30 de septiembre de 2014

El peor de los mundos posibles

y sin embargo, el más interesante

El paso de la laguna Estigia (1520) de Joachim Patinir

Incluso si esta época y esta sociedad fueran las peores de toda la historia habida y por haber, yo no querría vivir en otra. ¡La luz es más bella en los momentos más oscuros! A veces fantaseo con la idea de viajar al futuro y visitar el año 2100 o el año 3000. La de cosas que podría contar a mi regreso. Otras veces me gustaría conocer de primera mano esas épocas y lugares que nos enseñan los historiadores y que solo conocemos de manera muy indirecta. ¡Sería la envidia de todas las facultades de historia! Sin embargo, como ya adelanté en otro post, me muero de curiosidad por conocer este momento por encima de cualquier otro, pues vivimos tiempos más que interesantes, y puede que nunca mejor dicho. ¿Y si estuviéramos viviendo el cénit de la civilización más grande y perturbadora que jamás haya existido? ¿Y si después de esto, el ser humano se dirigiera lentamente hacia la extinción, no volviéndose a repetir ningún otro momento parecido en ningún otro lugar del universo? Es la curiosidad que anida en la tragedia y la tragedia de la curiosidad lo que me mueve a escribir estas palabras. Nadie quiere que exista el infierno, pero si tiene que existir, a todos nos gustaría echar un vistazo. Pues bien, ahora estamos viviendo algo así como el equivalente terrenal al infierno bíblico. El propio Lucifer pagaría por ver lo que hemos logrado en su ausencia.
Para reemplazar el infierno tradicional, el hombre ha hallado sustitutos privilegiados gracias a sus dotes técnicas: guerras, mundiales o locales, campos de concentración y prisiones, pasando por la bomba atómica, las armas químicas, el paro masivo, el hambre crónica, la contaminación generalizada, las dictaduras totalitarias, la locura colectiva de masas fanáticas o inteligentemente embrutecidas e idiotizadas, y tantos otros infiernos artificiales creados por nuestras sociedades.
Georges Minois en Historia de los infiernos, 1991.

Dice Alvin Toffler en El shock del futuro que "la proporción de almacenamiento, por el hombre, de conocimientos útiles sobre sí mismo y sobre el universo, fue en aumento desde hace 10.000 años", pero lejos de acercarnos a la tranquilidad celestial, dicho incremento del conocimiento nos condujo a un ajetreo infernal. No obstante, debe de haber algo paradójico o esquizofrénico en todo ello cuando por un lado abominamos de nuestros logros y por el otro nos sentimos fascinados por ellos. Yo quiero vivir como en Walden, añadiendo la menor cantidad posible de entropía a mi alrededor, pero al mismo tiempo me encantaría visitar las bibliotecas de Mega-City One, ávido de nuevos conocimientos. Creo que tiene razón Stephen Hawking en Historia del tiempo cuando dice que "el progreso de la raza humana en la comprensión del universo ha creado un pequeño rincón de orden en un universo cada vez más desordenado" e igualmente, cabe añadir, en una civilización cada vez más desordenada y problemática. Es como si en medio del fatal camino hacia una creciente complejidad autodestructiva tuviéramos la oportunidad, al menos individual, de desentrañar mayores cotas de verdad, como si el aumento del mal fuera acompañado de una mayor posibilidad de revelación y autoconocimiento. Se dice que la ignorancia y la simplicidad dan la felicidad, pero ¿y si la felicidad no fuera lo único que andamos buscando? 

7 comentarios:

Alex dijo...

La ley de la polaridad viene a decir que para que exista el bien tiene que existir el mal, y si buscamos el bien absoluto, también encontraremos el mal absoluto. La entropía funciona así, no con la famosa escala de grises, la cual, lógicamente, sólo puede existir si existen los dos extremos opuestos que marcan los límites. Dicho de otra manera: si los humanos buscan la excelencia y sublimidad, probablemente la encuentren, pero también lo contrario. Y si buscan la excelencia de forma obsesiva, encontrarán su contrario de forma aterradora. Y si esa excelencia es buscada sólo en lo material... tenemos lo que tenemos: humanos y planeta degradados. Por tanto, en vista de que la condición humana es la que es, si de buscar excelencia se trata, mejor que sea en el terreno espiritual, ya que de esa manera, además de elevarnos como humanos, al menos nos garantizamos la habitabilidad del planeta por mucho más tiempo (al menos en lo que está en nuestra mano). Como diría Félix Rodrigo Mora, una "pobreza decorosa", buscada y asumida, en el terreno material, sería lo necesario para poder elevarnos como humanos en el terreno espiritual, el cual engloba la convivencia, la amabilidad, la cortesía, el amor, el respeto, la sociabilidad, el esfuerzo desinteresado, la asunción de responsabilidades, la no delegación de las mismas, la aceptación del dolor cuando se presenta, etc.

