1 de enero de 2015

Los pueblos no aprenden,

las personas... a veces

Sísifo (1548) de Tiziano

Ya lo advertía el historiador Robert Mandrou en los años setenta, y tal vez se quedara corto: “Aún pueden detectarse en nuestros días conductas que expresan las relaciones que implicaba la jerarquía social del Antiguo Régimen y que constituyen los anacronismos más evidentes de una sociedad que se pretende democrática”. Nuestras estructuras centralistas son básicamente las mismas, las jerarquías, las promesas y los llamamientos a la «unidad» también, lo que las hace atractivas y aparentemente diferentes en cada época es, en primer lugar, el continuo borrón y cuenta nueva al que se ven sometidos los pueblos con el paso del tiempo –«amnesia colectiva» lo llaman algunos-, una especie de límite a la acumulación y aplicación colectiva del conocimiento. Ese tope, difícil de cuantificar pero de alguna manera real, parece ser el principal causante de que los reiterados descubrimientos morales de Lao Tsé, Epicuro, Jesucristo, Thoreau, Tolstói, Kropotkin, Gandhi, Russell, Huxley o Lizano, así como no pocas y recurrentes revueltas populares, apenas hayan servido para darle trabajo a unos cuantos historiadores de las ideas y crear determinadas comunidades intencionales, así como algunas conquistas sociales importantes aunque parciales, temporales y matizables. Ninguna generación nace sabiendo, y difícilmente muere habiéndolo conseguido. Algo similar ya apuntaba Hegel, aunque su historicismo y otros prejuicios le llevasen a sumarse a la ya larga lista de los metafísicos de la dominación: “Lo que la experiencia y la historia enseñan (…) es que los pueblos y los gobiernos no han aprendido jamás nada de la historia ni han obrado de acuerdo a doctrinas que se hubiesen extraído de ella”.

Al parecer, los individuos y los grupos pequeños son capaces de desentrañar los engaños, los desórdenes y los condicionamientos de su cultura conforme crecen y envejecen, pero las poblaciones difícilmente lo son, pues la probabilidad de descubrir y retener individualmente un conocimiento siempre será mucho mayor que la probabilidad de que lo haga toda una población a lo largo de generaciones. El ordenamiento más o menos juicioso de la información requiere de una continua y extraordinaria atención por nuestra parte si queremos que se divulgue y perdure en el tiempo. De la misma manera que construir es más difícil que destruir, conocer es más difícil que desconocer, siempre lo ha sido y siempre lo será. Altos ideales requieren altos costes, y el universo, desgraciadamente, tiende a economizar. Nada es gratis bajo su reinado. Alienta las utopías al mismo tiempo que las torna imposibles. Como decía Isaac Asimov respecto al mundo material, “para restaurar el orden hace falta un esfuerzo especial, y su esfuerzo cae sobre nuestras espaldas. Los objetos se descolocan, las cosas se desordenan, los vestidos se ensucian… Y para tener las cosas a punto es preciso estar constantemente arreglando y limpiando el polvo y ordenando”.

