9 de enero de 2015

¿Hasta qué punto es machista la obra de Félix?

Una aproximación


Como ya he insinuado en entradas anteriores (12, 34 y 5), mis discrepancias con la obra de Félix Rodrigo Mora se han ido tornando cada vez más nítidas -ganándome así algunos ataques que creía olvidados (ad hominem); ¡no hay nada como volver a casa!-, aunque sería un descuido por mi parte no reconocer también mis coincidencias -enumerarlas me llevaría un buen rato-. 

Ahora bien, aparte de lo ya comentado en esas otras entradas, aparte también de mi crítica a lo que considero por su parte una actitud en alguna medida acientífica o incluso anticientífica cuando rechaza estoicamente y sin matices el darwinismo e implícitamente la teoría de la evolución por selección natural -de ahí que Cauac Editorial Nativa, que tiene libros interesantes sobre educación, distribuya algunas de las obras de Félix junto a otros títulos como Desmontar el SIDA La crisis latente del darwinismo-, aparte de mi visión relativamente determinista y anti-antropocentrista de la historia en contraposición a su visión relativamente idealista y voluntarista (ej. "las gentes de la sociedad actual (...) no suelen comprender lo decisivo de las ideas y los ideales en los procesos de cambio social y personal"), aparte así mismo de cierto pensamiento de grupo«efecto arrastre», «sesgo de responsabilidad externa», proselitismo -esta crítica tal vez parezca dura, pero no creo que vaya del todo desencaminada-, moralismo -esto último lo piensa también gente afín- e incluso irracionalismo criticables que se estarían formando alrededor de su obra y al calor de la actual crisis civilizacional -como ya hiciera el lado más cuestionable del cristianismo primitivocomo ya expresé un tanto groseramente en aquel comentario-, aparte además de las posibles e imprevistas consecuencias morales y sociales de considerar al "sujeto medio" actual como una persona "aberrante" así como otras expresiones, herederas paradójicamente de cierto nietzscheanismo moral ("el ser humano moderno adolece de una débil personalidad, (...) qué grande ha de ser la repugnancia de las generaciones futuras cuando se ocupen del legado de esta época, en la cual no gobernaban los seres humanos vivos, sino seres con apariencia de humanos", decía Nietzsche en Consideraciones intempestivas), que pueden servir en la práctica para deshumanizar al diferente y al adversario, como por ejemplo "seres ínfimos", "seres nada", "monstruos" y "subhumanos" (ej. "Los débiles por elección, los estúpidos, los dependientes, los egotistas, los hedonistas, los flojos, los insociables y los cobardes tienen ante sí una situación bastante difícil, y muy probablemente irán pereciendo en masa en los próximos decenios. (...) Digámoslo con toda claridad: vamos a hacer la revolución, vamos a crear una nueva sociedad, un nuevo ser humano y un nuevo sistema de valores"), aparte asimismo de su excesiva fijación por la «izquierda» como principal enemigo a batir, al margen igualmente de esa especie de «o conmigo o contra mí» o falso dilema presente en algunos de sus textos (ej. "yo estoy a favor de la revolución y él está en contra"), aparte también -ya entrando más duramente en las formas- de cierta falsa humildad y blindaje ante las críticas cuando en ese último texto afirma que "ni mis ideas ni yo tienen la significación suficiente como para ser objeto de una crítica sistemática", y al margen también de mi escepticismo ante cierta dosis de etnocentrismo y maniqueísmo a la hora de analizar la España musulmana sin tener en cuenta que ni la Reconquista cristiana fue tan positiva ni la conquista musulmana tan negativa -muestra de ello quizá sea su crítica a los califatos y al "anticlericalismo burgués" en mayor medida que a la Iglesia y al clericalismo, como por ejemplo cuando en O atraso político do nacionalismo autonomista galego minimiza la importancia del conservadurismo ideológico al decir que "el franquismo fue más una dictadura de los técnicos (...) que del clero y del falangismo"-, aparte así mismo de cierto ahistoricismo, revisionismo igualatorio e incluso exculpacionismo cuando en "La Guerra Civil explicada a los jóvenes ochenta años después" afirma que "la barbarie de la izquierda fue decisiva para hacer triunfar la barbarie de la derecha, la victoria de Franco en 1939", y que "en la guerra civil la izquierda fue fascismo de izquierdas mientras Franco fue fascismo de derechas", aparte de todo eso, creo que todavía quedan no pocas afirmaciones respecto al problema de la violencia machista -pasadas o presentes, suyas o de otras personas cercanas a él y a su movimiento monolítico de «revolución integral»- que por regla general no han sido suficientemente analizadas ni por sus seguidores ni por sus detractores, estos porque lo han considerado una pérdida de tiempo y aquellos porque han preferido no verlo. Tanto los que tienden a confiar en el juicio de Félix como los que tienden a desconfiar de él, puede que encuentren en esta crítica una manera de mejorar sus posturas en la dirección que finalmente consideren más oportuna. Entre el nuevo becerro de oro y la caza de brujas está el justo medio. Empecemos, pues.

A finales de 2011, una mujer llamada Pilar, posiblemente una de las personas que administran la página web de Félix, afirmaba que "antes de la Ley de Igualdad del 2004 había menos muertes que a raíz de ser publicada y en ascenso hasta la fecha, esto es un hecho no una idea (lo que se quiso eliminar lo fomentó)", lo cual no era cierto entonces y lo es todavía menos ahora. Y aun si lo fuera, el argumento bien podría ser falaz (post hoc ergo propter hoc). En teoría, incluso las mejores políticas sociales pueden actuar con un retardo de décadas, como demuestra generalmente la dinámica de sistemas. Sí es cierto, no obstante, que en 2008 se alcanza la cifra más alta de los últimos años (aunque no la más alta registrada), pero puestos a buscar causas principales, una buena candidata podría ser la crisis económica, que en menos de un año produjo un aumento extraordinario en la tasa de desempleo superior al 5%, entre otras consecuencias menos evidentes

El propio Félix, en un texto de 2012 titulado "Feminismo policíaco, feminismo fascista", añade que "desde su entrada en vigor el porcentaje de mujeres asesinadas se ha incrementado en, aproximadamente, un 50%", lo cual es fácil de comprobar, a menos que pongamos en duda las estadísticas oficiales, en cuyo caso habría que aportar cifras alternativas de un rigor similar o cuando menos aportar alguna prueba de la supuesta conspiración. Mientras tanto, los datos del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad y del Instituto Nacional de Estadística muestran una media de 62 asesinatos anuales durante el periodo 2005-2014, diez menos que en 2004 (recuérdese que la ley no entró en vigor hasta el año siguiente). Otras fuentes, si bien dan cifras más altas y quizá más reales por basarse en un recuento directo de los casos aparecidos en prensa, muestran una tendencia similar. 


En el mismo texto de 2012, siguiendo probablemente un razonamiento parecido al del juez inhabilitado Francisco Serrano, afirma que "la gran mayoría" de los detenidos por violencia de género son "inocentes", a partir de lo cual parece concluir, invirtiendo los términos, que la inmensa mayoría de los condenados lo han sido "a partir de denuncias inverificadas, no probadas, muy a menudo presentadas por la misma policía", cuando lo más razonable sería demostrar esto último para después, si procede, afirmar lo primero. Por lo pronto, lo de "muy a menudo presentadas por la misma policía" es un poco exagerado, o una verdad a medias: en el periodo 2007-2012, al menos el 76% de las denuncias fueron interpuestas por las propias víctimas, por sus familiares o por los servicios de asistencia (VI Informe Anual del Observatorio Estatal de Violencia sobre la Mujer 2012).