Por lo demás, esa lay de la polaridad funciona tanto a nivel colectivo como individual. Por ejemplo, cuando una persona se dedica al 120% a su profesión, necesariamente se convierte en un humano degradado (subhumano de facto) ya que toda su energía y capacidad está comprometida en su especialidad. Y esa es la sociedad que tenemos, en la que las personas más importantes, influyentes y aplaudidas son aquellas que "dan su vida" por la ciencia, la investigación, la política, la economía, la empresa, la educación, la arquitectura, etc. Son especialistas en buscar la excelencia en sus respectivas áreas, dejando sin actividad, y por tanto tendiendo al anquilosamiento y después a la detención -muerte- del resto de capacidades, atributos y necesidades humanas que le son propias.

En resumen, que es normal que una sociedad "avanzada" compartan existencia lo mejor y lo peor; con el matiz de que lo MEJOR eleva la condición humana y modifica lo material de acuerdo a esa elevación, mientras que lo PEOR destruye tanto lo material como lo inmaterial, lo espiritual, lo que realmente nos identifica como humanos. Y en esa lucha perpetua, salvo períodos concretos en los que se abren ventanas a la rehumanización, ha sido ganada por el MAL, por lo PEOR. ¿Por qué? Quizá porque dentro de cada humano existen tres pulsiones en lucha permanente: la de ser tirano, la de ser esclavo y la de ser libre. Las dos primeras vienen a ser la misma: allá donde hay un tirano hay un esclavo, y viceversa (tanto en nuestro interior como en el exterior, a nivel individual y colectivo). Por tanto siempre son dos pulsiones contra una... De ahí que la única pulsión interior que debemos cultivar para obtener victorias individuales y colectivas, interiores y exteriores, es la de ser LIBRE. Sólo así podremos evitar, o al menos compensar, la clara tendencia victoriosa del MAL.

Un saludo

Hugo dijo...

¡Menudo comentario! Je, je... A su lado, mi post parece un comentario y tu comentario parece un post :P

Todo esto, la lucha entre lo que llamamos bueno y lo que llamamos malo, nos viene tan, tan grande que no deja de asombrarme y, en mis momentos más optimistas, de gratificarme. No hay nada más místico ;o)

Un abrazo, Alex. Un placer leerte, y huelga decir que comparto al cien por cien lo que dices.

Hugo dijo...

Hay en mí, sin embargo, una especie de rechazo, tal vez parcial, a definir a la mayoría de nuestros congéneres como "subhumanos" o "humanos degradados". Si la norma es el desorden, el error y el mal, entonces el humano medio, con todas sus imperfecciones catalogadas por los filósofos morales, no estaría por debajo de su humanidad sino, más bien al contrario, estaría siendo más humano que aquellos que queremos distanciarnos de todo lo malo que hay en él.

Si la ignorancia es más humana (esto es, más habitual entre humanos) que la sabiduría, como demuestran la historia y la experiencia, ¿es posible que estemos pidiéndole a la humanidad algo, como una revolución espiritual, que siempre ha estado únicamente en las manos de unos pocos y de unas pocas?

;o)

Alex dijo...

En parte de acuerdo, Hugo, pero estás equiparando el conocimiento de lo inmaterial al conocimiento de lo material. En mi opinión son dos conocimientos muy diferentes. Los habitantes de tribu perdida en la salva tienen un gran conocimiento de su ser, una gran sabiduría. Por contra, adolecen de un desconocimiento del 99% de los conocimientos materiales de la modernidad (la cual, a su vez, a desaprendido todo lo referente a lo inmaterial).

En cuanto a NUESTRA subhumanidad, yo creo que es real(SOMOS muy poca cosa). Tenemos oxidadas, cuando no desintegradas por completo (quizá sin retorno), gran parte de las capacidades que nos definían como humanos (empezando, por supuesto, por las capacidades inmateriales). Pero es que incluso nuestras capacidades materiales, que vienen dadas por los cinco sentidos biológicos "oficiales", están en claro declive.

