2 de marzo de 2014

Urbanofobia: las ciudades nos impiden ver el bosque

Metrópolis (1916) de George Grosz

Una vez más, todo lo que sé sobre la ciudad está en estas páginas que hoy vuelvo a poner a vuestra disposición (originalmente forman parte del borrador de mi libro). Como creo que todo en pequeñas dosis llama más la atención y se digiere mejor (el sancta sanctorum del bloguero), he pensado que otra manera de divulgar el borrador es presentar por separado algunos de sus apartados más interesantes y apremiantes, elección bastante subjetiva, o cuando menos los más trabajados, elección algo más objetiva (es decir, en función del número de páginas, je...). Además, el solo hecho de volver a publicarlos en otro formato me va a servir para pulir y ampliar los originales. Una de las carencias más importantes del libro es la ausencia relativa de texto propio. Mucha cita interesante pero poca reflexión por mi parte.

En fin, espero haber llamado vuestra atención con un título tan poco ortodoxo como ese (je... pero más cierto de lo que puede parecer a priori) y espero también que el contenido cumpla medianamente las expectativas del lector y de la lectora más exigentes. Lo tenéis tanto en Dropbox como en Scribd:

12 comentarios:

Mabel B. Granata. dijo...

Muy interesante el tema que has elegido. Y me concentraré en los pequeños grupos (o pequeñas comunidades rurales)Dices:
"Por lo tanto, la estrategia que podría tener mayores probabilidades de acierto sería crear o repoblar alrededor de las ciudades, a mayor o menor distancia, pequeñas comunidades rurales"
...............
Un poco yéndome por las ramas (pero del mismo árbol) me centro, en este momento, en los “grupos pequeños”, que según dicen los expertos son los que triunfaron a lo largo de la historia de la humanidad. Anthony Jay, en su libro “el hombre de empresa” (de los años 80) expresa que todas las organizaciones surgen de pequeños grupos. El más famoso “el grupo de los diez” que al parecer, es el número ideal. Este estudio aplicado a las pequeñas comunidades rurales, creo que puede tomarse como algo muy positivo y, además, relevante. Las grandes ciudades devoran a los pueblos y a sus habitantes y los robotizan..... Un abrazo, Hugo ! :))

Hugo dijo...

Tu comentario es muy oportuno y complementario. En ese texto digo que una comunidad de unas 100-200 personas sería lo ideal a partir de los datos y las experiencias de que dispongo, pero no comento (y ahora que lo dices, debería) cuál es el número ideal de personas impulsoras de un proyecto como ese. Y muy probablemente esté cerca del 10. Los que tienen cierta experiencia en crear proyectos del tipo que algunos defendemos, como cooperativas de consumo ecológico, movimientos de transición, ecoaldeas, etc., cuentan que siempre son los pequeños grupos de personas (a veces cuatro o cinco personas) los que sacan adelante dichos proyectos. Después, evidentemente, el grupo se va ampliando y el pequeño grupo inicial va perdiendo poder en favor de la asamblea, aunque cierto poder relacionado con el carisma y con la autoridad ideológica siempre queda.

El motivo parece evidente: aunque haya cientos o miles de personas con proyectos de futuro similares, al principio no pueden reunirse todas a la vez, entre otras cosas porque todavía no se conocen, por lo que son solamente unos pocos emprendedores (muchas veces amigos desde hace tiempo, o incluso familiares) los encargados de encender la llama ;)

Si encuentro alguna cita al respecto de lo que dices, la añadiré, aunque parece ser que el libro es antiguo y no hay mucha información en Internet. Seguiré indagando.

Muchas gracias, Mabel. Y un abrazo.

Mabel B. Granata. dijo...

Según tengo entendido, por otros libros que leí al respecto de este tema, los hombres de las cavernas, salían a cazar en grupos de 7. Eran 7 hombres jóvenes, fuertes y sanos que sabían lo que tenían que hacer. Las mujeres, niños, ancianos, enfermos y los inexpertos, que era la gran mayoría, se quedaba en las cuevas esperando.
Por eso, en una de las entradas de mi blog recuerdo haber puesto un día, al respecto de los pequeños grupos, que por qué no harán lo mismo en los congresos y parlamentos... que es un revuelto total y tardan un mogollón de tiempo para entenderse (y a veces, ni eso)
Un abrazo, Hugo. (¿recibiste mi correo de carnaval?)

Hugo dijo...

Recibí tu correo, sí. Je, je... ;)

En grupos de siete, hmm... ese número es muy bíblico, por cierto. Al final me voy a hacer numerólogo, ya verás :P

Un abrazo, Mabel. A pasarlo bien.

Mabel B. Granata. dijo...

Me encanta la numerología... es mística... Hasta mañana Hugo, que descanses.

Hugo dijo...

'(^_^)'

Camino a Gaia dijo...

Curiosamente vivo en una aldea donde el número de habitantes ronda o ha rondado, el famoso número 150. Pero influyen mas cosas, recursos, grado de autosuficiencia, herencia política (recordemos la dictadura) y en los tiempos actuales, sobre todo la televisión. En mi opinión no conviene idealizar en exceso algunos tipos de variables en la convivencia social. De todas formas no me cabe duda de que el tamaño es muy importante. Conocer a las personas con las que convives permite que no sea necesario un gran entramado burocrático. La palabra, por ejemplo, puede servir para formalizar contratos, sin mayores requisitos. Si alguien incumple, toda la comunidad lo sabrá y así te ahorras el alguacil.
Un saludo

Hugo dijo...

Sin duda una comunidad de 150 personas puede ser perfectamente menos convivencial que una de 1500 o una de 15000. No tengo experiencia directa, aún, pero he leído historias y relatos de comunidades pequeñas muy poco aconsejables, je... (me viene a la mente una de cazadores-recolectores muy violentos, aunque ahora no me acuerdo del nombre). Uno de los inconvenientes más frecuentes es el grado de homogeneidad cultural. Cuanto más pequeño es el grupo, se tiende a tolerar menos la diferencia. Esa barrera natural es buena si el nuevo hábito que se quiere incorporar a la comunidad es malo (por ejemplo la televisión, en mi opinión), pero es mala si no permite incorporar nuevos hábitos beneficiosos (la permacultura, por ejemplo).

Por tanto, haces muy bien en recordar que "no conviene idealizar". Para mí el tamaño (más o menos flexible) es condición necesaria, pero nunca suficiente.

Un saludo y gracias por pasarte, Camino ;)

PD. Algún día me tienes que decir el nombre de tu aldea (en privado, si quieres). Por curiosidad, más que nada, je... ;)

Camino a Gaia dijo...

Puedes encontrar alguna foto por aquí:
http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Bienvenidos_a_Venta_del_Charco.jpg?uselang=es
Un saludo

Hugo dijo...

¡Gracias! Ahora voy a entretenerme un rato con Google Maps, con el zoom y esas cosas :P

Mónica dijo...

Me encanta que sigas con tu libro dedicándole tiempo y muchísimo esfuerzo. Se nota que hay una motivación increíble. Sólo así se consiguen cosas buenas :)

Un besote!!

Hugo dijo...

Muchas gracias, Mónica! Así sí que se motiva uno ;)

Si con este "trabajo" consigo poner mi granito de arena en este mundo y obtener el reconocimiento de quienes más me importan, se puede decir que habré alcanzado exitosamente mi estado de gracia particular :P

Un abrazo.

PD. Me alegra verte tan bien encaminada, con el blog, el trabajo y todo lo demás.