8 de febrero de 2014

La permacultura como boicot al sistema



David Holmgren, diciembre de 2013:
"Como muchos otros, sostengo que la creación de economías familiares y comunitarias desde abajo, que ya están proliferando a la sombra de la economía global, puede generar y sostener diferentes modos de bienestar que, a su vez, pueden compensar, al menos parcialmente, la contracción inevitable de las economías centralizadas dependientes de los combustibles fósiles (y que ahora están fracasando claramente a la hora de garantizar el contrato social en países como Grecia y Egipto). Cuando la economía oficial de la Unión Soviética colapsó a principios de los 90, fue la economía informal la que amortiguó el impacto social. En ese sentido, las estrategias permaculturales se centran en la provisión de las necesidades básicas a nivel familiar y comunitario para aumentar nuestra resiliencia, reducir nuestra huella ecológica y ayudarnos a sobrellevar la contracción de la economía sobrante. (…) La permacultura, los movimientos de transición y la simplicidad voluntaria siempre han conllevado el empoderamiento de las personas y de la comunidad, la preocupación moral por los demás y la recuperación de la naturaleza. Estas motivaciones siguen siendo válidas a día de hoy, pero si de verdad nos estamos dirigiendo a un futuro tecno-contaminante, entonces no solo es urgente llevar a cabo una acción más radical para construir sistemas paralelos y desconectarnos de la corriente principal cada vez más centralizada y destructiva, sino que también es una necesidad ética y lógica, tanto si con ello contribuimos al colapso financiero como si no. En Escenarios futuros describí la política de un mundo tecno-contaminante como la de los ‘estados fascistas’, donde la desigualdad entre los que más tienen y los que menos tienen aumenta, y donde la tensión entre los activistas que trabajan dentro del sistema ayudando a los excluidos y los activistas que luchan por la autonomía se vuelve cada vez más extrema. (…) Los movimientos de masas para conseguir que los gobiernos realicen cambios han ido perdiendo eficacia durante décadas, mientras que un movimiento igualmente de masas que abogue por el decrecimiento parece un caso perdido. Asimismo, los boicots a determinados gobiernos, compañías y productos simplemente derivan los problemas hacia nuevas formas de consumo. Por tanto, pienso que la creación activa y paralela de economías locales y familiares principalmente no monetarias tiene el potencial de servir como un intenso boicot sistémico a los sistemas centralizados, y podría conducir a una contracción de las economías centralizadas superior al 5%."
Nota: los links que aparecen a lo largo del texto los he añadido yo.
Holmgren, David. 2013. Crash on demand: welcome to the brown tech future, Simplicity Institute, págs. 8, 18 y 22 [PDF en línea].

2 comentarios:

Camino a Gaia dijo...

En mi opinión la palabra boicot es bastante exagerada. Lo que está ocurriendo es que cuando la desintegración del sistema nos va llegando de forma natural (el ser humano es un ser social) se reconstruyen las estructuras sociales, incluidas las productivas, a una escalas mas reducidas.
Un saludo

Hugo dijo...

La verdad es que hay muchos nombres posibles para hablar de un mismo fenómeno. Lo importante son las acciones que se derivan de esos nombres, por supuesto. Y en ese sentido, ir construyendo "desde abajo" un sistema paralelo es la acción principal que, también a mi juicio, es preciso ir poniendo cada vez más en práctica. Takis Fotopoulos, el de la "democracia inclusiva", también apunta en esa dirección.

Un saludo, Camino. Me alegro de que te haya interesado el post ;)

PD. A ver si sigo con la racha y publico una entrada todas las semanas. He dejado bastante de lado el libro para ponerme al día con esto del pico del petróleo y el cambio climático :D