26 de febrero de 2010

La coherencia: en busca y captura (1)

La cuestión es que si se puede criar a un animal en un cajón industrial no me parece coherente un rechazo institucionalizado de la fiesta (no digo ya su prohibición, sino la oficialización del rechazo).
Pascual González, autor de filoblog.com
Creo que falta el argumento antitaurino más importante de todos: (...) ahora, se sanciona el hacer espectáculos con el maltrato a los animales, se sanciona incluso legalmente. (...) La tauromaquia es una de las raras actividades en las que se maltrata de forma pública a un animal que en ningún caso en otro contexto o con otra especie se permitiría, eso necesariamente tiene que generar un cortocircuito en la gente porque rompe la coherencia de nuestras relaciones con el resto de animales.
Heli, comentarista.
Nuestra relación con otros animales es un asunto complejo, ambiguo, desafiante y frustrante, y debemos reexaminar continuamente cómo tendríamos que interactuar con nuestros parientes no-humanos. Parte de este nuevo examen implica hacernos preguntas difíciles, y estar seguros de que nuestras acciones encajan con nuestro intelecto y con nuestras creencias. Y así, a menudo planteo esta pregunta a investigadores que llevan a cabo pruebas invasivas con animales, o a gente que trabaja en granjas-factoría: "¿Le harías esto a tu perro?". Algunos se sobresaltan ante la pregunta, pero es muy importante hacerla. Si no le haríamos algo a nuestros animales de compañía, pero se lo hacemos a diario a ratones, ratas, cerdos, vacas, elefantes, chimpancés o cualquier otro animal que no sea el perro o el gato de la casa, necesitamos preguntarnos por qué.
Marc Bekoff [1]
Martha C. Nussbaum ha descrito el abismo que separa nuestro comportamiento con los animales (incluyendo lo que toleramos, o contribuimos a que se les haga) de lo que decimos, pensamos y proclamamos sobre nuestros deberes hacia ellos, como un ejemplo de flagrante esquizofrenia moral. (...) "Es probable -apunta con tino el escritor Manuel Vicent- que alguien que acaba de asistir a una corrida en las Ventas reprenda airadamente a un niño que está apedreando a un gato...". De ahí la esquizofrenia moral, patología que tiene, para el caso de los Estados Unidos, un cierto refrendo estadístico. Según los datos que ofrece Gary L. Francione, dos tercios de los ciudadanos de aquel país se muestran conformes con la siguiente proposición: "El derecho de un animal a no sufrir o a vivir libre debe ser tan importante como el de una persona a vivir libre o no sufrir". Pese a ello, en Estados Unidos se sacrifican 8.000 millones de animales todos los años para el consumo de carne (260 animales por segundo); 40 millones lo son para obtener sus pieles, y se cazan 200 millones anualmente, por no mencionar los millones que son utilizados para todo tipo de experimentación, más o menos "necesaria".

(...) Curiosa, y paradójicamente, en la discusión pública sobre el bienestar de los animales es moneda común la apelación a la incoherencia ajena como forma de salir del paso de las actitudes propias poco consideradas con el reino animal. En ese tipo de retorsión, muy familiar en nuestro ámbito, algunos españoles se han revelado particularmente hábiles. Ante la denuncia foránea de "nuestras" corridas de toros (...) se alegan las prácticas de aquellos mismos que nos señalan. Pero con ello lo que se presupone, en el fondo, es que tanto unas como otras son censurables. Así lo señalaba también Richard Ford, el perspicaz viajero romántico inglés que visitó España en el XIX: "Cuando se critican las corridas de toros, los españoles siempre sacan a relucir nuestro boxeo como justificación de aquéllas, como si el tu quoque fuera una razón...".


Pablo de Lora [2]
[1] Mark Bekoff, La vida emocional de los animales, Altarriba, Barcelona, 2007, p. XXIV. Podéis leer el texto original aquí, al final de la página.
[2] Pablo de Lora,
Justicia para los animales. La ética más allá de la humanidad, Alianza Editorial, Madrid, 2003, pp. 27-39.

10 comentarios:

Jimmy dijo...

Yo creo que la diferencia está en que nosotros, como especie animal, utilizamos lo que está a nuestro alcance para alimentarnos, como cualquier otro animal, quiero decir, que si se crían pollos para comer, pues vale. Me parece bien. Es justo dada la posición que tenemos en la pirámide evolutiva y como omnivoros que somos. Ahora bien, criar animales para maltratarlos y matarlos por diversión es otra cosa. Digamos que se sale de lo "naturalmente" aceptable.

Hugo dijo...

La pregunta es ¿de verdad somos como cualquier otro animal?

Los leones, por ejemplo, estrangulan a sus víctimas antes de comérselas. Las hienas, sin embargo, son más "descuidadas". Hace poco vi cómo se comían a una cría de ñu todavía viva. ¡Empezaron por las patas!

Pero ¿y nosotros?

