3 de diciembre de 2014

Propósito de año nuevo

¡Chulo y yo os deseamos felices fiestas por adelantado!

Después de varias semanas macerando algunas ideas y replanteándome algunas cosas sobre el futuro en general y sobre el mío y el de mi familia en particular, he llegado a algunas conclusiones personales que me gustaría compartir con vosotros. Entre ellas que voy a:

1) aparcar o dejar en un segundo plano el borrador del libro hasta nuevo aviso y con ello mi vocación por, digamos, la teoría filosófica, sociológica, histórica, política, doomer, etc. Estoy convencido de que los años 2012, 2013 y 2014, por no hablar del periodo inicial 2008-2011 (en total, lo que va de los veinte a los veintiséis años), han sido muy fructíferos en ese sentido, pero creo que ha llegado el momento de entrar en una nueva fase, no totalmente diferente de las anteriores pero sí de algún modo superadora. Como suelo decir, la especialización no es lo mío, y si sigo única e ininterrumpidamente por el camino de los análisis teóricos y de la crítica social corro el riesgo de especializarme en lo abstracto y de estancarme en lo vital, esto es, en el lado más práctico o vivencial de la vida, por así decir. ¿Se pueden hacer las dos cosas a la vez? Por supuesto, y pienso seguir haciéndolo, pero lo que no se puede hacer es el mismo hincapié en las dos. Yo al menos no. O lo uno o lo otro, como diría Kierkegaard.

2) centrarme por un tiempo en lo que de manera algo rimbombante he llamado para mis adentros Plan de resiliencia 2015 o Curso de aprendizaje integral, algo así como una recuperación y puesta en práctica de actividades y conocimientos de carácter autodidacta que toda familia (al menos un miembro de cada familia) o libre asociación de personas -especialmente si son urbanitas- debería desarrollar en la medida de sus posibilidades para, en el peor de los casos, afrontar en mejores condiciones una posible disrupción severa del Sistema -igual o peor a las ya ocurridas en los Estados Unidos (1929), Cuba y la Unión Soviética (1991) y Argentina (2001)- o, en el mejor de los casos, para su propia autonomía y autorrealización. Desde las más individualistas y survivalistas como aprender radiofonía y adquirir algunas monedas o minilingotes de oro a modo de «valor refugio», pasando por las más privadas como reunir poco a poco un buen kit de herramientas, afeitarse con navaja y cortarse el pelo uno mismo -¡la tijera vaciadora ha sido todo un descubrimiento para mí!-, hasta las más colectivas y transicionistas como aprender construcción -por ejemplo con muros de paja y algo de madera para la cimentación, que es más fácil, económico y ecológico-, producción de energía mecánica y eléctrica -podemos vivir sin electricidad y de hecho algún día volveremos a hacerlo, pero mientras tanto no nos vienen mal algunas de sus ventajas-, impresión de libros y opúsculos con imprentas caseras de tipos móviles, permacultura, fitoterapia -complementándolo con una buena base teórica de química-, veterinaria, así como elaboración de alimentos (pan, conservas, etc.) y productos de higiene personal (jabón mediante sosa cáustica y detergente mediante bicarbonato de sodio). 

En principio tengo pensado dedicarle un post a cada uno de los temas conforme vaya adentrándome en ellos y cogiendo algo de experiencia durante el año que viene y finales de este, aunque solo sea para poner un par de enlaces y comentar algunas cosas. Espero que de ahí salga el contenido que algún día me gustaría incluir en el apartado "Qué cabe esperar del futuro y qué cabe hacer al respecto", situado en la parte final del libro. Hasta entonces todo él seguirá estando cojo. Tampoco descarto -por ahora solo es una fantasía, poco más que un nombre en mi cabeza- plantar o ayudar a plantar las bases teóricas y prácticas de un posible Instituto para la Adaptación al Colapso (IAC) -¡con siglas todo parece más serio!-, algo así como una granja escuela, centro de estudios urbano o incluso neomonasterio -mixto y aconfesional- para decrecentistas, permacultores, catastrofistas -en el buen sentido-, pesimistas -también en sentido positivo-, escépticos, revolucionarios, anarcoprimitivistas, solitarios y demás desheredados, pero sobre todo para gente autocrítica y con sentido del humor. Es importante saber reírse de uno mismo, de sus propias tragedias e incluso de sus más firmes creencias. El humor negro es la sal de la vida, al menos de la mía :P

