No son pocos los que, como
Juan Antonio, opinan que:
El espíritu oriental, menos venerador del Logos y su articulación necesaria, no ha dado ni podría haber dado un Bach o un Beethoven, un Kant o un Platón, un Tomás de Aquino o un Hans Urs von Balthasar, un Newton o un Einstein. Lo que ha dado, en su lugar, es un bello espíritu ensimismado y repetitivo, que tiende al anonadamiento más que a la lucidez.
Como muchos de vosotros ya sabréis (
1,
2,
3,
4), personalmente estoy algo más dividido e indeciso. Digamos que me muestro más escéptico, o más en guardia, respecto a lo que podríamos llamar (si es que tal cosa existe) un
occidentalismo filosófico o reduccionismo a secas
. Lo que yo busco y espero encontrar es una integración entre lo que hemos venido en llamar
filosofía occidental y
filosofía oriental. En otras palabras, localizar con ecuanimidad lo mejor de cada una. Hasta qué punto es posible una tarea como esa lo desconozco. Pero la emprendo con ganas y con mucha, mucha
curiosidad ;)
El tantra es un tema enorme, y creo que la mayor parte de él es nada más que tontería y superstición... no vale la pena molestarse. Pero tiene un núcleo central de sensatez. Si uno es tantrista, no renuncia al mundo ni niega su valor; no trata de huir a un nirvana alejado de la vida, como lo hacen los monjes de la escuela del sur. No, acepta el mundo y lo usa; utiliza todo lo que hace, todo lo que le sucede, todas las cosas que ve y oye y gusta y toca, como otros tantos medios para su liberación de la cárcel del yo. (...) Y otra cosa más (...), ésa es la diferencia entre la filosofía de ustedes y la nuestra. Los filósofos occidentales, incluso los mejores... no son nada más que buenos conversadores. Los filósofos orientales son a menudo malos conversadores, pero eso no tiene importancia. No se trata de hablar. Su filosofía es pragmática y operativa. Como la filosofía de la física moderna... aparte de que las operaciones en cuestión son psicológicas y los resultados trascendentales. Sus metafísicos hacen afirmaciones sobre la naturaleza del hombre y el universo, pero no ofrecen al lector manera alguna de comprobar la veracidad de dichas afirmaciones. Cuando nosotros hacemos afirmaciones, les agregamos una lista de operaciones que pueden usarse para poner a prueba la validez de lo que hemos dicho. Por ejemplo, Tat tvam asi, «eres Eso»... el corazón de toda nuestra filosofía. (...) Parece una proposición de metafísica, pero en realidad se refiere a una experiencia psicológica, y las operaciones por medio de las cuales es posible vivir la experiencia son descritas por nuestros filósofos, de modo que cualquiera que esté dispuesto a ejecutar las operaciones necesarias puede verificar por sí mismo la validez de Tat tvam asi . Las operaciones se denominan yoga, o dhyana, o zen... o, en circunstancias especiales, maithuna.
Aldous Huxley,
La isla, Edhasa, Barcelona, 1986 (1977), págs. 146-147.