Huelga decir que ordenar objetos es y será siempre tarea mil veces más sencilla o más humana que ordenar ideas, toda vez que, según la teoría del «descuento hiperbólico» y la propia experiencia, la naturaleza humana y la cultura occidental parecen promover más fácilmente aquellos comportamientos que nos reportan un beneficio energético a corto plazo y a pequeña escala, como cultivar la tierra o trabajar por cuenta ajena para comer, que aquellos otros que nos proporcionan un beneficio incluso mayor pero a largo plazo y a gran escala, como cultivar la mente para percibir las evoluciones exponenciales de los sistemas y prevenir así la complejificación y el posterior colapso de las sociedades. Ello es debido, entre otras razones, a que apenas disponemos de “circuitos de alarma” en nuestro sistema perceptivo heredado del Pleistoceno “que nos avisen de los peligros que enfrentamos actualmente como especie”. Es posible que el Homo faber que llevamos dentro nunca se haya llevado muy bien con su hermano el Homo sapiens, y de ahí la disonancia. Tal vez un mayor crecimiento del cerebelo en relación al neocórtex –el primero más especializado en la función senso-motora y el segundo en la función, digamos, intelectual- haya tenido parte de la culpa. En cualquier caso, una cosa parece estar clara: como especie y como cultura tendemos a darle menos valor al futuro que al presente, y menos a las reflexiones teóricas que a las acciones prácticas. Feliz año «nuevo».
La psicología nos dice que los riesgos inciertos y lejanos son los riesgos que con menor probabilidad nos tomamos en serio. Al menos cuatro mecanismos psicológicos entran en juego. En primer lugar, nos movemos más por la información vívida que por la información abstracta (incluso cuando la información abstracta debería, en principio, predominar). En segundo lugar, le descontamos al futuro parte de su valor al preferir tener un dólar hoy en lugar de dos dólares dentro de un año. En tercer lugar, el efecto anclaje (...) tiende a hacer que nos preocupemos de nuestros problemas más inmediatos, incluso si problemas más serios están al caer. En cuarto lugar, tendemos a creer en un mundo justo, uno en el que la naturaleza se corrige a sí misma.
Gary Marcus, 2013.

Bibliografía externa (libros impresos):
Asimov, Isaac. 1973. Cien preguntas básicas sobre la ciencia, Alianza Editorial, Madrid, 1977, págs. 148-150. 
Mandrou, Robert. 1973. Francia en los siglos XVII y XVIII, Editorial Labor, Barcelona, págs. 227-228.

14 comentarios:

Loam dijo...

Mi más sincera y entusiasmada enhorabuena por tan espléndido articulo, Hugo. Tal vez vuelva sobre él de manera más pormenorizada en un futuro comentario.

De momento, sólo decir que, en mi modesta opinión, el pueblo, o el concepto de "pueblo" asociado a un ente determinado y soberano, solamente existe durante la revolución, cuando las masas adquieren un breve pero intenso y decisivo protagonismo y aún no ha cristalizado jerarquía ni minoría alguna que pueda dirigirlas o decidir por ellas. Esa ausencia de jerarquía propicia novedosas relaciones entre las personas y un "momento 0", o punto de partida, desde el cual establecer nuevas maneras de organizarse. Abortado ese momento, históricamente siempre breve, se aborta la revolución misma y desaparece junto con "el pueblo" para dar paso a los consabidos sucedáneos más o menos democráticos y la ciudadanía. No es, pues, que los pueblos o el pueblo no aprenda, es que los períodos durante los cuales logra establecerse como tal han sido siempre muy breves, demasiado breves.
Para que el aprendizaje popular pueda darse, siquiera brevemente, es necesaria la revolución. Para que dicho aprendizaje se prolongue en el tiempo y se torne conciencia colectiva, dicha revolución ha de ser permanente.

Salud!

Hugo dijo...

Muchísimas gracias, Loam. No todos los días (ni mucho menos) se reciben enhorabuenas tan cálidas como esa. Lejos de acomodarme en la autocomplacencia, ojalá que tus palabras me sirvan para seguir superándome, con tu ayuda y la de cuantos deseen arrimar el hombro.

La puntualización que haces es justo lo que le falta al texto, je... La teoría del macropesimismo que defiendo me está resultando bastante fructífera para explicar el porqué de las cosas (a mi juicio actual, claro!), pero confieso que a menudo me pierdo esos otros matices optimistas de la historia, sin los cuales mis escritos pueden tender hacia el inmovilismo social, la pasividad, etc. Supongo que es una especie de deformación profesional que tengo, por así decir. Soy hombre de poca acción, al menos hasta ahora. Y claro, al final termino por olvidar que, ciertamente, existen esas ventanas de oportunidad que se abren de vez en cuando en la historia y que hay que saber aprovechar, siquiera por unos meses o años hasta que, desgraciadamente, se vuelven a cerrar (más o menos recientemente y no sin matices discutibles, tenemos los casos de los piratas caribeños de los siglos XVII y XVIII, los Diggers, los Shakers, los sans-culottes, la Comuna de París, los cantones bakuninistas, la Liberación de Baja California, los majnovistas, La Felguera, etc.).

