20 de noviembre de 2014

Sobre la «felicidad paradójica» de Lipovetsky

Es difícil no estar de acuerdo con esto:

La inmensa mayoría se declara feliz, a pesar de lo cual la tristeza y la tensión, las depresiones y la ansiedad forman un río que crece de manera inquietante. La gente se declara mayoritariamente feliz pensando que los demás no lo son. Jamás se han dedicado tanto los padres a satisfacer los deseos de los hijos, jamás ha habido tantas conductas problemáticas (entre el 5% y el 9% de los jóvenes de quince años) ni tantas enfermedades mentales entre éstos: según el Inserm, uno de cada ocho niños padece algún trastorno mental. Si el PIB se ha multiplicado por dos desde 1975, el número de parados se ha multiplicado por cuatro. Nuestras sociedades son cada vez más ricas, pero un número creciente de personas vive en la precariedad y debe economizar en todas las partidas del presupuesto, ya que la falta de dinero se ha vuelto un problema cada vez más acuciante. Nos curan cada vez mejor, pero eso no impide que el individuo se esté convirtiendo en una especie de hipocondríaco crónico. Las incitaciones al hedonismo están por todas partes: las inquietudes, las decepciones, las inseguridades sociales y personales aumentan. Son estos aspectos los que hacen de la sociedad de hiperconsumo la civilización de la felicidad paradójica
En cambio es difícil estar de acuerdo con esto otro, en el mejor de los casos un tanto conformista, eurocéntrico, evolucionista, progresista, optimista e incluso mesiánico:
No habrá salvación sin avance del consumo, redefinido según nuevos criterios (...). El tiempo de las revoluciones políticas ha concluido; ante nosotros tenemos el de la reestabilización de la cultura consumista y el de la reinvención permanente del consumo y los estilos de vida. (...) Sólo estamos en el comienzo de la sociedad de hiperconsumo y por el momento no hay nada que permita detener, ni siquiera desacelerar la huida hacia delante de la comercialización de la experiencia y los estilos de vida. Sin embargo, antes o después se superará y será un momento que inventará formas nuevas de producir, de intercambiar, pero también de evaluar el consumo y de pensar en la felicidad. En un futuro lejano aparecerá una nueva jerarquía de bienes y valores. La sociedad de hiperconsumo habrá vivido su vida, cediendo el paso a otras prioridades, a un nuevo imaginario de la vida en sociedad y del vivir bien. ¿Para alcanzar un equilibrio mejor? ¿Para aumentar la felicidad de la humanidad?
Lipovetsky, Gilles. 2007. La felicidad paradójica: ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo, Editorial Anagrama, Barcelona, págs. 12-16. 

9 comentarios:

Loam dijo...

"Yo soy feliz, dijo. Naturalmente, se trataba de un necio" (Anónimo).

El término felicidad siempre me ha parecido excesivo y tramposo. El hecho mismo de que se preste, de manera tan frívola como promiscua, a todo tipo de burbujeante publicidad, viene a corroborar mis sospechas. Nunca oí a persona sensata y común declararse feliz, aunque si alegre. Y ahí, creo yo, radica la diferencia entre la prometeica felicidad y la más modesta, pero también más real y cercana alegría.
Una vez mi compañera, sin duda llevada por un subidón afectivo, me dijo lo guapo que yo era, a mí, que soy todo menos un adonis. No es que sea guapo, le respondí, es que ¡estoy contento!
La felicidad, hoy, depende más de espectaculares factores extrínsecos que de emociones y estados intrínsecos. Es difícil, por no decir imposible, fingir alegría. Por el contrario, es fácil declararse feliz. Por algo Aldous Huxley utilizó la felicidad y no la alegría para dar título a su famosa novela.

He leído algunos libros de Lipovetsky, pero, sin ánimo de establecer comparaciones ni juicios de valor entre ambos, puestos a degustar elucubraciones "a la francesa", prefiero a Jean Baudrillard.

Alegría leerte de nuevo. Salud!

Hugo dijo...

Me gusta la diferencia que haces entre felicidad y alegría. Te "felicito" :P

La palabra felicidad tiene hoy tantas definiciones (más superficiales que aristotélicos), usos perversos y sombras que es difícil defenderla, aunque no cabe duda de que expresa un concepto o idea muy recurrente en la historia humana, al menos en la occidental. Para mí es una especie de guía metafísica difícilmente definible pero que sirve cuando menos para andar, tal como dice Galeano respecto a la utopía.