Por el momento he empezado con la fitoterapia, una rama de la medicina que me está sorprendiendo gratamente. Si bien sigo siendo bastante crítico con...
a) las afirmaciones extraordinarias -creo que quienes prometen mucho a cambio de poco o «duros a cuatro pesetas», como los políticos, los economistas, los sacerdotes, los homeópatas, los reflexólogos, los expertos en acupuntura, muchos herboristas o por ejemplo Josep cuando afirma que "Malaria, Sida, Cáncer, Diabetes y Ebola son enfermedades curables", deben aportar evidencias empíricas o razones lógicas extraordinarias-, b) los productos curalotodo -para muchos extractos de plantas no hay evidencias suficientes de que curen lo que muchas webs y personas bienintencionadas dicen que curan, y para los que sí, su potencial terapéutico es generalmente menor si lo comparamos con el de los fármacos de síntesis (basados en la construcción de moléculas no existentes previamente, como la penicilina), sobre todo en enfermedades graves, aunque no hay mal que por bien no venga: también su coste real y sus efectos adversos suelen ser menores-, c) los suplementos vitamínicos que, salvo en algunos casos puntuales, son innecesarios y d) los alimentos fetiche -comerse un plátano, beberse un zumo de naranja, dos cucharadas de aceite de oliva, un vaso de leche o una copa de vino tinto al día no es imprescindible en sí mismo, lo importante es el nutriente venga de donde venga y no tanto el continente-, 
lo cierto es que hay toda una serie de estudios convincentes con ensayos clínicos con humanos y apañados grupos de control más allá del «a mí me funciona» y del «si lo tomaban los indios por algo será» que me han hecho ver con otros ojos la fitoterapia, con la que seguramente tendrán que volver a convivir las generaciones futuras y debido a lo cual no nos vendría nada mal conservar e incluso mejorar el saber acumulado durante estas dos últimas décadas tan prolíficas, algo así como una "fitoterapia escéptica" que armonice lo mejor de ambos mundos (el mundo tradicional, simple y holista, a lo Hildegarda de Bingen, y el mundo industrial moderno, complejo y reduccionista, que tantos quebraderos de cabeza pero también luces nos ha traído). 
La asistencia médica que se presta en las naciones industriales del mundo es irremediablemente insostenible, puesto que depende de energías concentradas, del aporte de recursos y de las cadenas de suministro planetarias. Conforme la sociedad industrial se vaya desintegrando, los métodos actuales de asistencia sanitaria tendrán que ser reemplazados por métodos que requieran mucha menos energía y recursos y que además puedan poner en práctica los miembros familiares y los médicos locales. Tendrá que destinarse mucho trabajo a identificar las prácticas que pertenecen a este grupo de tecnologías, ya que todo el asunto es un campo minado de reivindicaciones en conflicto tanto por parte de la corriente dominante de la industria médica como de la asistencia médica alternativa; cuanto antes se separe el grano de la paja, mejor.
John Michael Greer, 2014.
Ahora bien, no nos valdrá solamente con el escepticismo científico. Los que con orgullo se llaman a sí mismos ateos y «escépticos» tienden a subestimar otros escepticismos, como el político, el histórico, el ético, el cultural y el económico. Matamos en nuestro interior al dios de los teístas, o al menos su lado más cuestionable, enhorabuena, pero ¿por qué detenernos ahí? Vendimos la piel del escepticismo antes de cazarlo. Ni siquiera Dios era el peor dios de todos. Hoy en día del dios Estado apenas se duda (menos que ayer incluso), tampoco del trabajo asalariado, y mucho menos del Progreso. Estos tres falsos ídolos, junto con la tecnolatría y otras filias, han causado más desgracias que todas las religiones y «medicinas alternativas» juntas; el cientificismo tan arraigado entre los divulgadores científicos tiene consecuencias sociales aún más determinantes que la «charlatanería». En otras palabras, las supersticiones de los escépticos pueden ser todavía más perniciosas que las supersticiones de los «magufos». Creer en las conspiraciones más rocambolescas de los Estados no es nada comparado con creer en los propios Estados, del mismo modo que es más perjudicial en términos sociales creer churchillianamente que la democracia representativa es el menos malo de los sistemas políticos o que el capitalismo es el menos malo de los sistemas económicos que creer en los Anunnakis. El pensamiento crítico, pues, será integral o no será.

Nota: un libro recomendable sobre la materia es el Manual de fitoterapia (2011, 1ª edición revisada) de Encarna Castillo y compañía. Como el precio no es muy asequible, hoy por hoy lo estoy leyendo en la biblioteca de la Universidad de Alicante. Lo único que le echo en falta, aunque es una ausencia perdonable -el libro ocuparía y costaría el doble, de hacerme caso-, es la no existencia de un apartado dedicado a la anatomía vegetal, al cultivo de cada planta y a su posterior transformación en fitofármaco.  

¡A vuestra salud!

10 comentarios:

Tay dijo...

Pensamiento crítico integral... Mola : )

Mucha suerte en la nueva etapa, o mejor que suerte, ánimo!

Hugo dijo...

Hola, Tay, cuánto tiempo! Me alegra leerte y... muchas gracias por los ánimos. Nunca sobran ;o)

¿Te gusta lo de "integral"? Je... Es más fácil escribir la palabra que cumplirla, pero la intención es lo que cuenta, ¿no? :P

Un abrazo y a seguir bien!

