El laicismo relativista masónico fue impuesto en Francia en el año 1905 (...) Y curiosamente, un siglo más tarde, 2004-2005, el gobierno masónico de Rodríguez Zapatero está implantándolo en España.
Manuel Guerra, sacerdote.
¿Tu verdad? No, la Verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela. (Antonio Machado).
El laicismo relativista masónico fue impuesto en Francia en el año 1905 (...) Y curiosamente, un siglo más tarde, 2004-2005, el gobierno masónico de Rodríguez Zapatero está implantándolo en España.
(*) He cambiado algunas palabras del original.Opino que todos los animales tienen tanto derecho a no morir y a no sufrir como nosotros. Ahora bien, cuando sus derechos colisionan con los nuestros, nos vemos obligados a elegir: los suyos o los nuestros, ellos o nosotros (1). No parece una elección moral difícil: debemos salvar nuestro pellejo. No hay otra. Pero ¿qué ocurre cuando no colisionan?
Ejemplos de cuando nuestros derechos y los suyos se oponen: cazar para sobrevivir, fumigar la casa, utilizar plaguicidas e insecticidas, ciertos experimentos con animales (VIH...), urbanizar, etcétera. Ejemplos de cuando nuestros derechos y los suyos NO se oponen, esto es, ejemplos de cuando podemos respetar tanto los suyos como los nuestros: espectáculos con animales, comer carne por placer y no por necesidad, caza deportiva, ciertos experimentos con animales (cosméticos...), etcétera.
En otras palabras, siempre que podamos elegir no dañar a otros seres sin poner en peligro nuestra propia supervivencia (algo así como el principio de no-violencia o ahiṃsā), debe elegirse no dañar.
La posibilidad de que puede no existir el tiempo es conocida entre los físicos como "el problema del tiempo". Puede ser el mayor, pero está lejos de ser el único acertijo temporal. El aspirante para la segunda plaza es este extraño hecho: Las leyes de la física no explican por qué el tiempo siempre apunta hacia el futuro. Todas las leyes – ya sean las de Newton, Einstein, o las estrafalarias reglas cuánticas — funcionarían igual de bien si el tiempo corriese hacia atrás (...) “Es bastante misterioso por qué tenemos una flecha del tiempo tan obvia”, dice Seth Lloyd, ingeniero de mecánica cuántica en el MIT. (Cuando le preguntamos qué es el tiempo, contesta, "No lo sé. ¿Hemos terminado?").
¿Son las corridas una forma de maltrato animal? A los animales domésticos se les maltrata cuando no se les trata de manera acorde con el fin para el que fueron criados. No es maltrato obtener huevos de las gallinas, jamones del cerdo, velocidad del caballo o bravura del toro. Todos esos animales y tantos otros no son fruto de la mera evolución sino del designio humano (...) Tratar bien a un toro de lidia consiste precisamente en lidiarlo.
(...) La moral trata de las relaciones con nuestros semejantes y no con el resto de la naturaleza.
(...) no estoy de acuerdo en que se trate de una toma de postura antiespañola. No señor, todo lo contrario. El Parlamento de Cataluña prohíbe los toros pero de paso reinventa el Santo Oficio, con lo cual se mantiene dentro de la tradición de la España más castiza y ortodoxa.
Randy Pausch, La última lección, Random House Mondadori, Barcelona, 2008, pp. 126-128.El mayor servicio que los educadores pueden prestar a los estudiantes es ayudarles a ser más autoconscientes. La única manera de mejorar (...) es desarrollando la capacidad de evaluarnos a nosotros mismos (...) La labor del profesor es enseñar a los alumnos a ver cómo se desarrollan sus mentes igual que ven crecer la musculatura cuando se miran al espejo.
Para ello me he esforzado en encontrar mecanismos para que la gente atienda a las reacciones que provoca. No paraba de ayudar a mis alumnos para que desarrollaran sus propios bucles de retroalimentación. Conseguir que aceptaran de buena gana juicios ajenos ha sido la tarea más ardua a la que me he enfrentado como educador (...) Me entristece que muchos padres y docentes hayan renunciado a conseguirlo. Cuando hablan de fortalecer la autoestima, a menudo recurren a adulaciones vacías en lugar de a esa sinceridad capaz de formar el carácter. He oído a muchísima gente quejarse del declive de nuestro sistema educativo y creo que un factor clave de dicho declive es el exceso de alabanzas y la falta de valoraciones sinceras.