También Pilar, en el post que acabamos de comentar, adjuntaba un "documental"  supuestamente danés sobre denuncias falsas en España tan sorprendentemente manipulado que no sabría por dónde empezar. Pero no me hagáis caso, juzgadlo vosotros mismos. Como decía aquel eslogan, «busque, compare, y si encuentra algo mejor, cómprelo». Además, afirmaba bajo el conocido «efecto del falso consenso» que "hoy en día todos conocemos a alguien al que se le ha acusado en falso con la ayuda de la administración" (la cursiva es mía), lo cual evidentemente no es verdad, al menos no en el sentido de conocerlo del barrio, ni siquiera de oídas. Es cierto que conocemos algunos testimonios personales a través de Internet, pero son demasiado parciales y están poco documentados, y eso obviamente no es lo mismo que conocer de verdad casos de denuncias falsas. Soy el primero en prestarse a destapar lo que haya que destapar, pero a falta de conocer cada caso personalmente y con unas mínimas garantías de objetividad, lo razonable es creer antes a los jueces y juezas -a quienes se les presupone un mayor grado de imparcialidad- que a los propios implicados y sus defensores mediáticos -a quienes se les presupone por principio un mayor grado de parcialidad-. Por esa razón, en todas las sociedades humanas siempre ha existido el rol del árbitro para dirimir los conflictos personales y facilitar la convivencia.

En este enlace podéis ver un juicio real. Tanto la persona que subió y tituló el vídeo como quienes lo comentan más abajo han hecho una lectura del mismo tan contraria a lo evidente, evidente al menos para mí y para los allí presentes excepto para el acusado, que en lugar de demostrar un caso de denuncia falsa, irónicamente el vídeo nos brinda la oportunidad de ver un caso real de violencia de género, lo cual no habría sido posible si el dueño del canal no hubiera pecado de exceso de confianza. La grabación que aporta el propio acusado sobre los hechos que se juzgan, lejos de mostrarle como una persona "civilizada", es una buena prueba documental de su comportamiento. Si su defensa consistía en tirarse piedras contra su propio tejado, creo que no lo podría haber hecho mejor. La soberbia es traicionera. Dentro de lo trágico, lo bueno es que un maltratador, al menos en su máximo apogeo como tal, no suele saber que lo es, de modo que por mucho que se vea a sí mismo como una persona cabal, pacífica y empática, por mucho que se engañe a sí mismo, su comportamiento no miente. Tiene un punto ciego, un cartel pegado a la espalda que pone «violento hasta nuevo aviso», solo que él aún no lo sabe, y puede que nunca llegue a saberlo -los programas formativos ayudan, pero tampoco hacen milagros-. Por eso los agresores se autodelatan aunque no lo quieran, e independientemente de que el juicio acabe en condena. Es más fácil mentir a los demás cuando se trata de enunciados simples («¿fuiste tú?», «¿dónde estabas?») que cuando se trata de ocultar la propia personalidad. Eso es lo bueno dentro de lo malo.

Si bien es cierto que la ausencia de prueba no es prueba de ausencia (argumento ad ignorantiam), lo que podemos afirmar con seguridad es que los casos de violencia de género que se abren por posibles denuncias falsas representan aproximadamente el 0,01%. Si la mayoría de las denuncias fueran meridianamente falsas, fruto de invenciones maquiavélicas, ¿no cabría esperar que hubiera una auténtica contraofensiva judicial por parte de los denunciados, en lugar de los escasos 120 procesos iniciados en los últimos cinco años, de los cuales más de un 70% no se han podido probar? Supongo que Félix, al creer desde un principio que el porcentaje de "hombres maltratadores" es inferior al "0,0001%" del total de la población masculina en España -¡menos de 20 hombres según sus «cálculos»!-, lo cual se encuentra más en el reino de los aprioris morales que en el de las pruebas objetivas -lo más probable es que "el maltrato ejercido sobre las mujeres por sus compañeros íntimos" no esté "por debajo del 5% en ningún país" (Bosch y Ferrer, 2012), cifra que coincide grosso modo con la arrojada en España por el Instituto de la Mujer, así como con el 5% de maltrato infantil-, concluye que la mayoría de los denunciados no pueden ser culpables, y que por lo tanto la inmensa mayoría de esas mujeres o mienten o exageran o se han dejado llevar por los cantos de sirena de las "nazi-feministas". Sin embargo, al sugerir que estarían cometiendo un delito al denunciar falsamente a sus parejas o exparejas, termina por criminalizar de manera directa o indirecta no solo a esas mujeres sino en general a todas aquellas personas que estén de acuerdo tácitamente con la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, cuando irónicamente lo único que pretendía con su crítica era visibilizar el nuevo "feminicidio" al que se estarían viendo sometidas las mujeres por parte del feminismo de Estado y descriminalizar al mismo tiempo a un supuesto género masculino perseguido por esas mismas instituciones. Es lo que se conoce como desvestir a un santo para vestir a otro. Según el médico forense Miguel Lorente -de quien Félix dice que sus libros son "repulsivos" y en los que "casi cada página es una montaña de suciedades, chismes, ignorancia autosatisfecha y bellaquerías", toda una muestra, entre otras, de hasta qué punto practica en sus escritos el amor al prójimo y la defensa de la «libertad de conciencia» que tanto defiende-, todo esto "es tan absurdo que quienes dicen que «no se respeta la presunción de inocencia de los hombres», directamente condenan sin pruebas ni juicio a todas esas mujeres como autoras de un «delito de denuncias falsas»". Estoy de acuerdo. Y se pregunta: "¿A quién creemos, al posmachismo que dice que las mujeres denuncian falsamente con la única prueba de que quien interpone la denuncia «es mujer», y que habla del 80% de denuncias falsas cuando la Fiscalía General del Estado recoge que representan el 0’010%?"

Es irónico, además, que por un lado minimice el número de denuncias verdaderas por violencia de género y por el otro afirme que "cada año se ponen en «España» unas dos denuncias diarias" contra "los cuerpos policiales por «malos tratos», torturas, cifra que quizá no sea ni el 10% de los casos realmente acaecidos, pues la gente tiene pánico a denunciar a la policía por «malos tratos» ya que se pueden encontrar con más, mucho más, de lo mismo". ¿No es razonable suponer que ese mismo "pánico" a las torturas policiales, o incluso uno mucho mayor, además de la tradicional vergüenza por el qué dirán y el miedo a la revictimización y a que no las crean, esté presente igualmente en un gran número de mujeres maltratadas, de manera que las denuncias interpuestas no solo no serían falsas sino que representarían solamente una pequeña parte del total? Un dato insoportable: "tres de las mujeres asesinadas en 2010 habían sido denunciadas por sus homicidas" como represalia (Amnistía Internacional, 2012). ¡Encima de asesinadas, denunciadas!

En otra ocasión, Félix afirma que detesta "de todo corazón la orgía alcohólica fomentada desde el Estado que padece nuestra sociedad que, dicho sea de paso, mata cada año quizá cien veces más mujeres que la «violencia de género»", lo cual puede ser cierto -yo mismo soy abstemio, aunque por motivos puramente de gusto, y también veo con incomodidad que el alcohol sea el dueño de las fiestas-, sin embargo no repara lo suficiente en que, como dicen Esperanza Bosch y Victoria Ferrer, "el consumo abusivo de alcohol y drogas estaría presente en el 50% de los casos de violencia de género a escala mundial, oscilando entre un 8 y un 97% según el estudio", lo que parece sugerir que a mayor "orgía alcohólica", al decir de Félix, mayor tenderá a ser el número de víctimas, como al parecer estaría ocurriendo especialmente en algunos países nórdicos. Tampoco repara en lo desafortunada que es su comparación, que no es inocente. Si al lector o lectora le dices que la violencia machista mata cien veces menos que el alcohol en un texto donde se minimiza constantemente el machismo, es evidente que detrás de ello hay una intención negacionista. Que esta sea consciente o inconsciente es lo de menos. Como determinista, pienso que los actos son más relevantes que las voluntades.


