22 de diciembre de 2010

A favor de los toros

No es la tauromaquia el tema que más me preocupa. Ni siquiera me parece que sea el problema moral más grave que plantea nuestra relación con los animales no humanos. Incluso limitándonos a los toros y vacas, el problema de la ganadería intensiva es, desde una perspectiva global, más importante y difícil que el de la tauromaquia. Hay maltratos de animales cuya solución es compleja, dada su incidencia en la alimentación o la investigación, por ejemplo. No así las corridas de toros ni las salvajadas pueblerinas, que no sirven para nada y representan una masa de sufrimiento inútil, perfectamente prescindible y fácilmente evitable. Aquí la solución está clara: hay que abolirlas.
Jesús Mosterín, A favor de los toros. (Vía).

8 comentarios:

marcelino dijo...

Está claro que hay tradiciones que matan. Y la de las corridas de toros y todos los festejos que se hacen alrededor del toro son inútiles y pueden ser sustituidos en pleno siglo XXI por otras actividades lúdicas en las que esos animales no sufran...ni hagan sufrir a quienes su sensibilidad y sobre todo su sentido común les dice. No vale para nada la excusa de que de no ser con tales celebraciones la especie desaparecería. Ese primitivismo y ese negocio(en el caso de las corridas) debe de ir desapareciendo
desde ya. El profesor Mosterín es claro y convincente en sus argumentos y como tu dices el hombre debe limitar el sacrificio de animales a lo imprescindible para su supervivencia. El equilibrio aquí debe ser también sostenible.Aunque hasta ahora no he comentado tus post no por eso dejo de leerlo con frecuencia. Con tu permiso me he incluído en la lista de tus seguidores. Hasta otra.

Hugo dijo...

Aunque hasta ahora no he comentado tus post no por eso dejo de leerlo con frecuencia.

Es un orgullo para mí teneros como lectores, Marcelino. ¡Hacéis que me sienta útil! Vaya, ya me he puesto sentimental otra vez :P

Al Barricade dijo...

Yo lo tengo claro: desde que la línea que separaba al Homo sapiens del resto de lso animales se ha borrado, la ley no debería hacer distinciones entre torturar a un toro o torturar a un hombre. Y quien come carne no debería ser trtado como carnívoro, sino como caníbal.

Si somos coherentes el veganismo debería ser ley, y no una mera opción moral, de la misma manera que la prohibición de torturar, matar y almientarnos de humanos es ley, y no mera opción.

Hugo dijo...

Si somos coherentes el veganismo debería ser ley

Es posible que algún día lo sea si nos ponemos manos a la obra. Como muy pronto dentro de dos o tres generaciones. Como muy tarde... incluso puede que nunca. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que Bentham diera la tabarra con el sufrimiento de los animales? Dos siglos ya. Muchas generaciones. Y sólo un 1% de la población española es vegana a día de hoy, si no recuerdo mal.

¿Cómo podríamos aumentar ese porcentaje? Pff, supongo que habría que empezar por votar al PACMA. Necesitamos veganos en los parlamentos, así como un mayor número de ecologistas :)

Al Barricade dijo...

Para mí el problema es más serio: vivir en una sociedad en la que el 99% es caníbal o tortura, o explota y mata a otros seres sintientes es como vivir en una sociedad donde el 99% tiene el carnet del partido nazi.

Ya sé que muchos de los carnívoros no se dan cuenta del crimen que supone matar a otro animal para comer, pero también muchos nazis eran buenos padres de familia, y buenos maridos, y ayudaban a las viejas a pasar la calle, y escuchaban música de Beethoven. Y muchísimos por supuesto no había visto un campo de exterminio, igual que muchos carnívoros no han visto un matadero o una granja intensiva.

El régimen carnívoro es ilegítimo, lo mismo que el nazismo fue ilegítimo, y contra él caben acciones más allá de los procedimientos formales parlamentarios, constitucionales etc. No diré más porque igual es delito, pero creo que se me entiende.

Hugo dijo...

La analogía no me parece correcta (o cuando menos me parece problemática) fundamentalmente porque cuando hablamos de los nazis no hablamos simplemente de 'mataderos de judíos', sino de 'campos de exterminio'. Es decir, hay en este caso dos agravantes morales nada desdeñables: la intención y el tipo de animal. 1) Los nazis querían hacer sufrir y exterminar a los judíos. Los carnívoros no queremos hacerle eso a los animales de granja o piscifactoría (yo de hecho 'estoy dejándolo'). De ahí que, entre otras cosas, la repulsa moral fuera mayor y prácticamente unánime en el caso de los campos que en el caso de las granjas. 2) Las granjas industriales son una aberración moral, pero los campos fueron una aberración aún mayor. Del mismo modo que un matadero de chimpancés sería más grave que un matadero de gallinas; y un matadero de gallinas mucho más grave que un matadero de caracoles. Las diferencias fisiológicas importan a la hora de jerarquizar nuestra moral. Creo que eso no es especismo.