Cuando di el curso «Construir mundos virtuales» en Carnegie Mellon, cada quince días evaluábamos a los compañeros. Se trataba de una clase basada en la colaboración, en la que los estudiantes trabajaban en grupos de cuatro en proyectos de realidad virtual por ordenador. Dependían unos de otros, tal como reflejaban sus notas. Recogíamos las opiniones de los compañeros y las recogíamos en una hoja de cálculo. Al final del semestre cada alumno había trabajado en cinco proyectos con tres compañeros de grupo distintos en cada uno de ellos, por lo que todo el mundo tenía quince puntuaciones. Así disponían de un modo práctico y estadísticamente válido de analizarse. Creaba entonces gráficos de barras multicolores donde un alumno podía consultar una clasificación de medidas sencillas tales como:
1) ¿Sus compañeros opinaban que trabajaba duro? ¿Cuántas horas creían que había dedicado al proyecto?
2) ¿En qué medida había sido creativa su aportación?
3) ¿A sus compañeros les resultaba fácil o difícil trabajar con él? ¿Trabajaba para el equipo?
(...) Los gráficos de barras eran muy específicos. Todos los alumnos sabían en qué situación se encontraban en comparación con los cuarenta y nueve compañeros restantes.
James Rachels, Introducción a la filosofía moral, Fondo de Cultura Económica, México, 2007 (1986), pp. 303-304.Como agentes morales, debemos preocuparnos por todos aquellos cuyo bienestar pudiera verse afectado por lo que hacemos. Ésta puede parecer una obviedad piadosa, pero en la realidad puede ser una doctrina difícil de seguir. En el año que transcurra entre el tiempo en que yo escribo esto y el libro se publique, cerca de un millón de niños morirán de sarampión (*). La gente de los países ricos podría fácilmente prevenirlo, pero no lo hará. La gente sin duda sentiría una mayor obligación si, en vez de desconocidos en países lejanos, fueran niños de sus propios vecindarios quienes estuvieran muriendo. Pero en la teoría que estamos considerando, el lugar en el que estén los niños no importa; todos están incluidos en la comunidad de interés moral. Si los intereses de todos los niños se tomaran seriamente, en dondequiera que vivieran, esto tendría una gran influencia sobre nuestra conducta.
Si la comunidad moral no está limitada a la gente de un lugar, tampoco está limitada a la gente de ningún tiempo específico. Si la gente se viera afectada por nuestras acciones ahora o en un futuro distante es algo que no importa. Nuestra obligación es considerar sus intereses por igual. Una consecuencia de esto tiene que ver con las armas de destrucción masiva. Con la creación de armas nucleares, tenemos ahora la capacidad de alterar el curso de la historia en una forma especialmente dramática (...) El medio ambiente es otro asunto en el que los intereses de las generaciones futuras tienen gran importancia: no hemos de pensar que el medio ambiente es importante “en sí mismo” para ver que su destrucción constituye una aberración moral; basta considerar lo que sucederá con la gente si se arruinan las selvas, las algas marinas y la capa de ozono.
Hay otra manera en la que nuestra concepción de la comunidad moral debe ampliarse. Los seres humanos (...) son sólo una de las especies que habitan este planeta. Como los seres humanos, los animales también tienen intereses que se ven afectados por lo que hacemos. Cuando los matamos o los torturamos son dañados, así como los seres humanos son dañados cuando se les trata en esas formas. Bentham y Mill tuvieron razón al insistir en que se debe dar igual peso a los intereses de los animales en nuestros cálculos morales. Como señaló Bentham, excluir de nuestra consideración moral a otros seres por su especie no está más justificado que excluirlas por su raza, nacionalidad o sexo. La imparcialidad exige la expansión de la comunidad moral no sólo a través del espacio y del tiempo, sino también a través de las fronteras entre las especies.
