14 de abril de 2010

Sobre la divulgación de la ciencia y todo lo demás (II)

Segundas partes siempre fueron buenas:

Como afirmaba Monod en su El Azar y la Necesidad "...cualquier confusión entre las ideas sugeridas por la ciencia y la ciencia misma debe ser cuidadosamente evitada" (...) teniendo muy presente las diferencias entre lo que se puede afirmar y lo que, desde ella, se puede sugerir, aquello que evoca (...) Sober, conocido filósofo de la biología, sostiene que la mejor actitud que puede sostenerse desde la ciencia es la del denominado naturalismo metodológico. Aplicado al asunto de las explicaciones naturales versus las sobrenaturales en la evolución biológica el citado naturalismo sostiene que la teoría de la evolución está comprometida a ignorar lo sobrenatural, pero no a negar su existencia. Por el contrario, sostiene Sober, existe otro tipo de naturalismo, al que denomina metafísico que sostendría que no existe Dios sobrenatural. Sober lo denomina metafísico porque pretende enfatizar que se trata de un pensamiento que va más allá de lo que la ciencia razonablemente puede considerar factible desde su objetividad. Este tipo de naturalismo tiene una diferencia básica con respecto al metodológico, a saber: que si este no se pronuncia o es neutral sobre la existencia o no de entidades sobrenaturales, el metafísico puede evocar en pensadores diferentes tanto su afirmación como su negación.
Andrés Moya (presidente de la SESBE), "Pensando desde la evolución", Revista eVOLUCIÓN, 2010, vol. 5, nº 1, pp. 3-4.


Es importante recalcar que, como ha mostrado Naomi Oreskes (2004), tras analizar casi un millar de artículos publicados en revistas científicas acerca del cambio climático, ni un solo artículo científico introduce dudas acerca del carácter antrópico del calentamiento global. En cambio, en un análisis paralelo de artículos publicados en la prensa acerca de la misma temática, más del 50% de dichos artículos expresaban dudas acerca de la realidad del cambio climático o acerca de sus causas (...) [Algunos medios de comunicación] presentan en plan de igualdad las conclusiones de miles de trabajos científicos convergentes y las opiniones carentes de fundamento de unos pocos negacionistas. Ello se traduce en lógicas dudas de la ciudadanía que dificultan su implicación. Se hace necesario, pues, proceder a distinguir lo que constituye el consenso de la comunidad científica de opiniones gratuitas que responden, a menudo, a intereses particulares a corto plazo.
Amparo Vilches y Daniel Gil Pérez, "Una situación de emergencia planetaria, a la que debemos y "podemos" hacer frente", Revista de Educación, 2009, pp. 104 y 119.


Indonesia está considerado como el segundo país del mundo en riqueza de formas de vida. Cerca de la mitad de los 180 millones de hectáreas que conforman el territorio nacional, están cubiertos por bosques, lo que convierte Indonesia en el tercer país con mayor cobertura vegetal detrás de Brasil y la República del Congo. Sin embargo, Indonesia también ocupa primeros lugares en el ranking de deforestación mundial. Parece que donde más se esmeró la naturaleza más empeño ponemos en eliminarlo. Cada día se destruyen 51 kilómetros cuadrados de selva, un área equivalente a 300 campos de fútbol por hora. Se pierde la biodiversidad, se pierde la vida. La desaparición de los ecosistemas naturales provoca que miles de especies se encuentren al borde de la extinción, entre ellos, uno de los seres más extraordinarios del planeta: el orangután. Los orangutanes únicamente habitan en Indonesia [corrijo: y en Malasia], donde su hábitat se ha reducido en casi un 90%. Desconocemos cuántos de ellos permanecen aún en libertad. La estimación actual nos da cifras de entre cuarenta y cincuenta mil de estas personas viviendo en condiciones de salvaje libertad. Sí, personas: con lenguaje, con cultura, consciencia de sí mismos y de los demás, sentimientos de culpa, vergüenza, amistad, amor, compasión. Cualidades que no sólo compartimos con ellos, sino que nos unen de una manera esencial, atávica.
Roberto Ruiz Vidal, Proyecto Gran Simio (vídeo).


La curiosidad, el imperativo deseo de conocer, no es una característica de la materia inanimada. Tampoco lo es de algunas formas de organismos vivos, a los que, por este motivo, apenas podemos considerar vivos. Un árbol no siente curiosidad alguna por su medio ambiente, al menos en ninguna forma que podamos reconocer; por su parte, tampoco la sienten una esponja o una ostra. El viento, la lluvia y las corrientes oceánicas les llevan lo que necesitan, y toman de ellos lo que buenamente pueden. Si el azar de los acontecimientos es tal que llega hasta ellos el fuego, el veneno, los depredadores o los parásitos, mueren tan estoica y silenciosamente como vivieron (...) [En cambio] El paramecio unicelular, en sus movimientos de búsqueda, quizá no tenga voliciones ni deseos conscientes en el sentido humano, pero no cabe duda de que experimenta un impulso, aun cuando sea de tipo fisicoquímico «simple», que lo induce a comportarse como si estuviera investigando, su entorno en busca de alimentos. Y este «acto de curiosidad» es lo que nosotros más fácilmente reconocemos como inseparable de la forma de vida más afín a la nuestra. (...) Cuanto más evolucionado es el cerebro, mayor es el impulso de explorar, mayor la «curiosidad excedente». El mono es sinónimo de curiosidad. El pequeño e inquieto cerebro de este animal (...) se interesa (...) por cualquier cosa que caiga en sus manos. En este sentido, como en muchos otros, el hombre no es más que un supermono.
Isaac Asimov, Introducción a la ciencia, 1972.


