22 de julio de 2011

Me tomo un "descanso"

Con vuestro permiso, me voy a tomar un descanso veraniego. Un descanso del blog, no un descanso de vosotros ;-)

Mientras espero hasta finales de septiembre a que me asignen plaza en el Grado de Humanidades (estoy en lista de espera, undécimo lugar, mal asunto), me he propuesto llevar a cabo algunas tareas importantes en lo que queda de verano:
1. Hacerme vegano "del todo" y aprender a cocinar "de verdad". Ahora que mi madre y mi hermano se están implicando más (la charla de Yourofsky ha dejado huella), ya no me queda ninguna excusa para seguir retrasando lo inevitable. En invierno dejé de comer cerdos, vacas, pollos, etcétera, pero seguí comiendo esporádicamente peces, huevos camperos y algo de leche, seguramente por inercia y desidia moral, que es la peor desidia que puede haber. Un grave error por mi parte que pienso subsanar de inmediato. Y la mejor manera de hacerlo es implicarme más en la cocina y preparar yo mismo la comida: olleta alicantina, gazpacho andaluz, espaguetis con setas, salchichas de tofu precocinadas, tortilla de patatas con sustituto de huevo, parrillada de verduras, paella con garbanzos y pimiento rojo, ensalada variada con frutos secos, zumos naturales, postres caseros... ¿Lo conseguiré? Fue a los dieciocho cuando vi por primera vez los vídeos de las granjas industriales y los mataderos. Tengo las imágenes grabadas a fuego. Desde entonces llevo cinco incómodos años de retraso, recluido en mi mundo de las ideas, coherente en la teoría, incoherente en la práctica.

2. Estudiar a fondo la posibilidad de montar con mi hermano un supermercado vegano. La idea es suya. Yo quería montar una librería o algo parecido (haciendo hincapié en temas como: divulgación científica, ciencia-ficción, pensamiento crítico, ética, veganismo, filosofía política, anarquismo, ecología, ateísmo...), pero no sé hasta qué punto la gente demanda más librerías. Lo otro es distinto, es comida y productos de primera necesidad. Por tanto creo que, si lo planificamos al detalle, un establecimiento 100% vegano con una pequeña librería podría tener éxito en Alicante (nuestro modelo a seguir, nuestro ideal, sería Vegania o algo similar). De momento voy a hacer un estudio de mercado, cuando aprenda a hacerlo, y si prospera la idea y se mantiene la ilusión, nos plantearemos dar el siguiente paso, esto es, robar un banco para conseguir la financiación.

3. Hacernos un pequeño huerto en la casa de mi abuelo. Quiero aprender agricultura ecológica, y para eso hacen falta dos cosas que por fortuna tengo: tiempo y tierra.

4. Leer una pila de libros que tengo amontonada desde hace años. Por lo menos 15 libros. Todos ellos relacionados con las Humanidades.

5. ¿? :D

18 de julio de 2011

Hacia el anarquismo

Las sociedades tienen dos círculos de acción distintos: uno, en el que se mueven sin afectar a la vida de sus semejantes; otro en el que no pueden moverse sin afectarla. En el primero, las personas son autónomas, como el hombre y la mujer en su pensamiento y en su conciencia. En el otro, tan heterónomas como el hombre y la mujer en su vida de relación con les demás. La constitución social federalista es necesaria para coordinar estas actividades, coordinar las necesidades de la población, la producción de estas necesidades y su distribución. Una red de cooperativas que mediante elaboración de estadísticas a propósito de las necesidades de la población y de los stocks existentes en artículos de consumo, reúna los datos indispensables para una planificación racional al servicio de las gentes. Probablemente habrá muchas personas que digan que esto es imposible. Sin embargo en la actualidad hay organizaciones anarquistas (salvando las distancias evidentes entre una organización reducida y la organización que sería necesaria para coordinar a millones de personas) que funcionan así.
Juventudes Libertarias de Bilbao (FIJL), 1998, pág. 32.