Relacionado:
- Darwin y la «extensión» de la moral.
La única manera de que podamos tener alguna esperanza de avanzar hacia la verdad es estar continuamente insatisfechos con nuestras opiniones, andar siempre a la caza de objeciones, y estar preparados para abandonar o modificar nuestras teorías cada vez que aparezcan pruebas contrarias, contraargumentos, o alternativas mejor sustentadas. Sólo la disposición a cambiar de opinión provee algún sustento para pensar que aquello sobre lo que no se nos ha convencido (...) podría ser correcto, o por lo menos, podría estar bien encaminado.Thomas Nagel, La última palabra, Gedisa, Barcelona, 2000, p. 142.
La gente está muy ansiosa por encontrar este tipo de diferencias. Hay una larga historia que se remonta hasta Darwin, hasta antes de Darwin, en la que ciertos caracteres menores eran considerados como un rasgo exclusivamente humano. En algún momento se pensaba que existía un pequeño hueso en nuestra mandíbula que sólo teníamos los humanos, pero luego lo encontraron en otra especie. La capacidad de utilizar herramientas era una idea de las grandes, hasta que Jane Goodall descubrió en estudios de campo que muchos chimpancés usaban herramientas. Luego estuvo el lenguaje. Y recientemente la teoría de la mente se convirtió en la gran cosa. Pero ahora, claro, se desmorona. Cada vez hay más descubrimientos que salen a la luz y que nos dicen que la toma de perspectiva ni siquiera está restringida a los primates, que los perros quizá sean capaces de llevarla a cabo, que algunas aves lo hacen (...) En uno u otro nivel, la toma de perspectiva está presente en muchos animales. Puede llegar a su más alto nivel en animales con cerebros grandes, como delfines, elefantes, chimpancés, y estoy seguro de que en los seres humanos va más allá... pero se trata de un continuum. Nosotros estamos más adelante en ese continuum, pero dicha capacidad no está completamente ausente en otros animales. Y eso resulta desconcertante para mucha gente.
Martha Nussbaum, Las fronteras de la justicia: consideraciones sobre la exclusión, Ediciones Paidós, Barcelona, 2007, pp. 357-358.Lo primero que deberíamos admitir es la necesidad que tenemos de saber aún mucho más de lo que sabemos sobre las capacidades de los animales. En segundo lugar, hemos de reconocer que todavía hay mucho por aprender de una reflexión seria sobre el continuo de la vida. El estudio que hace Rachels del darwinismo y de sus implicaciones éticas nos muestra de manera convincente que el mundo no es como lo han visto los estoicos y la tradición judeocristiana (con una separación drástica entre los seres humanos y el resto de la naturaleza). Las capacidades se entrecruzan y se solapan; un chimpancé puede tener más capacidad de empatía y de pensamiento en perspectiva que un niño muy pequeño o que un niño no tan pequeño pero que sea autista. Y hay capacidades que los seres humanos reclaman a veces arrogantemente para sí en exclusiva pero que se encuentran en profusión a lo largo y ancho de la naturaleza; Rachels hace una referencia reveladora al importante ensayo de Darwin sobre la inteligencia práctica del gusano platelminto. Su reflexión nos ayuda a contemplarnos desde una perspectiva más correcta y menos arrogante. Nos ayuda a ver la razón como una capacidad animal y cuya dignidad, por lo tanto, no se contrapone a la animalidad, sino que es inherente a ésta. Nos ayuda a apreciar lo extendidas que en la naturaleza están ciertas características como la compasión o el altruismo, que distan mucho de ser el producto especial de una naturaleza moral de origen divino.
We submit that a religious education, particularly at an early age, is an obstacle to the development of a scientific mentality. For this and other reasons, religious education should be kept away from public schools and universities. Instead of promoting a religious world view, we should teach our children what science knows about religion, i.e., how science explains the existence of religion in historical, biological, psychological and sociological terms.Martin Mahner y Mario Bunge, Is religious education compatible with science education?
