28 de enero de 2015

Lo posible y lo preferible

Nuestra época, por otra parte tan pendiente de los recursos que conoce, y de la hipótesis de su agotamiento, jamás ha previsto recurrir a aquellos, propiamente inagotables, a los que la libertad podría dar acceso: empezando por la libertad de pensar contra las representaciones dominantes. Se nos objetará la vulgaridad de que nadie escapa a las condiciones presentes, que nosotros no somos diferentes, etc. Y, desde luego, ¿quién podría jactarse de estar haciendo otra cosa que adaptarse a las nuevas condiciones, «apañándose» ante realidades materiales tan aplastantes, aun cuando no lleve la inconsciencia hasta el extremo de sentirse satisfecho excepto en algún que otro detalle? En cambio, nadie está obligado a adaptarse intelectualmente, es decir, a aceptar que ha de «pensar» con las categorías y en los términos que impone la vida administrada.
René Riesel y Jaime Semprún, 2008.

A veces el inconformista se engaña respecto a lo que es posible, mientras que el conformista se engaña respecto a lo que es preferible. Aquel afirma que algo es posible queriendo decir que es deseable, mientras que este afirma que algo es imposible queriendo decir que es indeseable. Es cierto que la tiranía y la desigualdad deben combatirse, ¡pero no por eso hemos de decirle a los demás que desaparecerán pasado mañana, como hace el «progresista» interesado en nuestro voto! Es verdad que la tiranía y la desigualdad continuarán, ¡pero no por eso hemos de defenderlas, como hace el «conservador» interesado en mantener sus privilegios! El realismo histórico del conformista (también conocido como cinismo) no está reñido con el realismo moral del inconformista.

Por esa razón conviene diferenciar entre lo que es posible y lo que es deseable, entre lo que es y lo que debe ser. La sabiduría entre nuestros congéneres nunca será generalizada, o eso parece, y sin embargo desde Sócrates intentamos generalizarla todo lo posible. Por eso decimos que es un ideal, no porque sea fácil o viable, sino precisamente porque es el mejor camino sin destino a la vista que podemos seguir. Del hecho de que no sea practicable a gran escala no deducimos que haya que practicar su contrario a pequeña escala, esto es, la ignorancia, la quema de libros, la sumisión voluntaria. Lo mismo pasa con la anarquía. Del hecho de que siempre o casi siempre vayan a predominar las formas de gobierno autoritarias y centralizadas no se deduce que debamos justificar intelectualmente su existencia, votarlas o seguirlas en la batalla. Toda resta, por pequeña y efímera que sea, es una suma en la buena dirección.

En el desafortunado caso de que las leyes de la historia nos impidiesen volver a ser libres e iguales, o serlo por primera vez si es que nunca lo fuimos genuinamente, habría que aceptarlo, ¡pero no por eso vamos a ponérselo fácil! Lo bueno, si termina bien, dos veces bueno (deontologismo + consecuencialismo), pero si no, por lo menos habremos recorrido la mitad del camino. La libertad, que es inseparable de la igualdad, no solo es un fin, sino también un medio. El bombero que no logró salir a tiempo de la Torre Sur aquel fatídico 11 de septiembre, ¿acaso no había hecho ya la mitad del trabajo?, ¿no había ayudado ya a alguien?, ¿no hizo lo que debía? El mal, la muerte, la entropía o como queramos llamarlo le ganó finalmente la partida, pero la jugó hasta el último minuto. El bien no se mide solamente por el resultado o la utilidad, sino también por la intención y el esfuerzo. Aun si lo correcto fuese del todo imposible -curar el cáncer terminal de nuestro hijo-, ¿dejaría acaso de ser lo correcto?

«Ser judío en nuestro tiempo», dice ese buen lector de Rosenzweig que es Levinas, «consiste más que en creer en Moisés y en los profetas, en reivindicar el derecho a juzgar a la historia, esto es, reivindicar el lugar de una conciencia que se afirma incondicionalmente». Se puede juzgar a la historia porque se está al margen. No se debe interpretar la conciencia de marginalidad histórica como abstracción o desinterés por las cosas de este mundo. Al contrario, de lo que se trata es de negarse a ser sometido por la lógica histórica, por la jurisdicción de los acontecimientos. La reivindicación de la libertad frente a la lógica de la historia es la afirmación rigurosa de la incondicionalidad de la conciencia. Por eso escribe casi desafiante Rosenzweig esta confesión programática: «yo, individuo ordinario y común, yo, con nombre y apellidos, polvo y ceniza, ahí estoy dispuesto a filosofar fuera de la totalidad del sistema que niega mi incondicionalidad». Se puede entender la radicalidad de ese desafío si tenemos en cuenta que para Hegel y para la filosofía occidental de la historia, es la historia la que juzga al hombre, la que define su lugar y explica su sentido, mientras que para el pensamiento judío es el hombre la medida de la historia. 
Reyes Mate, 2008
La herencia del olvido.


