28 de febrero de 2011

La Iglesia contra la democracia

Para muestra un botón y tres citas:
Les religions sempre han combatut la llibertat de consciència amb acarnissament perquè la seva força no rau en els arguments. Només mitjançant la força de les armes els nostres avantpassats van arribar a emancipar-se d'una Església que imposava el jou de l'obscurantisme sobre les ments i el morrió de les fogueres per impedir qualsevol forma d'expressió que pogués posar en dubte el seu missatge.
Joan Carles Marset, 'La llibertat de consciència, fonament de la convivència democràtica'.

En cuanto la religión empieza a tener resonancias públicas y políticas, aumenta en forma considerable su poder de causar daño. Cuando nos basamos en un fragmento de uno u otro de los tres libros para explicar lo bien fundado y la legitimidad del crimen perpetrado, la fechoría se vuelve inatacable: ¿podemos ir en contra de la palabra revelada, del dicho de Dios o de la exhortación divina? Pues Dios no habla, excepto con el pueblo judío y con unos cuantos iluminados a los que envía a veces un mensajero, una virgen por ejemplo, pero el clero lo hace hablar con facilidad. Cuando se expresa un miembro de la Iglesia, y cita los pasajes de su libro, oponerse a él es igual que decirle no a Dios en persona. ¿Quién cuenta con suficiente fuerza moral y convicción para rechazar la palabra (de un hombre) de Dios? La teocracia vuelve imposible la democracia. Mejor aún: la sospecha de teocracia impide la existencia misma de la democracia (...) La teocracia encuentra su panacea en la democracia: el poder del pueblo, la soberanía inmanente de los ciudadanos contra el pretendido magisterio de Dios, de hecho, de los que lo invocan...
Michel Onfray, Tratado de ateología, Anagrama, Barcelona, 2006, pp. 184 y 77.

Confluyen en esta obra dos personalidades [Karlheinz Deschner y Horst Herrmann] de vocación ilustradora y del máximo relieve en lo que desde Voltaire, casi constituye un género literario propio: la crítica de la Iglesia y de todo dogmatismo obsesivamente "salvífico". Aparte de un desbordante caudal de conocimientos históricos, ambos autores aportan un desenfado jovial que hace reír pese a la amarga seriedad de un tema que, en último término, tiene que ver con el atenazamiento de las conciencias, con devastadores crímenes históricos y, ¡al tanto!, con una tremenda batalla de fondo contra las ideas nutricias de la democracia.
El anticatecismo: doscientas razones en contra de la Iglesia y a favor del mundo.