Mark Bekoff, La vida emocional de los animales, Altarriba, Barcelona, 2007, pp. 127-129. (La negrita es mía).Sabemos que los resultados de la investigación científica (...) deberían influir en nuestra forma de actuar en el mundo; en otro caso, la ciencia se convierte en un ejercicio vacío de significado. Y sabemos también que los animales sienten emociones y sufren en nuestras manos (...) La Ética, con E mayúscula, debe estar presente en los debates que abrimos sobre la forma en que interactuamos con otros animales. Y cuando digo ética lo hago en el sentido socrático, en el "cómo debemos vivir". La ética exige una aproximación crítica a quienes somos y lo que hacemos, así como una visión de lo que queremos ser. Nos ayuda a evaluar la mejor forma de actuar cuando se nos presentan varias opciones y la información de que disponemos es incompleta, condicionada o contradictoria. Puede que jamás alcancemos nuestra visión ideal, pero es preciso que nos programemos alguna que nos sirva de guía para elegir las mejores opciones (...) Puede que nunca lleguemos a saber todo lo que ocurre en el interior de la mente (...) del animal, pero es que no lo necesitamos. Como sociedad, sólo cabe que nos preguntemos ¿Qué provocaría más daño? ¿Qué tendría las peores consecuencias? ¿Tratamos a mamíferos, aves, peces y reptiles, como si fueran titulares de toda la gama de emociones y sentimientos, para que luego un día descubramos que los animales sólo tienen alguna de esas cualidades? ¿O seguimos abusando de todos ellos para luego un día descubrir que cada especie posee una riqueza emocional sensitiva igual a la humana? Las cobayas y los elefantes agradecerían, con toda seguridad, que usáramos el principio de precaución.
Marin, comentarista: Y con los toros, si a mi me gusta ir... ¿Quien es usted ni ningun politico para impedirme ir? Lo unico que pido en esta vida es un poco mas de tolerancia y respeto con el que no piense como ustedes.Algo parecido dije también en El café de Ocata.
Yo: Marin, llego tarde, pero te contesto a algunas cosas:
Y con los perros, si a mí me gusta torear al mío y a los callejeros que me encuentro por la calle... ¿Quién es usted ni ningún político para impedirme hacerlo? ¡Coherencia!
Yo te tolero y te respeto. Critico tus ideas, lo cual es muestra de tolerancia y de respeto. De tolerancia porque creo en la libertad de expresión, y de respeto porque muestro interés por ellas. Tanto es así que le dedico gran parte de mi tiempo a criticarlas, ya sea aquí o en otros blogs. Lo que no tolero ni respeto, sin embargo, es que tortures y mates (o lo consientas) a un herbívoro indefenso porque con tu tiempo libre haces lo que quieres. Puedes escribir libros sobre tauromaquia, crearte un blog, hacer una película sobre Manolete o soñar con corridas de toros celestiales, pero lo que no puedes hacer es hacerlo de verdad, del mismo modo que yo no puedo hacer una corrida de perros en mi finca, pero sí imaginarme cómo sería una e incluso reivindicarla (...) Tenemos que construir la ética entre todos, y no me vale aquello de "yo es que no pienso como tú, a mí no me mires".
Lynn Margulis, Una revolución en la evolución, Universitat de València, 2003, pp. 240-241.La imagen de la Tierra desde el espacio transformó a todos los cosmonautas y astronautas. Desde entonces han intentado explicar al público su cambio filosófico, pero les parece que nadie les escucha. Frank White publicó un libro que contenía entrevistas a todos los cosmonautas y astronautas vivos, que nos introduce con ellos en el espacio, investigando. Por ejemplo, Eugene Cernan, la última persona que fue a la Luna, dice:
(...) Cuando estás en la órbita de la Tierra tienes una nueva perspectiva. Ahora estás sobre los Estados Unidos y al minuto siguiente estás sobre otra zona del mundo. Puedes ver de polo a polo y de océano a océano sin girar siquiera tu cabeza. Literalmente ves Norteamérica y Sudamérica esconderse conforme la Tierra gira sobre un eje que no puedes ver, y luego, milagrosamente, Australia, luego Asia, después toda América surge para reemplazarlos. Te preguntas «¿dónde estoy realmente en el espacio y en el tiempo?». No ves las barreras de color, de religión y de política que dividen este mundo. Te preguntas, si pudieras llevar a toda la humanidad allá arriba, ¿no cambiaría su sensibilidad? ¿no tendría una nueva perspectiva?
