7 de octubre de 2014

El esclavo no quiere serlo solo

Der pantherausbruch (2001) de Walton Ford

Lo ocurrido recientemente en Tordesillas o en Madrid y diariamente en las granjas y mataderos industriales no se debe únicamente a la maldad y a la ignorancia humanas, o a la necesidad de comer carne (suponiendo que sea necesario comerla, y si lo es, hasta qué punto y a qué precio), o a la falta de fuerza de voluntad, o a las estructuras sociales, o al miedo, sino también al deseo de dominación y al odio que prende en nosotros hacia todo lo que es libre o podría serlo. Nuestro desamor es tan generoso, tan entrópico, que no solo le deseamos la esclavitud a otros animales («para que la especie no desaparezca», «por el bien común», etcétera), sino también a nosotros mismos. El esclavo no quiere serlo solo. Se autoodia. Por eso la caza de animales libres para sobrevivir siempre me ha parecido un modo de vida menos innoble que cualquier explotación ganadera.
La civilización, su obra, su locura, le parece un castigo que pretende infligir a aquellos que han permanecido fuera de ella. «Vengan a compartir mis calamidades; solidarícense con mi infierno», es el sentido de su solicitud, es el fondo de su indiscreción y de su celo. Excedido por sus taras y, más aún, por sus «luces», sólo descansa cuando logra imponérselas a los que están felizmente exentos. 
Emil Cioran en La caída en el tiempo, 1964.

6 comentarios:

Loam dijo...

Saludos, Hugo. Tienes avalada razón.
También suele decirse "animal de compañía". Como si todos los animales, sin excepción, no lo fueran. Ser cómplice es no sólo no poner impedimentos, sino contribuir a que el otro sea lo que intrínsecamente es. Yo estoy con Festo cuando afirma: "Tantos esclavos, tantos enemigos."

Salud! y hasta pronto.

Hugo dijo...

Avalada razón, je... Me gusta esa expresión ;)

Igualmente buena tu reflexión. Yo "tengo" un perro y siempre me ha generado no pocos dilemas. Es mi esclavo favorito y al que más quiero :P

Un abrazo, Loam!

PD. Por cierto, un día de estos pulicaré un pequeño texto de René Riesel y Jaime Semprún que sería de algún modo una continuación a aquel post que titulé "¿Prudencia o negación?", sobre catastrofismo y demás. Nos leemos.

Mabel B. Granata dijo...

Hola Hugo!! perdona mi ausencia, pero ya te avisé que iba a estar muy liada (y lo estoy) aunque te leo siempre mas el tiempo juega en mi contra como para responderte de la manera que siempre lo hice: analizando cada frase y respondiéndola. Sabes que no soy de las que ponen "me gusta" sin decir porqué. Me ha alegrado verte involucrado en lo de Tordesillas y tu análisis de la increíble maldad de algunos seres humanos (aunque hay una buena y sorprendente respuesta de la gente con sentimientos que se opone a toda esta barbarie) Hay algo en lo que disiento contigo, la caza del animal libre, como razón de subsistencia (y solo eso) lo veo más equitativo, ya que el animal tiene la chance de poder escapar, incluso siempre estuve en contra de los que cazan con miras telescópicas en sus armas, eso no debería consentirse, porque es TODO PARA EL CAZADOR... Y NADA PARA LA PRESA. En cuanto a la explotación ganadera, los pobrecitos, ya tienen su "destino" marcado, firmado y sellado" por el Homo Sapiens. En todo lo demás estoy de acuerdo. Un fuerte abrazo mon cher ami et au revoir ...:)

Hugo dijo...

¡Hola, Mabel! Sabía que te pasarías por aquí tarde o temprano, y este post era mi mejor reclamo :P

Tal vez no me he expresado con toda la claridad que debería, pero descuida que en cuanto a la caza vamos en la misma dirección. Cuando digo que "la caza de animales libres para sobrevivir siempre me ha parecido un modo de vida menos innoble" estoy diciendo también, aunque de manera invertida y negativa (ya me conoces, je...), que la caza es más justa (o menos injusta, según se mire) que la estabulación, sobre todo comparado con la estabulación intensiva, que es la más cruel de todas, hasta el punto de poder ser considerada como una extensión de los campos de concentración. La historia pesa mucho y lo que hacemos hoy casi siempre es una continuación de lo que hacíamos ayer por otros medios.

Un abrazo y hasta la próxima, mi querida amiga ;o)

Piedra dijo...

También es aplicable a la propia especie, por eso aquellos explotados que no se atreven a rebelarse contra su explotador encuentran un gran consuelo explotando ellos mismos a otros.

Saludos.

PD: (ladrillo ligeramente "offtópico")
Sobre los animales domésticos, poca gente me entiende cuando al decir que le gustan los caballos, yo le replico que no, que lo que le gusta es dominarlos o montarlos, (o comerselos...) a mi si me gustan y por eso los respeto y jamás montaría uno ni lo usaría como esclavo en mi beneficio. Tengo perro (y gatos) y entiendo que al estar domesticadas sus especies desde hace tanto, están mejor con gente que los quiera, además su entorno salvaje, ya no existe, pero hay que tratarlos como uno de la familia, a la vez que no olvidar su naturaleza animal y dejarlos ser perros (o gatos) y desarrollarse plenamente como lo que son.

Más saludos.

Hugo dijo...

Efectivamente, el hijo o el trabajador explotado tiene la opción fácil de seguir explotando cuando sea padre o jefe o la opción difícil de romper con toda esa negatividad opresiva y ver a los demás como sus iguales.

En cuanto al "ladrillo", je... muy interesante también. La domesticación no por ser milenaria hay que aceptarla sin haberla juzgado previamente. Si se te da bien leer en inglés (a mí regular), hay un libro de un sociólogo y vegano norteamericano que indaga en las raíces de la domesticación y profanación (de ahí el neologismo que utiliza: "domesecration") de los animales no humanos y cómo eso contribuyó recíprocamente a la domesticación humana a través del capitalismo. Lo tengo en casa pero como está en inglés me da pereza :P

Aquí un fragmento:

https://es.scribd.com/doc/138148383/Animal-Oppression-and-Human-Violence-Domesecration-Capitalism-and-Global-Conflict-by-David-A-Nibert

Un abrazo y a seguir bien. Gracias por pasarte!