Es cierto que hace ya tiempo que dejé de creer en la revolución permanente como algo factible en la práctica, es decir, en un pueblo revolucionario y autoconsciente que dure al menos una generación o dos, pero de algún modo u otro ese sueño sigue estando en mi corazón. De hecho algún día me gustaría escribir una novela utópica, aunque solo sea para alegrarme un poco la vista y dejar de ver y leer tanta distopía :P

Copio una cita algo larga de Reyes Mate ("Filosofía de la historia") con la que hoy por hoy me siento bastante identificado y que, creo yo, tiene mucho que ver con lo que dices, la materialización del pueblo y la toma de conciencia popular a través de la revolución aquí y ahora:

"El concepto de interrupción resume la pointe política benjaminiana. Su contenido poco tiene que ver con lo que la izquierda ha entendido por revolución: «Marx dice que las revoluciones son la locomotiva de la historia universal, pero quizá las cosas sean de otro modo, quizá sean las revoluciones el freno de mano de la humanidad que viaja en ese tren». La revolución no tiene, pues, tanto que ver con acelerar la marcha cuando con detenerla. (…) ¿Cuál es la propuesta de Benjamin? Sustituir la noción lineal del tiempo que vacía al presente de capacidad revolucionaria (la sociedad sin clases viene sólo al final) por la idea de que todo presente cuenta con una revolutionäre Chance y que no es otra que la interrupción en el presente de un pasado inédito. Es la interrupción de los tiempos que corren. En otras palabras, «la sociedad sin clases no es el punto final (Endziel) del progreso en la historia sino su lograda interrupción» (…) Hay, pues, una profunda complicidad entre felicidad y tiempo mesiánico, entre el derecho a la felicidad aquí y ahora de todos y cada uno de los hombres y la exigencia de interrupción de los tiempos que corren. Quien mejor lo ha visto ha sido el crítico más decidido de la cultura judía, el apologeta de lo griego, Nietzsche: «La evolución no busca la felicidad», decía él mirando de reojo el mensaje apocalíptico del judío, «sino el desarrollo y nada más». Hay una relación entre «interrupción» y felicidad, como la hay entre continuum y desinterés por lo humano. (…) Progreso, evolución, tiempo lineal, eterno retorno, inocencia del tiempo sin pathos, he ahí denominaciones del tiempo mítico por el que todo pasa y nada provoca. Es nuestro tiempo y es tan persistente, que explica el abatimiento de Bertolt Brecht: «Cuando llega el crimen, cuando cae la lluvia, ya nadie grita ¡alto!»."

Un abrazo y vuelve cuando quieras.

Loam dijo...

Del libro de Georges Bataille, "Sobre Nietzsche". Ed. Taurus, 1972, pág 206.
"[Nietzsche] Alabó la belleza y la fuerza corporal, mostrando una preferencia por la vida azarosa y turbulenta. Tales juicios de valor decididos contra el idealismo liberal llevaron a los fascistas a reclamarse de él y a ciertos antifascistas a ver en él el precursor de Hitler. [...] Nietzsche es el hombre más ajeno a lo que bajo el nombre de muerte execra la vida y bajo el nombre de reacción, al sueño. Entre las ideas de un reaccionario fascista o de otro tipo y las de Nietzsche hay ago más que una diferencia: hay una incompatibilidad radical."

Hugo dijo...

