25 de septiembre de 2014

Schmitt, Maquiavelo, Juego de tronos y Pablo Iglesias

o cuáles son los referentes teóricos del líder de Podemos
No es posible acabar con la violencia y el poder en sí mismos, tan solo cabe apropiarse de ellos y, neutralizando al resto de fuerzas y poderes, ponerlos al servicio de un determinado principio de legitimidad. Por así decirlo, no existe una legítima legitimidad sin poder, aunque sí puede existir durante siglos un poder poderoso sin legitimidad, he ahí el verdadero drama de la política. Los déspotas, los tiranos, los opresores, pueden conducirse a través del mero poder, porque pueden imponer el terror, gobernar a través del miedo, y proyectar principios de legitimidad adecuados a su causa (religiosos, tribales, identitarios, etc.) que apuntalen el ejercicio de su poder despótico. Sin embargo, no es posible para los justos, para los honrados, ser verdaderamente legítimos si no conquistan el poder.
Pablo Iglesias en Ganar o morir: lecciones políticas en Juego de tronos, 2014.

Como macropesimista, coincido en que "no es posible acabar con la violencia y el poder en sí mismos", pero voy más lejos en mi pesimismo al creer que tampoco es posible "ponerlos al servicio" del bien toda vez que lo malo conduce a lo malo, y al considerar que quienes lo intenten apelando al argumento del mal menor, como el filósofo marxista Santiago Alba Rico, no harán sino perpetuarlos y añadir más dolor y confusión al mundo, es decir, más entropía social. La solución, si es que es posible en algún grado, no pasa por hacer más, por engrasar mejor el trinquete del progreso, sino, como en La isla de Aldous Huxley, por hacer menos, por poner palos en la ciega rueda de la historia. Como diría el poeta Nicanor Parra o un taoísta, "urge no hacer nada", o más bien, urge deshacer, retroceder, repensar, dudar. Naturalmente, siempre habrá «optimistas», reformistas, politólogos, salvadores, predicadores -¡aún peores que yo!-, bienhechores de la humanidad, representantes de la voz popular y revolucionarios acompañados ad infinitum de complicados, apresurados e innovadores programas políticos, de modo que quienes decidamos oponernos a sus cantos de sirena estaremos siempre a la zaga, haciendo sin hacer, sin votar, sin delegar, sin pedir, sin coartar, sin odiar, sin ambicionar. Conformistas nos llamarán, quizá, pero ¿es posible ser más radical?
El concepto de interrupción resume la pointe política benjaminiana. Su contenido poco tiene que ver con lo que la izquierda ha entendido por revolución: «Marx dice que las revoluciones son la locomotiva de la historia universal, pero quizá las cosas sean de otro modo, quizá sean las revoluciones el freno de mano de la humanidad que viaja en ese tren». La revolución no tiene, pues, tanto que ver con acelerar la marcha cuando con detenerla. 
Reyes Mate en Filosofía de la historia, 1993.

Sobre su relación intelectual con Schmitt, Maquiavelo y la serie Juego de tronos (confieso haberla visto y disfrutado, je...), pincha aquíaquí y aquí respectivamente. Mi opinión respecto a esos autores va en la misma línea que la ya expresada hace unos meses en el post "José Ortega y Gasset, filósofo de la dominación", si bien una defensa más general y elaborada de mi postura actual puede encontrarse parcialmente en el libro Cambiar el mundo sin tomar el poder de John Holloway.

6 comentarios:

Loam dijo...

Estamos inmersos y atravesados por fuerzas de muy diversa índole y potencia. "El" Poder surge de la suma de individuos que administran dichas fuerzas de una manera determinada. Común a todos ellos, el miedo a ser desposeídos de las fuerzas que creen dominar. Poder, sin más y sin mayúsculas, es otra cosa, es el que legitima a quien sabe equilibrar dichas fuerzas por sí mismo, sin apropiárselas.

Salud

Hugo dijo...

Amén ;)

Un abrazo, Loam.

Loam dijo...

Improvisado ¿eh?, pues, a veces, me gusta abordar temas complejos de la misma manera que se lanza uno súbitamente a cantar, danzar y reír.

Claro que, habrá quién juzgue el canto desafinado, el baile desacompasado y la risa molesta. Y no seré yo, enemigo resuelto del dogma, quien le contradiga.

Un abrazo, Hugo.

Hugo dijo...

Me gusta esa actitud :)

Es difícil encontrarla, incluso en uno mismo. Pero cuando aparece, uno nota cómo se le quita un gran peso de encima. El peso de eso que llamamos verdad.

No sé si te habrá pasado a ti también, o en qué medida, pero las pocas veces que he sabido reconocer un error, me ha proporcionado mucha más paz que todas las supuestas verdades que atesoro. Es el mejor chute que he conocido, je... Al principio cuesta deshacerse de la creencia que durante tanto tiempo nos había acompañado, pero la sensación de libertad que viene después es única. Por eso si uno es demasiado dogmático, esa sensación la conocerá pocas veces.

En fin, que me enrollo. Como me diría el señor Lobo, "no empecemos a chuparnos las pollas todavía", je...

https://www.youtube.com/watch?v=BwuSRXf7r9g

Loam dijo...

jajaja... ¡qué bueno!

Sabemos muchísimo menos de lo que creemos saber, pero podemos sentir mucho más de lo que sentimos. Poseemos un extenso y sensible sistema nervioso -incluidas, claro está, las neuronas- al que no prestamos la atención que debiéramos prestarle. "Prohibido cantar en este local", parece ser la consigna global destinada, precisamente, a evitar el uso y disfrute de dicho sistema... incluida la parte que corresponde a la polla, o al coño :))
También estas "zonas" se han comercializado de manera grosera e inaceptable. De las cursis exquisiteces degustativas, tan de moda hoy, al funesto baratillo del botellón (economía obliga) todo es groseramente mercantilizado. Lo que matan, sometiendo a nuestro querido y alegre sistema nervioso, es la espontaneidad, física y mental.

Uf, yo también me enrollo ¿eh? Dejemos ahí estas torpes e improvisadas pinceladas... y dejemos el cuadro, como siempre, sin terminar.

tapronto!

Hugo dijo...

Je, je... Hecho. Un cuadro sin fin... Por cierto, esto me recuerda a mi "libro". Pienso que un libro es tan importante que me costaría terminarlo y publicarlo (o autopublicarlo, si no hubiera editoriales dispuestas), y más aún presentarlo! Aparte de que no me gusta hablar en público (un blog es más anónimo y humilde, quiero pensar), la idea de venderse uno mismo me resulta... En fin, mi mundo no es de este reino, como diría Jesús Lizano ;)

Hasta la próxima!