Siesp... dijo...

"La pregunta es ¿de verdad somos como cualquier otro animal?"

No somos como otro animal porque nosotros somos los únicos que podemos matar por capricho.

Fuera de ese capricho, somos como cualquier otro animal.

Me ha quedado un bucle precioso, ¿a que sí?

Hugo dijo...

Ahora cabe preguntarse qué es capricho y qué no.

Jimmy dice:

"Ahora bien, criar animales para maltratarlos y matarlos por diversión es otra cosa."

Estoy de acuerdo, es otra cosa. Pero, entonces, ¿está justificado, moralmente justificado, "criar animales para maltratarlos y matarlos" si es para comer? Porque eso es lo que hacemos en las granjas industriales. Me parece una pregunta pertinente. ¿Son los argumentos de superioridad (es decir, "la posición que tenemos en la pirámide evolutiva") y de nutrición ("como omnivoros que somos") moralmente válidos para justificar el maltrato?

Un saludo.

Siesp... dijo...

Esa es una gran y crucial cuestión. Fíjate si es importante que es justo la radiografía del listón de moralidad de cada uno.

En otras ocasiones nos hemos quejado del patrimonio de moralidad que ejercen algunas religiones, pero lo que planteas hace aflorar a la superficie el concepto de moralidad de cada uno.

En mi opinión, si no somos pragmáticos en este asunto, podemos volvernos locos. ¿Qué es un animal? ¿Los vegetales no tienen sentimientos?

Son cuestiones más profundas de lo que parece, pero corremos el riesgo de matar al toro en un extremo y matar a Gaia en el otro... ¿dónde ponemos los límites?
¡Ay, si yo fuera un sabio!

Un brazo.

Jesús Zamora Bonilla dijo...

Como yo soy relativista, y creo que no existen los derechos (ni siquiera los humanos) más que por convención, la cuestión no es si está bien o está mal la fiesta, sino si queremos permitirla o prohibirla.

Hugo dijo...

¿Los vegetales no tienen sentimientos?

Que la ciencia sepa, no :P

¿dónde ponemos los límites?

Donde queramos, Siesp, ¡donde queramos! ¿Dónde te apetece? :D

Jesús:

"la cuestión no es si está bien o está mal la fiesta, sino si queremos permitirla o prohibirla.

Hum... demasiado relativista para mi gusto :P

Si la cuestión no es si está bien o está mal, ¿en qué nos basamos para permitirla o prohibirla?

Un saludo a los dos.

Hugo dijo...

Por cierto, he actualizado el post. No podía dejar en el tintero a Pablo de Lora.

Jesús Zamora Bonilla dijo...

¿En qué nos basamos? En si cada uno encuentra dentro de sí un sentimiento de rechazo a la fiesta.
Si la fiesta está objetivamente bien, pero la mayoría de la gente siente ese rechazo, la prohibirán. Si la fiesta está objetivamente mal, pero a la mayoría de la gente le parece una cosa estupenda, la permitirán.
Cómo sea REALMENTE de buena o mala moralmente la fiesta es IRRELEVANTE; lo único QUE CUENTA es lo que a la gente LE PARECE.
Lamento ser tan relativista, pero no veo que se pueda justificar lo contrario.

Hugo dijo...

¡Ah! Ya te he entendido. Y estoy de acuerdo :D

De todos modos, creo que la distinción entre ser y parecer, si bien es importante en ética, no sé yo si es lo más relevante ahora.

Escribe Jesús Mosterín en el prólogo a "Justicia para los animales":

"[No] hay una fórmula simple que resuma la ética. Las ofrecidas hasta ahora no funcionan más que en ciertos casos. Ojalá hubiera tal fórmula mágica, tal máquina conceptual de justificar decisiones morales. Nos ahorraría muchos dilemas y quebraderos de cabeza. Mientras no se encuentre, tendremos que seguir reconstruyendo inacabablemente nuetra propia moral, como en la metáfora del barco de Neurath..."

En ese sentido, considero que incluir a los animales en nuestra ética es ya parte ineludible de la "reconstrucción". Porque, al fin y al cabo, eso es lo que está pidiendo la gente. No hace falta que a la gente le digamos que está mal maltratar a los aniamles, a la gente ya se lo parece. El problema, entonces, no es la falta de moral, sino la falta de "consistencia" ética:

"La ética es el intento filosófico de iluminar racionalmente el proceso de reflexión moral. Por tanto, la ética es (...) la teoría que nos permite examinar críticamente las morales y nos proporciona criterios racionales para preferir entre ellas. (...) La ética introduce en nuestra reflexión moral valores de segundo orden, como la consistencia entre las máximas o la universalización relevante. Si dos de nuestras reglas morales se contradicen, hemos de renunciar a (o modificar) al menos una de ellas. Si aceptamos una norma en ciertos casos, hemos de extenderla a todos los casos relevantemente similares."

Un saludo.