4 de septiembre de 2010

Ética y comprensión científica (4)

Los políticamente liberales, que normalmente son los voceros más convencidos de la ética de la especie, manifiestan ahora el mayor de los desprecios por aquellos que han ampliado, en mayor medida, las miras de su altruismo y han incluido a otras especies. Si yo expreso que estoy más interesado en impedir el exterminio de las grandes ballenas que en mejorar las condiciones de habitabilidad de las viviendas, es muy posible que escandalice a alguno de mis amigos.

El sentimiento de que los miembros de nuestra especie merecen una consideración moral especial en comparación con los miembros de otras especies, es antiguo y se encuentra profundamente arraigado. El hecho de matar a las personas, excepto en la guerra, es el crimen juzgado con mayor severidad entre los cometidos comúnmente (...) Sin embargo, gozamos al comer a miembros de otras especies. A muchos de nosotros nos horrorizan las ejecuciones judiciales, aunque se trate de los más espantosos criminales de la especie humana, al mismo tiempo que aprobamos alegremente que se mate a tiros, sin juicio previo, a animales considerados como plagas y que son bastante mansos. En realidad exterminamos a miembros de otras especies inofensivas como un medio de recreación y entretenimiento. Un feto humano, sin más sentimientos humanos que una ameba, goza de una reverencia y una protección legal que excede en gran medida a la que se le concede a un chimpancé adulto. Sin embargo, el chimpancé siente y piensa y, según evidencia experimental reciente, puede ser aun capaz de aprender una forma de lenguaje humano. El feto pertenece a nuestra propia especie y se le otorgan instantáneamente privilegios y derechos especiales debido a este factor. Si la ética del «
especiecismo», para utilizar el término empleado por Richard Ryder, puede ser planteada con una base tan lógica, tan acertada, como aquella referente al «racismo», no lo sé. Lo que sí sé es que no posee una base adecuada en la biología evolutiva.
Richard Dawkins, El gen egoísta, Salvat Editores, Barcelona, 2002 (1976), pp. 12-13. (Vía).

7 comentarios:

Piedra dijo...

Nos hemos apoderado de un planeta que no nos pertenece y lo estamos destruyendo. Solo algunos de los pueblos que llamamos primitivos son capaces de vivir en armonía con la naturaleza y su entorno, quizás por eso los despreciamos. Cuando no haya mas que humanos sobre la tierra, nos miraremos unos a otros mientras comemos nuestro plato de "soylent green" y recordamos tiempos mejores.

Hugo dijo...

Hala, qué exagerado. Ya verás como todo se arregla :o)

Juan Nadie dijo...

Qué barbaridad!!

http://www.elpais.com/articulo/tecnologia/caso/maltrato/animales/subleva/Internet/elpeputec/20100901elpeputec_1/Tes

Anti-pensador dijo...

Piedra:

Tampoco es para tanto, hombre. El ser humano no puede destruir la Tierra ni la naturaleza, ni aunque quiera (al menos de momento, con su tecnología actual), ni siquiera haciendo explosionar todas las bombas nucleares a la vez. Puede, eso sí, causar una catástrofe ecológica de gran magnitud que aniquile a la propia especie humana y a cientos de miles de especies vivas, pero no puede acabar con toda la vida en la Tierra, ni de lejos. Y con el paso del tiempo la Tierra se recuperaría perfectamente de la catástrofe. Hasta sería posible que, dentro de 100 millones de años (o incluso menos), floreciera en nuestro planeta una civilización tecnológica avanzada de pulpos. Me pregunto si, cuando esos pulpos inteligentes desarrollaran internet, escribirían tantas tonterías como las que se leen hoy en la red (y no lo digo por nadie de aquí, por supuesto).

Un saludo.

Hugo dijo...

Juan Nadie:

Lo sé :(

Anti-pensador:

Me pregunto si, cuando esos pulpos inteligentes desarrollaran internet, escribirían tantas tonterías como las que se leen hoy en la red

Seguro que sí. Es más, seguro que también habría pulpos haciéndose esa pregunta :P

Anti-pensador dijo...

Y seguro que también habría muchos pulpos que creerían en el gran Dios Octópodo que hizo a todos los pulpos a su imagen y semejanza, y que incluso ofreció a su único Hijo Pulpo para que se sacrificara en la Cazuela --o donde fuere-- para redimir todos los pecados de la pulpidad. Y los pulpos clérigos y beatos se escandalizarían cuando los pulpos astrofísicos dijeran que no hay lugar para el Divino Pulpo en una explicación científica del universo:

http://www.cope.es/03-09-10--stephen-hawking-dogma-materialista--214591-editorial

Por algo los pulpos son de la familia (como el pulpo Paul).

Hugo dijo...

Y seguro que también habría muchos pulpos que creerían en el gran Dios Octópodo...

Je... podrías escribir un libro sobre eso ;-)

Me has recordado a Stanislaw Lem.

En cuanto a la COPE, tengo una teoría, y no me cansaré de repetirla: cuanto más dogmático es uno, más llama a los demás dogmáticos. Curioso. Es como lo que decía Mafalda el otro día: dime de qué presumes y te diré de qué careces.

El fanático, en lugar de centrarse en defender con argumentos su posición, prefiere desacreditar la posición de su contrario. Si a uno, por ejemplo, no le gusta el materialismo, lo tiene fácil: añádasele el adjetivo "dogmático" y arreando que es gerundio. Los dogmáticos siempre son los demás. Esa es la única regla :o)