Esta bitácora comenzó a rodar allá por el año 2004. Celebrábamos por entonces el advenimiento de José Luis Rodríguez Zapatero, ese señor que nos va a llevar a todos, a golpe de demagogia, propaganda y socialismo del más rancio e involucionista, a la ruina (...) Aviso desde ya que no soy objetiva, ni imparcial, ni equidistante, ni todas esas cosas de las que presumen los sectarios. Soy antisocialista porque soy liberal y me caen mal los progres. En este blog se permite fumar, beber, decir palabrotas y comer hamburguesas XXL. Se puede estar en contra de todas las mamarrachadas de lo políticamente correcto. No es obligatorio llevar una vida sana, practicar deporte, creer en el cambio climático, cualquier apocalipsis de moda, no ser feminista, (...) el uso del cinturón y nada, absolutamente nada, se hace por el bien de nadie que no sea la autora de la bitácora.Fanatismo, desprecio, contradicción, negacionismo climático, desconocimiento, egoísmo moral... ¡Es la libertad de expresión, idiotas! :o)
La pena de muerte puede ser proporcional cuando protege a bienes equivalentes a aquellos de los que dispone. Luego es justa por su propia noción.
Yo, por si alguien lo dudaba, opino igual que mi tocayo:Capital punishment does not deter crime, (...) is uncivilized in theory and unfair and inequitable in practice.
Sam Harris, El fin de la fe, Paradigma, Madrid, 2007, pp. 173-175 y 275.La relación entre la ética y la comprensión científica de la consciencia, aunque rara vez se hace, resulta ineludible porque las demás criaturas sólo se convierten en objeto de nuestra preocupación ética cuando les atribuimos consciencia (aunque sólo sea consciencia potencial). Que la mayoría de nosotros no sienta obligaciones éticas hacia una piedra -no procuramos tratarla con amabilidad (...)-, puede derivarse del hecho de que no creemos que nadie sea como una piedra. Mientras la ciencia de la consciencia aún forcejea por nacer, para nuestros propósitos basta con hacer notar que el problema de establecer obligaciones éticas con animales no humanos (así como con humanos que han sufrido heridas neurológicas, fetos, blastocitos, etc.), exige que comprendamos mejor la relación entre mente y materia (...) Admitámoslo, cuesta determinar lo bajo que llegan nuestras responsabilidades éticas en el árbol filogenético. Nuestras intuiciones sobre la consciencia de los animales se ven influidas por numerosos factores, muchos de los cuales probablemente no son conscientes. Por ejemplo, las criaturas que no tienen expresiones faciales -o rostro, ya puestos- son más difíciles de incluir en el círculo de nuestra preocupación moral. Parece que, mientras no comprendamos mejor la relación entre cerebro y mente, nuestros juicios sobre el posible alcance del sufrimiento animal seguirán siendo relativamente ciegos y dogmáticos (...) ¿Qué es ser un chimpancé? Si tuviéramos más detalles de la experiencia de un chimpancé, hasta los experimentos más conservadores que hacemos con ellos empezarían a parecernos desmesuradamente crueles. Si fuera posible intercambiarnos con una de esas criaturas, dejaríamos de cuestionarnos la ética de separar a unos chimpancés hermanos y no utilizaríamos procedimientos invasivos en sus cuerpos sólo por simple curiosidad (...) ¿Van los cerdos al matadero sintiendo algo parecido al terror? ¿Sienten un terror que ningún ser humano decente le impondría a sabiendas a otra criatura sensible? Ahora mismo no tenemos la más mínima idea. Lo que sí sabemos (o deberíamos saber) es que una respuesta a esta pregunta tendría profundas implicaciones.