Para el que se haya perdido, lo que dice Loam nace de esta otra conversación:

http://arrezafe.blogspot.com.es/2014/10/el-joven-apaleado-en-la-valla-de.html?showComment=1420167003394#c7279089628729313930

Este es un tema tan interesante para mí como difícil. Una amistad que yo tenía se deterioró, en parte (aunque tal vez eso solo fuera la excusa que encubría un malentendido exitencial de fondo), por no aceptar la tesis de que la obra de Nietzsche es radicalmente incompatible o que, cuando menos, no tiene mucho que ver con el fascismo y el autoritarismo en general. Lo cual lamento, porque la gracia de esto es precisamente el desacuerdo! No es que yo sea ningún experto en Nietzsche, pero sí que creo que he leído lo suficiente de él y de otros que escriben sobre él como para afirmar que, si bien gran parte de su obra es muy apreciable por mi parte (no seré yo el que milite en el bando de los anti-Nietzsche, je...), hay ciertos indicios textuales y biográficos que delatan a un Nietzsche cuando menos contradictorio, y en el peor de los casos cercano a un autoritarismo camuflado de romanticismo y posmodernismo.

Como digo provisionalmente en el libro, "si bien la filosofía de Nietzsche «no busca una emancipación humana en el sentido racional que han pretendido otras» filosofías como la anarquista, es evidente que contribuyó en parte a dar el primer paso, que fue y sigue siendo la crítica del Estado en cualquiera de sus muchas concepciones".

En este sentido, es común citar aquel pasaje de Así habló zaratustra donde dice: "¿Estado? ¿Qué es eso? (…) Estado se llama el más frío de todos los monstruos fríos. Es frío incluso cuando miente; y ésta es la mentira que se desliza de su boca: «Yo, el Estado, soy el pueblo»". Una cita, por cierto, que también incluyo en el borrador. Sin embargo, como matizo al pie de esa misma página, conviene aclarar que su antiigualitarismo (“perros-anarquistas”, “majaderos socialistas”, etc.) y sus alabados “hombres de mando” como “Alcibíades y César” (véase Más allá del bien y del mal, 1886), hacen que su aparente antiestatalismo sea bastante incoherente y a la postre contraproducente. De hecho, según Nicolás González Varela, “el ideal político de Nietzsche al final de sus días, en 1888, era la forma-estado dórica, la institución de la esclavitud y la sociedad basada en el sistema de castas”. Es más, a la edad de treinta años escribió que “el Estado debe convertirse en patrón de todos los egoísmos sabios para protegerlos, con su poder militar y policíaco, contra los excesos del egoísmo poco sabio” (véase Consideraciones intempestivas, 1873-1875).

http://www.rebelion.org/docs/172913.pdf

Con esto no pretendo ni mucho menos sentar cátedra, porque aún hay mucho que leer y discutir, pero creo que, como mínimo, lo dicho puede servirnos para cuestionar la creencia de que la obra de Nietzsche no era principalmente política, y de una determinada y manifiesta ideología, sino sobre todo filosófica, metafísica, incluso de izquierdas (véase el llamado nietzscheanismo de izquierdas). Cuando lo cierto parece ser que ni lo uno ni lo otro, sino un poco de ambas cosas!

Un abrazo y... se abre la veda :P

Loam dijo...

Aunque con ciertos matices, estoy de acuerdo contigo. Y convengo que, efectivamente, "la gracia de esto está precisamente en el desacuerdo", es decir, en el enriquecedor diálogo y la constructiva polémica que surge del mismo. Por eso, a veces, no me importa hacer de abogado del diablo... e incluso de dios si se tercia. :))

Carezco de ídolos, pero desde luego, de tenerlos no sería Nietzsche uno de ellos. Me fascina, eso sí, la capacidad intelectual de ciertas personas y, de eso no cabe duda, Nietzsche es una ellas. Mi admiración, o si se prefiere, mi reconocimiento, va pues y en principio dirigido a esa capacidad. Leo sin prejuicios y con suma atención, después cribo y desecho cuanto a mi juicio es desechable. Pero esta es una tarea difícil y arriesgada cuando se trata de personas o personajes tan complejos como contradictorios. Por ejemplo. Yo he leído a Ernst Jünger porque me interesaba la visión analítica del entomólogo y el testimonio de un adversario, sin duda inteligente, que se vio inmerso en las dos guerras europeas. De sus obras escritas pueden extraerse magníficos pasajes y acertadas reflexiones, a veces incluso poéticas. ¿Quiere esto decir que asumo la totalidad de su discurso, incluida su ideología? ¿Que mi reconocimiento va dirigido a su persona y a sus causas? Evidentemente que no. Pero ¡cómo! ¿puede entonces un o una anarquista citar a Nietzsche o Jünger sin traicionar sus principios? La respuesta es, sí. Puede.

