13 de agosto de 2010

Políticos Sin neuroFronteras

Corría el año 2710. Un periodista científico aparecía de la nada y publicaba su primer (y último) artículo en un diario local. Se titulaba El decálogo del buen político: ¿cuándo cambiarán nuestros políticos? Algunos dicen que poco después de su publicación se suicidó. O que se fue a Marte. O que se fue a Marte y se criogenizó sin querer. No está claro. Lo importante es que su decálogo no*. Y hoy, cien años después, vuelve a mi mente de anciano como lo que es: un artículo tan lúcido que sin él, seguramente estas conferencias serían mucho más aburridas (sonrisas entre el público). Permítanme que se lo lea. Después, si quieren, lo debatimos... ¿Les he dicho ya que son un público excelente? Je... He de confesarles una cosa: nunca antes había dado una conferencia a androides tan jóvenes...
1. El buen político sabe que para ganar las elecciones, el Detector de Falacias y Prejuicios, popularmente conocido como Tío Hal, es una herramienta imprescindible [...] Desde que se inventó, sólo dos políticos han llegado a la Presidencia sin someterse a él: Saramagician, que en su momento adujo no sentirse bien ante un público -se sospecha- "lobotomizado" con nanorobots, y Thaler, que consiguió sobornar a Tío Hal con la promesa de derogar la impopular -impopular entre los androides- Ley ‘una persona, un androide’. Promesa que Thaler no cumplió una vez en el poder [...] Gracias a lo cual, todo humano sigue teniendo derecho a un androide; no así al revés.

2. El buen político no toma decisiones importantes sin antes consultarlo con el
Comité de cronopolítica. El Comité, como todo el mundo sabe, se encarga de comprobar in situ las consecuencias que tendrán en un futuro relativamente cercano las políticas más inciertas [...] Algunos lo llaman el viaje en el tiempo ‘del pobre’ [...] Conocer lo que pasará si hacemos o dejamos de hacer tal o cual cosa transformará radicalmente nuestra manera de concebir el presente. El progreso científico y moral, dicen hoy los académicos, por fin ha dejado el tacatá en el trastero.

3. El buen político es consciente de sus propias limitaciones. En cuanto su inutilidad alcanza valores máximos, su voz deja de funcionar y su cerebro le impide tomar cualquier decisión política que perjudique al interés general de los ciudadanos [...] Los políticos no tienen por qué implantarse el
chip inhibidor, desde luego, pero si no lo hacen, conseguir votantes más allá de unos cuantos androides averiados y humanos nostálgicos se puede convertir en misión imposible.

4. El buen político sabe [1] que muchos animales no humanos también pueden, lejos de lo que se imaginaba...
(*) Nota de los editores: quizá haga falta recordarle, estimado lector, que dos terceras partes de El Decálogo se las tragó un agujero de gusano provocado.
[1] D. Adams, Animales y políticos: la importancia de tener una buena toalla cerca, año 2599.
Este relato, algo retocado hoy, fue enviado al Primer Certamen de Relatos Cortos CyD. Pero no ganó. Que alguien me vengue :o)

2 comentarios:

Siesp... dijo...

Sabes que yo, en su momento, felicité a su autor :P

Lo del Tio Hal me ha llegado al alma, jejeje. Al final has sido vencido por el famoso Hal 9000 de 2001 Una Odisea Espacial. Imagino que sabrás que las letras de Hal son justamente las anteriores respectivas de IBM, jeje.

Por cierto, gran e imaginativo relato. Vuelve a felicitar al autor de mi parte... si es que no se lo ha tragado un agujero negro.

Hugo dijo...

gran e imaginativo relato. Vuelve a felicitar al autor de mi parte...

Eso está hecho. Creo que le alegrará mucho oír de nuevo tu felicitación ;-)