Sí que me puede parecer correcta la analogía, sin embargo, si de lo que estamos hablando es del resultado. Es innegable que las similitudes entre ambos casos son muchas. Hum, reconozco que es un tema peliagudo. No sé por qué los veganos os empeñáis en hacer comparaciones tan controvertidas. ¿Qué necesidad hay? Je... :P

El régimen carnívoro es ilegítimo, lo mismo que el nazismo fue ilegítimo, y contra él caben acciones más allá de los procedimientos formales parlamentarios, constitucionales etc. No diré más porque igual es delito, pero creo que se me entiende.

Hum, si no me dices más no puedo opinar. Yo creo que cierta desobediencia civil está justificada (tal y como dije aquí), pero quizá no el tipo de desobediencia civil que tú estás pensando :P

Al Barricade dijo...

Pues yo no acabo de ver excesivas diferencias entre explotaciones de bóvidos, porcinos o mamíferos en general y los campos de concentración o de exterminio. Para empezar, creo que el diseño de los campos no era el provocar el máximo dolor (que lo provocaban, al menos un dolor muy muy grande) sino el de ahorrar recursos. Pero claro, el ahorro por parte de los nazis se traducía necesariamente en mayor dolor para los judíos (menos comida, ropa de peor calidad, habitáculos más hacinados). Luego están los brotes de crueldad que el sistema y la propaganda nazi provocaba, claro, pero la lógica del confinamiento y el posterior exterminio era el de la eficacia industrial, igual que en las explotaciones modernas de animales: máximo rendimiento a partir de mínimos recursos.

Después está el tema de la jerarquía de las especies. Para mí esto de la jerarquía es aceptable, pero tiene "las patitas muy cortas". O sea, si se quieren sacar más consecuencias de la cuenta, pienso que estamos ante un residuo especista. Porque si decimos que la línea que separaba al hombre del resto de los animales se ha borrado, estamos dando un gran paso en el reconocimiento de nuestra animalidad, pero si después volvemos a reinstaurar la jerarquía y volvemos a ponernos por encima, en el fondo estamos reintroduciendo esa línea o, mejor, la función que cumplía.

Entiendo que hay diferencias entre hombes y caracoles, por la complejidad del sistema nervioso. Pero ¿cuál es la diferencia real entre un hombre y un perro o una vaca? Quiero decir, en términos de sufrir dolor, que es lo que realmente importa. Si pudiéramos traducir el dolor de un mamífero sobreexplotado desde su nacimiento hasta su muerte a términos humanos, sería equiparable al dolor sentido en los campos de concentración.

Y esa es la clave de mi argumento: si el dolor experimentado por un animal sometido a la explotación industrial es tan intenso como el experimentado por un judío de Treblinka, entonces el crimen es idéntico. Y si no lo es ¿con qué grado de dolor humano es comparable? ¿con el de la tortura, quizás? Porque si lo es, entonces es un crimen semejante al de la tortura, dado que produce el mismo dolor.

El problema es cuando empezamos a distinguir entre el dolor humano y el dolor de otros mamíferos, siendo sus sistemas algésico y límbico tan parecidos. Las únicas diferencias posibles son sólo de grado, no esenciales.

Una vez que aceptamos que no hay diferencias esenciales entre ambos tipos de tratamiento... las conclusiones vienen solas.

Hugo dijo...

Pero ¿cuál es la diferencia real entre un hombre y un perro o una vaca? Quiero decir, en términos de sufrir dolor, que es lo que realmente importa.

Ahí está el quid de la cuestión. Le dediqué un par de entradas este verano (1 y 2). Creo que, aun descubriendo diferencias de grado, el veganismo o una filosofía similar seguirían estando plenamente justificados.

En términos de sufrir dolor, dices tú, y en términos de experimentar alegría, añado yo. Se nos olvida demasiado a menudo, al menos a mí, que la ganadería intensiva no sólo les produce un sufrimiento seguramente atroz, sino que también les priva de grandes dosis de alegría que experimentarían de no ser por estar ahí.

Un saludo.