3 de octubre de 2014

Pico energético y calentamiento global desbocado

o por qué es probable que lo primero no evite lo segundo
En todos nuestros escenarios, a pesar de que las emisiones de CO2 caen como consecuencia del declive de los combustibles fósiles, las concentraciones se mantienen en niveles peligrosamente alarmantes. Por añadidura, nuestros resultados se pueden considerar optimistas, ya que se ha asumido que la absorción de los sumideros naturales se mantiene constante, aunque es más probable que decrezca debido al calentamiento del planeta.
Íñigo Capellán-Pérez y otros, 2014.

Aunque detuviéramos hoy mismo todas nuestras emisiones, lo cual es imposible, “la realidad es que el dióxido de carbono ya emitido”, en palabras de Rob Hopkins, “continuará elevando la temperatura durante los años venideros (…) hasta por lo menos 0,6 ºC, y esto significa que ya estamos comprometidos a un incremento de 1,4 ºC independientemente de lo que elijamos hacer ahora. El calentamiento que estamos experimentando en estos momentos es el resultado de gases de efecto invernadero emitidos en los años 70”. Es más, tal y como explica Ferran Vilar, si redujéramos voluntaria o involuntariamente la mayor parte de nuestras emisiones en el plazo que sea, provocaríamos paradójicamente una subida añadida de por lo menos 1 ºC debido al “efecto enfriador de los aerosoles del carbón” que hemos estado emitiendo a la atmósfera junto a los gases de efecto invernadero. En definitiva, Mark New y compañía creen que “incluso con una gran voluntad política, las posibilidades de cambiar el sistema energético mundial con la suficiente rapidez para evitar los 2 ºC son escasas”, siendo “mucho más probable” un aumento de al menos 3 o 4 ºC entre este siglo y el siguiente.

No es necesario ser un fatalista filosófico para prever que vamos a seguir emitiendo grandes cantidades de CO2 -unos más que otros- durante al menos varios decenios más, incluso a pesar del cenit venidero del petróleo (entendido "como todos los líquidos del petróleo", como dice Antonio Turiel), del uranio, del gas y del carbón, posiblemente en ese orden. Según Greenpeace, si los catorce proyectos industriales que recogen en su informe de 2013 fueran llevados a cabo, “crecerían en un 20% las emisiones globales de CO2” para el año ~2020 y “nos encaminarían hacia un calentamiento de 5 o 6 ºC”. Su conclusión es que “una suma de CO2 de esa magnitud en los próximos años empujaría al clima más allá del punto de no retorno”. De manera similar, aunque tal vez no tan pesimista con respecto a los efectos que pueda tener sobre el calentamiento global, Jorgen Randers considera que “el uso del carbón se expandirá dramáticamente durante los próximos veinte años”. No obstante, prevé que alcanzaremos el cenit de emisiones totales en ~2030, de modo que para ~2050 estas habrán vuelto a los niveles actuales y continuarán descendiendo. Es decir, con todo y con eso, todavía nos quedaría por delante un mínimo de medio siglo de abundantes emisiones, si bien dentro de poco decrecientes.

En mi opinión, el único acontecimiento mínimamente probable que podría dar al traste con una gran subida de las temperaturas sería un colapso financiero fulminante a escala mundial antes de terminar esta década. Sin embargo, aunque no es descartable la teoría de los picos simultáneos e inmediatos de Gail Tverberg, hoy por hoy lo veo más improbable que probable. De cualquier modo, aun suponiendo que el colapso internacional estuviera a la vuelta de la esquina, ninguna evidencia nos garantiza que no hayamos superado ya el punto de no retorno. Según Kevin Anderson, la probabilidad de superar los 2 ºC (posible antesala de un "calentamiento de 3-4 ºC", en opinión de James Hansen y compañía) seguiría siendo muy alta incluso si redujésemos deliberada o forzadamente las emisiones a un ritmo del “10-20% anual” a partir de ya. El aumento de nuestras emisiones dejaría de ser un problema, ciertamente, pero no el CO2 extra que hemos estado acumulando en el océano durante décadas y cuyo efecto se sentirá durante milenios, así como las emisiones naturales de dióxido de carbono y metano provenientes, por ejemplo, de la fusión del permafrost que seguramente ya hayamos desencadenado sin posibilidad de reversión. Las dudas respecto a esto último ya no están en si ocurrirá o no, sino en cómo de rápido va a ocurrir, en base a lo cual tendremos un calentamiento más gradual o más abrupto

Conclusión

En un escenario de caída súbita de la producción energética y sin apenas retroalimentaciones positivas, cabría alguna posibilidad de que no se alcanzasen en ningún momento las 500 ppmv y por lo tanto el cambio climático podría volverse, tal vez, menos amenazante para las generaciones jóvenes y futuras de lo que se ha supuesto tradicionalmente (esta posibilidad se correspondería grosso modo con el escenario proyectado por Tverberg, quien prevé un pico de la energía y de las emisiones tan pronto como en ~2015, de modo que para ~2030 estas serían inferiores a la mitad de lo que son ahora), pero ese escenario optimista en cuanto al clima, ya de por sí negativo, no me parece ni el más realista ni el más precavido.

Nota: este texto es un fragmento adaptado y actualizado de aquel otro