Richard Gregory, profesor en Bristol y uno de los grandes psicólogos y neurólogos de nuestro tiempo, decía que no es verdad que el cerebro esté hecho para buscar la verdad. (Es otra de las ideas aprendidas que deberíamos desestimar). El cerebro no está hecho para buscar la verdad, sino para rellenar, para sobrevivir...

Ramón Núñez nos dijo en
Redes que tenía la profunda convicción de que "la verdad" era una invención humana, como la utopía. "No necesitamos la verdad: necesitamos algo que nos sirva para ir tirando... Para vivir no necesitamos ninguna verdad: necesitamos una continua búsqueda de equilibrios entre nuestro deseo de placer, de comodidad, de bienestar, de paz, de amor, de todas estas cosas que son palabras que simbolizan nuestros deseos y las respuestas que vamos obteniendo del entorno. Evidentemente, también hay un deseo de saber; evidentemente hay también un ansia de satisfacer la curiosidad".

Seguramente al lector le resulten extrañas estas afirmaciones: al fin y al cabo, tiene en sus manos este libro porque quiere saber. Pero lo cierto es que la curiosidad nada tiene que ver con la verdad. No queremos saber la verdad de nada: queremos saber aquello que nos satisface de algún modo.
Eduard Punset, El alma está en el cerebro, Aguilar, Madrid, 2006, p. 103.

5 comentarios:

Hugo dijo...

Por cierto, viendo por ahí qué es un paramecio (la ignorancia es lo último que se pierde, qué se le va a hacer), leo en la wiki:

"Los paramecios (...) son protozoos ciliados con forma de suela de zapatilla o minga de rebeco..."

Me encanta :P

Tay dijo...

:D minga de rebeco? jajajaja

Según la Wikipediar

1- minka o minga: una tradición de trabajo colectivo en Sudamérica.
2-Minga (payaso): clown argentino famoso por su humor particular.
3-minga (prefijo): un prefijo del Sistema Internacional de Unidades.
4-Mingə: una población en Azerbaiyán.

El quinto significado se me ocurre que no sale en la wiki.

Hasta se me ha olvidado lo que te iba a escribir sobre la entrada :S :D

Ah! algo así como que cada vez veo a Punset más entrañable, no sé si has visto el último REDES (ya creo que penúltimo), el de la ciudad de las ideas, es como el abuelillo de la ciencia... da igual que se equivoque de vez en cuando, hay que escucharlo, y se aprende de el!

Saludos!

Hugo dijo...

"El quinto significado se me ocurre que no sale en la wiki."

Jeje, no sale, no :D

Sobre Punset... qué decir. Hace poco, ayer mismo, creo, le comentaba a mi hermano que tengo abandonada la literatura, la filosofía, el arte... En fin, que sólo leo ciencia. Pero mientras decía aquello, enseguida me di cuenta de que no es cierto, en absoluto: ¡Punset también es filosofía! Vale, tal vez arte no es, literatura lo que se dice gran literatura puede que tampoco, de acuerdo, pero humanismo sí, y por un tubo :P

Siesp... dijo...

El naturalismo metodológico está sujeto a error, por lo tanto es mejorable, mientras que el metafísico abre las puestas de la especulación más allá del compromiso a poder cerrar un razonamiento. Es decir, se deja las puertas abiertas. Y, como bien se sabe, casa con dos puertas, mala es de guardar xD

Sobre la sostenibilidad, siempre habrá científicos cuya necesidad monetaria se imponga a la pureza de los principios. Puede que el cambio climático se deba a una conjunción de factores sobre los que podríamos diferir todos, pero siempre lo podríamos combatir. La negación del mismo acarrea lo posibilidad de darnos cuenta tarde… ya a mí no me gusta apostar en un juego donde la pérdida es mi propia vida.

De Roberto Ruiz, diré que estoy de acuerdo. Y de Isaac Asimos sólo recordaré que tres personas fueron catalogadas en el siglo XX como genios por su cociente intelectual: Einstein, Russell y Asimov. Es decir, si yo fuera Creyente, Asimos sería uno de mis dioses.

Del libro de Punset diré que el alma no tiene más remedio que estar en el cerebro, puesto que en el corazón las turbulencias no la dejarían reflexionar. Si a esto añadimos que el alma no existe, nos quedamos con una búsqueda de la verdad sobre la que difiero: es posible que haya seres humanos interesados en saber sólo aquello que los satisface, pero conozco a muchos que quieren saberlo todo (yo mismo). Otra cosa es el conflicto entre querer y poder.

Buen post para pensar. Al final, en tus intentos por resaltar que no sólo los humanos sino también la vida en general tiene consciencia, lograrás descubrir Gaia. Jeje.

Abrazos.

Hugo dijo...

Gaia (y Hacienda) somos todos :P