También sostiene un tanto esotéricamente, "según informes parciales que circulan en la semi-clandestinidad", que el número de detenidos por violencia de género sería de unos 50.000 al año -supongo que por detenidos se refiere a encarcelados; si se refiere únicamente a denunciados, entonces no solo tendría razón, sino que se habría quedado corto-, lo que contrasta notablemente con los cerca de 6.000 reclusos que cumplen condena todos los años según la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias (VI Informe), a lo que todavía habría que restarle el número de presos que cumplen más de un año de presidio, que serán unos cuantos. Otro dato: solo un 6% de las medidas penales suponen privación de libertad (Consejo General del Poder Judicial, 2012). Por lo tanto, si no mienten las autoridades -y no se me ocurre en este caso ninguna razón de peso para que todos los partidos políticos del mundo conspiraran conjuntamente y arriesgaran de esa manera su reelección-, el número anual de nuevos internos es unas diez veces menor de lo afirmado -la diferencia entre una y otra cifra no es de un 10% o de un 50%, que ya sería motivo de alarma, sino de un difícilmente creíble 1000%-, de manera que decir que "estamos asistiendo a una cacería al hombre en toda regla, sólo comparable a la que el franquismo hizo en la lucha contra el maquis", es una afirmación gratuita tanto en lo cuantitativo como en lo cualitativo. Afirmaciones extraordinarias requieren razonamientos extraordinarios.


Más adelante, asegura en ausencia de referencias bibliográficas que "está probado por estudios sociológicos de gran rigor" que "las aterradoras campañas de culpabilización de los hombres que lanzan los medios de comunicación" incitan "de facto a cometer nuevos asesinatos pero, dado que lo que se busca es culpabilizar a los varones y en absoluto proteger a las mujeres, se siguen haciendo". Puesto que la carga de la prueba está en el que afirma (onus probandi), esa afirmación no tiene especial credibilidad mientras no se aporten los datos requeridos, por mucho que se añada al final de la frase la expresión "de gran rigor" (magister dixit). Por lo tanto, de momento lo de "aterradoras" no pasa de ser una opinión subjetiva del autor.

En otra parte del texto, Félix afirma con su ya habitual brocha gorda que "el feminismo se lucra con el asesinato de mujeres, de la misma manera que la industria farmacéutica engorda con la mala salud de la población". Según él, el feminismo "está, al menos objetivamente, interesado en que siga la matanza, por eso no hace ni hará nada para frenarla, al contrario, su estrategia es echar leña al fuego, pues vive y medra a costa suya". Llegados a este punto, podemos discutir si las medidas son las correctas -quien me conoce sabe que no soy precisamente ningún adorador de las cárceles, de las leyes ni del Estado- y si los resultados son los esperados, pero afirmar que el feminismo no solo “no hace nada ni hará nada para frenarla” sino que además “su estrategia es echar leña al fuego”, es demostrablemente falso. Si no fuera por dos siglos de feminismo, el machismo seguiría campando a sus anchas, y si hay alguien que está echando más leña al fuego en este asunto, opino que son quienes se refieren a las feministas con frases tan violentas, maniqueas y poco conciliadoras como "¡fascistas!, ¡fascistas!, ¡fascistas!". En estos últimos años creo haber aprendido que quienes usan esa clase de epítetos con frecuencia y como arma arrojadiza están más cerca de serlo ellas mismas que quienes los utilizan con moderación y como último recurso. El lenguaje de máximos y sin matices tal vez valga para momentos puntuales de excitación, pero es poco apropiado en un texto pensado para durar años. Tanta parece ser la preocupación de Félix en este punto que llega a pronosticar para ~2016 la creación de un grupo "parapolicial y paramilitar" de feministas armadas por el Poder con la intención de reprimir a “los varones y las «mujeres macho»” anticapitalistas. De momento, se ha creado un nuevo título académico de Formación Profesional.

Según él, el Manifiesto SCUM (1967) de la feminista radical estadounidense Valerie Solanas "es el libro inspirador de la Ley de Violencia de Género", pero pienso que esa asociación apresurada nace más del miedo que de un análisis sosegado. En el mejor de los casos, el feminismo que se respira tanto en el Gobierno como en el trabajo, en las casas y en las calles es la versión más ortodoxa y moderada del feminismo, uno mucho más cercano al de Wollstonecraft que al de Solanas, y ello casi siempre es así con todas las ideologías, debido tanto al efecto consenso como a la inercia de la propia historia que, salvo abruptas explosiones ideológicas, tiende a diluir las posturas más radicales como si de una «regresión a la media» se tratara, a veces para bien y otras para mal. Otra cosa, desde luego, es que en determinados círculos políticos heterodoxos y minoritarios se defienda un feminismo violento y androfóbico, pero no hay que confundir la parte con el todo. Hoy en día sigue siendo muy infrecuente que personas o grupos como el Partido Feminista de España defiendan o actúen como si defendiesen que "a las hembras con sentido del civismo (...) solo les queda derribar al gobierno, eliminar el sistema monetario, instaurar la automatización completa y destruir al sexo masculino", como decía Solanas. Además, ¿no es un poco partidista y desproporcionado estar tan preocupados por unos cuantos colectivos misándricos cuando existen entre nosotros colectivos misóginos desde hace siglos, los cuales, si no me equivoco, no se llegan ni a mencionar en ninguno de los textos de Félix? Como dice Juana Gallego en su libro Eva devuelve la costilla (pág. 127), "con qué facilidad se opina, critica o juzga que las mujeres se están beneficiando del sistema y perjudicando a los hombres. (...) Con cuánta pasividad se ha aceptado el sometimiento femenino durante siglos y con qué rapidez se defiende que la reparación de esa injusticia se está convirtiendo en un abuso. ¿No será que en realidad se justifica la subordinación femenina y que en el fondo se desearía que continuara así?". Un dato: alrededor de un 1% de los europeos y europeas piensa que la violencia contra la mujer es aceptable en cualquier circunstancia. Otro: en España solamente un "90,6% considera que es totalmente inaceptable". Otro más: el 10% de los jóvenes andaluces "considera que el hombre debe tomar las decisiones importantes en la pareja", y el 20% que "la mujer es más débil".

En otra parte del artículo, el autor sugiere que las “féminas policías” son “más agresivas a menudo (…) que sus colegas varones”. Tampoco en esta ocasión parece basarse en estudios que hayan analizado el comportamiento agresivo de una muestra significativa de hombres y mujeres policía, sino en experiencias personales y testimonios de terceros que, si bien siempre vienen bien para diversificar las fuentes, hay que reconocer que por sí solos no suponen una verdad lo suficientemente sólida como para sentar cátedra. Incluso en el caso de que fuera cierto y se pudiera demostrar mínimamente y ante los demás más allá del «a mí me pasó» o del «me lo han contado» -pues ya sabemos lo poco fiables y extrapolables que suelen ser la mayoría de nuestras experiencias personales en comparación con los estudios controlados y los razonamientos lógicos-, todavía sería criticable el hecho de que, siendo igualmente cierto que algunos hombres policía son a menudo más agresivos que sus compañeras, Félix haya preferido centrarse en el caso contrario creando así una imagen distorsionada de la realidad.

