13 de octubre de 2014

¡Catastrofistas del mundo, uníos!

Hace unas semanas me suscribí a la editorial Pepitas de calabaza (60 euros anuales a cambio de un libro pequeño a elegir cada dos meses y descuentos para los grandes), y hace tan solo unos días me llegó el primer pedido. Desde ya, uno de mis ensayos favoritos. Es de René Riesel y Jaime Semprún, hijo de Jorge Semprún, y se titula Catastrofismo, administración del desastre y sumisión sostenible (2011), aunque publicado originalmente en francés en 2008.

¿Os acordáis de aquel post en el que analizaba el «escepticismo» de algunos anarquistas clásicos -aunque extrapolable a otras corrientes mayoritariamente humanistas, progresistas, industrialistas y anticlericales- con respecto al cambio climático y demás catástrofes en acto y en potencia, quienes no por casualidad tildan de "curas" a los que no comulgan con su concepto de libertad? Pues bien, nada más comenzar el libro me topé con un par de fragmentos que bien podrían servirnos no solo como continuación a dicho post, sino probablemente también como superación, pues en ellos se critica el uso ecototalitario y propagandístico de la catástrofe sin subestimar en ningún momento la realidad de la misma. En otras palabras, la síntesis que andaba buscando. La cita en cuestión es más larga de lo habitual, pero espero que compense por el interés y la reflexión, interior y exterior, que pueda generar:
Los técnicos de la administración de las cosas se atropellan para anunciar con aire triunfal la mala nueva, ésa que al final vuelve ociosa cualquier disputa sobre el gobierno de los hombres. El catastrofismo de Estado es, de modo declarado, una incansable propaganda a favor de la supervivencia planificada; es decir, de una versión más autoritariamente administrada de lo que existe. En el fondo, después de tantas evaluaciones de datos y estimaciones de plazos, sus expertos tienen una sola cosa que decir: que la inmensidad de lo que está en juego (de los «desafíos») y la urgencia de las medidas que habrá que adoptar anulan la idea de que pudiese aligerarse siquiera el peso de las coerciones sociales, que tan naturales se han vuelto. (...) Si bien el curso exacto del calentamiento sigue siendo muy incierto tanto en su velocidad como en sus efectos -aunque sin embargo estamos todos lo bastante cultivados para que nos hablen de permafrost, de albedo y hasta de clatratos y de la «cinta transportadora oceánica»-, el escenario del cambio climático permite promover todo un abanico de «soluciones» que apelan a la vez al Estado, a la industria y a la disciplina individual del consumidor consciente y responsabilizado: medidas fiscales, ecología industrial (nuclear incluida), geoingeniería planetaria, racionamiento impuesto pero también voluntario y hasta esas modernas indulgencias que se ganan los que viajan en avión pagando una «compensación por emisiones». 
(...) A fin de prevenir cualquier malentendido, tenemos no obstante que precisar que la crítica de las representaciones catastrofistas no implica en absoluto que veamos en ellas, como a veces se hace, meras invenciones sin el menor fundamento, difundidas por los Estados para asegurar la sumisión a sus directrices, o, más aviesamente, por grupos de expertos interesados en asegurar su carrera dramatizando más de la cuenta su «campo de investigación». Semejante denuncia del catastrofismo no siempre es cosa de gente que defiende de ese modo tal o cual sector de la producción industrial particularmente cuestionado, o incluso la industria en su conjunto. Así, se ha dado el caso de curiosos «revolucionarios» que sostenían que la crisis ecológica de la cual nos llega ahora la información en avalancha no era en suma más que un espectáculo, un señuelo mediante el cual la dominación trataba de justificar su estado de excepción, su consolidación autoritaria, etc. Podemos ver perfectamente cuál es el motor de tan expeditivo escepticismo: el deseo de salvar una crítica social «pura», que de la realidad solo quiere tener en cuenta lo que le permita prorrogar el viejo esquema de una revolución anticapitalista condenada a recuperar, por supuesto que «superándolo», el sistema industrial existente. En cuanto a la «demostracion», el silogismo es el siguiente: dado que la información mediática es obviamente una forma de propaganda en favor de la organización social existente y que dicha información concede ahora un amplio espacio a diversos aspectos aterradores de la «crisis ecológica», entonces esta crisis no es sino una ficción inventada para difundir las nuevas consignas de la sumisión. Otros negacionistas, como se recordará, aplicaron la misma lógica al exterminio de los judíos europeos: dado que la ideología democrática del capitalismo obviamente no era sino un falso disfraz de la dominación de clase y que dicha ideología hizo después de la guerra amplio uso en su propaganda de los horrores nazis, entonces los campos de exterminio y las cámaras de gas solo podían ser invenciones y montajes. 

8 comentarios:

La gente normal dijo...

Quisiera pedirle que, por amor a nosotros los ciegos, ese entrecomillado vaya en una fuente más grande y no en itálicas, ya con las comillas es sufiente para entender que es un extracto.Gracias. Por demás, excelente texto, intrigada del resto del contenido me deja.

Hugo dijo...

Je, je... Hecho ;o)

En cualquier caso, creo que el tamaño de la fuente del blog en general sigue siendo bastante pequeña incluso para mi vista, je... Pero como no me gusta cómo queda a 14 o a 16, prefiero incurrir en el absurdo de leer mi propio blog dándole al zoom del navegador :P

Me alegra que te haya gustado el texto. Bienvenida!

Mabel B. Granata dijo...

AYYY... ahora no estoy preparada para estas catástrofes... esta noche lo leo y te contesto..........abrazos amigo...!!!

Hugo dijo...

Reconozco que últimamente estoy especialmente catastrófico :P

Un abrazo, Mabel, y comenta cuando quieras!

Mabel B. Granata dijo...

... "supervivencia planificada; es decir, de una versión más autoritariamente administrada de lo que existe"
ESTOY DE ACUERDO.
..-"expertos interesados en asegurar su carrera dramatizando más de la cuenta su «campo de investigación»"
ESTOY DE ACUERDO.
..."un señuelo mediante el cual la dominación trataba de justificar su estado de excepción, su consolidación autoritaria, etc."
Estamos en perversas manos, Hugo y nos quieren confundir.
Ahora tengo que ponerme a buscar una palabra que desconozco TOTALMENTE:(ayyy Huguitoooo que me haces trabajar de más):))
la palabra es "Clatratos", La busqué en el Espasa, y no estaba, así que volví a la PÇ y me enteré: "SIMPLE FORMA DE ALMACENAR HIDRÓGENO GASEOSO".
Lo de arriba es chiste, me alegra mucho encontrar cosas nuevas.¡Gracias! Un abrazo, amigo.

Hugo dijo...

Je, je... yo también la desconocía hasta que un día me encontré con esta inquietante hipótesis:

http://es.wikipedia.org/wiki/Hip%C3%B3tesis_del_fusil_de_clatratos

Es un placer haber contribuido a enseñarte una palabra nueva, je... Me debes una :P

Gracias a ti por pasarte. Un abrazo, Mabel, y a seguir bien!

Mabel B. Granata dijo...

Ok. cuando estemos en España te invito a cenar.... :))

Hugo dijo...

Te tomo la palabra :P