James Rachels, Created from animals: the moral implications of darwinism, Oxford University Press, 1990, p. 129.We kill animals for food; we use them as experimental subjects in laboratories... the list goes on and on. These practices are to our advantage, and we intend to continue them. Thus, when we think about what the animals are like, we are motivated to conceive of them in ways that are compatible with treating them in these ways. If animals are conceived as intelligent, sensitive beings, these ways of treating them might seem monstrous. So humans have reason to resist thinking of them as intelligent or sensitive.
Konrad Lorenz, King Solomon's Ring, Routledge, 2002 (1949), p. 144. (Vía).You think I humanize the animal? (...) Believe me, I am not mistakenly assigning human properties to animals: on the contrary, I am showing you what an enormous animal inheritance remains in man (...) And if I have just spoken of a young male jackdaw falling in love with a jackdaw female, this does not invest the animal with human properties, but, on the contrary, shows up the still remaining animal instincts in man.
Creo que vivimos en una dictadura total.
El Doctor en Medicina y Cirugía, forense, profesor de Medicina Legal en la Universidad de Granada y actual delegado del Gobierno contra la Violencia de Género, Miguel Lorente, lanza (...) al mercado su libro 'La mano del Predicador', un ensayo que sostiene a partir de un análisis multidisciplinar que Jesucristo no resucitó, sino que sobrevivió a la crucifixión. El autor dice que no pretende desafiar a la Iglesia, porque sostiene que "aún cabe una explicación milagrosa" (...) La hipótesis de Lorente parte de un análisis que realizó en un ensayo previo ('42 Días') de la Sábana Santa de Turín y tras encontrar en ella "signos de supervivencia", principalmente en la posición de las manos.
Hugo, si no tienes respuestas inteligentes, ese es tu problema. Tu sensación de inferioridad no la vengas a curar en este blog que es democrático y acepta la divergencia con respeto, tal como lo hemos podido comprobar en el tiempo de vida que tiene. Te pareces mucho a Musolini.
1. El buen político sabe que para ganar las elecciones, el Detector de Falacias y Prejuicios, popularmente conocido como Tío Hal, es una herramienta imprescindible [...] Desde que se inventó, sólo dos políticos han llegado a la Presidencia sin someterse a él: Saramagician, que en su momento adujo no sentirse bien ante un público -se sospecha- "lobotomizado" con nanorobots, y Thaler, que consiguió sobornar a Tío Hal con la promesa de derogar la impopular -impopular entre los androides- Ley ‘una persona, un androide’. Promesa que Thaler no cumplió una vez en el poder [...] Gracias a lo cual, todo humano sigue teniendo derecho a un androide; no así al revés.(*) Nota de los editores: quizá haga falta recordarle, estimado lector, que dos terceras partes de El Decálogo se las tragó un agujero de gusano provocado.
2. El buen político no toma decisiones importantes sin antes consultarlo con el Comité de cronopolítica. El Comité, como todo el mundo sabe, se encarga de comprobar in situ las consecuencias que tendrán en un futuro relativamente cercano las políticas más inciertas [...] Algunos lo llaman el viaje en el tiempo ‘del pobre’ [...] Conocer lo que pasará si hacemos o dejamos de hacer tal o cual cosa transformará radicalmente nuestra manera de concebir el presente. El progreso científico y moral, dicen hoy los académicos, por fin ha dejado el tacatá en el trastero.
3. El buen político es consciente de sus propias limitaciones. En cuanto su inutilidad alcanza valores máximos, su voz deja de funcionar y su cerebro le impide tomar cualquier decisión política que perjudique al interés general de los ciudadanos [...] Los políticos no tienen por qué implantarse el chip inhibidor, desde luego, pero si no lo hacen, conseguir votantes más allá de unos cuantos androides averiados y humanos nostálgicos se puede convertir en misión imposible.
