3 de mayo de 2010

El cerebro tiende a ser conservador

¿Qué podemos hacer para evitar las consecuencias negativas del conservadurismo cognitivo? Estas son algunas reglas generales que pueden servir de ayuda. En primer lugar, desconfiar de quienes intenten crearles categorías y definiciones de las situaciones. Existen muchas maneras de definir y etiquetar a una persona o acontecimiento. Pregúntese "¿por qué se sugiere esta etiqueta en particular?". En segundo lugar, intente utilizar más de una manera de categorizar y describir a una persona o hecho. Si vemos a una persona o acontecimiento de diferentes maneras, no nos fiaremos de una sola categoría que después utilizamos mal porque forzamos o tergiversamos los datos para que se ajusten a una idea preconcebida. En tercer lugar, procure pensar que las personas y los acontecimientos son únicos; aunque pertenezcan a una categoría concreta y reconocible (por ejemplo, una raza o sexo determinados), también forman parte de muchas otras categorías y poseen sus propios atributos únicos. Esta individualidad puede ayudar a evitar un uso abusivo de un estereotipo o heurístico. Por último, cuando se forme una impresión, tenga en cuenta la posibilidad de que pueda estar equivocado, de que haya sido víctima de uno o más de los sesgos cognitivos que se han descrito en este capítulo.
Elliot Aronson, El animal social, Alianza Editorial, Madrid, 1975, pp. 155-156.

Y añado:
En quinto lugar, rodéese de gente que, al igual que usted, tenga conocimiento de estas reglas. No olvide que sus prejuicios no quieren que nadie los descubra, y menos que sea usted quien lo haga. Esos kamikazes harán todo lo posible para engañarle y hacerle creer que es el tipo más genial del mundo. Sólo si usted cuenta con personas escépticas y vigilantes a su alrededor tendrá alguna posibilidad de salir airoso del laberinto en el que se mete todos los días de su, para qué engañarnos, efímera vida :o)

6 comentarios:

Manu dijo...

Perdona la impertinencia Hugo, pero te recomiendo que hagas uso de los consejos de esta entrada y la anterior para revalorar el tema del velo.

Sin acritud. Te lo juro.

Otro abrazo.

Hugo dijo...

Hum... qué hábil. Lo haré, sin duda :D

PD. Te recomiendo lo mismo, jeje.

Siesp... dijo...

"Por último, cuando se forme una impresión, tenga en cuenta la posibilidad de que pueda estar equivocado, de que haya sido víctima de uno o más de los sesgos cognitivos que se han descrito en este capítulo."

Ese es el principio fundamental de la buena Ética. (En realidad "buena" es una redundancia, jeje). Cuando yo sostengo que en esta vida no es postura "honorable" la neutralidad, también añado a continuación que los razonamientos pueden ser revocados por otros de mayor peso. En esos casos, se cambia de opinión, pero siempre buscando la línea de Moralidad, Ética, Justicia y Solidaridad.

Puede que, en algunas ocasiones, parezcamos verdaderos energúmenos, pero es justificable si, ante los argumentos oportunos, podemos dejar de serlo.

Me encantan los debates con gente inteligente como vosotros :P

Saludos a todos.

Hugo dijo...

"pero es justificable si, ante los argumentos oportunos, podemos dejar de serlo."

Pero, ¿realmente podemos? ¿cómo saber cuáles son esos "argumentos oportunos"? ¿los veremos cuando los tengamos delante? Ahí dejo el interrogante.

Siesp... dijo...

Los "argumentos oportunos" son aquellos que forjan la personalidad humana. Cuando se tienen claros los conceptos (¡y Principios!) de Moralidad, Ética, Justicia y Solidaridad, esos argumentos o razonamientos podrás distinguirlos fácilmente porque te conducen a un mayor "ajuste" de esos principios.

Por ejemplo: Es más que lógico pensar que siempre es objetivamente bueno una "gran justicia social" aunque acarree alguna pequeña injusticia. Suele ocurrir pensarlo así, y solemos asumirlo.
Pudiera suceder que, a priori, no dintingüiéramos en algunos momentos que determinada medida cuyos efectos son esos (gran justicia social más pequeña injusticia) entra en conflicto directo con otro principio, como pudiera ser nuestro compromiso con el Medio Ambiente. Es entonces cuando nosotros, con nuestro discernimiento hemos de tomar partido (en tanto en cuanto no podemos conjugar la compatibilidad) por uno o por otro, ¡y ahí es donde particularmente uno evalúa el peso de los argumentos!, de manera que personas perfectamente razonables se hallarán inclinadas a un lado y al otro.

Un ejemplo concreto para acabar de aclarar: "Fomentar la ayuda económica para el incremento de la natalidad que, se supone, rejuvenecerá nuestra pirámide poblacional para poder mantener en un futuro el sistema de pensiones", esta medida, por sí sola es buena, pero ¿no entra en conflicto con el agotamiento de los recursos naturales al que aboca todo incremento de población?

Sabemos que, antes o después, seremos demasiados seres humanos. ¿Cómo conjugar esas situaciones?

Ahí es donde cada cual, con su formación, ha de molestarse en evaluar y determinar el "oportunismo" o no de sus argumentos. Uno puede estar de acuerdo o en desacuerdo, pero siempre dará con los "argumentos oportunos" porque serán precisamente los que adopte. Esos son los oportunos.

Una vez adoptada una posición, yo podría convencerte de lo contrario. Entonces los "argumentos oportunos" serán los nuevos.

Si no me he explicado bien, os autorizo a darme palos con la gorra y con el bate de béisbol. Jeje.

Saludos.

Hugo dijo...

Te has explicado fatal, ciertamente, pero me ha parecido muy interesante.

Un guasa-saludo :P

PD. Gracias por recoger el guante.