12 de agosto de 2014

Por qué soy pesimista (I)

Accelerated Crash Course (2014), Chris Martenson

Como determinista más que indeterminista, tiendo a creer que las ideas (o memes) de autogestión, autolimitación y verdad, comparadas con las ideas de voto, consumo y nihilismo, se reproducen más difícilmente en un entorno social como el nuestro, un entorno basado en estructuras sociales como la ciudad, el Estado y el sistema de mercado que, al menos en términos estadísticos, nos alienan de nosotros mismos y de la naturaleza, nos impiden gestionar nuestras propias vidas y nos inducen, antes que a la reflexión, al consumo de viejas y nuevas drogas como válvula de escape. No obstante, que un objetivo o un ideal sea difícil, improbable o incluso imposible de llevar a la práctica no significa que no deba intentarse en algún grado. Por ejemplo, que la muerte individual sea inevitable ni la justifica ni nos impide intentar retrasarla. En el caso que nos ocupa, el colapso societal se está desarrollando ante nuestros ojos lo queramos o no. Podemos emplear nuestro tiempo, esfuerzo e inteligencia en tratar de evitarlo o en tratar de mitigarlo. Yo he elegido lo segundo.

Para cambiar deliberadamente y a mejor las estructuras sociales que nos conducen a ello, primero han de cambiarse las ideas individuales, pero esto último, si mi interpretación de la historia no es errónea, solo es posible a pequeña escala y a corto y medio plazo. Las estructuras cambiarán a largo plazo y muchas de ellas desaparecerán, pero no por la «voluntad general» ni por el poder de la razón humana, sino por causas culturales y naturales que sobrepasan nuestro poder como individuos limitados. Si creyera en algún dios, creería en ese; si me sometiera a alguna verdad, me sometería a esa.
Hay una muy buena razón por la que el concepto de sumisión está en el centro de todas las filosofías sagradas del mundo. A diferencia de la interpretación occidental –“aceptar la derrota”-, el otro uso de la palabra sumisión simplemente nos pide que aceptemos que hay ciertas cosas que no se pueden llevar a cabo. En ese sentido, si nos sometemos a la verdad de nuestra realidad, nos liberaremos repentinamente de nuestro apego por lo imposible, y entonces seremos más libres de hacer todo lo posible por aquellas cosas que sí pueden llevarse a cabo.

Es común afirmar, como hiciera el anarquista Rudolf Rocker, que "el hombre puede conocer las leyes cósmicas lo más cabalmente que quiera, pero no las podrá modificar nunca, pues no son obra suya. Pero toda forma de su existencia social, toda institución social que le haya dejado el pasado como herencia de lejanos abuelos, es obra humana y puede ser transformada por la voluntad y la acción humanas". Sin embargo, el que algo sea producto de la acción humana en general no significa necesariamente que pueda transformarse simplemente por la voluntad de humanos particulares. La diferencia entre lo natural y lo social en cuanto a su gobernabilidad no es tanta como le gustaría creer a nuestro ego. Es cierto que, en primer lugar, la acracia es cuestión de voluntad, pero ¿por qué dicha voluntad nunca se ha popularizado en los 5000 años que lleva la civilización en sus distintas formas (teocracia, aristocracia, oligocracia, autocracia, «democracia», etc.)? Como ocurre con los objetos astronómicos y con los organismos de la naturaleza, para que una idea como el amor a la libertad se generalice y se integre en nuestra cultura se tienen que dar muchos requisitos extraordinarios a lo largo de generaciones, lo cual hace que su éxito a gran escala sea poco probable y, por lo tanto, que no dependa únicamente ni tan siquiera principalmente de nuestros efímeros deseos. En un mundo de siete mil millones de telépatas bondadosos tal vez fuera posible armonizar nuestros pensamientos y coordinar nuestras acciones, pero para bien o para mal no vivimos en ese mundo.

Podemos negar lo que se dice en este post, yo lo he hecho durante veinticinco años, la mayor parte de ellos inconscientemente, pero tal vez no sea una buena idea. El conocimiento ético y metafísico sigue siendo muy valioso para mí, pero sin los aportes de las ciencias sociales y de las ciencias naturales nuestros actos y pensamientos pueden devenir fácilmente en mero voluntarismo. Y aunque el voluntarismo y el pensamiento mágico se basen en buenas intenciones, eso no los convierte en buenos. El bien sin verdad es un bien a medias.

4 comentarios:

Mabel B. Granata dijo...

"Las estructuras cambiarán a largo plazo y muchas de ellas desaparecerán, pero no por la «voluntad general» ni por el poder de la razón humana, sino por causas culturales y naturales que sobrepasan nuestro poder como individuos limitados" ES LA UNICA MANERA DE QUE CAMBIEN CON BASES FIRMES. COMO LAS VERDADERAS REVOLUCIONES SOCIALES... que se generan por causas naturales y culturales. Revolución no es igual a guerras o toma de estados por la fuerza. Las bases de los cambios deben caer por decantación natural de los pueblos.
Dices:" que un objetivo o un ideal sea difícil, improbable o incluso imposible de llevar a la práctica no significa que no deba intentarse" Eso, Hugo, no es ser pesimista. No creo en absoluto que lo seas, al contrario. De ser pesimista ni te molestarías en escribir lo que escribes, buscando la VERDAD, dentro de un REALIDAD que se nos escapa de las manos.
Muy buena entrada... Felicidades, amigo! Un abrazo.

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Hugo dijo...

Tienes razón. Como digo en el borrador de mi ensayo, me considero una persona macropesimista (pesimista en lo grande, en lo que apenas podemos controlar individualmente) pero al mismo tiempo microoptimista (optimista en lo pequeño, en aquello que sí está en nuestra mano, que son prácticamente todas las cosas del día a día).

De hecho, el otro día empecé un post titulado "Por qué soy optimista", je... A ver si este fin de semana me pongo con él y lo tengo listo para el lunes. Un fuerte abrazo, Mabel, y gracias una vez más por tus buenas críticas. Así da gusto ;o)

Por cierto, tu última frase me parece especialmente inspirada e inspiradora.

Tania Gálvez San José dijo...

Acabo de descubrir que me tienes enlazada. Un abrazo y en cuanto pueda leeré tus artículos y el ensayo.

Hugo dijo...

Hola, Tania! En efecto, te enlacé hace apenas dos días, je... El descubrimiento de tu blog se lo debo a Alejandro, amigo y colaborador de Félix Rodrigo.

Y lo mismo digo, ya he leído un par de posts tuyos y me gustaría leer el resto en la medida de mis posibilidades, al menos los nuevos ;o)

Un abrazo y a seguir bien.