En otro texto ya citado, deduce que la discriminación laboral hacia las mujeres embarazadas hasta el punto de llegar al despido se debería en primer lugar no a la búsqueda psicópática del máximo beneficio como objetivo empresarial o al machismo de sus jefes e incluso jefas inherente al propio sistema económico capitalista, sino a una supuesta y creciente heterofobia "interesadísima en la lesbianización de las mujeres". Ahora bien, aun en el improbable caso de que esa fuera una de las causas, es difícil imaginarse que se encontrara entre las más importantes. Estoy muy lejos de creer como Félix que haya una "satanización del varón heterosexual y del sexo heterosexual", o que "el victimismo gay es, en buena medida, una exageración y una invención". Actualmente sigue habiendo muchísima más homofobia que heterofobia, al menos en mi entorno. La diferencia entre una y otra probablemente sea de varios órdenes de magnitud. El día a día en las aulas de los institutos pero sobre todo en los patios es una buena muestra de ello, al igual que ocurre en las cárceles propiamente dichas. Al parecer, los espacios de convivencia cerrados, altamente artificiales, opresivos y una pobre educación emocional estarían maximizando y manifestando estos prejuicios normalmente latentes en el resto de colectivos sociales. En mi opinión, preocuparse tanto por un supuesto aumento de la heterofobia podría ser el reflejo invertido de una homofobia no reconocida.

En un artículo de 2012 colgado en la página de Félix, Rafael Palacios, más conocido en el mundo de las teorías conspirativas como Rafapal, afirma que “la mayor parte de los asesinatos” ocurren “en parejas inmigrantes”, lo cual, aparte de falso en términos absolutos -lo que sí es cierto, en términos relativos, es que una mujer inmigrante tiene más probabilidades de ser maltratada y/o asesinada por su pareja que una mujer nacida en España-, es una afirmación que nace de algún estereotipo xenófobo previo y no, al parecer, de un sano interés por los datos y las personas que hay detrás de esos datos. De hecho, cerca del 80% de las mujeres que llaman al 016 en busca de ayuda y consejo son españolas (VI Informe). En la misma dirección, un comentarista de este mismo post llamado Piedra, justo después de decirme que vivo "en un mundo muy alejado de la realidad", afirma sin despeinarse que "hay que tener en cuenta muchos factores" a la hora de interpretar las estadísticas, "como la coincidencia en el tiempo con el boom inmigratorio". ¿Es cierto eso? No, a poco que se mire el número de mujeres asesinadas. A principios de los años noventa, con apenas un 1% de población extranjera en España, la cifra era de unas "80 mujeres de promedio anual". Casi 90 en 1987.  Hoy, con una población extranjera diez veces mayor, la trágica cifra no solo no ha aumentado sino que ha descendido al menos un 20%, con ligeras variaciones interanuales e incluso con especial tendencia a la baja desde 2011. Es más, si tenemos en cuenta que ahora la población total es un 14% mayor que hace veinte años, tanto en números absolutos como en números relativos la reducción de las muertes por violencia machista resulta más que evidente.

Población extranjera en España

¿Y qué opina Félix? No tengo constancia de que se haya pronunciado en este sentido en particular, pero es obvio, al menos en mi opinión, que un mínimo de racismo o xenofobia debe de haber en su obra cuando en "Confesionales y anticlericales dicen lo mismo sobre la inmigración" y en "El racismo de la izquierda ayer y hoy" llama racistas a quienes se preocupan por las minorías, en este caso inmigrantes -"todos son racistas de facto, yo no"-, achacándoles sin el necesario fundamento teórico -una acusación extraordinaria requiere como mínimo una fundamentación ordinaria- de "alentar" la inmigración, de "convertir a los inmigrantes en víctimas", de conminar a las mujeres "a mantener relaciones sexuales con gentes de otras razas", de denigrar -valga la contradicción etimológica- a "la raza blanca para exaltar a otras razas, en particular a la negra" y de considerar "al inmigrante como un sujeto con sólo derechos, sin deberes ni obligaciones, alguien que por su pretendida situación de pobreza extrema (...) puede hacer lo que le venga en gana, y al que nunca se les pueden exigir responsabilidades en el trato con sus iguales". ¿Quién hace eso? Además, es irónico que llame paternalistas a quienes solo tratan de ser hospitalarios en favor de la igualdad de oportunidades cuando probablemente no hay nada más paternalista que decirle a un migrante qué es lo que le conviene, que según Félix es sumarse a su revolución, pero desde casa, eso sí: "¿Es ético que una persona abandone su país y los suyos para ir a integrarse en la sociedad de consumo?, ¿no saben quiénes lo hacen que con ello dañan a la sociedad donde nacieron? (...) Los inmigrantes vienen de sociedades en que se hace necesario un inmenso esfuerzo en pro de la justicia social, en pro de la revolución integral. En vez de eso ellos escapan, eluden sus responsabilidades, se van a consumir. ¿Eso es políticamente justo?, ¿es éticamente admisible? (...) La tarea de los inmigrantes es hacer la revolución en su propio país, no emigrar a los países ricos. (...) Si son sujetos con conciencia quienes están aquí han de considerarse autocríticamente y volver a su país de origen para sumarse a la acción revolucionaria allí". En primer lugar y en palabras de su antiguo compañero Javier Rodríguez Hidalgo, eso último me "recuerda a lo que contaba Jorge Semprún en su Autobiografía de Federico Sánchez acerca de ese miembro del comité central del partido estalinista español que solía espetarle con un «¡Camarada Semprún, te voy a hacer tu autocrítica!». Otro tanto podría decirse de esa libertad de conciencia que para Félix no basta con ejercer, sino que es preciso «instaurar»...".

En segundo lugar, que un inmigrante sea hiperconsumista o la persona más asceta del mundo es independiente de su condición de migrante. Las personas seguirán eludiendo "sus responsabilidades", si es que lo hacen, estén donde estén y vengan de donde vengan, pero parece que a los extranjeros se les exige más y se les presupone una mayor irresponsabilidad por el simple hecho de haber nacido en otra parte. En tercer y último lugar, según esa lógica tan poco cosmopolita, internacionalista e igualitaria, ellos deben estar con "los suyos" en "su país" y nosotros con los nuestros en el nuestro, pero ¿cuál es nuestro país?, ¿quiénes son exactamente los nuestros?, y sobre todo, ¿pueden ellos y los suyos venir a vivir al lado de los nuestros y hacer una revolución sin apellidos todos juntos, y viceversa llegado el caso, o es que le debemos más a la tierra donde nacimos que a la tierra donde caminamos, y más al pueblo que nos vio nacer que al pueblo que nos vio llegar? Supongo que cierto grado de sentimiento identitario es inevitable, y que determinado micronacionalismo cultural puede ser comprensible e incluso ventajoso en algunos aspectos, pero anteponer inflexiblemente los derechos identitarios y colectivos de los pueblos a la libertad de circulación de las familias me parece que es ir demasiado lejos. Como decía Kant, "nadie tiene originariamente más derecho que otro a estar en un lugar de la tierra". Yo puedo desear, en general, la conservación de las sociedades tradicionales, que se estarían destruyendo debido a los movimientos migratorios en masa propiciados, a su vez, por el par capitalismo-industrialismo, amén de otras causas más recientes como el cambio climático, pero cuando me fijo en los casos concretos de pueblos y personas de carne y hueso, ese deseo mío difícilmente puede convertirse en una prescripción rígida y universal, ni tampoco en una especie de museificación eurocentrista de las sociedades que nos recuerdan a nuestro pasado.

