31 de agosto de 2014

El pesimismo puede reducir la aflicción


El pesimismo bien utilizado reduce el sufrimiento y la frustración, nos hace personas más realistas y no promueve necesariamente la inacción o la indiferencia (¡o eso prefiero creer!). Con el auge de los medios de tele-comunicación, el número de noticias, imágenes y vídeos que nos hacen sufrir a diario y a distancia han aumentado considerablemente, y sin embargo nuestro cerebro es el mismo de siempre. Antes sufríamos cuando alguien a nuestro lado sufría y, salvo casos contados, podíamos ayudarle o bien a salir de su problema o bien a acompañarle en sus últimos días si la muerte era inevitable. Esto fue así durante el 99% de nuestra historia. Hoy en día, sin embargo, a ese sufrimiento ancestral -hasta cierto punto compensado por el alivio de haber podido ayudar- hay que sumarle el sufrimiento que experimentamos todos los días a través de los medios de comunicación de masas sin apenas compensación alguna, pues por mucho que hagamos, donemos, critiquemos o nos quejemos delante de la pantalla las bombas seguirán cayendo y a cada cerdo le seguirá llegando su San Martín. Por lo tanto, es legítimo preguntarse si nuestra mente está preparada para ese nuevo cambio, para esa nueva impotencia, y si lo está, cabe saber qué podemos hacer para que lo afronte con la mayor serenidad posible sin renunciar al mismo tiempo a nuestra compasión y vocación de ayudar. 


Si a una persona, por ejemplo, lo que más le preocupa en el mundo es el hambre crónica, tragedia humana que por su novedad evolutiva muchos todavía no sabemos cómo encajar, yo le recomendaría que hiciese algo concreto para ayudar a personas concretas, no limitándose a firmar manifiestos por Internet que se cobran un alto precio en alienación; que se centrase más en lo que puede hacer por ellas y no tanto en criticar la incapacidad del mundo y de la política a la hora de solucionar el problema del hambre, pues el mundo y la política son entidades tan grandes que siempre escaparán a nuestro control directo como individuos y por lo tanto tenderán a agravar nuestra frustración al ver que, siglo tras siglo, no cumplen sus promesas. Se dice que el hambre es un problema de distribución, no de producción, puesto que hay comida de sobra en el mundo, dando a entender que lo más difícil ya se ha conseguido, pero justamente la distribución es el verdadero problema, siempre lo ha sido, sobre todo en un mundo tan amplio y, por ende, dividido como el nuestro. La historia y el pesimismo bien dirigido, o macropesimismo -pesimismo en lo grande-, nos ayudan a entender que el mal total no solo no desaparece sino que aumenta con el tiempo (de hecho, se prevé que en algún momento de este siglo el hambre afecte a un número mucho mayor de personas), pero el mal concreto, para el que ha evolucionado especialmente nuestro cerebro, está en nuestra mano y por lo tanto no tiene por qué aumentar. 

Lo mismo cabe decir si lo que más nos preocupa es el cambio climático, las guerras, el pico del petróleo, la pérdida de biodiversidad, la exclusión social, la esclavitud animal, la dominación de unos sobre otros o todo a la vez. Pongámonos metas difíciles que nos hagan superarnos a nosotros mismos y nos encaminen en la dirección que deseamos, pero no tan difíciles que resulten irrealizables y nos hundan en la apatía, o peor aún, en la depresión. En mi caso, desde hace un par de años me he propuesto la meta de ir a la raíz común de todos esos problemas, de ahí que dedique la mayor parte de mi tiempo a analizar sus causas últimas (la civilización, por ejemplo) y a poner mis escritos a vuestra disposición, por si os sirven de ayuda a la vez que me sirven a mí para seguir evolucionando, porque considero que una buena práctica a largo plazo solo es posible partiendo de una buena teoría, pero entiendo que haya personas que se centren en aspectos más urgentes y prácticos de la realidad, como participar en un movimiento social contra los desahucios, colaborar con una ONG, plantar huertos en su comunidad o ser voluntario en una ecoaldea. Supongo que ambos tipos de aproximación al cambio, complementarios hasta cierto punto, son igual de valiosos y que el hacer hincapié en uno u otro dependerá en última instancia de nuestras distintas circunstancias e inquietudes personales. Las ONG y demás organizaciones no son la solución a largo plazo, ya que por definición son parches que el Sistema se pone a sí mismo y no modelos de convivencia a seguir, al dividir a las personas y a sus comunidades de origen en proyectos y causas diferentes, pero a nivel individual sin duda sirven como mecanismos de compensación para muchas personas especialmente empáticas que no podrían ponerse a escribir un libro mientras otras aún no pueden ni jugar.