Por cierto, quien crea que el igualitarismo, libertario por definición, no es una verdad moral para nuestra especie, o que las jerarquías familiares, políticas y laborales no son el peor tipo de organización disponible, le invito a que trabaje unos años en una «casa de putas» o en un restaurante, que para el caso es lo mismo, y luego compare con un trabajo menos coercitivo y desigual, a ver con cuál de ellos se queda, o que imagine cómo mejoraría su calidad de vida si no tuviera que obedecer sí o sí las órdenes del superior y/o propietario, o que piense cómo sería nacer en una familia donde los hijos son criados como súbditos y en otra donde los hijos son criados en igualdad hasta donde esta es posible, y que luego elija. Siguiendo la lógica de Russell, la estrategia cooperativa satisface un mayor número de deseos que la estrategia autoritaria, ya que cooperando ganamos todos y compitiendo por los puestos de poder solo unos pocos. Es más, creo que si se nos diera a elegir entre estas tres opciones -dominar y ser dominado; dominar y no ser dominado; ni dominar ni ser dominado-, creo que la mayoría elegiría la última sin pensárselo mucho.

6 comentarios:

Loam dijo...

De cuantos artículos tuyos he leído, este es el que más me ha gustado, tanto por lo sustancial como por la forma. ¡Ya me gustaría a mi escribir así!
Discrepo, eso sí, cuando afirmas que: "El inconformista se engaña respecto a lo que es posible". Se puede engañar, evidentemente, pero también puede no engañarse y seguir siendo igualmente inconformista.

"Toda resta, por pequeña y efímera que sea, es una suma en la buena dirección." Esta frase me ha encantado. Como lema es sencillamente genial.

En fin, gracias por tan espléndido trabajo (subrayo lo de trabajo porque reflexiones como esta no se plasman así como así).

Salud compañero!

Hugo dijo...

Yo también discrepo de mí mismo, je... Originalmente la frase empezaba con un "generalmente el inconformista...". Después lo cambié por un "muchas veces el inconformista...", pero como estéticamente no me convencía ninguna de las dos, decidí no poner nada. Pero ahora que lo dices, creo que matizaré la frase para evitar malentendidos. Gracias!

Por cierto, no las tenía todas conmigo con este texto, así que como comprenderás, tu felicitación me sabe a gloria, je... No lo voy a negar ;)

Lo curioso es que hace un par de meses decidí dejar a un lado mi afición a la escritura (si esto se puede llamar escritura), pero no he podido, je... Y no es la primera vez que lo intento. El otro día estuve haciendo masa madre para aprender a hacer pan, pero después de cinco días empezó a oler a disolvente, je... Fracaso total. Y claro, me volví a refugiar en los textos :P

Un abrazo, Loam, y muchas gracias!

Loam dijo...

En casa todo el pan que consumimos lo hacemos nosotros, es mejor y dura mucho más.

A "eso" que haces no se le puede llamar otra cosa que escritura. Lo haces bien y no veo por qué habrías de dejarlo, lo corteza no quita lo miga ;)

¡A amasar la vida!, que no sólo de pan vive el bípedo.

Salud!

Hugo dijo...

Je, je... es verdad. Por dejar de lado me refería más bien a no centrarme tanto en ello (por ejemplo, si leo sobre ética un par de horas, ya no me suele apetecer leer sobre hacer pan). En cualquier caso, es una falsa elección, estoy de acuerdo. Se puede hacer todo al mismo tiempo, aunque repartiendo las horas y no especializándose tanto ;)

Si algún día monto una panadería, ¿sabes cómo podría llamarla? La conquista del pan, je... :P

marga dijo...

pues me alegro que no hayas dejado de lado lo de escribir, y que si algún día te sale bien el pan xD, que sigas escribiendo :)

Hugo dijo...

Muchas gracias, Marga! Así da gusto ;)

Ahora mismo estoy esperando a que salga del horno mi primera tarta de manzana. El aspecto no es como el de las fotos, pero para ser la primera... :P

Un abrazo!