18 de febrero de 2015

Cómo saber qué es lo correcto

Difícil e incompleta tarea, pero no imposible

En el universo fragmentado de James el afán de conocimiento absoluto tenía que ser reemplazado por la indagación, la exploración, el experimento; el descubrimiento de la Verdad (Truth) por la confianza (trust) en un mundo construido continuamente a través de conexiones parciales. (...) ¿Qué importancia tiene una discusión sobre ideas filosóficas que nunca ocasionan una diferencia apreciable en nuestra conducta? ¿De qué sirve llamarlas verdaderas o falsas cuando no producen diferencias en la práctica? (...) Todo el mundo debe poder buscar lo que cree que sea la verdad o la forma correcta de actuar y el único modo de llegar a formarse una opinión útil de lo que se supone que es la verdad o la forma correcta de actuar consiste en familiarizarse con el mayor número posible de alternativas.
Ramón del Castillo, 2000 (Pragmatismo).


¿Parlamentarismo o anarquismo?, ¿veganismo o carnismo?, ¿teísmo o ateísmo?, ¿crecimiento o decrecimiento?, ¿competencia o cooperación?, ¿capitalismo o socialismo?, ¿transhumanismo o luddismo? Prueba a defender ambas posturas en diferentes momentos de tu vida, o si no, fíjate en las personas que lo hayan hecho. Notarás que quienes han podido comparar entre ambos modos de ver el mundo tienden a defender en mayor medida uno que otro (por ejemplo, quienes han estado a favor y en contra del capitalismo suelen acabar estando en contra, al menos en la teoría). Si el conocimiento ético fuera tan subjetivo como se cree, cabría esperar una mayor aleatoriedad. Es decir, entre quienes han defendido tanto el crecimiento económico como el decrecimiento cabría esperar que, después de comparar, un 50% aproximadamente hubiera preferido quedarse con el primero y el otro 50% con el segundo. En otras palabras, la probabilidad de que el abolicionista cambie de opinión y defienda la esclavitud debería ser igual a la probabilidad de que el esclavista cambie de parecer y defienda la abolición. Sin embargo, no es así. Si bien ambas probabilidades suelen ser bajas, la primera lo es más. Al parecer, lo bueno se diferencia de lo malo, lo cierto de lo falso y lo bello de lo feo -o, más modestamente, lo mejor de lo peor-, en que lo segundo tiende más a lo primero que lo primero a lo segundo. En ese sentido y tras la debida comparación, una elección sería más correcta que otra cuanto más difícil fuera renunciar a ella.

¿Qué es mejor, ser tolerante o intolerante? Podemos dar razones lógicas de por qué la tolerancia es más coherente que la intolerancia (ej. no te comportes con los demás como no quieres que se comporten contigo), pero una manera complementaria y más pragmática de responder a la pregunta consiste en experimentar ambas actitudes en un número suficiente de personas y ver cuál de ellas resulta más veces ganadora.

Conclusión:

La fundamentación de la ética es posible, al menos hasta cierto punto, otra cosa es que sepamos decir cuándo la hemos fundamentado lo suficiente y si ese conocimiento puede popularizarse. En cierto sentido, vamos a ciegas. ¡Dejen paso al Homo viator!

2 comentarios:

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

Al igual que en las ciencias experimentales o positivas se usa sistemáticamente el sistema de ensayo y error (empirismo), esto también debería hacerse en las ciencias sociales (política, economía...).

Lo que en teoría "prima facie" parece que funcionará bien, muchas veces en la práctica no es así. Y quizá viceversa.

La experiencia humana, después de tanto tiempo, nos permite ver que hay sistemas políticos que favorecen el progreso humano y otros que lo impiden.

También nos permite ver que hay sistemas económicos que traen la prosperidad a los pueblos, y otros que no.

Propongo comparar: El progreso científico de Europa bajo la Inquisición y tras la abolición de ésta.

Propongo comparar: Las políticas de Alemania o Japón antes de 1939 y las políticas de esos mismos países después de 1945. ¿Qué políticas han traído más felicidad a la gente?

Propongo comparar: El sistema económico de Corea del Norte con el de Corea del Sur.

El sistema económico de la RFA con el de la RDA (antes de la caída del muro).

El sistema económico de Cuba con el de Puerto Rico.

¿Cuáles han traído prosperidad, y cuáles han traído miseria?

Aprendamos de la práctica, de la experiencia, del empirismo. Críticamente, sí, pero aprendamos.

Hugo dijo...

Hola! Totalmente de acuerdo en esto: "Aprendamos de la práctica, de la experiencia, del empirismo". Ese es también el espíritu de este post.

Ahora bien, cuando decidimos medir un sistema político y económico principalmente en base a su capacidad para crear riqueza material en masa no estamos siendo empiristas, sino racionalistas. Es decir, la elección de unos parámetros u otros para compararlos entre sí no es algo que podamos ver y estudiar a posteriori, sino una herramienta moral a priori que muchas veces pasa desapercibida (esa es la mayor crítica que se le puede hacer al cientificismo, positivismo, etc.).

En otras palabras, las variables tecnología y prosperidad son importantes, pero también la igualdad, la justicia, la sostenibilidad, la libertad, etc. En ese sentido, de los dos modelos que planteas seguro que uno es mejor que el otro, pero ¿qué hay de los otros modelos? A mi juicio, el dilema capitalismo versus comunismo (capitalismo de Estado) es un falso dilema ;)

¿No da que pensar que el modelo que generalmente defendemos es el modelo con el que nos hemos criado? Por ejemplo, si uno nace en Arabia Saudí, seguramente pensará que el islam es la religión correcta. Análogamente, si uno nace en Occidente, ¡creerá lo mismo del capitalismo!

Un saludo.