteligentes" de otra galaxia y nos observaran con cierta atención, ¿sabrían distinguir al humano conservador del humano liberal? ¿Acaso sabríamos nosotros cuál es el chimpancé más progresista de un grupo de cuatro?

Sea como sea, creo que deberíamos cuidarnos de asociar a los tradicionalistas con la derecha y a los liberales con la izquierda, si bien, opino, suele ser una asociación interesante. Digo esto porque un conservador siempre es de derechas, pero un derechista no siempre es un conservador, al menos no uno completo, digamos. Como escribía en un post anterior:
Obviamente no somos ni conservadores completamente ni progresistas completamente: ¡somos híbridos!
Tanto las ideas de una derecha progresista como las de una izquierda progresista merecen la misma atención. La empresa no es contra la derecha o la izquierda, sino contra los obtusos, los extremistas; contra todos aquellos (incluido nosotros) que solamente "ven la parte que quieren ver".

No obstante, cabría preguntarse de qué derecha liberal estamos hablando. Siempre habrán blogs (1, 2, 3,...) supuestamente liberales que nos recordarán a los "conservadores" del texto de Russell. Yo los llamo blogs metralla, pueden llegar a ser tan superficiales y dañinos como la metralla de las bombas. En fin, dime qué lees (o qué no lees) y te diré quién eres.

No nombro blogs de izquierdas de ese tipo porque no conozco, pero doy por sentado que también los hay.

Por otro lado, hace poco James Fowler dijo algo muy interesante; algo así como que todo conservador necesita un progresista al lado para hacer de contrapeso y viceversa:
Los progresistas tal vez nos ayuden más cuando necesitamos innovar, pero los conservadores tal vez nos ayuden más cuando estamos en peligro. Los “unionistas” (joiners) tal vez nos ayuden más cuando necesitemos cooperar para lograr algo, pero los “solitarios” (loners) tal vez nos ayuden más cuando la cooperación nos hace empeorar.
En otro lugar y a otro científico, Marc Hauser, le preguntaron:
Entrevistador: Algunos estudios neurocientíficos apuntan a diferencias sistemáticas entre conservadores y liberales en la toma de decisiones. ¿Qué le parecen?

Marc Hauser: No estoy seguro de que esto nos diga mucho. ¿Qué añaden los datos del cerebro? Quiero decir, ya sabemos que los conservadores y los liberales tienen diferentes pensamientos sobre ciertas situaciones morales. No veo qué pueden añadir datos neurobiológicos como estos, excepto decirnos ¡que las diferencias están en el cerebro! ¡¿Pero quién lo hubiera dudado?!
Creo que esas diferencias sí nos dicen mucho. En primer lugar nos dicen que ambos, el conservador y el liberal (sepamos diferenciarlos o no), cumplen una función que, de algún modo, le resulta útil al grupo. De no ser así, las diferencias neurológicas no existirían.

Esto nos recuerda que la tolerancia es una virtud necesaria, si bien estaremos de acuerdo que a los extremistas ni agua. Sin esa flexibilidad que llamamos tolerancia, odiar a los que no piensan como nosotros sería aún más común que ahora.

En segundo lugar, saber que parte de nuestras diferencias morales son naturales y universales nos ayuda a comprender (y rechazar) por qué todavía se afirman cosas tan partidistas y sesgadas como:
- "La izquierda nos quiere vender la moto" (Juan Ramón).
- "No todos [los progres] son mala gente" (Javier Tellagorri).
Desde la neuropolítica todo se ve, o se debería ver, de un modo más imparcial que nunca. La izquierda no vende, sino que defiende unas ideas, unos sentimientos; igual que la derecha. Y si la defensa de nuestras ideas se basa en la evidencia, aún mejor. Lo que desconocemos (lo que importa) es por qué unos defienden unas y otros otras, hasta qué punto se oponen entre sí y cuál es el grado de utilidad de dichas ideas.

Llegados a este punto, he de confesaros explícitamente mi creencia: creo que la Empatía (*) forma parte del conjunto de causas que originan nuestras más claras diferencias ideológicas. Es muy probable que nuestra conducta política (antes considerada como un conjunto de decisiones plenamente racionales) esté determinada, entre otras cosas, por el grado de empatía que nos confiere el cerebro.
Todo estriba en hacer lo que el filósofo estadounidense Peter Singer define como "ampliar el círculo de nosotros", aumentar la cantidad de personas que consideramos parte de nuestro grupo. [2]
Según mi interpretación, ejemplos de esta ampliación circular los habría por todas partes, desde el ecologismo y las organizaciones contra el maltrato animal hasta la asignatura de Educación para la Ciudadanía, la discriminación positiva y el Salario Mínimo Interprofesional. No hay consenso en esos temas igual que no lo hay entre personas que discuten partiendo de concepciones diametralmente opuestas. Sobre el SMI, por ejemplo, mientras unos defienden su subida y su utilidad, otros apuestan por su eliminación.

Dice Juan Ramón (siguiendo a autores como Friedrich Hayek o Ayn Rand):
Cada socialista deriva una satisfacción inconmensurable de pensar que está ayudando a los demás, de que todo cuanto hace es por los demás. Se trata de un egoísmo que recurre al altruismo para obtener la felicidad. Y mientras esa sensación de intensa descarga prosiga, la coacción sobre los demás no cesará.
Yo opino lo siguiente. Dicha "sensación de intensa descarga" o altruismo debe proseguir y proseguirá de la misma manera que algunas de las ideas de la derecha liberal (el intervencionismo entorpece el libre mercado, por ejemplo) deben proseguir y proseguirán.

No sé qué pasaría si alguna de las dos (la primera buscaría mayor justicia social, o al menos lo que los progresistas entendemos por justicia; la segunda mayor eficiencia) se viera fuertemente debilitada.

Es posible que nuestros genes, sin avisarnos, nos hayan dado dos instrucciones aparentemente antagónicas, "ayuda al grupo" (altruismo) y "ayúdate a ti mismo" (egoísmo). Y en letra pequeñita, "no soslayes ninguna de las dos, chaval".

Digo "aparentemente" porque, de hecho, hay quien cree que no son dos instrucciones distintas, sino una solamente, la misma: lo que Daniel Dennett llama benselfish, algo así como un egoísmo beneficioso o buen egoísmo. El altruismo sería, en ese sentido, una mera apariencia, resultado del egoísmo de los genes (Dawkins).

Pero ¿qué tiene que ver esto con la política? Todo. Como animales sociales que somos (politikon zoon), no hay cosa que le ataña más a la ciencia política que conocer sus orígenes más remotos. Como dijo Chéjov, "el hombre llegará a ser mejor si le muestras cómo es" [3]. Desafortunadamente, hay veces que "el hombre quisiera creer antes que saber" (E.O. Wilson).

¡Continuará!

[1] Bertrand Russell, Sociedad humana: ética y política, Ediciones Cátedra, Madrid, 1984, p. 147.
[2] Richard Rorty, Una ética para laicos, Katz Editores, Madrid, 2009, p. 26.
[3] Esta cita de Chéjov suele utilizarla Steven Pinker.
(*) Aquí en inglés.


Para seguir leyendo:
- Neuropolítica: conservadores y progresistas (II).
- Entre el utilitarismo y el liberalismo (II).
- A favor y en contra de Jane Goodall.

Y ahora, con vuestro permiso, huyo a Ámsterdam a pasar lo que queda de semana. Si os animáis a comentar, tened por seguro que cuando vuelva os leeré encantado. Valoraré especialmente los tirones de orejas. No tengáis piedad :o)

Tot ziens!