Nietzsche es uno de esos fenómenos excesivos que tanto proliferaron en el siglo XIX. Naturalmente nadie escapa, o no completamente, a su época, y Nietzsche estaba imbuido del aristocrático y titánico espíritu de la suya. Jünger en cambio, aristócrata él, pero atemperado (y aburguesado) por su empirismo científico y deslumbrado por la técnica, se perfila más que como "super-hombre", como un dandi moderno e instruido. Un modelo que, dicho sea de paso, ha dejado, mucho más que el zaratustriano filósofo, su paradigmática impronta en la Alemania actual.

(... continuará)

Hugo dijo...

"Aunque con ciertos matices...", ¡me encantan lo matices! :P

No puedo estar más de acuerdo contigo, tanto en la forma como en el contenido. Ah, y a Jünger lo desconozco por completo. A ver si algún día me topo con su obra para así poder exresarte yo también mis matices, si los hubiere, je...

Mi relación con Nietzsche primero fue de un ligero rechazo (hace unos diez años), después de reconocimiento (los últimos dos años aprox.) y recientemente de crítica, en el sentido etimológico de la palabra. Mi trayecto ha sido algo así como el de una montaña rusa no muy empinada ;o)

Hasta otra!

Loam dijo...

Hola Hugo.

Te dejo este enlace (artículo de 2006, pero vigente) para que, cuando puedas y quieras, le eches un vistazo. Creo que el tema se sitúa en la esfera de tu interés.

http://tal.bolo-bolo.co/es/p/pp/philippe-pelletier-catastrofismo-o-abandono-del-sentido-critico.html

chao!

Hugo dijo...

Precisamente traté ese mismo artículo aquí en el blog. Tú mismo comentaste, je... ¿No te acuerdas? ;)

http://losmonostambiencuran.blogspot.com.es/2014/09/prudencia-o-negacion.html

De momento sigo pensando lo mismo, así que me remito a lo dicho. Gracias de todos modos!

Un abrazo.

Loam dijo...

Tienes mucha razón (los años hacen estragos, y no sólo en la memoria, jajaja). En honor a la verdad, te diré que me dí cuenta cuando ya te había enviado el correo. En fin... te pido disculpas por despiste.

Un abrazo.

Hugo dijo...

Je, je... Carr ya lo advertía, y nosotros no le hicimos caso :P

http://es.wikipedia.org/wiki/%C2%BFQu%C3%A9_est%C3%A1_haciendo_Internet_con_nuestras_mentes%3F_Superficiales_(Nicholas_George_Carr)

Loam dijo...

Yo apenas llevo 10 años en esto de Internet, y tengo 65. De modo que mis neuronas han sido machacadas de manera más bruta y artesanal. Tengo unos 3000 libros en mi librería y, salvo los diccionarios, los he leído todos. Estaré vacunado, supongo yo, contra el mal de pantalla.

Gracias por el link, leeré a Carr más detenidamente.

Hasta pronto.

Hugo dijo...

Pagaría por ver esa biblioteca! Mi concepción del paraíso es una visita guiada por bibliotecas ajenas hasta la eternidad ;o)

La mía (y de mi hermano mayor) no llega ni a una cuarta parte de eso, y encima solo me he leído (entero) la mitad :P

Ciao!

Loam dijo...

Existe una altísima probabilidad de que ya lo hayas leído y comentado, aún así me arrisgaré. :))

http://ustednoselocree.com/2015/01/07/httpustednoselocree-com20150105hasta-que-punto-es-inminente-el-colapso-de-la-civilizacion-actual-10/

Hugo dijo...

Quien no arriesga no gana, pero sí, je... lo he leído esta mañana ;)

Gracias. El tema bien merecía el riesgo :P