4 de noviembre de 2011

Por una síntesis del pensamiento filosófico

No son pocos los que, como Juan Antonio, opinan que:
El espíritu oriental, menos venerador del Logos y su articulación necesaria, no ha dado ni podría haber dado un Bach o un Beethoven, un Kant o un Platón, un Tomás de Aquino o un Hans Urs von Balthasar, un Newton o un Einstein. Lo que ha dado, en su lugar, es un bello espíritu ensimismado y repetitivo, que tiende al anonadamiento más que a la lucidez.
Como muchos de vosotros ya sabréis (1, 2, 3, 4), personalmente estoy algo más dividido e indeciso. Digamos que me muestro más escéptico, o más en guardia, respecto a lo que podríamos llamar (si es que tal cosa existe) un occidentalismo filosófico o reduccionismo a secas. Lo que yo busco y espero encontrar es una integración entre lo que hemos venido en llamar filosofía occidental y filosofía oriental. En otras palabras, localizar con ecuanimidad lo mejor de cada una. Hasta qué punto es posible una tarea como esa lo desconozco. Pero la emprendo con ganas y con mucha, mucha curiosidad ;)
El tantra es un tema enorme, y creo que la mayor parte de él es nada más que tontería y superstición... no vale la pena molestarse. Pero tiene un núcleo central de sensatez. Si uno es tantrista, no renuncia al mundo ni niega su valor; no trata de huir a un nirvana alejado de la vida, como lo hacen los monjes de la escuela del sur. No, acepta el mundo y lo usa; utiliza todo lo que hace, todo lo que le sucede, todas las cosas que ve y oye y gusta y toca, como otros tantos medios para su liberación de la cárcel del yo. (...) Y otra cosa más (...), ésa es la diferencia entre la filosofía de ustedes y la nuestra. Los filósofos occidentales, incluso los mejores... no son nada más que buenos conversadores. Los filósofos orientales son a menudo malos conversadores, pero eso no tiene importancia. No se trata de hablar. Su filosofía es pragmática y operativa. Como la filosofía de la física moderna... aparte de que las operaciones en cuestión son psicológicas y los resultados trascendentales. Sus metafísicos hacen afirmaciones sobre la naturaleza del hombre y el universo, pero no ofrecen al lector manera alguna de comprobar la veracidad de dichas afirmaciones. Cuando nosotros hacemos afirmaciones, les agregamos una lista de operaciones que pueden usarse para poner a prueba la validez de lo que hemos dicho. Por ejemplo, Tat tvam asi, «eres Eso»... el corazón de toda nuestra filosofía. (...) Parece una proposición de metafísica, pero en realidad se refiere a una experiencia psicológica, y las operaciones por medio de las cuales es posible vivir la experiencia son descritas por nuestros filósofos, de modo que cualquiera que esté dispuesto a ejecutar las operaciones necesarias puede verificar por sí mismo la validez de Tat tvam asi . Las operaciones se denominan yoga, o dhyana, o zen... o, en circunstancias especiales, maithuna.
Aldous Huxley, La isla, Edhasa, Barcelona, 1986 (1977), págs. 146-147.

1 de noviembre de 2011

Por una salida de la crisis... realista

El tipo de desarrollo en el cual creemos y que buscamos, supone un humanismo ecológico integral. Ninguno de los sistemas actuales lo proporciona, ni tiene la capacidad de corregirse a sí mismo (para poder proporcionarlo) sin perder su identidad. Y, puesto que no creo que ninguno de los sistemas actuales pretenda auto-eliminarse, he dejado de creer en el valor de cualquier medida correctiva. Ya no se trata de corregir lo existente, esa oportunidad se perdió hace mucho tiempo. Ya no se trata de agregar nuevas variables a los antiguos modelos mecanicistas. Se trata de rehacer muchas cosas partiendo de cero y de concebir posibilidades radicalmente diferentes. Se trata de comprender que si el papel de los humanos es el de establecer los valores, el papel de la naturaleza es el de establecer las reglas. El asunto radica en pasar de la mera explotación de la naturaleza y de los más pobres del mundo, a una integración e interdependencia creativas y orgánicas. Se trata de llevar los sectores «invisibles» a la primera plana de la vida y permitirles que finalmente se manifiesten y «hagan lo suyo». Se trata de una redistribución drástica del poder, por medio de la organización comunal horizontal. Se trata de pasar de un gigantismo destructivo a una pequeñez creativa. Semejante sociedad eutópica que concibo inspirada en una filosofía política que yo identificaría (sólo para darle un nombre) como un «eco-anarquismo-humanista», consolida según mi criterio, muchas de las posibilidades para una adecuada solución del problema. Pero no puede haber nada definitivo ni permanente, incluso en este intento, porque frente a nosotros se extiende un futuro, más allá del futuro imaginable, que nos puede colocar frente a nuevas encrucijadas que nos obliguen a repensarlo y reconstruirlo todo de nuevo una vez más. (...) Debo declarar simplemente que no creo en ningún tipo de solución permanente. Todos los milenarismos han causado estragos. Mi proposición sólo se orienta a las condiciones actuales: la flexibilidad a largo plazo y la voluntad de cambios van implícitas en mi filosofía.
Manfred Max-Neef, La economía descalza, 1982, pág. 63.


Algunas aclaraciones personales:
1) Un «eco-anarquismo-humanista» está muy bien, pero yo cambiaría "humanista" por una palabra más inclusiva, como "vegano" o "ético".

2) La utilización del término "realista" en el título de este post merece cuando menos una pequeña explicación. Estamos acostumbrados a diferenciar entre propuestas realistas en un sentido positivo, como estas, y propuestas utópicas en un sentido negativo, como aquellas que requieren la consecución de un mayor número de pasos conceptuales y personales para ser llevadas a cabo. Pero si ser realista significa "actuar con sentido práctico o tratar de ajustarse a la realidad", entonces lo verdaderamente realista no puede ser un sistema basado esencialmente en la sobreexplotación de los recursos, la mengua de la participación política y la dominación de unos seres sobre otros. Tal modo de vida va en contra de nuestras «necesidades fundamentales» como especie (págs. 237-238). ¿Veis, pues, que lo realista, lo práctico, se ha vuelto sinónimo de conservador en nuestro lenguaje? Es hora de que lo utópico, lo deseable, se vuelva sinónimo de realista.
"El mundo real es lo que es más las posibilidades de lo que puede llegar a ser." (Jorge Riechmann).