Evidentemente estoy generalizando, porque hay todavía hay gente con gran capacidad dentro de la modernidad. El problema es el mencionado antes: la inmensa mayoría está hiperspecializada en una materia muy concreta, la cual sólo requiere de ciertas capacidades, dejando morir las restantes. Eso en el mejor de los casos y hablando de profesiones, porque la mayor de todas las especializaciones, no nos engañemos, es la del hedonismo y la delegación de responsabilidades... que son las peores de todas, las más degradantes cuando se convierten en metas únicas, en hiperespecializaciones. Todo el conocimiento en la modernidad está (por delegación) en manos de los EXPERTOS, los cuales, precisamente por serlo, además, están incompletos. Dicho de otra manera: la sociedad se dirige hacia donde quieren un selecto grupo de seres mutilados (con la diferencia de que ellos cooperan entre sí para compensar-superar sus incapacidades respectivas, mientras que el pueblo-os, ahora convertidos en MASA, simplemente se dedica a la especialidad de llenar la barriga y poco más; y cuando no lo consiguen, lloran y patalean).

El ser humano y la VIDA en general, son un TODO, no son compartimentos estancos, no puede existir una especialización tal que niegue la totalidad de la que depende. Algo así a como aquello de: el todo está en la parte, y la parte está en el todo.

Alex dijo...

Y al hilo del lloro y pataleo, me viene a la memoria un texto de Ibn Asad, sobre el MESIANISMO MODERNO:
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Mesianismo moderno: La mentalidad mesiánica se saca de quicio en desesperadas búsquedas profanas de un agente futuro proyectado en la política, la ciencia, la historia, creencias neo-espiritualistas, etc. Porque poco importa cómo se llamen y se definan, los inconscientes mesiánicos modernos comparten algo: creer en alguien o algo exterior que llegará en un futuro más o menos próximo. Entre ellos discuten, se critican y se combaten con dureza. Todos esperan.

Los neo-nazis esperan el regreso de su amado Führer y su batalla final. ¿Qué hacen mientras esperan? Ven partidos de fútbol y pegan palizas a mendigos e indigentes.

Los comunistas esperan el fin del capitalismo y la abolición de las clases sociales. ¿Qué hacen mientras esperan? Consumen, se disfrazan de pordioseros, y nos aburren en las tertulias de bar.

Los transhumanistas esperan “la superación de la condición humana” a través de la tecnología. ¿Qué hacen mientras esperan? Leen revistas de divulgación científica, manosean su e-phone, y se atiborran a pastillas para aplacar su miedo a la muerte.

Los ecologistas esperan que la ciencia ambientalista arroje un modelo de producción “sustentable”. ¿Qué hacen mientras esperan? Se jactan de su santidad ciudadana por ir al trabajo en bicicleta eléctrica, darse duchas de dos minutos y pagar el impuesto revolucionario de lo “ecológicamente correcto”.

Los raeliano-ufológicos esperan que llegue un comandante interestelar y les lleve en su nave espacial. ¿Qué hacen mientras esperan? Ven películas de Hollywood sobre marcianitos, se ponen gorritos estrafalarios, y visten camisetas con el mensaje “I want to believe”.

Los miembros de los partidos políticos esperan que su partido llegue al gobierno con su mesías negro, su mesías mujer o su mesías gay. ¿Qué hacen mientras esperan? Ven la tele, leen sus periódicos ideológicos, y opinan sobre nimiedades en sus blogs y redes sociales.

Los new-age esperan la era astrológica de Acuario, la llegada de un meteorito, o el año 2012. ¿Qué hacen mientras esperan? Hablar grandilocuentemente sobre “consciencia” y “evolución” mientras dan la tabarra con las dietas macrobióticas, los cristales de cuarzo y los cuencos tibetanos.

Todos esperan. Todos esperan. Todos esperan. ¿Qué tienen de peculiar estos mesiánicos modernos? Pues que a éstos, además de esperar, les da por hacer el canelo.

Hugo dijo...

Pensaré en ello, Alex.

Gracias otra vez (por la cita también). Nos leemos :)

Hugo dijo...

Después de sacar al perro y pensarlo más a fondo, creo que estamos de acuerdo :P

Sigo manteniendo que la norma es el desorden (o la degradación), pero eso no quita que este haya aumentado, como tú bien dices. De hecho, se me olvidaba que esa es también la tesis de mi libro, je...

Un abrazo y hasta la próxima.