Sabemos que existe la felicidad o estado de plenitud, calma existencial, reconciliación con uno mismo y con los demás, olvido de sí, etc. (que tal vez sean aquellos momentos en los que no nos preguntamos si somos felices o infelices, precisamente porque lo somos: un partido de fútbol, un viaje, un beso, una comida familiar, el nacimiento de un hijo...), porque la hemos experimentado en otras ocasiones o porque oímos y leemos a otras personas hablarnos de sus propias experiencias, pero a la hora de la verdad es difícil saber si uno es feliz en un momento determinado, o si la humanidad ha sido más feliz en unas épocas que en otras (me inclino por el sí, aunque es difícil de demostrar aun con todas las estadísticas disponibles). En fin, me temo que estoy empezando a desbarrar :P

A Baudrillard lo tengo también pendiente. Gracias por la alegre recomendación! ;o)

PD. Bonita historia la de tu compañera y tú. Sobre la belleza y su relación con la alegría también habría mucho que decir. Un abrazo, Loam.

Mabel B. Granata dijo...

La FELICIDAD puede llegar a ser "eterna", es intangible ya que en ella recurren muchos factores: paz, tranquilidad, comprensión de la vida y la muerte, propio análisis de uno mismo...respeto hacia otros seres diferentes... mientras que la ALEGRIA, es momentánea y efímera manifestada tal vez con risas, gritos y algarabía (que la FELICIDAD NO NECESITA) Un abrazo Huguito, perdona que estoy un poco alejada por diversos motivos, pero el principal en este momento es que me estoy preparando para el examen de la Alianza Francesa y es muy riguroso. Ya nos contactaremos más frecuentemente, amigo.

Mabel B. Granata dijo...

Estoy tratando, desde hace siglos... de hacerte entrar en razón acerca de la Anarquía... y no me haces caso :)))

Hugo dijo...

Hola, Mabel! En primer lugar, mucho ánimo y mucha suerte con el examen. De francés no sé nada, así que me das un poco de envidia :P

En cuanto a la diferencia entre felicidad y alegría, es igualmente interesante tu punto de vista. Me alegra saber que el tema da mucho de sí.

Ah, y respecto a la anarquía, je, je... La acracia o amor por la libertad es uno de los mejores ideales que creo haber encontrado a lo largo de mi vida, junto con la felicidad, la verdad, el bien, etc. Y estoy convencido de que he emprendido un camino de no retorno, para bien o para mal. Es como cuando uno deja de creer en Dios. En el futuro podré ser un tipo de ateo u otro, más espiritual o menos, más respetuoso con la religión o menos, más activista o menos, pero difícilmente volveré a creer exactamente lo que creía antes. Con el anarquismo creo que pasa tres cuartos de lo mismo. No hay vuelta atrás. Creer a un político o a un economista me resulta ya tan difícil como creer a un sacerdote, a un taurino, etc. Todos buscan dominarnos de alguna u otra manera ;)

Un fuerte abrazo y a seguir bien, mi querida y gran amiga del Sur.

Mabel B. Granata dijo...

:)) tómalo como una broma, en respuesta a tu "oferta" : "algunas cosas que digo en este blog... bla bla.. pueden estar incompletas o incluso equivocadas..bla bla... " y APROVECHÉ a "tratar de convencerte" jajaja. (me abriste la puerta y ENTRÉ) Dejaremos el debate, en serio, para más adelante, que a este nivel (el tuyo y el mío) será interesantísimo...... Un abrazote mi querido amigo.

Hugo dijo...

Je... Hecho! Pero prométeme que no nos pondremos muy serios. Hasta las cosas más importantes hay que debatirlas con un poco de humor. Así todo entra mejor :P

Un abrazo y hasta la próxima.

PD. Yo también ando algo ocupado con una cosilla. Dentro de una semana o así publicaré algo al respecto. Hasta entonces!

Loam dijo...

Dice Mabel que: La FELICIDAD puede llegar a ser "eterna". Y ni el entre comillado puede mitigar el desasosiego que tan desmesurado término me produce. Sin embargo, tal afirmación viene de algún modo a corroborar mi concepto de la felicidad. Efectivamente, la alegría es momentánea y efímera, como la vida misma. Dejemos pues la felicidad, sea eterna o "eterna", para los dioses y gocemos de la más modesta y efímera, pero más auténtica y no menos intensa, alegría.

Alzo mi espumeante vaso de cerveza y brindo por la alegría y a vuestra Salud!

Hugo dijo...

La alegría es propia de animales, mientras que la felicidad es algo más complicado, efectivamente, más metafísico que físico :P

Brindemos, pues, aunque yo sin alcohol!