Loam dijo...

Somos una mezcla de nuestras limitaciones y del anhelo -tan legítimo como necesario- de superarlas. Con ésto, no pretendo una definición de lo "integral", pero sí apuntar hacia lo que, a mi entender, es más importante aún: la integridad.

Simpática foto esta de Hugo y Chulo saltando en el tiempo. A ambos os deseo muchos y venturosos saltos. Abrazos y guaus!

Hugo dijo...

Pues adelante con un pensamiento y una acción íntegras e integrales. Por pedir que no quede :P

Gracias por tus deseos, Loam. Le daré un "guau guau" de tu parte, je...

Un abrazo también para ti y a seguir saltando!

Mabel B. Granata dijo...

Qué fotos tan lindas....!! la vi en F/B en el muro de tu mami y comenté... Me vas a perdonar el silencio, es que el curso de Francés es muy "avasallante" y tengo examenes muy pronto. Tampoco estoy atendiendo mis blogs.... salvo alguna cosita que otra para "no perder la costumbre".. Un abrazo Hugo, sabes que con mensajes o sin ellos SIEMPRE SOMOS "AMIGOS PARA SIEMPRE"... :))

Hugo dijo...

¡Hola, Mabel! Muchas gracias. Ya me contó mi madre el éxito que había tenido en su muro, je... Y leí en persona tu comentario :o)

Te perdono el "silencio" y lo que haga falta! Además, tampoco hay mucho que decir por aquí últimamente :P

Fuerza con los exámenes y hasta siempre.

Mabel B. Granata dijo...

Chulo y tú YA SOIS FAMOSOS.... !!! y yo orgullosa de decir "ese es mi amigo" ¡toma!
jajajajaja. Abrazos.

Un besito a Chulo de su tía del "fin del mundo"....

Hugo dijo...

Otro para Ágata ;o)

alencuentrodequienbusca dijo...

Muchísima suerte y acierto en tus proyectos.

Leyéndote aquí me han venido a la cabeza una serie de libros con los que coqueteé en su día y que, de no ser por las sabidas contradicciones que si nos ponemos, hallamos en todo, se hubieran convertido en una especie de guía de vida hacia lo integral. Es muy posible que te suenen, viendo ese deseo tuyo de reconciliación con la vida inmediata; o de otra forma, puede que sean parte de esos gozosos libros que cuando los leemos sentimos ese satisfactorio 'esto ya lo sabía'.

Todo se enmarca dentro de lo que llaman Teoría Integral. Es un movimiento bastante nominalista que gira en torno a la figura de Ken Wilber. Digamos, intenta hacer un crisol del conocimiento de ayer y hoy e intentar extraer claves comunes a la humanidad misma en todo el ámbito del conocimiento. Específicamente, hay una parte (un libro en sí, de hecho) que habla de cultivar tanto nuestras dimensiones interiores (lo reflexivo, en resumen, como joya del intelecto; y también el espíritu, como dimensión sensible y más elevada) como nuestra parte exterior, el cuerpo, el trabajo, etc. No centrarse en ninguna de ellas en exclusividad e integrar todas significa una práctica integral de vida.

Pero claro, podría parecer que es suficiente atormentarse la dosis diaria en lo mental y después ir al gimnasio, como cambiando de piel, de rol. Qué mejor forma de integrar-nos que cultivar nuestra existencia de forma relacionada, de manera que aquéllo que dediques a nuestra manifestación material produzca el enriquecimiento también del alma. Y ahí, efectivamente, se encaja tu búsqueda, por lo que puedo advertir, ya que indudablemente no buscas un gimnasio sino espacios vitales mundanos donde crecer en todas direcciones.

Perdona el texto tan largo y algo evocador pero me alegró leer algo tan próximo a mi búsqueda. Te pongo un enlace al libro específico del que te hablo, aunque yo tengo casi toda la obra de Wilber y me ha aportado muchísimo, tanto en lo afirmativo como lo negativo; que de eso se trata, vaya.

http://editorialkairos.com/catalogo/la-practica-integral-de-vida

:)

Hugo dijo...

Muchas gracias, Alexei! A mí también me ha alegrado tu comentario (cuanto más largo, mejor). Es como gritar delante de una gran pared y que el eco te responda. Una sensación intrigante ;o)

Me has descrito casi mejor que yo, y creo que el libro que me recomiendas da bastante en el clavo, al menos conmigo. No por casualidad le sigo la pista a Wilber desde hace algunos años, aunque apenas he empezando con su obra. En casa tengo un libro suyo, "Cuestiones cuánticas", más teórico que práctico, y recuerdo haber visto algún que otro vídeo así como haber ojeado algunos escritos más, pero aprovecho tu empujón para redirigir mi búsqueda en esa dirección. Lo tenía medio olvidado al bueno de Wilber :P

Un abrazo, suerte también para ti y a seguir bien (o mal, llegado el caso; la cuestión es seguir, je...)