Volviendo al artículo de Rafapal, este afirma sarcásticamente y con cierto reduccionismo histriónico que toda "la culpa es del machismo. Ni de las drogas, ni del ambiente del hampa de la prostitución ni, por supuesto, de un tipo de amor sadomasoquista", incurriendo de esa manera en lo que se conoce como los mitos de la marginalidad y del masoquismo. Como escribe Miguel Lorente, "las mismas normas sociales minimizan el daño producido y justifican la actuación violenta del marido. Se intenta explicar atribuyéndola a trastornos del marido o, incluso, de la mujer. Por mucho que el hombre tenga problemas de estrés, de alcohol, de personalidad, curiosamente la violencia sólo la ejerce sobre la mujer, no contra un conocido o amigo, y, por supuesto, nunca contra su jefe". Ergo, la causa principal es el machismo.


A finales de 2014, un comentarista llamado Alex, seguidor de Félix y amigo suyo según me contó, haciendo unas cuentas rápidas con la cabeza afirmaba que "en 10-15 años", de denunciarse todos los casos de violencia machista, "faltarían hombres en España para conseguir las cifras de procesados que la izquierda, el feminismo y el Estado consideran como correctas", el mismo comentarista que repetía ad nauseam que "hay sentencias de alejamiento" únicamente "por tirarse pedos". Dado que a) de media se interponen unas 132.000 denuncias anuales en España, b) que en Europa solamente un 14% de las mujeres comunica a las autoridades "el incidente más grave de violencia por parte de la pareja" (FRA, 2014), c) que la mayoría de las veces se ejerce una "violencia leve" que pasa desapercibida a los demás y d) que "según la Macroencuesta realizada por el Gobierno español en 2011, se estima que en todo el territorio del Estado más de dos millones de mujeres han sufrido maltrato de género a manos de su pareja o expareja alguna vez en la vida", es decir, que "la violencia no denunciada pero detectada a través de estudios estadísticos representa el 73% del total de los abusos" (Amnistía Internacional, 2012), en el supuesto de que las denuncias se multiplicasen por ejemplo por cinco hasta cubrir todos los casos, obtendríamos una cifra de 660.000 denuncias al año, un total de seis millones y medio en diez años. Ahora bien, una cosa es el número de denuncias y otra el número de denunciados únicos. En la teoría y en la práctica, un mismo hombre puede tener más de una denuncia, de su pareja actual y/o de sus parejas anteriores, así como de terceros, de manera que no es prudente deducir con ligereza una cosa de la otra -gracias, Manu, por orientarme en este asunto-. Desafortunadamente, hoy por hoy "no se dispone de información sobre los casos en que, para una misma víctima, se interpone más de una denuncia independientemente del origen de la misma" (VI Informe). Aunque podemos especular un poco. Suponiendo que a cada presunto agresor se le interpusiesen en promedio 1,5 denuncias y no solamente una como supone Alex -una conjetura razonable, a juzgar por las reincidencias-, el número de denunciados únicos se reduciría hasta los 88.000, en lugar de los 132.000 que se suponía al principio, es decir, un 33% menos. 


Si no me equivoco, Alex consideraba que si fuéramos añadiendo seis millones y medio de supuestos maltratadores únicos por cada década (660.000 denuncias x 10 años), en dos o tres décadas nos encontraríamos con que toda la población masculina mayor de edad, unos 18 millones, habría sido denunciada alguna vez en su vida, pero obviamente ese cálculo no tiene en cuenta a) lo que acabo de comentar, b) que es poco probable que algún día las denuncias se dupliquen por cinco; más bien al contrario, al parecer cada vez se denuncia menos, se retiran más denuncias, aumenta el número de sobreseimientos provisionales, se recorta más "en el presupuesto del Estado destinado a (...) luchar contra la violencia machista" y las parejas se separan menos, c) que las poblaciones se renuevan periódicamente, tanto a través del ciclo de nacimientos y defunciones (todos los años nacen y mueren en España unos 200.000 hombres respectivamente, aunque lo primero cada vez menos que lo segundo) como de la emigración-inmigración, de modo que una parte de esos dieciocho millones de varones ya no sería la misma, y por tanto el número de denuncias habría que compararlo no con los 18 millones de hoy sino con los 18 millones de hoy más las personas que se habrían ido incorporando a la sociedad durante ese tiempo. 
 

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¿Es 
sexista la obra de Félix? 

Para responder a esta pregunta primero conviene aclarar dos cosas: 1) que por su «obra» me refiero también, si bien de manera algo difusa y gradual, a todos aquellos textos, eventos, colectivos, blogs, comentarios y páginas de redes sociales que se deriven de ella y que apenas se hayan desmarcado pública y nítidamente de ninguno de sus planteamientos, especialmente de los más polémicos; 2) que ninguna obra es cien por cien sexista o cero por cien sexista, y que, aun cuando consideráramos que contiene algunas actitudes que podrían llamarse sexistas, ¡que tire la primera piedra el que esté libre de todo sexismo! (Sin ir más lejos, por pereza muchas veces empleo el masculino genérico, incurriendo así en cierto grado de sexismo lingüístico). En caliente o en privado es fácil acusarnos mutuamente de machistas, pero en frío y por escrito conviene ser más cuidadosos a la hora de etiquetarnos, entre otras razones porque a) detrás de las palabras siempre hay personas con sentimientos y b) no hay dos machismos iguales. 

Dos indicios que me hacen inclinarme más por el sí que por el no, aparte de los ya recabados, es que cuando Félix critica a alguna personalidad política parece que hace más hincapié en su género cuando es mujer que cuando es hombre. Al menos en este texto de 2009 y en el de 2012 lo hace, cumpliéndose probablemente aquella predicción formulada por Juana Gallego (pág. 54): "Si las mujeres optan por la identificación con el rol de género masculino, abandonando las características que le han sido propias hasta ahora, es decir, lo que ha constituido la identidad femenina, serán calificadas de ambiciosas, duras, frías, inflexibles e implacables". El otro indicio surge de la constatación, hasta donde yo sé, de que a lo largo de su extensa obra apenas pueden encontrarse referencias a las graves consecuencias que produce la violencia machista más allá de algunas condenas generales y ocasionales, como por ejemplo cuando se refiere de pasada "al terrible problema de la violencia contra las mujeres" o cuando habla del patriarcado no como una "consecuencia de la perfidia de los hombres" sino más bien como un régimen impersonal "creado históricamente por los Estados" y por tanto neutral en cuanto al género. Pero denunciar una cosa nunca ha sido garantía suficiente de que uno no pueda formar parte de ella al mismo tiempo, aunque sea parcial e inconscientemente. Hasta las personas racistas suelen estar en contra del racismo, sobre todo cuando les afecta a ellas. Una posible objeción a este argumento, que como todo buen argumento debe ser falsable en la medida de lo posible, es que el hecho de que una persona no hable de un determinado tema no quiere decir necesariamente que esté en contra o que no le importe. Sin embargo, aunque es cierto que los seres humanos no podemos hablar de todo en todo momento, no lo es menos que si una persona no dice o no hace gran cosa acerca de la esclavitud animal, por ejemplo, lo más razonable es suponer que su nivel de preocupación al respecto, al menos en ese momento de su vida, es cuando menos bajo.  

