18 de octubre de 2010

Combatir la obesidad

La «batalla alimentaria» no es el único ámbito en el que encontramos un fuerte énfasis en el espacio de responsabilidad individual del ciudadano por parte de aquellos agentes interesados en que no haya cambios sustanciales en las estructuras actuales. La crisis ambiental es un ejemplo paradigmático de esta individualización de las formas de actuación y comprensión frente a un asunto de naturaleza pública (...). El papel de la sociología crítica ha de ser precisamente el de señalar las conexiones estructurales que nos ligan, y nos hacen responsables de forma colectiva (...), con el objetivo de abrir al debate público y al control democrático todos estos ámbitos.

En esta línea, este capítulo revisará algunos de los factores que deben llevarnos a incluir de manera decisiva consideraciones estructurales en el análisis de la obesidad. Este enfoque ampliado es inmediatamente relevante para las medidas que puedan adoptarse. Como señala Marion Nestle (...), «si la dieta es un asunto de la libre voluntad individual, entonces el único remedio apropiado para una mala alimentación es la educación, y los nutricionistas deberían ocuparse de enseñar a la gente a asumir su responsabilidad personal sobre su dieta y su salud, y no de cómo establecer cambios sociales que puedan hacer que esto sea más facil de realizar para todos». En cambio, una consideración ampliada del entorno obesogénico nos conduce a plantearnos intervenciones y estrategias que van desde los impuestos «pigovianos» sobre los productos más asociados a la obesidad (...) a las innovadoras propuestas de responsabilizar directamente a los fabricantes de productos con alto contenido en grasas y azúcares de los niveles de obesidad infantil, a través de la «regulación basada en resultados» (...), pasando por la necesidad de repensar los diseños de nuestras ciudades y pueblos junto con las políticas de «urbanismo comercial» (...) y la reorganización de los subsidios y ayudas a los agricultores...
Emilio Luque, La obesidad, más allá del consumidor: las raíces estructurales de los entornos alimentarios, p. 134. De lectura imprescindible.

Tal y como Eric Schlosser describió en Fast Food Nation, la industria de la comida rápida es en sí misma un ejemplo de eficiencia de mercado. La producción de patatas fritas, hamburguesas y Coca-Cola es resultado de las mismas divisiones de trabajo que generaron los tratamientos de insulina (...) De hecho, debido a estas eficiencias, nunca ha sido tan barato como hoy producir y consumir las calorías de la comida. Sin duda, es un milagro de los mercados modernos. Pero es un milagro cuyas implicaciones no conducen claramente, en todos los casos, al mejor de los mundos (...) La epidemia de obesidad no es resultado de nuestros genes, sino de la interacción de nuestros genes con los mercados modernos. Es una consecuencia de nuestras conductas racional e irracional. El libre mercado, por sí solo, nunca solucionará la epidemia (...) Nos merecemos una cantidad considerable de libertad. Pero también nos merecemos vivir bien. Y cuando la libertad y el bienestar chocan, deberíamos ser lo bastante abiertos de ideas como para reconocer que las restricciones cuidadosamente calibradas de nuestra libertad son un precio muy pequeño que pagar a cambio de una población más sana y más feliz.
Peter A. Ubel, La locura del libre mercado, Ediciones Urano, Barcelona, 2009, pp. 31, 126 y 291.

PD. Los enlaces en los textos son míos, no de los autores.

2 comentarios:

Radagast dijo...

Respecto a uno de tus enlaces:

"Según publica el diario, la restricción al consumo de estos productos no es óbice para que el mismo ministerio permita adquirir de forma libre la píldora del día después en las farmacias."

Si no intentan meterla doblada no son ellos, jejejeje. ¡Qué tendrá que ver una cosa con la otra!

Sobre la entrada: es curioso, ¿verdad? Pero estamos hechos para aprovechar toda caloría que nos llegue. El hecho de haber sido unos carroñeros oportunistas y muertos-de-hambre nos dio la inteligencia... y la tendencia a la obesidad.

Hugo dijo...

¡Qué tendrá que ver una cosa con la otra!

Están locos estos romanos.

El hecho de haber sido unos carroñeros oportunistas y muertos-de-hambre nos dio la inteligencia... y la tendencia a la obesidad.

Eso es. La cuestión ahora es darse cuenta de eso y de que no nacemos siendo tablas rasas.