4. El buen político sabe [1] que muchos animales no humanos también pueden, lejos de lo que se imaginaba...
Este relato, algo retocado hoy, fue enviado al Primer Certamen de Relatos Cortos CyD. Pero no ganó. Que alguien me vengue :o)
Intelectuales tan variados como H.G. Wells, Albert Einstein, Carl Jung, Max Planck, Freeman Dyson y Stephen Jay Gould afirman que la guerra entre la razón y la fe acabó hace mucho. Según ellos, no hay necesidad de que lo que creemos sobre el universo sea coherente. Se puede ser cristiano temeroso de Dios un domingo y científico esforzado la mañana del lunes, sin tener que dar cuentas de la barrera que parece haberse creado en su mente mientras dormía [...] Tal y como ilustrarán los primeros capítulos de este libro, el que pase esto se debe a que la Iglesia occidental ha acabado tan maltrecha políticamente que cualquiera puede permitirse el pensar así. La idea de Gould de un «concordato amistoso» entre la fe y la razón resultaría delirante en lugares donde los intelectuales aún pueden ser lapidados por dudar de la veracidad del Corán [...] El único motivo por el que alguien puede ser «moderado» hoy día en asuntos de fe es porque ha asimilado alguno de los frutos de los últimos dos mil años de pensamiento humano (política democrática, progresos científicos en todos los frentes, preocupación por los derechos humanos, el fin del aislamiento cultural y geográfico, etc.).(*) Sam Harris, El fin de la fe, Paradigma, Madrid, 2007, pp. 16-19, p. 23, 14 y 26.
[...]
Los moderados no quieren matar a nadie en nombre de Dios, pero quieren que sigamos empleando la palabra «Dios» como si supiéramos de lo que hablamos. Y no quieren que se diga nada excesivamente crítico de las personas que de verdad creen en el Dios de sus padres, porque la tolerancia es sagrada, quizá más que cualquier otra cosa. Puestos a hablar con claridad y sinceridad sobre el estado de nuestro mundo, el mero hecho de decir, por ejemplo, que la Biblia y el Corán contienen un montón de tonterías que incitan a destruir la vida resulta antitético a la tolerancia, tal y como la conciben los moderados. Pero ya no podemos permitirnos el lujo de seguir semejante corrección política. Debemos reconocer de una vez por todas cuál es el precio que estamos pagando para mantener la iconografía de nuestra ignorancia.
[...]
Palabras como «Dios» y «Alá» deben seguir el camino de «Apolo» y «Baal», o acabarán con nuestro mundo.
[...]
La fe religiosa supone un mal uso tan intransigente del poder de nuestra mente que es como una especie de perverso agujero negro cultural, con una frontera más allá de la cual se vuelve imposible cualquier discurso racional.
Inicialmente, la especie humana creyó que el planeta era plano, después se supo que no, que era redondo. Después que la tierra era el centro del universo y resultó que no, que da vueltas al sol. Ahora hay que entender que no somos la única especie inteligente y sensible del planeta aunque seamos la más inteligente y la más sensible.
Un profesor vocacional tiene muchas más papeletas para ser un mal profesional que aquel que ha llegado a la docencia movido por intereses más prosaicos: seguridad laboral, tiempo libre, condiciones de trabajo, sueldo fijo...
Ya era hora de declararlo formalmente:Existe una sensibilidad creciente hacia los problemas éticos que plantea nuestra relación con otros seres vivos y en especial con los animales no humanos. Esta nueva visión de las relaciones hombre-animal está alimentada en buena medida por un mayor conocimiento de la biología de las especies implicadas. Los estudios del comportamiento, de las capacidades cognitivas y del sistema nervioso de los animales han puesto de manifiesto una continuidad evolutiva entre el hombre y los restantes animales mucho mayor de lo que sugería la concepción tradicional dominante en nuestra cultura. Una concepción basada en la creencia de la discontinuidad radical, incluso la contraposición, entre el ser humano y el resto de los animales [...] Las tradiciones cambian, y prácticas consideradas aceptables hace apenas unos pocos años actualmente son ilegales o se consideran éticamente inaceptables. Hay innumerables ejemplos de estos cambios en todas las sociedades, incluyendo la española. Ya fuera de consideraciones científicas, la sociedad debería reflexionar sobre si un espectáculo en el que la violencia en vivo forma parte sustancial, por más que haya otros elementos, es un bien cultural a preservar y transmitir a las futuras generaciones. Existe en todo caso una obligación de coherencia que afecta a las instituciones de la sociedad española, y señaladamente a las universidades [...] El maltrato a los animales está reñido con los valores de respeto y admiración por la naturaleza que intentamos transmitir a nuestros estudiantes [...] Por ello, la Facultat de Ciències Biològiques de la Universitat de València manifiesta su posición en contra de las corridas de toros y de otros espectáculos en que se practica el maltrato a los animales y a su consideración como “Bien de interés cultural”, y llama a la Universitat de València y otras Facultades de Biológicas y Veterinaria de toda España a hacer suya esta posición.