Si uno no solo ve géneros sino sobre todo personas, lo esperable entonces sería que nos preocupáramos en mayor medida, sin caer en victimismos y paternalismos de ningún tipo -victimismo también es que un hombre diga que "la satanización del varón heterosexual y del sexo heterosexual es uno de los rasgos más destacados (...) de nuestro tiempo"-, por aquel colectivo de personas que se encuentra, actualmente e independientemente de las causas, en una situación social más desfavorable -como cuando alguien pierde la casa, cae enfermo o no tiene comida-, y no tanto por una supuesta persecución de los hombres y del sexo heterosexual en el mejor de los casos minoritaria. También sería de esperar que se recordaran no solo los perjuicios de un feminismo mal enfocado o estatista, sino también y quizá en mayor medida los perjuicios del machismo y el patriarcado de toda la vida, que se cobra un número infinitamente mayor de vidas y tragedias familiares en España y fuera de ella -en el resto de Europa no están precisamente mejor- y que, no lo subestimemos, no se trata de ningún "viejo patriarcado" como si ya estuviera superado. Un dato: "Los menores enjuiciados por Violencia de Género han aumentado un 23,7% entre 2007 y 2011" (Consejo General del Poder Judicial, 2012)

¿Dónde queda la empatía, la compasión, el deseo de compartir el sufrimiento ajeno y sacar la injusticia a la luz? Apenas lo he visto en su estoica revolución «integral» -palabra en ocasiones totémica más fácil de decir que de practicar-, tan centrada en los deberes que descuida los derechos, principal razón de mi distanciamiento. ¿Que las mujeres "se emancipan a sí mismas" y entre iguales, si así lo quieren ellas, y no nosotros? De acuerdo, nada que objetar y mucho que alabar, pero siempre y cuando se rechace el paternalismo, el dirigismo e incluso el mesianismo implícitos en la afirmación "lo que necesitamos es un movimiento de liberación de la mujer (...) que, sobre todo, se adscriba a la estrategia de revolución integral y estimule a las mujeres a ocupar los puestos de más peso, significación y responsabilidad en ella". En ese mismo año escribe de nuevo: "Tenemos que estudiar la cuestión de la mujer hoy, para establecer las condiciones de su liberación integral, al mismo tiempo elemento motor y meta de la revolución que preconizamos. Las mujeres han de hacerse cargo de las más determinantes funciones, en lo reflexivo, volitivo, decisorio y convivencial".

En noviembre de 2014, María del Prado Esteban afirma que el grueso de la historia académica "ignora la realidad de que la mujer ha sido víctima, co-responsable del patriarcado y verdugo de sí misma al mismo tiempo (igual que el varón), y al obviar esa evidencia se la convierte en objeto de la historia, negándola su función de sujeto". En la misma línea, Alex afirmaba en aquel comentario que "estamos mal, pero no tanto como dice el feminismo; y en todo caso estamos mal todos, hombres y mujeres" -ambas cursivas son mías-, pero eso es como decir que al hacer constar la desigualdad y las relaciones de poder existentes entre el esclavo tradicional, el trabajador asalariado, el contribuyente, el votante, el preso, el siervo, el no blanco, el pobre, el loco, el apaleado, el inconformista, el homosexual, el niño maltratado en casa, el niño marginado en la escuela, el alumno, la mujer, el extranjero, los pueblos conquistados, los animales no humanos y sus respectivos dominadores, estamos subestimándolos, privándolos de toda responsabilidad, pero nada más lejos de nuestra intención. Una cosa es describir la desigualdad y otra prescribirla. Una cosa es que la estratificación social y la estratificación de género existan y hayan existido, si bien no siempre y en todas partes, y otra cosa es cómo combatirlas. Cuando un empleado trabaja sin remuneración veinte horas extra a la semana para no perder el trabajo, ¿es exactamente “igual” de verdugo que el dueño de la empresa? Cuando las mujeres llevan velo ya sea voluntaria o involuntariamente, ¿son tan verdugos como los maridos que las fuerzan a ello? Evidenciar la desigualdad no significa necesariamente delegar la lucha en el Estado y en la libre empresa (non sequitur). Precisamente sacando la opresión a la luz buscamos que el oprimido que hay en nosotros tome conciencia por sí mismo y no vuelva a dejar su libertad en manos de terceros. Huelga decir que yo tampoco creo que la igualdad de género pase necesariamente por la incorporación de la mujer al «mercado laboral», el «sufragio femenino» y el ingreso en las Fuerzas Armadas. Más bien es el hombre el que debería igualarse a la mujer saliéndose de todas esas instituciones patriarcales y favoreciendo el matriarcado, aunque, mientras tanto, es comprensible e incluso loable que se esté dando el fenómeno inverso. Si un entrenador puede entrenar a mujeres, ¿por qué una entrenadora no iba a poder entrenar a hombres?


Conclusión provisional:

Creo haber probado con suficiente detalle que la difusión y la singularidad de los textos de Félix Rodrigo y amigos dentro del mundo libertario, al menos por lo que se refiere a la cuestión de género, son inversamente proporcionales a su rigor. Como demuestra el «efecto de Von Restorff», a veces lo que destaca por encima de la media, para bien o para mal, es más recordado y comentado que aquello que se mantiene dentro de márgenes más prudentes. Algunos de los argumentos que se han esgrimido y que probablemente se seguirán esgrimiendo pertenecen menos al reino de los hechos y de "la verdad", como tanto tienden a insistir quienes los sostienen, que al de la mera opinión no experta. Si bien soy de la opinión de que no debe haber «expertos» entre iguales -y todos somos potencialmente iguales en lo esencial-, sí debemos en cambio, como muestra de "integridad intelectual", tratar de defender nuestras ideas con tanta convicción como especialización tengamos en esa materia, decidiendo "las cuestiones difíciles de acuerdo con las evidencias, o bien" dejándolas "sin decidir allí donde la evidencia no es concluyente", como decía Bertrand Russell. Y eso, a mi juicio, ha estado lejos de ocurrir en esta ocasión. No por casualidad Félix afirma en 2010, si bien no sobre este tema en particular, que no debemos "convertirnos en especialistas en la crítica de la sociedad tecnológica, lo que es un contrasentido, pues toda acción negadora de lo existente ha de ser no-especializada, integral". Si, como creo haber evidenciado siquiera parcialmente -de los sesgos de confirmación, de desconfirmación, de información, del experimentador, del punto ciego e incluso del efecto Keinshorm no me libro ni yo, obviamente-, Félix ha sido entre bastante descuidado y muy descuidado en este tema, cabe preguntarse qué otros «descuidos» podrían estar esperándonos a poco que analizásemos críticamente el resto de su obra. Espero equivocarme y que este sea uno de esos raros casos en los que se puede afirmar con orgullo que del hecho de que existan unas pocas manzanas podridas no se deduce que el resto de la cesta también lo esté. Buen fin de semana.

Disponible también en Scribd y Dropbox (sin actualizar). 

12 comentarios:

Piedra dijo...

Un escrito tan largo solo demuestra que vives en un mundo muy alejado de la realidad y que tienes poco o ningún contacto con el mundo en el que vivimos.
(por cuanto a las denuncias falsas y la negación a la presunción de inocencia de cualquier hombre denunciado)
Pides estadísticas fiables que no sean las oficiales, ¿quien puede hacerlas? (existe ese alguien)
Y en cuanto a esas estadísticas, hay que tener en cuenta muchos factores a la hora de interpretarlas, como la coincidencia en el tiempo con el bum inmigratorio y distinguir los casos que fueron producidos por inmigrantes y que no deberían entrar en esas estadísticas, pues no es violencia ejercida por hombres españoles.

Hugo dijo...

Hola, Piedra! Gracias por el juicio de valor del principio. No hay nada como un buen ad hominem nada más levantarse para empezar bien el día :P

Dicen que los escritos largos esconden muchas veces pobreza de argumentos, y puede que en este caso sea cierto, je...

Gracias por comentar. Queda constancia de tu crítica.