10 de julio de 2011

El mono desnudo (II)

Las normas básicas de comportamiento establecidas en nuestros primeros tiempos de monos cazadores siguen manifestándose en todos nuestros asuntos, por muy elevados que sean. Si la organización de nuestras actividades terrestres -alimentación, miedo, agresión, sexo, cuidados paternales- se hubiesen producido únicamente por medios culturales, no cabe duda de que actualmente la controlaríamos mejor y podríamos desviarla en uno u otro sentido, adaptándola a las crecientes y extraordinarias exigencias de nuestros avances tecnológicos. Pero no hemos hecho nada de esto. Hemos inclinado reiteradamente la cabeza ante nuestra naturaleza animal y admitido tácitamente la existencia de la bestia compleja que se agita en nuestro interior. Si somos sinceros, tendremos que confesar que se necesitarán millones de años, y el mismo proceso genético de selección natural que la originó, para cambiarla. Mientras tanto, nuestras civilizaciones, increíblemente complicadas, podrán prosperar únicamente si las orientamos de manera que no choquen con nuestras básicas exigencias animales, ni tiendan a suprimirlas.

Desmond Morris, El mono desnudo, Random House Mondadori, Barcelona, 1968, pág. 43.

El reto, en mi opinión, consiste en saber diferenciar lo que son nuestras "básicas exigencias animales" de lo que no lo son. Es muy fácil afirmar que tenemos una naturaleza animal inalterable a corto plazo. Lo difícil es demostrar qué ideas/comportamientos nos acompañarán a lo largo de nuestra vida media de 80 años y qué ideas/comportamientos no lo harán necesariamente.

¡Pobre naturaleza humana! ¡Qué crímenes horribles han sido cometidos en tu nombre! Todo tonto, desde el rey hasta el policía, desde la persona más cabezota hasta el ignorante sin visión de la ciencia, presume hablar con autoridad de la naturaleza humana. Mientras mayor sea el charlatán mental, más definitiva será su insistencia en la iniquidad y debilidad de la naturaleza humana.


El relativismo moral, hasta donde yo sé, es falso. Lo mismo cabe decir de la llamada "tabla rasa". Existe una naturaleza animal básica y universal que ninguna cultura puede cambiar. En la vida de un ser humano, independientemente de la educación que haya recibido, nunca habrá nada más importante que: 1) sus hijos y su pareja, si los tiene; 2) vivir, si no padece un dolor crónico; 3) reproducirse y expandirse por el territorio, si los medios y los recursos finitos de este u otro planeta se lo permiten; 4) convivir con otros animales, preferentemente humanos; 5) su sentido de la moral y la necesidad de compartirlo con los demás; 6) experimentar el goce; 7) disfrutar de la comida, tradicional o vegana; 8) sentirse libre; 9) amar; 10) preguntarse el porqué de las cosas; 11) ...

En principio, todo aquello que no pongamos en esa lista, que es muchísimo, es lo que la cultura y el paso del tiempo pueden cambiar. Por ejemplo, estamos determinados para amar y sentir compasión, pero no para odiar o dominar. El odio o la dominación son la suma de una predisposición genética más el contexto social. Por tanto, pueden evitarse ya que no son una necesidad vital. El amor, en cambio, siempre es necesario, siempre lo buscamos.

Si aceptamos (...) que existe una cosa tal como la «condición humana» (...) que en tanto que es «existencia humana» presenta ciertas características y propensiones, como buscar el goce y la libertad, la ilustración, el saber, el conocimiento, el bienestar físico, psíquico y mental, etc.; si pensamos que todos los seres humanos poseemos un mínimo de sensibilidad y razonabilidad compartida, no nos será excesivamente difícil, o al menos no será imposible, aunque sí trabajoso, diseñar unas líneas, flexibles y un tanto vagas, pero que delimiten los sueños equivocados y equívocos de «relativismo» y tolerancia desenfrenada en materia moral.

5 de julio de 2011

El mono desnudo (I)

Conviene reiterar aquí que no nos interesan, en este libro, las explosiones culturales masivas que siguieron y de las que hoy en día se siente tan orgulloso el mono desnudo; el dramático progreso que le condujo, en solo medio millón de años, desde el encendido de una fogata hasta la construcción de vehículos espaciales. Es una historia emocionante, pero el mono desnudo corre el peligro de quedar deslumbrado por ella y olvidar que, debajo de su pulida superficie, sigue teniendo mucho de primate. («Aunque la mona se vista de seda, mona se queda.») Incluso el mono espacial tiene que orinar.
Desmond Morris, El mono desnudo, Random House Mondadori, Barcelona, 1968, pág. 24.

Relacionado:
- A tu sitio, humano.
- Monos, al fin y al cabo.