26 de diciembre de 2014

La «humanidad» es más que la suma de sus partes

Dice Jared Diamond al final del documental Earth 2100 que “todos los problemas a los que nos enfrentamos”, como el peak oil, el peak water, el peak soil y el cambio climático, “son problemas causados por los humanos” y que, por esa misma razón, también “somos capaces de resolverlos”. Pero he ahí un posible non sequitur, una deducción apresurada. Del hecho de que la suma de millones de individuos independientes haya causado esos problemas no se deduce que la suma pueda resolverlos. ¿Desde cuándo la humanidad resuelve problemas? ¿Acaso puede una langosta concienciar al resto de la plaga, o una célula persuadir al cáncer? Me temo que estamos ante una nueva versión del mito de la «mano invisible» de Adam Smith, en el que las acciones independientes de cada uno de nosotros contribuyen, en acto o en potencia, al bien de todos. La parte sueña con ser el todo. Pero el todo, mientras tanto, sigue a lo suyo. A sus ojos, las partes o subsistemas que lo formamos no somos más que perros de paja.

Si bien es cierto que la teoría de la «tragedia de los comunes» no siempre es aplicable a pequeña escala –espacial y temporal-, toda vez que es fácil encontrar ejemplos de propiedades familiares y comunales que evitan o han evitado la sobreexplotación y otros males sociales durante largo tiempo, a gran escala la humanidad ha dado muestras suficientes de no ser capaz de autocontrolarse. A pesar de ello, mi admirado Antonio Turiel todavía conserva la esperanza de que pueda haber “un futuro brillante para la Humanidad si decide dejar de ser adolescente (intentando el imposible de crecer sin límites en un planeta finito) y asume una serena madurez”, pero obviamente la adolescencia y la madurez, así como la acción de decidir, son atributos individuales difícilmente trasladables a nuestras complejas sociedades, y menos aún a nuestra especie. Una «sociedad madura» es un bonito tropo, y al mismo tiempo un bonito antropomorfismo.

2 comentarios:

Loam dijo...

No se debe medir la profundidad de un río con ambos pies. (proverbio inglés)

Allá va el cosmos -donde quiera que vaya- arrastrándonos a todos, aferrados como ácaros a una mota de polvo.

Salud!

Hugo dijo...

Salud, Loam, adonde sea que vayamos ;o)