Como ya he dicho antes, estoy a favor de la idea de que todo constituye un continuo, de modo que mi opinión es que en efecto las aves poseen algún tipo de sentido artístico; puede que no sea como el nuestro, pero también es muy posible que haya partes del cerebro de las aves que nosotros hemos retenido y que estén interesadas por el arte.
Si hay algo de lo que estamos casi seguros hoy en día es de que tenemos que transformar la educación de nuestros maestros (...) Lo que sí sabemos es que no nos sirven maestros que sólo destilen conocimientos académicos en las mentes de los treinta niños que forman su clase, a veces gritando casi todo el rato (...) La gente se acaba de dar cuenta de que la culpa no es de los estudiantes ni de los padres, ni siquiera del Estado. Realmente, lo que necesita un cambio radical es la formación de los profesores (...) ¿Te parece demasiado radical como postura?
Lo de señalar a los profesores como culpables, usando explícitamente la palabra "culpa", es una iniquidad a la que ni siquiera se atreven muchos pedagogos, y sin embargo este charlatán de feria viene y la lanza a su discurso como cualquier imbécil lanzaría gasolina al fuego.
Las multiparidas que cuenta el sereno comunicador con su aura mística contribuyen a un pseudopensamiento mágico, místico, estúpido, del que estaba rodeada la pedagogía naïf hace muchas décadas.
El señor Punset debería quitarse la máscara de “científico”, es una de las cosas que más me molesta de este individuo, más que la manía que le ha entrado últimamente de decirnos a los profesores cómo debemos hacer nuestro trabajo.
[Las corridas de toros] son un ritual que nos enfrenta a dilemas de la existencia muy profundos, que tienen mucho sentido en pleno 2010, mucha vigencia.
Una nueva verdad científica no triunfa convenciendo a sus adversarios y haciéndoles ver la luz, sino más bien porque sus adversarios mueren y crece una nueva generación que está familiarizada con ella.
Jeremy Rifkin, La civilización empática, Paidós, Barcelona, 2010, p. 456.Los críticos sostienen que la sentimentalización y antropomorfización del vínculo entre humanos y animales no sólo mostraba una imagen incorrecta de otras criaturas, sino que además trivializaba la dura realidad que separaba ambos mundos: era la disneyficación de la naturaleza. ¡Cierto! Pero estos retratos cinematográficos despertaron también la imaginación empática de millones de jóvenes y de adultos para con el sufrimiento de otras criaturas, inaugurando un nuevo ámbito empático para la conciencia humana.
En última instancia y de forma retrospectiva, Disney estuvo más acertado en su retrato de los animales que muchos de los expertos científicos de la época, que creían que los animales eran poco más que mecanismos de estímulo-respuesta, encerrados en patrones de comportamiento instintivo, e incapaces de aprender mediante la experiencia o de experimentar ninguna clase de sentimientos.
El ser humano es el único ser vivo del planeta que es capaz de matar por venganza, por consiguiente, la venganza también es una característica humana que nos diferencia del resto.
Cualquier día, el Corot puede encontrar pruebas del primer planeta similar a la Tierra en el espacio, lo que sería un momento decisivo en la historia de la astronomía. En el futuro la gente quizá sufra un choque existencial al mirar al cielo nocturno y darse cuenta de que hay planetas ahí fuera que pueden albergar vida inteligente. Cuando miremos los cielos en el futuro, nos podríamos preguntar si alguien nos está devolviendo la mirada.Michio Kaku, Física de lo imposible, Random House Mondadori, Barcelona, 2009, p. 173.
Proyectos similares: Terrestrial Planet Finder y Proyecto Espacial Darwin.