14 de marzo de 2015

El origen religioso del dinero

El dinero es semejante a una sustancia tan mágica como turbadora. «El útil más puro», lo llamaba Simmel. «El dios de las mercancías», decía Marx, puesto que él las representa a todas. (...). Con su intervención, los bienes, los servicios, los crímenes o incluso ciertas formas de amor tienen un precio. Los seres humanos someten su dignidad, los países se subordinan y la lealtad, la justicia o la religión sucumben ante su sombra. No puede, por tanto, considerarse extraño que su origen provenga directamente de los dioses y haya constituido un lazo esencial entre vivos y muertos, cuerpos y espíritus, en una secuencia que discurre desde las conchas de cauri hasta el fantasmagórico universo de los credit default swaps y los paquetes extreme, productos típicamente tóxicos de la especulación de la especulación. Los dioses fueron los primeros capitalistas de Grecia, y sus templos, las instituciones dinerarias más antiguas del mundo. Así, los tesoros formados en el templo con los donativos regulares de los fieles quedaban al cuidado de los sacerdotes, que, con su superior conocimiento del mundo, sabían incrementarlos de muchos modos. Los templos de Oriente, atestados de diezmos y ofrendas, eran auténticas centrales que monopolizaban la circulación dineraria y actuaban a manera de instituciones bancarias concediendo préstamos e hipotecas. En coherencia con ello, las primeras monedas de Grecia procedieron del templo y no del Estado. Los términos de diferentes lenguas europeas que designan al dinero (moneda, moneta, monnate, money, münze) proceden de Moneta, nombre con el que se conocía a la diosa Juno, y en cuyo templo se acuñaba la moneda romana. Más aún, dinero y templo han estado originariamente unidos a través de los sacrificios sagrados. Como todavía puede comprobarse, las sedes de los grandes bancos fundados a finales del siglo XIX y principios del siglo XX se construyeron a la manera de templos, y el parecido entre la majestuosa arquitectura bancaria y las catedrales no es otra cosa que un reflejo de sus vinculaciones. Banco y templo comunican con la divinidad, los dos hacen alusión a un poder sin límites y ambos replican la antigua unidad sacrificial que preside el nacimiento del dinero.
Vicente Verdú, El capitalismo funeral: la crisis o la Tercera Guerra Mundial, 2009, Editorial Anagrama, Barcelona, págs. 37-39.

4 comentarios:

Manu dijo...

El dinero es sagrado, si señor...
No sabia esa vinculación religioso-monetaria, pero es muy lógica.
Gracias. Y de dios te lo pague Hugo ;-)

Hugo dijo...

Je, je... ¡Hola, Manu! Tu comentario no tiene precio :P

Todo parece indicar que el origen de la religión, del Estado y del dinero es casi simultáneo. ¡En la antigüedad están las claves para comprender el presente! Desgraciadamente, las sociedades suelen ser bastante amnésicas en ese sentido, así que estudiar la historia siempre tiene algo de vano.

Un abrazo, Manu. Gracias a ti por pasarte!

@funambul dijo...

En el siglo XIX, las nuevas sociedades industriales llevaron nuevas formas de explotación y miseria desconocidas hasta entonces. Fue en este contexto de miseria que el dinero se elevó de nuevo a la categoría de los dioses.

Siguiendo la lógica de la alienación religiosa que destapó Ludwig Feuerbach, todas las limitadas cualidades de la especie humana se subliman y se proyectan en un ser imaginario al que los hombres se someten voluntariamente.

Para Michel Onfray es así como la miseria de las sociedades industriales del siglo XIX crearon un nuevo Dios que vendría a ocupar el vacío que acababan de dejar las religiones convencionales: la miseria de los hombres hizo que se santificase el dinero.

Las historias en las que se consigue salir de la pobreza y lograr una vida de opulencia, son los admirados milagros de la vida moderna; fábulas creadas con la misión de asegurar el sometimiento a un sistema injusto. Pequeñas grietas de esperanza que permiten perpetuar las grandes desigualdades entre los que crean las reglas del juego y las masas que las cumplen.

Hugo dijo...

Muy buena explicación, Israel.

Dios no ha muerto, efectivamente ;)

Un saludo y bienvenido.