Piedra dijo...

Es que no tengo tiempo, pero volveré... que lo tengo que leer todo y despacio.
La crítica viene por que hace relativamente poco un conocido murió en la cárcel a la que fue condenado dos años antes de entrar por una denuncia falsa de su mujer, que más tarde reconoció así ante el juzgado que se negó a revisar la sentencia.
Como esa te podría contar literalmente cientos, pues he estado durante tiempo rondando por muchos juzgados (por trabajo), por eso comentarios que ponen en duda la realidad de la discriminación positiva o su uso interesado por el estado y en contra de la gente "normal", me hacen hervir la sangre.

Lo dicho, volveré. ( y más tranquilo en todos los sentidos).

Hugo dijo...

Pues aquí te espero!

Solo dos cosas, de momento: aunque respeto tu experiencia personal en este asunto, siento decir que, al menos para mí, tus experiencias tienen un valor documental menor que los estudios de mayor alcance, entre otras cosas porque no tengo manera de saber qué hay de subjetivo y qué de objetivo en tus vivencias. Espero que no te ofenda ;)

La otra cosa que te quería decir es acerca de tu comentario anterior. Lo he añadido al post con su crítica correspondiente, justo debajo de la cita de Rafapal.

En cuanto a la discriminación positiva, tal vez no sea la mejor vía, pero su demonización tampoco. Si las leyes del Estado contra el maltrato infantil no reciben ataques tan furibundos (que también son una forma de "discriminación positiva" en favor de un colectivo ninguneado en casi todas las sociedades por supuestas razones relacionadas con la cognición), habría que plantearse por qué la ley de violencia de género causa tanto revuelo. A lo primero se lo llama justicia, pero a lo segundo ya nos empiezan a entrar la dudas, sobre todo a algunos hombres. En mi opinión, detrás del odio al Estado se esconden a veces otros odios, entre ellos el odio a la igualdad. Una cosa es el medio (que más o menos compartimos tú y yo) y otra cosa el diagnóstico (que es donde discrepamos).

Un saludo.

Mabel B. Granata dijo...

El “machismo” ha existido siempre, como así los malos tratos a las mujeres, palizas descomunales y asesinatos (ooopsss se cayó por el balcón porque” perdió el pie” ). ¡Claro! Las mujeres tenían vergüenza de ser golpeadas y CALLABAN…. Mentían “me golpée contra una puerta” “me caí por la escalera”… y cada vez más y más se la denigraba, humillaba y desintegraba a ese ser humano vapuleado, atemorizado, deshecho, que solo servía para parir, lavar, cocinar y saciar alguna vez las demandas sexuales del macho en celo.
Y el MACHO ALFA, sintiéndose el Rey del Mambo y contándole a sus estúpidos amigos cómo había sido la paliza, “le puse la mano encima para que la cabrona aprenda quien es el que manda”…
PUES SE LES HA ACABADO, INFRADOTADOS!!!
Y encima quieren defender lo indefendible…. ¿Que no son tantos los problemas de maltrato……?.(hay que ser cabrón para decir algo así, realmente, y a los que lo dicen se les ven las plumas!)
Ahora, en este momento actual, son pocas las que callan: contestan, denuncian y hasta golpean …. y algunas matan también….pero el MACHISTA, enfermo de odio, no lo soporta.
EL MALTRATADOR ..(que seguramente es TAURIINO Y ALCOHÓLICO ) no lo soporta . ¡ SU “ESCLAVA” NO PUEDE ESTAR SUBLEVÁNDOSE ¡IMPOSIBLE!.. ÉL ES EL AMO Y EL HACEDOR DEL DESTINO DE LA POBRE INFELIZ…. Y LA GOLPEA HASTA MATARLA O SIMPLEMENTE LA MATA SIN GOLPEARLA.
Esto ha existido siempre con la única diferencia que ahora EL MALTRATADOR está cercado y suele terminar con sus asquerosos huesos en el piso de una celda.
Es un cúmulo de situaciones que se dan para que EL MALTRATADOR sea como es:
*genética podrida,
*el entorno familiar,
*las borracheras,
*los amigos (maltratadores también) y juegan a ver quién maltrata más.
*falta de cultura,
*de enseñanza cívica y
*de mano dura para controlarlo y que aprendan el alfabeto..
Huguito, tu entrada y el desglose del tal Féix es "super" y te felicito, como amiga, lectora y sobre todo COMO MUJER QUE YA NO AGUANTA A ESTOS ENGENDROS PREHISTÓRICOS.
No malgastes tu tiempo discutiendo con personas que no saben lo que es tener sentimientos, coherencia ni conciencia. Con personas que nos creen "menos"por ser mujeres... sin pensar que una mujer los parió ...aunque sean malparidos, FUERON PARIDOS POR UNA MUJER.
Un abrazo amigo.

Hugo dijo...

Bravo! Has dicho lo que pienso pero que, por motivos de formalidad y cortesía, no suelo decirlo, je... (lo confieso). Hay mucha razón y sentimiento en lo que dices, y no seré yo el que te contradiga, por la amistad que nos une y porque... no está mal desahogarse de vez en cuando!

He añadido al post lo de la vergüenza que comentas al principio. No había caído en que ese es, junto al miedo, uno de los motivos principales de que las mujeres tiendan a callarse los malostratos :(

Gracias por la felicitación, Mabel. Creo que me lo he currado bastante (independientemente de los fallos que haya podido cometer), y se agradece mucho la palmadita en la espalda. Un fuerte abrazo, ¡y abajo los "infradotados"! Je, je... :P

alencuentrodequienbusca dijo...

Hola amigo!

Bueno, qué decir, la verdad es que este texto tuyo me ha costado, hace bastante que no buceo entre textos con demasiados datos, comparaciones y menciones a otros momentos que al final el lector no comprueba; esos escritos que se ven tan excesivamente trabajados que uno se rinde de antemano por creer no llegar a la altura. Según voy leyendo tus párrafos se me ocurren muchas cosas que comentar, como imaginarás, pero si te digo la verdad, llegado el final, sólo relucen unas pocas como verdaderamente dignas de un comentario memorable (y a eso sí suelo aspirar, claro :D)

La complejidad de subjetividades, distintas y no tan distintas, implicadas en la cuestión de la violencia en la intimidad del hogar, una vez el problema se proyecta en sociedad y se tiene en cuenta, además, a jueces, políticos, 'expertos', comentaristas, cifras oficiales, cifras paraoficiales; a la misma duda, que sabemos ronda estos temas; en resumen, tenidos todos en cuenta y valorados como una maraña ininteligible, hace que hablar sobre estos temas sea, en mi opinión y si se aspira a sentar jurisprudicencia, una locura. Me parece imposible aspirar a conocer una mínima realidad objetiva sobre un problema en el que existen intereses enfrentados, bajo la sospecha (en mi caso profunda) de una oficialidad tramposa. Bueno, aspirar me parece posible, pero cualquier conclusión se me antoja excesiva. Me refiero, aspirar a conocer esa cierta realidad colectiva si nuestro modo de conocerla es a través de las fuentes que de esa misma colectividad dimanan, una vez sospechamos de su manipulada y manipuladora naturaleza.

Cuando Félix no aporta datos y en cambio afirma con dureza sobre estos asuntos, imagino que lo hace desde esa sabida contradicción; no se puede denunciar el interés insitucional y luego confiar en sus frutos. Estamos en ese momento en el que los únicos organismos competentes para recoger, interpretar y difundir datos a nivel colectivo dependen de la estructura de poder, y a la vez, estamos necesitados de dar una respuesta a problemas de implicación plural. Es imposible no tomar partido en determinados momentos por una u otra información; yo intento tener presentes esas decisiones y no olvidarme de mi sospecha sobre la gran conspiración de la modernidad, que podrá ser un plan estratégico consciente o una deriva indómita que ha tomado el timón... (continúa)

alencuentrodequienbusca dijo...