Mi propia estrategia de compensación es como el viejo lema aquel de piensa globalmente, actúa localmente (a nivel interior, a nivel familiar y a ser posible también a nivel comunitario), de dentro hacia afuera, pero comprendo que haya personas fuertemente implicadas ayudando fuera de sus localidades e incluso de sus países de origen, ayudando a que otras personas puedan por lo menos comer o soportar mejor la enfermedad. Lo único que les recomiendo a todas ellas, elijan lo que elijan, es que pongan sus esperanzas donde no se las pueda llevar el viento. Esperar está bien cuando las expectativas se basan en un análisis realista de los acontecimientos, porque de lo contrario, quien mal espera, tarde o temprano desespera. Lo digo por experiencia :P

4 comentarios:

Mabel B. Granata dijo...

"yo le recomendaría que hiciese algo concreto para ayudar a personas concretas, no limitándose a firmar manifiestos por Internet que se cobran un alto precio en alienación" bueno Hugo, con respecto a eso, personalmente ayudo a personas concretas de mi entorno, en donde las veo, hasta donde alcanza mi vista. El firmar manifiestos en Internet, es de gran ayuda también porque es un clamor público y mundial que la mayoría de las veces es exitoso. Pero es una hermosa manera de concientizar a la gente que se va uniendo cada vez más.
Escuché una vez y me quedó grabado:
"El optimista siempre tiene un plan de acción, el pesimista una excusa" Aunque, estoy segura que no es tu caso.
Pero algo que dijo Helen Keller (nacida ciega, sordomuda) me llena de felicidad:
"Ningún pesimista ha descubierto nunca el secreto de las estrellas, o navegado hacia una tierra sin descubrir, o abierto una nueva esperanza en el corazón humano"
Helen Keller (1880-1968) Escritora y conferenciante estadounidense.
Personalmente no creo en los"peces de colores"(como se dice por aquí) ni en los Reyes Magos, mi optimismo se basa en que vivo mi vida con positivismo y tenacidad. Eso me da fuerzas para seguir mi camino "IN MY WAY" siempre tratando de ver al que está en mi entorno, al necesitado, que estando en el Planeta Tierra, ya es MI ENTORNO. (como en la Teoría de los Juegos de John Nash... Un abrazo OPTIMISTICAMENTE POSITIVO ..: JAJA. :))

Hugo dijo...

Lo has dado todo en este comentario, y me gusta :D

Solo esperemos que el pesimismo que yo defiendo sea compatible con las dos citas que me has regalado. Espero refutar a Keller con el ejemplo, y tú que lo veas:P

Un fuerte abrazo, Mabel. Gracias por estar ahí, tan lejos y a la vez tan cerca.

Camino a Gaia dijo...

Hay un tiempo para todo y todas las personas disponemos de un tiempo. Creo que el modo mas satisfactorio de afrontar el humanitarismo es como una satisfacción personal. A veces la felicidad que podemos sentir depende de nuestra capacidad para reparar la ajena.
Un saludo

Hugo dijo...

Sabias palabras, Camino ;o)

Un abrazo.