21 de febrero de 2015

El sentido de la vida

¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos? (1897) de Paul Gauguin

A la pregunta «qué significado, propósito o dirección tiene mi vida», podemos responder de varias maneras, algunas más metafísicas que otras, todas ellas adecuadas hasta cierto punto según el nivel epistemológico en el que sean planteadas, pero si hay alguna respuesta más universal y consensuada que otra, pienso que es esta: lo que le otorga más sentido a nuestra vida, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, es cuidar de la familia, y por ende de nosotros mismos. Tal vez sea una tautología limitarse a decir que el objetivo de la vida es proteger la propia Vida -nuestros seres queridos, en primer lugar-, la autoconservación, etcétera, pero algo de útil y cierto parece haber en ese a priori moral, biofílico y vitalista. Uno puede consolarse con muchas cosas al mismo tiempo o a falta de las demás (la justicia, la filosofía, la ciencia, la religión, el trabajo, el éxito social, el sexo, etc.), pero con dificultad hallará diariamente mayor consuelo existencial que el grupo familiar, entendido en su sentido más amplio y no meramente genético. Por muchas teorías razonables que tengamos, ora naturalistas, ora idealistas, o una combinación de ambas, seguiremos sin saber a ciencia cierta por qué vivimos, por qué existimos, por qué la gravedad, por qué la entropía, es decir, por qué el ser y no la nada -puede que ni siquiera sepamos si es posible saber una cosa así-, pero al menos en la práctica sí sabemos y sentimos claramente una cosa: si morimos hoy, o si por cualquier otro motivo no estamos presentes, ¿quién cuidará de nuestros hijos pequeños, quién ayudará a nuestra anciana madre, quién acompañará a nuestros compañeros y compañeras? Puede que alguien, pero no nosotros, y eso nos angustia, como si faltásemos a un deber ancestral, que no por cotidiano o evidente deja de ser trascendental para nosotros, aunque nunca lleguemos a saber muy bien por qué, aunque la respuesta definitiva no exista más que en nuestra imaginación. En cualquier caso, y como dice Carlos Gómez en la introducción a El malestar en la cultura de Sigmund Freud, "filosóficamente, tan dogmático resulta pretender haber solucionado racionalmente lo que, a todas luces, sigue siendo debatible (aun cuando se pueda optar razonablemente al respecto), como negar la legitimidad de la pregunta con el pretexto de que no se puede acabar de responder, pues, tanto en un caso como en otro, se aboca a una común consigna de silencio, que pretende prohibir la inquietud humana".
Encontramos que el ser humano, un aninal adaptado a la vida social, donde cada acción de los compañeros de grupo supone un acontecimiento de importancia a valorar y prever, un animal que se ha seleccionado con una enorme habilidad para dar sentido e intención a toda acción, acaba tratando de dar sentido e intención a casi todo lo que le rodea. En muchos casos lo hace con gran éxito, previendo el comportamiento de enemigos y congéneres, por ejemplo, en otros con un resultado biológicamente inútil, como es el caso del que atribuye intencionalidad al sistema operativo de su ordenador, o el que baila para que la lluvia perdone sus malos actos y pueda salvarse la cosecha. De entre todos los errores a los que este sistema puede llegar, sin duda el más interesante es aquel que nos obliga a formular preguntas carentes de respuesta, cuando tratamos de atribuir un sentido, una finalidad o una intención a algo con lo que no podemos interactuar en ningún modo, cuando consciente o inconscientemente tratamos de asignar una intención a un concepto tan abstracto como es la vida, nuestra mente queda en un callejón sin salida, planteamos una pregunta imposible, la respuesta no existe por el simple hecho de ser una pregunta sin sentido, mal formulada.
Antonio José Osuna Mascaró, El error del pavo inglés, pág. 82.

Lo más importante quizá no sea tanto qué es la Verdad y poseerla sino cómo la buscamos y cómo influye en la práctica eso que creemos que es verdad, es decir, más que la creencia en sí misma, la creencia en la creencia, las formas, los resultados, etc. Más que cuál es el sentido de la vida, que también, lo interesante es cómo encontrar respuestas parciales y cuáles son las consecuencias prácticas de cada una de ellas. O como diría Wagensberg, "a más cómo, menos por qué". ¿Existe la vida después de la muerte? Yo creo que no, al menos no como vida consciente, y para ello podemos dar algunas razones empíricas (ej. no conocemos casos de consciencia sin cerebro, es decir, no podemos estar seguros de que algo -un muerto, un espíritu- que no es ni se comporta como lo haríamos nosotros -caminar, hablar, tocar, etc.- sea realmente como nosotros y ni siquiera si es algo en algún sentido), pero más importante que enfrascarse en preguntas tan alejadas de lo cotidiano y tan propensas a la especulación tal vez sea averiguar qué comportamientos se derivan dependiendo de si respondemos afirmativa o negativamente a esa pregunta, y compararlos no tanto por su verdad última como por su utilidad social e individual. 

2 comentarios:

Tay dijo...

Hoy viendo mi lista de blogs tontos, este gif me ha hecho pensar además de reírme un poco

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Fíjate como se cubre la cabeza con las manos :D. Realmente no creo que le haya dado tiempo a razonar que la cabeza no debe recibir golpes, que podría ser algo fatal. Simplemente hace lo que debe porque esas respuestas se seleccionan positivamente. Sin pensar. Muchos razonamientos los hacemos a posteriori, para justificar lo que ya está "decidido".

Creo que con la búsqueda del sentido de la vida ocurre igual.

Tu conclusión es muy interesante. Desde mi perspectiva, el ser más conscientes de estos comportamientos nos puede llevar a posiciones o lugares de utilidad social por descubrir.

Saludos! y gracias por la cita! :)

Hugo dijo...

Je, je... muy bueno, y muy venido al caso ;)

"Muchos razonamientos los hacemos a posteriori, para justificar lo que ya está decidido". Me gusta esa manera de decirlo. Solemos querer justificarlo todo, o si no, no dormimos tranquilos. Este post es una prueba de ello, pero al menos lo confieso :P

Un abrazo, Tay! Gracias por pasarte.