Yo mismo me veo escribiendo sobre estas cosas, como podrás leer gracias a Dios, y entiendo que muchas veces no sé transcribir mi desapego con mis propias ideas. Suenan irreverentes, tremendas, y muchas veces están dichas desde una gran acotación, 'yo creo que, pero no lo puedo demostrar ni voy a hacerlo'.

La diferencia entre ese 'no voy a hacerlo' e intentarlo es lo que confía en un texto la veracidad. Con Félix me sucede una cosa que trasciende una cierta o constante 'sensación de veracidad'; muchas veces a sus textos no les exijo ser rigurosos porque creo poder entender la razón de su subjetividad sin disimular. Eso, claro, es una sensación mía, pero ahí es donde voy: una vez agotada la vía de la objetividad científica, en un mundo de un ruido tremendo, quizás es una vía a explorar. Desde luego no se puede aspirar a 'conocer' a una persona por sus textos, eso también hay que traerlo a presente. Pero explorar otras formas del conocer, transmutar ese conocimiento no-racional (el mismo que nos hace tomar partido, quizás el que te hizo escribir este texto), eso sí es interesante de explorar.

Y como nota al pie; para mi el feminismo ha sido incorporado al pensamiento oficioso con un claro propósito estratégico, y en ese sentido no seré capaz de averiguar con detalle hasta qué punto abarcan sus designios, pero esa mera sospecha me sirve para inclinar la balanza (apagar mi mente lógico-racional) ante determinados comentarios. La violencia machista es una realidad y no se trata de sobredimensionarla o ningunearla. Esa fútil batalla es el cepo con el que se quiere cazar al pensamiento, como bien imaginarás (por un principio de empatía que siento, también, cuando te leo).

En fin, he divagado más de lo querido, pero como he quitado del trono a la Razón Pura en varias ocasiones, supongo que este comentario es muy adecuado a sus contenidos (oh, no... este es todo un juicio lógico...)

:) Un abrazo fuerte

Hugo dijo...

Hola, Alexei! Todos los comentarios me alegran el día, sobre todo si vienen de amigos, pero el tuyo me alegra doblemente por la importancia de este post. Importante para mí por el tiempo que le he dedicado, e importante para ambos por cuanto trata un tema y un autor que leemos (o hemos leído) con gran interés, y sobre el que pivotan cuestiones tan interesantes como la que planteas, si no me equivoco: la importancia del logos frente a la importancia de la intuición, o como prefiramos llamar a esa otra parte del intelecto que no transcurre por caminos, digamos, positivistas, cien por cien demostrables, etc.

Si te soy sincero, no son pocas las ocasiones en que he tratado de dar rienda suelta a ese otro lado pasional o subjetivo del conocimiento, incluso místico, tratando de destronar así a la Razón Pura, pero siempre con poco éxito, la verdad, como habrás podido comprobar, je... Te confieso desde el principio que me encuentro más cómodo entre el racionalismo y el empirismo que entre posturas más, digamos, existencialistas, románticas, posmodernas, irracionalistas (no en sentido peyorativo, sino filosófico), subjetivistas, relativistas, etc. Es decir, lo que no puedo analizar según mis necesidades epistemológicas me incomoda, je... No niego la existencia de otros criterios válidos para comprender la realidad (intuición, fe, etc.), pero me resulta difícil comprenderlos y empatizar debidamente con ellos, esto es, darles el reconocimiento que tal vez se merezcan. Pero lo cierto es que, al menos de momento, donde no hay claridad o un lenguaje de mínimos en común, no suelo aguantar mucho tiempo, je... Los conocimientos que no puedo asir con un mínimo de seguridad, y que no estoy seguro de que otros puedan entenderlos como yo, trato de quedármelos para mí, de no pronunciarme demasiado al respecto. Ante la misma o similar "sospecha de oficialidad tramposa", yo tiendo a abstenerme. Como determinista más que indeterminista, necesito ver con claridad lógica o empírica las causas de dichas manipulaciones. De momento los datos de las autoridades, al menos en este punto, coinciden grosso modo con mi experiencia personal.

En cualquier caso, hay un autor que me ha despertado cierto interés últimamente y es Agustín López Tobajas, ¿lo conoces? Creo que te resultaría muy afín ;)

Hugo dijo...

En cuanto a que "no se puede aspirar a 'conocer' a una persona por sus textos", estoy bastante de acuerdo contigo. Por esa razón he tratado de no personalizar demasiado la crítica, aunque supongo que hasta cierto punto es inevitable. Yo no soy solamente lo que escribo, claro, pero sí es una parte importante de mí, de modo que una manera de que los demás me conozcan, si bien limitadamente, es leyendo mis textos, y deduzco que con Félix debe de pasar tres cuartos de lo mismo. No obstante, en su favor diré que sus charlas son normalmente más moderadas y conciliadoras que sus escritos, je... Lo cual es un tanto desconcertante porque cuando escribimos medimos mejor nuestras palabras. Siempre he creído que mi Yo por escrito es más elocuente y acertado que mi Yo oral, siendo este más indeciso y bruto ;)

Y respecto a la duda sana con la que te enfrentas a este tema (el de la violencia machista, el feminismo, etc.), me ha venido a la mente, salvando las distancias, otro post mío sobre el cambio climático, en el que básicamente defendía el valorar y recuperar en su justa medida el pensamiento científico que, siempre en mi opinión, suele estar bastante ausente en los círculos en los que nos movemos intelectualmente, llámense círculos libertarios, humanistas, heterodoxos, radicales, etc. En ese sentido, no creo que hayamos agotado la vía de la objetividad científica, al menos no nosotros, los "de letras". Personalmente todavía tengo fe en un objetivismo no reduccionista (lo mejor de ambos mundos). En fin, entre cientificistas parezco un bicho raro, y entre los "bichos raros" parezco un cientificista, je... Sé indulgente conmigo, llegado el caso :P

http://losmonostambiencuran.blogspot.com.es/2014/09/prudencia-o-negacion.html

Un abrazo igual de fuerte. Espero que nuestras diferencias, del tipo y grado que sean (nunca es fácil concretarlas, a veces es más bien un sentimiento poco definido), no impidan diálogos igual de amistosos en el futuro.

Loam dijo...

Al amigo Piedra: Lo que demuestre o no un escrito, no depende de su extensión, sino del rigor con que se haya desarrollado. En cuanto a vivir cerca o lejos de la realidad (¿de qué realidad?), me parece un juicio carente por completo de fundamento y, dicho sea sin ánimo de ofender, un tanto arrogante.

A mí Felix R. M., sencillamente, no me gusta nada. De modo que no pienso contribuir a abultar con mis comentarios ni la leyenda, ni el beatífico aura en que este personaje se envuelve. Preferiría, aunque sé que no es el caso, hablar acerca de Carlos Taibo o de Miquel Amorós, por ejemplo.

Pero ¡por Tutatis!, ¿qué estoy haciendo?... ¡Yo he venido aquí a hablar de mi libro! jejeje

Salud!

Hugo dijo...

Me alegra verte por aquí ;)

Tenía curiosidad por saber cuál era tu opinión al respecto, y no esconderé lo mucho que me alegra que estemos del mismo lado, por decirlo así.

Un abrazo, Loam!

PD. Con Piedra ya he tenido mis más y mis menos, como has podido comprobar, je...